Estudio bíblico de Joel 3:1-21

Joel 3:1-21

Llegamos hoy, estimado oyente, al último capítulo en nuestro estudio de esta profecía de Joel, el

Joel 3

En nuestro programa anterior comentamos solo el versículo 1, y vamos a recordar lo que dijimos acerca de él, para enlazar sus palabras con el resto de este capítulo 2- Leamos entonces nuevamente el versículo 1 de este tercer capítulo, que inicia la tercera y última gran división de esta profecía, que hemos titulado

Mirando al día del Señor (en un postludio)

"Ciertamente en aquellos días, en aquel tiempo en que haré volver la cautividad de Judá y de Jerusalén"

Dice aquí en aquellos días. ¿Qué días? ¿El día de Pentecostés? No, porque el profeta habló del tiempo señalado en que el Señor restauraría la suerte de Judá y Jerusalén. En el día de Pentecostés Él no los trajo de regreso a su tierra; en realidad, el Señor Jesús invirtió el orden de los acontecimientos cuando dijo, en el primer capítulo de los Hechos, versículo 8, me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. En vez de traer a los cautivos de regreso a Jerusalén, Cristo, como cabeza de la iglesia, dijo a aquellos que habían nacido espiritualmente de nuevo y formaban parte del cuerpo de los creyentes que llegaran hasta los confines de la tierra proclamando el mensaje de que Él había resucitado de los muertos, diciendo a las personas que Dios era compasivo y misericordioso, y que cualquiera que invocare el nombre del Señor, sería salvo.

El mensaje del Evangelio parece tan simple que muchas personas inteligentes no lo captan. Es un mensaje extraordinario. Todo lo que usted hace es creer. Debemos decir que no creemos en la salvación por obras ---lo cual es obvio--- pero creemos en una salvación que funciona. Es importante ver este aspecto. Si usted ha sido salvo, deseará difundir el Evangelio. Si usted no desea hacerlo, estimado oyente, cuestionaríamos su fe ---no sus obras---, porque, la fe funciona y se hace realidad en la vida de un verdadero creyente. Ahora, veamos lo que dice aquí el versículo 2 del capítulo 3 de Joel:

"Reuniré a todas las naciones y las haré descender al valle de Josafat; allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, de Israel, mi heredad, al cual ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra."

Aquí dice que el Señor reunirá a todas las naciones en el valle de Josafat, otra situación geográfica situada cerca de Jerusalén. Desde el siglo IV de nuestra era se dio ese nombre al valle de Cedrón, al sureste del templo.

Dice también este versículo que Él entrará en juicio con ellas a causa de mi pueblo, de Israel, mi heredad, al cual ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra. (otra versión tradujo "contenderé con ellas allí a favor de mi pueblo") . Antes de que el Señor Jesús vuelva otra vez a la tierra, los creyentes ya habrán aparecido ante Su tribunal para comprobar si han de recibir un premio o no. Entonces, cuando Él llegue a la tierra, juzgará para ver quien entrará al reino. Aquí tenemos una gran profecía, que no se encuentra solo en el libro de Joel. Él fue el primero de los profetas que escribieron su profecía, y todos los demás profetas la mencionaron. Uno de ellos, por ejemplo, dijo lo mismo, como podemos ver en la profecía de Zacarías, capítulo 2, versículos 10 y 11, que dice; Canta y alégrate, hija de Dión, porque yo o vengo a habitar en medio de ti, dice el Señor. Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día, y me serán por pueblo, y habitaré en medio de ti, y entonces conocerás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti. Esta fue la gran esperanza de ellos, su brillante esperanza, de que el Señor viniera a establecer Su reino en la tierra y que el Espíritu fuera derramado sobre todo ser humano. Continuemos leyendo el versículo 3 de este tercer capítulo de Joel:

"Echaron suertes sobre mi pueblo, cambiaron los niños por una ramera y vendieron las niñas por vino para beber."

