Estudio bíblico de Hebreos 2:18

Hebreos 2:9-18

Continuamos hoy nuestro recorrido por la epístola a los Hebreos, y estamos en el capítulo 2, y hoy vamos examinar principalmente lo que nos dice el versículo 18. Pero antes de esto, quisiéramos regresar a un versículo clave al cual ya hemos dirigido nuestra atención antes en este capítulo, y nos estamos refiriendo al versículo 9 del capítulo 2. En su momento dijimos al llegar a este versículo, que, en realidad, llegábamos al corazón de la epístola. Antes de finalizar con este capítulo considerando el último versículo que es, precisamente, el versículo 18, vamos a recordar los comentarios que hicimos sobre el versículo 9, y otros, que leeremos a continuación:

"Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentara la muerte por todos."

Comenzamos con la frase "Pero vemos a aquel. . . Jesús". A causa de lo que el Señor Jesús ha hecho, le contemplamos. Vemos a Jesús. Este verbo "ver" no significa una mirada casual, ocasional, sin trascendencia. Este verbo significa que le contemplamos con entendimiento. Reconocemos que en Él hay algo que nuestra mente pequeña no puede comprender. Le miramos con fe, con confianza, con asombro, con temor reverencial, y con adoración. Todo esto está incluido en la frase: "Vemos a Jesús". Estimado oyente, ¿le ve usted hoy? ¿Ha quitado el Espíritu Santo el velo de sus ojos para que usted pueda verle?

En la frase "vemos a Jesús" también observamos que Jesús es Su nombre humano. Como vemos en Mateo 1:21, en Su concepción el ángel anunció a José: "le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados."

Aquí dice también "Aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles". El énfasis no se colocó en que fuera hecho menor que los ángeles, sino en las palabras "un poco", y en esa palabra el énfasis recae en el tiempo. Podríamos decir: "¿Quién fue hecho, por un poco de tiempo, menor que los ángeles?" Por el breve período de tiempo que Él estuvo en la tierra (33 años) Él fue hecho menor que los ángeles.

Este versículo 9 también destaca la frase "a causa del padecimiento de la muerte". Solo Cristo podía redimir al hombre, y Él sólo pudo hacerlo por morir en la cruz. Fue el único camino, la única manera de hacerlo.

Y añadió el escritor: "coronado de gloria y de honra". Él no fue coronado con gloria y honra por Su muerte, sino porque vino a esta tierra y murió en la cruz por usted y por mí. Permítanos enfatizar una y otra vez que hay un Hombre en la gloria. Él no estaba allí en ese carácter hace unos 2.500 años. Jesús es el que asumió nuestra humanidad y al hacerlo, recibió gloria y honor en el cielo.

Debemos enfatizar esta expresión "experimentara la muerte por todos". Esto significa que Jesús no sólo experimentó la angustia de la muerte, sino que también experimentó lo que la muerte realmente es, la más completa profundidad de la muerte. Él bebió la copa de la muerte. Esa copa amarga fue presionada contra sus labios y Jesús bebió cada gota de de ella. Y lo hizo por usted y por mí.

El versículo 9 también aclaró que Jesús hizo esta obra "por la gracia de Dios". Para que Dios pudiera ser compasivo y misericordioso con usted y conmigo, y nos pueda salvar.

Habiendo entonces destacado el versículo 9, como el corazón de este capítulo, diremos sólo algo de lo que comentamos sobre la siguiente frase del versículo 10, que dice: "perfeccionara por medio de las aflicciones". Jesús fue perfeccionado en el sentido de ser hecho completo. La palabra "perfecto" proviene del griego "teleioo", que significa, "llevar hacia la meta o el objetivo, consumar, completar".

Él fue perfeccionado por el sufrimiento. Aunque era el hijo de Dios, o aunque era Dios mismo, Su vida perfecta no nos salva. Su nacimiento virginal no nos salva. Realmente, Su enseñanza no nos salva. Sus milagros no nos salvan, ni tampoco Su ejemplo. Pero es Su muerte en la cruz lo que nos salva. Él fue hecho completo; Él alcanzó ese carácter completo muriendo en la cruz.

