Estudio bíblico: Jehová da dominio al rey - Salmo 110:1-7

Serie:   Los Salmos   

Autor:   Esteban Rodemann   Email:   esterodemann@gmail.com
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Jehová da dominio al rey - Salmos 110:1-7

En el Salmo 110 el rey David reflexiona sobre el lugar de honor que Dios dará a Cristo por haber entregado su vida. También medita sobre la predicación del evangelio que surge de esa obra y que atrae a algunos corazones a la fe, aunque por otro lado, considera que sigue habiendo enemigos, aunque estos también serán finalmente vencidos en la próxima venida de Cristo a la tierra en gloria.

El Salmo 110 y la multiforme gracia de Dios

(Salmo 110:1-7) "Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud. Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras. Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará la cabeza."

Introducción

El Salmo 110 es el texto del Antiguo Testamento que ma?s veces se cita en el Nuevo (unas 30 veces, entre citas directas y alusiones).
La insistencia con que el Sen?or Jesucristo y los apo?stoles vuelven a esta porcio?n de las Escrituras resalta la importancia que tiene para la experiencia cristiana. El Salmo 110 es un cofre que aporta tesoros al que consigue aclarar sus misterios. Como dice Jesu?s, "el que busca halla", y el creyente del siglo XXI que escudrin?a en este salmo puede encontrar ayuda para echar mano de Cristo como sustento diario, poderoso y eficaz.
El salmo es una meditacio?n de David sobre el relato de Ge?nesis donde Abraham ofrece su hijo Isaac en sacrificio a Dios. David se da cuenta de que el juramento divino de entonces encierra grandes promesas para toda la descendencia espiritual del patriarca. La experiencia de Abraham apunta a Cristo y co?mo ejerce desde el cielo como sacerdote-rey, suministrando gracia a los suyos hasta completar la obra de redencio?n. Es una respuesta a la fatiga espiritual, un ba?lsamo para el dolor existencial, una luz en medio de las tinieblas que a veces envuelven el alma del hijo o la hija de Dios.
Es un salmo breve pero extraordinario. El Sen?or Jesucristo afirma que es del rey David (Mt. 22:43), el "dulce cantor de Israel" que anhelaba la llegada de Cristo, cual lluvia y sol dando vida a la tierra (2 S 23:1-7). Si en otros salmos David interpreta sus propias vivencias en clave mesia?nica, vie?ndolas como anticipo de lo que seri?a la experiencia de Cristo, en este salmo se dirige directamente a Mesi?as. Siendo poesi?a, las palabras vienen cargadas de un significado a veces difi?cil de descifrar. Hay alusiones que a primera vista parecen oscuras. Hay frases enigma?ticas. Bien deci?a Agusti?n de Hipona que este es un salmo "parco en palabras pero grandioso en el pensamiento".
El Salmo 110 informa el argumento de la epi?stola de Hebreos, una carta dirigida a cristianos con una vivencia espiritual poco profunda y por tanto cansados de las luchas que supone el caminar cristiano. Son personas que llevan tiempo en la fe, pero tienen "las manos cai?das y las rodillas paralizadas". Las dificultades de la vida han apagado el entusiasmo inicial con que abrazaron el evangelio. Necesitan el mensaje de un Jesucristo que ayuda activamente desde el cielo, para que se decanten por volver repetidamente a e?l y no tirar la toalla. Necesitan saber que Cristo puede renovar su experiencia de la misericordia de Dios e impartir fuerzas suficientes para los combates de cada di?a. Necesitan motivos para no desapuntarse de la fe. Necesitan el mensaje del Salmo 110.
El salmo aborda todos los aspectos del evangelio. Ilumina doce facetas de "la multiforme gracia de Dios", doce principios espirituales que constituyen la plenitud del mensaje cristiano. Partiendo de la primera promesa de (Gn 3:15), los distintos aspectos de la buena nueva se plasman en la experiencia de Abraham y se regulan en la vida nacional de Israel. Jesucristo los recupera de las deformaciones de escribas y fariseos. Despue?s del di?a de Pentecoste?s, los apo?stoles aplican los doce principios a la nueva situacio?n creada despue?s de la cruz, la resurreccio?n y la venida del Espi?ritu. Los doce aspectos del evangelio son binomios: hay algo que Dios promete y algo con que el hombre debe responder. Las Doce Grandes Verdades se podri?an resumir de la siguiente manera:
1. Promesa y fe
Alguien vendra? para solucionar el problema del mal. Sera? un Redentor poderoso y triunfante, pero sufrira? una herida para lograr la victoria. El hombre debe confiar en esta promesa.
2. Afliccio?n y paciencia
El desenlace completo del plan de Dios tardara? un tiempo, asi? que el hombre debe perseverar, creyendo la promesa en medio de un mundo lleno de dificultades.
3. Sen?ori?o y obediencia
Al ser lo bastante fuerte para vencer el mal, y dando su vida para conseguirlo, el Redentor merece toda nuestra obediencia y lealtad. Debemos reconocerle como Sen?or de nuestra vida.
4. Sustento y dependencia
El Sen?or dara? ayuda para que sigamos adelante en un mundo cai?do, a pesar de llevar residuos del mal tambie?n en nuestro corazo?n. Hay que volver a Cristo una y otra vez, depender completamente de e?l.
