Estudio bíblico de Hageo 2:5-9

Hageo 2:5 - 9

Continuamos hoy, estimado oyente, nuestro recorrido por el libro del profeta Hageo. Hemos llegado al capítulo 2, y hoy comenzaremos con el versículo 5. Recordemos que el pueblo de Israel, al retornar a su tierra, se había olvidado de la promesa que en la cautividad había hecha a Dios; habían prometido reconstruir el Templo, la casa de Dios, que había sido destruida por los enemigos. Cuando el profeta Hageo, por mandato de Dios, reprochó al pueblo su olvido y su preocupación egoísta de construir y embellecer únicamente sus propias casas, la gente aceptó la reprimenda de Dios y se arrepintió. El pueblo recapacitó, y todos juntos emprendieron la tarea de edificar el Templo para Dios. En el programa anterior comentamos que los más ancianos estaban tristes, quejosos y muy molestos, porque ellos recordaban el esplendor y la magnificencia del primer templo construido por el rey Salomón. Al contemplar el desarrollo de las obras de la construcción todo les parecía pobre e insignificante. No se podía comparar la edificación del templo anterior, con esa otra obra. Pero Dios envió palabras de ánimo y aliento a través de Hageo a todos los sectores de la sociedad, para todas las personas, al líder político, el gobernante, al líder religioso, pero también para el pueblo llano. Pero, además de animarlos, Dios les dijo que debían esforzarse. Dios llegó aun más lejos, también les instó a que debían trabajar. Y para mostrarles que realmente Él, el Altísimo, el Todopoderoso, estaba pendiente de Su pueblo, les dijo: Porque yo estoy con vosotros, dice el Señor de los ejércitos. Vamos a continuar con el versículo 5. Leamos:

"Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis."

Ya habíamos mencionado que la presencia visible de Dios, la gloria de Dios, la Shekiná, se había alejado del primer templo, muchos años atrás. Creemos que podría haber ocurrido durante el reinado de Manasés, un rey malvado y corrupto. Es decir que, durante los últimos días del antiguo templo, éste no era más que un hermoso edificio, bien adornado, pero que en realidad ya no era un "templo", porque la presencia de Dios lo había abandonado. Pero ahora Dios les dijo: Mi espíritu estará en medio de vosotros. Dios les estaba indicando que, aunque este nuevo edificio no era espectacular, ni impresionante, sin embargo "Mi Espíritu estará con vosotros; estará entre ustedes. Así mi espíritu estará en medio de vosotros, no temáis.

Este pasaje bíblico nos revela algo muy importante; nos habla del ministerio del Espíritu Santo durante los tiempos del Antiguo Testamento, y del Nuevo Testamento. En aquella época, Él, el Espíritu Santo, estaba en el pueblo, entre el pueblo. Ahora, después de la ascensión de Jesucristo el Espíritu Santo mora en el creyente. Este es uno de los hermosos beneficios para el creyente en Cristo. Si ellos, el pueblo de Israel, no tenían ningún motivo para temer, porque el Espíritu de Dios estaba en su medio entonces, el hijo de Dios en el presente, tampoco debería temer. El Espíritu Santo mora "en" el creyente. Leamos los versículos 6 y 7 de este capítulo 2 de Hageo:

"Porque así dice el Señor de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; 7y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos."

En primer lugar, debemos conocer y reconocer lo que Dios estaba diciendo, y cuál era su intención al mandar a decir estas palabras a Hageo. Dios estaba tratando de erradicar de sus mentes, de sus ojos y de sus corazones, aquello que era tan importante para la gente, sus problemas y situaciones próximas, tan limitadas en tiempo y espacio. Todos estaban tan centrados y ocupados con las pequeñeces de su vida, que se les escapaba lo mejor, es decir, habían olvidado que Dios tenía un plan para ellos, y que ellos eran parte del plan de Dios. A nosotros, con más conocimientos, nos resulta fácil leer sus historias y juzgarlos como gente de poca visión, con poco sentido de trascendencia; pero, también a nosotros nos ocurre lo mismo, nos cuesta mantener una perspectiva real y certera de nuestra vida como cristianos. Es como, por ejemplo, pegar nuestra nariz contra la ventana del presente, y no ver nada más allá. Podríamos compararlo con aquellas personas que ponen una pequeña moneda delante de un ojo, y con ello cubren el sol por entero. Bueno, la moneda es como el presente. Cubre o deberíamos decir, oculta el plan y propósito de Dios para nuestra vida. No nos deberíamos desanimar tan fácilmente cuando algunas situaciones no resulten como esperábamos. Debemos reconocer que Dios es soberano, y que para un hijo de Dios, "todas las cosas obran para bien" (Romanos 8, 28). Es decir, que muchas veces hay que confiar y esperar, porque el plan de Dios es perfecto, aunque el presente no nos parezca tan bueno, ni muy agradable.

