Estudio bíblico de Romanos

Predicación escrita y en audio de Romanos 5:1-7

Romanos 5:1-7

Y llegamos hoy al capítulo 5 de esta epístola a los Romanos. Y aquí tenemos los beneficios de la salvación, y la base del proceso de la santificación del creyente. La primera sección de este capítulo, concluye el tema de la salvación, mientras que la última sección comienza a tratar el tema de la santificación. La salvación y la santificación son temas diferentes, pero no contrarios, porque la santificación surge de la salvación como el agua del manantial. Es necesario mantener separados el manantial y la corriente, puesto que son dos temas diferentes. Bueno, como dijimos entonces, es en la primera división de este capítulo 5, que el apóstol Pablo concluyó el tema de la salvación o de la justificación por la fe, que fue presentado por primera vez en el capítulo 3 de esta epístola, versículo 21.

Y Pablo trató ahora el tema del futuro de la justificación por la fe. Este es un sistema maravilloso, como Pablo ya nos lo ha mostrado; pero, ¿Resistirá las presiones y los choques de la vida? ¿Tendrá el mismo valor después de pasar por el crisol de la prueba y la dificultad? ¿Habrá seguridad en tal sistema? Y Pablo contestó a estas preguntas en la primera sección de este capítulo 5 de su epístola a los Romanos. Los beneficios que se enumeraron aquí no son frutos, sino más bien los resultados lógicos de la justificación por la fe.

Hemos sido salvados por la redención que tenemos en Cristo. Esta redención fue comprada con gran precio en la cruz. Nos libra de la culpa del pecado. La cuestión del pecado ya ha sido arreglada. Eso quiere decir que no compareceremos ante el juicio de Dios. Quiere decir que todos aquellos que han confiado en Cristo ya tienen un hogar eternal en el cielo.

Pablo ahora nos muestra que hay 8 beneficios aquí y ahora, o sea en esta vida, que le corresponden al que confía en Cristo como su Salvador. Ello no significa que todos los creyentes los estén disfrutando. Sin embargo, Dios los ha colocado como sobre una mesa servida para cada creyente; y todo lo que tiene que hacer es extender la mano para tomarlos. Leamos, pues, el primer versículo de este capítulo 5 de la epístola a los Romanos, para comenzar a considerar

Los beneficios de la salvación

1. Paz.

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo"

La frase "Justificados, pues, por la fe" se refiere al acto de fe que tiene lugar en el momento en que confiamos en Cristo. Así que, en primer lugar, tenemos la paz. La Biblia menciona varias clases de paz. Por ejemplo, hay ese sueño de la paz mundial. Las Naciones Unidas se han esforzado por obtener la paz en el mundo, así como antes la había procurado la Liga de las Naciones. No lograron la paz en el pasado, y no la están logrando en el día de hoy, estimado oyente. Muchos creen que si uno promueve esta paz por todos los medios a su alcance, irá creando una conciencia social a todos los niveles y, entonces, por último, habrá paz en el mundo. Sin embargo, mientras haya pecado en los corazones de los hombres, estimado oyente, nunca habrá paz en el mundo. Solamente el Príncipe de Paz puede traer esa paz a esta tierra. Pero ésta paz mundial no es la clase de paz de la cual Pablo habló en este versículo.

También tenemos esa paz que se conoce como la tranquilidad del alma. Esa es la paz que el Señor Jesucristo mencionó en el evangelio según San Juan, capítulo 14, versículo 27, cuando dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". Esta paz viene a aquellos creyentes que no solamente han confiado en Cristo, sino que también descansan en Él y están cumpliendo Su voluntad.

Ojalá yo pudiera decir que experimento esta paz continuamente desde que soy creyente. Pero, no ha sido así. Reconozco que la paz está disponible hoy para el creyente. La mayoría de los creyentes tenemos nuestros momentos altos y bajos; a veces, esta paz inunda nuestra alma y esa es una hermosa experiencia. Pero a hay ocasiones en las que estamos bajo presión o tensión, o dificultades o ante los efectos del cansancio, y no experimentamos esta paz. Bueno, pues esta paz de la tranquilidad personal, no es aquella de la que Pablo habló aquí.

La paz de la cual Pablo habló en este versículo como primer resultado de la salvación, es el estado de estar reconciliados con Dios. Es la paz que resulta entre el pecador reconciliado y Dios. El pecador ya no es enemigo de Dios, que lucha contra Él. El creyente en Cristo tiene paz con Dios, quien ha extendido Su misericordia al pecador. Dios ya no tiene ningún cargo alguno contra el pecador. El pecador ya no es culpable; y sabe que Dios, que en el pasado estaba en contra de él, ahora está a favor de él. Tiene una salvación que es permanente y eternal. Esta paz resulta de tener perdonados los pecados y de estar el pecador en buena relación con Dios. Observemos que Pablo mencionó una y otra vez que tenemos paz por medio de la sangre de Jesucristo en su sacrificio. Es una paz extraordinaria.

