Estudio bíblico de 1 Juan 4:4-9

1 Juan 4:4-9

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por la Primera Epístola del Apóstol Juan, y regresamos a esta sección de la cual se ha dicho que ofrece ciertas dificultades pero que, con la ayuda de Dios y su Espíritu, vamos a afrontar para su mayor comprensión.

En los primeros seis versículos del capítulo cuatro que estamos estudiando Juan presentó un tema con el cual nos alertó, con una luz roja. Una señal de alerta, de precaución, como si quisiera decirnos "stop, para, observa y escucha". Anteriormente Juan ya nos dijo que debemos ejercitar el amor con juicio y discernimiento, que quiere decir, ejercitar el amor con sabiduría, que los creyentes en Cristo, deben amarse los unos a los otros. En los días de Juan, en el primer siglo después de Jesucristo, ya había falsos profetas. La advertencia es clara: debemos cuidarnos de los falsos maestros, y de los falsos profetas que también están presentes en el mundo actual. La característica que identifica a esos falsos profetas y falsos maestros, es que niegan la divinidad de Cristo, y cuando se rechaza la encarnación y la deidad de Cristo, entonces, consecuentemente, se está negando Su obra de expiación por nuestros pecados en la cruz. Negar que Jesucristo es el Hijo de Dios, o reducirlo a una figura histórica más o menos interesante, es negar su deidad.

Juan enfatizó y ocupó tiempo en advertirle a los hijos de Dios que permanezcan en alerta para no ser engañados. La pregunta sería : "Cómo puedo distinguir una enseñanza verdadera de una falsa?" Hay personas que preguntan si pueden ser cristianos pero sin aceptar el nacimiento virginal de Cristo Pero si negamos su nacimiento de la Virgen María, destruimos y negamos su sacrificio redentor en la cruz, como también su muerte por los pecados del mundo. Pero, además, también negamos su resurrección física, en otras palabras, aniquilamos y destruimos la fe cristiana. Cuestionar y negar el nacimiento virginal de Cristo, por lo tanto, es negar Su deidad, y en esto se revela una enseñanza falsa. Leamos el versículo 4 de este capítulo 4 de la Primera Epístola del Apóstol Juan; dice:

"Hijitos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo."

No hay ninguna razón para que usted sea engañado ingenuamente por la enseñanza satánica que niegan la deidad de Cristo. Conocemos a personas que ridiculizaban y se burlaban de lo que ellos llamaban "leyendas y historias fantásticas muy imaginativas" sobre el nacimiento virginal de Cristo, y su deidad como Hijo de Dios, pero que un día, al enfrentarse sinceramente con Cristo, le aceptaron como su Salvador. Ocurrió lo que llamamos "un nacimiento espiritual" y entonces experimentaron, como si se cayera una venda de los ojos que les impedía ver, y vieron la luz de la Verdad. ¿Qué había pasado? Bueno, en el momento de aceptar e invitar a Cristo a nuestro corazón, y pedirle que nos limpie de todo pecado con su sangre, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, vine a ocupar el gran vacío de nuestra alma, es decir, comienza a morar dentro de nosotros. Por esto Juan dijo: Y mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.

No hay pues, ninguna excusa para que usted sea engañado por falsos maestros o falsos profetas. Para tener la certeza de la verdad sólo nos hace falta ir a Dios en oración, y pedirle que el Espíritu Santo nos guíe y enseñe. Si usted está en comunión con Dios, es decir, si tiene una relación personal con Cristo, el Espíritu de Dios le va a aclarar muchas dudas, le guiará y le enseñará. En cierta ocasión, una oyente de este programa, nos criticaba mucho e, incluso, nos ponía en ridículo. Ella pertenecía a una conocida secta falsa, y sinceramente pensaba que nosotros decíamos algo que estaba en contradicción con lo que a ella le habían enseñado. Pero, esta oyente comenzó a leer y estudiar la Palabra de Dios con la intención de rebatir las enseñanzas del programa, y ocurrió el milagro: sus ojos fueran abiertos por la luz de La Palabra de Dios. El Espíritu de Dios estaba guiándola para enseñarle. Recordemos otra vez la afirmación de Juan; "Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo."