Dios envió el mensaje que advertía que dentro de no mucho tiempo Él haría temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca. O sea que, Dios iba a actuar en juicio. Antes de concluir nuestro estudio de este corto libro de Hageo, veremos que Dios miró hacia el futuro y habló de la Gran Tribulación, el Día del Señor, y la venida, o regreso de Cristo a la Tierra, lo que será parte del Día del Señor, y el establecimiento del Templo, el templo del milenio.

El texto que tenemos ante nosotros es muy significativo. Dios dijo: llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos.

Recordemos que en ese sitio, en primer lugar, estuvo el primer templo de Salomón. Después se construyó allí el templo de Zorobabel, y cuando fue destruido por Herodes, este mismo rey edificó otro templo, al que se le dio su nombre, el templo de Herodes. El templo de Herodes era en realidad parte de este segundo templo. Cuando leemos que el Señor Jesucristo entró en el templo, era precisamente este templo de Herodes. Ese templo también fue destruido, aun antes de finalizar su construcción, por Tito y sus ejércitos romanos en el año 70 D. C. En este lugar no se edificó ningún otro templo hasta el presente. En realidad, sobre ese mismo lugar se encuentra ahora, luciendo su bella cúpula dorada, la mezquita de Omar. El mundo árabe nunca permitirá que sea quitada su mezquita, porque ese es uno de los más importantes lugares sagrados del Islam. Los musulmanes veneran este lugar. Pero, según la Palabra de Dios, en un futuro, allí será edificado el templo al que se le llamará "el templo del período de la Gran Tribulación". Y después de este templo, vendrá el último, es decir, que allí se encontrará el templo del Milenio.

Para Dios, estos diversos templos sin embargo representan tan sólo uno. Aunque fueron unas construcciones muy diferentes en su estructura y aspecto, para Dios sólo fue y será "Su casa", Su Templo. Esa es la razón por la que Dios le mandó a decir a Hageo: Y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos. El Altísimo, Él sacudirá y hará temblar a todas las naciones de la Tierra. Es difícil para nosotros creer que habrá más sacudidas, más temblores, de los que se han podido registrar en el siglo pasado. Tenemos que entender que aquí el profeta no sólo se refiere a los temblores naturales, los terremotos, los Tsunami o cualquier otro tipo de cataclismo producido por la naturaleza; se refiere a todo tipo de sacudidas y temblores, sociales, económicos, y también espirituales. El pasado siglo comenzó prácticamente con la primera guerra mundial. Ese terrible evento hizo temblar de angustia, terror, y mucho sufrimiento a todas las naciones del mundo, aunque muchos otros incidentes también sacudieron al mundo. Ocurrió una depresión a escala mundial, y una segunda guerra mundial. Después de esos trágicos eventos han habido otros muchos acontecimientos terribles sobre este planeta, incluyendo la complicada situación energética producida por el petróleo. Todos esos eventos han afectado y sacudido a la economía de las naciones. Pero, al estudiar la Palabra de Dios podemos deducir que todo lo anterior es una minucia comparada con "el sacudir y el temblor" que Dios provocará en un futuro que sólo Él conoce y determina. Dios dijo: Llenaré de gloria a esta casa. Creemos que la gloria de Dios, la Shekiná, vendrá con Cristo, cuando Él regrese por segunda vez a la Tierra. Creemos que esa es la interpretación correcta de la afirmación que Jesucristo hizo en el famoso discurso o "Sermón del Monte". Él dijo: Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo. Y a continuación, en el siguiente versículo, Cristo habló de "la gloria del Señor". Volviendo ahora a libro de Hageo, en la primera parte del versículo 7, leemos:

"Ay haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones"

