Estudio bíblico de Habacuc 3:1-6

Habacuc 3:1-6

Reanudamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por este libro del profeta Habacuc. Y al llegar al capítulo 3, podemos ver que había ocurrido un gran cambio en la vida de este hombre. Vamos a ver, cuando lleguemos al final de este capítulo, que Habacuc había cambiado, había dado media vuelta. Recordemos que este breve libro comenzó en la penumbra, con los pensamientos del profeta envueltos en una sombra. Pareció como si al comenzar a escribir esta profecía, él tuviera un signo de interrogación fijado en su mente. Habacuc estaba haciéndole preguntas a Dios, pero después, concluyó su libro expresando una gloriosa experiencia de la gloria de la presencia de Dios, con una gran exclamación. Fue una nota elevada de alabanza. Usted no podrá encontrar una fe más segura, más firme, que la que se expresa en la última parte de este libro. Este capítulo 3 tiene como título:

La oración del profeta

Leamos el versículo 1, donde dice:

"Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot."

Ahora, esta palabra "Sigionot" tiene que ver con la música. Hay algunos que opinan que puede ser alguna indicación musical, que le daba instrucciones al músico de cómo interpretar esta obra. Otros opinan que se trata de un instrumento musical. Cuando estábamos estudiando el libro de Salmos, usted recordará que esta palabra tenía que ver con la música. Así es que, esta oración de Habacuc fue una expresión de poesía Hebrea, una canción con una elevada alabanza. En el versículo 2 leemos:

"Oh Señor, he oído tu palabra, y temí. Oh Señor, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia."

Podemos observar que en la vida de Habacuc, ha ocurrido un gran cambio. Esa experiencia gloriosa que él pasó en la torre de vigía y esa paciente espera por una respuesta de parte de Dios, le llevó al punto de tener una verdadera fe, y no sólo eso, sino que abrió sus ojos a una realidad de la cual él no era consciente anteriormente. Así es que, éste es un cántico, podríamos llamarlo una canción folklórica o popular, algo muy feliz. Y tiene que ser interpretado con instrumentos de cuerda, y eso lo descubrimos viendo el final de este capítulo, al fin de este libro, donde dice: "Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas".

Con respecto a esta anotación musical diremos que fue añadida por el profeta como una instrucción sobre cómo debería cantarse el Salmo. Él le indicó al solista cómo debía utilizar en este caso un instrumento de cuerda. De paso, digamos que hoy la mayoría de los cantos folklóricos son cantados así, con instrumentos de cuerda, y donde quiera que uno viaje, encontrará pueblos que con guitarra u otros instrumentos de cuerda expresan la historia, tradiciones y vivencias de sus pueblos. En este sentido, la guitarra tradicional y otros instrumentos electrónicos han pasado a ocupar un lugar relevante en la alabanza y adoración de muchas iglesias cristianas, que anteriormente limitaban el uso de otros instrumentos al piano tradicional o al órgano. En muchas congregaciones, el canto es dirigido por grupos musicales que se preparan específicamente para el ministerio de la alabanza, y guían a la congregación en sus cantos, bajo la dirección de un líder que dirige al público y coordina la sucesión de canciones. Así como el uso de estos instrumentos y muchos otros era fundamental para dirigir las canciones sagradas de aquella época, en nuestro tiempo, el uso de instrumentos similares ha renovado la adoración y la alabanza porque además, han surgido nuevas canciones inspiradas en la Biblia que motivan a una mayor participación de jóvenes en esta parte tan importante del culto que debemos rendirle a Dios.

Pero volviendo al pasaje que estamos hoy considerando, nos encontramos ante una canción de gran calidad y, al mismo tiempo, una oración intensa. Fue como si el profeta le hubiera dicho a Dios que su oración había llegado hasta Su Presencia, pero El Señor no le había contestado. Dios le había dicho: "Habacuc, Yo quiero que tú permanezcas en la torre de vigía, y quiero que tú vivas tu vida por medio de la fe. Quiero que tú confíes en Mí. Quizás tú creas que Yo no estoy haciendo algo en cuanto al pecado de Mi pueblo, pero sí lo estoy haciendo, me estoy ocupando de ellos. Estoy preparando ahora a una nación, a los caldeos, los de Babilonia, y ellos van a ser utilizados por Mí. Antes, en el pasado, usé a los ejércitos de Asiria, en el reino del norte, quienes tuvieron que soportar mucho Mi ira. Pero cuando Yo termine de tratar con los babilonios, entonces los castigaré a ellos, y los juzgaré justamente."