Cuando el hombre pecó en el huerto de Edén, no sólo huyó de Dios, sino que también se halló distanciado de la vida de Dios, sin capacidad ni inclinación para volverse a Él. Y Dios tuvo que alejarse del hombre. Ahora, cuando Cristo murió en la cruz, Dios se volvió y entonces, a Dios Santo, con Sus brazos extendidos, le fue posible decirle al pecador perdido: "Ven a Mí". El eco de estas palabras resonó en Mateo 11:28, cuando Jesús dijo: "Venid a mí todos los que estáis muy cansados y cargados, y yo os haré descansar". Esta paz, es el resultado de la redención.

Usted, estimado oyente, no tiene que hacer nada para ser reconciliado con Dios. Algunos creen que es necesario derramar muchas lágrimas para poder reconciliarse con Dios. Usted no necesita esas lágrimas para enternecer el corazón de Dios. Usted no tiene que hacer nada para ser reconciliado con Dios. Porque Cristo murió por nosotros en la cruz del calvario, Dios es reconciliado con el hombre y el mensaje del evangelio, según Pablo en su segunda carta a los Corintios, capítulo 5, versículo 20, se expresó de esta manera: "Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios". El próximo movimiento le toca realizarlo a usted. Cuando usted acepta Su salvación, entonces experimenta paz, porque sus pecados han sido personados.

Hay personas que, incluso de noche, no pueden apartarse de la inquietud, no sabiendo lo que es disfrutar de paz en sus corazones. Cuántas almas cansadas sobrellevan un complejo de culpa y quisieran encontrar un lugar para remover el peso de esa culpa que agobia sus almas. Un psicólogo declaró una vez que el único lugar para librarse de ese peso es a los pies de la cruz de Cristo. Así que, la paz es el primer beneficio que le corresponde al hijo de Dios. El segundo privilegio es

2. Acceso. Leamos el versículo 2:

"Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios".

Este acceso se refiere al hecho de que tenemos acceso a Dios mediante la oración. Es maravilloso tener alguien a quien acudir y con quien poder hablar acerca de uno mismo, de los seres queridos, amigos, y de los problemas de la vida. El hijo de Dios puede dirigirse a su Padre Celestial en cualquier momento, y Él escuchará y contestará sus oraciones. Claro que eso no quiere decir que Dios siempre contestará las oraciones de la manera en que nosotros queremos que sean contestadas, pero siempre nos oye y demuestra que Él es un buen padre celestial diciendo que no a alguna petición nuestra. Dios responderá de acuerdo con Su voluntad, y no según la nuestra. Así que, por la fe tenemos este acceso en base a la gracia, que nos ha colocado en el lugar de hijos. El tercer beneficio es

3. Esperanza.

Dice también el versículo 2 ya leído: "nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios". La esperanza aquí mencionada es aquella expuesta en las Sagradas Escrituras. Pablo le dijo al joven predicador que se llamaba Tito, en el capítulo 2 de su carta, versículo 13: ". . . aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo". El hijo de Dios tiene una esperanza. Tiene un futuro. Tiene algo que esperar, qué anticipar en los años venideros. El esperar la venida del Señor para recoger a Su iglesia de este mundo, es una gloriosa esperanza que se cumplirá cuando Él aparezca. Es decir que el creyente tiene ese futuro, tiene algo por lo cual esperar. Pero vivimos en un mundo en el que el hombre vive en una sociedad afluente y tiene todas las comodidades de la vida. Lo interesante, sin embargo, es que no tiene ningún futuro.

James Rustin, escritor del diario The New York Times, ha declarado que hay una creencia hoy en día de que los problemas se han acumulado y multiplicado hasta tal punto, que el hombre es totalmente incapaz para resolver los problemas de la vida. Como usted sabe, la Biblia está de acuerdo con esa línea de razonamiento.

Antes de morir, George Bernard Shaw dijo que había puesto toda su esperanza en el ateismo, y que había descubierto que tal filosofía no había resuelto los problemas del mundo. Luego, hizo la siguiente y notable declaración: "Ustedes están viendo a un ateo que ha perdido su fe". Esta cita nos lleva a concluir que cuando un ateo pierde su fe, en verdad ya no tiene nada más de lo cual pueda asirse.

