Estudio bíblico de Levítico 8:1-13

Levítico 8:1-13

Tema: La consagración de los sacerdotes.

La carta a los Hebreos 7:28 dice lo siguiente: Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre.

Llegamos ahora a una sección totalmente nueva que trata sobre la consagración de los sacerdotes. Se trata de un asunto importante porque arrojará mucha luz sobre el Tema que, en el contexto de muchas iglesias hoy, se denomina consagración. Debo decir que mucho de lo que hoy se denomina consagración debería ser comparado con el modelo Bíblico.

Nuestra atención se concentrará en los sacerdotes y no en los sacrificios. Dejamos entonces el altar de bronce y nos dirigimos a la pila de agua, también de bronce. Era en el altar de bronce que Dios se había ocupado de problema del pecado a favor del pecador de una vez y para siempre. Pero eso no quería decir que el pecador salvado era ya perfecto. Desgraciadamente, aun pecaba. Así que Dios tenía que conducirle a la pila de bronce para lavarle y mantenerle puro y limpio.

Utilizando esta ilustración, diré que hoy Dios aun nos purifica y nos mantiene puros, tal como lo hacía en la pila de bronce. Tal como lo describió Juan 13, Jesucristo está todavía actuando como un siervo, con la toalla puesta en Su cintura y El continúa limpiándonos de todo pecado en base a la sangre que derramó en la cruz.

Israel tenía un sacerdocio y estas indicaciones fueron escritas para aquel pueblo. En realidad, el libro de Levítico está verdaderamente escrito para los miembros de la tribu de Leví. La intención original de Dios era convertir a toda la nación de Israel en un reino de sacerdotes y en un pueblo santo, consagrado a El. Decía el libro del Éxodo 19:6, vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Su pecado en el grave incidente del becerro de oro, impidió ese proyecto divino. En lugar de todo el pueblo, solo una tribu resultó elegida, la tribu de Leví. Y de esta tribu, solo un hombre, Aarón, fue escogido como el sumo sacerdote.

La iglesia constituye, en la actualidad, un sacerdocio y Cristo es el gran Sumo Sacerdote. La citada carta a los Hebreos 8:1, dice, tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. En la primera carta de Pedro 2:9, dice: Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. En Apocalipsis 5:10, seres celestiales afirman que el que murió en la cruz ha hecho a gente de todas las razas un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra. Y en este mismo libro 1:6, dice que Jesucristo hizo de nosotros un reino y sacerdotes para su Dios y Padre, a El sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén. (Y finalmente, otra vez en Hebreos 13:10, declara que nosotros tenemos un altar del cual no tenían derecho a comer los sacerdotes de antiguo santuario. Ese altar está hoy en el cielo. Es el trono de la gracia.)

La definición de un sacerdote no quedó librada a la invención del ser humano sino que está explicada en la Biblia. Concretamente, Hebreos 5:1, dice: Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados. El sacerdocio en las Escrituras no tiene ninguna similitud con la orden sacerdotal de ninguna religión de la actualidad.

Un sacerdote era alguien que representaba al ser humano ante Dios. Entraba en la presencia de Dios de parte del ser humano. Era lo opuesto a un profeta. El profeta venía de parte de Dios para hablarle al hombre. Y el sacerdote como representante del hombre, se dirigía a Dios para hablarle de parte del hombre.

El Señor Jesús fue Profeta y Sacerdote. Como Profeta, le habló al ser humano de parte de Dios, revelándole quién era Dios. Después de su muerte y resurrección volvió a Dios y, como nuestro gran Sumo Sacerdote, nos representa allí en el cielo. En realidad, estamos unidos a Jesucristo y si alguien no estuviese hoy unido a El, no está representado ante Dios.

Un conocimiento del tabernáculo resulta esencial para una comprensión del libro de Levítico y, específicamente, del sacerdocio. El carácter típico y simbólico del Tabernáculo y el sacerdocio son muy ricos en significado. El patio exterior del tabernáculo representa a esta tierra. Es el lugar donde Cristo vivió y murió. El Lugar Santo es el mundo espiritual e invisible a donde se ha ido nuestro gran Sumo Sacerdote.

