Estudio bíblico de Judas 1:11-13

Judas 11-13

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la epístola universal del apóstol Judas. Recordemos una de las ideas expresadas al finalizar nuestro programa anterior. Como usted sabe, el conocimiento no se limita sólo a aquello que uno puede colocar en un tubo de ensayo o que se pueda observar bajo el microscopio. Sin embargo, muchas personas opinan que sólo lo que se puede ver, tocar, comprobar por medio de las ciencias exactas es real y creíble. Sin embargo, las cosas mejores de la vida son aquellas cosas que no se pueden colocar bajo el microscopio, o puedan ser analizadas en un tubo de ensayo.

Por ejemplo, cuanto escuchamos una hermosa composición musical, y sentimos que nuestro espíritu se eleva, y nuestra alma se llena de un sentimiento de asombro y de regocijo, ¿cómo se puede evaluar, medir en un tubo de ensayo, o calcular bajo un microscopio ese sentimiento de satisfacción que nos ha producido la música? Es cierto que se pueden medir el sonido y el oído que intervienen en este proceso, porque esas ondas sonoras son recibidas en nuestro cerebro, lo cual nos producirá la sensación de placer. Pero, esa experiencia personal, íntima, de satisfacción, no se puede medir. No es tangible, y es invisible. Lo que implica la palabra "amor", también es invisible. No se puede colocar "el amor" bajo el microscopio. Sí, se pueden cuantificar o enumerar las manifestaciones del amor, pero no el sentimiento en sí. Esto es imposible. ¿Y qué diremos en cuanto a "la Fe"? Tampoco se la puede colocar bajo el microscopio. Existen muchísimas cosas que conocemos, aunque no tengamos una prueba tangible, visible para llevarla a un laboratorio, ¿verdad?

El gran predicador Spurgeon lo explicó de la siguiente manera: "Nadie me tiene que decir que la miel es dulce. Yo lo sé por mí mismo, por experiencia". A éste tipo de conocimiento se refería el apóstol Judas cuando dijo: "Éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen".

Leamos ahora lo que se nos dice en el versículo 11 de este epístola de Judas, que encabeza un párrafo titulado "Caín, Balaam y Coré como ejemplos de apóstatas":

"¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la rebelión de Coré."

