Estudio bíblico de Apocalipsis 3:16-19

Apocalipsis 3

Versículos 16-19

Continuamos hoy, estimado amigo oyente, nuestro recorrido por el libro de Apocalipsis, un libro profético que nos habla de situaciones actuales, pero sobre todo, de los eventos que ocurrirán en este planeta Tierra, según lo ha establecido el Dios Todopoderoso y Eterno. En la mente del Creador de todo el Universo hay un plan divino, que se cumple y se desarrolla según Su Voluntad. Puede usted estar de acuerdo o no, pero esto es lo que dice la Biblia, la Palabra de Dios. El libro Apocalipsis es el último libro de La Biblia.

Vamos a regresar a nuestro estudio que dejamos en nuestro programa anterior en el capítulo 3 donde Jesucristo amonesta y reprocha en su carta a la iglesia de Laodicea. Hemos leído que ni siquiera las obras que realizaban los creyentes, los miembros de esa iglesia, recibían la aprobación de Dios. Son malas obras, y la iglesia ? les decía el Señor ? no es fría, ni caliente. Vamos a leer otra vez este texto, por la importancia que tiene todavía hoy, para los que nos llamamos "cristianos", o seguidores de Jesucristo. El que habla es Jesucristo, resucitado y en gloria, quien en una asombrosa y magnífica visión le dicta 7 cartas a 7 iglesias escogidas, entre ellas la que se reunía en Laodicea. Vamos a leer Apocalipsis 3, versículos 15 y 16:

15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. (Ap. 3:15-16)

En las seis cartas anteriores pudimos comprobar que Jesucristo relacionaba Su mensaje con algo identificable para el receptor, algo relacionado con la geografía, la historia, o las costumbres y prácticas que ilustrara e hiciese más comprensible Sus palabras. Estas duras y acusadoras palabras podían ser perfectamente comprendidas por los creyentes de la iglesia que se reunía en la ciudad de Laodicea.

Las palabras eres tibio, y no frío ni caliente tenían un significado claro, porque estaba relacionado con una práctica local con la que diariamente ellos convivían. Esta ciudad Laodicea estaban ubicados en un valle, y la población sufría severas dificultades para tener suficiente agua. A cierta distancia, hacía el sur hay unas montañas frigias bastante elevadas cuyas cumbres, todavía en el mes de junio, suelen estar cubiertas de nieve. Los habitantes de Laodicea, pues, construyeron un acueducto para bajar de las nevadas montañas esa agua fría, para su uso en la ciudad. Cuando esa agua bajaba por de la montaña, era agua helada. Pero para cuando llegaba a la ciudad, ya era agua tibia. Y el agua tibia no es muy apetecible.

Ahora, en el valle, donde se une el río Lycus con el río Meandro, hay una zona de aguas termales muy calientes que producen vapor, a causa de su alta temperatura. También se canalizaron estas calientes aguas hasta la ciudad de Laodicea, pero, para desilusión de todos, esa agua ya llegaba en otras condiciones, ya no era agua caliente, porque había perdido muchos grados y se enfriaba tanto que sólo era agua tibia.

De modo que, cuando el Señor Jesucristo le dice a esta iglesia de Laodicea: Que ni eres frío ni caliente, ellos sabían exactamente de lo que Él estaba hablando. Ellos eran tibios, como esa agua tibia que habían estado bebiendo por mucho tiempo. Ellos reconocían, por experiencia propia, que el agua que bajaba de las montañas, al iniciar su recorrido, era muy fría; como también podían comprender que el agua que se traía de las termas del río Meandro era muy caliente, aunque a su llegada a Laodicea, no era ni fría, ni caliente, sino se había transformado en agua tibia. Y el dictamen del Señor Jesucristo era que esta iglesia "no era ni fría ni caliente", y añadió: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

¿Cómo sería "una iglesia fría"? Una iglesia fría tiene unas características que no han cambiado a lo largo de la historia de la Iglesia. Una iglesia espiritualmente fría es una iglesia que ha negado todas las doctrinas fundamentales de la fe; que sólo vive de formalidades, donde las formas son más importantes que el contenido mismo; es una iglesia que hace una abierta oposición a la Palabra de Dios y al Evangelio de Jesucristo. En la actualidad existen corrientes de un frío liberalismo que se opone activamente al Evangelio del Señor Jesucristo.

