Estudio bíblico: Jesús acusa a los escribas - Marcos 12:38-40

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Jesús acusa a los escribas - Marcos 12:38-40

(Mr 12:38-44) "Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación."

"Guardaos de los escribas"

Después de tratar diferentes aspectos de la enseñanza de los escribas, Jesús pasa ahora a considerar algunas de sus prácticas, porque no hemos de olvidar que lo que creemos siempre condiciona lo que hacemos.
Así que en estos pocos versículos Marcos nos va a presentar un resumen del largo discurso que encontramos en Mateo 23. Allí Jesús analizó y condenó de forma muy severa la hipocresía de los escribas y los fariseos, aunque no fue la única ocasión en que Jesús se dirigió al pueblo para advertirles del serio peligro que corrían si seguían sus enseñanzas. Otro buen ejemplo de esta denuncia lo podemos encontrar en el Sermón del Monte (Mateo 5-7). De allí podemos entresacar un versículo que nos puede servir para entender la gravedad del asunto tal como el Señor lo veía:
(Mt 5:20) "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos."
Tan peligrosa era la enseñanza y la práctica de los escribas, que Jesús no dudó en advertir a las multitudes públicamente mientras enseñaba en el templo. Lo que vino a decir es que no debían buscar orientación espiritual de ellos, puesto que toda la exégesis que estos expertos hacían del Antiguo Testamento era inválida y perversa. En otro momento Jesús lo expresó de la siguiente manera:
(Lc 11:52) "¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis."
Quizá nos sorprenda la actitud tan abiertamente hostil que Jesús mostró constantemente contra los escribas y fariseos, sobre todo en una época como la nuestra en la que en nombre de la tolerancia no son bien vistas acusaciones tan directas, pero el Señor sufría viendo cómo el pueblo sencillo era llevado a la condenación por esta causa. En esas circunstancias, lo cruel habría sido permanecer callado. No hemos de olvidar que la Palabra nos ha sido dada para nuestra salvación, pero que es posible torcerla y pervertirla para nuestra destrucción (2 P 3:15-16), y siempre que veamos este tipo de cosas, debemos seguir el ejemplo de Cristo.
Pero, ¿cómo habían llegado los escribas a este punto? Bueno, no debemos pensar que estas personas entregadas al estudio y la observancia de las leyes del Antiguo Testamento se habían propuesto deliberadamente ser perversos y malos, más bien su intención era justo la contraria. Sin embargo, en algún momento sus ojos se habían oscurecido por la vanidad, la avaricia y la soberbia de su corazón, de tal manera que toda su enseñanza se había corrompido. En el evangelio de Lucas encontramos que el Señor usó una ilustración para describir este proceso antes de hacer sus duras acusaciones contra ellos:
(Lc 11:34) "La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas."
De todas formas, lo peor del caso fue que cuando Jesús les señaló el problema, en lugar de arrepentirse, se convirtieron en sus peores enemigos y le persiguieron sin descanso.

