Estudio bíblico de Génesis

Predicación escrita y en audio de Génesis 17:8-18:8

Génesis 17:8-18:8

En nuestro programa anterior resaltamos el lugar importante que, en las Sagradas Escrituras, ocupa el capítulo 17 del Génesis, debido a que incluye el pacto de Dios con Abraham. El cumplimiento de las promesas de Dios en ese pacto es vital para el desarrollo del propósito redentor divino en la historia, y para la historia misma de los pueblos de la tierra. Leamos el versículo 8 para ver los detalles:

"Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua; y yo seré tu Dios."

Las promesas de Dios se refieren a dos aspectos: la muy numerosa descendencia de Abraham y la posesión de una tierra. Además, se recalca que el pacto no es temporal, sino eterno. Y la fe de Abraham se apoyó en su tiempo en la misma seguridad que la fe de los creyentes de todos los tiempos. Se fundamentó en la certeza de que lo que Dios promete, lo cumple.

El pueblo hebreo habitó en tres ocasiones en su tierra, aunque bajo diferentes condiciones. Dios había predicho que serían expulsados tres veces, y que tres veces regresarían. La primera vez, habitaron en su país hasta que Dios les llevó a Egipto, donde fueron dispersados. Habían llegado allí unas setenta personas de una familia, y salieron alrededor de un millón y medio. Salieron de Egipto en el célebre éxodo, y ocuparon su tierra hasta que Dios permitió que fuesen expulsados a causa de su idolatría, ya que deshonraron el nombre de Dios, y fueron llevados a la cautividad Babilónica. Al retornar después del cautiverio, permanecieron en la tierra hasta el año 70 de nuestra era, cuando fueron expulsados por los romanos, poco después de rechazar al Mesías. O sea, que han regresado a esa tierra dos veces. Más adelante, en nuestro estudio, consideraremos los argumentos Bíblicos sobre un retorno futuro.

Entramos ahora en un aspecto de este Tema, que podríamos titular

La circuncisión, señal del pacto

Y para ello vamos a leer los versículos 9 al 12:

"Dijo además Dios a Abraham: Tu, pues, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, por sus generaciones. Este es mi pacto que guardaréis, entre yo y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. Seréis circuncidados en la carne de vuestro prepucio, y esto será la señal de mi pacto con vosotros. A la edad de ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón por vuestras generaciones; asimismo el siervo nacido en tu casa, o que sea comprado con dinero a cualquier extranjero, que no sea de tu descendencia."

La circuncisión era una señal distintiva del pacto. Era la evidencia de una realidad ya existente. Los israelitas no se circuncidaron para hacerse miembros participantes del pacto, sino que lo hicieron porque ya tenían, porque habían recibido el pacto de Dios y ya tenían una relación con El.. La circuncisión ocupaba entonces el mismo lugar que las buenas obras ocupan hoy en la vida del creyente. Tu no realizas buenas obras para ser salvo, sino que haces buenas obras porque has sido salvo. Esta distinción es muy importante y cambia totalmente el planteamiento de la cuestión.

Las personas en la actualidad se ven también ante esas opciones. Muchos piensan que si se unen a una iglesia y se bautizan, entonces se salvan. Nadie tiene que hacer esto para salvarse, es decir, con el propósito de alcanzar la salvación. Más bien, el orden será el inverso. Si uno, en primer lugar, acepta establecer una relación con Dios, luego, en consecuencia, hará estas cosas, como tener comunión con una iglesia y bautizarse. Porque la única forma, el único medio de salvarse es Jesucristo, quien por su sangre, es el nuevo pacto que Dios ofrece a todos gratuitamente.

Resulta interesante leer en el meticuloso relato del nacimiento de Jesucristo como se cumplieron todos los requisitos de la ley. El era descendiente de Abraham, descendiente de David y fue circuncidado en el octavo día después de su nacimiento. Como bien diría el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, Jesús nació "bajo la ley".

Proseguimos leyendo los versículos 13 y 14:

"Ciertamente ha de ser circuncidado el siervo nacido en tu casa o comprado con tu dinero; así estará mi pacto en vuestra carne como pacto perpetuo. Más el varón incircunciso, que no es circuncidado en la carne de su prepucio, esa persona será cortada de entre su pueblo; ha quebrantado mi pacto."

Muchos israelitas, prácticamente todo el pueblo, desobedecieron y no adoptaron esta señal que les identificaba con el pacto, después de salir de Egipto. Pero ningún incumplimiento, por parte de individuos o de toda esa nación, pudo afectar, o invalidar el pacto que Dios había hecho con Abraham y su descendencia. Los que quebrantaron dicho pacto fueron excluidos del pueblo, pero el pacto mantiene su vigencia porque es un pacto eterno.

