Estudio bíblico de Hechos

Predicación escrita y en audio de Hechos 24:26-25:11

Hechos 24:26-25:11

Continuamos hoy estudiando el capítulo 24 de los Hechos de los Apóstoles. Y en nuestro programa anterior, estuvimos hablando del gobernador Félix y su esposa Drusila, frente a una oportunidad única y bajo las circunstancias más favorables. Tuvieron una entrevista privada con el mejor predicador de la gracia de Dios que el mundo jamás conocería en los próximos siglos. La hora de la salvación sonó para ellos. La puerta del reino se les abrió y tuvieron su oportunidad. Creemos, pues, que Félix y Drusila, escucharon a Pablo con mucho interés y que Félix hasta habría querido hacer una decisión por Cristo, pero lamentablemente no la hizo. Decidió esperar hasta otra oportunidad.

Y dijimos que Pablo razonó con Félix en cuanto a la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Ahora, la justicia aquí, creemos que es la justicia de la ley, que el hombre no puede alcanzar. En otras palabras, la ley revela que el hombre es pecador, señalándole como debe vivir, y muestra que al pecador no le es posible cumplir con la ley de una manera que sea aceptable para Dios. Un pecador necesita ser justificado ante Dios, y no puede proveer esta justificación por sí mismo. De modo que Dios la provee para él en la persona de Su hijo Cristo Jesús.

Luego, Pablo habló del dominio de uno mismo. Félix era un hombre dominado por la pasión y la crueldad. Estos dos, pues, tanto Félix como su esposa Drusila, estaban esclavizados por el pecado y no sabían lo que era la verdadera libertad.

Luego, Pablo les habló acerca del juicio venidero. Estimado oyente, ahora mismo sus pecados están, o bien sobre usted, o sobre Cristo. Si sus pecados están sobre Cristo, si usted ha puesto su confianza total en Él, entonces todos esos pecados fueron llevados y borrados, perdonados hace más de dos mil años. No están como un asunto pendiente para ser juzgados en el futuro. Pero, si sus pecados hoy en día, todavía están sobre usted; entonces para usted aún queda por delante el juicio venidero. Y a nadie le agrada oír hablar acerca del juicio venidero. Y estamos seguros que a Félix tampoco le gustó oír hablar acerca del juicio venidero.

Ahora, es interesante observar aquí a Félix. Cuando Pablo tuvo que comparecer ante él, al llegar Ananías el sumo sacerdote, y los ancianos, y el gran orador Tértulo para lanzar sus acusaciones contra Pablo, Félix en seguida comprendió que verdaderamente no había ninguna acusación real. En tal caso, debió entonces haber puesto en libertad a Pablo. Pero Félix, antes que nada era un político y no quiso oponerse a los judíos. No hizo lo justo, sino lo que creyó conveniente desde un punto de vista político. Entonces Félix tuvo esta entrevista privada con Pablo y al parecer, Pablo realmente le conmovió. Sin embargo, Félix retrasó el tomar una decisión, aplazándola para otro día.

Ahora, es una observación muy interesante, pero a la vez, triste y comprobada a lo largo de toda la historia por más de 2000 años. Y es que le es posible a uno seguir postergando el tomar una decisión de aceptar a Cristo, porque llega el día en que le resultará realmente imposible hacer esa decisión. Es por eso que la mayoría de las decisiones son hechas por los jóvenes. Y es por eso que debemos tratar de alcanzar a los jóvenes. Las personas mayores se van insensibilizando en cuanto al evangelio.

Alguien cuenta un incidente que le sucedió hace muchos años a un famoso predicador y que ilustra esta última observación. Un amigo abogado que no era cristiano se le acercó y le dijo: "Tú y yo llegamos a esta ciudad al mismo tiempo. Tú eras un predicador joven y yo un abogado joven. Debo confesar que cuando primero te oí hablar, me sentí sumamente conmovido. Y francamente, había noches cuando no me era posible dormir. Pero, al pasar los años, llegó el día cuando me fue posible disfrutar escuchándote, sin que tu mensaje me conmoviera en lo más mínimo. Y así es en el día de hoy". El abogado se rió por lo bajo al decirlo. Pero no se dio cuenta de cuán trágica era esa conclusión porque añadió: "Y sin embargo, tú eres hoy un predicador mejor, que lo que fuiste en el principio". Era una tragedia porque este hombre no se daba cuenta hasta que punto había llegado. Y así ocurrió con Félix, que le dijo a Pablo: "Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré". Pero, esa esperada oportunidad nunca llegó para Félix. La oportunidad tampoco vino para el abogado del que acabamos de hablar. Esa segunda oportunidad, estimado oyente, al final no llega para muchas personas, que van postergando su decisión de recibir a Cristo. Continuemos, pues, con el versículo 26 de este capítulo 24 de los Hechos de los Apóstoles:

"Esperaba también con esto que Pablo le diera dinero para que lo soltara, por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él."