De hecho, esto es lo que sucedió cuando el Señor Jesús murió en la cruz y regresó al cielo. Es como si El hubiese tomado el tabernáculo, con todo su significado, que aquí estaba en un plano horizontal sobre la tierra, y lo hubiese convertido a una dimensión perpendicular. Es decir, que el altar se encuentra aquí, donde el murió en la cruz. El Lugar Santo se encuentra allí en el cielo, y El está incluso ahora en el Lugar Santísimo. Escuchemos la lectura de los siguientes pasajes que explican esta realidad. 1) Hebreos 4:14, dice: Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. 2) Hebreos 9:11, lo explica así: Cristo apareció como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación. 3) Hebreos 8:1 y 2 expresa lo siguiente: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. Y, finalmente 4) Hebreos 9:23 y 24 dice: Por tanto, fue necesario que las representaciones de las cosas en los cielos fueran purificadas con tales sacrificios, pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros.

El se encuentra hoy allí. Desearía que pudiésemos traer esta realidad a nuestra fe. Asistimos a la iglesia, participamos de un breve ritual y, con frecuencia, las verdades de nuestra fe quedan olvidadas. Debemos recordar que El está allí precisamente en este momento. Podemos acercarnos a Dios por medio de Jesucristo. Su Palabra nos anima a llegar junto a El con confianza. El se encuentra ahora ante la presencia de Dios por nosotros, de parte nuestra. No estamos solos aquí en la tierra. El acceso a Dios es para nosotros una experiencia real y posible por medio de Jesucristo. Por ello dije que el tabernáculo tiene ahora una dimensión perpendicular y el Lugar Santísimo se encuentra allí.

Por 12 veces se repite en este capítulo que el Señor habló u ordenó algo a Moisés. La intervención final y decisiva se encuentra en el último versículo, el 36: Y Aarón y sus hijos hicieron todas las cosas que el Señor había ordenado por medio de Moisés. Estas son todas las instrucciones que el Señor comunicó. La consagración debía tener lugar en la forma en que El lo había dispuesto.

Algunas personas creen en una fecha tardía para la redacción del libro de Levítico, argumentando a favor de un origen humano para la institución del sacerdocio. Sin embargo aquí se afirma que todo fue realizado tal como el Señor lo había mandado. ¿Crees en la Palabra inspirada de Dios? Entonces, no podrás aceptar una fecha más reciente para la redacción de Levítico, y creerás en la infalibilidad de las Escrituras, y que lo relatado en este libro fue realizado según el mandato de Dios. A continuación presentaré un breve

Bosquejo

Los sacerdotes, capítulos 8-10.

(Todos los creyentes de la iglesia son sacerdotes)

La consagración de los sacerdotes, capítulo 8

1. Llamado a la comunidad para presenciar el ritual, vv. 1-5.

2. Purificación de Aarón y sus hijos, v. 6.

3. Las vestiduras del sumo sacerdote, vv. 7-9.

4. La consagración del sumo sacerdote, vv. 10-12.

5. Las vestiduras de los sacerdotes, v. 13.

6. La purificación de los sacerdotes y de Aarón por la sangre de las ofrendas, vv. 14-30.

7. Los mandamientos dados a Aarón y a sus hijos, vv. 31-36.

Llamado a la comunidad para presenciar el ritual

Leamos los versículos 1-3:

"Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Toma a Aarón y con él a sus hijos, y las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo de la ofrenda por el pecado, los dos carneros y la cesta del pan sin levadura; y reúne a toda la congregación a la entrada de la tienda de reunión."

A Moisés se le ordenó que trajese a Aarón y a sus hijos, a la puerta del tabernáculo, con todos los elementos que iban a usarse en la consagración de los sacerdotes. Cada elemento de esta lista era importante.

Después Moisés tenía que reunir a la comunidad para que presenciase la ceremonia de la consagración de los sacerdotes, que sería un servicio religioso impresionante. Los israelitas verían que Dios había tomado a hombres normales, débiles, apartándolos para Su servicio. Como diría la carta a los Hebreos 7:28. Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento de Dios, que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre. Cristo fue realmente consagrado en un sentido en que nadie más estuvo verdaderamente consagrado. Pero lo admirable fue que Dios aceptase hombres con sus debilidades humanas. Si El hubiera requerido perfección, todos habríamos sido excluidos. Gracias a Dios que El los ha escogido tal como ellos son, en su debilidad. Continuemos leyendo los versículos 4 y 5:

"Y Moisés hizo tal como el Señor le ordenó, y cuando la congregación se había reunido a la entrada de la tienda de reunión, Moisés dijo a la congregación: Esto es lo que el Señor ha ordenado hacer."

