Estudio bíblico de Hebreos 9:25-27

Hebreos 9:25-28

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por esta epístola a los Hebreos. Y nos encontramos en una parte de esta carta en la cual se está enfatizando que el nuevo santuario es mejor que el antiguo. En este sentido retrocederemos hasta el versículo 6, destacando además otros versículos, antes de llegar al pasaje específico del día de hoy. Dice el versículo 6:

"Así dispuestas estas cosas, en la primera parte del Tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto."

Dice aquí que los sacerdotes entraban en la primera parte del tabernáculo y lo hacían continuamente, nunca finalizaban su trabajo. Si por ejemplo venían hoy, tenían que volver mañana, y al día siguiente, y así sucesivamente. En nuestra opinión debe haber resultado monótono para un sacerdote realizar este ritual a través de los años. La misma repetición del ritual significaba que no era suficiente. Sin embargo, vamos a ver que Cristo fue una vez al lugar Santísimo; para Él fue necesario ir solamente una vez. Además, el ritual del tabernáculo nunca condujo al pueblo a la presencia de Dios porque sólo el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo. Pasemos pues, ahora, a los versículos 11 y 12, de este capítulo 9, de la epístola a los Hebreos:

"Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar santísimo, habiendo obtenido eterna redención."

El énfasis aquí es que Cristo entró una vez en el lugar santo y obtuvo una redención eterna. Los sacerdotes israelitas entraban continuamente, y sólo conseguían algo temporal. Esto coloca la autoridad e importancia sobre el sacrificio de Cristo, y nos recuerda que la vida de Cristo nunca salvó a nadie. Usted puede seguir sus enseñanzas y pensar que es salvo, pero, estimado oyente, Sus enseñanzas nunca salvaron a nadie. Fue la muerte de Cristo, fue Su redención lo que nos salva, Leamos entonces el versículo 13 de este capítulo 9 de la epístola a los Hebreos:

"Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los impuros, santifican para la purificación de la carne"

Aquí se mencionan "las cenizas de la becerra". Esta es una referencia a la ordenanza de la vaca rojiza en Números 19. La vaca era quemada completamente y sus cenizas llevadas fuera del campamento a un lugar limpio. Cuando un hombre quedaba ceremonialmente impuro (principalmente por tocar un cuerpo muerto) el sacerdote tomaba las cenizas, las mezclaba con agua, y rociaba al infractor. Este acto servía para purificarlo ceremonialmente para que pudiera ser restaurado al compañerismo con el resto del pueblo. Aquí destacamos que la vaca tenía un simbolismo particular. Se usaba una hembra, en vez de un macho. En la primera carta de Pedro capítulo 3, versículo 7 se nos dijo que la mujer era más frágil y delicada. Nuestra impureza proviene de nuestra debilidad. Somos débiles y Cristo descendió y experimentó físicamente, en el cuerpo, nuestra debilidad.

El texto nos dice que se usaba una vaca roja. Creemos que el color rojo nos habla del hecho de que Cristo se hizo pecado por nosotros, no de una manera intelectual: Él realmente se hizo pecado por nosotros. ¿Y cómo sabemos que el color rojo es el color del pecado? Isaías dijo en su primer capítulo, versículo 18: "Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana". Así que tenía que ser una vaca roja, que señalaba al hecho de que Él se hizo pecado por nosotros.

El animal no tenía que tener ningún defecto. Seguramente no podía representar a Cristo, a menos que fuera perfecto. Él es santo, inocente, puro y separado de los pecadores.

La vaca roja también tenía que ser un animal sobre el cual nunca se hubiera colocado un yugo. Este detalle simboliza el hecho de que, aunque Cristo se hizo pecado por nosotros, Él nunca estuvo sometido a la esclavitud del pecado.

La becerra debía ser conducida fuera del campamento, y allí era sacrificada en presencia del sumo sacerdote. En este detalle, vemos la figura de que el Señor Jesús es, a la vez, la ofrenda, y el Sumo Sacerdote. Él se ofreció a Sí mismo.

