Estudio bíblico de Génesis

Predicación escrita y en audio de Génesis 9:1-29

Génesis 9

Tema: nuevas instrucciones y disposiciones; el pecado de los hijos de Noé.

En nuestro programa anterior examinamos el relato del final del Diluvio y la salida de Noé, su familia y los animales del arca. Hoy proseguimos nuestro estudio con un pasaje Bíblico que narra un nuevo comienzo. Para nosotros es, quizás, difícil darnos cuenta de cuan revolucionario fue tal principio. La época en que los seres humanos se regían por su propia conciencia había llegado a su fin. Después del Diluvio, estaba comenzando la era en que los hombres estarían bajo la autoridad de un gobierno. Veremos algo de esto reflejado en el pacto que Dios hizo con Noé. Y recordemos que, cuando Dios concertó un pacto con Noé, lo hizo también contigo y conmigo, porque en realidad lo estableció con toda la humanidad. Es así que examinaremos estas

Nuevas instrucciones y disposiciones

Dadas por Dios a Noé. Leamos el primer versículo:

"Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra."

La palabra "llenad" es especialmente significativa porque sabemos que existía una civilización antes del Diluvio y, ahora vemos que habría otra después del Diluvio. Observemos que lo primero que Dios le pidió a Noé es que fuesen fecundos y que se multiplicasen para poblar la tierra. Debía tener lugar una propagación de la raza. Tenemos que recordar que Dios expresó este mandamiento bajo circunstancias especiales, ya que en la actualidad vivimos en una época de explosión demográfica y el exceso de población ocasiona graves problemas. Sin embargo, en aquellos tiempos Noé se encontró en una situación única, porque él y su familia eran los únicos seres humanos que habitaban la tierra. Imaginemos que, acostumbrados a estar siempre rodeados de gente saliéramos un día a la calle y descubriéramos que estamos solos en el mundo. Imaginemos cómo se habrán sentido Noé y su familia ante semejante experiencia.

Prosigamos nuestra lectura con el versículo 2:

"Y el temor y el terror de vosotros estarán sobre todos los animales de la tierra, y sobre todas las aves del cielo, y en todo lo que se arrastra sobre el suelo, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados."

Otra parte del pacto entre Dios y Noé era la protección y dominio sobre el mundo animal por parte del hombre. En la era anterior al Diluvio esa relación había sido diferente, ya que aparentemente el ser humano no comía carne. Los animales eran domésticos y, como hoy en día, nadie habría comido animales de compañía. Recordemos que cuando el Diluvio era inminente, los animales vinieron espontáneamente a Noé, demostrando que no le temían en absoluto.

En la actualidad los animales tienen miedo e instintivamente sienten temor del ser humano. Sin embargo, el hombre es responsable del mundo animal. Las relaciones del hombre con estos seres constituyen una historia brutal, pues el ser humano ha tratado de exterminar muchas especies. Tal es el caso, por ejemplo, de las ballenas, los búfalos y muchos otros animales que han sido muertos sistemáticamente. Muchas especies tienen que ser conservadas en reservas naturales y parques nacionales, donde animales y aves están especialmente protegidos. Es evidente que el hombre puede ser una criatura brutal, y los gobiernos tienen que proteger a dichas especies para que no se extingan.

Continuemos leyendo el versículo 3:

"Todo lo que se mueve y tiene vida os será para alimento: todo os lo doy como os di la hierba verde."

Aquí se explica que Dios le dio al hombre una nueva provisión de comida. Antes del Diluvio, le había provisto el producto verde de la tierra, las plantas, para alimentarse. Hoy en día muchas personas son tan aficionadas a una determinada dieta que ello parece formar parte de su religión. También es cierto que en este nuevo período, después del Diluvio, Dios le dijo al hombre que podía comer carne.

Sin embargo, Dios prohibió comer la sangre. Leemos en el versículo 4:

"Pero carne con su vida, es decir, con su sangre, no comeréis."

