Estudio bíblico de Salmos 27-28

Salmos 27 y 28

Continuamos nuestro recorrido por el libro de los Salmos y llegamos al maravilloso Salmo 27. Es un Salmo muy conocido y profundamente espiritual. Apenas lea usted el primer versículo, seguramente lo recordará. Este Salmo se divide de una forma natural en dos partes principales. En primer lugar, en los versículos 1 al 6, tenemos la provisión que Dios hace para dar aliento, estímulo y confianza a los Suyos. Luego, en lo que resta del Salmo tenemos una oración; esta es una oración solicitando ayuda y sustento. Este salmo no es una obra para un grupo de cristianos escogidos, que se destaquen por su espiritualidad, sino que tiene un mensaje para muchos corazones y vidas que necesitan profundizar su experiencia espiritual. Es una oración del rey David que comienza con una afirmación grandiosa. De esa manera tan digna, el primer versículo, que leeremos a continuación nos introduce a una meditación sobre

El fundamento para la oración

"El Señor es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?"

Este es otra vez un salmo que enfatiza la relación entre Dios y el individuo ?usted y yo. Lo podemos ver desde el mismo principio, cuando el escritor afirmó El Señor es mi luz y mi salvación.

Aquí dijo que El era su luz. EL es un Dios santo. Es el que me dirige y me guía por medio de la luz de Su Palabra. Más adelante, el salmista dirá, en el Salmo 119:105; Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino. También dijo que El era su salvación, lo cual nos habla del amor de Dios, porque fue Su amor el que proveyó una salvación para nosotros. La salvación, por supuesto, la recibimos únicamente por medio de Jesucristo. Como dijo Juan en su Evangelio, en el 3:16, De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Ahora, Dios nos amó de tal manera para salvar al mundo. Dios amó de tal manera al mundo que Él proveyó una salvación para todos los pecadores, y estos tienen que acudir a Él en base a la declaración de este versículo que acabamos de leer. Esa salvación está condicionada, como predicó según los Hechos 4:12, cuando dijo: Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Y esa es la salvación de la cual estaba hablando David cuando dijo el Señor es mi luz y mi salvación, Él es mi luz, Él es mi salvación.

Y luego dijo: El Señor es la fortaleza de mi vida. O sea que, Él no solo da vida, sino que Él nos da el poder para vivir esa vida aquí en la tierra.

Y este salmista se pregunta, ¿de quién temeré? Martín Lutero dijo: "Uno con Dios constituye una mayoría" Y a un destacado e influyente político se le preguntó por qué no le temía a nadie. Y el respondió: "He aprendido que si uno teme a Dios, ya no le queda nadie a quién temer". Ahora en el versículo 2 leemos:

"Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron".

David probablemente estaba echando una mirada al pasado, a esa época de su vida en la que estuvo en grave peligro. El comenzó como un joven pastor de ovejas y su vida estuvo en peligro cuando tuvo que proteger a sus ovejas de un león y un oso. Eso es algo que usted no tiene que hacer todos los días. No sé cuál es el caso suyo, estimado oyente, pero yo no me encuentro con un león o un oso todos los días, y si lo hago, pues, espero que el animal se encuentre del otro lado de las rejas. Pero hay muchos que son como esas fieras, los leones y los osos que están andando por nuestras calles en la actualidad, muchos de ellos procurando devorarnos, También San Pedro nos habló de otro antiguo león, cuando en su primera carta 5:8 escribió lo siguiente: Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar. Luego en el versículo 3, de este Salmo 25, encontramos lo siguiente:

"Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado".