Desde el mismo comienzo de la primera iglesia cristiana, los comentaristas y estudiosos bíblicos interpretaron el título de "el deseado de todas las naciones", como una clara referencia a Cristo. Pero, ¿es Cristo "el deseado de todas las naciones"? Reconocemos que, para aquellos que esperamos el regreso de Cristo, este es un pensamiento que nos da esperanza y ánimo. En muchas partes del mundo las naciones anhelan encontrar a un líder fuerte y capaz de resolver los problemas casi "milagrosamente" y liderar al pueblo hacia una sociedad de bienestar que erradique los males que aquejan a este planeta Tierra. El escenario mundial está esperando a un personaje carismático, capaz de coordinar los esfuerzos de muchas naciones en pro de la paz, la protección del medio ambiental, la distribución justa de los recursos de este planeta que erradicaría el hambre de millones de seres humanos, etc. El mundo entero apoyaría a un personaje que libertaría, con sus promesas, trabajo y logros, a las naciones necesitadas. Según la Palabra de Dios, llegará ese día, pero será el Anticristo. El Anticristo, el Mesías de este mundo, el supuesto salvador de las naciones, a éste sí le aceptarán cuando él venga. No creemos que las naciones esperan el regreso del Señor Jesucristo, ni siquiera aquellas que ostentan "un notorio arraigo cristiano".

Este pasaje presenta de una manera muy clara al personaje a quién se está refiriendo. Volvamos a leer los versículos 7 y 8 de este capítulo 2 de Hageo:

"Y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho el Señor de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice el Señor de los ejércitos."

Ahora, ¿qué es lo que desean todas las naciones? Bueno, todas las naciones necesitan un respaldo económico, en reservas de oro, en recursos naturales, en fuentes de energía, etc. Ninguna nación tiene suficiente estabilidad económica, y muchas guerras se han llevado a cabo para ganar poder y obtener más recursos, "en oro y plata". En la construcción del primer templo se utilizó entre 5 a 20 millones de dólares, unos 3 a 18 millones de Euros, en metales preciosos de oro, plata y joyas. Al leer el relato en el libro de Reyes y en el libro de Crónicas, nos damos cuenta de que en su día, el rey Salomón había acaparado "el mercado del oro" de aquella época. Salomón tenía mucho oro, y éste fue utilizado para decorar el primer templo. Quizá usted recuerda la historia en la que ciertos embajadores llegaron a la corte del al rey Ezequías, y éste les mostró, orgulloso y ostentosamente, todo lo que tenía; imprudentemente mostró todas sus riquezas, los tesoros que habían pertenecido al primer templo de Salomón. A su regreso, estos embajadores informaron al rey Nabucodonosor de los asombrosos tesoros que habían visto en la corte de Exequias, y esa fue la razón por la cual Nabucodonosor estaba ansioso de conquistar y hacer suyo ese lugar. Al final de la lucha, el oro fue llevado a Babilonia.

Cuando se comenzó a reedificaron el templo, llamado el templo de Zorobabel, el pueblo no tenían oro, ni tampoco había plata, y por lo tanto, la decoración y los adornos eran muy sobrios y sencillos. Esa fue la razón principal por la cual algunos de los más ancianos estaban quejosos al recordar con nostalgia el maravilloso primer templo. Muchos de las personas más ancianas habían visto esta fantástica construcción, había adorado a Dios en sus atrios, y no podían olvidar el esplendor de las fiestas principales y todos los ritos y ceremonias tan significativas que entre esos muros habían celebrado. El Templo del pueblo de Israel era famoso, y todos se sentían orgullosos de su merecida fama y esplendor. La cruda realidad de la actual situación, de su pobreza y falta de medios, provocó una gran amargura, y mucho desconsuelo y tristeza entre los ancianos; con sus quejas y comentarios negativos llegaron a empañaron el ambiente festivo y alegre de los más jóvenes.

El mensaje que el profeta tenía de parte de Dios para el pueblo era claro: habrá una gloria mayor que la del oro y de la plata; Dios les prometió que en los días postreros, el templo volverá a ser adornado y embellecido. Leamos el versículo 9 de este capítulo 2 de Hageo:

"La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho el Señor de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos."

El profeta, como portavoz de Dios, recordó al pueblo que El era, es y siempre será el dueño de todo, y que con toda autoridad Él podía afirmar: mía es la plata, y mío es el oro. Habrá abundancia de estos metales preciosos para adornar la casa de Dios, y con toda seguridad el Templo del Milenio será verdaderamente hermoso. "La gloria postrera de esta casa, prometió el Señor, será mayor que la casa anterior, y será incluso superior a la casa que el rey Salomón construyó para Dios. Y Hageo, el portavoz de Dios continuó diciendo: y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos.