5. Conflicto y valenti?a
La descendencia de la serpiente sigue presente en el mundo. Habra? una enemistad permanente entre los hijos de luz y los hijos de tinieblas. El creyente debe pelear la buena batalla de la fe con valor.
6. Consumacio?n y bu?squeda
El reino de Dios llegara? en toda gloria, y todo estara? bien para los hijos de Dios. El creyente debe buscar primeramente el reino de Dios y su justicia.
7. Justificacio?n y nuevo comienzo
La justificacio?n por la fe en Cristo va emparejada con la regeneracio?n, para dar el fruto de un nuevo estilo de vida. Hay que andar conforme al Espi?ritu, no conforme a la carne.
8. Ritual y mirada a Cristo
Dios ordena rituales para dirigir la mirada de los creyentes hacia Jesucristo. Los sacrificios y la circuncisio?n, por ejemplo, no son eficaces por si? solos pero u?tiles si miramos a Cristo a trave?s de ellos.
9. Transformacio?n y amor
La regeneracio?n inicia un proceso de cambio en el creyente, cuya manifestacio?n principal es el amor a Dios y el amor al pro?jimo. Hay que crecer en la experiencia y la pra?ctica del amor.
10. Servicio y mensaje
Cristo vino a servir, y la vida de Cristo en el creyente se manifiesta en el servicio a los dema?s. Proclamamos el evangelio a los que esta?n fuera y procuramos la formacio?n de los que esta?n dentro.
11. Sufrimiento y fruto
Seguir a Cristo en este mundo cai?do necesariamente conlleva sufrimiento. Las aflicciones nos hacen aptos para el reino de Dios y multiplican el fruto de nuestra vida. Hay que encajar el sufrimiento confiando en los propo?sitos del Sen?or.
12. Muerte y gloria
Cuando la fe del creyente madura hasta el punto de decir "para mi? el morir es Cristo, y el morir es ganancia", este desprendimiento de si? mismo es lo que ma?s gloria da al Sen?or, porque refleja el espi?ritu del Redentor.

Trasfondo del Salmo 110

El autor de la epi?stola de Hebreos dedica gran parte de su argumento al ministerio de Jesucristo como sumo sacerdote. Despue?s de afirmar que Cristo ha sido perfeccionado por el padecimiento, llegando a ser autor de eterna salvacio?n para todos los suyos (He 5:8-9), el autor plantea una semejanza entre Jesucristo y el sacerdote-rey del antiguo pueblo de Salem (He 5.6,10). Como aquel Melquisedec, Jesu?s ahora ostenta un sacerdocio permanente, desde el trono celestial que comparte con el Padre.
El autor de Hebreos lamenta que este aspecto de la obra de Cristo se entienda tan poco (He 5:11-14) y se dedica a la plena explicacio?n de ello. El punto de partida es el juramento que el Sen?or hace a Abraham despue?s del sacrificio de Isaac (He 6:13-14) con (Gn 22:16-18). Este juramento reporta sustento, un "forti?simo consuelo", (He 6:18) al creyente porque lo vincula con un Sen?or resucitado, que ministra activamente a favor de los suyos en la presencia de Dios ("dentro del velo"). El consuelo referido se fundamenta en la certeza de que Dios cumplira? lo que un di?a prometio? a Abraham y confirmo? con el juramento. El juramento al patriarca da seguridad al creyente de hoy, sirviendo de "ancla del alma" en medio de todas las vicisitudes de la vida terrenal (El ancla aparece repetidamente en las inscripciones de las catacumbas, como uno de los signos ma?s apreciados entre los creyentes primitivos).
El autor afirma que el Sen?or Jesucristo ejerce un ministerio constante y eficaz en el cielo a favor de los creyentes porque fue "hecho sumo sacerdote para siempre segu?n el orden de Melquisedec" (He 6:19-20). La referencia al sacerdocio de Melquisedec se basa en dos pasajes del Antiguo Testamento: el relato sobre Melquisedec en (Gn 14:17-24) y la declaracio?n de (Sal 110), de que Cristo seri?a un sacerdote parecido a aquel sacerdote-rey que ministro? a Abraham:
(Sal 110:4) "Juro? Jehova?, y no se arrepentira?: Tu? eres sacerdote para siempre segu?n el orden de Melquisedec."
David no se refiere en este salmo a un juramento nuevo, como algo pronunciado por el Sen?or en un vaci?o y luego transmitido al poeta por revelacio?n especial. Se refiere especi?ficamente al juramento hecho a Abraham en Ge?nesis 22. El salmo recoge la meditacio?n de David sobre distintos aspectos del suceso que ocurre en el monte de Moriah y arroja luz sobre cada detalle del terrible drama del sacrificio de Isaac. Jesu?s dice que en este salmo David habla "en el Espi?ritu" (Mt 22:43).
Las palabras del juramento vienen despue?s de que Abraham se dispone a obedecer al Sen?or matando a su propio hijo amado como sacrificio. El a?ngel le detiene la mano diciendo "ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu u?nico" (Gn 22:12). Algo ha madurado en Abraham desde su justificacio?n por la fe (Gn 15:6). Varios an?os han pasado en el intervalo entre Ge?nesis 15 y Ge?nesis 22. Su fe se ha perfeccionado y ha llegado a su plenitud (Stg 2:21-23). La manifestacio?n de ello es que Abraham ahora esta? dispuesto a perder lo que ma?s ama, por un mayor amor a Cristo. Jesu?s luego diri?a que este "aborrecer la propia vida" es la marca del disci?pulo verdadero (Lc 14:26). Es la actitud del apo?stol Pablo en su madurez:
(Fil 3:8) "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pe?rdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesu?s, mi Sen?or, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo."
