Estudio bíblico de 2 Crónicas 20:15-22:5

2 Crónicas 20:15 - 22:5

Continuamos hoy nuestro estudio del capítulo 20 del Segundo Libro de Crónicas. Y en nuestro programa anterior, vimos cómo los hijos de Moab y de Amón, vinieron contra Josafat a la guerra y él se sintió, como es natural, muy atemorizado. Pero entonces acudió a pedir ayuda al Señor y puso toda su confianza en Dios, cuando vio que la situación era desesperada. Ahora, vimos que cuando él estaba consultando al Señor, Dios habló por medio de Jahaziel, y dijo en el versículo 15:

"y dijo: Oíd, todo Judá, y vosotros habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios".

Y eso es algo, estimado oyente, que tenemos que recordar constantemente cuando llevamos la carga o el peso de una responsabilidad o tarea para Dios. E incluso ante los problemas de la vida. Con frecuencia examinamos una situación a la que no le vemos salida y a veces lo hacemos, incluso delante del Señor. Pero después volvemos a colocar la carga sobre nuestras espaldas. Por ello, aquellas antiguas palabras dichas al rey Josafat, debieran resonar nuevamente en nuestros oídos. "Esta guerra no es vuestra, sino de Dios". Quiera Dios que esta declaración divina nos deje una sensación de seguridad, de calma y de confianza en Sus promesas, y nos decidamos a dejar nuestro problema en Sus manos, como hizo el rey Josafat.

Escuchemos ahora lo que dice aquí el versículo 20, de este capítulo 20 del Segundo Libro de Crónicas:

"Cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Mientras ellos salían, Josafat, puesto en pie, dijo: Oídme, Judá y habitantes de Jerusalén. Creed en el Señor, vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados".

Allí se acercaba el enemigo avanzando. Y el rey Josafat animó a sus tropas a depositar su confianza en el Señor. Creemos que Dios nos quiere decir en este día a usted y a mí: "Cree en mí. Confía en mí y cree en mi Palabra". Tengamos esto en cuenta. Porque a veces, por escuchar las palabras de otros, las opiniones sobre tal o cual situación problemática, nos desanimamos. En esta ocasión, toda valoración desde un punto de vista humano sobre la situación hubiera sido negativa y nos hubiera dejado en una situación desesperada. Pero el rey y el pueblo tomaron en serio la promesa de Dios. Estimado oyente, recordemos la fe de aquellos que apartaron su mirada de la situación y la fijaron en Dios. Escuche lo que Dios tiene que decir, y esto es lo que dijo entonces: "Creed en el Señor vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados". Y ahora, el versículo 21, dice:/h4>

"Después de consultar con el pueblo, puso a algunos que, vestidos de ornamentos sagrados, cantaran y alabaran al Señor mientras salía la gente armada, y que dijeran: Glorificad al Señor, porque su misericordia es para siempre".

Ésa fue una forma poco corriente de organizar un ejército, ¿no le parece? o Josué, en el pasado, había aprendido a hacer eso. Y Josafat fue un rey que aprendió a confiar en Dios de esa manera. Especialmente ante una batalla como ésta. ¿Qué fue lo que organizó? ¡Un coro! Organizó a los cantores para que alabaran al Señor ensalzando el carácter eterno de su amor y misericordia. No vamos a leerlo ahora, pero el Señor le dio la victoria. Ellos no ganaron esa batalla. Fue Dios quien ganó la batalla por ellos. Y pasando ahora al versículo 26, leemos:

"Al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca, y allí bendijeron al Señor; por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca, hasta el día de hoy".

Ese nombre, Beraca, significa bendición, y aquel fue un lugar para alabar al Señor. Y ahora, los versículos 27 al 30, dicen:

"Después todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat a la cabeza, regresaron a Jerusalén gozosos, porque el Señor les había colmado de gozo librándolos de sus enemigos. Y entraron en Jerusalén, en la casa de Jehová, con salterios, arpas y trompetas. Cuando supieron que el Señor había peleado contra los enemigos de Israel, el terror de Dios cayó sobre todos los reinos d aquella tierra. 30Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes".

