Estudio bíblico de Cantares 2:8-11

Cantar de los Cantares 2:8-11

Hoy nos toca comenzar nuestro estudio en el versículo 8 del capítulo 2. Pero antes de eso, queremos repasar una parte de lo que dijimos en nuestro programa anterior en el párrafo titulado

La bandera del amor

La segunda parte del versículo 4 completa el pensamiento y el versículo queda así: Me llevó a la sala de banquetes y tendió sobre mí la bandera de su amor. Y esa bandera está ondeando aun sobre nosotros en el día de hoy. La bandera o el estandarte, tenía en aquellos días muchos significados. Los ejércitos llevaban banderas cuando salían a la guerra. Creemos que todos los significados de las banderas están incluidos cuando la esposa dice tendió sobre mí la bandera de su amor.

La bandera de un ejército como, por ejemplo, los estandartes de las legiones romanas, era un emblema de conquista. El Hijo de Dios aun sale a la guerra. Hoy tiene lugar una batalla por las almas de las personas. El autor de estos estudios nos relató la siguiente experiencia. "Recuerdo cuando me resistí a Cristo. Nunca olvidaré las excusas que puse para no asistir a una conferencia juvenil, para no mezclarme con aquella gente que iba a estar presente. No estaba interesado en absoluto. Pero, el Señor abrió el camino y preparó las circunstancias de tal manera que, cuando me di cuenta, ya estaba allí. Y antes de tomar conciencia de la realidad, ya había tomado en mi corazón la decisión de aceptar a Cristo. Por ello puedo decir que Su bandera sobre mí, fue una bandera de conquista". Hasta aquí las palabras del profesor McGee.

La bandera es también un emblema de protección. Cuando el Señor Jesús vino a este mundo, en el día de Su bautismo, el Padre dio testimonio con estas palabras: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia, (como vemos en Mateo 3:17), y los enemigos de Jesús no pudieron tocarle hasta que Su hora no hubo llegado. Así que El fue protegido. Cuando su hora llegó, le tomaron y le crucificaron. Nunca alcanzaremos a comprender lo terrible que fue ese proceso. En esa hora El clamó Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has desamparado? (Mateo 27:46).Pero Dios estaba aun complacido con Su Hijo. Se deleitó en El y le levantó de los muertos. Le libró de la muerte. Y ahora la bandera de salvación y protección se encuentra sobre todos aquellos que son Suyos. Como dijo el apóstol Pablo en Filipenses 4:7, Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Así que El le protegerá.

La bandera es también un emblema de alistamiento. Usted puede alistarse como un soldado. Por cierto, su ejército está formado totalmente por voluntarios. Ello nos recuerda las palabras del apóstol Pablo en Romanos 12:1, que dice, Por lo demás, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto. Pero recordemos que el Señor también dijo, en Juan 14:15, Si me amáis, guardad mis mandamientos. ¿Y que pasa si usted no le ama? ¡Entonces olvídelo! Esta es una bandera de reclutamiento para voluntarios.

Leamos ahora el versículo 5, que nos coloca ante

La enfermedad de amor

"Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas, porque estoy enferma de amor."

Vemos que aquí que la esposa dice: Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas; porque estoy enferma de amor. El tema de la enfermedad de amor era común en la poesía del Cercano Oriente. La esposa se sintió físicamente desfallecida y pidió ser fortalecida con alimentos.

El Espíritu Santo ha traído al alma salvada a una relación personal con Cristo que satisface. Repetimos, Dios está satisfecho con Jesús por lo que El hizo por usted. ¿Está usted satisfecho? ¿Encuentra usted alegría, satisfacción y placer en la persona de Cristo? Pase usted tiempo con este libro, el Cantar de los Cantares. Grandes siervos de Dios a través de todos los tiempos han dedicado tiempo a este libro. El tiempo que nosotros le hemos dedicado ha resultado muy significativo y provechoso.

Un gran siervo de Dios, con el cual uno no podía conversar sin que tuviera algo que compartir de la Palabra de Dios, dijo en cierta ocasión: "La otra noche estaba acostado en mi cama y estaba pensando en lo maravilloso que era el Señor Jesucristo. Simplemente me parecía como si hubiera una gloria alrededor de mi cama. No quiero que me entienda mal; no estaba viendo cosas. Pero era tan maravilloso el contemplar la persona de Cristo; finalmente, estaba tan emocionado en lo profundo de mi ser que ya no pude conciliar el sueño y tuve que clamar a Dios diciendo: ¡Oh, Señor, apaga esa gloria. Este viejo cuerpo mío ya no puede soportarla más!" Hasta aquí la cita. Imaginémonos la experiencia del apóstol Pablo cuando fue transportado al tercer Cielo. Es que la mayoría de nosotros ni siquiera hemos llegado a colocar nuestros pies en el umbral de Su presencia. Sabemos tan poco acerca de lo que significa tener esta clase de comunión con el Señor. Ahora, por supuesto, esa sublime experiencia encontrará su cumplimiento total cuando lleguemos a la cena de las Bodas del Cordero.

