Estudio bíblico de Génesis

Predicación escrita y en audio de Génesis 38:1-39:2

Génesis 38

Este es otro capítulo cuya lectura lo deja a uno desconcertado, preguntándose por qué era necesario incluirlo en las Sagradas Escrituras. Por otra parte hay que considerar que presenta información y antecedentes sobre la tribu de Judá, de la cual proviene el Señor Jesucristo. Este hecho, de por sí ya justifica la importancia de su inclusión en el texto Bíblico. En este capítulo encontraremos nombres como Judá, Tamar, Fares y Zara, que pueden resultarnos familiares por estar incluidos en el primer capítulo del Evangelio según Mateo, donde se encuentra la genealogía del Señor Jesucristo. El factor sorprendente aquí es darnos cuenta de que nuestro Señor vino a través de un linaje pecaminoso. El fue en todos los aspectos humanos como uno de nosotros, pero en El no hubo pecado. El llegó a este mundo con esa ascendencia humana en la que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.

Este capítulo trata el Tema del pecado y la deshonra de Judá. Esto me lleva a decir que los hijos de Jacob no fueron ciertamente un gran estímulo para él. Parece que todos sus hijos fueron problemáticos, con la excepción de José y Benjamín. Y José no fue de mucho consuelo porque su desaparición le quebrantó el corazón. Esa situación familiar nos indica que Jacob pasó demasiado tiempo en Padan-aram acumulando una fortuna antes que educando a sus hijos. Qué diferente de Jacob, fue Abraham. Recordemos lo que Dios dijo de Abraham:

"Porque yo le he escogido para que mande a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio, para que el Señor cumpla en Abraham todo lo que Él ha dicho acerca de él."

Jacob no lo hizo así. Estaba tan ocupado allí con sus conflictos con Labán que no le quedó mucho tiempo para sus hijos. Esto tuvo trágicos resultados, porque nos parece que cada uno de ellos estuvo implicado en hechos reprobables.

Creo que hay otra razón por la que este capítulo fue incluido en la Biblia en esta coyuntura. El próximo capítulo nos llevará a las tierras de Egipto, acompañando a José. Dios estaba enviando por delante a José, como este mismo claramente detectó por la concurrencia aparentemente fortuita de las circunstancias de su vida, para preparar el camino de la entrada de los hijos de Israel a Egipto. Este plan divino preservaría sus vidas durante el período de hambre en Canaán; y, mejor aún, les haría salir de la tierra de Canaán, lejos de la influencia negativa de los cananeos, para introducirlos en una zona aislada como la tierra de Gosén, en Egipto. Si Jacob y su familia hubiesen continuado en Canaán, se habrían adaptado al bajo nivel de los cananeos. El capítulo que nos ocupa revela, pues, la necesidad de que la familia de Jacob se alejase de la influencia degradante de los cananeos.

El resto del capítulo está centrado en un Tema principal, que es

El pecado y la deshonra de Judá

Leamos los versículos 1 al 7:

"Sucedió por aquel tiempo que Judá se separó de sus hermanos, y visitó a un adulamita llamado Hira. Y allí vio Judá a la hija de un cananeo llamado Súa; la tomó, y se llegó a ella. Ella concibió y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Er. Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Onán. Aún dio a luz a otro hijo, y le puso por nombre Sela; y fue en Quezib que lo dio a luz. Entonces Judá tomó mujer para Er su primogénito, la cual se llamaba Tamar. Pero Er, primogénito de Judá, era malvado ante los ojos del Señor, y el Señor le quitó la vida."

Esta es entonces la historia de Judá, cuya línea de descendencia sería la real entre las tribus de Israel. Después de la venta de José, descendió del Monte de Hebrón hasta las colinas del territorio filisteo. Desde el punto de vista de su relación con el pueblo del pacto, fue también un descenso espiritualmente hablando, porque entabló relaciones con un habitante de la ciudad de Adulan y se casó con la hija de un cananeo llamado Sua.

Aquellos que siguen nuestro estudio Bíblico recordarán que en el capítulo 24 de este mismo libro, Abraham había hecho jurar a su siervo, encargado de buscar una esposa para su hijo Isaac, que no escogería para él, en ningún caso, una mujer cananea.

El cumplimiento de la heredad prometida, la tierra de Canaán, no debía hacerse realidad a través de una consecuencia natural debida a los matrimonios mixtos, como el realizado por Judá, sino que debía llegar como una provisión sobrenatural de Dios que incluía el juicio de los pueblos cananeos. De aquel matrimonio nacieron 3 hijos: Er, Onán y Sela. Er, el primogénito se casó, a su vez, con Tamar. Y esta es la primera aparición de Tamar, que de esta manera entraría en la genealogía de Jesús. Er, fue un hombre realmente perverso, descrito en la Biblia como "malvado delante del Señor". No sabemos con certeza cuál fue su culpa pero sí conocemos las consecuencias trágicas de su vida de pecado. El Señor le causó su muerte.

