Estudio bíblico de Habacuc 2:12-20

Habacuc 2:12-20

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro estudio por el libro del profeta Habacuc. No concluimos nuestro estudio del capítulo 2 en el programa anterior, y a modo de repaso, recordemos que en el versículo 2 encontramos al profeta con muchas preguntas en su mente y corazón. Habacuc necesitaba respuestas a sus preguntas y para ello se dirigió a la torre del vigía, y allí, en soledad y quietud, Dios le habló. Dios le comunicó pensamientos profundos y le reveló su plan y propósito para la humanidad; un plan de acción que abarca la existencia y el destino eterno del ser humano. Dios le reveló que tenía un plan por medio del cual Él iba a salvar al ser humano; que había provisto un Salvador que iba a pagar con su vida la culpa y el pecado que separaba a los seres humanos del Dios santo y justo, aunque lleno de amor. Desde antes que Dios creara alguna cosa física, todavía antes de la creación del hombre, Dios tenía pensamientos de paz y redención para la raza humana.

Aunque no sabemos la fecha exacta, sí sabemos que la raza humana ha existido en esta Tierra desde hace unos cuantos miles de años. Las civilizaciones se han sucedido una tras otra; algunas más brillantes dejaron un rico legado a la posterioridad que nos facilita la comprensión de esa cultura en particular, pero de otras, apenas quedan algunos restos arqueológicos. El ser humano no ha estado en la Tierra por mucho tiempo, pero lo que sí sabemos que toda la raza humana puede elegir entre dos caminos, o dos direcciones. Esto es lo que vio este profeta Habacuc.

Recordemos que en nuestra lección anterior hablamos de dos grupos de personas, soberbias, auto-suficientes y orgullosas que tratan conseguir, por su propia fuerza, todo lo que deseen, aquí en esta Tierra. Estas personas habían rechazado a Dios, estaban en rebelión contra Él, y no prestaban ninguna atención a su alma sedienta y angustiada. Dios era irrelevante para estas personas, y pensar y actuar de ese modo, sólo las llevaba por el camino de la destrucción.

Pero, también estudiamos acerca de otro camino. Y ese camino era que "el justo por la fe vivirá"; la fe personal en el Salvador, que murió en la cruz, pero resucitó al tercer día, tal como había prometido, para regalarnos la vida eterna, como hijos de Dios.

Ahora, cuando la vida del ser humano transcurre por el otro camino, un camino que, por su propia voluntad, se aleja de Dios, Dios le juzgará por ello. No tanto por haber tomado un camino equivocado, sino porque consciente y voluntariamente esa persona ha decidido no dejar espacio, ni lugar, para Dios en su vida diaria. Lamentablemente, al final de ese camino le esperarán muchos lamentos, o "ayes", como los que experimentó la nación de Babilonia.

Leemos acerca del primer "ay" en el versículo 6 de este capítulo 2 de Habacuc. Esta nación se había apoderado por la fuerza de territorios, personas y objetos que no le pertenecían, ni tenía derecho a reclamar. Ejercieron la fuerza brutal, disfrutaron al ejercer la violencia, y abusaban de pueblos más débiles porque encontraban placer en la agresión y el abuso. Por ello, Dios los juzgaría.

Luego, tenemos el segundo "ay", que se refiere a la codicia. Ellos codiciaban todo. Y Dios los castigaría por eso.

El tercer lamento o "ay", fue porque aquello que habían obtenido, lo habían logrado por medio de la violencia y la brutalidad. Y Dios les juzgaría por eso. Ya vimos esto en el versículo 12 de este capítulo 2.

El cuarto "ay", fue por las borracheras y la inmoralidad. Vamos a leer una vez más los versículos 12 y también el versículo 13, de este capítulo 2 de Habacuc:

"¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad! ¿No es esto del Señor de los ejércitos? Los pueblos, pues, trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en vano."