Para los turistas que tienen la oportunidad de visitar la ciudad de Jerusalén, visitar el lugar donde estuvieron ubicados los anteriores templos, es casi un punto obligado en su ruta turística. Sólo quedan del último templo las famosas Murallas de las Lamentaciones, un lugar sagrado para el pueblo judío. Dios ha prometido que en ese preciso lugar se logrará lo que las Naciones Unidas han intentado por muchos años, pero no han conseguido hasta ahora: un pacto de paz duradera. Cuando el Señor Jesucristo regrese a este planeta Tierra, Él traerá la PAZ. Las profecías nos describen un hermoso cuadro: Sus pies descansarán sobre el Monte de los Olivos, y cuando Él entre al lugar del Templo, entonces la verdadera paz vendrá a esta Tierra, porque Él es el Príncipe de Paz. De modo que la paz de la cual habló Hageo aquí en este pasaje significa finalmente eso. Creemos que ese es el significado, porque Cristo para cumplir la promesa que Dios hizo a Su pueblo en la ocasión de la construcción del templo, Seguramente, estimado oyente, recordará que los ángeles proclamaron a los pastores que descansaban junto a sus rebaños en los campos de Belén, que había nacido Aquel cuyo nacimiento traía "paz a los hombres de buena voluntad". Es decir, su venida traía paz a los hombres que tenían una correcta relación con Dios, que han reconocido y saben que sus pecados fueron perdonados. El Apóstol Pablo, en su epístola a los Romanos, capítulo 5, versículo 1, escribió: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Pero, además, hay una paz especial para el corazón del creyente, "la paz que sobrepasa todo entendimiento". La primera vez que Jesucristo vino a la Tierra vino para traernos esa clase de paz. Pero, la próxima vez que Él regrese a nuestro planeta, traer la paz mundial; será la clase de paz que este mundo desea, necesita y persigue, y que, a pesar de todos los esfuerzos, no ha podido obtener hasta el presente. Regresando a nuestro pasaje, estas últimas palabras del profeta Hageo se refieren al futuro, a los días finales, cuando se establezca el reino milenario sobre la Tierra. Por lo tanto, el significado del mensaje era que el pueblo debía mirar a ese templo que estaban construyendo, pero con la perspectiva del propósito final de Dios.

Y así es como nosotros también deberíamos mirar y contemplar las circunstancias que nos rodean, estimado oyente. Deberíamos evaluar y contrastar todas las situaciones de nuestra vida a la luz de la eternidad. Deberíamos observarlas a la luz de los propósitos que Dios tiene para usted y para mí.

Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? nos recuerda la Escritura. No permitamos que las circunstancias presentes nos aplasten y derroten. No debemos dejar que, por más difícil o casi insuperable que nos parezcan las circunstancias de nuestra vida, se adueñe de nosotros ese pensamiento de derrota, desaliento y fracaso.

Cuando el profeta Hageo escribió en el versículo 8: mía es la plata y mío es el oro, él estaba hablando de tesoros materiales, de bienes materiales. Él no estaba hablando de Cristo como si Él fuera el deseo de todas las naciones, sino que estaba hablando de la gloria postrera de la casa de Dios, el Templo.

Estimado amigo oyente: usted y yo podemos ejercitarnos y aprender a ver las circunstancias como Dios las ve. Hay una historia verídica de un predicador escocés que presentó su renuncia en su iglesia al final del año, y la junta de responsables le preguntó el motivo. El predicador contestó: "Bueno, no he tenido mucho éxito con mis sermones este año; solamente el niño Bobby Moffet ha aceptado a Jesucristo como su Salvador". Este predicador que creyó que había fracasado como líder espiritual y como predicador del Evangelio, no podía imaginarse que ese niño de corta edad iba a llegar a ser un gran misionero en África, y que probablemente hizo mucho más que el famoso David Livingston en abrir el continente de África a las misiones cristianas. Para Dios la vida y la obra de ese predicador no fueron ningún fracaso. Los planes y proyectos de Dios no siempre nos son conocidos, pero podemos aprender a confiar en que Él siempre buscará el bien de Sus hijos, aunque algunas veces nos cueste aceptar Sus métodos.

Estimado oyente, vamos a detenernos en este punto. Pedimos a Dios que Su luz alumbre su mente y su corazón para que pueda conocerle y amarle. Hasta nuestro próximo programa, estimado amigo oyente.

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