Estudio bíblico de Job 13:5-15:16

Job 13:5 - 15:16

En el día de hoy amigo oyente, regresamos al capítulo 13 del Libro de Job. En nuestro programa anterior sólo llegamos al umbral de este capítulo y aquí tenemos la respuesta que Job le dio a su amigo Zofar. Estos amigos habían estado acosando a Job, tratando de conseguir que él admitiera que había cometido algún pecado secreto y que lo confesara. Pero Job no tenía ningún gran pecado que confesar; es decir, un pecado de inmoralidad o un pecado que tuviera que ver con deshonestidad o algo parecido. Por tanto, en esta respuesta que dio Job revelaba amargura y sarcasmo. Notemos ahora, al entrar en esta sección, lo que nos dijo en el versículo 5:

"¡Ojalá os callarais por completo, pues así demostraríais sabiduría!"

Job les estaba diciendo que si guardaran silencio, al menos podrían pasar por personas sabias. Y luego él continuó diciéndoles en los versículos 6 y 7:

"Escuchad ahora mi razonamiento; estad atentos a los argumentos de mis labios. ¿Hablaréis iniquidad por defender a Dios? ¿Hablaréis con engaño por defenderle?"

Aquí realmente les dio una respuesta contundente. Lo estaban acusando de haber cometido algún terrible pecado, y diciendo que Dios lo estaba juzgando por eso, Job sabía que ellos no estaban representando directamente a Dios. Ellos podrían haberle ayudado si le hubieran conducido al punto en el que él hubiera podido verse como realmente era. Pero en vez de actuar así, le colocaron en una posición defensiva. Y como resultado, él estaba haciendo una buena defensa de su caso, con buenos argumentos. Y así continuó Job en esta misma línea diciendo en los versículos 8 hasta el 10:

"¿Seréis parciales con las personas para favorecerlo? ¿Lucharéis vosotros en defensa de Dios? ¡Bueno sería que él os examinara! ¿Os burlaréis de él como quien se burla de un hombre? Él sin duda os reprochará, si solapadamente sois parciales con las personas".

Ahora, Job volvió al ataque y les dijo a sus amigos que Dios les iba a juzgar por presentar una imagen falsa de Él. Y continuó en los versículos 11 al 14, diciendo:

"De cierto su majestad os habría de espantar; su pavor habría de caer sobre vosotros. ¡Vuestras máximas son refranes de ceniza y vuestros baluartes son baluartes de lodo! Escuchadme, yo hablaré, y que me venga después lo que venga. ¿Por qué he de arrancar yo mi carne con mis dientes y he de tomar mi vida en mis manos?"

En medio de todo esto la fe de Job se mantuvo inviolable. Ante el ataque de sus amigos sintió que en ese momento se habían convertido en personas extrañas para él. Continuemos leyendo el versículo 15:

"Aunque él me mate, en él esperaré. Ciertamente defenderé delante de él mis caminos"

Ésta fue la gran declaración de fe de Job. Sus amigos le estaban acusando injustamente. Pero, aquí comenzamos a ver la raíz de su problema. Job dijo que el iría a la presencia de Dios y allí se defendería.

Estimado oyente, en el momento en que usted va a la presencia de Dios para comenzar a defenderse a sí mismo, perderá su causa. Cuando usted está ante Él, usted sólo puede declararse culpable porque Él lo conoce a usted. Usted no puede presentarse en la corte de Dios con un abogado, el cual por medio de alguna argucia legal pueda absolverle de su acusación. Ningún abogado puede anular la declaración de Dios de que todos han pecado y están privados de la gloriosa presencia de Dios, de que no hay un solo justo, ni siquiera uno, y de que el alma que peque, esa morirá. Sencillamente, Dios no va a cambiar esa declaración. Ningún abogado ingenioso podría liberarle de esa realidad. Ni tampoco va usted a presentarse ante un juez compasivo y flexible, sino que se tiene que presentar ante el Dios de este universo que es un Juez justo y moral. Nadie puede mantener la defensa de su propia causa ante Él. Lo único que queda por hacer es ir ante Él y confesar su culpa, y abandonarse a sí mismo a la misericordia del tribunal. Y entonces encontrará que Dios tiene un propiciatorio que, como la tapa del arca del Antiguo Testamento, era un lugar de gracia y misericordia. Allí, se derramaba la sangre del sacrificio. Y usted podrá encontrar en el altar de la cruz, la sangre de Jesucristo derramada, porque Cristo pagó el precio, el castigo de su pecado. Estimado oyente, ésta es la única manera de librarse de la pena, del castigo.

