Estudio bíblico de Amós 1:1; 7:10-12

Amós - Introducción 1:1, 7:10-12

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por las páginas de la Biblia y al llegar a la breve profecía de Amós, creemos que lo primero que debemos hacer es tratar de localizarlo al profeta en el

Tiempo

El ministerio profético de Amós tuvo lugar durante los reinados de Jeroboan II, rey de Israel y Uzías, rey de Judá. Fue contemporáneo de Jonás y de Oseas, que fueron profetas en el reino del norte o de Israel, y con Isaías y Miqueas, que fueron profetas en el reino del sur, o de Judá. Ahora diremos algo en cuanto al

Tema

Amós representó a Dios como gobernante de este mundo y declaró que todas las naciones eran responsables ante El. La medida de la responsabilidad de una nación era la luz o revelación que dicha nación recibió. La prueba final para cualquier nación (o individuo) se encuentra en el capítulo 3, versículo 3 de este libro y dice: ¿andarán dos juntos si no están de acuerdo? En una época de prosperidad, el profeta Amós anunció juicio. El juicio de Dios aguardaba a las naciones que estaban en el lujo o cayendo en la inmoralidad. Ahora digamos algo sobre

El escritor

Podemos considerarlo un hombre que llegó a la ciudad procedente de un lugar muy alejado. El conocerlo nos hará apreciarlo más y a conocer mejor su profecía. Encontraremos que nació en Judá, el reino del sur, aunque fue un profeta ante el reino del norte. Su mensaje fue pronunciado en Betel, en la capilla del rey. Fue algo fuera de lo normal que un hombre hubiera llegado de semejante país, de un lugar remoto, con un mensaje de juicio contra todas las naciones vecinas. Amós tenía un punto de vista global de la vida y del programa de Dios para todo el mundo - no solo para su tiempo presente sino también para el futuro. Todos estos factores hicieron de aquel hombre un profeta notable.

En el capítulo 1, versículo 1 de este libro leemos: 1Las palabras de Amós, que fue uno de los pastores de Tecoa, que profetizó acerca de Israel en días de Uzías, rey de Judá, y en días de Jeroboam hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto. Tecoa fue su lugar de nacimiento y en el cual se crió. A pocos kilómetros de Jerusalén se encontraba aquel pequeño pueblo del cual el profeta Miqueas dijo en su capítulo 5, versículo 2: Pero tú, Belén Efrate, tan pequeña entre las familias de Judá, de ti ha de salir el que será Señor en Israel; sus orígenes se remontan al inicio de los tiempos, a los días de la eternidad. Belén se ha hecho famosa, pero había otro pueblo pequeño situado a unos 4 kilómetros, hacia el sur, llamado Tekoa, que no fue tan conocido. En realidad, Amós mismo ni siquiera fue mencionado en ningún otro lugar del Antiguo Testamento. En el Evangelio de Lucas, en la genealogía de María, se citó a un Amós, pero éste no tuvo ninguna relación con el profeta Amós. Y el pequeño pueblo de Tekoa, del cual él procedía, era un lugar prácticamente desconocido. Fue el lugar donde una profetisa se presentó ante David y le entregó un mensaje (como podemos ver en 2 Samuel 14); el rey David estaba familiarizado con esa zona porque era la región a la cual él huyó para esconderse del rey Saúl.

Tekoa estaba situado en una cadena de colinas desde la cual podía contemplarse un terrible desierto que continuaba hasta las orillas del Mar Muerto. Los animales salvajes aullaban durante la noche y lo único que se podía ver de día eran ciertos lugares en los que podían observarse restos de los campamentos beduinos. No se veía otra cosa que el suelo ennegrecido abandonado por nómadas y vagabundos del desierto, que se desplazaban por la zona. El Dr. Adan Smith dijo: "Los habitantes de Tekoa dominaban con la vista un mundo desolado e inhóspito". Hasta aquí la cita.