El pecado de los escribas: buscaban su propia gloria

En el pasaje que estamos estudiando en Marcos, el Señor resume el comportamiento de los escribas por medio de unas pocas pinceladas para que nos demos cuenta de que el problema fundamental de estos eruditos era que se perdían en su deseo de cosechar alabanzas para sí mismos y en su ambición por tener predominio sobre los demás. El evangelista Juan resumió su pecado de esta manera: "amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios" (Jn 12:43).
  • Por un lado, no se preocupaban en darle gloria a Dios, sino que la querían para sí mismos. Daban culto a su propio ego y les obsesionaba conseguir popularidad y fama.
  • Pero por otro lado, tampoco buscaban la aprobación de Dios, sino que sólo deseaban la admiración de los hombres. Para ello hacían grandes alardes de santidad en un intento permanente de conseguir reconocimiento religioso y social.
La raíz del problema de estos religiosos es que su corazón estaba muy lejos de Dios y por lo tanto, toda su escala de valores estaba mal. Su actitud repercutió negativamente en cada aspecto de sus vidas, y lo mismo ocurrirá a todos aquellos que sigan sus pisadas. Consideremos algunas de las consecuencias:
1. Se convierte en un pecado de idolatría
Dios es el único que tiene el derecho de recibir la gloria y la alabanza. Cuando el hombre busca recibir gloria de sus semejantes, está usurpando un lugar que sólo le corresponde a Dios y por lo tanto, en la práctica está negando que Dios es el único Dios, cometiendo un grave pecado de idolatría.
2. Impide la conversión
Tan preocupados estaban por su propia gloria que les impedía reconocer la gloria de Jesús y creer en él.
(Jn 5:44) "¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?"
3. Anula el testimonio
Los pocos de ellos que llegaron a creer en Cristo no lo confesaban abiertamente porque no podían tolerar las burlas y el rechazo que les vendría por ello.
(Jn 12:42-43) "Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios."
4. Arruina el ministerio
Todo predicador que esté más preocupado por agradar a su auditorio que a Dios, jamás tendrá un ministerio bendecido por Dios. El apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera:
(Ga 1:10) "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo."
5. Convierte la vida espiritual en algo superficial y ostentoso
Sus deseos de atraer la admiración de los demás sobre ellos mismos les llevaba a practicar la religión de una forma ostentosa. Jesús describió la ridícula aparatosidad con la que daban limosna, oraban o ayunaban:
(Mt 6:2) "Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres..."
(Mt 6:5) "Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres..."
(Mt 6:16) "Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan..."
Frente al deseo de los escribas y fariseos de llamar la atención por cada cosa que hacían, Jesús enseñó que la verdadera piedad cristiana es ante todo secreta. Cuando oramos debemos buscar un lugar donde no nos vean, cuando ofrendamos debemos hacerlo de forma secreta, y cuando ayunamos debemos evitar que los demás lo sepan.
6. Convierte los rituales externos en un sucedáneo de la verdadera espiritualidad
La falsa santidad de estos fariseos tenía un efecto muy nocivo sobre la gente que los observaba. Muchas personas sencillas estaban impresionadas por la estricta devoción a los rituales externos con los que les gustaba exhibirse, de tal manera que habían llegado a creer que ésa era la verdadera santidad que Dios buscaba. Pero en realidad, todo ese énfasis por cuidar su apariencia externa, sólo servía para ocultar su sucio corazón.
(Mt 23:25-26) "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio."
Tristemente, esta forma que ellos tenían de entender y practicar la religión había arrastrado a muchos a una inmoralidad recubierta de religiosidad, lo que los insensibilizaba frente al pecado y las denuncias de Jesús.
7. Convierte al adorador en un actor
No había nada auténtico en su religiosidad. Como Jesús había diagnosticado, sus corazones estaban muy lejos de Dios:
(Mt 15:7-8) "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí."
Jesús les acusó en innumerables ocasiones por su hipocresía. Se habían convertido en actores que aparentaban piedad en busca del aplauso y el reconocimiento de la gente. Y como el mismo Señor explicó, ésta iba a ser la única recompensa que iban a tener de toda su religiosidad.
8. Conduce a otros a la hipocresía
Como suele suceder frecuentemente con este tipo de hipócritas religiosos, les gustaba mostrarse estrictos y exigentes con los demás, tal vez porque pensaban que así crecía su propio prestigio, pero en realidad, también en esto eran falsos, porque ellos mismos no cumplían lo que mandaban a otros con tanto rigor:
(Mt 23:4) "Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas."
Todo esto es muy peligroso, porque al exigir a las personas el cumplimiento de estas "cargas pesadas y difíciles de llevar", tarde o temprano descubrirían que era una misión imposible de cumplir, ante lo que tendrían dos opciones; o bien reconocer su fracaso a riesgo de que les menospreciaran por ello, o lo que era mucho más probable, convertirse en unos hipócritas como ellos y vivir constantemente en una mentira.
9. Hace que la persona se sienta superior
Su pretendida santidad y los conocimientos que creían tener de la ley, les hacía sentirse superiores al resto del pueblo, al que miraban con aires de superioridad. Por ejemplo, los publicanos y aquellos a los que ellos consideraban pecadores notorios, estaban acostumbrados a sus menosprecios, que por supuesto, no dudaban en devolverles. Y otro tanto podríamos decir de su relación con los samaritanos y los gentiles. Aunque también a la gente sencilla del pueblo los veían como ignorantes. Escuchemos cómo se expresaban en sus reuniones: "Esta gente que no sabe la ley, maldita es" (Jn 7:49).
10. Lleva a otros a la condenación
Jesús dijo que este énfasis que tenían en la observación externa de la limpieza ceremonial, unido a su grave descuido de la santidad interior, los convertía en sepulcros no señalados, de tal manera que cualquier que entrara en contacto con ellos quedaría automáticamente contaminado (Lc 11:44) (Nm 19:11-22).
Por lo tanto, su ceguera y su falta de vida espiritual eran tanto suicidas como asesinas. No sólo ellos se iban al infierno, sino que luchaban por llevarse a los demás con ellos.
(Mt 23:13) "Mas ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando."
(Mt 23:15) "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros."