La confianza de David estaba depositada en Dios, y esa es la provisión que Dios ha hecho por los Suyos en la actualidad. ¿Ha notado usted que cada vez que el Señor Jesucristo hablaba a Sus discípulos después de Su resurrección les decía: "No temáis"? ¿Ha notado usted eso? Estimado oyente, usted y yo tenemos un Salvador resucitado. El temor nos asalta muchas veces. Algunas personas le temen a las alturas, les producen vértigo, a volar en avión, a los lugares cerrados, que les producen claustrofobia. Creo que en esos momentos nos haría bien repetir con convicción en oración las palabras de este salmo, con la certeza de que El está con nosotros, y que hemos depositado en El nuestra confianza. Notemos ahora lo que dice aquí el versículo 4, de este Salmo 27, sobre

La meditación en la oración

"Una cosa he demandado al Señor, esta buscaré: que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para buscarlo en su Templo".

Y este es un versículo muy rico. David había reducido su vida a un solo punto: Una cosa he demandado al Señor. Y recordemos que el apóstol Pablo hizo lo mismo con su vida. En su carta a los Filipenses, capítulo 3, versículos 13 y 14, dijo: Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. En estos días, estimado oyente, deberíamos reducir nuestra vida de la misma manera en que reducimos un lápiz al afilarle la punta hasta que podemos escribir con él. Nuestras vidas son muy complicadas así que deberíamos ocuparnos en reducirlas a un punto principal. Algunos, que son muy activistas, se sienten como Marta (la de la familia de Lázaro) cuando trabajaba en la cocina. Ella se sentía agobiada con tanto trabajo (Lucas 10:40), Sus manos le resultaban insuficientes para atender la preparación de los diferentes ingredientes de la comida, la cocción de otros, la disposición de los platos principales y se sintió frustrada, al tratar de atender todo al mismo tiempo. Y al mirar a nosotros, ¡cómo se ha complicado nuestra vida! Nos sentimos frustrados una y otra vez por la tensión y presión del tiempo. Es maravilloso el poder reducir la vida a aquello que es realmente importante. Es un alivio reducir la vida al mínimo denominador común. Cuántos de nosotros, estimado oyente, nos pasamos la vida tan ocupados, corriendo de un lado para otro, afanados y turbados con muchas cosas.

Observemos que ese punto al cual David había reducido su vida fue la que expresó de esta manera: que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida". Ahora, no pensamos que David tuviera la intención de ir a dormir al Tabernáculo y quedarse allí. Pero el quería que el arca del pacto, que era el lugar de reunión de Dios con Su pueblo, estuviera con él en Jerusalén. El se esforzó mucho para traerla a Jerusalén, preparó una tienda provisional para ella, y proyectó un elaborado templo para Dios. ¿Por qué? Porque por medio de ello él tendría acceso a Dios. Este era el punto esencial, el asunto prioritario en la vida de David.

Nosotros tenemos acceso a Dios por medio de Cristo, y por este hecho deberíamos alegrarnos. El es el que nos capacitará para reducir nuestra vida a ese punto central prioritario. Pablo nos dio los 8 beneficios de ser justificados por la fe en Romanos 5:1-5. El segundo beneficio que el mencionó fue el acceso a Dios, al decir: por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. ¡Qué magnífica experiencia es tener acceso a Dios!

Este fue el objetivo prioritario en la vida de David. David dijo de su meta: Una cosa he demandado al Señor, ésta buscaré que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para buscarlo en su templo. En la casa del Señor estaba el propiciatorio o tapa del arca del pacto. David necesitaba compasión, misericordia y, estimado oyente, usted y yo también la necesitamos. En la casa de Dios había un altar que hablaba de la cruz de Cristo. Este le proveía a David un acceso a la presencia de Dios. Usted y yo podemos aproximarnos a Dios hoy por medio del Señor Jesús. Tenemos acceso a su maravillosa gracia. ¡Qué privilegio tenemos al tener acceso a Dios!

No nos sorprende que este salmo haya sido una gran bendición al pueblo de Dios. Ahora, escuchemos el versículo 5:

"Él me esconderá en su Tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto".