Usted, estimado oyente, puede reconocer cualquier falsa enseñanza, porque en cada creyente mora el Espíritu de Dios. Todo auténtico cristiano que ha nacido de nuevo, espiritualmente, tiene al Espíritu Santo morando en su ser. Escuche lo que el Apóstol Pablo dice en su epístola a los Romanos, capítulo 8, versículo 9: Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. El Apóstol Pablo no estaba poniendo en duda la fe y la salvación de los Romanos a quien dirigía esta carta. Él recalcaba el hecho que el Espíritu de Dios mora en cada creyente, aunque añade: Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. En el capítulo 5, versículo 5 de esa misma epístola a los Romanos, Pablo mencionó uno de los resultados de ser "justificados por la fe". Él Pablo escribió: Porque el amor de Dios ha sido derramado en vuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (Romanos 5:5). De esto, vamos a hablar dentro de unos instantes. El amor de Dios por nosotros ha sido derramado en nuestros corazones. El Espíritu Santo ha sido dado a los creyentes. También lo podemos leer en la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 6, versículo 19, donde dice:

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

¿A quienes estaba hablando el Apóstol Pablo? ¿Acaso eran unos "santos superiores", unos "super santos", que ya habían llegado a un nivel elevado de santidad? ¿Sabe usted de quién está hablando aquí Pablo? Él está escribiendo a los de Corinto, a los que anteriormente había calificado como carnales y "bebés" en Cristo. Los cristianos de Corinto eran todo aquello que no deberían ser, y aún así, el Espíritu Santo moraba en ellos. Cada hijo de Dios tiene el Espíritu de Dios.

Esa es la razón por la cual usted no necesita que se le aparezca un ángel esta noche para decirle lo que necesita saber. Pero, desde luego, lo que sí necesita es que el Espíritu Santo le enseñe, y el Espíritu Santo nos enseña a través de la Palabra de Dios. Usted no puede mantenerse alejado de la Biblia, ignorar lo que enseña, y esperar que el Espíritu de Dios le revele los misterios de Dios y le ayude en su comprensión. Amigo oyente, esa es la razón por la cual estamos tratando de acercar a la audiencia a la Palabra de Dios, porque hemos visto y comprobado que el Espíritu de Dios abre los corazones de la gente y Él los protege de este mundo en que vivimos. Vivimos en un mundo grande y hermoso por un lado, pero cruel y lleno de maldad por el otro, y con más razón, debemos ser advertidos en sobre las muchas falsas enseñanzas que se presentan hoy en día, bajo distintos nombres disfrazándolos de una falsa espiritualidad.

Juan nos instó a probar y analizar las enseñanzas que escuchamos a nuestro alrededor. Es fácil realizar una prueba, como si fuese un ensayo en un laboratorio. Nos referimos, estimado oyente, a una prueba irrefutable que tiene un resultado innegable. ¿Escuchamos y admitimos enseñanzas que niegan la encarnación de Cristo, es decir, Dios hecho semejante a un ser humano? Esto es totalmente contrario a las enseñanzas de Cristo, aunque quizá en algunos aspectos presentan una pobre imitación. Generalmente estos falsos maestros son personas muy atractivas, tienen mucha carisma, atraen a la gente; pero pueden ser probados al confrontarlos con la Palabra de Dios, y con la ayuda del Espíritu Santo que es nuestro maestro y nuestro guía. El Apóstol Juan nos habló de una manera muy directa aquí y nos dijo en el versículo 5 de este capítulo 4 de su primera epístola:

"Ellos son del mundo; por eso hablan de las cosas del mundo y el mundo los oye."

Es decir, que estos falsos maestros tienen mucha aceptación, muchos seguidores, hasta gente famosa e importantes les siguen. Hoy en día, las sectas y cultos crecen mucho más rápido de lo que crece el número de creyentes. ¿Por qué ocurre esto? Porque ellos tienen la ventaja de que agradan a "la carne", es decir, que su filosofía y enseñanzas encuentran eco en las emociones y en los sentidos, incluso son místicos o esotéricos, y nosotros, los cristianos, los creyentes, no presentamos nada tan aparentemente atractivo. Nosotros tenemos que estar muy seguros de que lo que enseñamos y predicamos es únicamente la Palabra de Dios. No es importante la cantidad de miembros que pertenecen a su iglesia. Lo importante es que esa iglesia está basada en la Palabra de Dios, y que ésta sea presentada en el poder del Espíritu Santo. Lo importante es si la Palabra de Dios es predicada y los que acuden a nuestra iglesia llegan a conocer a Jesucristo como su único y suficiente Salvador y Señor.

