Estudio bíblico de Juan 6:59-7:6

Juan 6:59-7:6

Continuamos hoy estudiando el capítulo 6 del evangelio según San Juan. Y en nuestro programa anterior, vimos que Jesús estaba hablando con esta gente que había venido del otro lado del mar. Y les decía que si ellos no comían la carne del Hijo del Hombre y bebían Su sangre, no tendrían vida en ellos. Porque Su carne era verdadera comida y Su sangre, verdadera bebida. Y enfatizó que Él era el pan que había descendido del cielo. Y el que comiese de este pan, viviría eternamente. Nuestro Señor estaba preparando a estos hombres para esa última cena y para la institución de la Cena del Señor. Ahora, al parecer, esto era algo que no debía tomarse en sentido literal, porque Él estaba allí mismo con ellos. No les dijo que debían comenzar a comerse Su cuerpo ni a beber Su sangre. Lo que Él les decía, es que les daría Su vida. En aquel aposento alto, cerca ya de la cruz, expresó claramente, que la sangre era el símbolo de la vida. Como dijo Levítico 17:11: "Porque la vida de la carne en la sangre está". Dios había enseñado esta verdad a Su pueblo desde el mismo principio, cuando les sacó de la tierra de Egipto, y allí en el monte Sinaí, Moisés pronunció esta declaración que, por cierto, también es verdad desde el punto de vista médico.

"La vida de la carne está en la sangre". Jesucristo indicó que derramaría Su sangre sobre la cruz y así nos daría Su vida. Y somos salvos al aceptarle y recibirle de una manera muy íntima, muy personal. La salvación es mediante nuestra aceptación de Su sangre que fue derramada en la cruz para darnos vida.

Ésta es la base del sacramento de la cena del Señor. Estimado oyente, ha habido tanto desacuerdo entre los creyentes en las Iglesias y en todas las épocas, en cuanto a la interpretación de la Cena del Señor, así como lo ha habido en cuanto al bautismo. No creemos que hayan luchado tanto en cuanto a la Santa Cena, pero el desacuerdo todavía existe.

Cuando les dio el pan en la Cena en el aposento alto, y como leemos en Lucas 22:19, El dijo: "Esto es mi cuerpo". Ahora, ha habido diferentes maneras de interpretar estas palabras, según la palabra que se enfatice.

Hay quienes enfatizan la palabra "esto". Por ejemplo, dicen: Esto es mi cuerpo. Dicen que se produce una transustanciación, es decir, que el pan se convierte en la carne de Cristo. No creemos que nuestro Señor pretendiera que lo interpretásemos de esa manera literal, dándole a la palabra enfatizada ese significado.

Hay también quienes afirman que se trata de una consustanciación, es decir, que es "en, con y bajo el pan", que uno recibe el cuerpo de Cristo. Nuevamente, creemos que esa afirmación, se queda corta en cuanto a lo que nuestro Señor realmente ha querido decir.

Y hay aún quienes sostienen la posición de Zwinglio. Él era otro de los reformadores y le dio una interpretación espiritual. Él creía que era simplemente un símbolo, solamente un rito religioso y nada más. Según este punto de vista, Jesús nos mandó cumplir el rito y por eso lo cumplimos. Pero francamente, creemos que, como las interpretaciones anteriores, no alcanza a expresar el significado pleno de la Cena del Señor.

En la frase "esto es mi cuerpo", Calvino puso el énfasis sobre la palabra es. La fe reformada siempre ha puesto el énfasis en esta palabra, tal como lo hizo la Iglesia primitiva. Según su punto de vista, Jesucristo no está físicamente en los elementos del pan y del vino, pero en la comunión nos alimentamos espiritualmente del verdadero cuerpo y sangre de Cristo que están en los cielos, mediante el poder del Espíritu Santo. El pan es pan, y siempre será pan. No puede ser transformado. El vino es siempre vino y en él no tiene lugar ningún milagro. Uno no recibe el cuerpo de Cristo por cumplir un rito. Y sin embargo, la Santa Cena es más que un rito. Un profesor de un Seminario decía que la Cena del Señor es "pan en la boca, pero Cristo en el corazón". Estimado oyente, creemos que hay una bendición espiritual que resulta de la celebración de la Cena del Señor. Creemos que Dios le ayuda espiritualmente por su obediencia en participar de la Cena del Señor. No se trata de algo misterioso o mágico. Tampoco es un rito vano el que cumplimos. Tiene un profundo significado y proporciona una bendición espiritual para el corazón del que la observe.

