Estudio bíblico de Zacarías 4:4-14

Zacarías 4:4 - 14

Estimados oyentes, bienvenidos nuevamente a este programa en el que estamos recorriendo, junto con usted, el libro más fascinante que jamás se ha escrito: la Biblia, la Palabra de Dios.

Y continuamos hoy estudiando el libro del profeta Zacarías que, en medio de una difícil época en la que su pueblo había sido llevado a la esclavitud y cautividad en tierras extrañas, las del Imperio Babilónico, fue capaz de motivar al pueblo hacia una renovación espiritual, materializada en la reconstrucción del templo del Señor.

Zacarías, que en hebreo significa "el Señor recuerda", además de profeta fue sacerdote y nació en el exilio babilónico. Zacarías fue uno de los más de 40.000 judíos que regresó a Judá en el año 538 A.C, bajo el liderazgo de Zorobabel y Josué.

El libro se inicia con un llamado al pueblo para que se arrepienta y se vuelva a Dios, a diferencia de sus padres, que rechazaron las advertencias de los profetas. Pocos meses después, en la noche del 15 de febrero del año 519 A.C. Zacarías tuvo una serie de ocho visiones. Las primeras cinco visiones son de consuelo, pero las últimas tres son de juicio.

En la primera visión Zacarías vio a un jinete entre los mirtos, significando esto que el Señor reedificaría a Sión y a Su pueblo.

En su segunda visión, el profeta vio los cuatro cuernos y los carpinteros, en representación de que los enemigos y opresores de Israel serían juzgados.

En su tercera visión, Zacarías vio un varón con un cordel de medir, siendo su significado que Dios ayudaría y protegería a Israel.

En su carta visión, Zacarías vio la purificación de Josué, el Sumo sacerdote, indicando que la Nación sería purificada y restaurada por el Renuevo venidero.

En la quinta visión, la que comenzamos a analizar en el Programa anterior y finalizaremos hoy, Zacarías vio un candelabro de oro, cuyo significado era que el Espíritu de Dios daría poder a Zorobabel y a Josué para llevar a cabo su tarea.

Zacarías habría de ofrecer posteriormente estas visiones al pueblo con el fin de animarles y motivarles. Por ello, el énfasis predominante en todo este libro fue el ánimo y aliento que el profeta transmitió al pueblo para que este lleve a cabo la reconstrucción de su templo. Zacarías pretendía así levantar el ánimo del pueblo, mostrándoles que les esperaba un futuro glorioso.

Pero no adelantemos acontecimientos y regresemos ahora al capítulo 4 del libro, en el que leemos cómo Zacarías tiene una nueva visión de un candelabro y dos olivos.

Ahora que el pueblo había regresado del exilio y del cautiverio, sus pecados deben ser limpiados. Sólo así podrían volver a ser efectivos para Dios.

Dios no podía utilizar para Su propósito a un testigo manchado por el pecado, a un embajador que no esté a la altura de su estándar de calidad y pureza. Lo mismo sucede hoy con nosotros. ¿Cómo podríamos ser nosotros embajadores de Cristo y dar testimonio de Su obra maravillosa en nosotros si no nos renovamos espiritualmente cada día?

En otro libro de la Biblia, en Deuteronomio, capítulo 32, versículo 8, leemos lo siguiente: "Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel". ¿Por qué estableció Dios los límites de los pueblos del mundo, según el número de los hijos de Israel? Porque ellos tienen que ser testigos a todo el mundo. Ésa era la intención de Dios. Ellos serán, algún día, testigos en cada rincón del mundo.

Hasta el día de hoy, el pueblo de Israel no ha cumplido este propósito. Pero la iglesia cristiana, tampoco. El último mandamiento de Jesús fue: "Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles las cosas que os he mandado" (Mateo 28: 19 y 20). A este mandato se le conoce como "La gran comisión", pero algunas cristianos, sino la mayoría, lo han entendido como "La gran sugerencia".

Se nos dice que debemos ir a todo el mundo; pero, ¿cuántos lugares no tienen hoy ningún testimonio, ningún testigo? Y sin ir tan lejos, ¿cuánta gente conoce a Cristo personalmente en su propio país, en su ciudad, en su barrio o en su propia casa?

Otro profeta llamado Ezequiel, escribió en el libro que también lleva su nombre, en el capítulo 5 y versículo 5: "Así ha dicho Jehová el Señor: Esta es Jerusalén; la puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella". ¿Para qué? Para que pudiera ser un testigo fiel y eficaz.

Israel está situado en la encrucijada de tres continentes: África, Asia y Europa. Ningún otro lugar sobre la tierra, salvo quizá los Balcanes, es tan propicio a provocar guerras, enfrentamientos, dolor y destrucción. Israel, una pequeña nación, rodeada de enemigos, algunos de los cuáles han jurado destruirla y borrarla del mapa.

Hasta que Israel no cumpla el propósito que Dios tiene en mente, nosotros, los cristianos, debemos recoger el testigo y ser luz en este mundo.

Ahora, con esta referencia, leamos el versículo 4 de este capítulo 4 de Zacarías:

"Proseguí y hablé, diciendo a aquel ángel que hablaba conmigo: ¿Qué es esto, señor mío? Y el ángel que hablaba conmigo respondió y me dijo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío."

Lo que el ángel, en realidad, estaba diciéndole a Zacarías era que él, como sacerdote debería ser capaz de comprender esta visión. Zacarías tendría que haber conocido el significado del candelabro de oro.

"Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra del Señor a Zorobabel: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho el Señor de los ejércitos."

Este es un mensaje para Zorobabel, indicando que, para llevar a cabo su tarea, no podría echar mano de ningún recurso humano. Y, aunque no contara con el esplendor y poder que tuvieron David y Salomón, Dios lo usaría para reconstruir el templo.