Erskine explicaba este tema de la enfermedad del amor de una manera elocuente. Él decía: "El amor del que hablo obra maravillas en el alma; porque cuando estoy sano, me enferma, y cuando estoy enfermo, me sana. Me siento vencido, desfallecido, debilitado, hasta que el amor, al amor tranquilice. Más amor divino, podría sanar la herida; la herida que el mismo amor divino provocó. Más del gozo que me hace languidecer me daría ahora la calma. Y si más de ese amor me matara, estaría satisfecho de morir de esa enfermedad", Este amor maravilloso de Dios es una paradoja. Lo anhelamos, y sin embargo, la gloria de todo ese amor es más de lo que podríamos soportar.

Continuemos leyendo el versículo 6 de este segundo capítulo del Cantar de los Cantares.

"Su izquierda esté debajo de mi cabeza; con su derecha me abrace."

Aquí dice su izquierda esté debajo de mi cabeza. El puede salvarnos hasta lo sumo. Y con respecto a la frase con su derecha me abrace sabemos que el puede guardarnos de la tentación y protegerle a usted y a mí aquí en la tierra. Continuemos leyendo el versículo 7:

"¡Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertéis a mi amor! ¡Dejadla dormir mientras quiera!"

¿Qué era lo que podría despertarle? ¿Qué es lo que podría molestarle en Su relación de comunión y compañerismo (con usted)? Es el pecado y la rebeldía en su vida. Porque no se trata solo de que hemos de estar satisfechos con El, sino que también tenemos que procurar que El pueda estar satisfecho con nosotros.

Llegamos ahora al segundo canto mencionado aquí. Aparentemente, Salomón había salido de viaje, Ella le había estado esperando, anticipando con alegría su regreso al hogar. ¡Cuán hermoso, cuán glorioso es poder ver la emoción de la esposa esperando con ansiedad el regreso del esposo! Nosotros, como creyentes, la espera del cumplimiento final se encuentra en la anticipación de la iglesia por el regreso de Cristo para recoger a su iglesia del mundo.

Leamos entonces el versículo 8 de este capítulo segundo del Cantar de los Cantares, en el que la esposa se refiere directamente a

La voz del amado

"¡La voz de mi amado! ¡Ya viene, saltando sobre los montes, brincando por los collados!"

Aquí tenemos entonces la exclamación de la esposa ¡La voz de mi amado!

Recordemos que el Señor Jesucristo dijo algo similar con respecto a Su voz: Él dijo en Juan 10:27 y 28: 27Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco, y me siguen; 28yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Pero la frase de la esposa, ¡La voz de mi amado! ¡Ya viene! Nos lleva a la siguiente reflexión. ¿Ha pensado usted alguna vez en que en el momento del arrebatamiento de la iglesia, la voz que se escuchará será la del Hijo de Dios? La iglesia está formada por aquellas personas que han oído sobre El. Nosotros hemos oído acerca de Su muerte, entierro y resurrección. Hemos confiado en El. Por Su Palabra y el Espíritu Santo escuchamos su voz hoy, así que cuando El venga otra vez reconoceremos Su voz. El dijo, Mis ovejas oyen mi voz. Es decir, que sus ovejas saben quién es El.

Cuando el Señor Jesús venga a recoger a Su iglesia de este mundo, tal evento ocurrirá tal como lo describió el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 4:16: 16El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. La "voz de mando", "la voz" y "la trompeta" forman parte del sonido de Su voz. Como dice en el Cantar de los Cantares la esposa, en el versículo que hemos leído: ¡la voz de mi amado! ¡ya viene! ¡Qué hermosa figura del encuentro de la iglesia con su Señor!

Podemos contrastar este encuentro con la venida del Señor Jesús para reinar en la tierra. Entonces ya no será el sonido de una voz sino una contemplación tremenda de Su gloria. El llamado no será dirigido a los oídos, como en el arrebatamiento de la iglesia, sino que será dirigido a la vista, cuando El venga a la tierra. En Mateo 24:30 se describe ese acontecimiento de la siguiente manera: 30Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, y todas las tribus de la tierra harán duelo cuando vean al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Sin embargo, en contraste, en el arrebatamiento de la iglesia los Suyos oirán Su voz, como la oyó la esposa de este poema que estamos estudiando, y que la llevó a exclamar ¡La voz de mi amado!

Y en el versículo 8 continuó diciendo la esposa: ¡Ya viene, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Este es, por supuesto, un lenguaje poético. Es una canción, y Dios estaba hablándonos a nosotros a través de ella.

Se ha hablado mucho sobre los pies de Jesús. En realidad, el autor de estos estudios desarrolló una serie de mensajes, hace muchos años, sobre los miembros del cuerpo del Señor Jesucristo. Habló sobre los ojos de Jesús, que estuvieron empañados por las lágrimas, sobre los labios de Jesús, sobre Sus manos, y sobre Sus pies.