La sangre de la ofrenda era rociada por el sumo sacerdote ante el tabernáculo siete veces. Muchos piensan que en la Biblia el siete es el número de la perfección. Pero el significado principal de dicho número es que indica el carácter de algo completo. Aquí nos habla del hecho de que el sacrificio de Cristo fue una operación terminada. Así, un sacrificio se ocupó del pecado del creyente.

La totalidad del cadáver de la vaca debía ser quemado, una vez más, en presencia del sumo sacerdote. Es que Dios amó al mundo de tal manera que entregó a Su único Hijo, Jesús se entregó libremente a sí mismo, pero probablemente nosotros nunca hayamos pensado en la aflicción que se vivió en el cielo en el día en que Él murió.

El libro de Números también nos relata que ramas de cedro y de hisopo eran echadas al fuego en que se incineraba a la vaca. Este detalle nos resulta sugestivo. El primer libro de los Reyes, capítulo 4, versículo 33 dice que el rey Salomón "también disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared". Salomón conocía toda la gama de los árboles y de la vida vegetal, todo el reino de la naturaleza. Por lo tanto creemos que este detalle nos habla del hecho de que el Señor Jesucristo no sólo redimió a la humanidad, sino que también ha redimido a este mundo. Vivimos en un mundo maldecido por el pecado; el mundo gime sufriendo con dolores como de parto, pero será liberado. Algún día será redimido y el pecado será removido.

Un poco más adelante en este capítulo se nos dice que incluso el mismo cielo tuvo que ser purificado (como veremos en el versículo 23). Alguien podría extrañarse de que hubiera impureza en el cielo. Es que allí fue donde se originó el pecado, cuando Lucifer promovió una rebelión. En consecuencia, el sacrificio de Cristo fue adecuado y completo. Fue una operación terminada que abarcó a toda la creación de Dios que había sido afectada por el pecado.

Otro detalle fue que las cenizas de la vaca debían ser guardadas en un lugar limpio y después mezcladas con agua cuando fueran a ser utilizadas. Creemos que el agua nos habla de la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios la que revela el pecado en la vida del creyente.

El sacrificio de Cristo proveyó redención para el futuro, para su redención y mi redención. También proveyó redención para los pecados de aquellos que vivieron en los tiempos del Antiguo Testamento. Los creyentes del Antiguo Testamento fueron salvos por la fe. Abraham fue salvo por la fe. ¿Cómo? Él creyó en Dios y trajo un cordero. ¿Y fue aquel cordero adecuado? No; pero representó figurativa y anticipadamente a Cristo. Así que el sacrificio de Cristo se proyecta hacia el futuro y hacia el pasado. Continuemos leyendo el versículo 14 de este noveno capítulo de Hebreos:

"¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?"

Si la sangre de los animales pudo remover la impureza ceremonial, con toda seguridad, la sangre de Cristo sí puede remover la culpa del pecado. Después de todo, si la sangre de los toros y de los machos cabríos hubiera sido adecuada, Cristo nunca habría derramado Su sangre para llevar a cabo la obra apropiada.

Dice aquí en el versículo 14, "limpiará vuestras conciencias". La ordenanza de la vaca roja en Números 19 nos habla de la vida del creyente y del hecho de que como creyentes, usted y yo necesitamos una purificación constante. Dice la primera carta de Juan, capítulo 1, versículos 7 y 9: "7Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado. 9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad". Es que la sangre de Cristo purifica no el cuerpo sino la conciencia.