Por ello, cuando se fuese a comer un animal, debían asegurarse de que estuviese realmente muerto y que el cuerpo del mismo hubiese sido previamente desangrado, ya que no debía comerse con su sangre, la cual nos habla de la vida misma. Se debía matar al animal de una manera compasiva, no prolongando innecesariamente su sufrimiento. Además, añade, los versículos 5y 6:

"Y ciertamente pediré cuenta de la sangre de vuestras vidas; de todo animal la demandaré. Y de todo hombre, del hermano de todo hombre demandaré la vida del hombre. El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo El al hombre."

Aquí hay una referencia a animales que hubieran podido constituir un peligro para la seguridad o vida del hombre. Luego se reafirmó el principio del gobierno. Recapitulando, vemos que, al principio de este pacto de Dios con Noé el hombre recibió instrucciones de propagar la raza, proteger y ejercer dominio sobre los animales, y obtuvo una nueva provisión de alimentos con la salvedad de no comer sangre. Y todo ello culminó con los citados principios de gobierno. A fin de que la vida humana estuviese debidamente protegida, Dios prohibió toda clase de homicidios, estableciendo el castigo del crimen e incluyendo una gran responsabilidad judicial directamente proporcional a la dignidad y a la vida del ser humano quien, recordemos, fue creado a imagen de Dios. Tales medidas fueron adoptadas en el tipo de gobierno que podríamos llamar teocrático vigente en aquellos tiempos primitivos y tuvieron una finalidad preventiva, disciplinar o correctiva, para proteger la propagación de la especie humana. Los versículos 7 al 10, que leemos a continuación, repiten para enfatizar aún más, las instrucciones del principio del capítulo.

"En cuanto a vosotros, sed fecundos y multiplicaos; poblad en abundancia la tierra y multiplicaos en ella. Entonces habló Dios a Noé y a sus hijos que estaban con él, diciendo: "He aquí, yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra descendencia después de vosotros, y con todo ser viviente que está con vosotros: aves, ganados y todos los animales de la tierra que están con vosotros; todos los que han salido del arca, todos los animales de la tierra."

La frase "vuestra descendencia después de vosotros" incluye a la totalidad de la raza humana. Todas las criaturas de Dios están incluidas en este pacto. El profeta Isaías predijo una época en la que el león y el cordero morarían juntos en perfecta armonía. En su epístola a los Romanos el apóstol Pablo dijo que en esta era, toda la creación está sufriendo y gimiendo, como si estuviese experimentando dolores de parto. Te diré que Dios hizo este pacto con Noé, que afecta a los descendientes de Noé y a todas sus criaturas, hasta el momento en que la tierra sea redimida, hasta que su reino se establezca. Continuando nuestra lectura, vemos la promesa de Dios de no destruir otra vez la tierra por medio de un diluvio. En el versículo 11 podemos leer:

"Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra."

La próxima vez, su juicio sobre la tierra será llevado a cabo por fuego. Encontramos esta última afirmación en la segunda carta del apóstol Pedro, en el capítulo 3: 6 y 7:

". . . el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua; pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos."

En los versículos siguientes, vemos una figura del pacto que estamos considerando. En mi opinión, ésta expresa el significado espiritual de dicho pacto. Es como una especie de sacramento con una señal visible, con promesas añadidas. Leamos los versículos 12 al 16:

"Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre yo y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por todas las generaciones: pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra. Y acontecerá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se verá el arco en las nubes, y me acordaré de mi pacto que hay entre yo y vosotros y entre todo ser viviente de toda carne; y nunca más se convertirán las aguas en diluvio para destruir toda carne. Cuando el arco esté en las nubes, lo miraré para acordarme del pacto eterno entre Dios y todo ser viviente de toda carne que está sobre la tierra."

Observa la frase "lo miraré para acordarme." Siempre que veamos ese arco, la realidad de ese pacto eterno debería ser un motivo de estímulo y de ánimo.

Prosigamos leyendo la confirmación de la señal del pacto, en el versículo 17, que dice lo siguiente:

"Y dijo Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre yo y toda carne que está sobre la tierra."