Creemos que eso era lo que nuestro Señor les estaba diciendo aquí a esta gente. Lo importante era tener una relación íntima y verdadera con Él. Cuando comieron el maná en el desierto, se trataba de una experiencia temporal. Pero Jesús tiene algo que es eterno, que es la vida eterna y ésa es la vida que Él proporciona, al darnos Su propia vida. Dice en el principio de este evangelio que: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres". Continuemos ahora leyendo los versículos 59 hasta el 63, de este capítulo 6 del evangelio según San Juan:

"Estas cosas dijo en Capernaúm, enseñando en una sinagoga. Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Pues qué, si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida."

Hubo aquí una reacción a lo que Jesús había dicho, así como diferencias de opinión. Jesús les dijo que no le iban a comer literalmente porque Él regresaría al cielo. La carne o parte física, para nada aprovecha, pero el Espíritu es el que da la vida. Por tanto, estimado oyente, es obvio que no estaba hablando sobre Su cuerpo en sentido literal. Tenemos que apropiarnos de la Cena del Señor por la fe. El contenido de la copa me resulta dulce y al saborear esa dulzura, siempre recuerdo que Él bebió la copa amarga por mí y por usted en la cruz, para que pudiéramos beber esta copa dulce. Esa copa dulce sirve para recordarnos, que Jesús derramó Su sangre por nosotros, y el participar de ella es una gran bendición espiritual.

". . . las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida", dice el versículo 63. Siempre que hemos participado en un acto en el cual se sirve la Cena del Señor, hemos leído porciones de la Palabra de Dios y nos parece una práctica procedente y apropiada. Porque la Palabra de Dios, bendice los corazones de los creyentes. ¿Por qué? Porque las palabras del Señor Jesús son espíritu y son vida. Continuemos ahora con los versículos 64 y 65, de este capítulo 6 del evangelio según San Juan:

"Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le es dado del Padre."

Había algunos que no creían porque no habían abierto su corazón a la gracia divina, que es lo único que hace posible la fe. Pero recuerde usted ahora que tiene que unir estas palabras a la frase: "todo aquel que cree puede venir". Porque usted tiene que decidir, estimado oyente. Ahora leamos el versículo 66:

"Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él."

Se puede ver que aquel día, en medio de ese grupo ya había enemigos, principalmente, las autoridades religiosas, que eran hostiles a Jesús. También estaban allí un número indeterminado de discípulos, además de los doce, entre los cuales estaba Judas. Por lo tanto, en este tiempo había cuatro opiniones en cuanto a Él. Y muchos de estos discípulos, entre los cuales no estaban los doce, se volvieron atrás y le abandonaron. Continuemos con los versículos 67 y 68:

"Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna."

Ésta fue una declaración maravillosa por parte de Simón Pedro. Y la pregunta que él se hizo era excelente y es pertinente para nosotros hoy. Sabemos que muchas veces estamos hablando a creyentes. Pero si usted estimado oyente, no puede decir hoy que el Señor Jesús su Salvador y, en ese caso, Él no suple sus necesidades en manera alguna, entonces permítanos preguntarle: ¿A quién recurrirá? Hay tantos hoy en día, que se encuentran tristes, insatisfechos y desilusionados. Van en todas direcciones buscando la luz y realmente la buscan. Pero permítanos repetir la pregunta de Simón Pedro: ¿A quién iremos? El Señor Jesús es el único, el único que tiene Palabras de Vida eterna. Leamos ahora los versículos 69 al 71, los versículos finales de este capítulo 6 del evangelio según San Juan:

"Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote hijo de Simón, porque él era el que lo iba a entregar, y era uno de los doce."

