Estudio bíblico de Romanos 8:28-34

Romanos 8:28-34

Continuamos hoy estudiando este capítulo 8 de la epístola del apóstol Pablo a los Romanos. Y vamos a comenzar con el versículo 28. Tenemos ahora, una sección dedicada a

El nuevo propósito

Si Romanos es el gran libro de la Biblia, y si el capítulo 8 es su punto sobresaliente, entonces hemos llegado a la cima. Ese punto culminante es precisamente este versículo 28 de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos. El propósito de Dios, por lo tanto, garantiza la salvación de los pecadores. En los próximos 3 versículos tenemos el proceso ascendente de la salvación, como lo llama el comentarista bíblico Stanley. Leamos, pues, este gran versículo 28:

"Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados".

Otra versión lo ha traducido de la siguiente manera: "Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman, de quienes él ha llamado de acuerdo con su propósito". El Dr. Torrey, un gran hombre de Dios, tenía un amplio conocimiento de este versículo y él lo llamó: "Una almohada suave para un corazón cansado". Y muchos de nosotros hemos reclinado nuestra cabeza en este versículo 28 del capítulo 8 de la epístola a los Romanos. Sabemos que toda la creación está gimiendo, sufriendo intensamente, pero también conocemos algo más. Que "todas las cosas ayudan a bien", aun los "gemidos" o suspiros de angustia o dolor.

La frase sabemos se utilizó 5 veces en Romanos y el verbo "saber", unas trece veces. Y se refiere a lo que es conocimiento general de los creyentes, aquello que es convertido en una realidad por el Espíritu Santo. En su primera carta a los Corintios, capítulo 8 versículo 1, dijo el apóstol Pablo: "El conocimiento envanece, pero el amor edifica espiritualmente". Éste es un conocimiento que sólo el Espíritu Santo puede hacer real en nuestro corazón.

El gran predicador Spurgeon solía decir: "No necesito que nadie me diga qué sabor tiene la miel, lo conozco por mí mismo". Y le digo a usted que yo sé que Dios me ama. No necesito que alguien me lo pruebe. Lo se por experiencia propia.

El versículo dice: ". . . a los que aman a Dios", esa es la tarjeta de identificación del creyente. En su carta a los Gálatas, capítulo 5, versículo 6, dijo el apóstol Pablo: "Porque si estamos unidos a Cristo Jesús, de nada vale estar o no estar circuncidados, Lo que realmente vale es la fe que obra por el amor". El amor es la señal de identificación.

El apóstol Juan lo expresa de esta manera, en su primera carta universal, capítulo 4, versículos 10 al 16: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos ha amado, también debemos amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él". Hasta aquí, las palabras del apóstol Juan.

Estimado oyente, usted tendrá problemas para creer que Dios le ama, y tendrá dificultad en amar a Dios, si usted tiene problemas con los demás hombres. Es decir, si está odiando a otros cristianos. El apóstol Juan también dijo (1 Juan 4:19) que le amamos porque Él nos amó primero. Y el apóstol Pedro dijo en su Primera Carta, capítulo 1, versículo 8: "Vosotros, que le amáis sin haberle visto, creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso". Lo que puede llenar de alegría y luminosidad su vida, es el amor sincero a Dios, hecho realidad en todas direcciones y con todas sus implicaciones.

Luego encontramos estas palabras en este versículo 28: ". . . todas las cosas les ayudan". Y eso quiere decir literalmente, "todas las cosas". Tanto las cosas buenas como las malas; las cosas claras como las oscuras; las cosas dulces como las amargas; las fáciles como las difíciles; las alegres y las tristes; la prosperidad y la pobreza; la salud y la enfermedad; la calma y la tormenta; la comodidad y el sufrimiento; la vida y la muerte.