Usted puede apreciar, que Job aquí necesitaba desesperadamente a alguien que le presentara a Dios y que evitara que él se defendiera a sí mismo ante Él. Alguien tenía que mostrarle que se podía abandonar a la gracia de Dios. Continuando ahora en esta sección, en el versículo 16, Job dijo:

"y él mismo será mi salvación, porque el impío no podrá entrar en su presencia".

Había como unos rayos de luz que penetraban en el alma de este hombre. Vemos que dijo: "Él mismo será mi salvación". Por cierto, observemos que la verdad de que Dios es nuestra salvación es una enseñanza tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. David se aferró a esta verdad porque había cometido un gran pecado. Por supuesto que él no vivió en el pecado, pero necesitó un Salvador. En el Salmo 62:2, escribió, "Solamente él es mi roca y mi salvación; es mi refugio, nunca seré sacudido". La salvación no es como una moneda que uno lleva en el bolsillo y puede perderla. La salvación es de Dios. Y la salvación en el día de hoy está en Cristo; y usted lo tiene, o no lo tiene, estimado oyente; usted confía en Él o no confía en Él. No hay ninguna otra alternativa. O usted está con Él o está contra Él. En este sentido el apóstol Pedro dijo con toda claridad en los Hechos 4:12; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Y ésa es la única vía de escape, de liberación, que tiene la familia humana. Es maravilloso que Job, que probablemente vivió en la época de los patriarcas, en los tiempos de Abraham, Isaac y Jacob, pudo vislumbrar un destello de luz. Ahora Job dijo en los versículos 17 y 18:

"Escuchad con atención mi razonamiento, y mi declaración penetre en vuestros oídos. Si yo ahora expongo mi causa, se que seré justificado".

Job pensaba que él tenía un buen caso para presentar ante Dios mismo. Decía que sabía que sería justificado, pero él no la afirmaba a causa de que alguien hubiera obtenido esa justificación para él.

Y muchas personas piensan de la misma manera en la actualidad. Dicen: "A mí no me importaría presentarme ante Dios; yo puedo estar ante Él en base a mis buenas obras". Estimado oyente, todos somos pecadores. Vivimos en un mundo que está en rebelión contra Dios porque nuestros corazones son malvados. Pero Él nos ama y ha preparado un camino para que nosotros seamos justificados. El juez tuvo misericordia de nosotros y envió a Su propio Hijo para pagar el castigo. Es por ese motivo que el puede justificarnos. Escuchemos lo que Job dijo en el versículo 19, de este capítulo 13:

"¿Quién quiere contender conmigo? Porque si ahora callo, moriré".

Esto es algo interesante, ¿verdad? Al comienzo Job estaba diciendo que él deseaba morir, que deseaba no haber nacido, y en este momento dijo: Porque si ahora callo, moriré. De haber estado allí le habríamos dicho; "Pues bien, Job, si quieres morir ¿por qué no te callas?" Pero él no iba a hacer eso, sino que continuaría hablando. Y escuchemos lo que Job dijo en los versículos 20 y 21:

"Haz conmigo tan solo dos cosas, y entonces no me esconderé de tu rostro: Aparta de mí tu mano, y que no me espante tu terror".