Ahora, note usted que Félix era un político astuto y además un oportunista. Esperaba que Pablo le sobornara, y entonces le habría otorgado su libertad. Y dice aquí el versículo 27, el versículo final de este capítulo 24:

"Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo."

Ahora, Félix se aprovechó de la política hasta el fin. Y dejó en la cárcel a Pablo. Y una vez más, tenemos que reconocer que la justicia romana no era de ninguna manera mejor que los hombres que la ejecutaban. O bien Pablo era culpable, o no lo era. Ahora, si era culpable de traición, debieron haberlo ejecutado. Pero, si no era culpable, debieron haberle otorgado su libertad. Debieron haber hecho o una cosa, o la otra. Bajo ninguna circunstancia debieron haberle dejado en la cárcel por dos años.

Y así concluye el capítulo 24 de los Hechos de los Apóstoles. Y llegamos ahora a

Hechos 25:1-11

Y en este capítulo tenemos a Pablo, ante Festo, el nuevo gobernador. Pablo había estado en la cárcel injustamente por un período de dos años, como resultado de una decisión arbitraria del gobernador Félix. Pero, entonces llegó un nuevo gobernador, Festo, quien era el que reemplazó a Félix. En nuestro estudio de este capítulo 25 de los Hechos, veremos ahora la escena que se desarrolló cuando Pablo compareció ante Festo.

Hasta ahora hemos visto a Pablo en varias situaciones en las que tuvo que enfrentar multitudes hostiles, comparecer ante autoridades, e inclusive, sufriendo la incomprensión de otros creyentes. Le hemos visto ante una gran multitud en la escalinata de la fortaleza de Jerusalén. Le hemos visto ante el consejo del Sanedrín; le vimos también ante Félix, el gobernador de Cesarea. Y por último, le vimos en el capítulo anterior, en una entrevista privada con Félix y con su esposa Drusila. Al parecer, Pablo tuvo también otras muchas entrevistas y confrontaciones en su vida. Ahora, lo veremos ante Festo, el nuevo gobernador de Cesarea, y más adelante le veremos ante Agripa. El apóstol Pablo tuvo que comparecer ante todos estos gobernantes, y creemos que en muchos casos estas fueron experiencias bastante tediosas para Pablo; experiencias que pusieron a prueba su paciencia. Sin embargo, estamos seguros que Pablo se alegró con cada oportunidad que le fue concedida para testificar del Señor Jesucristo ante esa gente perteneciente a la jerarquía del Imperio Romano. No debemos olvidar, que cuando Pablo se convirtió a Jesucristo, cuando fue llamado a ser Su siervo en el camino de Damasco, recibió la promesa de que hablaría de Él ante soberanos y reyes. (Hechos 9:15)

Y vemos que cada vez que Pablo compareció ante estos gobernantes, se presentó ante ellos y les contó lo que el Señor Jesús había hecho por él, y lo hizo con gran convicción y entusiasmo. El apóstol Pablo, dondequiera que estuvo, siempre dio un testimonio elocuente de Jesucristo. Aunque Félix, el gobernador, demostró conmoverse al escuchar el testimonio de Pablo, al fin, su codicia personal y su picardía se impusieron. Vimos que después mandó a buscar a Pablo desde la cárcel muchas veces; pero, aparentemente ya no estaba más interesado en obtener la salvación de su alma, sino solamente en un soborno.

