Estudio bíblico de Apocalipsis 14:9-20

Apocalipsis 14

Versículos 9-20

Continuamos, estimado amigo, amiga oyente, nuestro estudio del libro de Apocalipsis, que hoy retomaremos desde el capítulo 14, versículo 9. Le invitamos a acompañarnos durante unos minutos a disfrutar de la lectura de la Palabra de Dios, que es palabra viva y eficaz para ayudarnos en nuestra vida.

Abrimos nuestra Biblia y vamos a comenzar a leer los versículos 9 al 12, que dicen así:

9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. 12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

En el capítulo 13 habíamos comentado del poder de la Bestia y de la marca que tratará de imponerles a las personas. Ahora, hay una seria advertencia a los que fallen en este tiempo de prueba. Y resulta significativo que esta es la advertencia más terrible de todas. De todas las condenaciones, según el Apocalipsis, la peor es la de los apóstatas, es decir, aquellos que niegan o abandonan la fe en Jesucristo. Cuando el apóstol Juan escribió estas líneas, inspirado por el Espíritu Santo, alrededor del año 95 D.C., la Iglesia estaba batallando por su propia existencia. Si había de continuar su expansión, el cristiano individual debía estar mejor preparado para enfrentarse con el sufrimiento, la persecución, la cárcel y la muerte. El cristiano no se podía rendir, o moría la Iglesia. En nuestro tiempo, el cristiano, como individuo, como persona, también tiene una importancia capital. Aunque su función ahora no consiste en "proteger la fe" afrontando persecución, la muerte y el martirio, al menos en los países occidentales, el reto actual que afronta el cristiano consiste en presentar el Evangelio a los demás, con disposición de vivirla diariamente.

La condenación del apóstata se presenta aquí con los colores más lúgubres del más terrible juicio que jamás haya caído sobre la tierra ?el de las ciudades de Sodoma y Gomorra: "El humo subía de la tierra como el humo de un horno" (Génesis 19:28).

Hemos leído: "Él también beberá del vino de la ira de Dios." Ésta es una figura adoptada del Antiguo Testamento, concretamente del Salmo 75, versículo 8, donde leemos: "Porque el cáliz está en la mano de Jehová, y el vino está fermentado, lleno de mistura, y él derrama del mismo; hasta el fondo lo apurarán, y lo beberán todos los impíos de la tierra."

"Y será atormentado con fuego y azufre", los malvados serán destruidos en la presencia de los santos ángeles y del Cordero. Estos dos elementos se asocian en las Escrituras con el tormento del castigo divino. Aquí se hace referencia al infierno, que es el lago de fuego.

Ahora, notemos que el infierno es "visible" para Cristo y para sus ángeles; no dice que sea también visible para los 24 ancianos, aquellos que representan a toda la Iglesia. ¿Debemos pensar por ello que la iglesia no sabe o no puede ver lo que está sucediendo en la tierra? Aunque es difícil saberlo, nos inclinamos a pensar que la Iglesia no verá lo que está ocurriendo en la tierra durante el período de la Gran Tribulación, aunque, evidentemente, Cristo y los santos ángeles si estarán observando lo que ocurre. En el versículo 11 dice que "el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos". Se trata evidentemente de una referencia a la perpetuidad del infierno. El tormento consistirá en descarga incesante de dolor insoportable que ha sido ordenada para todos los que sean leales al líder de Satanás, la Bestia, el Anticristo. El final del versículo ya leído, el 12 del capítulo 14 de Apocalipsis dice:

12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

Todos aquellos que pertenecen a Dios deberán ser pacientes y esperar la Segunda Venida de Cristo. Él dice: "aquí está la paciencia de los santos" ? y ellos son los que esperan. En el evangelio según San Mateo, capítulo 24, versículo 13, el Señor Jesucristo dice: "Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo." El que perdure podrá sobrevivir porque ha sido sellado por el Espíritu de Dios, y ha sido vestido con la justicia de Cristo, y lavado por la sangre del Cordero. El Señor dijo en Lucas, capítulo 21, versículo 19: "Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas." Eso es todo lo que podemos hacer: aguantar la tormenta y tener paciencia. Éste es un respaldo excelente para la doctrina bíblica de la "perseverancia" que asegura que todos los creyentes verdaderos en Cristo nunca perderán su fe. Los regenerados resistirán de principio al fin, en obediencia a la verdad, sin importar qué pueda arremeter en su contra.