En verdad este hombre Judas Iscariote fue un gran misterio. Aquí, nuestro Señor le incluyó con los doce y dice que Él le había escogido. Sin embargo, añade que Judas era diablo, lo cual probablemente significa endemoniado, y éste era el hombre que le iba a traicionar. Creemos que durante el tiempo en que convivieron, nuestro Señor le dio todas las oportunidades posibles a Judas, para hacer una decisión de aceptar y seguir a Cristo fielmente. Es difícil interpretar una maldad como ésta, estimado oyente. Es uno de los misterios que tenemos que enfrentar. La maldad, siempre es un misterio, pudiendo expresarse en formas que llegan a extremos difícilmente imaginables. Y esto es precisamente lo que hace que la maldad, sea tan atractiva. Supóngase usted que ahora mismo le decimos que tenemos dos palitos. Y le decimos que uno de los palitos, es perfectamente recto porque es una regla. Ahora, ¿puede usted imaginarse la apariencia de esta regla? Estamos seguros que no tendría ninguna dificultad en imaginarlo, porque una regla puede ser recta de una sola manera. Ahora, supóngase usted que le decimos que también tenemos en la mano, un palito torcido. Y si le pedimos que dibuje una descripción de cómo cree usted que ese palito esté torcido, pues quizá dibujará usted un palito torcido de mil maneras. Porque puede ser torcido de mil maneras.

Es que, la maldad, estimado oyente, tiene un misterio en cuanto a su naturaleza. Debemos confesar que al examinar la trayectoria de este hombre, Judas Iscariote, por las páginas de las Escrituras, resulta difícil de interpretar. Y aquí, nuestro Señor se expresó de una forma ciertamente extraña en cuanto a él, diciendo que "es diablo". Qué contraste nos presenta el testimonio de Simón Pedro. Éste dijo: "Nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente". Estimado oyente, ¿puede usted decir genuinamente, lo que dijo Simón Pedro?

Y así concluimos nuestro estudio del capítulo 6 del evangelio según San Juan. Llegamos ahora

Juan 7:1-6

En este capítulo, Jesús enseña en el Templo, en la fiesta de los Tabernáculos. Este capítulo contiene las maravillosas verdades de que Jesús es el Agua de Vida y que promete dar el Espíritu Santo, a aquellos que creen en Él. Comencemos leyendo el primer versículo de este capítulo 7:

"Después de esto andaba Jesús en Galilea, pues no quería andar en Judea, porque los judíos intentaban matarlo."

"Después de estas cosas. . ." es una expresión común de Juan, quien nos estaba dando una descripción cronológica de la vida terrenal de Jesucristo. Los eventos del capítulo 6 tuvieron lugar en el mar de Galilea pero antes, Jesús había estado en Jerusalén, donde hubo la controversia en cuanto a Él, en el estanque de Betesda. Parece que los eventos del capítulo 6 transcurrieron como un año antes de la crucifixión, alrededor del mes de Abril del año 29 D.C. Los eventos del capítulo 7 tuvieron lugar en Octubre, o sea unos seis meses después. Los capítulos 15 al 18, del evangelio según San Mateo, y los capítulos 7 al 9, del evangelio de Marcos, y el capítulo 9 de Lucas, todos relatan incidentes que ocurrieron durante este período. Durante el último año de Su ministerio, Jesús limitó Sus actividades a la región de Galilea. No andaba más por Judea, porque allí las autoridades religiosas habían tramado un complot para matarle. Pero Jesús estaba siguiendo el calendario divino que Su Padre le había preparado y estos hombres no podían tocarle hasta que llegara Su hora. Ahora estamos entrando en el relato de los últimos seis meses de la vida de Jesús y el primer incidente que Juan registró de aquel período, es éste que ocurrió durante la fiesta de los tabernáculos.

Este primer versículo revela que ya se estaba creando mucha conmoción en cuanto a la persona de Cristo. Seis meses más tarde la agitación estallaría en toda su furia, culminando con la muerte de Jesús en la cruz. Y estimado oyente, todavía vemos la misma conmoción en este mundo. Todavía hay más diferencias de opinión en cuanto a Jesucristo que con relación a cualquiera otra persona que jamás haya vivido. Jesucristo continúa siendo un foco de controversias y todavía son muchos los que lanzan contra Él las peores acusaciones. Jesús es en la actualidad un personaje polémico.