Jesús era diferente

Frente a esta ridícula obsesión de los fariseos por buscar la gloria para ellos mismos, sobresale el ejemplo contrario del Señor Jesucristo.
(Jn 5:41) "Gloria de los hombres no recibo."
(Jn 8:50) "Yo no busco mi gloria"
El deseo manifiesto de Jesús era buscar la gloria de su Padre y su aprobación.
(Jn 12:28) "Padre, glorifica tu nombre"
(Jn 17:4) "Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese"
Y nos enseñó que ésta debía ser también la prioridad de nuestra vida. Veamos cómo enseñaban a sus discípulos a orar:
(Mt 6:9-10) "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra..."

El comportamiento de los escribas

Con unas pocas pinceladas, el Señor describió el comportamiento de los escribas.
1. "Gustan de andar con largas ropas"
La vestimenta que usaban era la de dignatarios de reyes o sacerdotes, preparados para realizar funciones oficiales. Lo que Jesús manifiesta es que hasta en su forma de vestir querían marcar la diferencia y darse aires de grandeza.
Desgraciadamente, el uso de ropa religiosa de diferentes clases sigue siendo una práctica muy extendida en bastantes religiones, y sirve para manifestar su separación de lo que consideran la "gente común" y también para establecer clases o niveles dentro de los religiosos.
Pero el cristiano verdadero, siguiendo a su Maestro, no emplea la ropa para distinguirse, sino la santidad de su vida.
2. "Aman las salutaciones en las plazas"
Les gustaba llamar la atención y que la gente reconociera públicamente su dignidad. Por esto el evangelio de Mateo añade: "Y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí" (Mt 23:7).
Este gusto por los títulos no debería haber entrado en la iglesia de Cristo, pero el hecho es que no ha sido así. El Señor no quería que hubiera diferencias entre los cristianos, y por eso dijo: "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos" (Mt 23:8).
Evidentemente las iglesias que hacen diferencias entre el clero y los laicos, o que asignan diferentes títulos en función de la "categoría" que ocupan dentro de una jerarquía, no han seguido las directrices de Cristo en este sentido, sino que más bien están en la línea de los escribas y fariseos. Y no olvidemos que Jesús prohibió expresamente que los cristianos llamemos "padre" a nadie en la tierra (Mt 23:9).
Y también las iglesias protestantes deben tener cuidado con esta tendencia. Es triste ver cómo algunos han adoptado el nombre de ciertos líderes del pasado y se hacen llamar "luteranos" o "calvinistas"... Tal vez sería conveniente recordar que esto sólo sirve para dividir al pueblo de Cristo. El apóstol Pablo tuvo que enfrentarse con un problema similar en la iglesia en Corinto donde algunos decían: "yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo" (1 Co 1:12). Es importante leer el contexto para ver la reprensión que Pablo les hizo por tener esta actitud.
Por otro lado, entre los evangélicos modernos, algunas de las palabras que la Biblia utiliza para describir diferentes dones y servicios que se deben desarrollar dentro de la iglesia con toda humildad, parecen estar perdiendo su valor original y han comenzado a ser considerados en muchas ocasiones como títulos que aportan prestigio y reconocimiento a la persona. Este parece ser el caso de palabras como "pastor" y "apóstol".