Pensemos por unos momentos, amigo oyente, en todos los esfuerzos inútiles que muchas de las grandes naciones del pasado han realizado. En lugar de edificar, dedicaron más tiempo a destruir. Por ejemplo, contemplemos a Grecia. Todavía existen ejemplares maravillosos de su arquitectura, de las perfectas estatuas, la filosofía, el arte y la literatura que tanto influenciaron a la humanidad, y sin embargo, los griegos dedicaron más tiempo a la destrucción al convertirse Alejandro Magno en su líder. Cuando este guerrero se dirigió con inmensos ejércitos hacia el Asia, destruyó una ciudad tras otra, una civilización tras otra. Eso fue lo que más destacó de este famoso personaje. Eso fue lo que señaló o hizo destacar a Babilonia también, la nación que aquí se menciona específicamente. Luego, en el versículo 15 de este capítulo 2 de Habacuc, podemos leer:

"¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas tu hiel, y le embriagas para mirar su desnudez!"

Esta borrachera fue un poco diferente a la que se mencionó en el versículo 5. Allí Dios dijo que el hombre dado al vino era traicionero. Pero lo que estaba diciendo aquí era algo realmente trágico: "¡ay del que da de beber a su prójimo!" Es decir, que el alcohol se utilizó como un método para llevar a las personas a cometer actos inmorales, que tienen como consecuencia el derrumbamiento de la moralidad. En una sociedad que ejercía esas prácticas, los hombres cometían una serie de faltas que podemos llamar "pecados", como por ejemplo la falta de honradez, el desconocimiento de la verdad, o intentar cambiarla, para un provecho personal.

Ésa es la condenación que tenemos en este versículo. El profeta les acusó de emborrachar a la gente, y de pervertir a sus semejantes con el fin de convertirles en personas adictas a la bebida y en alcohólicos de por vida.

Es cierto que muchos jóvenes han caído en las redes del alcoholismo y las drogas por los ejemplos que vieron, primeramente en su hogar, pero también por seguir la corriente a los demás, a sus amigos, por el deseo de ser aceptados en su grupo, para no ser distintos o diferenciarse de los demás. La falta de comunicación, de mantener un diálogo abierto y franco entre los padres con sus hijos son en la mayoría de los casos la causa por la cual los adolescentes y los jóvenes terminan en situaciones lamentables que podrían haberse evitado. Por falta de un modelo adecuado de un padre o madre, que mantengan abiertas las líneas de comunicación, con actitud firme, pero cariñosa, con tiempo e interés genuino en los problemas de sus hijos; por carecer de esas expresiones de afecto, muchos jóvenes toman decisiones equivocadas que sólo les crearán problemas, tristezas e inestabilidad personal. La mayoría de los jóvenes problemáticos son la consecuencia de un hogar en ruina, por falta de comprensión, amor, respeto y disciplina ejercida con madurez y criterio por padres interesados en el bienestar de sus hijos. Cuántos padres colman a sus hijos de "cosas materiales", pero se olvidan de darle cariño y tiempo. Un abrazo cariñoso a tiempo puede evitar muchos males. ¡Cuánta responsabilidad el ser padre o madre! Y como nadie nos enseña a ser buenos padres o madres, aunque leamos buenos libros y consultemos a profesionales, sin embargo, podemos acudir a nuestro Padre Celestial, y pedirle los necesarios consejos, y también la sabiduría que nos falta, para no cometer equivocaciones en la correcta formación de nuestros hijos.

Regresamos a Habacuc. Podemos imaginarnos que no debe haber sido muy popular en Babilonia, adonde había llegado su profecía. Sus habitantes descubrieron que Dios condenaba la embriaguez, pero también juzgaba a aquellos que las inducían y fomentaban. Leemos el versículo 16 de este capítulo 2 de Habacuc:

"Te has llenado de deshonra más que de honra; bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha del Señor vendrá hasta ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria."

