Estudio bíblico de Éxodo

Predicación escrita y en audio de Éxodo 1:1-22

Exodo - Introducción

Éxodo es el segundo libro escrito por Moisés y continúa con el relato iniciado en el libro del Génesis, aunque hubo un lapso de, al menos, 3 siglos y medio. Génesis 15:13 decía que la descendencia de Abraham permanecería 400 años en Egipto. Éxodo 12:40 dice que fueron 430 años y la carta de Pablo a los Gálatas 3:16, 17, lo confirma, como el período exacto.

Éxodo significa "salida" y narra la historia de la redención. El mensaje de este libro está expuesto en la carta a los Hebreos 11:23-29, que dice:

"Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño hermoso y no temieron el edicto del rey. Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin temer la ira del rey, porque se mantuvo firme como viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no los tocara. Por la fe pasaron el mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios lo intentaron hacer, se ahogaron."

Vamos a efectuar algunos comentarios breves sobre ciertos detalles.

Un estudioso de la Biblia ha afirmado que en este libro, nada se comienza, ni se termina. Es, en efecto, una continuación del Génesis.

En Génesis 46:27, se nos decía que 70 miembros de la familia de Jacob entraron en Egipto. La cantidad de personas que salieron de Egipto en los tiempos del Éxodo podría cifrarse en 2.100.000. Aunque resulta imposible estar seguros de las fechas de este remoto período, es posible que José entrara en Egipto durante el período de los Hicsos o reyes pastores, que eran conquistadores Semíticos emparentados con Abraham, Isaac y Jacob. De hecho, los Israelitas pueden haber sido los únicos amigos de aquellos reyes, que eran odiados por los egipcios. Finalmente, fueron expulsados por una dinastía egipcia nativa, que era comprensiblemente hostil hacia los extranjeros y de la cual descendía el Faraón que oprimiría a los judíos y que no había conocido a José.

Moisés se presenta como la figura sobresaliente en el libro del Éxodo. Es el autor del Pentateuco, así llamado por incluir los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, que son, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. En el Éxodo, la vida de Moisés se divide en 3 períodos de 40 años cada uno:

1. 40 años en el palacio del Faraón en Egipto.

2. 40 años en el desierto de Madian.

3. 40 años en el desierto como líder de Israel.

La educación recibida por Moisés en Egipto, presumiblemente en el Templo del Sol, evidentemente no le había preparado para seguir a Dios y para conducir a Israel fuera de Egipto. Dios le preparó en el desierto durante 40 años para revelarle que él solo no podría liberar a Israel. Le entrenó no solo para ser un estadista capaz de gobernar a un pueblo sino también para ser el portavoz de Dios ante ese pueblo.

Después de ese período de preparación de 40 años, Dios le envió de regreso a Egipto, para reunir a los ancianos dirigentes de Israel y para presentarse ante Faraón. Este se negaría a permitir que Israel saliese de aquella nación, por lo cual surgiría una lucha entre Dios y los dioses de Egipto, país dominado por la idolatría, con miles de templos y millones de ídolos. Detrás de esta idolatría se encontraba Satanás y la religión constituía realmente un poder en Egipto. En la segunda carta de Pablo a Timoteo leemos que

"Y así como Janes y Jambres se opusieron a Moisés, de la misma manera éstos también se oponen a la verdad; hombres de mente depravada, reprobados en lo que respecta a la fe."

En su encuentro con Moisés y Aarón, relatado en Éxodo 5:2, Faraón preguntaría:

"¿Quién es el Señor para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? No conozco al Señor, y además, no dejaré ir a Israel."

Dios se presentó a Sí mismo a Faraón y éste, después de sufrir la prueba de las plagas, profesó reconocerle como Dios. Éxodo 9:27, dice así:

"Entonces Faraón envió llamar a Moisés y Aarón y les dijo: Esta vez he pecado; el Señor es el justo, y yo y mi pueblo somos los impíos."

Y en 10:16, dice:

"Entonces Faraón llamó apresuradamente a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra el Señor vuestro Dios y contra vosotros."

De aquel episodio surge la pregunta: ¿y por qué fueron enviadas las 10 plagas? Porque formaban parte de la batalla de Dios contra los dioses de Egipto. Cada una de las plagas fue dirigida contra un dios concreto de Egipto. En Éxodo 12:12, leemos:

"Porque esa noche pasaré por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombre como de animal; y ejecutaré juicios contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor."

Dios quería revelar a Su propio pueblo que El, el Señor, era inmensamente mayor que cualquier dios de Egipto y, por lo tanto, tenía poder para liberarles.

Después de esta breve introducción comenzaremos a estudiar el primer capítulo de este libro.

Exodo 1:1-22

Tema: Israel en Egipto; un nuevo Faraón; la esclavitud y persecución de Israel; el heroísmo de dos mujeres.