El juicio contra Babilonia fue presentado en el capítulo 2. Ya hemos visto esos cinco lamentos, o "ayes", en los dos programas anteriores. Estos habían sido expresados como una reacción a aquellos pecados grandes, nacionales, que se habían generalizado hasta tal punto entre la población y sus gobernantes, que habían causado la caída de la nación. Y Dios estaba actuando para derribar a esa nación.

Lo interesante de todo este problema fue que este hombre, Habacuc, cambió completamente su modo de pensar y comenzó a ver la realidad desde un punto de vista diferente, que era al punto de vista de Dios. Él dijo: "He oído tu palabra, y temí". Ahora, ¿de qué tenía temor el profeta? Bueno, él había pensado que Dios no estaba haciendo nada. Y en ese momento estaba atemorizado, pensando que Dios estaba haciendo demasiado o llegando demasiado lejos. Notemos lo que él dijo aquí en el versículo 2, que acabamos de leer: "Oh Señor, he oído tu palabra, y temí. Oh Señor, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia."

Él dice: "Señor, ahora puedo ver que estás actuando en juicio. Ya que vas a castigar y ejecutar ese juicio, quiero pedirte, que te acuerdes de la misericordia. Acuérdate de ser misericordioso, compasivo, aun con los caldeos, y ten misericordia de Tu propio pueblo". Anteriormente, el profeta había pedido que cayera fuego del cielo, no sólo sobre su propia nación que se había apartado de Dios, sino también sobre los caldeos. Pero ahora él está diciendo: "Acuérdate de la misericordia". Habacuc sabía que Dios era misericordioso, y que estaba lleno de gracia. Él no deseaba que ninguno pereciera. Ahora, mirando a nuestro tiempo, parecería que hoy, Dios no estuviera haciendo nada con respecto al mal y a las injusticias que oprimen a los seres humanos. Pero si usted y yo, amigo oyente, pudiéramos ascender a una torre de vigía como aquella desde la cual observó el profeta Habacuc, y pudiéramos asimilar e interiorizar esa gran verdad de que el justo vivirá por su fe, usted y yo podríamos expresar una fe viva en Dios, y podríamos observar cómo Él está actuando detrás de la escena en que tienen lugar los acontecimientos de este mundo. Podríamos ver lo que está sucediendo en el presente en su magnitud total. Y creemos que tanto usted como nosotros, nos sorprenderíamos de la misma manera en que se sorprendió Habacuc, y quizás clamaríamos junto con él por la misericordia y compasión de Dios. Creemos que hay muchos creyentes que están abandonando o ya han abandonado toda acción, quizá toda esperanza por su propio pueblo. Podríamos decir que han capitulado, que se han rendido. ¿No es cierto que todos pensamos así?

Pero, amigo oyente, Dios está actuando. Está actuando en juicio, pero alguien necesita acercarse a Él y clamar: "Señor, en la ira, acuérdate de la misericordia. No te olvides de mostrar misericordia para con nosotros. Nosotros necesitamos mucho de Tu compasión". Cada una de nuestras naciones necesita de la misericordia de Dios. Pero todos nosotros nos estamos comportando con arrogancia, con mucho orgullo, sin compadecernos por la situación de tantos en el mundo actual. A veces nos debemos ver como en un nivel superior, pero al enfrentarnos con las situaciones problemáticas de cada día, somos conscientes de que nosotros también necesitamos que Dios se compadezca de nosotros, porque no debemos olvidar que Dios está actuando, quizás de una forma no perceptible para aquellas personas que no tienen una relación con Dios, pero se está moviendo en medio de las tensiones, conflictos, crisis económicas, situaciones prebélicas y guerras que se estén preparando. Usted recuerda que Miguel de Cervantes dijo en su libro "Don Quijote de la Mancha": "Porque aunque los atributos de Dios son todos iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia". Hasta aquí la cita de Cervantes.

¡Qué cambio más tremendo se produjo en la forma de pensar de Habacuc! Al principio, él estaba preguntando al Señor por qué no hacía algo y estaba perplejo de que Dios permitiera que los Babilonios se salieran con la suya. "¿Por qué permites que ellos se salgan con la suya?" Y ahora, en el relato de este capítulo, estamos viendo que Dios le estaba permitiendo ver que Él, efectivamente, estaba haciendo algo. Y entonces, Habacuc clamó por la misericordia de Dios.