Evidentemente, aquí el patriarca se nos muestra como un hombre asustado. Leamos ahora el versículo 22:

"Llámame luego y yo responderé; o yo hablaré y tú me responderás".

Aquí él le estaba diciendo a Dios lo que tenía que hacer. Y me temo que muchos de nosotros también hacemos lo mismo. Escuchamos a muchas personas decir que oraciones suyas no han sido contestadas. Pero diremos que no hay oraciones sin contestar. Dios siempre contesta las oraciones y en muchos casos la respuesta es simplemente no. Por lo menos, Dios ha dicho que no a muchas de las mías, pero ésa es en realidad una respuesta.

Debemos admitir que en muchas de nuestras oraciones le estamos dando órdenes a Dios. Pero Dios no actúa de esa manera. Job estaba tratando de decirle a Dios como debería ocuparse de su situación. Muchas veces nosotros actuamos de esa manera. Pero Dios le diría: "Yo no estoy moviéndome de acuerdo con tu plan. Yo tengo un plan, y lo voy a desarrollar en su vida". Y continuó Job en los versículos 23 al 25:

"¿Cuántas son mis iniquidades y pecados? Hazme entender mi transgresión y mi pecado. ¿Por qué escondes tu rostro y me tienes por enemigo? ¿Vas a quebrantar la hoja que arrebata el viento y perseguir una paja seca?"

Pensamos que Job estaba pidiendo un enfrentamiento con Dios. Él quería saber cuántos pecados había cometido, para que pudiera entender por qué se le estaba tratando de esta manera. Él dijo; "Yo soy como una hoja que está siendo llevada de un lado para otro por el viento, y ha sido pisoteada". Y luego continuó diciendo en los versículos 27 y 28:

"Pones además mis pies en el cepo, vigilas todos mis caminos y pones cerco a las plantas de mis pies. Así mi cuerpo se va gastando como comido de carcoma, como un vestido que roe la polilla".

Lo que él estaba diciendo era que se estaba pudriendo y él no podía ver ninguna finalidad, ningún propósito, en su sufrimiento. Ahora, llegamos entonces a

Job 14

Leamos el primer versículo, que da comienzo a

Una elegía sobre la muerte

"El hombre, nacido de mujer, corto de días y hastiado de sinsabores"

No hay nada que sea más cierto. Los problemas son el común denominador de la humanidad. Y todos nosotros tenemos dificultades. Elifaz había dicho antes, en 5:7, que el hombre nace para la aflicción. La aflicción, los problemas y las dificultades constituyen un mensaje conocido por toda la familia humana. Veamos lo que dijo aquí en el versículo 2, de este capítulo 14:

"Brota como una flor y es cortado, huye como una sombra y no permanece".

Dijo que la muerte era inevitable y que debemos partir de este mundo. La vida es como una sombra. Cuando el sol se pone, ¿qué le sucede a la sombra? Desaparece. Y en el versículo 3, leemos:

"¿Sobre él abres tus ojos y lo traes a juicio contigo?"

Para Job, su vida era como una flor que había sido cortada, o una sombra que desaparece. Y aun así, Dios le llevaría a juicio. Y leemos en el versículo 4:

"¿Quién hará puro lo inmundo? ¡Nadie!"

Ésa fue una gran verdad. Todos hemos nacido pecadores. David lo dijo de esta manera en su Salmo 51:5, "en pecado me concibió mi madre". ¿Cómo puede uno de nosotros llegar a ser una criatura sin pecado, cuando hemos tenido un padre y una madre pecadores? Usted no puede sacar algo limpio de una cosa que es impura. Y por cierto, ésta es una ley universal. Ahora, en el versículo 5, dijo:

"Ciertamente sus días están determinados y tú has fijado el número de sus meses: le has puesto límites, que no traspasará".