Cuando el Sen?or le detiene la mano, Abraham observa un carnero con los cuernos trabados en un zarzal. Al comprobar que el Sen?or no quiere la muerte de Isaac, Abraham ofrece el carnero en vez de su hijo. El animal muere para que no muera Isaac, con toda la descendencia venidera de Abraham potencialmente en sus lomos. El carnero sirve de sustituto por todo el futuro pueblo de Dios. Con la provisio?n del carnero, Abraham exclama que, habiendo provisto el sustituto adecuado, Dios seguramente proveera? todo lo dema?s para todo su pueblo. "En el monte de Jehova? sera? provisto" (Gn 22:14). O como luego diri?a el apo?stol Pablo: "El que no escatimo? ni a su propio Hijo, sino que lo entrego? por todos nosotros, ¿co?mo no nos dara? tambie?n con e?l todas las cosas?" (Ro 8:32).
Luego el Sen?or le habla por segunda vez, diciendo que ahora se compromete con Abraham (y con su descendencia) de una manera especialmente solemne: "he jurado por mi? mismo" (Gn 22:16). Hay una doble confirmacio?n de lo que Dios ha pensado llevar a cabo en un di?a futuro: la promesa en si? (que el Sen?or ya habi?a anticipado a Abraham en varias ocasiones) y el juramento formal. La palabra del Sen?or no puede fallar, sobre todo si e?l tambie?n se obliga con juramento, en las siguientes palabras:
(Gn 22:17) "De cierto te bendecire?, y multiplicare? tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que esta? a la orilla del mar; y tu descendencia poseera? las puertas de sus enemigos."
El juramento de Dios a Abraham conlleva dos elementos claves: 1) se multiplicari?a el nu?mero de los redimidos, y 2) todos ellos llegari?an a superar todos los estragos del mal (bajo la figura de la toma de las puertas de ciudades otrora inexpugnables, donde han mandado los poderosos de este mundo). Para que se cumplan estas dos bendiciones (multiplicacio?n nume?rica y superacio?n espiritual), hari?a falta un suministro constante de la gracia divina, tanto para completar el nu?mero de los redimidos como para perfeccionar la obra de gracia en cada uno de ellos. David entiende que esto requeriri?a una suerte de sacerdocio permanente, para que el juramento se pudiera cumplir. Tendri?a que haber un sacerdote que siempre estuviera en funciones, alguien como Melquisedec (cuya muerte no figura en el relato de Ge?nesis y por tanto sigue siempre presente como sacerdote, en el sentido literario.)
David comprende que se trata del Redentor prometido desde (Gn 3:15). Tambie?n entiende que adema?s de sacerdote, el Redentor tendri?a que ostentar una autoridad regia, como aquel descendiente que el Sen?or le habi?a prometido a e?l, que reinari?a para siempre sobre su trono. La promesa a David, como la promesa hecha a Abraham, se ha confirmado con un juramento (2 S 7:12) (Sal 89:35). El Redentor seri?a sacerdote para ministrar gracia al pueblo y seri?a rey para someter a los rebeldes: sujetando la voluntad de los que oyeran el evangelio y creyeran (an?adiendo almas al nu?mero de los redimidos), erradicando los vestigios del mal en la vida de los creyentes (perfeccionando la buena obra en cada uno de ellos), y sojuzgando forzosamente a los enemigos restantes en todo el mundo.
El Redentor tendri?a que ser sacerdote y rey al mismo tiempo. David, meditando en todo esto, se da cuenta de que Melquisedec, el antiguo sacerdote-rey de Salem, es el ejemplo perfecto. Melquisedec debi?a ser el prototipo del Redentor.
Aunque el salmo habla claramente del triunfo del sacerdote-rey sobre todos sus enemigos, el trasfondo del juramento a Abraham recuerda que el desarrollo del plan de Dios tomari?a su tiempo (para que se convirtieran todos los que se teni?an que convertir y para que se santificaran plenamente todos los convertidos). Esto sugiere una secuencia temporal en el pensamiento, que sirve de telo?n de fondo al salmo.
La imposicio?n de la autoridad del sacerdote-rey sobre sus enemigos avanza por etapas: primero asciende al cielo despue?s de realizar el gran sacrificio vicario (Sal 110:1); luego envi?a el mensaje respecto al sacrificio, y esta buena noticia sujeta el corazo?n de algunos (Sal 110:2); ma?s adelante, cuando el sacerdote-rey viene en gloria para reinar en tierra, se le presenta todo un eje?rcito de redimidos, santificados a trave?s de su mediacio?n sacerdotal a favor de ellos (Sal 110:3-4); al final, todos los enemigos en la tierra acaban derrotados (Sal 110:5-6) (1 Co 15:25). El versi?culo 7, como colofo?n, explica la dina?mica espiritual que capacita al sacerdote-rey para terminar toda la obra de principio al fin.

Ana?lisis del Salmo 110

(Sal 110:1) "Jehova? dijo a mi Sen?or: Sie?ntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estado de tus pies."