Ahora, ¿Cuál era ese lugar reservado, secreto, en el tabernáculo? Se encontraba dentro del Lugar Santísimo. Nadie podía entrar en ese lugar excepto el sumo sacerdote. ¿Sabe usted lo que había allí? Estaba sencillamente un arca revestida de oro; pero sobre el arca, en la parte superior, había una tapa elaborada, que Dios designó como el propiciatorio porque la sangre era rociada sobre él, Ahora en nuestro tiempo, debido a que el Señor Jesús ha derramado Su sangre, tenemos un propiciatorio al cual podemos ir. Y allí es donde EL nos esconde. ¡Qué lugar seguro tenemos!

Luego, en el versículo 6 de este Salmo 27 leemos:

"Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su Tabernáculo sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas al Señor".

Cuando contemplamos este hermoso cuadro y reconocemos lo que él ha hecho por nosotros, surgirá una canción en nuestro corazón. Esta experiencia llevó al salmista a pronunciar el versículo 7, en el que veremos

La declaración de la propia oración

"¡Oye, Señor, mi voz con que a ti clamo! ¡Ten misericordia de mí y respóndeme!"

Es que en aquel lugar secreto había compasión, misericordia. Y Dios ha preparado este lugar reservado para nosotros hoy, donde podemos recibir la misericordia de Dios. Leamos ahora el versículo 8:

"Mi corazón ha dicho de ti: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor"

David puso esa invitación en boca del Señor. Cuando Dios dijo: Buscad mi rostro. David dijo: "Yo ya he respondido:" Mi corazón ha dicho de ti. . . Tu rostro buscaré, Señor. Estimado oyente, Dios tiene un anhelo por usted. ¿Puede usted responder a eso? Es algo terrible vivir con una persona que no expresa su amor; allí no existe comunicación. Y es a eso que llamamos matrimonio. El matrimonio no es un arreglo de conveniencias mutuas. El matrimonio es una relación de amor, y si no es eso, ya no es nada. Y en realidad, nuestra relación con Dios tiene que ser así. EL corazón de David respondió cuando Dios dijo "te amo": David dijo entonces: "te amo". Cuando Dios dijo: "quiero tener una relación de compañerismo contigo", David dijo, "yo también quiero tener esa relación". Y luego él dijo en el versículo 9:

"¡no escondas tu rostro de mí! ¡No apartes con ira a tu siervo! ¡Mi ayuda has sido! No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación".

Cuando David pecó, supo lo que era que Dios escondiera Su rostro de él. Perdió su relación de compañerismo con El. Perdió su alegría. Pero entonces oró en el Salmo 51; devuélveme el gozo de tu salvación.

"Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, el Señor me recogerá".

David sabía que aún si existiera la posibilidad de que lo abandonaran sus padres, el Señor lo recogería. Leamos ahora el versículo 11:

"Enséñame, Señor, tu camino y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos".

David estaba diciendo que él quería dar un buen testimonio, causar una buena impresión, ante el enemigo, porque sabía que le criticarían. Y quiso que Dios le guiara y le ayudara a no avergonzarle por lo que él hiciera. Ahora, en el versículo 12, dijo:

"No me entregues a la voluntad de mis enemigos, porque se han levantado contra mí testigos falsos y los que respiran crueldad".

Aquí vemos a David acosado, rodeado de enemigos que buscaban su destrucción. Y su oración sería respondida, como lo será la suya, estimado oyente, si se sintiera acosado de una manera tal que pareciera no tener en quien apoyarse. En el momento oportuno, Dios intervendrá.

Leamos ahora el versículo 13, que nos hace ver

La oración hecha realidad

"Hubiera yo desmayado, si no creyera que he de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes".

Incluso en el mundo actual con todas sus circunstancias, usted puede ver la bondad de Dios. Y concluye el salmo 27, el versículo 14 que dice:

"¡Espera en el Señor! ¡Esfuérzate y aliéntese tu corazón! ¡Sí, espera en el Señor!"

