Estudio bíblico de Génesis Introducción 4

Introducción a la Biblia (IV)

Interpretación

Se refiere a cómo interpretamos la Palabra de Dios. Este es el motivo por el cual hay varias denominaciones o movimientos cristianos como, por ejemplo, Metodistas, Bautistas, Hermanos, Pentecostales y otros. También hay maestros que enfatizan más algunos aspectos que otros de la revelación Bíblica. Y es así que todos tenemos nuestras propias interpretaciones. Y parece evidente que cuando hay desacuerdos fundamentales, alguien ha interpretado mal.

En el intento de interpretar la Biblia, deben seguirse algunas reglas que vamos a comentar a continuación.

1. El propósito general de la Biblia, debe considerarse en primer lugar. Y esa es la razón por la que yo enseño toda la Biblia. Porque creo que debes conocerla en su totalidad antes de llegar a una conclusión dogmática sobre un versículo de las Escrituras en particular. Es importante tener en cuenta a todos los versículos relacionados con un Tema determinado.

2. A quién se refiere la Escritura. Por ejemplo, aquel pasaje Bíblico del libro de Josué, concretamente Josué 1:2, en que Dios le dijo a Josué, "Ahora, pues, levántate y pasa este Jordán ". Cuando yo me encontraba en aquellas tierras crucé, efectivamente, el rio Jordán. Pero no lo hice para cumplir lo que dicen las Escrituras. No me dije, "bueno, al fin he obedecido al Señor, cruzando el Jordán" Siempre que leo ese versículo, comprendo que El Señor le está hablando a Josué, aunque sé que en esas palabras hay una gran lección para mí. No todas las Escrituras se dirigen a mí pero, por otra parte, todas las Escrituras, sí, son `para´ mí, Esta es, pues, una buena regla para recordar.

3. El contexto inmediato anterior y posterior a un pasaje de la Escritura, debe ser considerado. ¿De qué habla ese pasaje Bíblico? Y, ¿qué otros pasajes de las Escrituras tratan el mismo Tema?

4. Descubrir lo que dice el original. Si tu no lees Hebreo o Griego, debes procurar conseguir una traducción que sea lo más fiel posible al texto original. Aquellos que llevaron a cabo las primeras traducciones en el idioma castellano, creían que la Biblia era la Palabra de Dios y trataron al texto con el máximo respeto, de acuerdo con esta creencia. Cuando alguien traduce, debe extraer del idioma original el significado normal de las palabras y colocarlo en el otro idioma en términos o palabras comparables o equivalentes (incluso idénticas, si fuese posible). Lo que más tratan de lograr algunos traductores actuales, es un lenguaje moderno. Pero al hacerlo así, no debe perderse lo que el idioma original está expresando. Por todo ello, lo realmente importante en una traducción de la Biblia, es si ésta reproduce fielmente las palabras exactas del texto original.

5. Interpretar la Biblia literalmente. El ya fallecido Dr. David Cooper lo expresó con indudable acierto cuando dijo: "Cuando el significado evidente de las Escrituras está de acuerdo con el sentido común, no busquéis ningún otro sentido. Por lo tanto, entended cada palabra de un pasaje determinado en su significado principal, normal, usual y literal, a menos que los datos del contexto inmediato, estudiados a la luz de otros pasajes relacionados y de verdades axiomáticas y fundamentales indiquen que dicho pasaje debe interpretarse de otra manera ".

Resumiendo...