En el versículo 13, nos encontramos con una alabanza o bendición para aquellos que murieron en el Señor. Éste es un versículo que podemos escuchar en algunos entierros, si bien su utilización en estas situaciones no resulta adecuada, dado que aquí Juan se está refiriendo exclusivamente al periodo de la Gran Tribulación. Leamos en nuestras Biblias este versículo 13 del capítulo 14 de Apocalipsis:

13 Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.

Después de las terribles profecías de los terrores por venir, y de las severas advertencias a los falsos cristianos, viene una promesa de gracia y bendición. La idea de morir "en el Señor" aparece más de una vez en el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo habla de los muertos en Cristo (1Tesalonicenses 4:16) y de los que han dormido en Cristo (1 Corintios15:18). Significa: os que llegan al final de su vida todavía unidos a Cristo. Todo se confabulaba para apartarnos de Él; pero la felicidad suprema está reservada para aquellos que llegan al final del camino de su vida todavía inseparablemente unidos al Maestro que los amó y se entregó por ellos. Y lo que Jesucristo promete es el descanso: Descansarán de sus labores. El descanso es tanto más dulce cuando sigue al esfuerzo más agotador.

Y añade: "Sus obras siguen con ellos". Revela que serán recompensados por su fidelidad, paciencia y obras en este período de tiempo. Apocalipsis no nos enseña que la salvación es por obras, si entendemos bien lo que el apóstol Juan dice. Juan habla de las obras de los Efesios -su arduo trabajo y perseverancia (2:2); de las de los creyentes de Tiatira ?su amor, su servicio y su fe (2:19). Juan entiende las obras como algo inherente al carácter cristiano. Es como si estuviera diciendo: "Cuando dejéis esta tierra, todo lo que podéis llevaros es a vosotros mismos. Si llegáis al final de esta vida todavía unidos a Cristo, seréis aprobados y probados como el oro, que refleja algo de Su Persona".

Ahora, la palabra de bendición para ellos es: "Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen". Esta no es una declaración para los cristianos de nuestros días. Aparentemente muchos de los santos de la tribulación, tanto los 144.000, como los de la multitud de los gentiles que no se podía contar, se salvarán, si entregan sus vidas por Cristo, a pesar de afrontar una muerte segura como mártires. Cristianos o no, ninguno de nosotros desea morir. La muerte nos resulta antinatural, porque fuimos creados para vivir para siempre. Por eso no podemos entenderla, ni asimilarla. La mayoría de nosotros queremos vivir, y la Biblia dice que la muerte será el último enemigo que Jesús derrocará. El apóstol Pablo escribió en su epístola a los Filipenses, capítulo 1, versículo 21: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia." El cristianismo siempre va contra la corriente: lo que para el resto del mundo es morir, para nosotros significa "vivir"; vivir por siempre.

Prosigamos nuestro recorrido por el libro de Apocalipsis; tenemos ahora por delante los versículos 14 al 20 de este capítulo 14, donde leeremos acerca de la visión de Armagedón; la batalla o guerra de Armagedón. El versículo 14, de este capítulo 14 de Apocalipsis, dice así:

14 Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda.

Dice Juan: "Y he aquí una nube blanca, y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre." La imagen de del Señor en una nube es del profeta Daniel (Daniel 7:13,14), y hace hincapié en Su majestad. En el evangelio según Mateo, capítulo 24, versículo 30, se nos dice: "Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria."

La corona de oro en su cabeza nos trae a la mente la corona del vencedor en la guerra o en una competición atlética, hecha por una rama de laurel y utilizada en la celebración de la victoria. Cristo porta aquí esta corona particular, que en este caso está hecha de oro, como un conquistador triunfante que sale invicto del Cielo para prevalecer sobre sus enemigos.

Y luego Juan añade a esta visión un detalle revelador: "Y en la mano una hoz aguda." Esta hoz era una herramienta para la siega formada por una cuchilla tajante y curvada, hecha de hierro, y un mango de madera. Los agricultores de la antigüedad la utilizaban para cortar el grano, y aquí representa el juicio divino veloz, preciso y devastador. El comentarista Dr. Newell señala la palabra "hoz" que sólo aparece en 12 ocasiones en toda la Biblia, siete de las cuales se encuentran en los versículos de esta sección. Y la palabra "aguda" se menciona 7 veces en Apocalipsis, 4 de ellas aquí. Leamos ahora los versículos 15 y 16 de este capítulo 14 de Apocalipsis:

15 Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura. 16 Y el que estaba sentado sobre la nube metió su hoz en la tierra, y la tierra fue segada.

