Estudio bíblico de Salmos 16

Salmo 16

En este día, amigo oyente, llegamos al Salmo 16. Los Salmos 16 al 24 forman otro grupo de Salmos afines, que pueden ser agrupados en una sección. El tema de estos Salmos es la profecía sobre Cristo unida a la profecía del remanente fiel a Dios.

Este gran Salmo que tenemos ante nosotros nos presenta un canto de resurrección. Es el tercer Salmo Mesiánico. En el podemos ver la vida de Cristo (v. 8), la muerte de Cristo (v. 9), la resurrección de Cristo (v. 10), y la ascensión de Cristo (v. 11). En el Nuevo Testamento se cita este Salmo en tres lugares diferentes al hablar de la resurrección del Mesías.

Los que siguen la lectura del Salmo en sus Biblias, pueden notar que se llama "Mictam de David". Este es el primer Salmo Mictam. La palabra Mictam tiene un origen incierto, (y vamos a llegar a otros Salmos que también se llaman Mictam, por ejemplo los Salmos 56 al 60.) Martín Lutero tradujo la palabra Mictam, a "Joya dorada o de oro", y creemos que esta traducción es cercana a su significado real.

Opinamos que el significado Mesiánico está establecido plenamente por el testimonio del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, como veremos oportunamente.

Esto quiere decir que este es el tercer Salmo mesiánico que hemos visto. Primero vimos el Salmo 2, donde observamos el rechazo del Rey y el propósito final de Dios de ponerlo en el trono, lo cual mira anticipadamente hacia la segunda venida. Luego tenemos el Salmo 8, Su humanidad se presenta en ese Salmo; es decir, la encarnación, y eso se cita también en la epístola a los Hebreos, capítulo 2.

Podríamos llamar a este Salmo "La Joya de Oro de David", porque él estaba mirando hacia Aquel que vendría de su linaje, a Aquel de quien podía decir: "Ésta es toda mi salvación". Comencemos entonces, leyendo el primer versículo de este Salmo 16, que dice:

"Guárdame, Dios, porque en ti he confiado".

Esto revela la voz maravillosa del Señor Jesucristo cuando Él dijo que había venido a hacer la voluntad del Padre. Él se había puesto totalmente en manos del Padre (Juan 5:30). Él ocupó deliberadamente un lugar de sujeción aquí en la tierra, cuando asumió nuestra humanidad. Este hombre pequeño, y todos los somos, se enorgullece y trata de elevarse cada vez más. Siempre habrá algunos que, ocupando altas posiciones, como por ejemplo, políticos, estadistas, científicos y educadores, casi parece que quisieran ocupar el lugar de Dios. Permítanos decirle, que en el contexto del universo, el ser humano es insignificante. Ha sido creado un poco menor que los ángeles (Hebreos 2:6-7). Yo tengo que asumir esa posición, pero Cristo no tenía por qué haberlo hecho. Pero Él voluntariamente se hizo hombre, Me alegro de pertenecer a la humanidad, pero también necesito reconocer lo que el ser humano es en realidad. Luego, me alegro por lo que Dios va a hacer por mí, conmigo y por todos aquellos que creen en Él. David dijo: Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado. ¡Qué cuadro tenemos aquí del Señor Jesucristo! También era un cuadro de David, por supuesto y, estimado oyente, confío que será un cuadro que le represente a usted y a mí. Luego continuó diciendo en el versículo 2:

"Alma mía, dijiste al Señor: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti".

Quizá usted tiene la oportunidad de viajar por carretera, de caminar por la ladera de una montaña, o de andar por la orilla del mar, y al hacerlo elevar su rostro al cielo y decir: "Tú eres mi Señor: El Creador y El Redentor". ¿Le ha dicho esto alguna vez? Yo tengo un Padre Celestial que nos hizo a Su imagen, y quiere que nos acerquemos a Él y que le digamos: "Tú eres mi Señor". ¿Se lo ha dicho usted últimamente, estimado oyente? No sea usted como los orgullosos de quienes Jesús habló en Mateo 7:22-23, diciendo: 22Muchos me dirán en aquel día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?". 23Entonces les declararé: "Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!". Aquellas personas le llamaban "Señor" y ni siquiera le conocían. Cuando yo le llame "Señor" quiero hacerlo en serio, es decir, que realmente signifique que Él es mi Señor. Bien, continuemos ahora, con este Salmo 16; leamos el versículo 3:

"Para los santos que están en la tierra y para los íntegros es toda mi complacencia".

Es que para los que le son fieles aquí en la tierra, Él es el Señor. Como el versículo mismo lo indica, ese privilegio no pertenece a todas las personas, como puede verse en el versículo 4:

"Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre ni en mis labios tomaré sus nombres".

Hay solamente un Dios, pero algunos están siguiendo a otro a quien ellos erróneamente consideran un dios.