El mundo hoy en día está buscando una esperanza y un futuro. Esto explica la inquietud evidente por todo el mundo y gran parte de los movimientos que surgen en la hora actual. La falta de esperanza ha conducido a muchos al vicio de las drogas, y a otros recursos que les conducen a callejones sin salida, es decir, a situaciones sin solución. ¿Por qué? Porque el hombre ha perdido su esperanza en el futuro.

Los creyentes tienen una esperanza bienaventurada. Ellos sí saben que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien". Y también, como dice Pablo en el capítulo 8 de esta misma epístola a los Romanos, versículo 28. También saben que "ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Es maravillosa esta esperanza que tiene la iglesia y los creyentes. Pasemos ahora a los versículos 3 y 4 de este capítulo 5 de la epístola a los Romanos, donde tenemos es

4. Triunfo en medio de las dificultades.

"Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en los sufrimientos, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza"

Resulta interesante ver a estas 3 palabras que están asociadas con las dificultades. Una es la alegría con que nos gloriamos, otra es la esperanza, y la tercera es la paciencia. En otras palabras, se requieren dificultades para sacar a la luz lo mejor de la vida del creyente. La única manera en que Dios puede obtener fruto de la vida del creyente es podando o cortando sus pámpanos. El mundo lo hace diferente. Si usted, como no creyente, se encuentra en una situación cómoda y no tiene problemas, entonces puede divertirse, también puede tener paciencia, e incluso alguna clase de esperanza al continuar en esa clase de vida. Pero esa no es la experiencia del creyente, del hijo de Dios. En realidad, los problemas y las dificultades producen estos frutos de alegría, esperanza y paciencia en nuestra vida.

La Palabra de Dios dice en la primera carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses, capítulo 1, versículo 6: "Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con el gozo que da el Espíritu Santo". También nos dicen en la primera carta del apóstol Pedro, capítulo 1, versículo 7: "Para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual aunque perecedero se prueba con fuego) sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo".

El resultado de esta experiencia para el cristiano es una manifestación visible en su vida, y esto es lo que la Biblia llama el fruto del Espíritu Santo. También el creyente mismo y los que entran en contacto con él, pueden comprobar que él es aprobado de Dios. Las dificultades no deben debilitar la fe del cristiano, sino más bien fortificarla. En realidad, las dificultades deben engendrar intrepidez. El resultado final es esperanza, lo cual significa un optimismo sobreabundante en cuanto a la vida. Y ahora en el versículo 5, tenemos el quinto beneficio, que es

5. El amor de Dios.

"Y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado"

Este amor de Dios derramado en nuestros corazones, no es nuestro amor por Dios, sino del amor de Dios para con nosotros. Y este amor de Dios es hecho real por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.

Pablo dijo que esta esperanza nunca nos defraudará, ni nos traicionará, y tampoco nos causará vergüenza, porque en el mismo tiempo de la persecución, el amor de Dios nos es manifestado por medio del Espíritu Santo. Ahora, ésta es la primera referencia al ministerio del Espíritu Santo, y sólo se menciona brevemente en este versículo. No llegamos a ninguna explicación acerca del ministerio del Espíritu Santo sino hasta el capítulo 8 de esta epístola a los Romanos, donde se menciona muchas veces.

Pero aquí quisiéramos dirigir su atención al hecho de que se establece con toda claridad en este versículo, que el Espíritu Santo es dado a todo creyente y no solamente a algunos pocos. El Espíritu Santo confirma en forma viviente la realidad del amor de Dios en el corazón de cada creyente. Esto es amor de Dios para con nosotros, y no nuestro amor para con Dios. Necesitamos ser conscientes del hecho de que Dios nos ama. Cuando somos probados severamente, el recordar este hecho nos da estabilidad y felicidad interior. Este es el amor de Dios para con nosotros, que sólo el Espíritu Santo nos puede hacer comprender y ver en Cristo. El apóstol Juan en su primera carta, capítulo 4, versículo 10, dice: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados". Ahora, en este versículo 5 tenemos también el beneficio

