Estudio bíblico de Miqueas 4:1-5

Miqueas 4:1 - 5

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro del profeta Miqueas, y llegamos a una nueva sección de este breve pero importante mensaje profético. Esta profecía de Miqueas puede ser comparada a un día judío, que abarca desde el atardecer, hasta el amanecer de un nuevo día. Comienza con la oscuridad de la noche, que serían los primeros tres capítulos que pronuncian juicios, como ya hemos visto: "¿Qué Dios como Tú, que proclamas juicio futuro por pecados pasados?" O sea, ese es el contenido de los capítulos 1 al 3. Pero aun en esa sección pudimos apreciar un pequeño rayo de luz que atravesaba esas nubes tenebrosas que cubrían el escenario. Pero, ahora hemos llegado a una nueva sección en la cual el profeta Miqueas profetizó la gloria futura. Esto lo vemos en los capítulos 4 y 5. También veremos algunas breves declaraciones de juicio en esta sección, pero adquirió más importancia la luz gloriosa, que de vez en cuando era cubierta por una nube pasajera que cruzaba la brillantez del sol.

La primera parte de este capítulo 4, lleva el título

Las profecías de los días postreros

Comienza en el versículo 1:

"Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Señor será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos."

Este pasaje de las Escrituras quizá le resulta a usted conocido, porque es similar a lo que dijo el profeta Isaías en el segundo capítulo de su libro. Usted recordará que el profeta Miqueas fue un contemporáneo del profeta Isaías. Los eruditos estudiosos a través de los años han intentado determinar si fue Miqueas quien copió a Isaías, o si fue Isaías, quien copió a Miqueas. Honestamente, amigo oyente, nadie tiene la respuesta. Nos gusta mucho más decir que como el Espíritu Santo es el autor de las escrituras, el Espíritu de Dios pudo transmitir los mismos mensajes tanto a Isaías, como a Miqueas. La razón por la cual el Espíritu Santo enfatizó el mensaje de Dios comunicándolo doblemente fue la suma importancia que tienen estos mensajes. Por lo tanto, vamos a estudiarlos cuidadosamente.

Notemos ahora, al entrar a este capítulo 4, que el versículo uno en particular comienza a establecer un contraste, con el último versículo del capítulo 3 que estudiamos en nuestro anterior programa. Lo vamos a recordar leyéndolo, Miqueas 3:12

"Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque."

Ya hemos comentado que también el profeta Jeremías, en el capítulo 26 de su libro, versículo 18, citó a Miqueas como autor de esta misma profecía que, él, Jeremías, confirmaba. El cumplimiento de la profecía tuvo lugar durante la época del rey Nabucodonosor quien sitió y destruyó a Jerusalén. Para complementar su lectura, estimado oyente, puede leer esa historia en los primeros capítulos del libro del profeta Nehemías, quien, cuando regresó a Jerusalén, descubrió que toda la ciudad estaba en escombros, cenizas y ruinas. También en el año 70, Jerusalén fue arrasada totalmente por el ejército romano liderado por Tito.

Ahora, lo que se nos presenta aquí en el capítulo 4, especialmente en la primera parte, es un marcado contraste. Dijo el profeta Miqueas: "Acontecerá en los postreros tiempos". Miqueas fue más allá en el tiempo que la destrucción de la ciudad de Jerusalén por Nabucodonosor, y la destrucción por Tito, llegó más allá de cualquier otra destrucción que haya tenido lugar, porque habló de los días postreros. Ya hemos visto que la frase "postreros tiempos" se utilizó en el Antiguo Testamento, como un término técnico que tiene un significado muy definido. El Señor Jesucristo lo identificó y lo llamó la "tribulación", o sea el "período de la Gran Tribulación", que comenzará en los postreros, o los últimos tiempos. Entonces, después de la Tribulación, que durará aproximadamente por un breve período de siete años, el Señor Jesucristo regresará a la Tierra. Su regreso, de hecho finalizará el período de la Gran Tribulación, y entonces Él establecerá Su Reino en la tierra.

Así es que, "los postreros tiempos" abarcarán el período de la Gran Tribulación, el regreso de Cristo a la tierra, y el establecimiento del reino de los mil años en la tierra. De modo que cuando Miqueas pronunció la esta frase: "Acontecerá en los postreros tiempos", él se trasladó por encima de las circunstancias locales, y miró hacia el futuro. Cuanta más oscuridad había en Israel, tanto más luminoso sería su futuro. Esa apreciación también es aplicable a nosotros.

En alguna ocasión alguien nos comentó que si una persona desciende a la oscura profundidad de un pozo, y mira el cielo, podría observar las estrellas que no pueden ser percibidas en la claridad de un día. Cuánto más oscuro sea el fondo, más brillantes se verán las estrellas. Esto se puede aplicar también al pueblo de Israel: cuando los israelitas llegaran al fondo de sí mismos, Dios les hará ver las estrellas, es decir, la luz brillante de su futuro. Leamos ahora otra vez el versículo 1 del capítulo 4 de Miqueas:

"Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa del Señor será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos."