3. "Aman las primeras sillas en las sinagogas"
Se trataba de los asientos delanteros situados junto al que dirigía la oración o el que leía las Escrituras. Se consideraba un honor ser invitado a ocupar ese lugar, y por supuesto, los escribas "amaban" estar sentados allí.
Ahora bien, cuando una persona asiste a un acto religioso con el propósito de engrandecerse a sí mismo, es imposible que al mismo tiempo esté buscando la gloria de Dios.
Santiago condenó el pecado de asignar los mejores asientos a los ricos mientras se decía al pobre que estuviese de pie o sentado al estrado de alguien (Stg 2:2-3). Nuevamente debemos recordar el principio de igualdad entre hermanos dentro de la iglesia de Cristo.
4. "Aman los primeros asientos en las cenas"
El Señor ya ha mencionado "las plazas", "las sinagogas" y ahora "las cenas". Lo que está intentando mostrar es que el deseo de sobresalir y ser elogiados por los hombres, estaba presente en toda la conducta pública de los escribas.
Al respecto, los cristianos debemos recordar la amonestación que Jesús hizo sobre el buscar los lugares más honorables en un banquete o cena (Lc 14:8).
5. "Devoran las casas de las viudas y por pretexto hacen largas oraciones"
A continuación Jesús los describe engordándose en las casas de estas mujeres solitarias y desprotegidas. No sabemos con exactitud qué era lo que buscaban, pero el Señor condena el abuso que cometían y una vez más pone en evidencia su hipocresía y codicia. Tales personas no eran dignas de confianza.
Además, el caso sirve a Jesús para poner otro ejemplo más de cómo los escribas utilizaban la religión como una "tapadera" para disipar toda sospecha y llevar a cabo con tranquilidad sus robos. Desgraciadamente esta es una especie que todavía no se ha extinguido.

Una tendencia de todos los tiempos

Sin duda era muy grave que para satisfacer sus deseos de vanidad, estos religiosos no tuvieran ningún tipo de reparo en usar las cosas santas de Dios, y han quedado como un ejemplo histórico de cómo la religión se puede usar para promover el orgullo personal y la codicia. Pero este mismo espíritu farisaico sigue acechando hoy día a todo hombre. Si somos honestos, tenemos que reconocer que esas mismas ansias que ellos sentían por el elogio humano y el aplauso, están profundamente arraigadas en nuestra naturaleza caída. Y nos conviene detenernos para reflexionar hasta qué punto esta sutil tentación se puede haber introducido en nuestra propia vida o en nuestra forma de practicar el cristianismo. Para ello ponemos algunos ejemplos en los que podemos meditar.
  • Cuando practicamos cosas como las ofrendas, la oración o el ayuno, ¿tenemos la necesidad de contárselo a los demás, o sólo Dios conoce estos detalles de nuestra vida espiritual?
  • ¿Damos testimonio del Señor Jesús, o nos callamos porque pensamos que otros nos van a ridiculizar y van a tener una opinión más pobre de nosotros?
  • Cuando realizamos un servicio para el Señor en la iglesia, ¿buscamos servir a los hermanos y glorificar a Dios o queremos ser vistos y admirados por los demás?
  • Cuando un pastor atiende una iglesia, ¿qué le preocupa más, las almas o las ofrendas?
  • Cuando organizamos una reunión evangelística, ¿nuestra publicidad ensalza al predicador o al Señor Jesucristo?