Continuemos leyendo los versículos 8 al 11:

"Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y cumple con ella tu deber como cuñado, y levanta descendencia a tu hermano. Y Onán sabía que la descendencia no sería suya; y acontecía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba su semen en tierra para no dar descendencia a su hermano. Pero lo que hacía era malo ante los ojos del Señor; y también a él le quitó la vida. Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: Quédate viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Sela; pues pensaba: Temo que él muera también como sus hermanos. Así que Tamar se fue y se quedó en casa de su padre."

En aquella época era habitual que cuando un hombre moría, su hermano debía casarse con la viuda. Ese tipo de matrimonio estaba basado en la "ley del levirato" y se encuentra citado también en los códigos de los Hititas y Asirios. Para el pueblo de Israel, este matrimonio sería reglamentado más tarde por Moisés, como oportunamente veremos en el capítulo 25 del libro del Deuteronomio. El primogénito nacido de esta unión era considerado descendiente del difunto y, por lo tanto, destinatario de la herencia y transmisor de su nombre. Como vemos, Onán hizo los medios para impedir la concepción; evidentemente quería para sí la parte de la herencia del primogénito. Se nos dice que su despreciable conducta desagradó al Señor quien le castigó con la muerte, como había hecho con Er. Como Judá tenía otro hijo que estaba aun creciendo, le pidió a su nuera que respetase la costumbre de regresar a la casa de su padre, hasta que su hijo más joven estuviese preparado para el matrimonio.

Pero, transcurrido un tiempo, la mujer de Judá, murió. Leamos los versículos 12 al 14:

"Pasaron muchos días y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Y pasado el duelo, Judá subió a los trasquiladores de sus ovejas en Timnat, él y su amigo Hira adulamita. Y se lo hicieron saber a Tamar, diciéndole: He aquí, tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas. Entonces ella se quitó sus ropas de viuda y se cubrió con un velo, se envolvió bien y se sentó a la entrada de Enaim que está en el camino de Timnat; porque veía que Sela había crecido, y ella aún no le había sido dada por mujer."

Aparentemente, el negocio entre Judá y aquel adulamita llamado Hira, consistía en la cría de ovejas. Parece que ambos habían conseguido tener un rebaño numeroso y por eso viajaron juntos a Timnat para controlar la operación de esquilar las ovejas. Mientras tanto Tamar, que había estado esperando en la casa de su padre todo ese tiempo, llegó a la conclusión de que Judá no le daría a Sela, su tercer hijo, por marido. Entonces decidió actuar por su cuenta y, sabiendo del viaje de Judá, se quitó sus ropas de viuda y se sentó al costado del camino principal cubierta con un velo, como era la costumbre de las prostitutas.

Veamos lo que sucedió entonces, leyendo los versículos 15 al 19:

"Cuando la vio Judá, pensó que era una ramera, pues se había cubierto el rostro. Y se desvió hacia ella junto al camino, y le dijo: Vamos, déjame estar contigo; pues no sabía que era su nuera. Y ella dijo: ¿Qué me darás por estar conmigo? El respondió: Yo te enviaré un cabrito de las cabras del rebaño. Y ella dijo: ¿Me darás una prenda hasta que lo envíes? Y él respondió: ¿Qué prenda tengo que darte? Y ella dijo: Tu sello, tu cordón y el báculo que tienes en la mano. Y él se los dio y se llegó a ella, y ella concibió de él. Entonces ella se levantó y se fue; se quitó el velo y se puso sus ropas de viuda."

Tenemos en este punto una imagen bastante precisa sobre qué tipo de persona era Judá. Se había apoderado de aquella mujer Cananea, hija de Sua, y ahora iba a hacer lo mismo con Tamar. Realmente, fue una historia muy triste y abyecta: Judá debió pensar que Tamar era una prostituta del templo, porque en relación a ella se utiliza aquí el término " quedesha," que se refiere a una de las prostitutas del templo pagano; lo que nos dice algo sobre las creencias de los cananeos, ya que en su culto de la fertilidad, tanto hombres como mujeres podían cometer actos inmorales que eran considerados sacros. Por su parte, ella vio la ocasión de obtener con engaño lo que le pertenecía y actuó en consecuencia. Con respecto a la prenda, el sello era un anillo u objeto cilíndrico con el nombre del propietario grabado, con un cordón para colgarlo del cuello. Igual que el báculo, servía para convalidar acuerdos y transacciones.

Leamos los versículos 20 al 24

"Cuando Judá envió el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para recobrar la prenda de mano de la mujer, no la halló. Y preguntó a los hombres del lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera que estaba en Enaim, junto al camino? Y ellos dijeron: Aquí no ha habido ninguna ramera. Y él volvió donde Judá, y le dijo: No la encontré; y además, los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha habido ninguna ramera. Entonces Judá dijo: Que se quede con las prendas, para que no seamos causa de burla. Ya ves que envié este cabrito, y tú no la has encontrado. Y sucedió que como a los tres meses, informaron a Judá, diciendo: Tu nuera Tamar ha fornicado, y he aquí, ha quedado encinta a causa de las fornicaciones. Entonces Judá dijo: Sacadla y que sea quemada."