Y es Dios, estimado oyente, quien da descanso y paz en el día de hoy. Las naciones confían en sus tratados de paz para evitar las guerras. Hay naciones que no han aprendido esto todavía. Sin embargo, ya han tenido lugar dos guerras mundiales, innumerables conflictos regionales y, cada vez con mayor frecuencia, actos masivos de terrorismo, y la paz parece cada vez más lejana. ¿Sabe usted por qué? Porque Dios no nos ha dado la paz. Nuestro mundo no está confiando en el Príncipe de Paz.

El capítulo termina con la alianza comercial que Josafat concertó con Ocozías, hijo de Acab y rey de Israel, y a la cual ya nos hemos referido. Dios no podía bendecir esa alianza con un hombre impío como el hijo de Acab.

Aunque Josafat fue un buen rey, no fue perfecto. En el versículo 32 podemos leer que se condujo con rectitud, como su padre Asa, y sus hechos fueron rectos a los ojos del Señor. Veamos ahora lo que dice el versículo 33:

"Con todo, los santuarios en lugares altos no fueron quitados; pues el pueblo todavía no estaba firme en su propósito de seguir al Dios de sus antepasados".

Es que la idolatría condujo a la caída final de la nación. Llegamos ahora a

2 Crónicas 21

El tema general de los capítulos 21 y 22, fue la caída en la apostasía y el pecado. Y llegamos ahora a una sección de la Palabra de Dios, que en muchos sentidos podemos considerar bastante difícil. Todo lo que allí se menciona es resultado del pecado, y siempre que el pecado entra en una situación, crea reacciones complejas. Si yo le digo ahora que tengo en mi mano una vara que es absolutamente derecha, y le pidiera que usted hiciera un dibujo de ella, bueno, todos los oyentes que me están escuchando en este momento podrían hacer el mismo dibujo. Pero, suponiendo que yo dijera que en mi mano tengo una vara que está torcida, y le pidiera que usted la dibujara como piensa que es, entonces no habría dos personas que hicieran el mismo dibujo. Una cosa puede ser derecha solamente de una manera. Pero puede estar torcida de un millón de maneras diferentes y quizá un poco más. De la misma manera, el pecado seduce a muchas personas, por su carácter tortuoso. Resulta especialmente atractivo porque se aparte de la rutina. Eso es lo que vamos a ver ahora en la vida de Joram, que llegó al trono de Judá al morir Josafat. Leamos el versículo uno, que nos presenta

El reino malvado de Joram en Judá

"Durmió Josafat con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la Ciudad de David. Reinó en su lugar Joram, su hijo"

Ahora, Joram fue el hijo de Josafat que por su casamiento entró en la familia de los reyes Acab y Jezabel, de Israel. Y de ellos seguramente aprendió sus prácticas malvadas y, por cierto, resultó ser un alumno muy aventajado. Veamos lo que nos dicen los versículos 2 al 4, de este capítulo 21 del Segundo Libro de Crónicas:

"Joram tuvo por hermanos, hijos de Josafat, a Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael y Sefatías. Todos estos fueron hijos de Josafat, rey de Judá. Su padre les había dado muchos regalos de oro y de plata, cosas preciosas, y ciudades fortificadas en Judá; pero entregó el reino a Joram, porque él era el primogénito. Fue elevado, pues, Joram al reino de su padre. Luego que se hizo fuerte, mató a espada a todos sus hermanos y también a algunos de los príncipes de Israel".

En otras palabras, él eliminó toda la competencia de la manera más cobarde y cruel, dando muerte a todos sus hermanos y a otros miembros de la familia real. Ahora, ¿por qué hizo eso? Veamos lo que nos dice aquí el versículo 6:

"Pero anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque tenía por mujer a la hija de Acab, e hizo lo malo ante los ojos del Señor".