Moisés hizo lo que se le ordenó hacer y también el pueblo, que se reunió para este servicio religioso. Moisés explicó que estaba cumpliendo las instrucciones del Señor en todo lo que estaba haciendo. Leamos, a continuación, el versículo 6, que nos habla de

La purificación de Aarón y sus hijos

"Entonces Moisés hizo que Aarón y sus hijos se acercaran, y los lavó con agua."

Moisés trajo a Aarón y a sus hijos a la pila de agua para que se purificaran, lavándoles. Esto significaba que ellos debían ser santos, puros y limpios, si iban a servir al Señor. Ya habían estado en el altar para recibir el perdón y ahora, necesitaban la limpieza.

El primer requisito para consagrar una vida al servicio cristiano es la salvación, pero para realizar este servicio, para ser utilizado por el Señor, uno necesita también limpiarse de la impureza. Escuchemos a los siguientes versículos: 1) La carta a Tito 3:5 dice: El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo. 2) La carta a los Hebreos 10:22, dice: acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. La carta a los Efesios 5:26, recuerda que Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra. El Evangelio de Juan 13:10, relata que el Señor les dijo a sus discípulos. El que se ha bañado no necesita lavarse, excepto los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos. Y, finalmente, la primera carta de Juan 2:9, afirma que si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.

El Espíritu Santo nos va renovando en nuestra vida cristiana. Es que necesitamos una limpieza espiritual del Señor. ¿Y con qué nos limpia El? ¿Qué instrumento utiliza para ello? La Palabra de Dios. Ella es la que nos purifica. El Señor les dijo a los discípulos que necesitaban ser lavados porque sus pies estaban sucios. Todos ellos habían tomado un baño, es decir, que habían sido salvos (excepto Judas). Pero aun necesitaban que se les lavasen los pies de las impurezas adquiridas en el camino, para que pudiesen tener con El una relación de comunión y compañerismo. Esta era, pues, una purificación para consagrarse a Su servicio.

¿Cómo llevamos a cabo ese lavamiento? Es por medio de la confesión que somos perdonados y purificados. ¿Quieres ser utilizado por Dios? Entonces, querido amigo cristiano, ve y confiésale al Señor tus pecados. Este es el primer paso y el procedimiento de Dios. Y es Su mandato. O lo hacemos a Su manera, o no estamos capacitados para servirle. Leamos ahora el versículo 7, que comienza a hablarnos de

Las vestiduras del sumo sacerdote

"Y puso sobre él la túnica, lo ciñó con el cinturón, lo vistió con el manto y le puso el efod; y lo ciñó con el cinto tejido del efod, con el cual se lo ató."

La ropa del sumo sacerdote es una figura de nuestro gran Sumo Sacerdote en Su extraordinaria gracia y gloria. Cada elemento de la ropa era simbólico. Había 8 partes usadas por el sumo sacerdote. 4 de ellas eran iguales o similares a las de todos los sacerdotes. Y las otras 4, eran específicamente para él, distinguiéndole de los demás sacerdotes. Eran ropas que reflejaban gloria y belleza.

Las 4 prendas de vestir comunes a todos los sacerdotes eran las siguientes: la túnica, el cinturón, el turbante o tiara y una especie de pantalones. Estas prendas estaban hechas todas de lino blanco, con la excepción de la tiara o mitra. El lino blanco nos habla de la justicia. Cada creyente está revestido por la justicia de Cristo. Era esencial estar vestido de esa manera para el servicio, y tener el cinturón ceñido era necesario para una obediencia activa. La túnica y el cinturón mencionados en este versículo eran ropas básicas usadas por todos los sacerdotes. Estas vestiduras están descritas detalladamente en Éxodo 28. El versículo 8 continúa diciendo:

"Después le puso el pectoral, y dentro del pectoral puso el Urim y el Tumim."

El pectoral también está descrito en Éxodo 28. El Urim y el Tumim estaban colocados en el pectoral. Urim significa luz y Tumim, perfecciones; así que esas eran las luces y las perfecciones. No sabemos exactamente como funcionaban. Algunos piensan que tenían que ver con la Ley y que posiblemente la Ley estaba escrita en las piedras. En el Salmo 19:7 tenemos una referencia a esto: La ley del Señor es perfecta (las perfecciones, o el Tumim), que restaura el alma; el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo. Y en este mismo capítulo, el versículo 8 dice: Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el mandamiento del Señor es puro, que alumbra los ojos (aquí tenemos la luz del Urim). Aparentemente el Urim y el Tumim tenían algo que ver con determinar la Voluntad de Dios. Y aquí hay una aplicación espiritual para nosotros. Necesitamos hoy la Palabra de Dios, y necesitamos la guía de Dios para conocer la Voluntad de Dios en nuestras vidas. Sigue el relato en el versículo 9:

"Puso también la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara, al frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, tal como el Señor había ordenado a Moisés."