En las primeras lineas del salmo aparecen dos personajes: Jehova? por un lado y "mi Sen?or" por otro. Jesu?s aclara que la frase "mi Sen?or" se refiere al Mesi?as, o sea, a e?l mismo (Mt. 22:43-45). Sugiere la doctrina de la Trinidad, con un Dios Padre que concibe la obra de la salvacio?n y un Dios Hijo que obedece al Padre viniendo a la tierra para dar su vida como sustituto. El mismo Padre que envi?a al Hijo promete sostenerlo en el camino hasta que haya terminado toda la obra. David volvera? al tema del apoyo divino en el u?ltimo versi?culo del salmo (Sal 110:7).
(Is 42:1,4,6) "Yo le sostendre?... no se cansara? ni desmayara?, hasta que establezca en la tierra justicia... Yo Jehova? te he llamado en justicia, y te sostendre? por la mano...
(Is 49:8) "En tiempo aceptable te oi?, y en el di?a de salvacio?n te ayude?..."
(Is 50:7-9) "Porque Jehova? el Sen?or me ayudara?, por tanto no me avergonce?... cercano esta? de mi? el que me salva... he aqui? que Jehova? el Sen?or me ayudara?..."
El primer versi?culo del salmo tambie?n da pie a la doctrina de la inspiracio?n de las Escrituras. Jesu?s destaca la importancia del adjetivo "mi" en la frase "mi Sen?or" ("Si David le llama Sen?or, ¿co?mo es su hijo?", (Mt 22:45). En el hebreo original, la u?nica diferencia entre las palabras "Sen?or" (‘adon) y "mi Sen?or" (‘adoniy) es el sufijo, la letra hebrea ma?s diminuta, la yodh. Jesu?s afirma que adema?s de las palabras, hasta las letras ma?s pequen?as de las Escrituras son inspiradas por Dios. La inspiracio?n no se limita a conceptos sino se trata de las palabras e incluso de las letras.
En la primera profeci?a de todas, dada por el Sen?or en el huerto de Ede?n (Gn 3:15), Dios afirma que un Redentor venidero dari?a un golpe de gracia a la serpiente. Hablando a la serpiente, el Sen?or dice (respecto al Redentor): "e?l te herira? en la cabeza". Este anuncio supondri?a la vuelta atra?s de todos los estragos del pecado. Cristo terminari?a con el pecado, deshari?a todo el entuerto del mal. Superari?a todos los efectos de la Cai?da. Pero el Redentor tambie?n dari?a su sangre ("tu? le herira?s en el calcan?ar") (Promesa y fe). Estos dos aspectos, muerte y victoria, se simbolizaban a trave?s de los sacrificios de animales. El animal daba su vida en lugar del pecador y las culpas del pecador quedaban cubiertas (como las tu?nicas con que el Sen?or viste a Ada?n y Eva). El sacrificio puntual seri?a una vez para siempre, y despue?s de llevar a cabo el sacrificio, el Redentor se sentari?a (si?mbolo de reposo despue?s de un arduo trabajo).
El Redentor, despue?s de derramar su sangre (como el carnero que muere como sustituto por Isaac) (Ritual y mirada a Cristo), pasari?a a una etapa siguiente: someter todas las fuerzas del mal, sobre la base legal del sacrificio realizado. Es un proceso que tomari?a un tiempo, y por ello Cristo debe sentarse hasta que todos los enemigos quedan definitivamente sometidos. El sacrificio expiatorio en la cruz ocurre una vez para siempre (en contra de la ensen?anza cato?lica acerca del sacrificio incruento de Cristo, que dicen que se repite cada vez que se celebra la misa). El cuerpo de Cristo, resucitado y ascendido al cielo, testifica tambie?n contra la doctrina cato?lica de la transubstanciacio?n. El cuerpo de Cristo esta? en el cielo a la diestra del Padre, y no presente en la tierra dentro de la hostia consagrada.
La frase "hasta que" advierte la progresio?n cronolo?gica impli?cita en el juramento a Abraham (Gn 22:17-18) y nos invita a leer el Salmo 110 como la relacio?n de una serie de etapas hasta la plena imposicio?n de la autoridad regia de Cristo. Todo empieza con su sacrificio en la cruz, el arduo trabajo no repetible del cual ahora se le invita a descansar. Habra? merecido la pena, como demuestra el resto del salmo, porque habra? personas rescatadas y rebeldes sometidos (Sufrimiento y fruto).
(Is 53:11) "Vera? el fruto de la afliccio?n de su alma, y quedara? satisfecho."
La demora para que la obra completa de la redencio?n se consume obliga al pueblo redimido a perseverar en medio de muchas dificultades (Afliccio?n y paciencia).
(Hch 14:22) "Es necesario que a trave?s de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios."
(Sal 110:2) "Jehova? enviara? desde Sion la vara de tu poder: Domina en medio de tus enemigos."
Algunas versiones mantienen la distincio?n que figura en el texto hebreo: "Jehova? (Yehvah) dijo a mi Sen?or (la’doniy)". Es Dios Padre quien se dirige a Mesi?as, como Jesu?s confirma en la discusio?n con los fariseos (Mt 22:43-45). De la misma manera, es Jehova? quien envi?a desde Sion la vara (Sal 110:2) y Jehova? quien hace el juramento (Sal 110:4). Sin embargo, los te?rminos cambian en el versi?culo 5: ahora es Mesi?as ("el Sen?or") quien esta? a la diestra del creyente en la lucha contra el mal.