Dios no bendice esos matrimonios desiguales, estimado oyente. Y continuamos con el versículo 7 de este capítulo 21:

"Pero el Señor no quiso destruir la casa de David, a causa del pacto que había hecho con David, y porque le había dicho que le daría una lámpara encendida a él y a sus hijos perpetuamente".

Este hombre era tan malvado que Dios habría estado justificado al exterminar esta línea de descendencia de David. Pero, como podemos apreciar, Dios siempre cumple Sus promesas. Y no destruiría esta línea de David porque había hecho un pacto con él.

Ahora veremos que el juicio de Dios comenzó a venir inmediatamente sobre él. Leamos los versículos 8 al 10, ahora, de este capítulo 21 Segundo Libro de Crónicas:

"En sus días se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y proclamó su propio rey. Entonces pasó Joram con sus príncipes, y todos sus carros; se levantó de noche y derrotó a los edomitas que le habían sitiado, y a todos los comandantes de sus carros. No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá hasta el día de hoy. Por ese mismo tiempo Libna se libertó también de su dominio, por cuanto Joram había abandonado al Señor, el Dios de sus padres".

Dios dijo con toda claridad por qué vino este juicio sobre Joram. La Palabra dijo que este juicio provenía de la mano de Dios. No podía tener paz porque había abandonado al Dios de sus padres.

En el día de hoy, nos ponemos a veces impacientes con las personas que dicen que la Biblia no enseña el juicio sobre el pecado. Lo que ellos quieren decir en realidad, es que no creen en la Biblia. Y si ellos dijeran eso, bueno, quizás no se les podría reprochar ninguna falta. Porque lo que crean, es asunto de ellos. Pero cuando tratan de decirnos que la Biblia no enseña el juicio de Dios, cuando en realidad lo enseña con tanta claridad, entonces sí nos oponemos. Dios dice que Él juzga el pecado, y muchos pueden testificar que Él actúa de esa manera. Y ahora, leemos aquí en el versículo 11:

"Además de esto, construyó lugares altos en los montes de Judá, e incitó a los habitantes de Jerusalén a la prostitución, y empujó a ella a Judá".

Lo que él hizo en realidad fue empujar a la gente nuevamente hacia la idolatría, de la cual Josafat, su padre, los había librado. Pasaremos a continuación a un párrafo que nos presenta

El mensaje de Elías

Dios llamó entonces a un viejo amigo, a quien probablemente usted ya ha olvidado. Éste es el hombre a quién Dios siempre llamó para entregar mensajes difíciles. Él fue un especialista en resolver problemas y el hombre apropiado para realizar este trabajo; este hombre era Elías. Leamos el versículo 12:

"Le llegó una carta del profeta Elías que decía: El Señor, el Dios de tu padre David, ha dicho así: Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat, tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Judá"

Hay mucha gente que dice que Elías era un profeta que no había dejado nada escrito. Por supuesto, lo que ellos quieren decir es que no hay ningún libro en la Biblia que tenga o lleve su nombre, o que haya sido escrito por él. Aunque él no escribió un libro, sí escribió un mensaje: y ese mensaje debió chamuscar el papel. Y acabamos de leer lo que dijo. Su mensaje comenzó explicando el motivo detrás de un mensaje tan severo. Leamos entonces el mensaje en los versículos 13 hasta el 15, de este capítulo 21 del Segundo Libro de Crónicas. La carta decía:

"sino que has andado en el camino de los reyes de Israel, y has hecho que Judá y los habitantes de Jerusalén forniquen, como fornicó la casa de Acab; y además has dado muerte a tus hermanos, a la familia de tu padre, los cuales eran mejores que tú; el Señor herirá a tu pueblo con una gran plaga, a tus hijos, a tus mujeres y a todo cuanto tienes; tú mismo padecerás muchas enfermedades, y una dolencia tal de tus intestinos, que se te saldrán a causa de tu persistente enfermedad".