Ya hemos mencionado anteriormente, cuando estábamos estudiando un pasaje idéntico a este, en el capítulo 2 del profeta Isaías, que la palabra "montaña" o "monte" se usó literalmente, pero también en un sentido figurado, simbólico. También en el libro del profeta Daniel se mencionó en un sentido simbólico, que la roca cortada no con manos, llenaría la tierra. Eso lo vemos en el capítulo 2, versículos 34 y 35 del libro de Daniel. Esa Roca, o esa Piedra, fue una figura simbólica para describir a Cristo, al hijo de Dios que vendría en un futuro. La roca, que se transformó en montaña, y esa montaña llenaría toda la tierra.

Leemos en ese pasaje de Daniel, capítulo 2, versículos 34 y 35, lo siguiente: "Estaba mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra."

Ahora, ¿qué significa todo esto? Tiene una interpretación espiritual. La montaña de la que aquí habló el profeta Daniel se refiere al reino de Cristo que será establecido aquí en la tierra.

Pero no queremos quitarle el sentido literal de este pasaje, por la sencilla razón de que la ciudad de Jerusalén está situada geográficamente, y siempre lo estuvo, sobre un monte. Miqueas estaba hablando de Jerusalén, y allí se encontrará el centro del reino del milenio. Jerusalén será la capital de la Tierra. Todavía no se ha cumplido la profecía de Miqueas y no lo será hasta la anhelada llegada del Mesías, en su Segunda Venida a esta Tierra.

Bien, observemos ahora lo que nos dice el versículo 2 de este capítulo 4 de Miqueas:

"Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte del Señor y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor."

Esta profecía tampoco ha sido cumplida todavía. Nuevamente queremos señalar que este capítulo, como otros capítulos proféticos, nos muestra claramente que el regreso de los judíos a la tierra de Israel no es una profecía que se ha cumplido. En estos días que vivimos, las naciones del mundo no van a Jerusalén para escuchar del Señor; ni tampoco la Palabra de Dios sale desde Jerusalén a toda la tierra.

Muchas personas se sienten atraídas por los temas proféticos; pero tienen una actitud infantil, inmadura al tratar estos temas tan profundos y complejos. Podríamos considerarlos "cristianos inmaduros", que aún necesitan el alimento más básico y simple, de la misma forma que el biberón de leche para los niños pequeños, porque tales personas no han crecido espiritualmente para poder digerir algo más sustancioso, que fue lo que el apóstol Pablo llamó "la carne espiritual". Este tipo de cristianos inmaduros, poco informados, y escasamente formados, sólo quieren que se les presente una enseñanza simple y rápida que no requiera un mayor esfuerzo de asimilación, es decir, un alimento espiritual fácil y agradable, que no incomode, ni les haga reflexionar o meditar demasiado.

Es cierto, estamos convencidos que todas las profecías se cumplirán, y que algunas de ellas podrán indicarnos que el fin -el fin del mundo que conocemos- está cerca. Hay personas y grupos que hasta se han atrevido fijar la fecha de los acontecimientos profetizados. Algunos grupos sectarios incluso han llegado a vender todas sus propiedades, despidiendo de sus familias y trasladándose a la cima de alguna montaña, o a la oscuridad de una cueva, para esperar el fin del mundo. Pero la fecha exacta de dicho fin, nadie la conoce. Sí, es cierto que creemos que nos estamos acercando al fin. Pero, amigo oyente, le aseguramos que no tenemos, nosotros ni nadie, información directa del Señor sobre este tema. Ni tampoco interpretamos la profecía de esta manera. Para estudiar y conocer los eventos que ocurrirán en un futuro hay que estudiar y considerar toda la profecía, como si fuera un gran cuadro, y para ello hay que recorrer toda la Biblia en profundidad. Eso es lo que nosotros tuvimos que hacer en este programa de "La Fuente de la Vida", que recorre todos los libros de la Biblia para ver el gran cuadro de Dios y su relación con el ser humano.

Hay algunas profecías más sencillas y más fáciles de entender que otras. Pero en ésta, que estamos tratando, es evidente, que no se está cumpliendo en la actualidad. En el presente, Jerusalén no es la capital espiritual del mundo, ni la Palabra de Dios está saliendo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo. Algunas partes de las profecías se han cumplido, pero no la profecía en su totalidad. Ahora, el versículo 3 de este capítulo 4 de Miqueas, comienza diciendo:

"Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces"

¿De quién habló aquí el profeta Miqueas? Miqueas se refirió al Hijo de Dios, al Señor Jesucristo. Él es el Mesías, y Él ha prometido regresar una segunda vez a la Tierra. Esta profecía todavía no se ha cumplido, porque Jesucristo todavía no ha regresado, a este planeta.

"Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos", imagínese, estimado oyente, cuando Jesucristo regrese a la Tierra, las naciones del mundo llevarán sus desacuerdos y disputas ante Él para que Él, Jesucristo, como supremo juez, juzgue y arbitre sus desavenencias.

"Y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces", esta frase está escrita en el edificio de las Naciones Unidas, pero esa entidad no ha logrado ni la paz mundial, ni ha podido evitar el derramamiento de sangre de muchos pueblos que intentaron salvar, o al menos defenderse de las agresiones de otros pueblos más fuertes. Tristemente, las Naciones Unidas no han podido unir y fortalecer los lazos de hermandad entre las naciones, como era su proyecto inicial.

Ahora, este versículo 3 del capítulo 4 de Miqueas, concluye diciendo:

"No alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra."

Es obvio que no hemos llegado a esta situación de paz. Esto solamente ocurrirá cuando llegue a reinar el único y auténtico Príncipe de Paz, Jesucristo; tenemos que reconocer que lamentablemente, Él no está reinando ni siquiera en los corazones de muchos que se llaman a sí mismos "cristianos".

Muchas personas piensan que habría que reducir el armamento que los países poseen, para poder por fin, sentarse y dialogar sobre la paz. Otros piensan que sólo las naciones importantes deberían tener suficiente arsenal como para poder equilibrar el poderío entre sí; piensan que eso evitaría la escalada de amenazas nucleares, y otras terribles armas que, si las usaran, se convertirían en los amos del mundo. Nos gustaría ver que el dinero que se gasta en la prevención de las guerras, fuese empleado de otras maneras, como paliar el hambre en el mundo, promover más justicia social; proveer más facilidades para que todos puedan acceder a una buena educación, especialmente las mujeres y los niños; y finalmente, que se realizaran más investigaciones para encontrar vacunas para luchar contra tantas enfermedades, las de "siempre", y las nuevas que están apareciendo.

Amigo oyente, cuando usted lee el Sermón del Monte, en el evangelio según Mateo, capítulo 5 al 7 inclusive, usted recordará que el Señor se presentó como el Rey, y nos advirtió sobre su futuro reinado en la Tierra. Cuando Él reine, no necesitaremos ninguna protección. Podremos eliminar todas las medidas o demás elementos de seguridad con los que protegemos nuestras viviendas. Por supuesto estas precauciones están más que justificadas en la actualidad, ya que la inseguridad reina en todas partes. Estamos viviendo en esta clase de mundo. Como hemos visto, estas profecías no fueron escritas para nuestro tiempo presente, sino para "el tiempo postrero". Ahora, el versículo 4 de este capítulo 4 de Miqueas, nos dice:

"Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Señor de los ejércitos lo ha hablado."

¿Podemos honestamente decir que Israel está en paz, que sus habitantes no tienen nada que temer, que viven con tranquilidad y sin preocupaciones? Todo lo contrario, ¿verdad? El temor está presente en la vida diaria, nadie está a salvo de las amenazas de sus vecinos y pueblos que los rodean. El pueblo hebreo es como un gigantesco ejército que sigue instrucciones militares a lo largo de toda su vida. Y en cualquier momento, un ciudadano puede ser llamado a ocupar su lugar en las fuerzas armadas, o sea, que la gente en Israel vive constantemente atemorizada. Eso es cierto. ¿Por qué? Porque los israelitas no están allí según el cumplimiento de la profecía, afirmación tajantemente concluida por la siguiente frase del versículo que acabamos de leer: "porque la boca del Señor de los ejércitos lo ha hablado".

Dios ha pronunciado estas palabras. Dios dijo que cuando Él los traslade a esa tierra, será para que vivan en paz y prosperidad. En la actualidad todavía no están viviendo en paz. Luego, el versículo 5 dice:

"Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre del Señor, nuestro Dios eternamente y para siempre."

El pensamiento aquí es el siguiente: En el pasado ellos, los pueblos de la Tierra, anduvieron cada uno detrás de sus propios dioses hechos de cualquier material, ya sea piedra de mucho valor, metales preciosos, maderas labradas, o pinturas artísticas. Pero en el futuro que aquí profetizó Miqueas, todos estos pueblos que en su tiempo ignoraron y desecharon al Dios único y verdadero, todos ellos, van a vivir en pos del nombre del Señor, nuestro Dios.

Bien, amigo oyente, por hoy vamos a detenernos aquí porque nuestro tiempo se ha terminado. Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Confiamos en poder contar con su estimada atención, y si tuviera alguna pregunta o comentarios, por favor, con mucho gusto trataremos de responderla.

Hasta el próximo programa y le recordamos que seguimos orando e intercediendo por usted y su familia, para que Dios derrame paz, perdón y Su amor sobre usted y los suyos.

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