Todas las circunstancias ayudan. Esto es algo causativo. Quiere decir que Dios está obrando y dispone todas estas cosas, y que ellas no son accidentes. José, el hijo de Jacob, al mirar atrás en su vida, una vida llena de vicisitudes, desilusiones y sufrimientos, pudo decir a sus hermanos, los responsables de su desgracia y de que todas las cosas estuvieran en su contra: "Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien". Pero el apóstol Pablo dijo: "Todas las cosas están a mí favor". ¡Y eso es maravilloso! De la misma manera, nosotros podremos mirar atrás en nuestra vida y reconocer que Dios ha dispuesto todas las cosas para nuestro bien. Job, en el capítulo 13, versículo 15, pudo decir: "Aunque él me matare, en él esperaré". Ésa es la clase de fe que nos hace falta en estos días, estimado oyente. Sabemos que Él realizará todas las cosas para nuestro bien, porque Él es quien las motiva; Él es quien provee energía para todo el proceso de la vida.

El profeta Jeremías pudo exclamar en 20:18: "¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor?" Y ése es el clamor de muchos en estos días. El apóstol Pablo podía hacer frente a la muerte sin temor. En el libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 21, versículo 13, leemos que Pablo les dijo a los que se angustiaban por su futuro: "¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús". Muchos de nosotros quisiéramos llegar a tener esa actitud de comprometer nuestra vida completamente para Cristo.

Estas palabras de Romanos 8 "que conforme a su propósito son llamados", como dice este versículo 28, puede ser muy difícil de aceptar para muchas personas. Ahora, los llamados no son solamente los que han recibido una invitación, sino que también la han aceptado, experimentando un nacimiento espiritual. Y conocen por experiencia propia el amor de Dios. El apóstol Pablo hizo referencia a tres grupos de personas. Y creemos que son los tres grupos que se encuentran en el mundo en la actualidad. Pablo los describió en su primera carta a los Corintios, capítulo 1, versículos 23 y 24, donde dijo: "Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos es ciertamente ofensivo, y a los no judíos, les parece una locura. En cambio para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es el poder y la sabiduría de Dios". Aquí tenemos los tres grupos. Los judíos confiaban en la religión, los ritos y el ritualismo. Para ellos la cruz era un escollo, una ofensa. Y los griegos, los no judíos, confiaban en la filosofía y el saber humano. Para ellos la cruz era una tontería, una locura. Pero los llamados, ellos forman un grupo diferente que provenía de entre los judíos, y de entre los griegos o gentiles, elegidos no en base a su religión o su sabiduría. Dios los había llamado y ellos habían aceptado la invitación. Y para ellos, la cruz era el poder de Dios para salvación. Los llamados escucharon el llamado de Dios y respondieron.

Un jovencito quería formar parte de la Iglesia y los diáconos le estaban haciendo algunas preguntas y le dijeron: "¿Cómo te salvaste?" Él les contestó: "Dios hizo Su parte y yo hice la mía". Le volvieron a preguntar entonces: "¿Cómo es eso de que Dios hizo Su parte y tú la tuya?" Y él les contestó: "La parte de Dios fue salvarme. Mi parte fue la de pecar. Yo me alejé de Su presencia tan rápidamente como mi corazón pecaminoso y mis piernas rebeldes me podían llevar. Y Él corrió detrás de mí, hasta que me alcanzó". Estimado oyente, ésa fue la manera en que yo fui salvo también. ¿Es esa la manera como usted fue salvo? Así es como sucede.

Ahora, esto no cambia para nada el hecho de que todo aquel que quiera puede ir a Cristo. Usted puede ir. Todo aquel que crea, será salvo. Alguien lo ha explicado de una manera un poco diferente, diciendo: "Los elegidos son todos aquellos que quieren, mientras que los no elegidos son aquellos que no quieren. Y todo ello según Su propósito".

Estimado oyente, si usted no ha reconciliado su mente y su corazón con el propósito de Dios y con la voluntad de Dios, es hora de que lo haga porque este es el universo de Dios. Él lo hizo de la manera que quiso crearlo.

Permítanos decirle que Su propósito, es decir, el propósito de Dios, se va a llevar a cabo y que Él tiene el conocimiento y el poder para realizarlo. Y cualquier cosa que Dios hace, está bien hecha. No diga usted que, "Dios no tiene derecho para hacer tal o cual cosa". Él tiene el derecho, y cuando lo hace lo hace bien. Dios es justo y actúa con amor.