En contraste y opuesta, está "la iglesia caliente". En esta clase de iglesia encontramos a los creyentes con verdadero fervor espiritual, que sienten una pasión espiritual por las cosas de Dios. Los creyentes de la iglesia en Éfeso habían tenido esa clase de iglesia, ferviente y entregada, aunque en la carta que recibió de parte de Jesucristo ya había un reproche, porque se estaban apartando de ese su gran y primer amor. El Espíritu de Dios les había llevado a una posición espiritual muy elevada en su relación personal con Cristo, pero no estaban cuidando esa relación.

Esta iglesia en Laodicea no podía ser considerada por el Señor Jesucristo como "caliente". Pero tampoco estaba "fría" espiritualmente. Sencillamente ¡era tibia! Y entre esas condiciones extremas, de ser fría o caliente, tenemos esa fe tibia. Al ver el panorama de las iglesias cristianas en la actualidad, tristemente tenemos que reconocer que muchas de ellas se han apartado de la fe sencilla y valiente, quizá por indolencia, para evitar problemas o cuestionamientos de la sociedad que nos rodea. Muchas iglesias no quieren, o quizá, incluso, no pueden salir abiertamente en apoyo a la Palabra de Dios, y de las grandes doctrinas de la fe cristiana. Pretenden e intentan llevar una trayectoria "en el centro de la carretera", es decir, sin llegar a ser demasiado liberal, pero tampoco demasiado fundamental. Nuestra sociedad, tan democrática, respetuosa con la individualidad y el derecho de toda persona, sin embargo, se siente confrontada, desafiada y hasta humillada, por un cristiano que se atreve a creer y a compartir su fe en Jesucristo. Esta palabra de advertencia del Señor nos debe, a los creyentes, sacudir profundamente para hacernos un auto-examen personal. Las serias palabras de evaluación de Jesucristo nos afectan a los que decimos que creemos en Él. ¿Cómo nos verá Jesucristo? ¿Tendremos que oír las terribles palabras de Su labios: Te vomitaré de mi boca?

En sus inicios, con la Reforma, el protestantismo asumió la posición de creer en todas las grandes doctrinas de la fe cristiana. Los credos, de todas las ramas históricas, fueron profundos y muy elocuentes. Fueron hermosos escritos, pero ¿quién realmente vive de acuerdo con estos credos? ¿Quién les cree en el presente? Tienen apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella. Tienen un nombre de que están vivos, pero están muertos en realidad. No son ni fríos ni calientes. Son tibios. Este es un cuadro triste y terrible el que Jesucristo encuentra al contemplar esta iglesia. Luego, en el versículo 17 de este capítulo 3 de Apocalipsis, leemos:

17Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. (Ap. 3:17)

La ciudad de Laodicea era una ciudad rica. Posiblemente las ciudades de Laodicea y de Sardis eran las dos ciudades muy ricas, quizá las más prósperas de toda esa zona en ese tiempo. Y el Señor también aquí relaciona su estado económico, con sus fallos espirituales porque les dijo: Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad.

Como muchos, también los creyentes en la ciudad de Laodicea pensaban que el dinero, sus bienes materiales, su solvencia económica era la respuesta a cualquier problema de la vida. Al concluir la segunda guerra mundial, esa fue la suposición en la que operó el gobierno norteamericano. Comenzó a distribuir enormes sumas multimillonarias de dólares por todo el mundo, como que si estuvieran comprando amigos, para hacer la paz, para arreglar los problemas del mundo. Sin embargo, eso no sucede de esta manera, los problemas no se solucionan con dinero, estimado amigo oyente. El dinero no puede solucionar todos los conflictos que padece el mundo, porque las riquezas no resuelven aquello que tiene un problema de fondo. Esta iglesia en Laodicea vivió en ese contexto, con esa filosofía. Yo soy rico ? dijo en su corazón la iglesia, pero Jesucristo la miró en profundidad y la encontró ?tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Al parecer, esta iglesia se jactaba de sus posesiones materiales. En cambio, la iglesia en Esmirna era pobre en cosas materiales, y sin embargo, el Señor la elogió justamente por eso. Era una iglesia de gente pobre, débil y menospreciada por el los conciudadanos, por la sociedad de ese mundo. No había muchos ricos y nobles en esa iglesia primitiva. El Apóstol Pablo, escribe en su Primera Epístola a los Corintios, capítulo 1, versículo 26: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.