Dios no escogió permanecer aislado en el cielo, contemplando el fracaso humano, la corrupción del pecado invadiendo todos las esferas de la vida y la miserable condición espiritual y moral de las personas, así como el destino que les esperaba en esta vida y después de la muerte. Él descendió a la tierra y asumió nuestra humanidad. Y como Él sufrió y murió sobre una cruz, yo estoy dispuesto a confiar en Él. Estoy dispuesto a amarle por lo que ha hecho por mí y por una humanidad perdida. Estimado oyente, ¿no querrá usted también darle las gracias? Leamos ahora el versículo 16 de este segundo capítulo de Hebreos:

"Ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham."

Cuando Cristo dejó el cielo y vino a la tierra, pasó por delante de los ángeles y vino al hombre caído. Él asumió la simiente de Abraham. Vino en la línea genealógica de Abraham. Dios comenzó su preparación en el mismo principio, con Adán y Eva, en aquel tiempo Dios dijo que vendría de la simiente de la mujer (como podemos ver en Génesis 3:15). Entonces Dios dijo que vendría en la línea de Abraham, y un poco más adelante en la historia supimos que nacería en la tribu de Judá, en la familia de David, de la nación de Israel y hasta que iba a nacer de una virgen. El Señor colocó suficientes señales orientativas para que todos, no sólo los sabios de Oriente, sino todos debieran haber sabido encontrar el camino hacia Belén cuando Jesús nació. Continuemos leyendo ahora el versículo 17 de este capítulo2 de Hebreos:

"Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo."

El Señor Jesús vino a la tierra como un ser semejante a los hombres. En la Epístola a los Filipenses capítulo 2, versículo 7 leemos: "se despojó a sí mismo, tomó forma de siervo y se hizo semejante a los hombres". Fue una semejanza real con los seres humanos. "Esta semejanza", según un expositor Bíblico, "se expresó mayormente donde las huellas de la maldición del pecado era más aparentes, o sea, en la pobreza, en la tentación, y en la muerte violenta e inmerecida". Hasta aquí la cita. Él podía haber nacido en el palacio del César, pero en cambio nació en medio de una verdadera pobreza, en un establo que se encontraba detrás de un mesón. ¿Por qué? Para que Él pudiera experimentar algo de los efectos del pecado en la humanidad. ¿Y donde percibimos mejor esos efectos? Los vemos en la pobreza, los vemos en la tentación, y los vemos en la muerte violenta e inmerecida. Es en esas áreas donde se manifiesta el pecado.

Es una tragedia que gente inocente tenga que sufrir. Debemos dar gracias a Dios que algún día Él va a cambiar totalmente esta situación de injusticia en que viven tantas personas, muchas de las cuales no pueden vivir con dignidad o ni siquiera sobrevivir.

Como acabamos de destacar, cuando Cristo vino a esta tierra supo lo que era la verdadera pobreza. A veces, en las guerras, cuando poblaciones enteras han tenido que ser evacuadas a causa de los ataques, o a causa de catástrofes naturales, mujeres se han visto obligadas a dar a luz niños en las circunstancias y lugares más inesperados. Así le sucedió también a Jesús, que nació en circunstancias de una gran aglomeración de gente, cuando hubo grandes desplazamientos de multitudes de un pueblo a otro. Recordemos que César había decretado que todos aquellos que se encontraban bajo la jurisdicción de Roma, tenían que inscribirse o empadronarse para pagar los impuestos que les correspondían. María había tenido que trasladarse a Belén, aunque se encontraba muy próxima a dar a luz a su hijo. Cuando llegó a Belén, no había lugar para ella en el mesón, y entonces el Señor Jesucristo tuvo que nacer en un establo. Él podría entonces comprender y compadecerse con todos aquellos niños que tendrían que nacer en un entorno tan precario para su seguridad y su salud.

El Señor Jesucristo vino a la tierra y asumió un cuerpo humano. Por ello, Él puede compadecerse de usted y de mí. No importa quién sea usted o donde se encuentre, Él le conoce y le comprende, no simplemente porque sea Dios, sino también porque se convirtió en un hombre. Él conoce perfectamente las situaciones por las que usted y yo estamos pasando.