El Salmista, en el Salmo 18:33, se expresó de la siguiente forma: quien hace mis pies como de venados y me hace estar firme sobre mis alturas. Y el Salmo 22 lleva el título de "Aijeleth Shahar, que significa "La cierva de la aurora". Nos revela al Señor Jesucristo en el día de Su aflicción, en Su sufrimiento y muerte en la cruz. Es una figura de la cierva de la mañana. Los perros han estado siguiendo a la cierva durante toda la noche. Habían rasgado su carne. Había intentado destruirla. El versículo 16 de este Salmo 22 dice: Perros me han rodeado; me ha cercado una banda de malignos; desgarraron mis manos y mis pies. Pero cuando el sol se eleva en el horizonte, ¿qué encontramos? Que El es la cierva de la mañana, en pie sobre la cima de la montaña. Ha sido librado de la muerte, Y El está regresando; saltando por las colinas, brincando por las montañas. No podríamos imaginar una figura poética más hermosa del Señor Jesús en Su regreso a la tierra.

Permítanos citar nuevamente lo que Erskine dijo: "Cuando mi complaciente Salvador encontró múltiples obstrucciones, de cada obstáculo que se interpuso en su camino, hizo una pasadera."

El convirtió a las piedras de tropiezo en pasaderas, El hizo un camino para nosotros, y El es el camino para nosotros. Y hoy tenemos esa figura de su regreso, de Aquel que es como la cierva, o el corzo, o el joven ciervo que está saltando por las colinas y las montañas.

Otro poeta lo expresó así: "La voz de mi Amado resuena sobre las rocas y los montes. Sobre montañas de culpabilidad y mares de dolor, Él salta, Él vuela y se acerca para darme alivio".

Leamos ahora el versículo 9, en el cual la esposa ve a su amado

Detrás de nuestra pared

"Semejante a una gacela es mi amado; como un joven cervatillo. Helo aquí, está tras nuestra pared, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías."

Él se encuentra hoy detrás de la pared. Él se ha ido a la diestra de Dios, y nosotros nos encontramos aquí en la tierra. Fue lo mismo que ocurrió cuando el Señor Jesucristo fue a la montaña a orar después de haber alimentado a los 5.000 y, al mismo tiempo, los Suyos se encontraban en el Mar de Galilea en una tormenta. Esa es la situación hoy. Yo estoy aquí pasando por una tormenta y El se encuentra allá a la derecha de Dios.

Él se encuentra del otro lado de la pared. Y todo lo que está debajo del sol está tratando de evitar que nos acerquemos a Él: el sistema de valores del mundo, nuestra naturaleza física o carnal, y el diablo. Pero El aun nos dice lo mismo que le dijo a Zaqueo (en Lucas 19:5). Date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa. El aun nos dice que quiere entrar y cenar con nosotros, así como fue a la casa de aquel viejo publicano o recaudador de impuestos, y tuvo momentos de comunión y compañerismo con él. El se acercará a usted si usted le invita. El es Aquel de quien Juan el Bautista dijo en Juan 1:26): en medio de vosotros está uno a quién vosotros no conocéis. Y en la actualidad, el mundo no le conoce. El está detrás de la pared, una pared de indiferencia, una pared de rebelión contra Dios, una pared de pecado. ¡Qué imagen!

Leamos ahora los versículos 10 y 11, en los cuales la esposa comienza a entonar

La canción de su regreso

"Habló mi amado, y me dijo: «Amada mía, hermosa mía, levántate y ven. Ya ha pasado el invierno, la lluvia ha cesado y se fue"

Esta canción se inicia con las palabras Amada mía, hermosa mía, levántate y ven. Recordemos que Cristo amo a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Lo hizo porque va a venir a recoger a la Iglesia de este mundo. El va a presentársela a sí mismo como una iglesia purificada, y todos los creyentes necesitamos esa purificación. El nos santifica y nos limpia con el lavamiento del agua que se realiza por medio de la Palabra. Por tal motivo realizamos un estudio de la Biblia. El quiere presentarse a sí mismo una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección. El quiere que la Iglesia sea santa e intachable. Es por esa razón que en este poema del Cantar de los Cantares el hace este llamado: Amada mía, hermosa mía, levántate y ven.

Y el versículo 11 continúa con la letra de la canción, diciendo: Ya ha pasado el invierno. Y realmente, en este mundo hace frío, un gran frío espiritual. Y la letra sigue diciendo: la lluvia ha cesado y se fue. Las tormentas de la vida, entonces ya habrán amainado. Estimado amigo cristiano, ¿está usted enfrentando dificultades? En Juan 16:33, el Señor les dijo a los Suyos: en el mundo tendréis aflicción. No caiga en la depresión si usted está teniendo problemas. Esos disgustos constituyen una de las señales de que usted pertenece a Cristo, de que usted es un hijo de Dios. Pero cuando el regrese, todos los problemas desaparecerán. El enjugará toda lágrima de sus ojos, Todos los corazones quebrantados serán sanados. Todas las penas desaparecerán cuando estemos en Su Presencia. Por ello estimado oyente, estas palabras del versículo 11, resumen nuestra esperanza, la esperanza de todos los cristianos: Ya ha pasado el invierno, la lluvia ha cesado y se ha ido. Y como veremos más adelante, brotarán las flores en la tierra y entonces, habrá llegado el tiempo de la canción.

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