Estudio bíblico de Nahum 1:1-3

Nahum 1:1-3

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por el libro de Nahum, que es una gran profecía. El profeta desarrolló un tema único: el juicio de Nínive, ciudad capital del Imperio Asirio. Con todo, descubriremos que tiene también un mensaje actual y significativo para nosotros. Leamos ahora el versículo primero de este capítulo 1 de Nahum, que comienza el párrafo que hemos titulado:

La justicia y la bondad de Dios

"Profecía sobre Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elcos."

Aquí la profecía se refiere a un juicio, tal como fue expresado este término en la profecía de Isaías. Anteriormente en la historia, el profeta Jonás había comunicado a la ciudad de Nínive un mensaje que revelaba el amor de Dios. Y posteriormente, en el libro que estamos estudiando, el libro de Nahum revela la justicia de Dios. Porque el amor y la justicia van juntas. Aunque Dios juzgue a una nación, El aún ama y no podemos evitar esa realidad. El factor que hace del juicio de Dios algo tan temible es el hecho de que Dios no lo lleva a cabo impulsado por la irritación, bajo ningún aspecto lo realiza de una manera vengativa. No lo hace con un espíritu de venganza o tratando de ajustar cuentas. No juzga porque por un instante se haya enfadado, en un repentino arrebato emocional. Dios juzga porque es justo. El nos ama, pero continúa siendo justo. Y ya que justo en sus tratos con los seres humanos, tiene que enfrentarse al pecado presente en las vidas de aquellos que Él ama.

Nínive era una ciudad que Dios amaba, y esto fue lo que le dijo al profeta Jonás. Jonás quería ver a la ciudad destruida, pero Dios dijo: "11¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?" Dios quería perdonar a la ciudad y a sus habitantes, muchos de los cuales eran niños. Y, efectivamente, Dios había perdonado a Nínive. Pero en este tiempo, el juicio caería sobre esta gran ciudad. Este sería el mensaje del profeta Nahum. Jonás, casi 150 años antes, había sido portador del mensaje de Dios y los ciudadanos de Nínive se habían arrepentido. Sin embargo, el arrepentimiento había sido transitorio. Dios, pacientemente le había dado a esta nueva generación la oportunidad de arrepentirse (como podemos leer en Nahum 1:3), pero los días de la gracia de Dios habían llegado a su fin y el momento funesto se aproximaba. En Nahum 3:19 leemos: "¡No hay medicina para tu quebradura, tu herida es incurable! Todos los que oyen acerca de ti aplauden tu ruina, porque ¿sobre quién no ha pasado sin tregua tu maldad?" En otras palabras, Nínive había llegado a un punto en el que no había restauración para sus pobladores.

Creemos que para una nación, así como para un individuo, es posible continuar viviendo en el pecado hasta que se cruza un límite. No sabemos donde se encuentra esa marca. No pretendemos ser capaces de decir cuando ese momento culminante ocurrirá, pero ese límite existe. Y cuando se cruza ese límite, no se trata de que la gracia de Dios pueda alcanzar a una persona, sino que el problema es que esa persona no puede alcanzar a Dios, por la sencilla razón de que ha llegado a un extremo en el cual se encuentra endurecida y en un estado de incredulidad de no puede ser cambiado. Y esto puede ser cierto, tanto para una nación como para un individuo.