La vida de un alcohólico es un infierno, y afecta a todos aquellos que le rodean. Muchas veces esa condición, esa enfermedad, rompe el matrimonio, destruye el hogar, crea situaciones económicas insostenibles, y sobre todo, provoca un sufrimiento en los hijos que los marcará para toda la vida. Habacuc advirtió, en nombre de Dios, sobre las consecuencias de ese comportamiento. Sigamos con el siguiente versículo 17, y leemos:

"Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras te quebrantará, a causa de la sangre de los hombres, y del robo de la tierra, de las ciudades y de todos los que en ellas habitaban."

La violencia es otro de los frutos por la ausencia de Dios en una vida, en una sociedad, en una cultura. Dios pone Su código moral y ético en aquellos que Le buscan, Le obedecen y Le aman. Su ley de justicia, paz, amor y respeto pueden cambiar a la persona, y por lo tanto, también a la sociedad. ¡Cuántos dramas y tragedias se podrían evitar si se observaran las leyes de Dios! Leamos ahora, los versículos 18 al 20 de este capítulo 2 de Habacuc:

"¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? ¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él. Mas el Señor está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra."

Aquí tenemos el quinto lamento. Ésta es la condenación de Dios para el mayor pecado de todos. El mayor pecado contra Dios es la idolatría, amigo oyente, el sustituir a Dios por cualquier ídolo, que ocupe el lugar de Dios en nuestra vida. Ése es el peor de los pecados, el que más le duele y ofende a Dios.

Señalábamos esto cuando estudiamos el libro de Isaías, y también lo mencionamos por primera vez, hace algún tiempo, al estudiar el libro de Jueces, porque en ambos se presenta un gran principio de gobierno.

Debemos destacar los tres pasos que observamos como una pauta en la caída o el declive de una nación. En primer lugar, siempre hubo una apostasía religiosa o espiritual. El siguiente paso, como consecuencia de la ausencia espiritual, fue el decaimiento de la moralidad de la sociedad. Y en tercer lugar, como una reacción en cadena, se produjo una anarquía política. Esos son las tres fases o etapas por medio de las cuales algunas naciones desaparecieron de la escena de la historia humana. Parece haber un patrón de conducta de ciertos pueblos que los llevó al ocaso y al final de su existencia. Amigo oyente, el problema principal nunca fue la anarquía política. El problema principal tampoco parece que habría sido la falta de moralidad. A pesar de lo negativo y destructivo que puedan resultar esas circunstancias, la verdadera raíz del problema era el vacío espiritual, o religioso, el no haber conocido al Dios vivo y verdadero, ni haber mantenido una relación personal con Él, o como en el caso de Israel, el apartarse de Dios, a pesar de conocerle y haber experimentado Su poder, amor y justicia.

Lamentablemente esto está sucediendo en la actualidad con muchas naciones del mundo. No somos los únicos en hacer esta afirmación. Un eminente profesor de historia universal indicó hace algún tiempo que "los sueños de las naciones se desvanecen en medio de realidades aterradoras y en medio de señales visibles de una decadencia en nuestra sociedad contemporánea". Un periodista renombrado escribió "en público hablamos con optimismo sobre el brillante futuro que nos aguarda, lleno de promesas de nuevos y asombrosos descubrimientos científicos, pero, en conversaciones privadas hablamos más de las terribles amenazas que nos aguardan a causa del grave problema ecológico y los cambios climáticos que agravarán los ya terribles problemas sociales y económicos del Tercer Mundo". Los sociólogos, psicólogos y psiquiatras ya se pronuncian sobre la moralidad y cuestionan la ética de nuestra sociedad moderna, hedonista, consumista, y muy egoísta.

Éste es el cuadro, ésta es la historia de la caída de las naciones. Y esto es lo que nos alarma porque es un gran principio que ha sido señalado por Habacuc en la Palabra de Dios. La profecía de Habacuc fue cumplida en la decadencia y desaparición de la nación de Babilonia, porque se mantuvo apartada del Dios vivo y verdadero.