¡Qué cuadro el que tenemos ante nosotros! Los paganos tenían a aquellos que ellos llamaban dioses; en los días de David eran Dagón y Baal. Y luego hay aquellos otros que nos sorprenden un poco porque dicen: "Yo no tengo ningún credo". En realidad, esa también es una manera de tener un credo. Nadie puede evitar el tener un credo.

En una gran ciudad existía una Iglesia cuyas grandes paredes se apreciaban del lado de la calle, y sobre esa gran pared se había pintado un cartel que decía: "Ningún credo, sino Cristo". Pues bien, ese era su credo. Ellos tenían un credo y era muy bueno por cierto. Pero creemos que eso es simplificar demasiado las cosas, y uno no está diciendo toda la verdad cuando hace una declaración como esa. Escuchemos ahora lo que dicen en los versículos 5 y 6 de este Salmo 16:

"El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa; tú aseguras mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado".

¡Esta frase es de grandes alcances, estimado oyente! El Señor es la porción de mi herencia. Él fue quien descendió aquí a este mundo y ocupó ese lugar, andando en un mundo de pecado y de dolor; Fue un perfecto extraño aquí. David se alegró por estar unido al Señor; hubo paz y gozo en su vida. Y dijo además: El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa. Pues bien, ¿cuál es la diferencia? Mi porción es lo que a mí me pertenece; sea que lo disfrute o no, es mío. Y mi copa es aquello de lo cual yo me apropio, y lo hago mío, propio.

Por ejemplo, imaginemos un niño muy pequeño sentado a la mesa. Ante él colocamos un plato con su porción de comida. Pero la verdad es que él lo desparrama alrededor y no lo come todo. Solo se apropia de una parte. En principio se le da una porción, pero él niño solo se apropia de aquello que en realidad comerá, que es lo que en este pasaje llamamos "la copa".

Pues bien, hay muchas personas en el mundo que han sido bendecidas por Dios con toda clase de bendiciones espirituales pero no las disfrutan. Su copa no está rebosando. No tienen mucho en ellas. Dios quiere que disfrutemos de la vida, estimado oyente, Jesús mismo dijo (Juan 10:10) que vino para que tengamos vida y para que la tengamos en abundancia, y además, (Juan 15:11) dijo que había venido para que tuviéramos Su gozo, y para que nuestra gozo fuera completo. Esa es una experiencia de plenitud, que debe llenar toda la vida y no, como muchas veces sucede, que solo disfrutamos de las bendiciones de Dios unas pocas veces, ocasionalmente.

En cuanto al versículo 6, que dice: Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado, se refiere a la costumbre de dividir la tierra echando suertes y marcando las divisiones con cuerdas. En otras palabras, el escritor comparó las bendiciones de Dios con la mejor herencia que una persona podía recibir.

Escuchemos ahora lo que dice el versículo 7, de este Salmo 16:

"Bendeciré al Señor que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia".

¿En qué piensa usted, estimado oyente, en la noche cuando no puede dormir? Bueno, aquí vemos que el salmista pensaba en el Señor.

Y llegamos ahora a una porción que es citada en el Nuevo Testamento. Leamos los versículos 8 al 10, de este Salmo 16:

"Al Señor he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi carne también descansará confiadamente, porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción".

Este es el Salmo de la resurrección del Señor Jesucristo. Este fue el núcleo central del mensaje del apóstol Pedro en el día de Pentecostés, que podemos leer en el capítulo 2, del libro de los Hechos de los apóstoles. Dice allí lo siguiente: Pues David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi derecha, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró y se gozó mi lengua, y aun mi cuerpo descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. El infierno o Seol, era la palabra hebrea para David y su pueblo en el Antiguo Testamento, y aquí en el Nuevo testamento es Hades, para referirse al mundo invisible, que podía ser la tumba. Y continuó citando Pedro: Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia. Hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepultura está con nosotros hasta el día de hoy. Bien, desde el lugar de donde hablaba Simón Pedro, el atrio del templo, él podía señalar el lugar donde se encontraba la tumba de David, y él entonces podía decir: "David está enterrado allí". Y continuó Pedro diciendo: Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su cuerpo vio corrupción. O sea, que Pedro dijo claramente que el Salmo 16, versículos del 8 al 10 se hablaba de la resurrección de Cristo. Ahora, varios expositores críticos dicen que este pasaje no contiene ninguna referencia a la resurrección de Cristo. Cuando escucho semejantes opiniones, tengo que considerar sencillamente lo que Pedro dijo. Cuando Pedro predicó en el día de Pentecostés, varios miles de personas se volvieron hacia Cristo y fueron salvas, lo cual causó un gran impacto en el imperio romano. Y sentimos que tenemos que preguntar a tales críticos: "¿Cuántos están viniendo al Señor a través del ministerio que están llevando a cabo?" Esa es la prueba verdadera. Pedro dijo que el Salmo 16 se refería a la resurrección de Jesucristo y estamos tomando la declaración de Simón Pedro en serio.