En la actualidad Israel ha construido una moderna autopista a lo largo del Mar Muerto, que conduce a Masada. La autopista regresa por Arad y asciende pasando por Hebrón y Belén. Pero esa vía de comunicación no llega hasta Tekoa porque este pueblo se encuentra en el desierto. Seguramente usted nunca oyó hablar de él, ni siquiera examinando sus buenos tiempos, porque nunca fue más que un lugar amplio junto al camino, un apeadero, un punto de partida. El nombre "Tekoa" significa zona de acampada. Realmente era solo una encrucijada lejana situada en la frontera. La única fama del pueblo consistió en ser el lugar de nacimiento del profeta Amós.

Tenemos que fijarnos en el capítulo 7 de este libro para tener una percepción personal de este hombre y de su ministerio allá en Samaria, en el reino del norte o de Israel. Allí, en los versículos 10 al 15 leemos lo siguiente: 10Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11Porque así ha dicho Amós: "Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio"». 12Y Amasías dijo a Amós: -Vidente, vete, huye a tierra de Judá, come allá tu pan y profetiza allá; 13pero no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino. 14Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: -No soy profeta ni soy hijo de profeta, sino que soy cuidador de ovejas y recojo higos silvestres. 15Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel."

Aquí se nos habló de su oficio: Amós era boyero. En este pasaje se usó una palabra poco corriente que significa que él era el boyero de una raza peculiar de ovejas del desierto. Se trataba de animales de calidad inferior pero que daban una lana larga a causa del frío del invierno. También dijo el profeta que él recogía higos silvestres. Era un fruto parecido a un higo pequeño que crecía en arbustos del desierto. Estos árboles crecían poco y eran mucho más bajos que el árbol sicómoro que conocemos hoy.

Así vemos, entonces, que Amós tenía que viajar para realizar su trabajo. Era un obrero migratorio. Sus ovejas y sus sicómoros le hacían viajar muy lejos por el desierto. Era realmente un agricultor, un campesino rudo, que no había tenido oportunidad de formarse culturalmente. Era un predicador rural, un personaje tosco, que parecía un manazas entre los predicadores sincretistas que predicaban allí en Betel.

Pero antes de sonreír al contemplar este personaje, tenemos que decir que fue uno de los más grandes siervos de Dios, y un individuo extraordinario. Escuchemos lo que dijo en el capítulo 7 de su profecía, en el versículo 15: 15Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel". Dios envió a Amós desde la lejanía de aquel gran desierto hasta Betel, una de las ciudades capitales del reino del norte, donde vivían personas que, como habitantes de una ciudad, vivían de diferente forma. Dios lo llamó a predicar, le comunicó un mensaje y lo envió a Betel.

Al principio, Betel fue la capital del reino del norte, y el lugar donde el rey Jeroboan había erigido uno de sus becerros de oro. Era el centro de la cultura y del culto. La gente le había dado la espalda al Dios todopoderoso y adoraba al becerro de oro. Allí vivían personas de grandes recursos, refinadas y sofisticadas. Allí las personas estaban hastiadas, de vuelta de todo, y descaradas en sus prácticas. Aquella ciudad era también el centro intelectual del reino. Tenían una escuela de profetas. Si tal escuela existiera en la actualidad estaría promoviendo todas las teorías y teologías que negaran la inspiración de las Sagradas Escrituras

Por otra parte, lo que se hacía en Betel influenciaba socialmente a gente de otros lugares y, en consecuencia, las personas seguían la moda que allí prevalecía en cuanto a forma de vestir, costumbres, adornos y artículos de uso