Creemos que Dios espera que utilicemos un poco de ese sentido común, consagrado y santificado, cuando tratamos temas religiosos. Ellos son del mundo - dice aquí Juan - por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. (1 Juan. 4:5)

En el capítulo anterior, el capítulo tres, el Apóstol Juan usó una ilustración hablando sobre Caín y Abel, y mencionó que Caín no era justo ante los ojos de Dios, que no era un hijo de Dios. Juan no dijo que Caín no era religioso, porque, él también presentó un sacrificio, una ofrenda, y posiblemente su ofrenda era mucho más hermosa que la de Abel. La ofrenda de Caín era hermosa para la vista, un cesto con los mejores frutos del campo. En cambio, el sacrificio de Abel era sangriento y quizá hasta algo repugnante para algunas personas. Sin embargo, fue ese el sacrificio que Dios aceptó con agrado, porque Abel había reconocido que el hombre es pecador y necesita un Salvador. Caín no reconoció esa verdad espiritual, porque era autosuficiente, no dependía de Dios.

Amigo oyente, el Apóstol Juan nos aclaró que lo importante es que Cristo Jesús fue quien dijo ser. Este es el tema que necesitamos entender con toda claridad para poder determinar si una enseñanza es veraz o no. Ahora, en el versículo 6 de este capítulo 4 de esta primera epístola, Juan dijo:

"Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error."

En nuestro ministerio de la enseñanza de la Biblia, enseñamos a utilizarla como un medidor Geiser, que es un aparato que indica si hay presencia de uranio en las rocas o en el suelo. Así es cómo la Biblia actúa, como un medidor Geiser, y ésta es la confianza que tenemos en este programa radial, que aquellos que buscan y desean hallar a Dios, van a escucharnos. Y, ¿sabe una cosa, amigo oyente? Aquellos que no quieren escuchar La Palabra de Dios, que huyen antes de ser confrontados con la Verdad de Dios, sólo tienen que cambiar el dial de su radio. Juan estaba seguro de quien era el Señor Jesucristo. Juan podía decir: Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros,( y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan. 1:14).

A continuación, el Apóstol Juan nos presentó el propósito de su evangelio. En el capítulo 20 del evangelio según San Juan, versículos 30 y 31, Juan escribió: Hizo además muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en Su nombre. Juan había visto la evidencia, indudable, indestructible, e inevitable, de que Jesús era quien decía ser. Juan "sabía", y nosotros, hoy más que nunca, también necesitamos tener esa seguridad y certeza.

Ahora, al llegar al versículo 7 de este capítulo 4, que estamos estudiando, regresamos al tema de esta sección: Dios es amor; y Sus hijos deben amarse los unos a los otros. Leamos este versículo 7 del capítulo 4 de la Primera Epístola del Apóstol Juan:

"Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios."

El versículo comienza con esta importante recomendación: Amados, amémonos unos a otros: ¿Por qué? Y el escritor responde porque el amor es de Dios. Prestemos atención a lo que el apóstol estaba diciendo. El acababa de pronunciar una advertencia contra los maestros falsos, que no debían ser amados - y es bueno aclarar esto. Ellos habían escogido libremente el error. Estaban actuando como siervos del diablo. Por quienes debemos orar es por los hijos de Dios, y por el pecador que pueda volverse a Cristo si simplemente podemos comunicarle el mensaje de la Palabra de Dios. Habiendo comunicado esta advertencia contra los maestros falsos, Juan retomó a continuación el tema de esta sección: los creyentes deben amarse entre sí.

Reiteramos que en el tratamiento de este tema la palabra utilizada para amor no es la palabra "eros". Juan no estaba hablando del aspecto del sexo. A través de toda esta sección, la palabra para amor fue "ágape". No se trata de un sentimiento superficial, ni sexual, ni social. Es un amor sobrenatural. Es aquello que el espíritu Santo puede poner en nuestros corazones, y que solo el Espíritu de Dios puede hacer real en nosotros. Es el amor de Dios, y solo el Espíritu de Dios puede capacitarnos para extender este amor a otros.