Las iglesias suelen jactarse del número de miembros, o feligreses, de la gente prominente que asiste, de las grandes reuniones, de su potencial económico, de sus adornados edificios, etc.

La riqueza material suele ser la regla para calibrar, y medir, el potencial de una iglesia moderna. Los valores espirituales se han perdido de vista, o se ignoran completamente. La iglesia no es sólo rica en cuanto a posesiones terrenales, sino que también parece estar en el negocio "de acumular riquezas".

Podemos llegar a la conclusión de que el estado espiritual de la iglesia de Laodicea era lamentable. Su condición de ceguera espiritual era más grave que en cualquiera de las otras iglesias mencionadas en el libro de Apocalipsis. La pobreza espiritual llega a una vida, a una iglesia, cuando ésta deja la Palabra de Dios a un lado, cuando la obra salvadora de Jesucristo no se proclama o se ignora, no se ejerce la fe, y tampoco puede mostrar ninguna obra buena. Esa tibieza que demostraba la iglesia de Laodicea estaba además caracterizada por el orgullo, la ignorancia, la autosuficiencia y la complacencia. Pero lo más grave era su ceguera en cuanto a su verdadera condición.

Para ilustrar esto, amigo oyente, permítanos mencionar una carta que un pastor redactó para la gaceta parroquial, su boletín de información, hace muchos años. La carta fue dirigida a un personaje ficticio, pero que simbolizaba muy bien un sector de la membresía de su iglesia. La carta dice lo siguiente: "Querida Juana: Te estoy escribiendo para ayudarte a que te sacudas ese sentimiento de inutilidad que se ha apoderado de ti. Muchas veces tú has dicho que no puedes ver cómo Jesucristo puede utilizarte, porque tú no eres "nadie en especial". Dios ha elegido a los sencillos, aquellos que el mundo, la sociedad, llama insensato, atrasados, anticuados, para avergonzar a los sabios. Dios ha elegido lo que la sociedad llama débil, para avergonzar a los fuertes. Dios ha elegido las cosas que tienen poca fuerza, y poca relevancia social, para que ninguno pueda jactarse en la presencia de Dios. Cuando el Señor Jesús eligió a Sus discípulos, Él no buscó a campeones olímpicos, o a senadores romanos. Él eligió a gente sencilla como tú, unos eran pescadores, uno era un político extremista, otro, un publicano, un recaudador de impuestos, un "don nadie" en esa sociedad. Pero estos hombres sencillos, -ninguno fue un personaje relevante, -estos hombres llegaron a trastornar el mundo romano, por amor a Cristo. ¿Cómo lo hicieron? ¿Por medio de su popularidad? No tenían ninguna. ¿Por su posición? Tampoco la tenían. Su poder radicaba en el poder de Dios, por medio del Espíritu Santo. Juana, no te olvides de que nosotros, la Iglesia, necesitamos personas ordinario, normales, que, en las manos de Cristo, lleguen a ser extraordinarios, para trastornar al mundo". Hasta aquí, esta carta que un pastor incluyó en el boletín de su iglesia, para todas aquellas personas creyentes, que se consideran inútiles ante Dios, por carecer de fama y poder.

Hay un antiguo himno que ya casi no se escucha en ninguna parte que dice en su primera estrofa: "El cimiento de la iglesia es Jesucristo, su Señor, ella es Su nueva creación por agua, y por la Palabra. Del cielo Él bajó a buscarla, para hacerla Su esposa santa. Con Su propia sangre la compró, y por su vida, Él murió". Hay una inscripción en la catedral de Lubeck, en Alemania, donde se puede leer lo siguiente; "Me llamáis Maestro, y no me obedecéis; me llamáis Luz, y no me veis; me llamáis Camino, y no andáis en él; me llamáis Vida, y no me elegís a Mí; me llamáis Sabio, y no me seguís; me llamáis Bueno, y no me amáis; me llamáis Rico, y no me pedís; me llamáis Eterno, y no me buscáis; me llamáis Misericordioso, y no confiáis en mí; me llamáis Noble, y no me servís; me llamáis Poderoso, y no me honráis; me llamáis Justo, y no me teméis; si Yo, pues, os condeno, no me culpéis".