La expresión, "no con ejército, ni con fuerza", resulta muy interesante. No se refiere aquí de fortaleza física, sino más bien a agilidad mental. Es la capacidad para tomar una decisión sabia. Es como si, parafraseando, el ángel hubiera dicho a Zacarías: "Ni mediante la potencia mental, ni con fuerza muscular, sino con Mi Espíritu, ha dicho el Señor de los ejércitos".

Podemos imaginarnos el enorme ánimo que estas sencillas palabras habrán causado en Zorobabel. Él era el gobernador civil. Josué era la autoridad religiosa. Ambos, representados como dos olivos, estaban proveyendo el aceite para el candelero. Y el mensaje que acabamos de leer es sencillamente el siguiente: que la difícil misión de reconstruir el templo no sería lograda mediante factores humanos, como la inteligencia o la fortaleza física, sino por el Espíritu de Dios.

¡Qué gran aplicación encontramos para nosotros mismos en estas palabras de Dios para Zorobabel! Si el Espíritu de Dios no está presente en nuestras actividades diarias, éstas no van a llegar a ningún puerto, por grande que sea nuestro talento, inteligencia, fortaleza, salud, recursos, etc.

La obra de Dios, sorpresivamente, no se lleva a cabo de esa manera. Dios quiere hacer Su obra a través de nosotros. Y tiene que ser por medio y gracias al poder del Espíritu Santo.

Ahora, en el versículo 7, de este capítulo 4 de Zacarías, leemos:

"¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella."

Algunos piensan que se refiere al monte Guerizín, símbolo de la idolatría de Samaria, capital de Babilonia. Pero es muy posible que se refiera, de forma figurativa, a la oposición a la obra de reconstrucción y al desánimo del pueblo para realizar la obra. La "piedra principal" podría referirse a la colocación de la última piedra que habría de señalar el fin de la restauración del templo por parte de Zorobabel. Así, a través de esta promesa, se anunció que Zorobabel, que colocó los cimientos del templo, concluiría con éxito su reconstrucción, entre "aclamaciones de alabanza a su belleza". La terminación de la obra de reconstrucción del templo iría acompañada de las expresiones de júbilo del pueblo, al ver su belleza.

En los versículos 8 y 9 de este capítulo 4 de Zacarías, continuamos leyendo:

"Vino palabra del Señor a mí, diciendo: Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que el Señor de los ejércitos me envió a vosotros."

Estas palabras les fueron dadas para infundirles ánimo. Porque como dice el apóstol Pablo en su epístola a los Filipenses, capítulo 1, versículo 6: "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". Es decir: "Zorobabel, tú tienes que poner los cimientos. Dios estaba contigo cuando tú colocaste esos cimientos. Y ahora tú vas a poder colocar el techo sobre el templo. Y Dios estará contigo".

Más adelante, el versículo 10, dice así:

"Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos del Señor, que recorren toda la tierra."

Una plomada es un peso atado a una cuerda, y era un sencillo pero eficaz instrumento utilizado en la construcción de edificios. Sin él, no podía garantizarse la horizontalidad de las edificaciones. La gente, al ver a Zorobabel con la plomada en la mano, se regocijaría, al darse cuenta de que la reconstrucción del templo era ya un hecho. Y al frente de la obra de reconstrucción estaba el mismo Dios; por eso, Zorobabel, dotado del poder del Espíritu de Dios, la concluiría con éxito.

A continuación, leemos en los versículos 11 al 13:

"Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda? Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro? Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no."

Nuevamente, ante la falta de entendimiento del profeta, el ángel le viene a recordar que, como sacerdote de Israel, debería conocer su significado. Pero Zacarías no tiene más remedio que confesar: "Señor mío, no lo sé".

Y en el versículo 14 dice así:

"Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra."

Estos dos hombres, llenos del Espíritu serían, como anteriormente avanzábamos, Zorobabel, el gobernador civil, y Josué, la autoridad religiosa. Ya hemos visto que éste último había sido limpiado y revestido de vestiduras nuevas. Ahora, podría ser un digno representante de Dios.

La combinación de gobernante y sacerdote apunta en última instancia hacia el Mesías, como Rey y Sacerdote.

Y no sólo a Zacarías y Zorobabel, sino a todos nosotros Dios desea llenarnos hoy con Su Espíritu Santo. Pero primero habrá ciertas condiciones que deberemos cumplir. En el capítulo 4 de la epístola a los Efesios, versículo 30, dice el apóstol Pablo: "No contristéis al Espíritu Santo". Usted no puede ser lleno del Espíritu si hay pecado en su vida. Dios no lo podrá utilizar. En la primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 5, versículo 19, el Apóstol Pablo afirma: "No apaguéis al Espíritu".

Esto implica que, aun teniendo al Espíritu Santo en nosotros, por medio de nuestros malos actos, podemos entristecerlo y "apagarlo". Si estamos fuera de la voluntad de Dios, entonces Dios no nos podrá usar para sus buenos propósitos, para nuestra vida y para los que nos rodean. Y en la epístola a los Gálatas, capítulo 5, versículo 16, se nos anima a: "Andad en el Espíritu", implicando la importancia de recorrer un único camino, el camino del Espíritu de Dios, que nos dará más fuerza y poder que un ejército.

Dios mediante, en nuestro próximo programa, continuaremos investigando y analizando este apasionante libro profético, escrito hace tantos años pero que mantiene fresco su mensaje para el hombre y la mujer del siglo XXI.

Hasta entonces, le enviamos desde aquí un cordial saludo y nuestro deseo de reencontrarle nuevamente en este Programa. Que Dios le bendiga.

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