Estudio bíblico: El que no es contra nosotros, por nosotros es - Marcos 9:38-41

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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El que no es contra nosotros, por nosotros es - Marcos 9:38-41

(Mr 9:38-41) "Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa."

Introducción

El rechazo, e incluso desaprobación, que los discípulos manifestaron ante los anuncios que Jesús les había hecho acerca de la necesidad de su muerte y resurrección, provocaron una cadena de fracasos que el evangelista recoge en este capítulo. Primero había sido la incapacidad de los discípulos de echar fuera el demonio de un muchacho (Mr 9:18), luego la desafortunada discusión que mantuvieron en el camino acerca de cuál de ellos sería el mayor (Mr 9:34), y ahora los encontramos exhibiendo un espíritu sectario que nuevamente mereció la desaprobación del Señor.
Es difícil saber con exactitud por qué razón Juan recordó en este momento el encuentro que algún tiempo atrás habían tenido con un exorcista, y qué conexión tenía esto con lo que Jesús acababa de decirles. Tal vez la enseñanza de Jesús sobre cómo debían "recibir en su nombre a un niño", despertó la conciencia de Juan acerca de aquel hombre que estaba echando demonios en el nombre de Jesús pero al que ellos se habían negado a "recibir" porque no les acompañaba. Quizá a la luz de lo que Cristo acababa de decir, habían empezado a preguntarse si habían actuado correctamente en ese caso. Pero pudiera ser también que simplemente quisiera salir de manera airosa de la represión que Jesús les estaba haciendo, mostrándole el gran celo que tenían por él, y que a su juicio habían demostrado en aquella ocasión.
En cualquier caso, a pesar de los fracasos de los discípulos, o de la intenciones que tuviera Juan al mencionar este incidente, el Señor contesta una pregunta de mucha importancia: ¿Hasta qué punto debemos recibir a alguien que hace cosas en su nombre pero que no nos acompaña? Como ya hemos señalado, los discípulos se negaron a recibirle, pero ¿cuál fue la postura de Jesús acerca de esto? ¿Qué opinará el Señor acerca de las modernas divisiones en denominaciones en las que se agrupan los cristianos de hoy día y que con frecuencia defendemos con un celo parecido al de Juan?

"Uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue"

No es mucha la información que tenemos acerca de este hombre. Básicamente sabemos que echaba demonios en el nombre de Jesús y que no iba con el grupo de los apóstoles. Notemos que en ningún momento se pone en duda el hecho de que realmente echaba fuera los demonios. No se trataba aquí de un falso exorcista como los hijos de Esceva que Pablo encontró en Éfeso (Hch 19:13-16). Por lo tanto, era alguien que estaba siendo usado por el Señor para liberar a las personas del poder de Satanás.
Es importante señalar también que no se hace mención de que estuviera enseñando ninguna falsa doctrina, o que viviera en pecado. Además, por la forma en la que trataba el "nombre de Jesús", y por la referencia que el Señor hizo más tarde de él, podemos pensar que con toda probabilidad se trataba de un verdadero creyente, y no uno de esos exorcistas a los que Jesús condenó (Mt 7:22-23).

"Se lo prohibimos, porque no nos seguía"

La actitud de los discípulos quedó clara: ellos se sentían orgullosos de contar con el monopolio absoluto de Jesús. Cuando los apóstoles fueron enviados a predicar, el Señor les dio poder y autoridad sobre los demonios (Mr 6:7). Esto les llevó a pensar que ellos tenían la exclusiva y que eran los únicos colaboradores de Jesús en la obra del Reino. Así que, cuando vieron a alguien que no era de este grupo reducido haciendo lo mismo que ellos hacían, creyeron que era inapropiado y trataron de impedírselo. No estaban dispuestos a reconocer a nadie que no perteneciera a su propio grupo.
Ahora bien, notemos cómo se manifiesta este espíritu sectario. La clave está en el motivo por el que los discípulos le prohibieron que siguiera echando fuera demonios: "él no nos seguía". La preocupación de Juan no tenía que ver con el hecho de que no viera al hombre suficientemente dispuesto para identificarse con Cristo en su camino hacia la cruz. Si esto hubiera sido así, habría merecido la aprobación de Jesús. Pero el pasaje nos deja con la fuerte impresión de que lo que realmente desagradó a los discípulos fue que el hombre no les seguía "a ellos".
Todo este asunto era realmente muy triste. Hacía muy poco los mismos discípulos habían sido incapaces de echar fuera el demonio de un muchacho (Mr 9:17-18), pero ahora querían impedir que este hombre, que obraba en el nombre de Jesús, hiciera lo que ellos con tantas dificultades no habían conseguido. Por supuesto, esta no era la forma de hacer progresar la obra del Señor. Pero desgraciadamente esto sigue siendo así. ¡Cuán a menudo criticamos a otros por los éxitos que no podemos conseguir nosotros mismos!

"Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis"

La postura del Señor quedó clara: él no admitía el espíritu sectario de los discípulos.
Moisés enfrentó un caso similar cuando un joven vino diciéndole que Eldad y Medad estaban profetizando en el campamento en lugar de hacerlo junto a los otros en el tabernáculo y Josué le dijo que los impidiera. Moisés sabiamente respondió: "¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos" (Nm 11:25-29).
Desgraciadamente, a este espíritu intolerante debemos algunos de las páginas más negras de la historia de la iglesia.

"Ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí"

El Señor dijo que aquel hombre estaba con él en espíritu, ya que echaba fuera los demonios en su nombre, y que lógicamente, también hablaría bien de él, a quien reconocía como el Autor real de esos milagros. Aquí está la clave para entender la respuesta de Jesús: el hombre estaba actuando de acuerdo con lo que el nombre de Jesús significaba.
Cuando el apóstol Pablo escribió su primera carta a los Corintios, estableció un principio similar para determinar quiénes actuaban verdaderamente por el Espíritu Santo: "Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo" (1 Co 12:3). Según Pablo, obrar por el Espíritu implicaba aceptar las implicaciones doctrinales y prácticas que el nombre de Jesús tiene.
El poder de Cristo se manifiesta allí donde se le exalta de acuerdo a su Palabra. Por lo tanto, esta amplitud de miras que Jesús recomienda, no excusa falsas doctrinas u opiniones equivocadas en cuanto a su persona, puesto que actuar en su nombre implica necesariamente ajustarse a lo revelado en su Palabra acerca de él. Alguien que estuviera enseñando cosas falsas acerca de Jesús estaría claramente en el lado del diablo.
Por otro lado, no hay garantías de que todo aquel que obre en el nombre de Cristo, cuente con la plena aprobación del Señor en todo lo que hace. Por ejemplo, para nosotros sigue resultándonos curioso que alguien que echaba fuera demonios en el nombre de Jesús no estuviera con ellos. Y de hecho, el Señor no dijo nada acerca de esto. Pero no debemos olvidar que será el mismo Señor en su venida quien juzgará toda cuestión de lealtad y obediencia (Mr 8:34-38). Este asunto no les tocaba decidirlo a los discípulos.

"Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es"

La cuestión de fondo en este pasaje es con quién se asocia alguien en el servicio al Señor. Por la forma en la que los discípulos se referían al exorcista que no iba con ellos, parecía que más que hermano y colaborador, lo consideraban como un enemigo y opositor. El Señor les estaba enseñando que debían considerarle como alguien "de los nuestros", entre los cuales el Señor también se incluía.

"Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto no perderá su recompensa"

El Señor llama su atención diciendo que cualquiera que procure servirle, por insignificante que su servicio parezca, no quedará sin recompensa. Esto ponía en evidencia que la actitud de los discípulos hacia aquel que echaba los demonios en el nombre de Cristo no había sido la correcta.
Notemos también que para el Señor no hay ningún servicio insignificante, que pase desapercibido o que quede sin recompensa. Por ejemplo, echar un demonio en su nombre, podría parecer algo espectacular, mientras que dar un vaso de agua puede ser una cosa muy corriente. Sin embargo, el Señor ha prometido recompensar cualquier cosa que hagamos por amor a su nombre.
La lógica de lo que el Señor estaba diciendo es que él considera que un vaso de agua dado a una persona porque es de Cristo, lo consideraría como ofrecido a él mismo. Todo esto nos recuerda que para el Señor nuestros hermanos son muy importantes, igual que lo que hacemos por ellos.

Algunas aplicaciones para nuestros días

  • Debemos buscar por encima de cualquier otra cosa que el nombre de Cristo sea glorificado.
  • Debemos reconocer y agradecer la manifestación del poder del Espíritu Santo allí donde se produzca.
  • Debemos huir del exclusivismo espiritual que confunde la lealtad a la propia iglesia o denominación con la fidelidad al Señor.
  • Debemos cuidarnos de ser intolerantes con aquellos que no hacen las cosas exactamente igual que nosotros.
  • Debemos alegrarnos siempre que el Señor utiliza a otros hermanos nuestros para manifestar su nombre.

Preguntas

1. Según lo que hemos aprendido en esta lección, ¿hasta qué punto debemos recibir a alguien que hace cosas en el nombre del Señor?
2. ¿Cree que el hombre que echaba demonios era un auténtico creyente? Razone su respuesta.
3. ¿Cuál fue la actitud de los discípulos frente a este exorcista? ¿Qué le parece?
4. Explique qué quiso decir Jesús con esta declaración: "Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa".
5. Resuma con sus propias palabras algunas de las aplicaciones prácticas que podemos sacar de este pasaje para nuestras propias vidas.

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