Aquí vemos que Judá utilizó el viejo sisTema de dos varas de medir: la doble moral, que Dios no aprueba. El hecho que la Biblia registre estos incidentes, no implica que Dios los apruebe. Su pueblo se estaba comportando exactamente igual que los cananeos y ésa es la razón por la que él les quitaría de esas tierras y les conduciría a Egipto, como ya hemos dicho, para aislarlos en la región de Gosén, y así alejarles de influencias tan nefastas. Este episodio revela que Dios realmente necesitaba actuar así. La verdad es que Judá fue muy rápido para ver el pecado en los demás, pero no pudo verlo en sí mismo.

Esto me recuerda una historia que veremos más adelante. El profeta Natán había ido a ver al rey David para contarle la historia de una persona pobre que solo tenía un corderito. Cuando Natán le dijo que un hombre rico vino y se lo arrebató, David reaccionó rápidamente, de la misma manera que Judá, condenando al hombre rico. David incluso dijo que deseaba que aquel hombre fuese lapidado hasta la muerte. Entonces Natán declaró que David mismo representaba a aquel hombre rico. Es interesante observar lo hábiles que somos para ver el pecado y las faltas de los demás, mientras que resultamos incapaces de descubrirlo dentro de nosotros mismos.

La culpa de Judá era doble. Su pecado era ya terrible en sí mismo. Pero además, lo había cometido con su propia nuera. Esto nos explica algo del modo de vida de los cananeos. Y nos aclara que la libertad sexual total no es una cuestión muy moderna que digamos porque los antiguos paganos la han practicado durante siglos, lo cual explica también por qué duraron tan poco en la escena de la historia. Los cananeos desaparecieron porque Dios les juzgó. Y si nos preguntamos por qué este capítulo fue incluido en la Biblia, aquí tenemos el motivo. Se trata de una advertencia y de informarnos de que Dios no aprueba la trasgresión de sus leyes, no acepta el pecado.

Leamos ahora los versículos 25 y 26:

"Y aconteció que cuando la sacaban, ella envió a decir a su suegro: Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió: Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo. Judá los reconoció, y dijo: Ella es más justa que yo, por cuanto yo no la di por mujer a mi hijo Sela. Y no volvió a tener más relaciones con ella."

Tamar fue traída ante su suegro, que estaba dispuesto a que la quemaran. Y ya hemos leído como ella le convenció de que él era el padre del niño.

Lo sucedido en este relato tiene una aplicación válida para la iglesia de nuestro tiempo. Suele hoy difundirse la idea de que la iglesia moderna, para testificar su fe a la generación actual, y para comunicarse eficazmente con ella debe adaptarse a su nivel, asumiendo todos los riesgos que ello implica. Osaría decir yo que esta idea es nociva y que, además, dicha actitud de compromiso no comunicaría nada en absoluto. Y también parece que claro que algunos han adoptado esa estrategia para no perder miembros de la iglesia y para atraer gente a la misma. Dios, no nos llama a ese tipo de compromiso. La Palabra de Dios es clara al exponer la misión de presentar fielmente al mundo el Evangelio de Jesucristo. Se trata de testificar con la Palabra, y con las vidas coherentes y las acciones de los creyentes, bajo los principios éticos de ese Evangelio. Y la Palabra de Dios también es poderosa y surte efecto cuando es comunicada a través de creyentes que sean instrumentos puros.

Judá formaba parte de la familia del pacto, del pueblo de Dios. Y se rebajó al nivel moral de los cananeos. Evidentemente, los resultados fueron desastrosos.

Leamos los últimos versículos; del 27 al 30:

"Y sucedió que al tiempo de dar a luz, he aquí, había mellizos en su seno. Aconteció, además, que mientras daba a luz, uno de ellos sacó su mano, y la partera la tomó y le ató un hilo escarlata a la mano, diciendo: Este salió primero. Pero he aquí, sucedió que cuando él retiró su mano, su hermano salió. Entonces ella dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Por eso le pusieron por nombre Fares. Después salió su hermano que tenía el hilo escarlata en la mano; y le pusieron por nombre Zara."

Ahora vayamos al Nuevo Testamento. En el capítulo 1 del Evangelio de Mateo, encontramos la genealogía de Jesucristo; leamos los versículos 2 y 3:

"Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos; y Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, y Fares engendró a Esrom, y Esrom a Aram."

Después, a medida que recorremos la genealogía, llegamos al versículo 16:

"Y Jacob engendró a José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. "

Resulta sorprendente que el Señor Jesucristo, desde un punto de vista humano, descienda de Judá y de Tamar. Cuando El se hizo hombre, vino a través de una línea de descendencia y de una generación caracterizada por el pecado.

Por todo ello, el apóstol Pablo aclara en su segunda carta a los Corintios 5:21, que Cristo no conoció ni cometió pecado alguno. Pero, por causa nuestra, para salvarnos, Dios le trató como al pecado mismo y los pecados del mundo fueron puestos sobre El de tal forma que, a la vez, su justicia pudiera otorgarse a aquellos que confían en El. Y ese regalo de su justicia, se recibe solamente por medio de la fe.

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