En el siglo pasado y en los tiempos actuales somos conscientes de las dramáticas situaciones de pobreza que se viven en el Oriente Medio, especialmente entre los árabes. Nuestros corazones son sensibles a los sufrimientos de los refugiados. No podemos aprobar que ellos recurran a la violencia y a la muerte, pero por otra parte, ¿sabía usted que algunos de ellos han estado viviendo en esos campamentos miserables desde el año 1948? Sus condiciones de vida son extremadamente pobres. Incluso sus propios hermanos de raza no les han permitido integrarse entre los ciudadanos de sus propios países. Y así, han permanecido confinados a estos campamentos. Bueno, en el caso del Señor Jesucristo, había una pobreza miserable en el Oriente Medio cuando Él vivió allí. Dice aquí en el versículo 17 de este segundo capítulo de Hebreos, "debía ser en todo semejante a sus hermanos". Así que Él llegó rodeado de pobreza: La pobreza de la familia de Jesús era casi imposible de describir. Nació en una raza que se encontraba bajo el yugo romano. Estaban bajo el dominio romano. Como dijimos, no nació en un palacio, sino en un establo. En todos los aspectos Él fue hecho semejante a sus hermanos. Se convirtió en uno de ellos. Si usted hubiera vista a aquel niño jugando en Belén, con ropas rotas y sucias, usted no le habría reconocido, no se habría imaginado quién era. Cuando los artistas le pintan, en sus obras le han reflejado como un niño hermoso, radiante y con ropas resplandecientes. Pero Él probablemente fue un niño normal, con el rostro sucio como el de sus compañeros de juegos. Por todos ello, Jesús fue hecho semejante a Sus hermanos en todo.

Al enfatizar la deidad de Cristo existe el peligro de subestimar Su humanidad. Cualquiera de nosotros puede sentirse afortunado al no haber nacido en Belén, y de no haberse criado en Nazaret. Incluso los niños de esta época que viven en esos lugares no tienen muchas oportunidades para desarrollar una vida digna. ¡Imaginémonos como habrá sido en tiempos de Jesús! Así que Jesucristo se convirtió en un ser humano verdadero y surgió de ese contexto social. Fue como una raíz en la tierra seca. Con toda seguridad, usted no habrá tenido jamás un pensamiento, ni habrá soportado un sufrimiento que Él no haya conocido y experimentado. Por ese motivo, Él puede ser un Sumo Sacerdote compasivo y fiel.

Dice finalmente el versículo 17, "para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo". Otra versión traduce "para hacer propiciación por los pecados del pueblo". El propiciatorio era la tapa del arca de pacto de Dios con Su pueblo. Cristo hizo un propiciatorio para que usted y yo viniéramos a Él. Y estimado oyente, lo que usted y yo necesitamos es misericordia y compasión. Y Dios tiene mucha misericordia disponible para nosotros, porque Jesús preparó ese propiciatorio, y cualquiera puede acudir a Él y encontrar todo lo que su alma necesita. Así que Cristo proveyó ese propiciatorio para los pecados del ser humano, y ése es el único lugar en el cual usted puede obtener la gracia de Dios. Leamos entonces el último versículo de este segundo capítulo de Hebreos, el versículo 18:

"Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados."

Dice aquí que "él mismo padeció siendo tentado". La palabra que se debería usar aquí tendría que ser "probado". El Señor Jesús fue probado, no sólo por cuarenta días en el desierto (lo cual fue una forma especial de prueba), sino también durante toda Su vida.

Queremos considerar detenidamente todo este versículo porque algunos podrían estar en desacuerdo con algunas conclusiones. La pregunta que surge naturalmente en relación con la prueba de Jesús es: "¿Pudo Él haber sucumbido a la tentación? ¿Podría haber caído en ella?" Nuestra respuesta es que no.

Cuando nosotros hablamos hoy de ser tentados a hacer algo malo, lo que realmente queremos decir es que tenemos la oportunidad de hacer algo malo. Lo que usted y yo queremos decir con eso es que tenemos la oportunidad de hacer algo malo, y que queremos hacerlo. Ahora, cuando hemos pasado por una situación como ésta sabemos que la oportunidad era la prueba, pero el deseo de obrar mal era pecado, y un deseo pecaminoso es pecado en sí mismo. El Señor Jesús nunca tuvo ese deseo pecaminoso. Él no era un pecador, pero Él, sin duda alguna, tuvo la oportunidad. Sabiendo cuan hambriento y débil se encontraba después de haber estado durante 40 días sin comer, Satanás comenzó su tentación diciendo: "Di que estas piedras se conviertan en pan". Si usted ha visitado esas tierras, sabrá que hay muchas piedras en aquel lugar. Era una tentación. Él "pudo" haber convertido aquellas piedras en pan, pero no lo hizo. Su prueba era mayor que la mía. Él podía haberlo hecho. Yo no. Jesús tuvo la oportunidad de hacer ese milagro, y ésa fue su prueba. Pero Él no cedió a esa tentación.