Judas nos acabó de comentar los casos o ejemplos de grupos apóstatas. Los israelitas, los ángeles que se rebelaron y las ciudades de Sodoma y Gomorra. Y después procedió a darnos los nombres de estos tres individuos. Comenzó diciendo ¡Ay de ellos! La palabra griega correspondiente es "ouai", y vemos que su pronunciación misma suena como una queja, como un lamento. Denota un lamento de pena o de denuncia. Aquí es más bien un lamento de denuncia, aunque ambas ideas pueden estar implicadas. Y continuó diciendo porque han seguido el camino de Caín. Caín era un hombre religioso, pero también era un hombre natural. Creía en Dios, y creía en la religión, pero vivía sus creencias según su propia voluntad. No reconocía que era pecador, rechazó la redención por medio de sangre, y pensó que podría acercarse a Dios a su propia manera. La carta a los Hebreos en el 11:4 completa la historia diciendo: "4Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y estando muerto, todavía habla". Caín también está muerto, sin embargo, en cierta forma, su mal ejemplo aún nos habla: El llamado camino de Caín es la conducta de un hombre que se negó a presentar a Dios un pequeño cordero, que señalaba a Cristo. En otras palabras, Caín no se acercó a Dios con fe. Él no creyó en Dios cuando dijo que el hombre debía presentar un cordero como sacrificio, que sin derramamiento de sangre no habría perdón de pecados, y que el castigo debía ser pagado. Caín entonces creyó que podría presentarse a Dios según su propia forma de pensar, lo cual coincide con la creencia promovida ayer y hoy por la apostasía. Y aunque el apóstata crea que sus ideas son nuevas, esta creencia es tan antigua como el jardín del Edén. Precisamente, fuera del jardín del Edén Caín se convirtió en un apóstata. Él creyó en la religión y en Dios, y actuó siguiendo sus opiniones, en vez de seguir el camino señalado por Dios. Aquí este versículo 11 de Judas continúa diciendo que se lanzaron por lucro en el error de Balaam. Aquí tenemos el error de Balaam; en 2 Pedro 2:15 tenemos el camino de Balaam; y en Apocalipsis 2:14, vemos la doctrina de Balaam. Ahora, pasando a otro ejemplo, diremos que en la segunda epístola del apóstol Pedro, se menciona aquello que estaba minando a Balaam como persona; es que estaba dominado por la codicia, que es una forma de idolatría. Era un predicador pagado. Él quiso aprovecharse y hacer dinero del don que aparentemente le había sido dado por Dios. Éste fue el camino de Balaam, según se mencionó en la segunda epístola del apóstol Pedro, lo cual provocó su ruina. Sin embargo, una persona puede buscar otra cosa que no sea el dinero. Puede buscar popularidad, prominencia, buscar la fama, ambicionar el aplauso o una posición elevada e importante en la sociedad. Hay muchos factores que la pueden colocar en el camino de Balaam. Según el apóstol Judas, esta fue una característica del apóstata. En el libro de Apocalipsis, tenemos la doctrina de Balaam. En el libro de Números, capítulos 22 al 25 encontramos que este hombre no pudo pronunciar una maldición sobre el pueblo de Israel, y entonces le dijo a Balac que enviando mujeres moabitas al campamento de Israel podría promover relaciones sexuales ilícitas e idolatría en los hogares de Israel, a través de los matrimonios mixtos prohibidos por la ley. El error de Balaam, tal como fue descrito aquí en la epístola de Judas fue que él pensó que Dios tendría que castigar a Israel por sus pecados. Él no reconoció que había una moralidad que estaba por encima de la moralidad natural. Él creyó que un Dios justo tenía que maldecir al pueblo de Israel. Balaam ignoraba totalmente la moralidad de la cruz. El Antiguo Testamento enseña que Dios puede mantener y hacer cumplir, o respetar Su autoridad, pero Él puede ser justo y al mismo tiempo puede justificar al pecador que cree en Él. Balaam no podía comprender que Dios perdonaría al pueblo de Israel cuando los israelitas se volvieran a Él. A veces algunos tienen dificultades para comprender como una persona puede convertirse. EL profesor McGee contaba que cuando trabajaba en un banco y fue guiado a Cristo durante esa etapa, sus compañeros de trabajo, la mayoría de los cuales eran miembros de iglesia, no podían entender que él quisiera dedicarse al ministerio. Y, por cierto, tenían amplios motivos para dudarlo. Ellos no podían comprender que Dios le hubiera perdonado y que McGee ahora tenía una nueva vida. Simplemente, no se lo podían creer, porque eran incapaces de entenderlo. Éste fue el mismo problema que tuvo Balaam. Después dice aquí en este mismo versículo 11: Y perecieron en la rebelión de Coré. Recordemos que Coré encabezó una rebelión contra Moisés, como podemos ver en el libro de Números capítulo16. Él había llegado a la conclusión de que Moisés no era la única persona de aquel entorno que tenía acceso a Dios. Y así, Coré se rebeló contra la autoridad que Dios había establecido, que era Moisés. Él quiso entrometerse en algo que era sagrado. De hecho, preguntó: "¿Ha hablado Dios solamente por medio de Moisés?" ¿Quién se piensa Moisés que es?" En realidad, en esta situación Moisés no pensó demasiado en sí mismo, o en que él tuviera requisitos indebidos; de hecho, recordemos que al principio de su historia, él había querido descalificarse como líder para liberar al pueblo de la esclavitud y sacarlo de Egipto. Pero Dios lo había llamado, y aquel hombre llamado Coré se rebeló contra él y se opuso a la autoridad de Moisés. Se introdujo en las instalaciones de los sacerdotes, y murió. En otras palabras, él fue un hombre rebelde que se rebeló contra Dios. Y el apóstol Judas dijo que tal rebelión, indudablemente era una característica de los apóstatas.

Observemos que las características que tenían estos tres individuos del Antiguo Testamento, eran también las características que presentaban los apóstatas. Por ejemplo, Caín no creyó que uno necesita venir a Dios con fe y que se necesitara un sacrificio de sangre porque el hombre es un pecador. Caín creyó que si uno tenía una religión, esto era todo lo que necesitaba. Y el apóstata coincide con estas opiniones. El error de Balaam consistió en creer que un Dios santo debía castigar el pecado y que los pecadores no podían ser perdonados. Y el apóstata comete el mismo error. Ellos dicen: "¿Cómo puede el sacrificio de Cristo salvar a cualquier persona? El hombre tiene que hacerlo por sí mismo". Y el apóstata también se rebela contra Dios como lo hizo Coré. Ellos asumen una autoridad que no les corresponde. Prefieren tratar cualquier tema de relaciones sociales o de política en general, en vez de exponer en primer lugar la Palabra de Dios. En vez de comunicarle a la gente lo que Dios dice, le informan a la gente sobre lo que ellos mismos piensan y dicen. En algunos casos, sabemos de personas que han abandonado a la iglesia por estar cansados de escuchar de algunos maestros opiniones meramente humanas, como por ejemplo, la exposición de temas sociopolíticos que ellos piensan que interesan a sus oyentes, en vez de exponer la Palabra de Dios. En lugar de comunicarle a las personas lo que Dios dice, lo que Dios opina sobre aspectos esenciales de la vida cristiana, es decir, temas Bíblicos básicos que los creyentes desean saber y que pueden transformar sus vidas para bien, eluden exponer el mensaje de Dios. Olvidan que si la gente desea asesoramiento sociológico o político, puede recurrir a foros debidamente cualificados para exponer tales temas, que afectan a la sociedad en general. Así que estos tres individuos del Antiguo Testamento, ilustran estas situaciones que perjudican hoy a los creyentes y les privan del alimento espiritual que su alma necesita para hacer frente a situaciones vitales.