Si nosotros supiéramos realmente las formas en que está actuando Dios en el presente en cuanto al juicio y al castigo, pensamos que este conocimiento haría que muchas personas de todos los pueblos se postraran de rodillas delante del Dios todopoderoso.

Entremos ahora a esta maravillosa oración que tenemos ante nosotros. La oración es en realidad un recital de lo que Dios ha hecho en la historia pasada de este pueblo, y en vista de lo que ha hecho en el pasado, Él va a hacerlo nuevamente en el futuro. Este es el pensamiento que se presenta aquí. Uno puede depender confiadamente de Dios, porque lo que Él ha hecho en el pasado continuará haciéndolo ahora en la actualidad.

El apóstol Pablo nos transmitió esa certeza, esa confianza que tenemos como creyentes, cuando escribió en su epístola a los Filipenses, capítulo 1, versículo 6: "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".

Amigo oyente, ¿ha comenzado Dios en usted ha realizar la buena obra? ¿Está usted seguro de ello? Creemos que puede estarlo. Si ha creído en Él como su Salvador y Señor, con toda seguridad, le ha ayudado a usted hasta este instante, ¿verdad? Esto quiere decir que Dios ya ha comenzado una buena obra en usted, y usted puede estar seguro que Él irá perfeccionando progresivamente hasta el día en que Jesucristo venga, hasta cuando Él le tome y le recoja de este mundo. Entonces, al ser transformado, usted llegará a ser como Él es. Esa es la seguridad y el ánimo que nos infunde este salmo del profeta Habacuc. Nosotros pensamos que esta canción del capítulo 3 se puede dividir en tres secciones. Así lo hemos presentado en el Bosquejo que presentamos en la introducción a este libro. En los primeros dos versículos, tenemos la oración del profeta. Luego, comenzando con el versículo 3 y hasta el versículo 16, tenemos el programa de Dios. Después, vemos la posición del profeta expresada en los versículos 17 hasta el 19. Creemos que esta es una división adecuada para explicar mejor la evolución del pensamiento del profeta.

Ahora, hablando de este programa de Dios, creemos que, aunque ninguno es mencionado por nombre, hay tres hombres que podrían haber estado en la mente del profeta, porque este no es un Salmo acerca de lo que algún hombre en concreto haya hecho, sino que es un Salmo sobre lo que Dios ha hecho a través de los hombres. Los hombres no son aquí mencionados por nombre pero creemos que en los versículos 3 al 6 se señaló al patriarca Abraham. Después, en los versículos 7 al 10, podríamos ver a Moisés, y en los versículos 11 al 15, parece estar presenta la figura de Josué, el sucesor de Moisés. Esta es la forma en que nosotros dividiríamos esta sección en particular Pero hay otros que piensan que Moisés se encuentra aludido en la primera sección, (es decir, entre los versículos 3 y 6). Veamos ahora lo que dice el versículo 3 de este capítulo 3 de Habacuc:

"Dios vendrá de Temán, Y el Santo desde el monte de Parán. Selah. Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza."

Ahora, aquí se mencionaron dos ciudades: Temán y Parán. Estas eran ciudades situadas en Edom. Y muchos piensan que esto tiene que ver con los israelitas. Ellos salieron de la tierra de Egipto, pero en realidad, Abraham había llegado allí primero. Recordemos que Abraham fue primero a Egipto.

Luego, tenemos esta interesante palabra "Selah". Esta es una palabra que también encontramos en el libro de los Salmos, lo cual la refuerza la idea de que aquí estamos frente a un salmo. Ahora, hay diferentes puntos de vista en cuanto al significado de esta palabra "Selah". Hay muchos que piensan que es una pausa en la música, un lugar para tomar aliento. Otros opinan que aquí es donde comenzaban a sonar los tambores, y que la música alcanzaba un tiempo crescendo, es decir, un aumento gradual de la intensidad del sonido. Sin embargo, nosotros opinamos que lo que aquí indica es algo que mencionamos anteriormente y que es como una llamada al lector o cantor para que se detenga, mire y escuche. Esto puede observarse muchas veces en los cruces a nivel de ferrocarril. Quizá usted recuerde haber visto justo antes del cruce un anuncio similar. En este texto Bíblico, la intención es que uno reflexione sobre lo que se acaba de leer. Pues bien, esto es lo que significa esta palabra "Selah" en este Salmo.