Formulamos la pregunta nuevamente: "¿Podía Dios haber pecado?" La respuesta es no. Él no podía haber pecado. ¿Cuál era el propósito de la prueba?

Nuevamente hacemos la pregunta: "¿Podría haber pecado Jesús?" Y la respuesta es: "No". Alguien nos podría preguntar entonces: "¿cuál era el propósito de la prueba?"

Amigo oyente, hay varias cosas que deben ser oficial y públicamente probadas para declarar su autenticidad. Por ejemplo, tenemos el caso del oro puro, que también necesita ser probado. Cuando se saca el oro de alguna mina, éste es llevado a una persona que somete el oro a prueba, que lo prueba, éste es un oficial de la casa de moneda, cuyo deber es reconocer al oro de ley. Tales procedimientos se llevan a cabo para probar ese oro, y si uno le preguntara a esa persona que está probando el oro, y le dijera: "Bueno, ¿no cree usted que eso es oro puro?" El hombre contestaría: "Por supuesto, que es oro puro, pero nosotros tenemos que afirmar como testigos y declarar oficialmente que éste es oro puro". Es así que es probado. Así también, Jesús fue probado y todos pudieron testificar que Él era auténticamente el Hijo de Dios, sin pecado ni defecto.

Pues, bien, amigo oyente, el Señor Jesucristo fue tentado para probar que Él era quien afirmaba ser. Y esto es muy importante. Si de hecho, Jesús de Nazaret hubiera pecado, no habría probado que Dios en un cuerpo físico podía pecar. Más bien, habría probado que Jesús de Nazaret no era Dios manifestado en un cuerpo humano. La prueba demostró que Él era Dios en un cuerpo humano. Y por ser quien era, Él no podía pecar. El escritor de la carta a los Hebreos añadió que Jesús fue probado en todas las áreas, como nosotros, sin embargo, en Él no había pecado (como vemos en Hebreos 4:15).

Dice el versículo 18: "Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados". La palabra "socorrer" significa, por supuesto, acudir a ayudar a alguien. Como Él sufrió siendo tentado, puede ayudar a otros que son probados. Al ir avanzando más por esta epístola estaremos estudiando el sacerdocio de Cristo. Veremos que el Señor Jesucristo puede ayudar a aquellos que son probados. Y si hay una cosa que esperamos que el estudio de esta epístola a los Hebreos logre, es que usted y yo seamos muy conscientes de que tenemos un Sumo Sacerdote. Él está vivo en este mismo momento. Él se encuentra sentado a la derecha de Dios, y lo que es aun mucho mejor, Él está a nuestra disposición, listo para ayudarnos. Cuando uno se despierta a altas horas de la noche y no puede volver a conciliar el sueño y comienza a revolverse en la cama, como a veces hacemos algunos de nosotros, sintiendo algún peso en el corazón, puede mirar hacia arriba. Mi Sumo Sacerdote se encuentra allí. Él me conoce, Él me comprende y puedo entregarle mis cargas. Cuando ese momento oscuro llega, y usted y yo descendemos al valle de sombra de muerte, tenemos allá en el cielo un Sumo Sacerdote que nos ayudará. No importa lo que suceda, no importa cuál sea la prueba, Él puede socorrernos. Me temo que no recurrimos a Él como deberíamos. A veces nos olvidamos de Él y tratamos de luchar nuestras batallas en soledad. Estimado oyente, Él está disponible. Jesús quiere que usted acuda a Él.

Y aquí vamos a detenernos por hoy. Dios mediante, en nuestro próximo estudio, entraremos a considerar el capítulo 3, de esta epístola a los Hebreos. Le sugerimos iniciar la lectura de ese tercer capítulo para familiarizarse con los diversos aspectos que girarán alrededor del tema principal, Cristo es superior a Moisés.

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