Estudio bíblico de Génesis

Predicación escrita y en audio de Génesis 36:1-43

Génesis 36

El relato Bíblico del capítulo anterior nos llevó a acontecimientos decisivos y definitorios en la vida de Jacob. El proceso por el que Dios le llevaba, teniendo en cuanta el carácter y la personalidad de aquel patriarca, requería un nuevo comienzo, un regreso al lugar del primer encuentro con Dios. En el momento más oportuno, después de graves circunstancias familiares, Dios le ordenó regresar a Betel. Antes, debieron desprenderse de los ídolos y demás efectos propios de las prácticas paganas, que Raquel había sustraído y conservado desde que salieran de la casa de Labán. Fue como una preparación espiritual de la familia para comenzar una nueva etapa. Luego, en Betel, Dios renovó con él el pacto que había establecido con Abraham e Isaac. El capítulo 35 incluía una mención a la muerte de Débora, nodriza de Rebeca, y que había residido con ellos desde la muerte de Rebeca, acaecida anteriormente. El relato destacaba el suceso más triste en la vida de Jacob; la muerte de Raquel al dar a luz a su segundo hijo, Benjamín, finalizando el relato con una lista de los hijos de Jacob, y la muerte y entierro de Isaac.

Este capítulo está totalmente dedicado al Tema de la familia de Esaú, que se convirtió en la nación de Edom. Aunque esta exposición pueda no resultar interesante para el lector medio, constituye un buen estudio para quienes deseen llevar a cabo un seguimiento detallado de ciertos nombres y de los pueblos que de ellos se originaron. Muchos de los nombres mencionados en este capítulo pueden resultar familiares por haberlos visto u oído como pertenecientes al gran desierto de Arabia. Aquí se cita a Omar, el fabricante de tiendas y a Temán, Zefo, Cenaz y Coré. Esta es, pues, la familia de Esaú, situada aún en esa zona.

La familia de Esaú se estableció en Edom, que está situada en el sur y este del Mar Muerto, en una zona montañosa. La capital de Edom era Petra, ciudad excavada en la roca, cuyos restos se encuentran allí en la actualidad. Y hay que destacar que las profecías incluidas en los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel y Abdías se han cumplido con gran exactitud.

Como hemos ya indicado, la nación de Edom provino de Esaú. Tres veces en este capítulo se aclara que Esaú es el padre de Edom. En realidad, ambos nombres son sinónimos (véase el versículo 8, por ejemplo) Cuando oímos de Esaú por primera vez, le vimos como un joven en la familia de Isaac. Era un muchacho amante de la vida al aire libre, robusto, de aspecto atlético. Exteriormente era atractivo. Pero si había alguien que estuviese dedicado a satisfacer sus apetencias físicas, ése era Esaú. Su apariencia exterior no tenía nada que ver con su interior, pues era totalmente indiferente a los valores trascendentes e insensibles a las realidades espirituales.

Recordamos estas facetas del carácter de Esaú porque alguien podría estar en desacuerdo con el hecho de que Dios eligiese a Jacob, en vez de preferir a Esaú. A este respecto resulta significativa la breve profecía del libro de Abdias, en la que vemos la personalidad de Esaú al descubierto. Porque el joven Esaú se había convertido en un pueblo de cien mil Edomitas. Cada uno de ellos era, en su corazón, como un pequeño Esaú. Al mirar a la totalidad de aquella nación podemos comprobar cómo era el pueblo que en él se originó. Una nación llena de orgullo. Leamos en el libro del profeta Abdias, en el capítulo 1: 3 y 4

"La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que habitas en las hendiduras de la peña, en las alturas de tu morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará por tierra? Aunque te remontes como el águila, y aunque entre las estrellas pongas tu nido, de allí te derribaré -- declara el Señor."

El orgullo de sus corazones equivalía a una verdadera declaración de independencia. Es como cuando el alma dice que es capaz de vivir sin Dios, y que no necesita a Dios. Así era Esaú.

El último libro del Antiguo Testamento, el libro del profeta Malaquías, en al capítulo 1: 2 y 3, Dios dice: "Yo amé a Jacob y aborrecí a Esaú".