Esta, amigo oyente, era la iglesia en Laodicea. Esta es la iglesia de la cual hablaba Stanley Hyde cuando dijo: "La iglesia fracasa, por no decirme que yo soy un pecador. La iglesia ha fracasado, por no tratarme como una persona perdida. La iglesia ha fracasado, por no ofrecerme la salvación que solamente hay en Cristo Jesús. La iglesia ha fracasado, por no decirme de las terribles consecuencias del pecado, de la certidumbre del infierno, y del hecho de que solamente Jesucristo puede salvar".

Y luego, él agregó lo siguiente: "Necesitamos saber más del Juicio Final, y menos de la regla de oro. Más, de un Dios viviente y de un diablo viviente, también. Más, de un cielo que ganar, y de un infierno que evitar. La iglesia debe traerme no un mensaje sobre cultura, sino un mensaje del "nuevo nacimiento" . Pudiera ser que yo le falle a esa clase de iglesia, pero esa iglesia, no me fallará a mí".

Estamos viviendo, en este tiempo, en el período de la iglesia de Laodicea, y la Iglesia está fracasando por no testificar acerca de la gracia salvadora de Dios.

Jesucristo continuó hablando a la iglesia en Laodicea, en el versículo 18 de este capítulo 3 de Apocalipsis:

18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. (Ap. 3:18)

Por tanto, ? dice ? yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico. Esta es la sangre preciosa de Cristo. Y vestiduras blancas para vestirte; esto nos habla de la justicia de Cristo. Y unge tus ojos con colirio, para que veas. Jesucristo habla del Espíritu Santo que abre los ojos de los creyentes hoy. Y luego, dice en el versículo 19:

19Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. (Ap. 3:19)

Este es el último de los 7 mensajes que envió Jesucristo a las 7 iglesias escogidas. La palabra "celos" significa estar o ser muy ardiente. Y Jesucristo le aconseja a la última de estas 7 iglesias, la que se reunía en Laodicea, que sea celosa, fervorosa, ardiente, que se inflame por Dios. Él está ordenándole a esta iglesia que abandone ese estado "tibio", y le dice: Arrepiéntete. Esta iglesia necesitaba un verdadero arrepentimiento más que ninguna de las otras iglesias. Y la voz de Jesucristo sigue, a través de los siglos, llamando al arrepentimiento. Somos conscientes de que no es un mensaje muy popular, que no va a tener una gran aceptación, pero así es la Palabra de Dios: nos confronta continuamente con nosotros mismos, para que no caigamos en una ciega auto-complacencia.

Casi hemos concluido el capítulo tres de Apocalipsis, en los que encontramos los mensajes que Jesucristo ordenó a anotar al apóstol Juan en esa magnífica y sobrecogedora visión de Su Gloria y Poder. Fueron siete mensajes a siete iglesias, escogidas por sus características particulares, para que ellos supieran que Él, Jesucristo, los estaba observando, evaluando y juzgando. Pero cada uno de estos mensajes es también válido para nosotros que vivimos en el siglo 21, para aprender de sus errores y de sus aciertos. El mundo, nuestra sociedad, tiene que ver, para creer; tiene que "ver" a los cristianos vivir y ser dignos representantes de Cristo, para "creer" que la fe en Él es poderosa, útil y deseable. ¿Cómo vamos a convencer a alguien, a nuestro entorno, con un testimonio ambiguo, tibio, sin coherencia? Estimados amigos oyentes, cristianos, cristianas, despertemos del letargo, honremos a Aquel que murió de Amor, y por Amor. Que no tengamos que escuchar un reproche de Jesucristo, al Rey de Reyes, un día en la Eternidad.

En nuestro siguiente estudio, nos trasladaremos, junto con la Iglesia, al Cielo. Le invitamos, pues, a que nos acompañe en nuestro próximo programa.

Mientras tanto, le sugerimos leer los versículos finales de este capítulo 3 de Apocalipsis, como también el capítulo 4 de este mismo libro, para estar mejor preparado, para la siguiente lección. Continuamos rogando a Dios que bendiga a cada estimado amigo, amiga oyente, y que la Luz del Evangelio, y el calor de Su Amor y Perdón llegue a alumbrar su corazón. ¡Le esperamos!

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