Y fue precisamente a semejante lugar a donde llegó este predicador rural, este profeta de Dios, con un mensaje - un mensaje extraño, diferente al de cualquier otro profeta. La forma de vestir de Amós no encajaba con el estilo que se llevaba en Betel, y tampoco su mensaje. El no pronunció la clase de mensaje que aquellas personas estaban acostumbradas a escuchar. En la capilla del rey solían hablar predicadores sofisticados, moderados, de buen nivel intelectual, pero manifiestamente no creyentes, que intentaban pronunciar palabras edulcoradas para consolar a la gente. Pero aquí apareció un hombre totalmente diferente. Cuando Amós llegó por primera vez, la gente lo miró con atención. Pero fueron indulgentes; por supuesto, tenían la mente abierta y tolerante, así que le sonrieron. Pero al observar su indumentaria y su aspecto general, todos, excepto el profeta, debieron sentirse incómodos. El no se avergonzó en absoluto y entonces causó sensación, un gran revuelo. Había salido del desierto y en ese momento se presentó en sociedad. Había salido de entre las ovejas para introducirse en un lugar elegante de Betel, rodeado de personas acicaladas. Había abandonado el mundo de la agricultura para introducirse en el mundo de la cultura.

Creemos que al principio casi todos fueron a escucharle. Debieron pensar que no sería capaz de predicar, pero acudieron a verle por curiosidad, convencidos de que no tendría ningún mensaje que comunicarles. Vinieron para entretenerse, pero salieron enfadados. Lo consideraron un predicador sensacionalista, porque sus sermones no estaban concebidos al estilo de Betel. Pero en la actualidad no encontraremos el registro de los artificiosos mensajes de los predicadores de aquella época pero, en cambio, sí tenemos los mensajes y la profecía de Amós.

El profeta Amós predicó la Palabra de Dios. Muchas personas se conmovieron y algunos se volvieron a Dios, pero el profeta inquietó a los elementos religiosos de aquel lugar. La religión organizada de Betel, la adoración del dios pagano Baal y del becerro de oro se habían unido y compartían los mismos objetivos, así como el mismo programa. O sea, que si usted no creía en nada, no había motivo para mantenerlo apartado. Y actualmente, muchos piensan de esta manera: por ejemplo, si yo no creo en nada, y usted comparte mi incredulidad - no creyendo tampoco en nada---entonces podemos reunirnos y disfrutar de cierto compañerismo. Y en ese sincretismo, propio también de los últimos tiempos, podemos ver que muchos tratan por todos los medio de conciliar doctrinas y creencias diferentes.

Así que Amós se encontró en medio de aquella religión organizada que tramaba silenciarlo y expulsarlo de la ciudad. Imaginamos que incluso habrán convocado una reunión para cambiar impresiones sobre como quitarlo de en medio o, en todo caso, hacerle llegar sutiles amenazas de retirarle su apoyo si no se avenía a cambiar su mensaje o, al menos, atenuar su vocabulario radical. Y así, todos los grupos que por incompatibilidad con el contenido de su mensaje, o por envidia ante el poder de convocatoria popular del profeta, trataron de socavar su figura y su ministerio profético. Pero aquel hombre fue aprobado y bendecido por Dios, y él no cedió ante las presiones, insinuaciones o amenazas directas y continuó predicando la Palabra de Dios.

Nos imaginamos también que todos los descontentos se reunieron y a pesar de su diversidad, todos compartían el mismo sentir de apartar al profeta Amós de su ministerio, tanto a nivel público como en el privado. Quizás fue Amasías, un sacerdote que se había entregado a la idolatría, el personaje nombrado para canalizar estos esfuerzos conspirativos. Y esta forma de actuar no sería única ni exclusiva, sino que se repetiría a lo largo de la historia humana frente a un personaje molesto, que se negara a negociar, a ser flexible, integrador y que no comprometiera sus creencias ante las presiones del poder establecido. En aquel tiempo, Amasías era una especie de funcionario o empleado del poder religioso de aquel reino. Era un hombre culto, refinado, diplomático, en fin, un clásico ejemplo de un santo falso.

