Estudio bíblico de Hebreos 11:35-40

Hebreos 11:35-40

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la epístola a los Hebreos. Y opinamos que hemos llegado ahora, a un punto culminante del capítulo 11 de esta epístola, porque hemos podido apreciar una fe que ha actuado, que ha funcionado en la vida de hombres y mujeres de todas las edades, bajo todas las circunstancias, bajo todas las condiciones, y hemos podido ver las maravillosas historias de personajes de la Biblia, comprometidos en toda clase de luchas, guerras y batallas. En nuestro programa anterior comenzamos, en el versículo 32, el párrafo titulado "La fe de los otros". En este párrafo, veremos las experiencias de fe de personajes famosos y de las de otros, totalmente anónimos, que fueron conocidos únicamente por Dios, y que pasaron en su vida por sufrimientos insoportables humanamente hablando.

En el versículo 35, podemos apreciar la amplitud de la fe. La fe ha penetrado, así, en todas las áreas de la vida. Leamos entonces este versículo 35 del capítulo 11 de Hebreos:

"Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos; pero otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección."

El versículo 35, comienza diciendo: "Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos". Recordemos a la viuda de Sarepta, cuyo hijo, el profeta Elías, que estaba alojado en su casa, hizo volver de los muertos (como podemos ver en 1 Reyes 17:17-24). El resto del versículo dice: "pero otros fueron torturados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección". En otras palabras, el escritor de esta carta estaba hablando de mártires. Continuemos leyendo los versículos 36 al 38:

"Otros experimentaron la prueba de burlas, azotes y, a más de esto, prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada. Anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados. Estos hombres, de los cuales el mundo no era digno, anduvieron errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra."

Aquí tenemos a otro grupo de personas. No obtuvieron grandes victorias en el campo de batalla. Ellos no se movieron triunfantes en el ruedo de la vida, ante grandes públicos ni realizaron grandes hazañas para Dios. Éstos fueron los "otros". Fueron los que, si queremos identificar héroes, fueron verdaderamente los héroes de Dios. Se enfrentaron con pruebas, burlas, sesiones de azotes, cadenas y la cárcel. Fueron apedreados, aserrados por la mitad. El historiador Jerónimo insistió que fue el profeta Isaías el que fue aserrado pero, por supuesto, esta es sólo una tradición. No sabemos quienes sufrieron esa muerte cruel y terrible. Y otros fueron puestos a prueba, torturados y muertos a espada.

Ahora, quisiéramos destacar un contraste. En los versículos 33 y 34, cuando estábamos hablando sobre las victorias que fueron ganadas, y dicen que "conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada". Ellos escaparon a las heridas de espadas, pero en el versículo 37 los otros fueron "muertos a filo de espada". Ahora, ¿cómo explicamos esto? Un grupo por la fe escapó del filo de la espada, y otro grupo, por la fe fueron muertos por la espada. Aquí hemos llegado a una pregunta que aún constituye para nosotros un tema muy difícil. ¿Por qué sufren los justos?

Sabemos que si uno está gozando de buena salud puede decir rápidamente a otros: "Bueno, Dios los está probando". Sin embargo, aquellas personas pasaron por todos estos sufrimientos por la fe. Ellos no miraron a estas circunstancias como si estuvieran siendo probados. Las soportaron porque lo hicieron por la fe. Pudieron confiar en Dios cuando sus días eran realmente oscuros, cuando lo noche era larga, el sufrimiento muy grande, y cuando para ellos no había ninguna posibilidad de liberación.