Permíteme decir otra vez que este arco iris podría ser llamado un sacramento, al ser una señal visible a la que están agregadas ciertas promesas. Eventos destacados del Antiguo Testamento, son también señales o símbolos, como por ejemplo, la Fiesta de la Pascua que celebraban los Israelitas, la serpiente de bronce que Moisés preparó y expuso públicamente cuando viajaban por el desierto, el vellón de lana que Gedeón utilizó para conocer la voluntad de Dios, y ya en los tiempos del Nuevo Testamento, la Cena del Señor, en la que el pan y la copa representan al cuerpo y a la sangre de Jesucristo. Otra señal sería el Bautismo, que es un acto externo y visible de una realidad espiritual interior, que nos recuerda la salvación y todas sus consecuencias.

El Dr. Lange hizo en una ocasión la siguiente declaración: "En los sacramentos se encuentran los ojos de la gracia de Dios y nuestros ojos de la fe". Esto es lo que ocurre cuando el ser humano mira el arco iris. La fe se apropia de la promesa que está unida al símbolo. El mérito radica en lo que el símbolo significa. No hay fe en una promesa ni certeza en un símbolo, ya que la palabra y el símbolo van juntos. Dios hizo una promesa y unió una señal, un símbolo, al mismo. En el caso del arco iris, éste constituye la respuesta al altar de Noé. Es como si Dios hubiese querido decir: "Yo recordaré, yo lo miraré". En una ocasión, viajando en un avión que volaba sobre una tormenta, a una altura en la que brillaba el sol, pude contemplar un arco iris de tal tamaño que abarcaba un círculo completo. Pienso que Dios lo ve de esa manera.

El resto del capítulo nos ofrece un relato decepcionante. Al ver al hombre salir del arca después del Diluvio, sabiendo que toda una raza de seres humanos afectados por el pecado había perecido, podríamos preguntarnos si ello significó que ya no habría más pecado en la tierra. Veamos lo que sucedió y leamos los versículos 18 al 21:

"Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam fue el padre de Canaán. Estos tres fueron los hijos de Noé, y de ellos se pobló toda la tierra. Entonces Noé comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña. Y bebió el vino y se embriagó, y se desnudó en medio de su tienda."

Aquí se menciona específicamente a Canaán, hijo de Cam, por 2 motivos: uno de ellos es que cuando Moisés escribió esta narración, el pueblo de Israel estaba viajando hacia la tierra de Canaán. Para ellos era estimulante tener información acerca del juicio de Dios sobre los pueblos de Canaán. Más tarde, comentaremos el segundo motivo. Pero examinemos el acontecimiento principal, que es el

Pecado de Noé y sus hijos

Es imposible encontrar una excusa satisfactoria para este comportamiento de Noé. La única disculpa que podríamos aplicar es que él ignoraba los efectos del vino ya que, hasta ese momento nadie se había embriagado. Observarás que, antes del Diluvio, la embriaguez no fue mencionada como uno de los pecados practicados en aquella época. En cualquier caso, resulta sorprendente ver a Noé, el único hombre justo que sobrevivió a la generación que pereció, el predicador de la justicia, colocándose en una situación de degradación y pérdida de su dignidad. Lo que es evidente es que estamos mirando a un nuevo mundo y a un nuevo comienzo en una tierra restaurada, pero la vieja naturaleza humana estaba aún presente. Y comenzamos a responder la antigua pregunta: ¿qué es el hombre? Le hemos visto fracasar en el jardín del Edén y, ahora, en un nuevo mundo. Continuemos leyendo los versículos 22 al 25:

"Y Cam, padre de Canaán, vió la desnudez de su padre, y se lo contó a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, lo pusieron sobre sus hombros, y caminando hacia atrás cubrieron la desnudez de su padre; y sus rostros estaban vueltos, y no vieron la desnudez de su padre. Cuando Noé despertó de su embriaguez, y supo lo que su hijo menor le había hecho, dijo: Maldito sea Canaán; siervo de siervos será para sus hermanos."