En el pasado hubo un gran teólogo llamado Simeón. Él decía que siempre predicaba sobre el capítulo 8 de esta epístola a los Romanos por tres razones. Porque cortaba de raíz el orgullo, la soberbia y la desesperación. Y ésa es la razón por la cual él predicaba sobre la doctrina de la elección.

Permítanos decirle, estimado oyente, que no queda lugar para el orgullo humano en el asunto vital de la salvación. Es la obra de Dios, Su sabiduría y Su propósito el que se lleva a cabo. Dios es quien controla todo. Esto es obra suya, Su sabiduría. Todo es de Él y es Su propósito el que se está llevando a cabo. La voluntad de Dios proviene de la eternidad con la tremenda contundencia de una apisonadora. No crea que usted la podrá detener. Lo más conveniente que uno puede hacer es continuar el viaje con Dios.

Bien, los próximos dos versículos de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos, son los versículos 29 y 30, los cuales vamos a leer juntos para poder apreciarlos mejor:

"A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que su Hijo fuera el mayor entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también declaró justos; y a los que declaró justos, a estos también les dio parte en su gloria".

Ahora, no se está hablando aquí de nadie que ha sido elegido para perderse. Porque las personas de las que está hablando este versículo aquí, son las mismas mencionadas en el versículo 28. "Y sabemos que los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien". Está hablando sobre los llamados, los predestinados. La predestinación nunca se refiere a los que están perdidos. Nunca la encontrará usted en relación con ellos. Si alguno comienza a hablar de cierta persona predestinada a perderse, pues no está siendo fiel a la Escritura. La Biblia no dice eso, estimado oyente. La Biblia sí dice que cuando Dios le salva, se va a ocupar de usted, es decir, Él le va a ayudar para que culmine con éxito el proceso Su obra divina en usted.

A los que conoció de antemano, los predestinó. Y a los que predestinó, los llamó. Y a los que llamó, los justificó declarándolos justos. Y a los que justificó, les hizo participar de Su gloria. Es realmente sorprendente esta sección, que trata sobre el proceso de la santificación. Y Él ni siquiera mencionó el ser que va siendo santificado. ¿Por qué? Porque es la obra de Dios, es la obra de Dios en el corazón y en la vida del creyente. Éste aquí es el propósito eterno de Dios y simplemente quiere decir lo siguiente: Que cuando el Señor, que es el Gran Pastor de las ovejas, el Buen Pastor de las ovejas, y el Pastor Verdadero de las ovejas; cuando Él comienza su obra con cien ovejas va a terminar con cien ovejas y no va a perder ninguna de ellas.

Usted seguramente recordará que el Señor expuso una parábola sobre este tema en Lucas 15. Él dijo que había un pastor, un buen pastor. Y ése representaba al Señor Jesús. Una oveja se fue, se perdió; y él podía haber dicho: "Bueno, pues ¡que se vaya! Ya tenemos a noventa y nueve bien seguras en el redil. Tenemos un buen porcentaje del rebaño" Ahora, cualquiera que haya criado ovejas sabe muy bien que nunca alcanza un promedio de 99% de conservación del rebaño. Si uno obtiene un poco más del 50% de las que nacieron, se tiene que dar por satisfecho con ese número para llevarlas al mercado. Pero, estamos hablando de un Pastor excepcional. Él no se siente satisfecho con noventa y nueve. Si Él justificó a cien ovejas, Él va a hacer partícipes de Su gloria a cien ovejas. Por tal motivo, en la parábola, cuando esa oveja se perdió, el pastor fue a buscarla.

Un día sucederá así. Un día Dios comenzará a contar a los suyos. Y si descubre que falta sólo uno, no lo dejará ir. Porque ese Pastor dijo que si alguien salió del redil, Él lo irá a buscar. La doctrina de la elección garantiza que El Señor, el Buen Pastor que dio su vida por las ovejas, regresará al hogar con la totalidad de las ovejas. Ésta no es una doctrina para asustar a nadie. ¡Ésta es una doctrina maravillosa! Quiere decir que yo estaré allí. Quiere decir que usted estará allí, si es que ya ha confiado en Él. Ésta es una de las doctrinas más reconfortantes que tenemos en estos días de incertidumbre en que vivimos. Luego el apóstol Pablo continuó con el versículo 31 y dijo:

"¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?"