Es importante aclarar aquí el significado de las palabras hebreas que se traducen por "amar" y "aborrecer" en este contexto, es decir, en la intención de la comprensión de los lectores originales, y en el propósito divino. Dichos verbos no se refieren a las emociones de Dios sino a su elección de uno de los hermanos, antes que al otro, para una relación especial con Dios como fue el pacto.

En este contexto, "odiar" significaba rechazar a alguien, y negarse a establecer una relación afectiva con él. Por sí mismos, estos verbos tampoco indican los destinos eternos de Jacob o Esaú, y se refieren a los actos de Dios en la historia hacia los dos pueblos que descienden de los dos hermanos.

Aquí es importante destacar que Dios hizo esa declaración por medio de Malaquías, mil años después del tiempo en que vivieron ambos hermanos. Dios había conocido, desde el principio, el corazón de Esaú. Con el paso del tiempo, después de que el pueblo de Edom decidiese su manera de actuar y de pensar, y de conformar su desarrollo en la historia, comprobamos que la evaluación de Dios había sido correcta. Vale la pena recordar aquí lo que, más adelante en la historia, le diría Dios al profeta Samuel, en su primer libro, capítulo 16:7, cuando evaluaba a un joven en el proceso de elegir un rey para Israel:

"No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque le he desechado; pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón."

El primer párrafo del capítulo, los versículos 1 al 8, relata como

Esaú se trasladó desde Canaán hasta el monte de Seir

Leamos los versículos 1 al 3:

"Estas son las generaciones de Esaú, es decir, Edom. Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón heteo; a Aholibama, hija de Aná y nieta de Zibeón heveo; y a Basemat, hija de Ismael, hermana de Nebaiot"

Vemos entonces aquí, la presentación de las generaciones a partir de Esaú, a quien se identifica con Edom. Recordemos que cuando estudiábamos Génesis capítulo 26: 34 y 35, destacamos que Esaú se había casado con dos mujeres cananeas, causando a partir de aquel momento una gran aflicción a sus padres. Posteriormente, en Génesis capítulo 28: 6 al 9, vimos que Esaú, consciente de que a su padre no era partidario de introducir en la familia a las mujeres de Canaán, y queriendo congraciarse con él, se casó con una hija de Ismael.

Continuemos nuestra lectura con los versículos 6 hasta el 8:

"Entonces Esaú tomó a sus mujeres, sus hijos y sus hijas y todas las personas de su casa, y su ganado y todas sus bestias, y todos los bienes que había acumulado en la tierra de Canaán, y se fue a otra tierra lejos de su hermano Jacob. Porque los bienes de ellos habían llegado a ser tantos que no podían habitar juntos, y la tierra en que moraban no podía sostenerlos a causa de su mucho ganado. Y habitó Esaú en la región montañosa de Seir; Esaú es Edom."

Esta situación de no poder habitar juntos Jacob y Esaú por la gran concentración de ganado en una tierra de pastoreo que no era suficientemente grande para alimentar a tantos animales, nos recuerda que Abraham y Lot tuvieron el mismo problema. Génesis capítulo 13:5 - 13, nos relataba cómo se separaron. En nuestro pasaje actual, Esaú, por esas circunstancias económicas, abandonó la tierra prometida, trasladándose a la tierra de Seir, donde vivía cuando su hermano Jacob regresaba de Padan-aram, tal como lo explicaba Génesis capítulo 32:3.

El párrafo que viene a continuación, titulado

Las generaciones de Esaú

Abarca el resto de este capítulo. De esta larga lista de nombres, seleccionaremos únicamente algunos versículos que pueden incluir algún detalle interesante sobre la descendencia de Esaú, que contengan alguna enseñanza válida y práctica para nosotros hoy. Leamos el versículo 12;

"Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y le dio a luz a Amalec. Estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú"

Aquí se registra el origen de los amalecitas. En el transcurso de los siglos esas tribus que moraban en el desierto se esparcieron en varias direcciones. Muchas de ellas avanzaron a través del norte de África. Todas las tribus árabes descendieron de Abraham, a través de Agar, la esclava Egipcia, y a través de Cetura, con quien Abraham se había casado después de la muerte de Sara. Y hubo matrimonios mixtos entre las diversas tribus. Ellas son de la misma familia a la que pertenecen los Israelitas.