Esta no es la clase de amor que uno tiene por amigos con quienes le agrada estar. Nos tememos que este versículo ha sido mal interpretado y usado por muchos. Ágape es la forma de amor más elevada, y está por encima del amor sexual, por encima de cualquier sentimiento que pueda darse en las relaciones humanas, como el amor entre jóvenes enamorados, marido y mujer, padres e hijos, o de hermanos y otros familiares entre sí. El amor Ágape referido aquí es el derramado en nuestros corazones por el Espíritu de Dios, que nos permite amar a otros creyentes.

Dice también este versículo 7: Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. Esta expresión constituye una aproximación al tema desde un punto de vista humano. Cuando uno encuentra a una persona que dice que es creyente, y descubre que el o ella le aman a uno, y que aman a otros hermanos, uno puede saber que tal persona es un hijo de Dios, es decir que ha experimentado un nuevo nacimiento espiritual. Ahora, el versículo 8 dice:

"El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor."

Aquí tenemos otro test, otra prueba que determina si uno es o no es un hijo de Dios. Esta afirmación tajante, terminante, nos lleva a una gran pregunta. ¿Ama usted a otros creyentes?

Alguien quizás podría responder, "bueno, yo puedo amar a algunos creyentes" Esta es una respuesta positiva que indica que usted se está moviendo en la dirección correcta. Hay algunos creyentes que, humanamente hablando, son muy difíciles de amar, pero creemos que podemos pedir la ayuda de Dios, para que El por Su Espíritu derrame en nuestro corazón ese amor sobrenatural que, desde un punto de vista humano, nosotros no podemos lograr. Podemos comenzar a intentarlo sintiendo por ellos una cierta preocupación, pues no estamos hablando aquí de expresiones de afecto o meramente emocionales.

Juan nos presentó otra definición de Dios: "Dios es amor". En este hermoso libro tenemos 3 grandes definiciones de Dios. (1) Dios es Luz (1 Juan 1:5) y ese fue el tema desde el capítulo 1:1 hasta el 2:2. (2) Dios es amor (1 Juan 4:8-16), y esta sección constituye el corazón o esencia misma de esta epístola, y el tema desde el capítulo 2:3 hasta el capítulo 4:21. Y (3) Dios es vida, que es el tema del capítulo 5. Estas fueron las grandes definiciones de Dios que nos dejó el apóstol Juan, que constituyen las 3 divisiones principales de esta maravillosa carta.

Juan dijo aquí y nuevamente en el versículo 16 "Dios es Amor". El Dr. Ironside, en su libro titulado "Las epístolas de Juan", contó una historia que enfatiza la realidad de que solo el Cristianismo revela al Dios de amor. Y a continuación escuchemos la historia: "Hace algunos años - decía él - una señora que se jactaba de pertenecer a la clase intelectual me dijo: ?Para mí la Biblia no tiene ninguna utilidad, ni la superstición cristiana ni el dogma de la religión. Para mí es suficiente saber que Dios es amor?. Bien, le dije: ?¿Lo conoce usted?? Y ella respondió: ?Por supuesto que lo conozco, todo el mundo lo sabe. Entonces, el Dr. Ironside le preguntó: ?¿Le conoce a Él la gente de la India? ¿Qué me puede decir de esa pobre destrozada por la aflicción, que arroja a su niño en el río sagrado Ganges para que sea devorado por los repugnantes cocodrilos como un sacrificio por los pecados de ella? ¿Sabe ella que Dios es amor?? Y esta mujer respondió diciendo: ?Bueno, ella es ignorante y supersticiosa.? Y el Dr. Ironside insistió en preguntarle: ?¿Qué me dice de los pobres habitantes de las selvas del África, que se inclinan ante dioses de madera y de piedra, y que están constantemente atemorizados por esos fetiches creados por ellos mismos; y qué diremos de los pobres paganos en otros países; ¿saben ellos que Dios es amor?? Y ella respondió: ?Bueno, quizás no lo sepan. Pero en un país civilizado todos lo sabemos?. El Dr. Ironside, entonces, le hizo esta pregunta: ¿Cómo es que nosotros lo sabemos? ¿Quién nos lo dijo? ¿Dónde encontramos esa afirmación?? Y ella respondió: ?Yo no entiendo lo que usted quiere decir, porque yo siempre he sabido esto.? Entonces él le dijo lo siguiente: ?Yo quisiera decirle que nadie en el mundo jamás supo esta verdad, hasta que fue revelada desde cielo y registrada en la Palabra de Dios. Se encuentra aquí y no se halla en ninguna otra parte. No se ha encontrado en toda la literatura de la antigüedad". Hasta aquí la cita del Dr. Ironside. Ahora, ¿cómo se manifestó ese amor de Dios? ¿Cómo fue revelado?? Leamos ahora el versículo 9 de este cuarto capítulo de 1 Juan, en el que tenemos la respuesta.