Aquí el profeta describió una escena tremenda. A veces suele haber desacuerdo en algunos países sobre la forma en que deben ser tratados los animales. Siempre falta cierta claridad o acuerdo en si la preocupación por el trato debería extenderse a todos los animales o solo a algunos, y si las medidas afectan a los animales que son objeto de caza o de la pesca, y a los animales y peces cuya carne se vende y consume. Algunas personas se desentienden del tema y no les importa que sean tratados con crueldad, mientras que otros van a otros extremos en su trato con ellos. Esta cuestión no entra en nuestro tema. Estamos de acuerdo en que los animales no deberían ser maltratados y que ellos sufren por causa del pecado del hombre. Sin embargo, la mayor maldad de nuestro tiempo es la crueldad infligida sobre los niños. Lo que está sucediendo hoy es una espantosa realidad. Nos referimos al maltrato de niños por parte de sus padres, al comercio de niños y a cualquier forma de violencia, en general, ejercida contra ellos. El maltratar a los niños es una de las señales del fin de la época.

¿Por qué en algunos países hay tantos niños que abandonan su hogar? Cualquier padre o madre que tenga un hijo huido de su hogar necesitaría doblar sus rodillas ante Dios y preguntarse en Su presencia que ha hecho mal. Porque algunos atribuyen el desapego de sus hijos de la familia, a sus amistades o malas compañías y entonces recurren a la ayuda de psicólogos. Si aplicáramos las enseñanzas de la Palabra de Dios desde los primeros años en la vida de un niño, no tendríamos esos problemas. En el pasaje que estamos estudiando, Dios, por medio del profeta, habló de una época en la que habría personas que cambiarían a niños por prostitutas, y para emborracharse venderían a niños por vino. ¡Cuántos niños están siendo arrastrados por la inmoralidad a causa del alcoholismo y ebriedad de alguno de sus progenitores, o de ambos! ¿Cuántos padres están siendo un ejemplo correcto para sus hijos, y no solo en lo relacionado con la bebida, sino también en todo lo relacionado con las drogas? Debemos decir que muchas personas deberían hablar en voz bien alta sobre estos temas, en esta sociedad que consideramos tan moderada y sofisticada, que prefiere convencerse de que estamos progresando en nuestra civilización. Estimado oyente, como continúe este alejamiento de todo lo que la Palabra de Dios ha enseñado a través de los siglos, tendremos que llegar a la conclusión de que todos los valores que sustentan la vida en sociedad se están perdiendo, lo cual parece dejarnos una sensación de vértigo. Continuemos leyendo el versículo 4 de este tercer capítulo de la profecía de Joel:

"¿Qué tengo yo con vosotras, Tiro y Sidón, y con todo el territorio de Filistea? ¿Queréis vengaros de mí? Y si de mí os vengáis, bien pronto haré yo recaer la paga sobre vuestra cabeza."

Dios dijo que ellos ya habían pasado el tiempo propicio o cruzado el límite de la paciencia divina, y eran incapaces de volverse a Él con sinceridad. Y dicen los versículos 5 y 6:

"Porque os habéis llevado mi plata y mi oro, y mis cosas preciosas y hermosas metisteis en vuestros templos; y vendisteis los hijos de Judá y los hijos de Jerusalén a los hijos de los griegos, para alejarlos de su tierra."

Aquí podemos apreciar que aún en esa época los israelitas estaban siendo vendidos a la esclavitud, aunque esto sucedió antes de que Roma asumiera el poder. Y dicen los versículos 7 y 8 de este tercer capítulo:

"Yo los levantaré del lugar donde los vendisteis y volveré vuestra paga sobre vuestra cabeza; venderé vuestros hijos y vuestras hijas a los hijos de Judá, y ellos los venderán a los sabeos, nación lejana; porque el Señor ha hablado."

Y el juicio de Dios sobre Tiro y Sidón, profetizado también por los profetas Ezequiel, Jeremías e Isaías, se ha cumplido literalmente. Y los versículos 9 y 10 dicen:

"¡Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes! ¡Acérquense, vengan todos los hombres de guerra! Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces y diga el débil: ¡Fuerte soy!"