Ahora, aquellos dos años que Pablo pasó en la cárcel, fueron años silenciosos en su vida, por lo menos en cuanto al aspecto histórico. Quizás fueron años en que Pablo estuvo irritado y frustrado por esta situación. No lo sabemos. Pero, sabemos muy bien en cambio, que la mano de Dios se manifestó en esas circunstancias, y que Sus propósitos se llevaron a cabo. Y creemos que esto debe ser una verdadera fuente de aliento, de ánimo para cada uno de nosotros, cuando vemos que nuestra actividad parece estancada y no podemos avanzar según nuestros propios deseos. Leamos, pues, los primeros cuatro versículos de este capítulo 25 de los Hechos de los Apóstoles, que inician un párrafo que nos relatará como

Pablo compareció ante Festo

"Llegó, pues, Festo a la provincia, y a los tres días subió de Cesarea a Jerusalén. Entonces los principales sacerdotes y los más influyentes de los judíos se presentaron ante él contra Pablo, y le rogaron, pidiendo contra él, como gracia, que lo hiciera traer a Jerusalén. Y preparaban ellos una celada para matarlo en el camino. Pero Festo respondió que Pablo estaba custodiado en Cesarea, adonde él mismo partiría en breve."

Bueno, creemos que en este caso, Festo ya tenía pleno conocimiento de la situación en la cual se encontraba Pablo. Estamos seguros que Félix debió haberle contado acerca de las circunstancias que rodeaban este caso, y sus razones para encarcelarlo. Probablemente le explicó que había traído a Pablo a Cesarea y le había encarcelado allí para protegerle de los judíos que querían matarle. Por lo tanto, cuando Festo recibió la noticia de que los judíos solicitaban que Pablo fuese traído a Jerusalén, él les respondió diciendo que no era su intención llevar a Pablo a Jerusalén, porque él mismo ya había hecho sus planes para viajar y quedarse en Cesarea. Ahora, aquí tenemos otro caso de un gobernante romano que prefería vivir en Cesarea antes que en Jerusalén.

Ahora, es interesante ver que los enemigos de Pablo no desperdiciaron el tiempo en su intento de acercarse al nuevo gobernador para conseguir una sentencia condenatoria contra Pablo. No sabemos si Festo tenía conocimiento de los planes de los judíos para llevar a cabo una emboscada y asesinar a Pablo. Pero creemos que él sabía esto, aunque aquí no se nos dice si lo sabía o no. Sin embargo, quedó claro que Festo rechazó las demandas de este grupo y les contestó que en lugar de traer a Pablo a Jerusalén, ellos tendrían que hacer el viaje hasta Cesarea para presentar sus acusaciones. Continuemos leyendo los versículos 5 hasta el 7 de este capítulo 25 de los Hechos:

"Los que de vosotros puedan, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crimen en este hombre, acúsenlo. Estuvo entre ellos no más de ocho o diez días, y luego fue a Cesarea; al siguiente día se sentó en el tribunal y mandó que fuera traído Pablo. Cuando éste llegó, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, presentando contra él muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar."

Pablo tuvo que comparecer nuevamente ante un tribunal para defenderse de estas falsas acusaciones de los judíos. Sin embargo, tuvo una oportunidad de presentar el Evangelio ante Festo. Ahora, veamos lo que dijo Pablo en su defensa, aquí en los versículos 8 y 9:

"Pablo se defendía diciendo: Ni contra la Ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra César he pecado en nada. Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, le preguntó a Pablo: ¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allá de estas cosas delante de mí?"

Con esto vemos que Festo era astuto, como su antecesor Félix. De modo que Pablo se encontró aquí, no solamente entre un grupo de intrigantes, y también ante autoridades llenas de maldad y corrupción. Leamos ahora el versículo 10:

"Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los judíos no les he hecho ningún agravio, como tú sabes muy bien."

Hay algunos estudiantes de la Biblia que creen que Pablo cometió un error aquí, y que él no debió haber apelado a César. Dicen que Pablo simplemente debió haber dejado que su caso quedase bajo Festo. Pero, ellos aparentemente no se dan cuenta que Festo pensaba usar a Pablo para cumplir sus propios fines políticos, que seguramente había recibido algún soborno de parte de los hombres que habían venido a Cesarea desde Jerusalén, y que al fin accedería a llevar a Pablo a Jerusalén. Es por esto que no nos sentimos inclinados a criticar a Pablo, diciendo que cometió un error. Pablo era un ciudadano romano, ejerció sus derechos como tal y obró correctamente al apelar a César; un procedimiento completamente normal y correcto. El sabía con toda seguridad que su regreso a Jerusalén sólo significaría su muerte. Pablo no tenía intención de convertirse deliberadamente en un mártir. De modo que, lo que hizo aquí fue para evitar un martirio seguro.