Y mi respuesta es: ¿Qué podemos decir? No tengo nada que agregar porque se trata de una reconfortante realidad. Dios está de parte nuestra. Nadie podrá presentar una acusación contra nosotros en Su presencia. El apóstol fue bien específico en esta situación y nos dijo en el versículo 32:

"El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?"

Note usted cuán hermoso es todo esto. Dios no nos negó a Su propio Hijo. Él entregó a Su Hijo. Dios perdonó al hijo del patriarca Abraham, pero no a Su propio Hijo a quien entregó para morir por nosotros. Y Él nos dará todas las cosas que necesitamos. Quizás alguien diga: "Pero puede que yo no pueda resistir". Estimado oyente, Él le sostendrá. El pastor es el que guarda, el que sostiene a sus ovejas. Y sus ovejas están seguras, no porque sean inteligentes, pues más bien son torpes, como bien sabe cualquier pastor de ovejas. Además son indefensas: No tienen garras filosas, no se pueden proteger a sí mismas. Tampoco tienen afilados colmillos. Son nada más que unos animales desamparados. Ahora, si una de ellas se detuviera y dijera: "Yo estoy bien segura". ¿Creería usted que está segura? Sí. Ahora, ¿sería gracias a su inteligencia? No. ¿Cómo estaría segura, entonces? Porque tiene un maravilloso pastor. Y mi Pastor, estimado oyente, me dice que yo estoy seguro.

Ahora sobre la declaración siguiente, "El que no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó. . . ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? el famoso predicador Dwight L. Moody solía contar lo siguiente: "Si yo fuera a la joyería más fina de la ciudad y allí me mostraran el diamante más bello que tuvieran y el dueño me dijera: Tómelo, es suyo. Yo diría: Usted no quiere decir que me está regalando este diamante tan valioso. Y el dueño diría: Sí, es suyo. Moody dijo: Si él me lo regaló, yo no dudaría un momento para pedirle un pedazo de papel para envolverlo y una caja adecuada para llevarlo conmigo". Estimado oyente, si Dios entregó a Su propio Hijo para morir por usted, Él no negó a Su Hijo, ¿no cree usted entonces que Él puede darle todo lo que necesita en esta vida y en la vida futura? Veamos ahora lo que dicen los versículos 33 y 34:

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros".

Dios ha puesto Su trono detrás de los elegidos. Ellos son pecadores justificados. Dios está detrás de ellos. ¿Quién los condenará? Nadie los puede condenar. Y, ¿Sabe por qué? Porque Cristo murió. Más aun, el que resucitó.

Cristo ha removido toda condenación y el creyente está seguro debido a los siguientes aspectos de la obra de Cristo: (1) Cristo murió por nosotros, fue entregado por nuestras ofensas; (2) Fue resucitado de los muertos, para nuestra justificación; (3) Está a la derecha de Dios, se encuentra allí en este momento. Es el Cristo que vive. ¿No le necesita usted? ¿Por qué no recurre a Él? y (4) Él también intercede por nosotros. ¿Oró usted esta mañana por usted mismo? Debió haberlo hecho. Pero si usted dejó de hacerlo, Cristo no. Él oró por usted. Esta obra, que comprende estos 4 aspectos, es la razón por la cual nadie puede acusar a los escogidos de Dios.

Y esta obra completa de la redención, fue realizada a favor suyo, estimado oyente. En un mundo donde la seguridad se torna cada vez más problemática, donde la duda y la incertidumbre están a la orden del día, hay una auténtica seguridad para todos aquellos que confían en el Señor Jesucristo. Y ninguna promesa suya quedará sin cumplirse, en un mundo donde la palabra dada y las promesas nunca fueron tan inciertas. Y Su amor es verdadero y fiel, en un mundo en que el amor y la amistad son términos que muchas veces resaltan la inconstancia y debilidad humanas. Le invitamos, estimado oyente, a colocar su vida presente y futura en las manos de aquel Buen Pastor que entregó Su vida por las ovejas, es decir por nosotros, y bajo cuyo amparo podemos vivir en plenitud, en armonía con Dios y cumpliendo Sus propósitos. Y además, como recalcamos antes, recuerde usted que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman.

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