Continuemos leyendo los versículos 15 al 17, en los que vemos que

Dios cambia el nombre de Sara y le promete un hijo

"Entonces Dios dijo a Abraham: A Sarai, tu mujer, no la llamarás Sarai, sino que Sara será su nombre. Y la bendeciré, y de cierto te daré un hijo por medio de ella. La bendeciré y será madre de naciones: reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, concebirá?"

Así como el anciano patriarca sería padre de naciones, Sara sería la madre. Y su nuevo nombre, que significa "princesa" era muy apropiado para el honor recibido. La reacción de Abraham fue reírse. Pero no fue una risa de incredulidad o de ironía sino de verdadera alegría y satisfacción. Quizás nosotros hayamos reído de esta manera cuando nos ha sucedido algo o hemos recibido aquello que, humanamente hablando, considerábamos imposible. Entonces habremos recordado que Jesucristo dijo que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. En su carta a los Romanos, el capítulo 4:18-21, el apóstol Pablo describe así este suceso en la vida de Abraham:

"El creyó en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y sin debilitarse en la fe contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tenía como cien años, y la esterilidad de la matriz de Sara; sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, y estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo."

Es así que Abraham creyó en Dios y vivió esta experiencia absolutamente abrumado por este milagro y la bondad de Dios. Volvamos a nuestro texto de Génesis 17, y leamos los versículos 18 y 19:

"Y dijo Abraham a Dios: ¡Ojalá que Ismael viva delante de ti! Pero Dios dijo: No, sino que Sara, tu mujer, te dará un hijo, y le pondrás el nombre de Isaac; y estableceré mi pacto con él, pacto perpetuo para su descendencia después de él."

Aquí vemos que Abraham se acuerda de su hijo Ismael, a quien seguramente amaba mucho. Y, preocupado por cual iba a ser su futuro, pregunta por él. Pero Dios aclara que el hijo de la promesa sería Isaac, y sería con él que confirmaría el pacto que afectaría a su descendencia. En esta situación Abraham habrá recordado aquel error que cometió al traer a la esclava Agar de Egipto, las decisiones tomadas para apresurar el nacimiento de un hijo y los problemas surgidos en el hogar con ocasión del nacimiento de Ismael. El pecado, ciertamente, no es algo sin importancia, que puede pasar inadvertido ante Dios. Como dice el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, capítulo 6:7,

"No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará."

El ser humano, no es que coseche algo parecido o similar a lo que sembró. Cosechará precisamente lo mismo que ha sembrado. Abraham, en sus conflictos familiares y en su angustia personal, ya había comenzado a cosechar el fruto de su siembra. Y ¿ qué decir de los conflictos posteriores, y de la rivalidad entre los descendientes de ambos hijos de Abraham ?Leamos los versículos 20 al 22, en los que Dios le tranquilizó, porque

Ismael llegaría a ser una gran nación

"Y en cuanto a Ismael, te he oído; he aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran nación. Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el cual Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. Cuando terminó de hablar con él, ascendió Dios dejando a Abraham."

Dios se mantuvo fiel a la promesa que había hecho, que se cumpliría tal como él indicó. El no iba a ser disuadido para apartarse de sus promesas ni impulsado a aplazar su cumplimiento por las circunstancias humanas. El habló como si Isaac ya hubiese nacido y se encontrase allí. Y después del anuncio de las bendiciones a Ismael y a su descendencia Dios confirmó, sin embargo, que su pacto operaría a través de Isaac. Quizás Abraham había esperado que Dios desarrollase el pacto por medio de su hijo Ismael. La respuesta de Dios fue negativa y concluyente; no hubo lugar ni ocasión para que el patriarca insistiese con ninguna petición a favor de Ismael. En el transcurso de los años, Dios oiría y respondería otras oraciones de Abraham. También hoy en día; la respuesta de Dios es negativa cuando algunos piden a Dios cosas que Dios no aprueba, o cuando oran motivados por deseos egoístas. Por el contrario, cuando la relación de una persona con Dios se caracteriza por la fe y la obediencia, sus motivaciones concuerdan con los planes de Dios y El se complace en responder positivamente.

Leamos los últimos versículos de este capítulo; desde el 23 hasta el 27:

"Entonces Abraham tomó a su hijo Ismael y a todos los siervos nacidos en su casa y a todos los que habían sido comprados con su dinero, a todo varón de entre las personas de la casa de Abraham, y aquel mismo día les circuncidó la carne de su prepucio, tal como Dios le había dicho. Abraham tenía noventa y nueve años cuando fue circuncidado en la carne de su prepucio. Y su hijo Ismael tenía trece años cuando se le circuncidó la carne de su prepucio. En el mismo día fueron circuncidados Abraham y su hijo Ismael. Y todos los varones de su casa, que habían nacido en la casa o que habían sido comprados a un extranjero por dinero, fueron circuncidados con él."