Pero Pedro dijo más en el día de Pentecostés. En los versículos 32 al 36 del capítulo 2 de Hechos, continúa diciendo: A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la derecha de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

El apóstol Pablo también citó de este Salmo 16. En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 13, versículo 35 al 37 leemos: 35Por eso dice también en otro Salmo: "No permitirás que tu Santo vea corrupción". 36Y a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. 37Pero aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Así que podemos ver que Pablo también consideró a este Salmo como el de la resurrección de Jesús.

Realmente el contenido de esta Salmo es notable. En el versículo 8 tenemos algo referente a la vida de Cristo. Leámoslo:

"Al Señor he puesto siempre delante de mí; porque está a mi derecha, no seré conmovido".

Este, estimado oyente, fue el camino que Cristo siguió aquí en la tierra, y es el camino que yo quiero seguir. Luego, en el versículo 9, el salmista nos habla de la muerte de Cristo, leámoslo:

"Se alegró por tanto mi corazón y se gozó mi alma; mi cuerpo también descansará confiadamente"

Y Él murió sobre la cruz, sabiendo que Dios lo iba a levantar de los muertos. ¿Qué es lo que usted siente en la actualidad acerca de esto, estimado oyente? ¿Cree que Dios lo va levantar a usted de entre los muertos? Luego, tenemos la resurrección de Jesucristo en el versículo 10:

"Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción".

Cuando dice Seol aquí, se refiere a la tumba. Luego tenemos la ascensión de Cristo en el versículo 11, que dice lo siguiente:

"Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu derecha para siempre".

Como podemos ver, este es un hermoso Salmo en el que se profetizó la resurrección del Señor Jesucristo y en ese carácter fue citado en el Nuevo Testamento, como hemos visto por las citas de los apóstoles San Pedro y San Pablo, que reforzaron su presentación del mensaje del Evangelio con el testimonio del rey David en el Antiguo Testamento. Siempre hemos destacado que ese fue el mensaje de la primera iglesia cristiana desde el principio, incluyendo la muerte y la resurrección corporal del Señor Jesucristo. San Pablo lo resumió en su primera carta a los Corintios declarando específicamente que esa era una revelación que él había recibido y la comunicaba a la iglesia de Corinto y a la iglesia universal. Dijo entonces en el capítulo 15 versículos 3 y 4 de esa carta: 3Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.

Como ya hemos indicado, estos Salmos hablan primordialmente de nuestro Señor Jesucristo. Pero nos describen también la experiencia de David y ello nos ayuda a sentirnos identificados con sus experiencias al sentirse acosado y cerca de la muerte, al experimentar el perdón de Dios después de haber pecado, y al sufrir graves problemas familiares.

Pero la experiencia límite en la vida de los seres humanos es la muerte. Y David aprendería al fin que la muerte no representaría una amenaza fatal, trágica e irreversible para él porque, como revelan estos Salmos que estamos considerando, él había disfrutado de grandes bendiciones, de privilegios y una verdadera relación de compañerismo con el Señor. Por lo tanto, Dios no permitiría que la muerte, escenificada con la fría realidad de una tumba, interrumpiese esa relación vital y permanente. Y de esta misma manera, y en un sentido más amplio, más pleno, más rico en significado, esa será también la verdadera experiencia de los creyentes de todos los tiempos. Ellos y nosotros podemos decir que teniendo en la Biblia una revelación completa de la doctrina de la resurrección, pueden decir que incluso cuando mueran, Dios no permitirá que la muerte destruya esa relación plena y completa de compañerismo que tienen con el Señor. San Pablo mismo declaró enfáticamente y con confianza en 2 Corintios 5:8 que cuando los cristianos se ausenten de este cuerpo, estarán con el Señor. Incluso, como les declaró a los cristianos de Filipos en su carta, 1:23, a veces no sabía si era mejor permanecer en esta tierra sirviendo al Señor, porque también tenía deseos de partir de este mundo y estar con Cristo lo cual, como él mismo dijo, era muchísimo mejor.

Estimado oyente, esta expresión de fe es posible porque Cristo conquistó a la muerte y como también afirmó San Pablo en su primera carta a los Corintios 15:23, Cristo resucitó en primer lugar como primicias, es decir, como el primer fruto de la cosecha y después, en el momento en que Cristo vuelva, resucitarán aquellos que le pertenecen. Por ello, el apóstol dejó a los creyentes las palabras de consuelo de su primera carta a los Tesalonicenses capítulo 4 versículos 16 al 18, que dicen: 16El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. 17Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18Por tanto, animaos los unos a los otros con estas palabras. Estimado oyente, ¿tiene usted esta esperanza? ¿está seguro de que esa será su experiencia? Si así es, sin duda experimentará un gran consuelo, una gran paz. Y si no tiene la seguridad de que esta será su experiencia, le invitamos a confiar en el Señor Jesucristo como su Salvador.

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