La tiara del sumo sacerdote tenía colocada sobre ella la corona de oro descrita en Éxodo 28. Recordemos que grabadas sobre ella estaban las palabras SANTIDAD AL SEÑOR. Estas ropas distinguían al sumo sacerdote de los demás sacerdotes. Ellas exponían la gloria y belleza de nuestro gran Sumo Sacerdote, que murió aquí en la tierra para salvarnos, y que vive a la derecha de Dios en el cielo para garantizar nuestra salvación. Dijo la carta a los Romanos 5:10, Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y el evangelio de Juan 14:19 nos recuerda las palabras mismas de Jesús: porque yo vivo, vosotros también viviréis.

Los hijos de Aarón se encontraban al lado del sumo sacerdote vestidos de lino. Esta es una figura de nuestro gran Sumo Sacerdote con Sus muchos hijos que están siendo reunidos con El, y que están revestidos de Su justicia. Como dijo la citada carta a los Hebreos 2:10, Porque convenía que aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación de ellos. O sea que venimos a Cristo como pecadores perdidos y el nos cubre con Su justicia.

El sacerdote llevaba piedras sobre sus hombros: 6 en cada uno de ellos, con los nombres de las 12 tribus de Israel. Las otras 12 piedras del pectoral, sobre su pecho tenían, cada una de ellas, grabado el nombre de una de las 12 tribus. El sumo sacerdote llevaba simbólicamente a toda la nación de Israel en sus hombros, y sobre su corazón. El hombro nos habla de fuerza y el corazón nos ilustra el amor. Leamos ahora el versículo 10, que trata sobre

La consagración del sumo sacerdote

"Y Moisés tomó el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todo lo que en él había, y los consagró."

El tabernáculo y todos los utensilios del ministerio habían sido rociados con sangre, según Hebreos 9:21. Ahora eran rociados con aceite. Estaban ya redimidos y purificados por la sangre y ahora, eran ungidos con el aceite que simboliza al Espíritu Santo. Entonces, el Espíritu Santo era libre para actuar y obrar en el servicio y en la adoración del tabernáculo. Bien dijo Jesús en Juan 4:24 a la mujer samaritana: Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad. Y dicen los versículos 11 y 12:

"Con el aceite roció el altar siete veces y ungió el altar y todos sus utensilios, y la pila y su base, para consagrarlos. Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo ungió, para consagrarlo."

El acto de rociar con aceite nos habla de santificación. Todo estaba ya listo para ser utilizado, habiendo sido apartado especialmente para el servicio de Dios. Aarón no fue rociado sino ungido con el aceite. Fue sencillamente cubierto de aceite. Así lo describió el Salmo 133:2, Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras.

Precisamente así el Espíritu Santo (simbolizado por el aceite) fue derramado sobre Cristo en Su bautismo. Se dijo expresamente en Juan 3:34, que El da el Espíritu sin medida. En otras palabras, Dios le dio a Su Hijo el Espíritu Santo en abundancia.

Observemos que el aceite fue derramado sobre Aarón antes que a los sacerdotes se les rociase con sangre. Nuestro Sumo Sacerdote no necesitaba ofrenda por el pecado. Nosotros sí. Pero El no. Como dijo Hebreos 1:9 Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por lo cual Dios, tu Dios, te ha ungido con oleo de alegría más que a tus compañeros. El versículo 13 finaliza nuestro pasaje y comenta,

La ropa de los sacerdotes

"Luego Moisés hizo que los hijos de Aarón se acercaran y los vistió con túnicas, los ciñó con cinturones, y les ajustó las tiaras tal como el Señor había ordenado a Moisés."

En nuestro próximo programa continuaremos con el resto de este capítulo 8 de Levítico. Pero observemos que se nos repite que estos procedimientos fueron realizados conforme al mandato del Señor. Lo cual nos recuerda, una vez más, que para ser aceptados por Dios, debemos estar revestidos, es decir, cubiertos, por la justicia de Cristo, aceptando por la fe Su obra en la cruz, para que el sea nuestro Salvador y el Señor.

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