Inteligente y sutilmente, Amasías preparó un golpe maestro. Se dirigió a Jeroboan II y envenenó su mente contra el profeta Amós. Y él consiguió que el rey le apoyara porque creía que la iglesia y el estado, es decir, la religión y la política debían ayudarse mutuamente. Esto fue lo que sucedió: Leamos el capítulo 7 de este libro, versículos 10 y 11, que dicen: 10Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam, rey de Israel: «Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11Porque así ha dicho Amós: "Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio"». Estimado oyente, ¿fue esto lo que había dicho Amós? No, él no había dicho tal cosa. Sus verdaderas palabras expresaron que Dios había dicho, como leemos en el versículo 9, 9me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam. Si usted sigue el registro histórico, encontrará que la declaración de Amós fue cierta. Fue una desgracia que el rey Jeroboán no hubiera creído a Amós porque más tarde su nieto fue muerto a espada, terminando con su línea de descendencia real. Fue cierto que Amós había dicho algo sobre la espada y sobre Jeroboán, pero el profeta no había dicho que Jeroboán personalmente moriría por herida de espada. El sacerdote Amasías era un político eclesiástico que estaba tergiversando la verdad, y esa es la peor clase de mentira.

Y Amasías, con un sarcasmo hiriente, intentando ridiculizarle, y con una actitud condescendiente le dijo a Amós: "Vidente, vete". Es decir, que él le estaba llamando a Amós, "pastor", se estaba burlando de él. Y lo que le dijo lo podemos ver aquí en el versículo 12, de este capítulo 7, donde leemos: Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, come allá tu pan y profetiza allá. En realidad le estaba diciendo: "¿Quién te dijo que eras un predicador? ¿Dónde está tu título? ¿A qué escuela fuiste? ¿Quién te ordenó para el ministerio? ¿Dónde predicabas antes de venir aquí? ¡Vete de aquí, vidente!" Y así le dijo, con otras palabras, que se perdiera de vista. Y después Amasías añadió: come allá tu pan. Aquí estaba insinuando a Amós que el profeta lo hacía simplemente por dinero y que no le quería ver más por allí.

Y después, leamos el versículo 13 para escuchar el máximo insulto de todos, pero no profetices más en Betel, porque es santuario del rey, y capital del reino. Esta fue la culminación de la insolencia y de la arrogancia de Amasías. El usó entonces una sátira que fue no solo mordaz, sino también perniciosa. Fue como si le hubiera dicho: "has hablado en el santuario principal del reino, en la capilla del rey, en el santuario del rey, y el rey no está satisfecho contigo. Tu mensaje lo inquieta. En realidad, hay mucha gente a quién no le gustas. No utilizas un método muy diplomático. No elogias ni halagas a la gente. No tratas con condescendencia a los ricos y poderosos. No eres respetuoso con el orden establecido. No demuestras tener dignidad. Eres enérgico al predicar y no te expresas con gestos elegantes. Incluso el sonido de tu voz es desagradable y se nota que no has seguido un curso de comunicaciones ni leído escritos profundos".

Sería oportuno escuchar ahora la respuesta que este gran profeta de Dios presentó, este hombre que predicó la justicia de Dios y el juicio de Dios. Hubo quienes lo consideraron como un profeta ardiente como el fuego, pero observemos qué gentil y cortés realmente fue. Leamos entonces en este capítulo 7 de esta profecía, y concretamente, los versículos 14 y 15, que dicen: Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: - No soy profeta ni hijo de profeta, sino que soy boyero y recojo higos silvestres. Y el Señor me tomó de detrás del ganado, y me dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo Israel". Y después Amós continuó con su mensaje, en el cual tuvo palabras muy severas que decirle a aquel hombre llamado Amasías.

Estimado oyente, debemos poner punto final aquí porque nuestro tiempo se ha terminado. Continuaremos con esta introducción a este libro en nuestro próximo programa y esperamos contar con su cordial compañía al considerar los aspectos generales de nos hagan entender mejor el contenido de este libro breve y profundo de la Biblia.

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