Al considerar todo lo que está ocurriendo en el mundo en nuestra época, quizás usted, estimado oyente, tienda a sentirse desanimado. Estamos seguros de que mucha gente que pertenece al pueblo de Dios está hoy preocupada. Creemos que ésta es la razón por la cual existe un notable interés en la profecía. Pero el motivo principal de semejante interés es que el pueblo de Dios, no conoce bien la Palabra de Dios, y debido a los inquietantes acontecimientos de nuestro tiempo, está profundamente interesado en conocer el futuro. El Señor mismo dijo: "26Los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán conmovidas". (Como podemos leer en Lucas 21:26). Con toda seguridad podemos afirmar que estamos llegando a ese estado de ansiedad. Mucho de lo que ocurre en la actualidad nos preocupa pero, amigo oyente, tenemos que entender que Dios todavía está controlando los asuntos de este mundo. El está aún al frente de esta situación, y ésta no se le ha ido de las manos. El no pasa por momentos de ansiedad por lo que está ocurriendo, porque Él está llevando a cabo su plan y su propósito, y se está ocupando del pecado del hombre. Así que, en este tiempo, este pensamiento debería ser un elemento de consuelo para el hijo de Dios.

El imperio de Asiria había servido al propósito de Dios por un tiempo, pero en los días próximos a esta profecía, iba a ser destruido. La destrucción de Nínive, de acuerdo con los detalles incluidos en la profecía escrita, fue un evento impresionante. Por lo tanto, este libro fue un mensaje de consuelo dirigido a un pueblo que vivía con temor, bajo el dominio de una nación poderosa e impía. Y Dios destruyó a estas naciones malvadas. Todo lo que podemos hacer para aprender algo sobre la acción de Dios en la historia, es consultar libros de historia y entonces comprobaremos que todos los poderes mundiales fueron abatidos, y su trágico destino se cumplió en una época en que sus ciudadanos se implicaron en los vicios hasta el punto en que su sociedad se desintegró. Cuando una nación llega a estos extremos, comienza a deslizarse rápidamente hacia el abismo de los perdidos.

¿Podríamos quizá decir lo mismo al avaluar la decadencia de algunas naciones en los últimos siglos de nuestra historia? La decadencia parece, a primera vista, un proceso lento, pero se trata de un proceso real, efectivo y generalmente los pueblos son conscientes de él, especialmente cuando tienen una memoria histórica. Y en un mundo como el nuestro, especialmente en los últimos tiempos, el proceso de declive parece irreversible y se acelera, con frecuencia, con sucesos mundiales inesperados, que escapan a toda previsión. Y basta un acontecimiento trágico y violento que ocasione centenares de víctimas, o una crisis económica global, para que los ciudadanos tomen conciencia de la vulnerabilidad e inseguridad que rodea nuestro presente y nuestro futuro.

El primer versículo de este libro, dice "Profecía sobre Nínive. Libro de la visión de Nahúm de Elcos". Estos son todos los datos que tenemos sobre el escritor de este libro y hemos tratado estos detalles con cierta amplitud en nuestra introducción. Aparentemente, Nahum nació en el reino del norte de Israel, pero cuando era joven, se trasladó a la parte sur del reino de Judá (o reino del sur). Él sentía una gran preocupación por el reino del norte, y aparentemente seguía con vida cuando ese pueblo fue llevado cautivo por los Asirios. Su mensaje se centró en el juicio que vendría sobre la ciudad de Nínive.

Como dijimos en la introducción, en los primeros ocho versículos de este primer capítulo tenemos la justicia y la bondad de Dios. Luego, desde el versículo 9, hasta el fin del capítulo, encontramos la justicia y la bondad de Dios demostrada en la decisión de destruir a Nínive, y de presentar el evangelio. Luego, en los capítulos 2 y 3 tenemos la justicia y la bondad de Dios demostradas en la ejecución de Su decisión de destruir a Nínive. Así es que, tenemos la aniquilación de Asiria en el capítulo 2, y la acción vengadora de Dios justificada, en el capítulo 3. Con eso en mente, entonces, veamos lo que nos dice ahora el versículo 2 de este capítulo 1:

"El Señor es Dios celoso y vengador; El Señor es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos."