Despue?s del sacrificio Jehova? envi?a una "vara" desde Sion. Sion es el nombre de la fortaleza de David (2 S 5:7), la antigua ciudadela de los jebuseos. La palabra significa "sequedad", tal vez porque en la fortaleza no habi?a agua. La u?nica fuente era el manantial de Giho?n, ma?s abajo al pie del monte. Sion es tambie?n el lugar del monte Moriah, donde Abraham sacrifico? el carnero en lugar de su hijo. Por aquel sacrificio, y por todo lo que significa, Sion llega a ser el lugar donde Dios se manifiesta. Seri?a el lugar del templo, donde el holocausto diario recordaba todos los di?as el sacrificio del carnero y lo que ma?s adelante seri?a el sacrificio perfecto de Cristo.
La vara de Jehova? procede de Sion, el lugar donde Abraham ha ofrecido el sacrificio. La meta?fora de la vara significa una imposicio?n de la autoridad (como golpearle a uno con un garrote). El basto?n de mando de los alcaldes y el cetro de los reyes recogen la misma idea: el que tiene la autoridad tambie?n tiene el derecho de imponerla por la fuerza (a base de golpes o, en nuestros di?as, con multas o penas de ca?rcel).
Jehova? impone su autoridad (envi?a su vara) desde Sion. La idea es que se proclama un mensaje acerca de lo que ha ocurrido en Sion (el lugar del sacrificio de Abraham), y ese mensaje tendra? como efecto la imposicio?n de la autoridad del Sen?or en algunos corazones. La imagen de la palabra con autoridad (como una vara que sale de Sion) ocurre varias veces en el Antiguo Testamento. Los profetas dicen que Jehova? rugira? desde Sion (Jl 3:16) (Am 1:2), que la ley del Sen?or saldra? de Sion (Is 2:3), y que el Sen?or herira? la tierra con la vara de su boca (Is 11:4). La aplicacio?n de la vara (imposicio?n de autoridad) ocurre mediante la proclamacio?n del mensaje.
Otros pasajes unen la proclamacio?n de Cristo con un ejercicio del poder divino (Is 53:1) (Ef 1:19), porque el evangelio es poder de Dios (Ro 1:16) (1 Co 1:24). Dios somete el corazo?n con el anuncio de la gravedad del pecado y la suficiencia del sacrificio de Cristo como sustituto. El que cree se somete a Jesucristo como Sen?or, para que sea tambie?n su Salvador (Hch 16:31) (Sen?ori?o y obediencia). La noticia acerca de la provisio?n de un sustituto que libra al pueblo de Dios de la muerte se proclama. Es una buena noticia para todo aquel que cree, unie?ndose asi? por la fe a la descendencia de Abraham. La noticia procede del lugar de los hechos: Moriah, luego llamado Sion. Alguien la predica; los que son libertados del pecado comparten el mensaje con otros (Servicio y mensaje). El mensaje cautiva la imaginacio?n de algunos, que obedecen de corazo?n a lo que significa (Ro 6:17): que la paga del pecado es la muerte pero Dios ha provisto un sustituto adecuado.
Sin embargo, no todos responden al evangelio. Algunos siguen como rebeldes, y por ello el Mesi?as reina en medio de sus enemigos. Algunos se someten al evangelio pero otros siguen en contra.
(Sal 110:3) "Tu pueblo se te ofrecera? voluntariamente en el di?a de tu poder, en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tu? el roci?o de tu juventud"
El resultado de la mediacio?n sacerdotal de Cristo seri?a toda una multitud de personas redimidas, que al final de la historia tendri?an su voluntad plenamente alineada con los deseos de Dios: "tu pueblo se te ofrecera? voluntariamente". El verbo nadab se usa a veces para referirse a la entrega voluntaria para el servicio militar (Jue 5:2,9). La idea es que todo el pueblo redimido se alista libremente a las filas del Mesi?as para participar en la conquista espiritual de la tierra (Conflicto y valenti?a). Esta entrega se hara? visible en el di?a del retorno de Cristo a la tierra para reinar: "en el di?a de tu poder" (Consumacio?n y bu?squeda).
En aquel di?a cuando Cristo venga, se contemplara? la completa santificacio?n de todos y de cada uno: "en la hermosura de la santidad".
El proceso de cambio empieza con la justificacio?n, cuando los corazones de los que creen son sometidos por el evangelio ("la vara de su poder", v. 2) (Justificacio?n y nuevo comienzo), y sigue hasta completarse, como fruto de la mediacio?n sacerdotal de Cristo (Transformacio?n y amor). La frase "desde el seno de la aurora" alude a la venida personal de Mesi?as, que anunciara? el amanecer de un nuevo di?a (2 P 1:19). Los profetas dicen que Cristo vendra? del oriente, como el sol saliente, para entrar en su templo (Ez 43:1-5) (Consumacio?n y bu?squeda).
La multitud de los redimidos, adema?s de sintonizar plenamente con la voluntad de Dios, sera?n rejuvenecidos (Sal 103:5). En la resurreccio?n todos sera?n jo?venes y fuertes, y ellos -cual roci?o refrescante sobre el campo- supondra?n la renovacio?n de todo el mundo (Mi 5:7) (Ro 8:21). Sera?n el pueblo de Mesi?as, por ello dice David "tu? los tienes" (Consumacio?n y bu?squeda). Sera?n una multitud incontable (como las gotas del roci?o) y gloriosa (como la belleza del sol sobre el campo mojado).