Observaciones

Los primeros versículos de este libro, lo conectan con el relato del libro del Génesis, y presentan una lista de los primeros que llegaron a Egipto, pasando rápidamente por alto los años transcurridos. El versículo 7 de este primer capítulo continúa con el informe ofrecido en el Génesis.

El versículo clave del libro del Éxodo se encuentra en 20:2, que dice:

"Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre."

Leamos, pues los primeros 6 versículos, que comienzan a contarnos la trayectoria del pueblo de

Israel en Egipto

"Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob; cada uno fue con su familia: Rubén, Simeón, Leví y Judá; Isacar, Zabulón y Benjamín; Dan, Neftalí, Gad y Aser. Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta almas. Pero José estaba ya en Egipto. Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación."

Como hemos ya afirmado, Éxodo es la continuación del Génesis. Con la muerte de José concluía el Génesis. El versículo 6 nos dice que José, todos sus hermanos y toda aquella generación, habían muerto. Al menos 3 siglos y medio habían transcurrido. Y, a partir de ahora, el relato nos llevará a considerar, desde sus comienzos,

La esclavitud bajo los egipcios

En Génesis 46, Dios había dicho que Israel se convertiría en una nación grande y con una población numerosa en el país de Egipto. El versículo 7, que leemos a continuación, nos indica que aquella profecía se había cumplido realmente. Dice este versículo:

"Pero los hijos de Israel fueron fecundos y aumentaron mucho, y se multiplicaron y llegaron a ser poderosos en gran manera, y la tierra se llenó de ellos."

Pero el versículo 8 añade que se produjo un cambio muy importante:

"Y se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José;"

Un nuevo Faraón había llegado al trono de Egipto, que nunca había oído hablar de José. Quizás los Hicsos, o reyes pastores, que eran semitas, habiendo sido depuestos en el pasado por la dinastía anterior de reyes egipcios, ocupaban ahora nuevamente el trono. Al no haber conocido a José, el nuevo soberano no se consideraba en deuda con aquel ni con sus descendientes.

El versículo 8, nos enseña una lección muy importante. Y es que tenemos una gran responsabilidad de enseñar la Palabra de Dios a cada generación, especialmente a los niños. Si se descuida esta enseñanza, llegará un tiempo en que la Biblia será olvidada.

En una ocasión, un ejecutivo de una empresa fabricante de una bebida muy famosa me recordó que un porcentaje del precio de cada botella se invertía en publicidad. Me parecía difícil creer que fuera necesario hacer propaganda sobre un producto tan conocido y afianzado en el mercado. Le hice notar a aquel empresario la gran cantidad de anuncios que había visto en un pueblo pequeño, lo cual me parecía una exageración. Lógicamente no estaba de acuerdo conmigo y me preguntó si yo había visto publicidad sobre cierto producto muy popular en los años de mi infancia. Respondí que no había visto ninguna últimamente. Entonces me aclaró que, un día, la empresa productora pensó que ya no era necesario hacer publicidad. Como resultado, el artículo fue poco a poco cayendo en el olvido.

Volvemos al relato, que nos decía que el nuevo Faraón no había oído hablar de José. Ello me recuerda que ha habido siempre una nueva generación que no ha oído hablar del Señor Jesucristo. A veces podemos asombrarnos de que nuestros hijos, como no los han vivido, desconozcan acontecimientos históricos que nosotros hemos presenciado y que nos provocaron aflicción o grandes dificultades. Por lo tanto, es necesario enseñar a la generación siguiente lo que le haya sucedido a la generación anterior. En el caso de este pasaje Bíblico, surgió una generación que ignoraba el nombre de José, y así ocurrió que el héroe de su época, famoso por el papel que había desempeñado en la supervivencia de aquel país, era ahora solo un desconocido. ¡Pensar que había sido tan popular que cuando murió, recibió los homenajes más espectaculares!

En consecuencia, el nuevo Faraón no estaba en absoluto bien dispuesto hacia los israelitas. Como habían estado sus predecesores. Leamos los versículos 9 al 11:

"y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más fuerte que nosotros. Procedamos, pues, astutamente con él no sea que se multiplique, y en caso de guerra, se una también con los que nos odian y pelee contra nosotros y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con duros trabajos. Y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramsés."

De hecho, existía la posibilidad real de que Israel hubiese unido sus fuerzas a los enemigos de Egipto. Aunque Faraón necesitaba esclavos, la forma más simple de solucionar el problema habría consistido sencillamente en dejarles salir del país. Sin embargo, intentó solucionar el problema a su manera; les obligó a trabajar duramente, construyendo ciudades donde se almacenarían provisiones. Y tuvieron que construir los edificios con ladrillos que ellos, como esclavos, fueron obligados a fabricar. Al principio de su esclavitud, a los israelitas se les facilitaba la paja para hacer los ladrillos. Pero al agravarse la persecución del Faraón, se vieron forzados a procurarse su propia paja y, a la vez, producir el mismo número de ladrillos que fabricaban antes. Sin duda, los israelitas se encontraban en una situación muy difícil, a medida que los egipcios endurecían cada vez más sus condiciones de vida. Dice el versículo 12:

"Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel."