"Estos recibirán mayor condenación"

El Señor terminó su resumen con estas fuertes palabras. Como hemos visto, la responsabilidad de los escribas era muy grande; sus enseñanzas y actitudes estaban llevando a otros a la condenación, y esto les hacía doblemente responsables.
Ellos tenían todos los medios a su disposición para conocer a Dios y para guiar al pueblo, pero su falta de humildad, sinceridad y amor estaban alejando a las personas de Dios. Por lo tanto, la retribución que recibirían sería mucho más severa.

Conclusiones

El pasaje nos obliga a examinarnos honestamente a nosotros mismos preguntándonos cuáles son los motivos que nos mueven a hacer las cosas. Finalmente encontraremos que sólo hay dos ambiciones que controlan todas las demás: una es nuestra propia gloria y la otra es la gloria de Dios. Ambas son irreconciliables, así que obligatoriamente tendremos que elegir sólo una de ellas.
Con su ejemplo, el Señor Jesucristo nos ha exhortado a dar nuestra gloria y alabanza sólo a Dios y a esforzarnos por buscar su aprobación, esperando que sea él y no los hombres quienes digan: "bien, buen siervo y fiel" (Mt 25:21). Por el contrario, si recibimos gloria de los hombres, o nos tomamos la libertad de dar gloria a los hombres, estaremos usurpando una prerrogativa divina y colocando a los hombres en el lugar de Dios.
Por otro lado, el Señor nos ha advertido también contra el anhelo pecaminoso de querer ser "alguien", de buscar el llegar a ser prominentes y de buscar recibir honra sobre todos los demás. El verdadero seguidor de Cristo no es pretencioso, sino que está dispuesto a ser el menor y a servir a todos. En este momento debemos volver a recordar las palabras de Cristo:
(Mr 10:44-45) "El que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos."
Y por último, sea cual sea nuestra vida espiritual, no nos cubramos con ningún manto. Seamos francos, honrados y honestos en nuestra práctica del cristianismo. Entendiendo que todo cambio necesario debe originarse en el interior de nuestro corazón y no ser simplemente una apariencia religiosa externa.

Preguntas

1. Jesús criticó muy duramente a los escribas. ¿Le parece justificada su actitud? Razone su respuesta.
2. ¿Cuál cree que era la raíz del pecado de los escribas? Ponga algunos ejemplos justificándolos con citas bíblicas.
3. Explique con sus propias palabras cuáles eran a su juicio las consecuencias más graves de la actitud de los escribas.
4. ¿De qué forma el Señor Jesucristo manifestó que era completamente diferente a los escribas? Justifique su respuesta con ejemplos bíblicos.
5. ¿De qué manera cree que se puede manifestar la actitud de los escribas en el cristianismo contemporáneo? Ponga varios ejemplos.

Comentarios

Paraguay
  Gerardo Cano  (Paraguay)  (05/11/2014)
Me gustó mucho el estudio Biblico. Es muy sistemático y muy bien esquematizado, además es expuesta de una manera sencilla y entendible. Dios te bendiga siempre y que te de siempre sabiduría para exponer su mensaje.
México
  Enma Elena Góngora Guzmán.  (México)  (17/06/2013)
Hermano le felicito por publicar esta enseñanza de JESUS y los escribas, la verdad me gusto mucho porque sin ese conocimiento puede uno caer en algo asi como ellos, pero bendito Dios que el es grande todo poderoso y nos enseña de diferentes maneras y usa los medios mas oportunos. sabe hermano me gustaria que publique el tema si la mujer puede o no pastorear y predicar la palabra de Dios. Dios le bendiga hasta que sobre y abunde, estoy muy feliz de haber conocido este espacio que ha sido de mucha bendición en mi vida espiritual.
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