Dios hace el juramento a Abraham cuando contempla el fruto de la justificacio?n en su vida. Abraham habi?a crei?do cuando salio? de Ur de los caldeos (Gn 12:1-3) (He 11:8); luego su fe se consolida hasta ser una fe salvi?fica y justificante (Gn 15:6). Pero la maduracio?n de la fe de Abraham sigue su curso, y cuando llega el momento de entregar a su propio hijo (Gn 22), Abraham no duda. No le tiembla la mano sino demuestra todas las cualidades de uno que aborrece su propia vida por amor a Cristo (Lc 14:26-27), de uno que puede decir "Para mi? el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil 1:21). Desprenderse de lo ma?s valioso, contarlo todo por basura para ganar a Cristo (Fil 3:8), fijar la mirada exclusivamente en el galardo?n (He 11:26), todo esto constituye el objetivo de la redencio?n. Es el producto de la salvacio?n, la actitud que Dios anhela ver en cada uno de sus hijos (Muerte y gloria). Al observar este grado de abnegacio?n en su amigo, el Sen?or exclama "¡Esto es!" y se apresura a confirmar con juramento todo lo que habi?a prometido anteriormente: "de cierto te bendecire?".
La bendicio?n llegara? en toda su plenitud. Habra? una multitud de redimidos, rejuvenecidos por la resurreccio?n y motivos por tanto de la regeneracio?n de toda la creacio?n. Habra? una superacio?n de todos los estragos del pecado, en todas sus manifestaciones y en todos los lugares. Esta prosperidad espiritual y real, esta proliferacio?n de justicia y paz en todo el mundo, ciertamente llegara? porque el sacerdote-rey estara? ministrando constantemente para garantizar el desenlace.
(Sal 110:4) "Juro? Jehova?, y no se arrepentira?: Tu? eres sacerdote para siempre Segu?n el orden de Melquisedec."
El primer versi?culo del Salmo 110 contempla la ascensio?n de Cristo al cielo. David, en su meditacio?n, reflexiona sobre el lugar de honor que Dios dara? al Redentor por haber entregado su vida (Fil 2:9). El versi?culo 2 destaca la predicacio?n del evangelio, que sujeta algunos corazones a la fe (aunque no todos, porque sigue habiendo enemigos: "Domina en medio de tus enemigos"). El versi?culo 3 apunta a la venida de Cristo a la tierra en gloria, rodeado de su pueblo glorificado. El versi?culo 4 aclara el medio necesario y eficaz para llegar a tan grandioso escenario, que sera? el sacerdocio permanente de Cristo, al estilo de Melquisedec.
El juramento a que se refiere David no es un juramento nuevo, sino el juramento antiguo hecho a Abraham en el monte Moriah. (He 6:13-20) confirma la relacio?n entre Salmo 110 y Ge?nesis 22. La semejanza entre el Mesi?as y Melquisedec se basa en 1) la combinacio?n de sacerdocio y reinado en una sola persona y 2) el ejercicio permanente del ministerio sacerdotal. El autor de Hebreos anima a los creyentes desfallecidos, invita?ndolos a considerar la grandeza de Melquisedec (y por tanto de Jesucristo, (He 7:4). Insiste en la certeza con que pueden volver una y otra vez a Cristo para recibir gracia -tanto fuerzas para seguir adelante como influencias espirituales para seguir siendo transformados- porque su ministerio sacerdotal ha sido confirmado con juramento (He 7:21). Comprueba que la ayuda de Cristo al creyente de?bil siempre sera? eficaz: "por lo cual puede tambie?n salvar perpetuamente a los que por e?l se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (He 7:25). (Sustento y dependencia, transformacio?n y amor).
(Sal 110:5-6) "El Sen?or esta? a tu diestra; quebrantara? a los reyes en el di?a su ira. Juzgara? entre las naciones, las llenara? de cada?veres; quebrantara? las cabezas en muchas tierras."
La segunda parte del salmo (versículos 5-6) describe el conflicto final que se librara? para que se cumpla la frase del juramento antiguo: "tu descendencia poseera? las puertas de sus enemigos" (Gn 22:17). Dice David "el Sen?or (‘adonay) esta? a tu diestra" (Sal 110:5). No se trata de Jehova? (Dios Padre), sino de el Mesi?as (el "mi Sen?or" del v. 1). David se dirige a si? mismo (como muchas veces en los salmos, (Sal 42:5,11) diciendo "Cristo -el que se ofrecio? a morir, como el carnero de Abraham, y el que ocupa el lugar de honor en el trono del Padre- esta? a tu diestra". En este versi?culo la palabra "diestra" no se refiere al lugar de honor (como en el v. 1, cp. (1 R 2:19), sino al lugar de poder y proteccio?n, impartiendo fuerzas a la mano derecha del guerrero (Sal 16:8) (Sal 109:31).