Dice este versículo 10 forjad espadas de vuestros azadones (o rejas de arado) y lanzas de vuestras hoces. Alguien podría decir que pensaba que la Biblia decía que había que convertir las espadas en rejas de arado. La Biblia dice tal cosa, pero el tiempo en que se llevará a cabo será cuando el reino de Cristo se establezca en la tierra (como podemos ver en Isaías 2:4 y en Miqueas 4:3). Cuando Cristo esté reinando, todos podrán librarse de sus armas, pero hasta entonces, muchas personas hoy se preparan para defenderse por sí mismas o para proteger a sus seres queridos. Lo que comparten casi todos es una sensación general de inseguridad porque hay seres humanos que andan sueltos y actúan como animales salvajes; caminan sobre dos piernas, pero sin malvados, feroces e impulsados por su ambición pueden destruir a cualquiera. También hay naciones que en la historia han actuado de esa manera. En realidad, ésta es la forma en que Dios describió a naciones. Él llamó a una de ellas león, a otra pantera, y a otra una bestia indefinida. Así que en la escena internacional, ante el temor de que algunas naciones actúen como bestias salvajes, otras naciones se implican en una escalada armamentista para obtener y desarrollar armas nucleares. El apóstol Pablo dijo en su primera carta a los Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 3, 3Cuando digan: «Paz y seguridad», entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina. Resulta interesante observar que las Naciones Unidas tienen inscripto en su sede oficial ese versículo de Isaías que hemos mencionado antes, que habló de convertir las espadas en rejas de arado. En realidad, las naciones están haciendo exactamente lo contrario; más bien están actuando como describió el versículo 10 de este capítulo de Joel, que habló de convertir las rejas de arado en espadas y las hoces en lanzas. Realmente, vivimos en un mundo en que predomina la maldad, a pesar de los tremendos, generosos y bien intencionados esfuerzos de tantas personas que en el llamado tercer mundo luchan por aliviar el sufrimiento humano. Continuemos leyendo los versículos 11 y 12 de este tercer capítulo de Joel.

"Juntaos y venid, naciones todas de alrededor, y congregaos. ¡Haz venir allí, Jehová, a tus fuertes! Despiértense las naciones y suban al valle de Josafat, porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor."

El Señor Jesucristo dijo en Su discurso del Monte de los Olivos, en el evangelio según San Mateo, capítulo 24, que Él juzgará a las naciones y que lo hará de acuerdo con la forma en que ellas hayan tratado a Su pueblo. Ahora, alguien quizá diga: "¿Es que ellos son algo especial? ¿Son ellos mejores?" No estimado oyente. ¿Son entonces, ellos mejores? ¿Por qué, entonces, juzgará Él de esta manera? Porque cuando la iglesia sea quitada de este mundo, esos 144.000 testigos judíos van a ser los únicos testigos a favor de Dios sobre esta tierra. Recordemos que Jesús dijo que cualquiera que les diera a tales testigos un vaso de agua en Su nombre, Él lo recompensaría. Es que en aquellos días, el proporcionar comida o bebida a esos 144.00 que estarán dando testimonio de Cristo por todo el mundo, podría costarle a muchos su vida. Continuemos leyendo el versículo 13 de este tercer capítulo de Joel:

"Meted la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno y rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos."

Cuando el profeta habló de una cosecha, estaba refiriéndose al final de esta época. Y continuó diciendo el versículo siguiente, el 14:

"Muchos pueblos en el valle de la Decisión; porque cercano está el día del Señor en el valle de la Decisión."

Recordemos que Joel identificó a este período con el "día del Señor". Todo lo que el profeta dijo cae en este paréntesis del "día del Señor", que comienza, después del arrebatamiento de la iglesia, con la gran tribulación y continúa a través de la segunda venida de Cristo para establecer Su reino y el juicio que determinará quién entrará al reino milenario. Durante este reino y al final, habrá un breve período de rebelión, cuando Satanás sea liberado, y después vendrá el juicio del Gran Trono Blanco y comenzará la eternidad. Todo ello está incluido en el "día del Señor."