Hemos comentado en algunos programas, que la idolatría significa el adorar o el inclinarse ante ídolos, pero no todos los ídolos son visibles o hechos de algún material. En realidad la palabra idolatría también se refiere a todo aquello que ha llegado a ser importante e imprescindible en nuestra vida. Hay muchas personas, por ejemplo que viven y se desviven por y para el dinero, la acumulación de bienes materiales. Y eso también es una forma de idolatría, porque ha llegado a ser su motivo principal de vida. Hay muchas personas, hombres y mujeres que viven sólo buscando placer, que en una medida desproporcionada adoran al sexo, las drogas y las relaciones fortuitas. Éstos son solamente algunos ejemplos pero, amigo oyente, cualquier cosa a la que usted se entregue, cualquier cosa que tome todo su tiempo, absorbe toda su energía, pensamiento, sentimiento, o es su razón de vida, es posible que haya llegado a ser su dios, su ídolo. Y eso es lo que Dios condena. Dios dijo que es un Dios celoso. Dios dijo: "Yo te he creado. Yo te he formado y redimido". Y Dios anhela y desea que nos acerquemos a Él. Lo más destructivo y nefasto que una persona puede hacer es dar la espalda a Dios. El profeta Habacuc concluyó este capítulo 2 con el versículo 20:

"Mas el Señor está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra."

Creemos que se estaba refiriendo al futuro, cuando el Señor regresará por segunda vez a esta Tierra, cuando Él ocupe Su santo templo. Será entonces, cuando toda la tierra se inclinará ante Él. Todo el conocimiento que actualmente poseemos, todo el encanto, el atractivo y el placer, todo desaparecerá. Pero, todavía Él está allá en el cielo, a la diestra del Padre, intercediendo por cada uno de nosotros. Que diferente sería nuestro mundo si los hombres, la humanidad le reconociera a Él y se inclinara ante Él. Cuántos problemas se resolverían en paz y armonía. Habría justicia para todos, y paz entre los pueblos. Si la humanidad pudiera aceptar y reconocer al Príncipe de Paz, si aprendiéramos a quedarnos callados y en espera delante del Dios Todopoderoso, nuestro planeta conocería lo que siempre estuvo en la mente y el corazón de Dios: la presencia cercana y amorosa del Creador del Universo, del Padre Celestial, tierno y preocupado, del Amigo fiel e incondicional, y sobre todo, el perdón total y completo del Salvador que se entregó por cada uno de nosotros. Amigo oyente, Jehová está en Su santo templo, calle delante de Él toda la tierra.

Recordemos por un momento el Salmo 2, que comienza con una pregunta: "¿Por qué?" Y esta es la pregunta que volvemos a encontrar aquí: "¿Por qué?" El Salmo 2 dice: "¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas"? ¿Por qué ese gran clamor? ¿Por qué toda esta protesta? La humanidad está lejos de Dios, se ha olvidado de que Dios está en los cielos, esperando la oportunidad para intervenir en la historia. Dios sí está en el cielo, pero está preocupado por todos los males de este nuestro mundo, porque el ser humano no quiere tener una relación personal con Él. Ése es el gran problema, el causante de todos los demás males y aflicciones que padecemos: el problema de la falta de relación del hombre con Dios. Ésa es la única alternativa, la única salida. Recordemos que: El justo por su fe vivirá.

Hemos llegado al final de nuestro estudio de este capítulo 2 de Habacuc. En nuestro próximo programa comenzaremos a estudiar el capítulo 3 y le invitamos muy cordialmente a acompañarnos en el estudio de la Palabra de Dios. Como en cada programa, nos permitimos sugerirle que lea el siguiente capítulo 3 de Habacuc, para familiarizarse con su contenido, y así comprender más claramente las preciosas y profundas enseñanzas que Dios quiere compartir con cada uno de nosotros. Será entonces, hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, y como siempre, seguimos pidiendo a Dios Su luz, paz, perdón y amor para usted y toda su familia.

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