Hoy en día parece que abundan aquellos que desean encontrarse en situaciones de martirio o persecución. Realmente padecen de lo que llamamos "complejos de mártir". Parece que estas personas están siempre dispuestas a apartarse de su camino, en busca de algún sufrimiento que puedan padecer; casi siempre un sufrimiento autoinflingido, un sufrimiento que no han recibido de parte de Dios. Una cosa es estar dispuestos a sufrir las consecuencias de la fidelidad a Jesucristo; pero otra muy diferente es salir a buscarse uno mismo sus propios problemas y sufrimientos innecesarios. Una persona que vive buscando el sufrimiento y el martirio, posiblemente sufre de una depresión mental o espiritual. Martín Lutero por ejemplo, fue una persona que trató de encontrar la paz con Dios por medio del sufrimiento autoinflingido; pero se dio cuenta que ese era un camino equivocado, incapaz de proporcionar la paz espiritual que él tanto anhelaba.

Ahora bien, hay otro asunto que también debemos considerar en cuanto a esta decisión de Pablo de apelar a César. En el capítulo 23:11 vimos que dos años antes, el Señor había aparecido ante Pablo y le había prometido que iría hasta la ciudad de Roma y eso era precisamente lo que le estaba sucediendo, de acuerdo con la voluntad de Dios. El Señor no le había dicho cómo iría a Roma. Le tocaría ir encadenado, y éste fue el método que Dios había escogido para él. Cuando Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dijo que estaba orando por poder ir a Roma, y les pidió que oraran para que ese viaje se convirtiera en realidad. Podemos encontrar esta petición en la epístola a los Romanos, capítulo 1, versículos 9 y 10, y también en el capítulo 15 de la misma epístola, versículos 30 al 32.

"Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo."

Ahora, creemos que uno puede notar aquí que Pablo se puso un poco impaciente. Roma se había destacado por su sistema de justicia; y no hay duda alguna que Pablo era un hombre que respetaba la autoridad del gobierno. Pero, aquí Pablo reconoció que no estaba recibiendo justicia, y por tanto presentó una apelación legal. Dios mostró que tenía la intención de que Pablo hiciera uso de sus derechos como ciudadano romano, por lo tanto, no cometió un error al hacerlos valer ante las autoridades. Es muy interesante observar aquí, que Dios guía a algunos de una manera y que guía a otros de otro modo. Otros, en su lugar, no podrían haber demandado la protección de la ciudadanía romana, como hizo Pablo, a quien Dios le había permitido tener esa ciudadanía que, en aquellos tiempos constituía un privilegio, así como una garantía de protección legal y física, gracias a la cual la seguridad de Pablo estuvo garantizada en momentos claves de su vida y actividades.

Estimado oyente, permítanos una pregunta personal: ¿Qué ha hecho el Señor por usted? Si usted ya ha recibido al Señor Jesucristo como su Salvador, si ya es un cristiano, un creyente, usted ha sido perdonado, ha iniciado una relación con Dios y ha recibido la vida eterna. Pero considerando su vida aquí en la tierra, mientras Él no le llame a Su presencia, usted como hijo que es de Dios podrá vivir una vida de auténtica calidad espiritual, una vida en constante transformación, para bendición suya y de todos aquellos que le rodeen. Y lo que usted posea en cuanto a bienes materiales, oportunidades, o la posición que sea en la vida, debe disfrutarlo y utilizarlo para la extensión de Su reino. Usted podrá manifestar lo que Cristo significa para usted en cualquier ocupación que tenga, y en todo contexto en que actúe. Si el Señor ha puesto algo en la mano, úselo para Él. Recuerde que Moisés, cuya vida estudiamos en el libro del Éxodo, sólo tenía una vara en la mano al comenzar a cumplir la gran misión que Dios le había encomendado, y que implicaba liberar a un pueblo enfrentándose a un Faraón opresor y conducirle luego a través del desierto durante cuarenta años, enfrentándose entonces con gente voluble e incrédula. Simplemente una vara, pero tuvo que ponerla a disposición de Dios. Y éste es el pensamiento central aquí. Pablo tenía su ciudadanía romana. Fue como si hubiera tenido una vara colocada en su mano. Y la usó para proclamar el Evangelio de Cristo y honrar a Dios.

Una de las grandes preguntas formuladas a aquellos que desearon servir a Dios en todas las épocas de la historia, debió ser aquella que Dios le hizo a Moisés cuando le llamó en la soledad del desierto, a Pablo cuando le encomendó una tarea de inmensa complejidad ante el poder religioso de los judíos y el poder secular del Imperio Romano. Esa pregunta fue: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Estimado oyente, esta pregunta también va dirigida a usted.

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Comentario bíblico de 2 Timoteo