Otros fueron torturados, otros muertos a filo de espada. Es hermoso poder levantarse y citar un versículo de las Escrituras, como el Salmo 34, versículo 7, que dice: "El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende". O citar también el versículo 17 de este Salmo, que dice: "Claman los justos, y el Señor oye y los libra de todas sus angustias". Estas son hermosas promesas, y el Señor las cumple. Pero, ¿qué diremos de los "otros", los otros que no escaparon a las heridas de las espadas? ¿Y qué de los que sufrieron? Esteban pudo mirar a los dirigentes religiosos de su tiempo y decir: "¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres?" (Hechos 7:52). Los profetas nunca tuvieron una vida fácil. Esteban mismo fue el primer mártir de la fe cristiana. Y antes de que lo apedrearan hasta la muerte pude decirles, como vemos en Los Hechos capítulo 7, versículo 52: "Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, a quien vosotros ahora habéis entregado y matado". Cuando el Señor Jesucristo llamó a Saulo de Tarso, aquel brillante joven fariseo, dijo de él: "Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre". (Hechos 9:16) Y el Señor Jesucristo mismo lo ha dejado muy claro para nosotros, en Juan 16:33, cuando dijo: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". Finalmente, cuando Pablo y Bernabé salieron en uno de sus viajes misioneros, se dice de ellos que fueron "22confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos a que permanecieran en la fe y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios". (Hechos 14:22)

Estimado oyente, hay muchas personas que han demostrado su fe ganando batallas, y siendo liberados; pero hay otros, multitudes de ellos, que han sufrido por su fe. A través de la larga historia de la iglesia se han destacado los Valdenses, los Albigenses, los Hugonotes, y muchos otros.

En este mismo momento hay literalmente miles de héroes de la fe que yacen en el lecho de enfermedad sufriendo grandes dolores y molestias. Es hermoso leer en cuanto a salir al escenario de la vida y obtener una gran victoria. Es hermoso poder informar que alguien ha sido sanado. Pero ¿qué diremos de aquellos que están sufriendo? ¿Y qué diremos de los misioneros desconocidos allá en el campo de misión que están sufriendo por causa de Jesús? ¿Y de los que sirven al Señor de muy diversas maneras, al mismo tiempo que soportan grandes sufrimientos?

Quisiéramos compartir con usted algo que aprendimos recientemente y que nos ilustra esta situación. El apóstol Pedro, en su primera epístola, capítulo 4, versículos 12 y 13, escribió lo siguiente: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese. Al contrario, gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría". Y el apóstol Pablo, escribiendo su epístola a los Colosenses dijo en el capítulo 1, versículo 24: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia". Al leer esto, uno se hace la siguiente pregunta: ¿Cómo podía Pablo completar los sufrimientos de Cristo? ¿Acaso no fue la muerte de Cristo y Su resurrección por nosotros una obra completa, perfecta? Por cierto que lo fue, estimado oyente, pero hubo ciertos sufrimientos que el Señor Jesucristo experimentó en su vida en la tierra que no fueron sufrimientos redentores. Los sufrimientos redentores tuvieron lugar en la cruz -ninguno de nosotros puede añadir nada a ellos. Pero usted y yo, si vamos adoptar una posición a favor de Él, vamos a tener que pagar un precio por ello. Algunos de nosotros quizás tengamos que sufrir solamente un poco.

Muchos de nuestros oyentes han sabido de la enfermedad del cáncer que el autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, tuvo que sufrir durante su vida. Debido a su ministerio por la radio él tuvo la oportunidad de visitar muchos lugares y había prometido dar toda la gloria al Señor si Él le sanaba, conforme el deseo de su corazón. Conocedores de esta enfermedad, muchos de los oyentes del programa "A Través de la Biblia", le enviaron cartas personales afirmando que ellos también sufrían de esta enfermedad que para ellos parecía incurable. Por supuesto, a pedido de estos enfermos, se hizo oración insistente por la sanidad de ellos. Sin embargo, frecuentemente solía recibir noticias de un ser querido informándole que uno de estos enfermos creyentes había partido para estar con el Señor. Más tarde, otra señora escribió diciendo que su esposo falleció debido al cáncer, después de haber sufrido mucho en su vida. Y así fue que el profesor McGee tuvo que examinar este problema desde otro punto de vista. Dios no siempre restaura un enfermo a la salud. Mientras algunos son sanados, hay miles hoy que se encuentran en los hospitales, hay miles que yacen en sus lechos de dolor.