Ahora, según el diccionario de la Real Academia, lengua española, celo significa, "interés extremado y activo que alguien siente por una persona". Incluye la inquietud de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra. Dios, es un Dios celoso, que demanda que Su pueblo le adore solamente a Él. Y cuando cualquier pueblo, no importa cuál sea ese pueblo, se inclina a la idolatría, o al pecado (es decir, a todo lo que es contrario a Dios) y se implica activamente en él, Dios se siente celoso. Ahora, hay personas que consideran que hay alguna diferencia entre los celos de Dios y los celos de los seres humanos. Bueno, amigo oyente, no creemos que haya mucha diferencia en este sentimiento. Veamos lo que dice el capítulo 20 del libro de Éxodo, versículos 3 al 6: "3No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6y hago misericordia por millares a los que me aman y guardan mis mandamientos."

Amigo oyente, Dios le ama. No importa quien sea usted. Usted no puede evitar que Él le ame. Sin embargo, usted puede llegar al extremo en que no experimente el amor de Dios. Figurativamente hablando, cuando usted se cubre con una especie de paraguas o sombrilla de pecado, el sol del amor de Dios no va a brillar sobre usted, pero continuará estando allí, en el mismo lugar. De la misma forma, usted también puede cubrirse con la sombrilla de la indiferencia, de darle a Él la espalda y de no hacer Su voluntad. Hay muchas sombrillas bajo las cuales usted se puede cubrir para evitar que el amor de Dios brille sobre usted. Pero no puede evitar, no puede impedir que Él le continúe amando.

Y ya que Dios le ama, Él siente celos por usted. Y esto quiere decir que Él le quiere a usted. Dios, en realidad, no quiere lo que usted tiene; Él le quiere a usted mismo, como persona. Y Él siente celos cuando usted se entrega a sí mismo, a su tiempo, a sus posesiones, o a otras cosas. Y cuando usted se entrega al pecado, Dios siente celos.

Es lo mismo que sucede con una pareja, con un matrimonio. Ninguno de los cónyuges debiera jactarse de que uno no sienta celos del otro. Habría que examinar el por qué, el verdadero motivo por el cual una parte no siente celos de la otra parte. Estamos en una época en la cual la gente se jacta, al menos exteriormente, de tener una mentalidad abierta y amplia en cuestiones relacionadas con el amor y el sexo. Pero la cuestión del tener o no sentir celos en una pareja es un asunto muy delicado y personal, aunque se trate de maquillar ante la opinión de los demás. En este aspecto íntimo, consideramos normal que cada uno de los cónyuges ame al otro y lo desee por encima de todo, y espere del otro los mismos sentimientos. Y, por supuesto, no querrá compartir a su otra parte con nadie; deseará tenerla en exclusiva. Si ése no es el caso, es decir, que si una parte declara no sentir celos de la otra en ningún caso o situación, entonces tendríamos serias dudas sobre el buen estado de esa relación. Aunque damos por sentado que, a veces, hay celos injustificados que deben ser corregidos con la ayuda profesional que sea necesaria.

En el pasaje que estamos estudiando, vemos que Dios estaba claramente presentándose como un Dios celoso. Fue como si le estuviera diciendo a Su pueblo: "Yo no quiero compartirte con el pecado del mundo, ni con la multitud que sigue a Satanás, y a la idolatría. Yo no quiero compartirte con nadie. Quiero que me pertenezcas solamente a Mí". Y no hay nada malo con que Dios diga que es celoso. Así fue como lo expresó Nahum aquí en este versículo 2: "El Señor es Dios celoso". Y nos agrada que sea así. Porque en las relaciones humanas, los celos justificados son una evidencia del amor verdadero, que como acabamos de decir, tiene elementos de anhelar la exclusividad en la posesión de la persona amada. Parece imposible desligar estas consideraciones del creciente número de divorcios que se está registrando en la actualidad.