Job estaba diciendo que él, como ser humano, se sentía encerrado o cercado. El rey David dijo: "Aunque ande en valle de sombra de muerte". ¿Se estaba refiriendo al lecho de muerte? No. Desde el mismo momento del nacimiento, cuando comenzamos a vivir, estamos transitando por un desfiladero donde la sombra de la muerte está sobre nosotros y seguimos caminando hasta que se va haciendo cada vez más estrecho, y finalmente nos conduce a la muerte. Es decir, que siempre estamos caminando bajo la sombra de la muerte. Alguien lo ha expresado de esta manera: "El momento que nos da la vida, comienza a quitárnosla. Ahora, escuchemos lo que siguió diciendo Job aquí en los versículos 7 al 10, de este capítulo 14:

"El árbol, cuando lo corten, aún tiene la esperanza de volver a retoñar, de que no falten sus renuevos. Aunque en la tierra envejezca su raíz y muera su tronco en el polvo, al percibir el agua reverdecerá y hará copa como una planta nueva. En cambio el hombre muere y desaparece. Perece el hombre, ¿y dónde estará?"

Una persona puede haber progresado, tenido un gran éxito y alcanzado la fama aquí en la tierra. Pero algún día se va. ¿Y a dónde irá? Quizás queden como recuerdo de su vida algunos monumentos en su honor, quizás una calle o una plaza lleven su nombre. Pero, ¿qué beneficio le traerá esto?

Aquí vemos un paso adelante muy importante que reveló la fe de Job. Leamos los versículos 14 y 15:

"El hombre que muere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi vida esperaré, hasta que llegue mi liberación. Entonces llamarás y yo te responderé; tendrás afecto a la obra de tus manos".

Ésta siempre ha sido una gran pregunta para el hombre: "El hombre que muere ¿volverá a vivir?" Aun en la muerte Job sabía que Dios iba a llamarle y él respondería a esa llamada. En otras palabras, Dios no ha terminado con nosotros en nuestra muerte. La muerte no es el final de todo. Más tarde oiremos a Job decir, en el 19:25-27, "Pero yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo, y que después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. Lo veré por mí mismo; mis ojos lo verán, no los de otro. Pero ahora mi corazón se consume dentro de mí". Todo este capítulo es como una elegía sobre la muerte. Estimado oyente, le recomendamos que lo lea en su totalidad.

Y llegamos así a

Job 15:1-16

El tema de este capítulo es el segundo discurso de Elifaz. Hemos completado una ronda de discursos. Los tres amigos ya habían hablado y Job había respondido a cada una de las intervenciones. En este momento comenzaba la segunda ronda.

Recordemos que Elifaz, el que había hablado primero, era el espiritualista. Él había tenido un sueño y una visión. Creía tener una notable experiencia y que merecía ser escuchado. Escuchemos lo que dijo en los primeros tres versículos del capítulo 15:

"Respondió Elifaz, el temanita, y dijo: ¿Responderá el sabio con vana sabiduría y llenará su vientre de viento del este? ¿Disputará con palabras inútiles y con razones sin provecho?"

En otras palabras, Elifaz estaba diciendo: "Job, ciertamente eres impetuoso. Estás expresándote con palabras y argumentos sin valor". Nuevamente vemos que él no estaba siendo de ninguna ayuda para Job. En realidad, le estaba atacando para tratar de doblegarle y hacerle confesar. Luego, leemos lo siguiente en los versículos 4 al 6:

"Tú también destruyes el temor a Dios, y menoscabas la oración delante de él. Por cuanto tu boca ha revelado tu iniquidad, habiendo escogido el hablar con astucia, tu propia boca te condenará, no yo; y tus labios testificarán contra ti".

Elifaz estaba diciendo que Job era su propio acusador. Él en realidad estaba acosando a Job, como podemos ver aquí. Leamos ahora el versículo 7:

"¿Acaso naciste tú antes que Adán? ¿Fuiste formado antes que los collados?"