En el curso de este estudio hemos estado examinando algunos puntos importantes en relación con el texto Bíblico. Estos fueron: Revelación, Inspiración, Iluminación e Interpretación. En primer lugar hemos considerado la Revelación, porque Dios ha hablado, tomando así la iniciativa de comunicarse con nosotros. En segundo lugar, hemos pasado a exponer el Tema de la Inspiración, que tiene que ver con el modo en que Dios ha hablado, y con la garantía que tenemos de que las Sagradas Escrituras constituyen lo que Dios realmente nos quiso decir y comunicar. En tercer lugar, hemos tratado el asunto de la Iluminación, que se refiere a cómo podemos tener una comprensión profunda y correcta de la Biblia. Para lo cual resulta esencial la intervención y ayuda del Espíritu de Dios. En cuarto y último lugar, hemos desarrollado el Tema de la Interpretación: más concretamente. Las reglas a seguir cuando leemos y estudiamos la Biblia, para entender el significado del mensaje.

Algunas indicaciones prácticas

Vamos ahora a enumerar algunas normas prácticas, para que podemos hacer nuestra la experiencia del escritor del Salmo 119:18, cuando dice: "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley." Te aseguro que si sigues estas instrucciones, recibirás bendiciones de Dios en tu corazón y en tu vida diaria.

Son necesarias para un estudio fructífero de las Escrituras. A modo de ejemplo, observo que hoy en día, incluso un frasco o una caja que contienen un medicamento, por muy sencillo o poco importante que sea, incluye un prospecto con instrucciones para su uso. Y hasta los aparatos más simples que puedes conseguir en una tienda de "Todo a cien", añaden indicaciones sobre su funcionamiento. Si así ocurre con cosas tan necesarias como comunes para nuestra vida cotidiana, ciertamente podemos entender que algo tan sumamente importante como la Palabra escrita de Dios requiera algunas pautas para su lectura y consideración. Quisiera mencionar siete recomendaciones básicas o pasos preliminares que podrán servirte como guía en el estudio de la Biblia.

1. Comienza con oración.

2. Lee la Biblia.

3. Estudia la Biblia.

4. Medita en la Biblia.

5. Lee lo que otros han escrito sobre la Biblia.

6. Obedece a la Biblia.

7. Comunícala a otros.

De tu propia experiencia o necesidad, seguramente podrías agregar otras sugerencias. Pero creo que éstas son las más importantes y básicas. Un escritor lo ha expresado en forma tan breve como convincente, cuando escribió. "La Biblia . . . Conócela con tu mente; introdúcela en tu corazón; muéstrala en tu vida; siémbrala en el mundo ". Esta es otra forma de resumir lo que a continuación vamos a presentar. La primera norma es:

1. Comienza con oración.

Tal como vimos al tratar el Tema de la iluminación, la Biblia difiere de otros libros en que sólo el Espíritu Santo puede abrir nuestra mente para comprenderla. Tú puedes leer un libro sobre filosofía que, al haber sido escrito por un ser humano, puede ser comprendido por otro. Lo mismo sucede con una obra sobre matemáticas o de cualquier Tema. No existe ningún libro escrito por una persona, que otra no pueda comprender o asimilar. Pero la Biblia, es diferente porque no puede ser entendida a menos que el Espíritu Santo sea el Instructor. Y El quiere enseñarnos. La pura verdad es que el mismo Señor nos dijo: "El os guiará a toda la verdad" (Juan 16:13). Cuando abrimos el Libro de Dios, necesitamos comenzar con aquella oración del salmista, que ya citamos al principio, como un lema, y como una aspiración.

"Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley" (Salmo 119:18)

Cuando el escritor se expresó de esta manera estaba pensando en el sisTema revelado a Moisés. Pero nosotros podemos ampliar esta oración para que incluya a todos los libros de la Biblia. Es así que hoy podemos orar: "Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu Palabra."