Dios le había dicho a Abraham que Israel pasaría por tiempos de privaciones en Egipto. Decía el libro del Génesis 15:13,

"Y Dios dijo a Abram: Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años."

En este versículo había 3 predicciones: Los israelitas serían extranjeros en una tierra ajena; serían esclavos y, serían oprimidos. Todas estas predicciones se habían cumplido precisamente en el período abarcado por los primeros versículos de Éxodo 1.

Pero, cuanto más oprimían los egipcios a los israelitas, más aumentaba su población. Continuemos leyendo los versículos 13 al 16;

"Los egipcios, pues, obligaron a los hijos de Israel a trabajar duramente, y les amargaron la vida con dura servidumbre en hacer barro y ladrillos y en toda clase de trabajo del campo; todos sus trabajos se los imponían con rigor. Y el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y la otra Puá, y les dijo: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá."

A pesar de la persecución y la crueldad con que fueron tratados la bendición de Dios estaba con ellos. Entonces el rey se dio cuenta del notable crecimiento numérico de aquel pueblo de esclavos y habló con las parteras de las mujeres hebreas. Es interesante observar los nombres de las 2 mujeres: Sifra significa "belleza" y Puá, "esplendor", cualidades que caracterizaban a las mujeres egipcias, como puede comprobarse por las figuras femeninas creadas por los pintores egipcios. Las citadas mujeres aparentemente ocupaban una elevada posición oficial en Egipto y estaban encargadas de controlar a las enfermeras responsables de asistir a las mujeres en el nacimiento de sus hijos.

Este fue otro intento de Satanás de destruir la línea de descendencia que conducía al Señor Jesucristo. Tentativas de este tipo se registraron por toda la Biblia, desde el Antiguo al Nuevo Testamento. Muchos intentos de destruir a los judíos han tenido lugar en la historia y resulta interesante observar la manera en que el anti-semitismo se ha propagado por todo el mundo. Es satánico en su origen y, en consecuencia, ningún hijo de Dios debiera identificarse con tales sentimientos ni acciones. Generalmente son personas que no conocen ni tienen una relación con Dios, las que toman parte en esa persecución.

Este pasaje nos ha llevado a considerar el antisemitismo. Aunque, realmente, cualquier odio racial, no importa contra quién esté dirigido, es ajeno al espíritu cristiano. Ello debiera hacer reflexionar a todos aquellos que, desde dentro o fuera de diferentes iglesias y religiones, mantienen en la actualidad esta actitud. En mi opinión, ninguna persona puede estudiar la Palabra de Dios y, al mismo tiempo, convertirse en un perseguidor impulsado por el odio racial que, en este caso histórico, se refiere al antisemitismo y a sus proyecciones históricas.

En medio de este ataque, Dios intervino, a través de

El heroísmo de dos mujeres

Leamos los versículos 17 al 22:

"Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños. El rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, y habéis dejado con vida a los niños? Respondieron las parteras a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas. Y Dios favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso. Y sucedió que por haber las parteras temido a Dios, El prosperó sus familias. Entonces Faraón ordenó a todo su pueblo, diciendo: Todo hijo que nazca lo echaréis al Nilo, y a toda hija la dejaréis con vida."

Este intento de destruir a los niños varones hebreos, fue una maniobra política que no funcionó. Aquellas heroicas mujeres egipcias tuvieron que elegir entre obedecer al Faraón o a Dios. Su gesto constituye un ejemplo elocuente para nosotros en la hora actual, en tiempos de falta de compromiso e insensibilidad, mostrándonos además, cómo actúa Dios, protegiendo la integridad y honra de los que optan por El. Habían aprendido a temer y respetar a Dios y su obediencia fue tenida en cuenta y recompensada por Dios, quien hizo que el nombre de ellas fuese muy respetado no solo en Israel sino también en Egipto.

Si la orden del Faraón hubiese sido cumplida, el pueblo de Israel habría sido exterminado rápidamente. Pero tal mandato fue desobedecido y los capítulos subsiguientes lo demostrarán con claridad. Dios hizo surgir a Moisés para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud de los Egipcios.

Éxodo es el gran libro de la salvación, de la redención que en realidad revela, con vívidas ilustraciones e imágenes históricas, cómo Dios nos libera en la actualidad del pecado, del mundo como sisTema que se opone a Dios, de nuestra naturaleza física con sus malos y desordenados deseos y del diablo, el enemigo de Dios.

Estimado oyente, Dios, por su amor y su gracia, puede liberarte de cualquier esclavitud y forma de opresión. Solo tienes que ser consciente de cómo se acercó El a ti cuando envió a Jesucristo a morir a una cruz. El resucitó y venció. Y tú también puedes participar de esa victoria.

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