El versículo 2 continúa diciendo: "El Señor es vengador y está lleno de indignación"; Aquí recordamos el pasaje de la carta del apóstol Pablo a los Romanos 12:19, donde escribió: "Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". Dios nos ha dicho que no nos complazcamos en la venganza porque, en primer lugar, nunca la llevaremos a cabo de la manera correcta. Él quiere que dejemos ese problema en Sus manos. Él se ocupará del asunto sin el ardor de la ira. Lo tratará con justicia. Hará lo correcto. Además, Dios conoce el problema y sus consecuencias colaterales. Lo sabe todo al respecto.

El Señor se vengará, nos guste o no, todo lo que Él hace es correcto. Cuando logremos asimilar esta idea en nuestras mentes, entonces nos podremos dar cuenta fácilmente que nosotros somos sólo pequeñas criaturas, y que no sabemos mucho en realidad. Incluso la persona más inteligente no puede abarcar con su mente muchos aspectos de la persona y la acción de Dios en la historia y en el mundo. Y si no entendemos lo que Dios hace, se debe a nuestra falta de capacidad, capacidad que fue seriamente dañada por la entrada del pecado en la raza humana. Porque Dios, originalmente, no nos creo con defectos ni con incapacidades físicas, ni mentales. Por ello, si no reconocemos estas realidades, estamos equivocados. Todo lo que Dios hace, es bueno y justo. Mientras estemos en esta condición y viviendo en este mundo, nos enfrentaremos con situaciones difíciles que Dios no podrá explicarnos, a causa de nuestro estado, pues no las podríamos asimilar. Y Él seguirá adelante con Sus planes y acciones, porque el aun está controlando este universo. Importantes líderes políticos y dictadores, hambrientos y sedientos de poder, han intentado controlar al mundo, pero no duraron mucho y solo conservan un lugar temporal cada vez más difuso en la memoria colectiva de los pueblos. Pero Dios continúa ocupando Su lugar en el trono, y todavía se encuentra en el control supremo de los asuntos de este mundo.

Destacamos ahora, que este versículo 2 continúa diciendo que Dios está "lleno de indignación". A Dios no le agrada el pecado del hombre, amigo oyente. Dios detesta el pecado, y muestra Su indignación contra él. Y aquí en el versículo 2, de este libro de Nahum, leemos que Dios se venga de sus adversarios y se enoja con sus enemigos. Dios es glorificado, cuando juzga a una nación, como vemos en los capítulos 38 y 39 del libro de Ezequiel. Cuando cayó Asiria, Dios fue glorificado. Ese pueblo era brutal, malvado, cruel y justamente odiado por los demás pueblos sometidos a su dominio. Y Dios los redujo a escombros y de ellos sólo quedaron ruinas, cenizas y polvo. Dios es glorificado cuando realiza actos de justicia como aquel, que ponen de manifiesto cómo actúa Él frente al pecado y la maldad humanas, que han concebido seres despiadados que aplastan, torturan y oprimen a sus semejantes, que también fueron creados a la imagen de Dios. Es mejor que si tenemos ciertas reservas mentales contra la acción de Dios las pongamos frente a Él en oración, y Él irá creando en nosotros una comprensión de la realidad tal como Él la ve.

Ahora, en el versículo 3, Nahum destacó un gran principio, por el cual Dios juzgó a Asiria y Nínive, su capital, en particular. Pero también incluyó la forma en que Dios juzga al mundo, y lo hará en el futuro. Leamos ahora la primera parte del versículo 3, que dice:

"El Señor es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable."