Ahora el profeta Joel comenzó a hablarnos sobre trastornos en los cuerpos celestes. Leamos los versículos 15 hasta el 17 de este tercer capítulo:

"El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas perderán su resplandor. El Señor rugirá desde Sión, dará su voz desde Jerusalén y temblarán los cielos y la tierra; pero el Señor será la esperanza de su pueblo, la fortaleza de los hijos de Israel. Entonces conoceréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, que habito en Sión, mi santo monte. Jerusalén será santa y extraños no pasarán más por ella."

La ciudad aun está siendo transitada por los no judíos. La llamada "tumba del jardín" está tan abarrotada de público que a veces muchos turistas ni siquiera pueden entrar en ella. Y no son judíos los que van a verla, sino que allí entran y salen constantemente no judíos, turistas procedentes de todo el mundo. Llegará el día en que la "tumba del jardín" no será una atracción turística de Jerusalén. ¡Algún día, el Señor resucitado mismo estará allí!

Como vemos, a continuación, Joel se refirió al tiempo del reino. Leamos el versículo 18 de este tercer capítulo:

"Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, de los collados fluirá leche y por todos los arroyos de Judá correrán las aguas. Saldrá una fuente de la casa del Señor y regará el valle de Sitim."

La frase Sucederá en aquel tiempo es decir, se refiere al "día del Señor". Dijo también los montes destilarán mosto (otros traducen "vino dulce"), de los collados fluirá leche, y por todos los arroyos de Judá correrán las aguas. En la actualidad, en Israel suele escasear el agua, pero en aquellos días futuros, habrá agua en abundancia.

Y finaliza el versículo diciendo Saldrá una fuente de la casa del Señor y regará el valle de Sitim. Esto es muy interesante, porque el valle de Sitim se encuentra al otro lado del Jordán. Ahora, ¿cómo podrán correr estas aguas desde Jerusalén hasta el Jordán? Porque Zacarías dijo que en aquel día la montaña será dividida, y esta gran ruptura geográfica que hoy se extiende desde el norte de Bilos en Líbano, y desciende por el Mar de Galilea, por el valle del Jordán, por el Mar Muerto y pasa hasta Africa, va a dirigirse en otra dirección ---siguiendo una dirección de este al oeste. Y dice el versículo 19:

"Egipto será destruido y Edom será vuelto en desierto asolado, a causa de la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente."

Según este pasaje, Dios juzgará a estos países, incluso en relación con el reino milenario. En el pasado, especialmente, han sido enemigos de Israel. Y, finalizando el capítulo 3 de Joel, y el libro mismo, leamos los versículos 20 y 21 de este tercer capítulo:

"Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Yo vengaré la sangre que aun no he vengado. Y el Señor habitará en Sión."

Aquí la frase vengaré la sangre que aun no he vengado nos indica que el Señor todavía no se ha puesto en acción a favor de ellos. Y también se señala que el Señor habitará en Sión. Él no habita allí en la actualidad. Jerusalén es una ciudad tan pagana como cualquier otra ciudad del mundo, pero llegará el día en que el Señor estará presente allí. Entonces veremos todos estos anuncios proféticos cumplidos. Tendríamos que ver a Cristo allí para decir que estas palabras están siendo cumplidas en nuestro tiempo. Pero allí no es donde le vemos hoy, porque en este mismo momento Él se encuentra en el cielo a la derecha de Dios. Y es nuestra oración que podamos ser conscientes continuamente de Él, y que podamos tener la realidad de Su presencia en nuestras vidas.

Bien, estimado oyente, concluimos así nuestro estudio de este libro de Joel, y confiamos que haya sido de provecho espiritual para usted. En nuestro próximo programa re-iniciaremos nuestro estudio en el Nuevo Testamento y comenzaremos a estudiar la primera epístola del Apóstol Pedro. Le agradecemos su compañía en este viaje a través de la Biblia y esperamos continuar contando con ella.

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