6. El Espíritu Santo.

Esta es la primera vez en la carta a los Romanos que se menciona al Espíritu Santo y la única cita sobre Él en esta lista de beneficios. No llegaremos al ministerio del Espíritu Santo hasta el capítulo 8, donde es mencionado más de 20 veces. Aquí simplemente se nos dice que el Espíritu Santo es dado a cada creyente y no sólo a algunos creyentes. A los Corintios el apóstol Pablo, en su primera carta, 6:19 escribió: "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que no sois vuestros?" Los creyentes en Corinto eran ciertamente un grupo dominado por criterios puramente humanos, e inmaduros espiritualmente. De hecho, Pablo les llamó niños en Cristo; sin embargo, el Espíritu Santo habitó en ellos. Por ello me alegro de que cuando vine a Cristo, obtuve todo lo que Cristo ofrece en la salvación. En el evangelio según San Juan, capítulo 14, versículo 17, leemos: "El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque vive con vosotros, y estará en vosotros". Y es el Espíritu Santo el que actualiza, o hace real, el amor de Dios en los corazones de los creyentes, o sea, el amor de Dios por nosotros. Tenemos que ser hoy conscientes del hecho de que Dios nos ama. La gente necesita tener certeza de esa realidad en sus vidas. Y sólo el Espíritu de Dios puede hacer real en nosotros el amor de Dios. Veamos ahora como Pablo explica el amor de Dios. Leamos ahora al versículo 6 en nuestro estudio de este capítulo 5, de la epístola a los Romanos:

"Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos".

Ahora, fíjese usted que Cristo murió por los impíos. Dios reveló Su amor en la cruz. Y no murió por los hombres y mujeres buenos sino por los impíos pecadores. Murió por aquellos que eran realmente Sus enemigos, y por aquellos que le aborrecieron y de quienes dijo cuando le crucificaban "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34). Sin embargo, Cristo no nos salvó solamente por Su amor. Estimado oyente, Dios es más que amor. Él es Santo, es Justo. No puede abrir la puerta de atrás del cielo para dejar entrar a los pecadores bajo el amparo de oscuridad. No puede dejar entrar al cielo a pecadores, simplemente en base a Su amor. Dios tuvo que hacer algo en cuanto a la culpa del pecador. Era necesario el juicio del pecado.

Sin embargo, Dios nos ama, indiferentemente de quien sea usted o de lo que haya hecho. No hay nada que podamos hacer que pueda impedir que Dios nos ame. Sin embargo, es verdad que usted puede llegar hasta el extremo en que no experimente el amor de Dios. Por ejemplo, usted no puede impedir que el sol brille, pero sí puede apartarse de la luz del sol. Pues, bien, usted puede alzar la sombrilla del pecado o de la indiferencia, o la sombrilla del alejamiento de la voluntad de Dios, lo cual impedirá que Su amor brille sobre usted. Pero aunque todos estos factores evitarán que usted experimente el amor de Dios, Él aún le ama. Ahora, fíjese usted en lo que el amor de Dios logró. El Señor Jesucristo dijo en el evangelio según San Juan, capítulo 3, versículo 16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna". Dios demostró su amor por la humanidad, estimado oyente, entregando a Su Hijo para que muriera en la cruz. Él pagó la deuda de la culpa suya y de la culpa mía, y un Dios Santo salvará a cualquiera que acuda a Él creyendo en Jesucristo.

Es necesario llegar por el camino indicado por Dios. No podemos llegar al Padre por nuestro propio camino, sino por el camino que Él ha provisto mediante Jesucristo. Este es el universo de Dios y es Él quien dicta las reglas. Considere usted las palabras de Jesús cuando dijo en el capítulo 14 del evangelio según San Juan, versículo 6: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí". Este versículo muestra la completa bancarrota de una raza humana sin valores espirituales o morales, sin una capacidad para entrar en contacto con Dios, y su impotencia para hacer lo bueno. Cristo no murió por los piadosos, sino por los impíos. En cambio, no pidió nada. ¡Ésta es la maravillosa gracia de Dios! Ahora, el versículo 7 dice:

"Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguien tuviera el valor de morir por el bueno".

¿Conoce usted estimado oyente, a alguien que esté dispuesto a morir por usted? Pablo está diciendo que nadie ama lo suficiente a un justo como para morir por él. En cambio, es posible imaginarse que un hombre bueno que sea generoso y amistoso, engendre tal grado de buena voluntad de parte de algunos, que estén dispuestos hasta a morir por él. Los impíos no caen bajo ninguna de estas dos clasificaciones. El amor de Dios en cambio, fue lo suficiente profundo como para morir por aquellos que son impíos, que no lo merecen.

El buen joven que rescató a un criminal que estaba a punto de ahogarse, y que en el proceso perdió su propia vida; ocasionó el siguiente comentario: "¡Qué lástima que un joven tan valioso diera su vida por alguien tan despreciable e indigno!" Ahora, esto no es nada, estimado oyente, comparado con el sacrificio de Cristo por los pecadores. Dios nos amó lo suficiente como para enviar a Su propio Hijo a morir por nosotros. Y si fuera necesario, y no lo es, Cristo aparecería ahora mismo para morir nuevamente por usted. ¡Tanta es la magnitud del amor de Dios por usted!

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