Dice aquí que Dios es lento para la ira. Esto lo dejó el profeta bien aclarado. Dios había enviado al profeta Jonás a Nínive, para comunicar a sus habitantes que serían destruidos a causa de su tremendo pecado y maldad. Ellos eran conocidos probablemente como uno de los pueblos más brutales del mundo antiguo, y Dios les anunció que el juicio vendría sobre ellos. Pero en aquel tiempo, todos los habitantes de la ciudad se volvieron a Dios. Obviamente el mensaje de Jonás había penetrado en la totalidad del imperio y se produjeron grandes cambios, como parte de una gran renovación espiritual. Sin embargo, esa condición del pueblo no debió durar mucho. Esta ha sido una característica de los grandes movimientos de renovación en otras partes del mundo; que no han continuado como un estado permanente. La renovación de Wesley en Inglaterra tuvo un gran impacto en todo el país y en Estados Unidos, así como efectos colaterales en otros países, pero fue de corta duración. Aunque, por supuesto, han quedado algunos resultados, visibles incluso en la actualidad. Lo mismo fue cierto de la gran renovación producida por el predicador y maestro Moody en Estados Unidos, que afectó a muchas ciudades de ese país. En nuestro relato Bíblico, Nahum dijo que Dios era lento para manifestar su ira, pero la gran ciudad de Nínive recayó en sus antiguas prácticas. Unos 100 años después de Jonás, el profeta Nahum envió un mensaje anunciando que el tiempo de la tolerancia de Dios había llegado a su fin, y la paciencia de Dios no se alargaría por más tiempo. El juicio estaba por llegar.

Y el versículo 3 continúa afirmando que El Señor no tendrá por inocente al culpable. La justicia de Dios puede ser contemplada en Su juicio, porque Él es lento para la ira. Le llevó unos 100 años venir para ejecutar su castigo contra esta ciudad, y Él fue justo al hacerlo así. Dios no aceptaría la impunidad en el problema del pecado. No librará de castigo al malvado a menos que éste se vuelva a Él. A menos que los malvados acepten al Señor Jesucristo como Salvador, porque Él pagó el castigo por sus pecados, tendrán que ser juzgados por sus pecados.

Es que el perdón de Dios es diferente a nuestro perdón. Cuando alguien ha obrado mal con nosotros, le decimos "te perdono" y ya queda zanjado el problema. No se ha pagado ningún castigo, nuestro perdón puede deberse a veces a una insignificancia o a un asunto mucho más importante. Pero cuando Dios perdona, la penalidad o el castigo ya ha sido pagado. Dios es el Juez de esta tierra; no sólo es el Creador. No solo controla el universo, sino que es el gobernante moral del mismo. No es un juez corrompido; Él es insobornable. No importa quien sea usted, si pertenece a esta o a aquella familia, o si algún familiar suyo es un personaje influyente. Ninguno de esos factores puede librarle a usted del castigo. Nadie puede tratar con Dios de esta manera.

Y Dios tiene que juzgar al malvado y en la Biblia se nos dice que el corazón humano es sumamente engañoso y no tiene remedio (según vemos en Jeremías 17:9). Usted y yo no conocemos realmente la profundidad de la maldad de nuestro corazón; no sabemos lo que realmente seríamos capaces de hacer. Ahora, Dios no puede absolver al malvado y por lo tanto, si vamos a ser absueltos, alguien tiene que pagar la penalidad, el castigo. Es por tal motivo que Él nos ha proporcionado un Redentor. Pero cuando un individuo o una nación le da la espalda a la redención que Dios nos ha provisto en Cristo, entonces el juicio vendrá inevitablemente, no queda otra alternativa. Y finaliza el versículo 3 diciendo:

"El Señor marcha sobre la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies."

Dios actúa en la naturaleza, amigo oyente. Y las tormentas que vienen están bajo Su control y sirven a Su propósito. Nuestro Dios es el Creador, el Redentor, y es también el Juez. Así que, amigo oyente, deje hoy todo en Sus manos y encuentre su verdadero reposo espiritual en Dios, porque Él es bueno, es compasivo, y es el Salvador. Bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Continuaremos con este estudio en nuestro próximo programa. Mientras tanto, le sugerimos que lea por sí mismo todo el capítulo 1 de la profecía de Nahum para estar familiarizado con su contenido. Será entonces, hasta nuestro próximo programa, y esperamos que Dios continúe hablándole por medio de Su Palabra.

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