Dice este versículo 3: "Dios vendrá de Temán y el Santo desde el monte de Parán". El cantor debía detenerse y tomar debida nota de ello. Y el cantor tenía que detenerse y tocar los tambores aquí, al encontrarse con la palabra Selah. Ya hemos dicho que el propósito era llamar la atención a lo que se decía. No creemos que tenga demasiada importancia si estos versículos se referían a Abraham o si se estaban refiriendo a Moisés, porque Dios estaba presente en la vida de estos dos hombres. Aquí tenemos realmente un cuadro realmente hermoso de la gloria y la maravilla de Dios. Dice el salmo: "Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza". Y eso no ha tenido lugar aún, pero fue algo cierto en cuanto se refería a Abraham, y a los israelitas, cuando ellos salieron de Egipto; al comienzo hubo alabanzas en sus corazones. Por supuesto, que más adelante, ellos llegarían a quejarse y a lamentarse por el resto de la jornada, pero la gloria de Dios cubrió los cielos en aquellas jornadas.

Creemos que como creyentes, necesitamos tener una viva impresión de la gloria de nuestro Dios, de cuán majestuoso, cuán maravilloso, cuán poderoso, cuán misericordioso es Él. Sigamos leyendo ahora aquí en el versículo 4 de este capítulo 3 de Habacuc:

"Y el resplandor fue como la luz; Rayos brillantes salían de su mano, Y allí estaba escondido su poder."

Todos habremos visto que, cuando sale el sol, se puede observar que aparecen rayos de luz. Bueno, esa es la figura que se nos presenta aquí. Creemos que cuando el Señor regrese a llevar a Su iglesia, esa gloria estará presente. No fue así cuando Él nació en Belén. Pero cuando Él venga a la tierra a establecer Su reino, Su resplandor será como la luz. En la visión del profeta, Él tenía estos rayos brillantes que salían de Su mano. Allí se ocultaba el poder. Es decir, que la gloria de Dios estaba cubriéndole hasta llegar tal punto de que no se le podía ver. La misma gloria de Dios oculta la gloria de Dios. ¡La majestad de Su persona! Esto es algo que los creyentes necesitan reconocer y respetar. Ahora, en el versículo 5 de este capítulo 3 de Habacuc, leemos:

"Delante de su rostro iba mortandad, Y a sus pies salían carbones encendidos."

Estas palabras pueden aplicarse a la época de Moisés en Egipto y a las plagas que tuvieron lugar allí. Pero, también puede aplicarse a Abraham, cuando se tuvo que trasladar a Egipto porque había un hambre muy grande, a causa de la gran mortandad que había en la tierra.

El versículo 6, comienza diciendo:

"Se levantó, y midió la tierra"

Recordemos que Dios le dijo a Abraham que Él le iba a dar esa tierra. Dios la había medido. En Deuteronomio, capítulo 32, versículo 8, leemos: "Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel". Lo que leemos aquí fue un hecho sorprendente y de grandes alcances. Y ahora, leamos el versículo 6 completo, que dice:

"Se levantó, y midió la tierra; Miró, e hizo temblar las gentes; Los montes antiguos fueron desmenuzados, Los collados antiguos se humillaron. Sus caminos son eternos."

¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Este Salmo o canción que hemos estado considerando hoy es verdaderamente majestuoso, amigo oyente. Pero, vamos a detenernos aquí en esta ocasión y continuaremos nuestro estudio en nuestro próximo programa.

Mientras tanto, le sugerimos leer todo este capítulo 3 de la profecía de Habacuc, para ampliar su propio estudio y para que pueda estar familiarizado con el contenido del mismo. De esta manera, al acercarnos al final del libro iremos completando nuestro estudio de la interesante personalidad del profeta Habacuc, que con sus preguntas a Dios, se identificó con las nuestras, al contemplar a nuestro alrededor el mundo en que vivimos. Su estudio es una verdadera inspiración para que cuando nos dirijamos a Dios en oración, nos acerquemos a Su presencia con confianza, sabiendo que Él responderá nuestras preguntas a Su tiempo y, de ésa manera, nos infundirá consuelo y estímulo para continuar enfrentando las contradicciones que frecuentemente se presentan. Le esperamos, pues, para continuar juntos nuestro recorrido "a través de la Biblia."

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