Cuando el apóstol Pablo estaba orando por los creyentes de la ciudad de Éfeso, no oró por la salud de ellos (aunque pueda haberlo hecho en otra oportunidad). Tampoco oró para que obtuviesen riquezas (y yo no sé si alguna vez oró en tal sentido). Pero la primera oración de Pablo por aquellos Efesios quedó registrada en una breve carta, en la que les escribió lo siguiente:

"Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones." (Efesios 1:15,16)

Ahora bien, ¿cuál fue el motivo de la oración de Pablo? Él lo expresó así:

"Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos" (Efesios 1:17,18)

Como podéis ver, la oración de Pablo recalca el deseo de que ellos alcancen sabiduría y comprensión de la revelación del conocimiento de Jesucristo, es decir, que lleguen a conocer la Palabra de Dios. Y que los ojos de su entendimiento puedan ser iluminados, para que sean capaces de comprender, en alguna medida, la esperanza que implicaba el llamamiento que habían recibido de Cristo. Así que, ésta es la oración del apóstol. Y si alguien, alguna vez orase por mí, esto es exactamente lo que deseo que esa persona pidiese a Dios para mí. Que mis ojos, más concretamente mis ojos espirituales, puedan ser abiertos. Y a mí también me agradaría orar por vosotros de la misma manera. Creo que lo más importante en la hora actual, para ti y para mí, es conocer la voluntad de Dios. Y Su voluntad está expresada en la Palabra de Dios. Y no podemos conocer esa Palabra de Dios a menos que el Espíritu de Dios sea nuestro Maestro. Esto es, precisamente, lo que Pablo dice a los creyentes de la ciudad de Corinto en su primera carta a ellos:

"Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual." (1 Corintios 2:12-14)

El motivo por el cual, hoy en día, muchos no reciben nada de la Biblia es simplemente debido a que no están permitiendo que el Espíritu de Dios les enseñe. Por ello insisto en que la Palabra de Dios es diferente a cualquier otro libro, porque frente a ella, el ser humano normal, por su propia naturaleza, no puede recibir su verdadero mensaje. Para este ser humano, dicho mensaje resulta ser como una tontería, como algo sin sentido. Dios nos ha concedido el Espíritu Santo, para que podamos conocer esas verdades que El nos entrega gratuitamente. Solo Él puede ser nuestro Maestro. Solamente Él puede tomar la Palabra de Dios y transformarla en palabra real y viva para nosotros.

Dios quiere comunicarse con nosotros por medio de Su Palabra escrita. Pero ésta es un Libro sobrenatural, y El no se pondrá en comunicación con nosotros en el nivel natural por la sencilla razón de que sólo el Espíritu de Dios puede tomar las verdades de Cristo y revelárnoslas. Observa lo que dice este interesante versículo de las Escrituras:

"Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios ". (1 Corintios 2:11)

En una manera muy concisa y comprensible, estas palabras nos muestran el motivo por el que el Espíritu de Dios debe ser nuestro Maestro. Tú y yo, entre nosotros nos entendemos, pero no podemos comprender a Dios. Creo que es un perfecto disparate hablar de una barrera generacional que nos impida comunicarnos. Aunque siempre ha sido cierto que resulta difícil para una persona mayor y para un joven ver las cosas desde el mismo punto de vista, todos podemos comunicarnos unos con otros, porque somos seres humanos. Es posible entendernos. Pero, sinceramente, yo no entiendo a Dios a menos que El se me revele. Por ejemplo; yo solía preguntarme cómo se sentiría El en un funeral. Bueno, entonces encuentro que él Señor Jesús estuvo en el entierro de su amigo Lázaro, y observo que El lloró. Esto me permite saber cómo siente Dios. Y sé cómo siente El con respecto a muchas cosas porque el Espíritu de Dios me las ha revelado por medio de la Palabra de Dios.