"En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él."

¿Cómo le ama Dios a usted? Bueno, usted no encontrará ese amor en la naturaleza, sino que en ella encontrará dientes ensangrentados y unas garras afiladas. Esto es todo lo que la naturaleza le revelará. Usted encontrará el amor de Dios en el Calvario. Allí es donde encontrará el amor de Dios manifestado. Leamos nuevamente el versículo 9: 9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. Dios ha demostrado Su amor. El entregó Su vida por nosotros y esa fue la prueba de Su amor. El apóstol Pablo escribió en Romanos 5:7, 7Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguien tuviera el valor de morir por el bueno. No sé si usted podría encontrar a alguien que muriera por usted. Pienso que nosotros también tendríamos problemas a la hora de encontrar a alguien. Pero Dios ha demostrado Su amor entregando a Su Hijo a morir por usted. Y Dios no le amó a usted porque mereciera ser objeto de Su amor, sino que le amó cuando usted era aun un pecador. El apóstol Pablo también escribió en este mismo capítulo de Romanos 5:6, 6Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Bien, el hecho fue que nos amó. Y, nuevamente, en el versículo 8 de ese mismo capítulo de Romanos escribió Pablo: 8Pero Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. La explicación de este amor se encuentra en El y no en nosotros - porque nosotros no somos precisamente encantadores o merecedores de ese amor.

Al leer en este versículo 9 de 1 Juan que Dios envió a Su Hijo unigénito al mundo encontramos otro versículo apropiado para responder a aquellos que pretenden privarnos de la deidad de Cristo. Cuando Jesucristo fue llamado "el único Hijo", significó que él tenía una relación única con el Padre. El no fue creado. Dios llamó a los ángeles creados sus "hijos", y dijo que aquellos que confían en Cristo, son hijos de Dios. Pero aun así, El dijo que el Señor Jesús era el único Hijo, el unigénito Hijo. Fue interesante que lo mismo fue dicho a Abraham, como leemos en Hebreos 11:7, 17Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac: el que había recibido las promesas, ofrecía su unigénito. En aquel tiempo, Abraham ya tenía a su hijo Ismael, y más adelante tuvo otros hijos. En realidad, Ismael probablemente se pareció a Abraham tanto como se pareció Isaac. Pero Isaac fue llamado "su unigénito". ¿Por qué? Porque él fue único, su nacimiento fue milagroso, y tuvo una relación única con su padre que no fue compartida por otros hijos de Abraham. La posición del Señor Jesucristo en la Trinidad es la del Hijo eterno del Padre eterno. Nosotros no podemos tener un Padre eterno, sin un Hijo eterno. Dios no es un padre en el sentido en que un ser humano es un padre. Como registró Juan en su Evangelio, capítulo 4:24, Señor Jesús dijo: Dios es Espíritu. "Su Hijo unigénito" es el único hijo del Padre. Otros son hijos por creación, como Adán y los ángeles, o por el nuevo nacimiento espiritual como son los creyentes, pero solo Jesucristo es el Hijo único.

Y el versículo finaliza diciendo: para que vivamos por El. ¿Y cómo vamos a vivir por El?. Vamos a vivir por Él porque Él murió. Su muerte nos da vida.

Vamos a continuar con este tema, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Estimado oyente, le agradecemos su participación en este recorrido por la 1 epístola de Juan y le sugerimos que continúe leyendo por sí mismo los versículos siguientes, al menos, hasta el versículo 11, para que pueda estar más familiarizado con el texto que consideraremos en nuestro próximo encuentro, al continuar nuestro viaje "a través de la Biblia."

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