Ahora, comenzando con el versículo 12, y hasta el versículo 16 de esta epístola de San Judas, se nos presenta una descripción de los maestros apóstatas contemporáneos. Usted no encontrará en ninguna otra parte un lenguaje más vívido, más gráfico, más dramático y más preocupante que la descripción de los apóstatas de los últimos días. Este versículo 12 de la epístola de Judas, dice:

"Éstos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo sin vergüenza alguna con vosotros, se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados"

Aquí tenemos una de las mejores descripciones de esta gente que se pueda encontrar en cualquier parte. Hay otra traducción de ese versículo que resalta algunos detalles que pueden aclarar nuestro estudio. Por ejemplo, el erudito Dr. Wuest ha traducido este versículo en los siguientes términos: "Éstos son las rocas o aristas ocultas en vuestros ágapes, celebrando suntuosamente y sin temor fiestas con vosotros, como pastores que se guían a sí mismos hacia los pastos, y en realidad son como nubes sin agua, arrastradas por los vientos, como los árboles del otoño que no producen fruto; están doblemente muertos, arrancados de raíz". ¡Qué imagen elocuente! En la frase son manchas en vuestros ágapes, la palabra "manchas" se traduciría mejor como "rocas ocultas", como lo hizo el citado especialista en Biblia. La imagen señala a aquellas rocas que, ocultas bajo la superficie de las aguas, pueden hacer naufragar a un barco. Y en el área espiritual, pueden provocar aquello que Pablo llamó "el naufragio de la fe". Y al mismo mencionó a dos hombres que evidentemente tropezaron con esas rocas escondidas, que produjeron el naufragio de su fe. Un apóstata podría compararse a la punta de un iceberg, del cual sólo se ve una pequeña parte, pero si un barco tropieza con esta roca, se hundirá en las profundidades del mar. Y cuantas veces ha ocurrido así, especialmente entre jóvenes, cuya fe no sólo ha sido sacudida, sino que en muchos casos ha sido destruida completamente a causa de la influencia de algún apóstata. Veamos la frase "Éstos son manchas en vuestros ágapes". Los ágapes eran fiestas fraternales de amor cristiano, que en la iglesia primitiva se celebraban antes del culto de comunión o mesa del Señor. Era un tiempo de compañerismo, en el cual los creyentes traían comida y la compartían juntos. Los que tenían pocos recursos traían poco, pero igualmente disfrutaban de ese tiempo de compartir lo que todos traían. Y estos apóstatas se introducían en esos encuentros, demostraban tener un apetito tremendo y podían comer más que otros, como dice este versículo 12, comiendo sin vergüenza alguna. Eran como "pastores" que se alimentaban a sí mismos, en vez de alimentar al rebaño. Y no sólo actuaban así en cuestiones de alimentos sino también en su abandono de la enseñanza de la Palabra de Dios a sus congregaciones. Sólo se preocupaban por sí mismos. Creemos que el poeta Milton describió correctamente esta situación cuando se refirió a la muerte de uno de sus amigos, un joven predicador. En su poema él expresó su aflicción por la partida de un hombre que había sido un gran predicador y maestro de la Biblia, que explicaba muy bien la Palabra de Dios, y que durante un viaje por mar murió ahogado. Y al lamentarse por la pérdida de su amigo, él describió la situación de su país con las siguientes palabras: "las ovejas hambrientas miran en todas direcciones y no son alimentadas". ¡Que imagen de la apostasía en el púlpito! Después dice el versículo 12 que eran como nubes sin agua. Aquellos maestros falsos aparentaban estar llenos de la Palabra de Dios, pero realmente estaban vacíos y secos. Podían vestirse con pomposidad, y expresarse con una voz que denotara mucha autoridad, tratando de demostrar que se habían preparado muy bien como comunicadores Bíblicos, pero sin embargo espiritualizaban un texto de las Sagradas Escrituras forzando interpretaciones diferentes a las que Dios quiso comunicar. Eran como esas hermosas nubes que se dejan arrastrar por el viento sin proveer la sombra que produce un ambiente fresco ante el calor de los rayos del sol. Aquellos que tienen que trabajar en el campo durante el verano bajo un sol ardiente, saben apreciar lo que es ver acercarse por el cielo una nube, esperando que ésta traiga lluvia. Pero a veces son nubes pasajeras que no dejan nada, sólo una desilusión. Estas son nubes sin agua. Ésta fue la descripción de los apóstatas que tan gráficamente nos dejó en su epístola el apóstol Judas, al expresar que tales maestros presentes y futuros no tenían el agua de vida, y que desconocían totalmente la Palabra de Dios. A continuación, Judas los describió como árboles otoñales, sin fruto. Recordemos que el Señor Jesucristo advirtió a sus discípulos sobre los falsos maestros diciéndoles, como leemos en Mateo 7:20, "por sus frutos los conoceréis". En cualquier caso, como dijo Judas, los frutos de estos maestros estaban secos, atrofiados. Por ello él los describió como estando "Dos veces muertos y desarraigados". El predicador Dwight L. Moody, en una ocasión expresó el siguiente pensamiento: "Cuando un hombre nace una vez, tiene que morir dos veces. Cuando un hombre nace dos veces, tiene que morir sólo una vez". Es que Judas dijo que los apóstatas estaban muertos espiritualmente, es decir, muertos en sus transgresiones y pecados, y sin embargo estaban tratando de guiar a otros. Vemos aquí una imagen elocuente y claramente expuesta. Pero Judas no había concluido aún su descripción de estos individuos, porque en el versículo 13 de su epístola dijo:

"Son fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas."

Él había dicho en el versículo 12 que ellos eran como nubes arrastradas por el viento. Al predicar o enseñar hablaban sobre temas generales de actualidad, de problemas de la vida, pero no exponían la interpretación provista por la Palabra de Dios, apropiada para aplicarla a los eventos de su tiempo, ni tampoco trataban los problemas que enfrentaban sus oyentes en su vida diaria. Ahora, en el versículo 13, Judas escribió que eran fieras ondas del mar. Sólo se subían al púlpito para vociferar, impulsados por inquietas pasiones, y exhibían sin siquiera ruborizarse, su espíritu vil y abandonado. Después escribió el apóstol que eran como estrellas errantes. No estaban sujetos a ninguna ley en el sentido en que no seguían ninguna dirección. Y finalmente escribió Judas, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. Esta expresión se refiere al infierno. Un símbolo del infierno es el fuego, y el otro es la negrura u oscuridad de las tinieblas. Se ha colocado aquí un gran énfasis en el símbolo del fuego. Por supuesto, el infierno es literal, pero decir que consistirá en un fuego literal no es adecuado por la siguiente razón que ya hemos mencionado en una ocasión: aparte los seres espirituales, habrá allí criaturas humanas, y los peores pecados del ser humano son espirituales, y como un ejemplo entre otros, la incredulidad. Por lo tanto, un castigo físico no sería adecuado. Creemos que las personas preferirán que hubiera sido un fuego literal, porque este fuego que aquí se menciona será mucho peor que el fuego mismo. Y el otro símbolo, la oscuridad de las tinieblas nos parece algo aterrador. Creemos que un ser humano perdido lleva su oscuridad consigo, no sólo la oscuridad física pero también la oscuridad espiritual.

John Milton, que tuvo una percepción muy profunda de muchas verdades espirituales escribió lo siguiente: "Aquel que tiene la luz en su propio pecho despejado, podrá sentarse en el centro, y disfrutar de un día luminoso; pero aquel que oculta un alma oscura, y pensamientos vanos, anda sorprendido bajo el sol del mediodía, encontrándose él mismo en su propio calabozo". Hasta aquí la cita de Milton. Resulta impresionante imaginarnos que estamos en alguna gran caverna cuando se apagan las luces. En ese caso, sabríamos por experiencia lo que es la verdadera oscuridad. Que trágico sería el permanecer en un lugar semejante por toda la eternidad. Amigo oyente, continuaremos con el versículo 14 en nuestro próximo programa. Mientras tanto, le sugerimos leer esta breve epístola de Judas, desde el versículo 14 en adelante, para estar mejor informado de lo que consideraremos en nuestro próximo estudio. Por lo tanto, nos despedimos hasta nuestro próximo encuentro, dentro de este extenso viaje que estamos realizando "a través de la Biblia."

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