Como vemos Abraham se apresuró a obedecer a Dios en cuanto a la circuncisión. Algunos se preguntan por qué fue incluido Ismael en la aplicación de esta señal del pacto. Bueno, el pertenecía a la familia de Abraham y además, iba a recibir bendiciones especiales de Dios por medio de dicho pacto, su descendencia sería grandemente multiplicada y formaría una gran nación. Pero, como ya hemos indicado, Ismael no era aquel hijo que había sido prometido por Dios a Abraham, El no sería el padre de aquella otra nación por medio de la cual Dios traería el Mesías al mundo.

A continuación vamos a estudiar el

Capítulo 18

En primer lugar, es apropiado decir que, hasta que uno no lee el Nuevo Testamento, se pregunta por qué estos capítulos 18 y 19 están incluidos en este lugar del relato Bíblico, ya que parecen más bien algo desligados de la historia de Abraham. El Tema preponderante en ellos es la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra.

El capítulo 18, bastante extenso, nos presenta a Dios comunicándole a Abraham el juicio sobre Sodoma y Gomorra, y al patriarca intercediendo a favor de estas ciudades de la llanura. En este capítulo encontramos una ilustración de la vida cristiana de bendición, en un progresivo avance hacia la santidad, una vida ideal; una vida de comunión y en una relación personal de intimidad con Dios. Pero en al capítulo 19, ya en Sodoma y Gomorra, donde residía Lot, el sobrino de Abraham, tenemos una ilustración de lo que yo llamaría una vida malograda, fruto de una elección equivocada adoptada anteriormente.

Desafortunadamente, en la actualidad podemos encontrar ambas clases de cristianos. Aquellos que viven una vida de bendición, y aquellos que viven una vida malograda, fracasada. Es decir, aquellos que han llevado sus vidas hacia un verdadero naufragio, que se han apartado totalmente de la voluntad de Dios. De ninguna manera estoy sugiriendo que hayan perdido su salvación, porque, según dice el apóstol Pablo en su carta a los Corintios, capítulo 3:15, " serán salvos, aunque así como por fuego." Esas personas, con seguridad, han perdido, en esta vida, las bendiciones y privilegios de la salvación, a no ser que se coloquen otra vez bajo el control de Dios, volviendo a depositar su confianza en El.

En el próximo episodio, con el que comienza el capítulo 18, vemos que

Dios se le aparece a Abraham y le confirma su promesa de un hijo

Leamos los versículos 1 y 2:

"Y el Señor se le apareció en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda en el calor del día. Cuando él alzó los ojos y miró, he aquí, tres hombres estaban parados frente a él; y al verlos corrió de la puerta de la tienda a recibirlos, y se postró en tierra"

¿Quiénes eran estos 3 personajes? Teniendo en cuenta otros pasajes próximos, como Génesis 18:22 y Génesis 19:1, que implican que 2 ángeles iban hacia Sodoma mientras el Señor permanecía hablando con Abraham, concluimos que el tercer personaje era el Angel del Señor, a quien identificamos con el mismo Señor; una aparición de Jesucristo pre encarnado, en los tiempos del Antiguo Testamento, que llamamos Teofanía. A este incidente se refiere, quizás, la carta a los Hebreos, capítulo 13:2, al decir que " algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles." Continuemos el informe de esta visita, hasta el versículo 8:

"Y dijo: Señor mío, si ahora he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no pases de largo junto a tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua y lavaos los pies, y reposad bajo el árbol; y yo traeré un pedazo de pan para que os alimentéis, y después sigáis adelante, puesto que habéis visitado a vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda donde estaba Sara, y dijo: Apresúrate a preparar tres medidas de flor de harina, amásala y haz tortas de pan. Corrió también Abraham a la vacada y tomó un becerro tierno y bueno, y se lo dio al criado, que se apresuró a prepararlo. Tomó también cuajada y leche y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se quedó de pie junto a ellos bajo el árbol mientras comían."

Esta costumbre de lavar los pies de los visitantes, tan antigua y practicada en aquellos tiempos, puede parecernos extraña, pero los viajeros de entonces recorrían a pie enormes distancias por caminos polvorientos. Es así que al llegar los viajeros a una casa, ésta era una forma de bienvenida, de demostrar con cortesía que su presencia era grata, ofreciéndoles hospitalidad. Resulta interesante pensar que, teniendo en cuenta que comer juntos era una forma de expresar amistad, comunión y de acompañar a ofrendas y ratificación de tratados, el Señor, cuando vino a especificar el cumplimiento de las promesas del pacto con Abraham, acudió personalmente con sus ángeles para comer en la tienda del patriarca, como expresión de una relación personal.

Terminamos nuestro programa de hoy recordando aquel momento en que, antes de su muerte en la cruz para derramar su sangre estableciendo el nuevo pacto, y tal como nos lo cuenta el Evangelio según Juan, en su capítulo 13, el Señor se levantó de una cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, como si fuese un siervo, se inclinó y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. El apóstol Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 2:7-11, lo contaría de esta manera:

" . . . se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre."

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