Observemos que Dios dijo "Maldito sea Canaán". El no pronunció una maldición sobre Cam. No sabemos cuál fue la implicación de Canaán en este incidente pero hemos de reconocer que se le menciona con algún propósito definido. De todas maneras la maldición, así como luego la bendición, no se aplicó a todos y cada uno de los miembros del grupo étnico representado por el individuo en cuestión sino que se fue realizando plenamente en la historia del grupo. Aquí surge la pregunta. ¿Por qué nos dejó Dios este relato detallado del pecado de Noé? Si el hombre hubiese escrito el libro del Génesis, hubiera hecho una de dos cosas. Habría ocultado el pecado de Noé, no mencionándolo en absoluto para convertirlo en un héroe. O si no, habría convertido este pecado en algo mucho más sórdido de lo que realmente fue. Pero Dios lo registró de esta manera, tal como realmente sucedió, porque tenía un propósito al hacerlo así.

En primer lugar, y como ya hemos indicado, su propósito fue estimular, animar, al pueblo de Israel para entrar en la tierra de Canaán, durante la época de Moisés, haciéndoles saber que Dios había pronunciado una maldición, un castigo, sobre Canaán, sobre su raza, Podemos comprobar el cumplimiento de este juicio leyendo el resto del Antiguo Testamento y la historia secular, pues esa raza, casi ha desaparecido.

Dios tuvo un segundo motivo para que quedase registrado el incidente del pecado de Noé. En su carta a los Romanos, el capítulo 15:4, el apóstol Pablo escribió lo siguiente:

"Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza."

Queda claro que estos hechos quedaron registrados para que supiésemos algo sobre la debilidad de la naturaleza física humana. En el relato del Evangelio según Marcos, capítulo 14:38, vemos que el mismo Señor Jesucristo, cuando se encontraba en el jardín de Getsemaní, viviendo anticipadamente los sufrimientos que le aguardaban en la cruz, dijo a los discípulos que le acompañaban y que, por la tristeza que les embargaba, desfallecían de sueño:

"Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil."

Y en su carta a los Gálatas, capítulo 2:16, el apóstol Pablo les dice:

"Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado."

Después de esta citas Bíblicas del Nuevo Testamento, finalicemos nuestra lectura Bíblica de hoy con los últimos versículos de este capítulo 9 del libro del Génesis.

"Dijo también: Bendito sea el Señor, el Dios de Sem; y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem; y sea Canaán su siervo. Y vivió Noé trescientos cincuenta años después del diluvio. El total de los días de Noé fue de novecientos cincuenta años, y murió."

Con este último párrafo termina el capítulo. Como mencionamos anteriormente, Moisés recibió la revelación de Dios que detalla este relato, cuando guiaba al pueblo de Israel en su viaje hacia Canaán. Los Israelitas y otros pueblos, llamados Semitas, fueron los descendientes de Sem. Sem fue el padre de Arfaxad, como veremos en Génesis capítulo 11:10, y a través de quién pasaría la línea de descendencia del Mesías, como podemos ver en el Evangelio según Lucas, en el capítulo 3:36.

Y, en cuanto a Noé, por supuesto, no perdió su relación con Dios. El relato finaliza con los anuncios de bendición y castigo que él mismo pronuncia de parte de Dios, para quien vivió y a quien sirvió.

Queda, pues, claro que, con nuestra naturaleza física afectada por el pecado, e intentando acumular obras y méritos propios, no podríamos ser aceptados por Dios, a menos que depositemos nuestra fe en Jesucristo. Es así que Dios nos ha dejado esta historia, con incidentes que exponen el fracaso humano, para que tengamos en cuenta la debilidad de nuestra naturaleza física. Además, tenemos aquí una lección sobre cómo, utilizando los recursos del poder de Dios para controlar nuestra propia naturaleza, podemos vivir en esta tierra una vida de realización, una vida significativa. Una vida que valga la pena vivir.

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Comentario bíblico de 2 Timoteo