En el presente hay muchos creyentes que se sienten débiles, desanimados, apocados, descorazonados. Incluso podemos decir que en mayor o menor medida esos sentimientos de debilidad anímica nos afectan a todos. ¿Y cómo puede uno curarse de ese estado? Pues pidiéndole a Dios que nos de valor, y que se refuerce nuestra esperanza en el Señor. Esperar en el Señor. Tenemos que tener buen ánimo. Se requiere un esfuerzo hasta donde lleguen nuestras fuerzas, ¿Y qué es lo que Él hará? Él fortalecerá nuestro corazón. Él es en realidad el mejor especialista del corazón que existe. Y ahora llegamos al

Salmo 28

Este hermoso y breve Salmo contiene un clamor en un momento en que David se encontraba en dificultades. Es profético en relación a Israel durante la tribulación. Es una oración por juicio sobre sus enemigos y expresa alabanza por la liberación que él sabe que vendrá. Este Salmo es en realidad una obra preliminar al siguiente Salmo. Leamos entonces el versículo 1 de este Salmo 28:

"A ti clamaré, Señor. ¡Roca mía, no te desentiendas de mí, no sea que, dejándome tú, llegue a ser semejante a los que descienden al sepulcro!"

Israel sabía acerca de la Roca. Fue la Roca que Israel rechazó, tal como Moisés se lamentó en Deuteronomio 32:15, cuando dijo: "entonces abandonó al Dios que lo hizo y menospreció la Roca de su salvación. Una roca es algo para ponerse en pie. Provee un fundamente seguro. El creyente de nuestro tiempo también sabe acerca de la Roca. En 1 Corintios 1:11 el apóstol Pablo escribió: Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Volviendo ahora al Salmo 28, en el versículo 2, el salmista dijo:

"Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia tu santo Templo".

Cuando hablaba de tu santo Templo, se refería al propiciatorio o tapa del arca del pacto, que estaba en el tabernáculo o tienda de reunión. El propiciatorio, o lugar de gracia y misericordia que Cristo ha provisto, es a lo que usted y yo tenemos que aferrarnos hoy. Continuemos leyendo el versículo 6:

"¡Bendito sea el Señor, que oyó la voz de mis ruegos!"

Dios escucha, estimado oyente, y contesta las oraciones. Y como resultado de ello, David entonces pudo decir en los versículos 7 al 9 de este Salmo 28:

"El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón. Con mi cántico lo alabaré. El Señor es la fortaleza de su pueblo y el refugio salvador de su ungido. Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y susténtalos para siempre"

Aquí vemos que Dios es poder, Él es poderoso. Es un escudo para la protección, Él es poder y protección. Ahora, podría usted preguntarse: ¿Es Él mi poder? ¿Es Él mi protección?" Bueno, lo es si su corazón confía en El. Si usted realmente confía en Dios, El le ayudará. El oirá y responderá a su oración.

¿Qué sucede cuando El responde a la oración? Como dijo el salmista, con mi canción le alabaré. Estimado oyente, ¡no nos olvidemos de agradecerle y alabarle cuando contesta nuestras oraciones!

Aquí dice: el refugio salvador de tu ungido. El "ungido" es el Mesías, Cristo, quien es frecuentemente mencionado en los Salmos como el Libertador de Israel que vendrá.

Y el concluyó su súplica diciendo Salva a tu pueblo. El Ungido es el Pastor de ellos, que les guiará y sustentará por siempre, cuando venga. Nos recuerda lo que escribió el profeta Isaías 40:11, Como pastor apacentará su rebaño. En su brazo llevará los corderos, junto a su pecho los llevará; y pastoreará con ternura a las recién paridas.

Estimado oyente, Jesús dijo: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Le invitamos a aceptar el sacrificio que el buen pastor realizó en la cruz a favor suyo, y entonces experimentará usted Su amor transformador, que afectará a su vida entera y le acompañará después de esta vida en la eternidad.

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