En otras palabras: "Job, tú estás hablando como si supieras algo". Los versículos 8 y 9 dicen:

"¿Oíste tú acaso el secreto de Dios? ¿Está limitada a ti la sabiduría? ¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú que nosotros no entendamos?"

No le estaba llevando al punto en que él pudiera verse como un hombre que tenía una gran carencia, una gran necesidad. Así que Job no recibiría ningún consuelo de su amigo. Y continuó diciendo en el versículo 10:

"Cabezas canas y hombres muy ancianos hay entre nosotros, de más edad que tu padre".

Elifaz se defendió a sí mismo y a los otros dos amigos haciéndole ver a Job la ventaje de madurez que ellos tenían sobre él. Le dijo que la sabiduría estaba del lado de ellos, y no en el de Job. Y dijo en el versículo 14:

"¿Qué cosa es el hombre para que sea puro, para que se justifique el nacido de mujer?"

Es cierto que todos los seres humanos son pecadores, pero Elifaz y sus amigos dijeron esto desde la premisa de que Job había cometido un pecado terrible, y de que debía sacarlo a la luz y confesarlo. Leamos también el versículo 15:

"Dios en sus santos no confía, y ni aun los cielos son puros delante de sus ojos"

Cuando el Señor Jesucristo murió, no solo se sacrificó por la humanidad redimida; sino que en Su plan de redención habrá un cielo nuevo y una tierra nueva que será una realidad porque Él nos ha redimido. La declaración de que los cielos no son puros ante Sus ojos, era cierta. Y dijo en el versículo 16:

"¿cuánto menos el hombre, este ser abominable y vil que bebe la iniquidad como agua?"

Y ésta también era una declaración cierta. Si los cielos necesitan una redención, entonces el ser humano necesita una redención en una mayor medida. Pero esto no resultaba más aplicable a Job en su condición que a cualquier otro ser humano. Y finalmente, leamos los versículos 20 y 21:

"Todos sus días, el impío es atormentado de dolor, y el número de sus años le está escondido al violento. Estruendos espantosos resuenan en sus oídos, y en la prosperidad el asolador vendrá sobre él".

Y aquí vemos nuevamente la sugerencia de que Job era malo y estaba encubriendo algo de ellos. Sin embargo, debemos admitir que estos hombres tenían una falsa concepción que muchos aceptan hoy, de que no hay algo básicamente malo en el ser humano, de que el hombre sí ha cometido algunos errores, de que su pecado es realmente un pecado de ignorancia, y que puede curarse fácilmente como se sana una leve herida aplicándole una medicina. Aquellos amigos de Job tenían un concepto más verdadero y realista del ser humano, que muchos de nuestros contemporáneos, que enseñan que el hombre es una criatura superior, por ser el resultado de una evolución y, de esa manera, no es responsable ante un Creador.

Elifaz, en vez de ser un consolador, fue un polemista. No añadió nada nuevo, sino que se limitó a repetir conceptos una y otra vez.

Y al terminar hoy, nos quedamos con aquella gran pregunta de Job, del capítulo 14:14, seguida de una expresión de esperanza. El hombre que muere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi vida esperaré, hasta que llegue mi liberación. Estimado oyente, más allá del optimismo y entusiasmo que despiertan los recursos humanos de nuestra época, la sombra de la muerte nos roza cuando parte un ser querido o un amigo. Y en los tremendos momentos de la despedida, surge la pregunta, o se reaviva la duda. No olvidemos que en el Nuevo Testamento, el mismo Jesús contestó la pregunta, en Juan 11:25, cuando dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; Estimado oyente, le invitamos a creer en el autor de la vida, que venció a la muerte después de entregar Su vida en la cruz por nuestros pecados. Le invitamos a dar ese paso de fe que en un instante recorre la distancia entre el reino de la muerte y el reino de la vida. Le invitamos a compartir esa esperanza que ilumina nuestra vida y la proyecta hacia la eternidad.

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