Al afirmar, hablando consigo mismo, que Cristo esta? a su lado da?ndole fuerzas, David dibuja un escenario de conflicto espiritual. La lucha arrecia y por ello, David necesita fuerzas de parte de Cristo. La idea que transmite es que el creyente, fortalecido por el ministerio del sacerdote-rey, participa en la victoria progresiva sobre el mal. Participa en la guerra espiritual (Ro 16:20) (Conflicto y valenti?a). Jesucristo, muerto en la cruz y ascendido al cielo, suministra gracia (como Moise?s, que intercediendo en el monte, transmite fuerzas al eje?rcito bajo Josue?, (Ex 17:11), pero cada creyente ha de esforzarse y pelear la buena batalla de la fe.
Hay que combatir contra el mal dentro de nosotros, de manera intransigente ("haced morir lo terrenal en vosotros", (Col 3:5). Tambie?n hay que vivir y predicar el evangelio sin cansarnos (1 Ti 6:11-12), sabiendo que el mensaje de la cruz puede librar a personas sujetas a la servidumbre del diablo (He 2:15) (Ro 6:18) (Servicio y mensaje). Se requiere decisio?n, compromiso, accio?n, sacrificio: "Tu?, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo" (2 Ti 2:3). Cristo impartira? fuerzas para todo ello porque esta? a la diestra del creyente.
Al decir David que Cristo quebrantara? a reyes ("cabezas" en v. 6), quiere decir que la fuerza arrolladora del evangelio, que ha conquistado hasta a los ma?s poderosos -convirtiendo a algunos (como Nabucodonosor) y juzgando a otros (como Herodes)- dara? paso a otro tipo de palabra. En vez de una palabra que somete corazones (la vara de su poder), sera? una palabra de juicio que ejecuta a los enemigos (la espada que sale de su boca, (Ap 19:15). No quedara? ningu?n reducto del mal. El pecado sera? barrido y eliminado de toda la creacio?n: en todo el mundo ("juzgara? entre las naciones... en muchas tierras") y de forma definitiva ("las llenara? de cada?veres") (Consumacio?n y bu?squeda). La segunda venida de Cristo significara? una victoria contundente (Ap 19:11-21).
(Sal 110:7) "Del arroyo bebera? en el camino, por lo cual levantara? la cabeza."
Este u?ltimo versi?culo esta? envuelto en misterio. ¿A que? arroyo se refiere David? ¿En que? sentido bebera? Cristo de e?l? Algunos han relacionado el verbo "beber" con la meta?fora de beber la copa de la ira de Dios (Is 51:17) (Jer 25:15). Ven en el arroyo una posible referencia al valle del Cedro?n, donde corri?a la sangre de los sacrificios durante las grandes fiestas de Israel. De esta manera, "beber del arroyo" significari?a "pasar por el sufrimiento, sobrellevando la ira de Dios contra el pecado" y "levantar la cabeza" se referiri?a a la exaltacio?n posterior de Cristo, despue?s de su muerte en la cruz.
El problema de esta interpretacio?n es que beber la copa, o el ca?liz, de la ira de Dios siempre se asocia con la embriaguez (Ez 23:32-33). Se trata de beber vino, no agua. El resultado es turbacio?n y locura, no la restauracio?n del alma que se describe en el Salmo 110.
El vi?nculo que el autor de Hebreos establece entre el Salmo 110 y Ge?nesis 22 sugiere una interpretacio?n mejor. Cuando Abraham viaja tres di?as desde Beerseba hasta la tierra de Moriah y llega al monte que Dios ha indicado, hace una parada y se despide de sus siervos:
(Gn 22:5) "Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aqui? con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta alli? y adoraremos, y volveremos a vosotros."
Es decir, Abraham deja el animal y los siervos en un lugar donde tendri?an que pasar varias horas esperando, hasta que el patriarca y su hijo hubieran subido al monte (un desnivel de unos cien metros), realizando el sacrificio y bajando luego a encontrarse de nuevo con los ayudantes. Llama la atencio?n el hecho de que justo al pie de la ladera oriental del monte de Moriah hay un manantial. El manantial de Giho?n es la u?nica fuente natural de la zona. Luego seri?a la u?nica fuente de agua para la fortaleza de los jebuseos (luego la ciudadela de David, el nu?cleo de la ciudad de Jerusale?n). En tiempos de guerra, era imprescindible asegurar el suministro de agua a la ciudad. Con el fin de proteger la fuente, el rey Ezequi?as la cubre y hace un conducto para llevar las aguas hasta dentro de las murallas de la ciudad (2 Cr 32:30), al estanque de Siloe? (que significa "enviado", porque las aguas llegaban enviadas desde el manantial de Giho?n, (Jn 9:7).
Si Abraham tiene que subir al lugar de sacrificio con su hijo, lo ma?s lo?gico es que deje a los criados en un lugar donde pueden estar co?modos mientras esperan: un lugar con sombra y con agua para beber, o sea, al lado de un manantial, el de Giho?n. Y lo ma?s probable es que Abraham e Isaac bebieran agua de la fuente antes de emprender el ascenso al monte.
Parece que la fuente llego? a llamarse Giho?n ("manantial" en hebreo) como recuerdo del ri?o que regaba el mundo primitivo, uno de cuyos brazos se llamaba Giho?n (Gn 2:10-14). En la Biblia, la provisio?n de agua simboliza la provisio?n de vida eterna. Como el agua es imprescindible para mantener la vida fi?sica, asi? el suministro espiritual de Dios lo es para la vida eterna del hombre. Hay un ri?o en la creacio?n original y un ri?o en la nueva creacio?n (Ap 22:1) (Ez 47:1). Hay muchos textos que comparan la provisio?n de agua con la provisio?n de vida espiritual:
(Is 55:1) "Sacare?is con gozo aguas de las fuentes de la salvacio?n"
(Is 12:3) "A todos los sedientos: venid a las aguas..."