Cuando era pastor de una iglesia en Nashville, en el estado norteamericano de Tennessee, me levanté, en una luminosa mañana y miré por mi ventana. Durante la noche había caído una gran cantidad de nieve, cubriendo todo lo que fuese feo o imperfecto con un manto maravilloso. Me senté en mi despacho para contemplar mejor la escena, cuando vi que un anciano de mi iglesia, vecino mío, salió de su portal llevando dos cubos para carbón llenos de cenizas, con la intención de vaciarlos en el callejón. Le vi detenerse y mirar a todas partes y me sonreí, porque imaginaba como se sentía. Como yo mismo me había sentido al contemplar toda esa nieve que había caído durante la noche. Pero cuando él comenzó a descender por los escalones, resbaló. No queriendo que se desparramasen las cenizas, se aferró a los cubos y se dio un buen golpe contra uno de los escalones. Entonces observé que miró a su alrededor y cuando pudo comprobar que nadie le había visto, se levantó muy satisfecho y reanudó su marcha. Cuando se encontraba a mitad camino, por la acera, presenciamos una actuación repetida. Solo que esta vez llegó aun más lejos, cayendo a lo largo y ancho de la acera. Hasta me pareció que rebotó después del golpe. Esta vez, miró realmente con gran atención a su alrededor, no queriendo que nadie hubiese visto lo que le había sucedido. Comprendí lo que sentía porque yo habría sentido lo mismo. Así que se levantó y, después de mirar a todas partes, prosiguió, vació los cubos, y cuando llegó de regreso a la entrada de su casa, volvió a mirar a su alrededor. Pero esta vez, no creo que estaba admirando la escena sino más bien asegurándose de que nadie le había visto caer. Yo me callé el asunto hasta el domingo por la mañana. Cuando llegué a la iglesia, me fui directamente hacia donde él estaba sentado, me incliné y le dije; "¡Por cierto que estuvo usted gracioso cuando estaba llevando las cenizas! " Me miró asombrado y dijo: "¿me vio usted? " Le respondí que sí. "Bueno ", dijo, "Pensé que nadie me había visto ". Le respondí, "Ya lo pensé yo. Imaginé exactamente cómo se sentiría Ud.". Es así que en este incidente podemos ver que él tenía un espíritu humano, igual que yo, y fuimos capaces de entendernos el uno al otro. Pero, ¿quién puede entender a Dios? El Espíritu de Dios. Y ésa es la razón por la cual el Espíritu Santo nos enseña, comparando cosas espirituales con otras, también espirituales.

Puede ser que sepas que Renán, el escéptico francés, atacó a la Palabra de Dios. Sin embargo escribió una obra titulada "Vida de Cristo ". El libro está dividido en dos partes: la primera es la sección histórica y la segunda, la interpretación de la vida de Cristo. Por lo que a la primera parte se refiere, probablemente nunca haya nadie escrito una exposición más brillante de la vida de Cristo. Pero su interpretación es verdaderamente absurda, Un niño estudiante de la Biblia lo hubiera hecho mejor. ¿Y cómo se explica esa incongruencia entre ambas partes? Bien. El Espíritu de Dios no te enseñará historia ni te facilitará el conocimiento de hechos que tú puedas descubrir por ti mismo y que una mente inteligente pueda desvelar. Pero la interpretación es un asunto completamente diferente. El Espíritu de Dios tiene que realizar la interpretación, y solo El debe ser el Maestro para guiarnos y conducirnos a toda la verdad. Debemos tener el Espíritu de Dios para abrir nuestros ojos y ser así, capaces de ver.

Y se nos dice que tenemos que pedir Su ayuda. En el Evangelio según Juan, nos dice el Señor Jesús:

"Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobre-llevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis. Porque yo voy al Padre." (Juan 16:12-16)

Así que el Señor Jesús está diciendo que tenemos que preguntar. El tiene muchas cosas para nosotros y ha enviado al Espíritu Santo para que sea el Maestro. Otra vez dice, en el mismo libro y el capítulo 14:

"Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quién el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Juan 14:26)

Amigo mío. El Espíritu Santo es el Maestro, y El debe ser el que nos conduce y guía a toda la verdad. Si alguna vez has aprendido algo a través de mi programa de estudio Bíblico, no será porque este humilde predicador haya sido el maestro, sino porque el Espíritu de Dios está revelándote la Palabra de Dios.

Esta es, entonces, la primera norma. Comenzar con oración y pedir al Espíritu de Dios que sea tu Maestro.

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