Es la conciencia de la persona la que necesita ser purificada. Y usted y yo no lo habremos logrado hasta que nos apropiemos de este sacrificio maravilloso de Cristo, reconociendo Su autoridad para perdonar y limpiarnos completamente del pecado. Fue la conciencia la que ha sido despertada por la Palabra de Dios, pero que también puede descansar en una salvación terminada. Figurativamente hablando, por la noche podemos apoyar nuestra cabeza sobre la almohada sabiendo que nuestros pecados son totalmente, completamente, plenamente perdonados. Podemos saber que tenemos la relación adecuada con Dios porque Cristo la ha hecho apropiada.

Con frecuencia encontramos a creyentes que expresan dudas en cuanto a su salvación, y le manifiestan al Señor que no están seguros de que hayan sido salvados. Creemos que Él les dice: "Ya os he perdonado. Si confiáis en mi Hijo, vuestros pecados son perdonados". Así que todos necesitamos apropiarnos de esa seguridad y descansar espiritualmente apoyándonos en Su Palabra.

El versículo 14 también dice "limpiará vuestras conciencias de obras muertas". Las obras muertas tienen que ver con las obras que usted realiza para salvarse. Es que, desde un punto de vista espiritual, estamos muertos en nuestras transgresiones y pecados, y todo lo que una persona muerta puede producir son obras muertas. Así que cualquier cosa que usted haga para tratar de obtener su salvación constituye una obra muerta.

Como las buenas obras nunca son una causa de salvación, sino que son un resultado de la salvación, el escritor continuó diciendo "limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo". La palabra servir implica realmente "adorar". Se trata de "adorar al Dios vivo". La adoración y el servicio van juntos. Usted no puede servir a Dios sin adorarle; y tampoco puede adorarle sin servirle. Cuando vemos hoy a un creyente perezoso, que no hace nada para Dios, no cuestionamos su salvación, pero sí ponemos en duda su adoración. ¿Adora esa persona realmente a Dios? Porque si usted, estimado oyente, se postra ante Él en adoración y alabanza, entonces usted se va a levantar y comenzará a hacer algo para Él. Ahora el versículo 23, de este capítulo 9, de la epístola a los Hebreos, dice:

"Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fueran purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos"

Como ya dijimos, estas cosas espirituales necesitaron purificación porque el pecado se originó en el cielo. La sangre de los toros y machos cabríos nunca ha sido derramada en el cielo, lo cual nos habría parecido crudo. Sin embargo, el hecho de que la sangre de Cristo esté en el cielo, no reviste ninguna crudeza. Y el versículo 24 dice:

"Porque no entró Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios."

El tabernáculo o tienda de la tierra fue solamente una figura, porque la realidad se encuentra en el cielo. Dice aquí que Cristo entró allí "para presentarse ahora por nosotros ante Dios", es decir, ante el mismo rostro de Dios. Cristo no ha entrado en un santuario construido por el hombre, sino en un santuario espiritual, pero real. Él murió en la tierra para salvarnos. Y Él vive en el cielo para mantenernos salvos. Dice el versículo 25 de este capítulo 9 de Hebreos:

"Y no entró para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar santísimo cada año con sangre ajena."

El sumo sacerdote entraba en el tabernáculo terrenal con sangre que no era la suya, y lo tenía que hacer con frecuencia. Continúa diciendo el versículo 26:

"De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los tiempos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado."

Aquí destacamos la frase "pero ahora, en la consumación de los tiempos". debería interpretarse como "el final de los tiempos, o de la época" Esta frase no se refiere a lo que algunas personas llaman "el fin del mundo". En realidad, la Biblia no enseña el fin del mundo; sí, enseña el final de esta época.

Continúa diciendo el versículo 26 "se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado". Cristo vino bajo la ley. Apareció al final de la época de la ley, e instituyó la nueva época, la época de la gracia. Y dice ahora el versículo 27 de Hebreos 9:

"Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio"

Aquí vemos que la muerte está incluida en la serie de acontecimientos de los seres humanos. Para la persona que no ha sido salvada, después de la muerte sólo se encuentra el juicio. Estimado oyente, si la muerte de Cristo no le salva, en su futuro no habrá nada más que juicio.