Y, ¿usted sabe lo que el Señor hace a veces después de habernos sanado? Permite que contraigamos otra enfermedad. Es como si Él nos dijera: "Yo te voy a dar otra espina en tu cuerpo, para que cierres tu boca, porque estás hablando demasiado, te estás jactando por la forma en que he actuado a favor tuyo. Pero quiero que recuerdes que no siempre sano a todos los enfermos. Los que realmente sufren son los creyentes con un gran nivel de santidad. Ellos son los que saben verdaderamente lo que es la fe. Tú no sabes lo que es confiar en mí en momentos de dolor". Y, estimado oyente, a veces Él nos coloca en nuestro lecho de dolor y permite que suframos como nunca hayamos sufrido hasta ese momento. Y a veces, no es sólo una enfermedad, sino que podemos sufrir dos o tres. Llegamos a pensar entonces, que el Señor está en contra nuestra. Y el Señor, muchas veces nos habla de forma muy directa y particular y dirige nuestra atención hacia pasajes de las Escrituras como este capítulo 11 de la epístola a los Hebreos, por ejemplo, en los cuales leemos acerca de "otros", los otros que fueron muertos por la espada, los otros que sufrieron, y que pasaron por esas dolorosas experiencias por fe.

Estimado oyente, si usted puede levantarse y dar su testimonio para contar cómo Dios le ha sanado, o si puede contar también el éxito que ha tenido en sus negocios, quisiéramos recordarle que hay multitudes de cristianos que viven en santidad, y que están sufriendo. Ellos están pagando un precio muy alto. ¿Y sabe usted cómo consiguen hacerlo? Lo están llevando a cabo por fe. Tienen mucha más fe que nosotros y creemos que son creyentes que se encuentran en un buen nivel de santidad, y que están realizando una gran obra para Dios, ocultos en lugares alejados de la vista del público y sufriendo por su fe.

El escritor a los Hebreos estaba hablando de un gran grupo de personas que vivieron por fe. Él los llamó simplemente "los otros". Y nos agrada que se los califique de esta manera. No queremos olvidarnos de "los otros" que están hoy viviendo por fe, y muriendo por fe. Para muchos de ellos, el sufrimiento ya ha terminado y se encuentran en la presencia del Señor, y nunca jamás tendrán que morir otra vez. Este pasaje Bíblico significa para nosotros algo que nunca había significado antes, y esperamos, estimado oyente, que también para usted signifique algo nuevo. Continuemos leyendo el versículo 39 de este capítulo 11 de Hebreos:

"Pero ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, recibió lo prometido"

¿Cuál fue la promesa que ellos no recibieron? Dios dio muchas promesas, y muchas de ellos recibieron las promesas que Él les había hecho. Pero la promesa es Su promesa de que Él les resucitará y de que habrá un reino establecido aquí en la tierra. Ellos aún no han recibido esa promesa, porque Dios está todavía llamando a un pueblo que invoque Su nombre y, como dice aquí en Hebreos 2:10, "está llevando muchos hijos a la gloria". Pero como dijo también el apóstol, "39ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, recibió lo prometido". Y a continuación se nos explicó el motivo para ello. Leamos el versículo 40:

"Porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros, para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros."

Aquí vemos que Dios pensó en nosotros. ¿No nos demostró con ello Su gracia? Dice el versículo "para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros". Dios está pacientemente llamando a personas de este mundo alrededor de Su Nombre, y ese grupo de personas forma la iglesia. Y hasta que esa iglesia se complete, Él simplemente las continúa llamando.