(Jer 2:13) "Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mi?, fuente de agua viva, y cavaron para si? cisternas, cisternas rotas que no retienen agua."
(Jer 17:13) "...Jehova?, manantial de aguas vivas"
(Jn 4:14) "Mas el que bebiere del agua que yo le dare?, no tendra? sed jama?s; sino que el agua que yo le dare? sera? en e?l una fuente de agua que salte para vida eterna."
(Jn 7:37-38) "Si alguno tiene sed, venga a mi? y beba. El que cree en mi?, como dice la Escritura, de su interior correra?n ri?os de agua viva."
(Ap 22:17) "Y el Espi?ritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente."
En varios lugares, la fuente de Giho?n alude a la provisio?n de salvacio?n para el pueblo de Dios que habita en Jerusale?n, mientras beber de otras fuentes significa rechazar la salvacio?n de Dios para confiar (equivocadamente) en medios humanos:
(Sal 46:4) "Del ri?o sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Alti?simo."
(Is 8:6-7) "Por cuanto desecho? este pueblo las aguas de Siloe?, que corren mansamente... he aqui?, por tanto, que el Sen?or hace subir sobre ellos aguas de ri?os, impetuosas y muchas, esto es, al rey de Asiria con todo su poder..."
(Jer 2:18) "Ahora, pues, ¿que? tienes tu? en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y que? tienes tu? en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates?"
Jesu?s manda al ciego a lavarse en el estanque de Siloe? (Jn 9:6-7). Untarle los ojos de lodo significa que debe reconocer su pecado ante el Sen?or; lavarse en Siloe? (las aguas conducidas desde la fuente de Giho?n) significa que debe creer las promesas de salvacio?n a trave?s de Mesi?as. Las aguas de Giho?n simbolizan las promesas de salvacio?n dadas por Dios.
La salvacio?n llegari?a porque Cristo dari?a su vida en sacrificio por los dema?s. Su sangre derramada llenari?a de contenido la imagen del agua vivificadora. Es decir, la provisio?n de salvacio?n llegari?a por la sustitucio?n del Cordero; por ello Jesu?s afirma en Capernaum que su sangre es verdadera bebida (Jn 6:55). "Beber su sangre" significa "creer en la eficacia de su sacrificio".
El contexto de Ge?nesis 22 sugiere que David -al componer el Salmo 110- esta? dando vueltas a la escena al pie del monte Moriah: Abraham e Isaac se despiden de los criados, beben del manantial de Giho?n, cargan la len?a y el fuego, y emprenden el camino hacia lo alto del monte. Al beber agua, sus a?nimos se renuevan. Levantan la cabeza (sen?al de esperanza y resolucio?n, (Sal 3:3) (Sal 27:6) (Lc 21:28) y echan a andar hacia el lugar del sacrificio. David podri?a recordar el relato acerca de Sanso?n:
(Jue 15:19) "Y teniendo gran sed, clamo? luego a Jehova?... Entonces abrio? Dios la cuenca que hay en Lehi; y salio? de alli? agua, y e?l bebio?, y recobro? su espíritu, y se reanimo?..."
El salmo ensen?a que el Mesi?as se apropiari?a las promesas de la salvacio?n (como Abraham e Isaac beben del arroyo de Giho?n) para recibir fuerzas y a?nimo en el camino hacia el lugar del sacrificio. Jesucristo alimenta su alma a trave?s de la oracio?n, confiando que el Padre le dara? gracia para terminar la obra. Es lo que el Padre habi?a prometido y el Espi?ritu le da fuerzas para seguir adelante hasta la cruz ("mediante el Espi?ritu eterno se ofrecio? a si? mismo sin mancha a Dios", (He 9:14). Asi? Jesu?s recibe sustento del Padre durante su ministerio terrenal (bebe de la fuente "en el camino"). El autor de Hebreos afirma que Cristo "por el gozo puesto delante de e?l sufrio? la cruz" (He 12:2). El gozo que le sostuvo era la certeza -por el Espi?ritu- de que su sacrificio mereceri?a la pena, que asegurari?a la salvacio?n de una gran multitud de redimidos.
(Is 53:11) "Vera? el fruto de la afliccio?n de su alma, y quedara? satisfecho."
Como Cristo recibio? sustento para llegar al lugar del sacrificio, asi? plantea su vida espiritual el cristiano. Si Cristo se apropio? de recursos espirituales para seguir avanzando en el camino de la voluntad del Padre, asi? podemos hacer nosotros (Sustento y dependencia). Nuestro Sacerdote-rey nos suministra gracia. Dios fortalece al creyente para que siga adelante en el camino de Jesu?s: nega?ndose a si? mismo, tomando la cruz y siguiendo a Jesu?s. Asi? se gana la guerra espiritual. Asi? se reu?ne la gran multitud de los redimidos, que algu?n di?a sera?n como roci?o en todo el mundo. Asi? se abre paso a los cielos nuevos y la tierra nueva, en los cuales mora la justicia:
(Ro 8:21) "Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios."

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