Jesús eligió pues, este tiempo de conmoción y agitación, para abandonar Su costumbre de quedarse fuera de Jerusalén, y así subió a esta ciudad, porque era la fiesta de los tabernáculos. Leamos ahora el versículo 2 de este capítulo 7 de San Juan:

"Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos"

Como dijimos antes, había tres fiestas en Jerusalén que requerían la asistencia obligatoria de todo varón. Nuestro Señor cumplió la ley, y por tanto subió a Jerusalén durante las fiestas de la Pascua, de los Tabernáculos y de Pentecostés. La fiesta de los tabernáculos se describe en el capítulo 23 de Levítico. Esta era una fiesta de gran alegría porque el pueblo de Israel celebraba su gran liberación y salida de la tierra de Egipto, y recordaba los años en que tuvo que habitar en tiendas en el desierto. Era una fiesta de tiendas, cabañas o enramadas. Durante esta celebración acampaban en tiendas. Había el sonido de trompetas, y la ofrenda de los becerros. Además, vertían agua en el templo, y una porción doble en el último día de la fiesta, para recordarles que Dios les había dado agua de la peña en el desierto. El capítulo 17 de Éxodo describe este incidente. Para esta celebración sacaban el agua del estanque de Siloé, y al parecer vertían grandes cantidades de agua, quizá varios barriles, en el suelo del templo.

Veremos que nuestro Señor usó esta festividad para atraer los hombres hacia Sí mismo. Habló en cuanto a Sí mismo como el Agua de Vida. En el versículo 37 de este mismo capítulo 7 de San Juan, el Señor dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7:37). Y todavía esto es cierto hoy en día. Si usted amigo oyente, quiere agua Verdadera, venga a Jesús, Él saciará la sed de su corazón.

En esta fiesta también iluminaban el atrio del templo con una procesión de antorchas, que conmemoraba la columna de fuego que les había guiado al caminar de noche por el desierto. En el capítulo 8 de este evangelio, veremos que nuestro Señor, también se sirvió de esta procesión, para atraer a los hombres hacia Sí mismo. Él dijo, en el capítulo 8, versículo 12: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Ahora, podemos comprender que la columna de nube y la columna de fuego que guiaron a los hijos de Israel, eran figuras de nuestro Señor Jesucristo.

Todas las fiestas del Señor en el Antiguo Testamento se han cumplido, excepto la fiesta de los tabernáculos. Ésta será cumplida cuando nuestro Señor vuelva a la tierra, y así esta fiesta está simbolizado el gran gozo de aquel tiempo futuro. Continuemos ahora leyendo los versículos 3 hasta el 5, de este capítulo 7 de San Juan:

"y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Ni aun sus hermanos creían en él."

Encontramos los nombres de los hermanos, o medio-hermanos de Jesús en el capítulo 13 del evangelio según San Mateo, versículo 55. Se les menciona como "Jacobo, José, Simón y Judas". Santiago, fue quien escribió la epístola universal que lleva su nombre en el Nuevo Testamento. Judas, fue probablemente quien escribió la epístola universal que lleva su nombre. Claro que eso fue mucho después. Pero aquí en la época de nuestro relato, sus hermanos no creían en Él. Le estaban dando consejos que Él no podía aprovechar en absoluto. Pero notemos la respuesta de Jesús, aquí en el versículo 6:

"Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo siempre está preparado."

Ellos aconsejaron a Jesús, basándose en su incredulidad. Pero Jesús no aceptó su consejo. Él actuaba según un programa establecido, pero era el programa trazado por Su Padre. No seguía la sabiduría del mundo. Ni aún apeló a su propia mente, considerando que simplemente no creía que fuera la hora apropiada para ir. Siguió fielmente la voluntad de Padre.

Observemos la pequeña palabra "aún" en la frase "Mi tiempo aún no ha llegado". Jesús no dijo que no iría a la fiesta. Simplemente no subiría públicamente con ellos, para ganar el favor de la gente haciendo algo espectacular como ellos querían que hiciera. Jesús acudiría allí a la hora fijada por Su Padre, y según Su Padre lo había dispuesto.

Y terminamos recordando el incidente del cual leímos anteriormente, cuando Jesús proclamó su discurso sobre el Pan de Vida y algunos de sus discípulos le abandonaron. Entonces Jesús, se había dirigido a los que le rodeaban y preguntándoles: "¿queréis acaso iros también vosotros?" En una época en que a veces nos enfrentamos a una cierta confusión religiosa, por la proliferación de sectas y opciones diversas que tratan de captar la atención de los indecisos, creemos oportuno recordar la respuesta del apóstol Pedro a Jesús, que resume la opción elegida por los que creen en el Señor Jesucristo como su Salvador. En aquella ocasión, Pedro respondió en nombre de sus compañeros las siguientes palabras: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".

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