En este capítulo hemos visto el mundo y la obra de la fe. Hay personas que opinan que la fe es algo que no se ha probado; que la fe es algo de lo cual uno no puede estar verdaderamente seguro, que es algo que realmente no se apoya sobre un fundamento. Estimado oyente, aquí tenemos una gran multitud de testigos. Muchos de ellos vivieron largas vidas, vivieron por la fe. Ellos descubrieron en la fe una realidad que funcionaba en sus propias vidas.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, contó que cuando era invitado a predicar, dejó de presentar mensajes apologéticos, es decir, mensajes de defensa de la Biblia, probando que es la Palabra de Dios. Y entonces se limitó a predicar la Palabra de Dios, y a permitir que el Espíritu actúe por medio de esa Palabra en las personas. Desde que adoptó esa modalidad, comenzó a recibir cartas de oyentes expresando cómo su fe había sido fortalecida. El profesor se alegró de recibir tantas cartas, y de que tantas personas hubieran descubierto lo maravillosa que era la fe, y que la fe realmente funcionaba en la vida diaria. Él lo sabía, por su propia experiencia personal y se alegraba de que tantas personas hubieran llegado a la misma conclusión.

Cuando el hombre construyó el aeroplano y lo hizo volar, había quienes decían que no podían creerlo, que no podían creer lo que sus ojos veían. Y lo mismo sucedió con muchos de los avances y logros de nuestra época, que a primera vista, nos parecen casi increíbles, aunque los veamos con nuestros propios ojos. De la misma manera, hay hoy muchas personas que sufren de ceguera espiritual y cuando oyen hablar de las obras que Dios puede hacer, piden que alguien les pruebe la veracidad de lo que oyen. Estimado oyente, si usted es una persona sincera y está dispuesta a abandonar el pecado en su vida, y volverse al Señor Jesucristo y confiar en Él como su Salvador personal, entonces me agradaría conversar con usted dentro de tres años, porque nadie tendrá que probarle a usted nada ni demostrarle a usted una afirmación Bíblica con argumentos ajenos a su propia realidad. Usted mismo sabrá que la fe funciona, porque habrá comprobado esa verdad en su experiencia personal, en los problemas y dificultades de la vida diaria. No hay mejor comprobación de una verdad Bíblica que el verla operar en la vida misma.

Hay multitudes de cristianos por todo el mundo que estarían de acuerdo con esta conclusión. A través de las más variadas circunstancias, incluyendo dificultades económicas, problemas laborales, distanciamientos familiares o entre amigos, enfermedades propias o de seres queridos, en fin, a través de todas las experiencias de la vida, muchos seguidores de Cristo han comprobado que Dios actúa, y que la fe, la confianza en Dios, funciona, que es real, que es genuina. Estimado oyente, esperamos que estos ejemplos humanos sobre la forma en que Dios valoró la fe de sus mensajeros, nos trasladen del ámbito de la imaginación o la fantasía y nos introduzcan en el ámbito de la realidad. Es cierto que el calendario nuestro no está fijado necesariamente en conformidad con el calendario divino, pero a su debido tiempo, en el momento en que Dios lo considera oportuno y beneficioso para nosotros, Él actúa y responde a nuestra oración. Y su respuesta puede o no coincidir con nuestros deseos. Pero, estimado oyente, esa respuesta será lo mejor que nos podría ocurrir, y al comprender esto, nuestra fe resultará reforzada, porque aprenderemos la lección de que muchas veces consideramos a algo, o a alguien, como lo mejor para nosotros. Y entonces, Dios se complace en demostrarnos que Él tiene algo mucho mejor.

Los discípulos le dijeron en una ocasión al Señor "Señor, auméntanos la fe". Que éste sea también hoy nuestro ruego. La fe de aquellos héroes, tanto la de los famosos, de los más conocidos en las páginas de la Biblia, así como la de aquellos que fueron denominados anónimamente como "los otros", se reforzó cuando aprendieron a ver la realidad de este mundo, y la dimensión de todos las cosas, de la misma forma en que Dios las ve.

Bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa con este estudio y recorrido intensivo por la epístola a los Hebreos, y esperamos contar nuevamente con su compañía al comenzar el capítulo 12, cuya lectura anticipada le recomendamos, para que esté así más familiarizado con su contenido.

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