Creemos que esta imagen se corresponde con la Segunda Venida de Cristo. "Mete tu hoz y siega", se refiere al juicio del hombre en la tierra. La metáfora del juicio como cosecha la encontramos en varios lugares, como en el evangelio según Mateo, con la parábola del trigo y la cizaña en la que la cosecha representa una alegoría del juicio. El Señor Jesucristo es el Hijo del Hombre, y la semilla es la Palabra de Dios. Y el campo es todo el ancho mundo. Y Él la está esparciendo por todo el mundo. Algún día la cosecha estará ya lista para ser recogida, y esto será al fin de los tiempos. Y nuestra misión como cristianos es esparcir la semilla, que es la Palabra de Dios. El evangelio necesita sembradores diligentes y efectivos. Porque esta es nuestra tarea, sembrar la semilla; y la de Dios es la cosecha. Y la cosecha o la siega es el juicio del fin de los tiempos. En el Salmo 2, versículos 7 al 9, podemos leer lo siguiente: "Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás."

¿Cuándo tendrá lugar esto? ¿Tuvo lugar en Su Primera Venida? No, estimados oyentes. Esto tendrá lugar en la segunda venida, en el juicio.

Y aquí en este capítulo 14, versículo 15 de Apocalipsis, dice: "Porque la hora de segar ha llegado." Esta declaración concuerda con las palabras de Cristo. La siega o la cosecha, al fin de las edades, o de los tiempos, se menciona en el evangelio según Mateo, capítulo 13, versículo 39. Nuestra tarea como cristianos es sembrar, y el Espíritu de Dios hará el resto, tal y como escribió el profeta Joel, en su capítulo 3, versículos 13 y 14: "Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno, rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos. Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cerca está el día de Jehová en el valle de la decisión."

Y retornando al capítulo 14 de Apocalipsis, leamos los versículos 17 y 18:

17 Salió otro ángel del templo que está en el cielo, teniendo también una hoz aguda. 18 Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras.

El templo se refiere a la morada celestial de Dios y no al templo en Jerusalén durante la tribulación. La hoz aguda implica el juicio. Y las uvas están maduras implica un cambio en la metáfora para la guerra de Armagedón, tal y como nos presenta el profeta Isaías, en su capítulo 63, versículos 1 al 6, donde dice: "Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos?¿Éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado. Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre."

Este pasaje no se refiere a la Primera, sino a la Segunda Venida de Cristo. En el Antiguo Testamento se compara el juicio de Dios con la pisada de las uvas. Y Él ha pisado el lagar. El lagar era el lugar donde las uvas eran pisadas para extraer su precioso líquido, y es como si en lugar de zumo de uva, en este lagar hubiese sangre, sangre de los impíos. Cuando Él vino por primera vez, Él derramó Su sangre por ellos, pero fue rechazado. Y ahora deben ser juzgados. Él les reunirá, como se nos dice en Apocalipsis, capítulo 16, versículo 16, en un lugar que en hebreo se llama Armagedón, donde se librará la mayor batalla, o quizá, la mayor guerra de todas cuantas ha habido.

Realmente, a estas alturas de Apocalipsis, cuando parece que nada de lo que el apóstol Juan pueda decirnos nos sorprendería, entra en escena la batalla o guerra de Armagedón. Para arrojar más luz sobre este asunto, leamos los versículos 19 y 20 de este capítulo 14 de Apocalipsis, que dicen así:

19 Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. 20 Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios.

Esta vívida imagen describe el horror de la muerte o el derramamiento masivo de sangre. Aquí se refiere a la muerte violenta de todos los enemigos de Dios que todavía estén vivos y ahora se enfrentan a la destrucción en el Armagedón, la batalla final de los enemigos de Dios, en la planicie de Esdraelón. La imagen sangrienta deriva del jugo fresco que se produce al pisar y machacar las uvas a medida que pasan por diferentes niveles de trituración y quedan reducidas por completo.

Bien, queridos amigos, hasta aquí el programa de hoy. Esperamos encontrarle de nuevo aquí, en las ondas, en nuestro próximo encuentro. Hasta entonces, le enviamos un cordial saludo. Y como siempre pedimos a Dios que ¡Él bendiga Su Palabra y a usted, estimado amigo, amiga oyente!

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