Esta realidad racial no siempre ha sido reconocida o bien aceptada por Árabes y Hebreos, quienes prefieren pensar que no tienen nada que ver entre sí. Pero de ninguna manera pueden renegar de la historia. Desde un punto de vista racial, ellos son de hecho, hermanos, pertenecientes a los pueblos Semitas.

Por consiguiente, este capítulo es importante ya que expone estas relaciones en su debido contexto histórico. Podríamos decir que el Espíritu Santo utiliza "tinta de imprenta" para escribirnos sobre este asunto. Esto nos lleva a pensar en los planes y propósitos de Dios, que se desarrollan en la historia a través de algunos pueblos, y que muchas veces nos resultan difíciles de comprender.

Seguimos adelante con otro versículo que, además, añade a este relato un poco del sentido del humor. Leamos el versículo 15

"Estos son los jefes de entre los hijos de Esaú. Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, son: el jefe Temán, el jefe Omar, el jefe Zefo, el jefe Cenaz,"

¿De dónde habrán surgido tantos jefes? Hasta aquel momento la sociedad estaba estructurada en base a las familias, cada una de las cuales tendría un jefe, el cabeza de familia. En cambio, encontramos aquí toda una serie de jefes que, de hecho, se repartieron el territorio y se enseñorearon del pueblo, o sea, que asumieron autoridad total sobre la gente, dando origen a la nobleza, que se habría formado en la familia de Esaú. Tal como lo aclara el versículo 19:

"Estos fueron los hijos de Esaú, es decir, Edom, y éstos sus jefes."

Leamos ahora, el versículo 31:

"Estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes de que rey alguno reinara sobre los hijos de Israel"

O sea que de la nobleza se pasó a la monarquía. Y ese se convirtió en el estilo de vida y gobierno de Edom. En realidad, la cuestión de tener reyes no fue la intención original de Dios para Su Pueblo. Y es interesante observar que el pueblo de Esaú tuvo reyes mucho antes de que el pueblo de Israel adoptase la monarquía. Fue mucho tiempo después de nuestro relato de hoy, según registró el primer libro del profeta Samuel, capítulo 8:5, que el pueblo de Israel le pediría al profeta: "Danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones". Seguramente ellos sabían que sus hermanos y vecinos del sur, los Edomitas, tenían reyes.

Finalicemos nuestra lectura con los últimos versículos del capítulo, desde el versículo 40 hasta el 43;

"Estos son los nombres de los jefes que descendieron de Esaú, según sus familias y sus localidades, por sus nombres: el jefe Timna, el jefe Alva, el jefe Jetet, el jefe Aholibama, el jefe Ela, el jefe Pinón, el jefe Cenaz, el jefe Temán, el jefe Mibsar, el jefe Magdiel y el jefe Iram. Estos son los jefes de Edom, es decir, Esaú, padre de los edomitas, según sus moradas en la tierra de su posesión."

Esta es, pues, la historia familiar de la línea genealógica rechazada. Cuando este capítulo presenta su resumen final, incluye la lista de los jefes que descendieron de la línea de Esaú.

Este capítulo puede ser útil para aquellos que estén interesados en el estudio de la antropología y la etnología, y expone una prolongada trayectoria histórica familiar que se extiende hacia atrás en el tiempo, llegando históricamente más lejos que cualquier otra fuente.

Nosotros podemos ver la perspectiva total de los tiempos y el resultado final de la historia de los Edomitas quienes, tal como fue predicho y declarado en los libros de los profetas Abdias y Malaquías; todo ello previsto muchos años antes del desarrollo efectivo de los acontecimientos. Esto podría resultar sorprendente o increíble. Pero no debe olvidarse que la Biblia es un libro verdaderamente especial, escrito bajo la guía del Espíritu Santo. Como bien dijo el apóstol Pedro, en su segunda carta, capítulo 1:21;

"Ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios."

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