La muerte no ha sido asignada a todas las personas y por ello deberíamos dar gracias a Dios. Está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, pero algunos no van a morir. A veces oímos hablar a personas de avanzada edad, de cómo desean morir y estar en la presencia del Señor. Estimado oyente, yo no sé qué pensará usted, pero a mí no me importaría esperar. No tengo ninguna prisa en morir. ¡Y espero poder vivir hasta que el Señor venga! No sé si sucederá así, pero a mí me agradaría que ocurriera de esa manera. Un poeta lo expresó de la siguiente forma: "¡Qué alegría, qué deleite!, partir de esta tierra sin morir, sin enfermedad, sin tristeza, sin terror y sin lágrimas, arrebatados a través de las nubes con el Señor hacia la gloria, cuando Jesús reciba a "los Suyos". ¡Oh Señor Jesús!, ¿por cuánto tiempo cantaremos la alegre canción "Cristo viene"?" Continuemos leyendo el versículo 28, último versículo de este capítulo 9 de Hebreos:

"Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan."

Este versículo no se refiere al momento en que Cristo recoja a Su iglesia, sino a Su venida como soberano para juzgar a la tierra. Sin embargo, los creyentes no serán sometidos a juicio. Cuando Él venga por segunda vez no será para arreglar el problema del pecado. La próxima vez Él no va a venir para caminar alrededor del Mar de Galilea o por las calles de Jerusalén para ver qué harán los hombres frente a Su sacrificio. Cristo vendrá para juzgar.

Por lo tanto, estimado oyente, hoy podemos plantearlo sencillamente de la siguiente manera: sólo hay dos lugares donde se puede encontrar su pecado: sobre usted o sobre Cristo. Si usted no ha aceptado el sacrificio de Cristo, si usted no ha confiado en Él como su Redentor, si no le reconoce ninguna autoridad sobre usted, entonces en su futuro personal sólo quedará el juicio del gran Trono Blanco. Nadie que aparezca ante ese juicio, va a salvarse. Pero a cada uno se le dará una oportunidad justa de presentar sus obras y descubrir que Dios tuvo razón desde el principio. Dios siempre está en la posición correcta. Así que, en conclusión, si hoy su pecado se encuentra sobre usted, o sea que continúa siendo una carga que usted lleva, no hay ningún medio humano por el cual usted pueda removerlo. Sólo la obra de Cristo en la cruz puede liberarlo de esa carga.

Como termina diciendo este versículo 28, cuando Cristo venga la próxima vez, será "sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan". Es decir, en ese momento Él completará la salvación. Nuestra salvación opera en tres tiempos: He sido salvo, (tiempo pasado), estoy siendo salvado, (tiempo presente) y seré salvo (tiempo futuro). Recordemos lo que escribió el apóstol Juan en su primera carta, capítulo 3, versículo 2: "2Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es". Ahora bien, aquel va a ser un gran día para cada uno de los creyentes. Así que controlemos nuestro disgusto o descontento con la forma de ser de otros cristianos, y seamos tolerantes los unos con los otros. Porque Dios aún no ha terminado Su obra en cada uno.

Alguien dijo que todos los cristianos debían llevar escrita en sus espaldas la siguiente leyenda: "Esto no es lo mejor que la gracia de Dios puede hacer". Dios no ha finalizado su tarea de transformación en cada uno de nosotros. Y deberíamos darle gracias por ello. Cristo Jesús va a aparecer por segunda vez, ya no para cargar con pecado alguno, sino para traernos salvación y liberarnos. Pero, estimado oyente, Él no vendrá para solucionar el problema del pecado en aquel que no le ha aceptado. Para esa persona, Él va a venir como juez. Y aquí debemos interrumpir por hoy, estimado oyente, le esperamos en nuestro próximo programa para compartir juntos este recorrido por esta interesante carta del Nuevo Testamento.

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