Bueno, Elías era la persona adecuada para transmitir un mensaje como éste. Fue pues un mensaje duro el que Dios quiso entregar a este hombre Joram. El contenido del mensaje no era algo fuera de lo común. Al contrario, era la clase de comunicación que uno esperaría que Elías entregara. Si embargo, las circunstancias eran extraordinarias. Y surgen tres interrogantes aquí: ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? El primero es, ¿quién? ¿Quién era Elías? La profecía era para Joram, el hijo de Josafat. El relato de Reyes nos dice que Elías fue trasladado en el décimo octavo año de Josafat. Él no estaba en la tierra durante el reino de Joram y algunas personas suponen que él no podía haber escrito esta profecía. También hay quienes concluyen entonces que éste era otro Elías, y no Elías de Tisbé. Pero si no hubiera sido Elías, el tisbita, Dios lo hubiera aclarado. Bueno, debemos decir que no hay barreras imposibles, a no ser que usted quiera rechazar lo sobrenatural, y si usted lo hace, usted rechazará no sólo este episodio, pero también una gran parte de la Biblia. Así que concluimos que nuestro viejo conocido, el profeta Elías escribió este mensaje.

El segundo interrogante era "¿Cuándo?" ¿Cuándo lo escribió Elías? ¿Lo hizo después de ser trasladado fuera de esta tierra? ¿Lo escribió acaso desde la otra dimensión? Grotious dijo que el matasello de esa carta era del Paraíso. Pero podemos descartar esa opinión como una mera especulación. Hay una explicación bastante sencilla: que la escribió antes de ser trasladado. Ahora, alguien quizá diga, bueno eso es sobrenatural. Y eso es precisamente lo que estamos tratando de decir. La profecía es sobrenatural. Es una predicción que se proyecta hacia el futuro. En la Biblia tenemos muchos incidentes de este tipo. Por ejemplo, Isaías habló de Ciro de Persia dos siglos antes de que éste hubiera nacido. Daniel escribió sobre Alejandro Magno. Eliseo predijo el reino de Hazael sobre Siria. Miqueas mencionó la ciudad de Belén como el lugar donde nacería el Mesías. Sólo Dios puede profetizar con tanta exactitud.

El interrogante final es "¿Dónde?" ¿Dónde escribió Elías esta profecía? Elías fue un profeta en el reino del norte (o de Israel). Ésta es la única referencia a Elías en Crónicas, porque este libro nos presenta el punto de vista de Dios sobre este período. ¿No se complació Dios con el profeta Elías? Sí, a Dios le agradó Elías. Entonces, ¿por qué en Crónicas no se mencionó a Elías con mayor detalle? Dios no estaba omitiendo a Elías y a su obra. Lo que Él omitió fue toda la historia del reino del norte. Y recordemos que Elías era el profeta a ese reino del norte, y el pasaje que leímos nos cuenta la única vez en que Elías habló a un rey en el reino del sur, es decir en Judá. Nunca habló a Josafat por la sencilla razón que Josafat había sido un rey bueno, y no necesitó recibir ninguno de esos mensajes duros, ásperos, que Elías solía transmitir. Pero, cuando Joram, el hijo de Josafat, llegó al trono, allí le estaba esperando un mensaje. Y este mensaje estaba allí esperándole al rey, y Elías lo había escrito antes de ser trasladado fuera de esta tierra. Elías no sólo le dejó su manto al profeta Eliseo, sino también este mensaje para Joram.

Este detalle sugiere que cuando Elías fue trasladado, su mensaje no había concluido. Éste fue un mensaje de juicio, de castigo, y nos hace pensar que Elías podría ser uno de esos dos testigos que se mencionan en el libro de Apocalipsis 11, que van a entregar un mensaje muy severo a la gente que en ese día se haya apartado de Dios. Creemos que este incidente constituye un pasaje sugestivo e intrigante de las Sagradas Escrituras, con un mensaje extraño, entregado en un momento crucial.

Lo que aquí tenemos, entonces, es que cuando Joram llegó al trono, le llegó un mensaje a palacio, enviado por un mensajero de Dios. Bien, ahora veremos la exactitud de la predicción de Elías. Leamos los versículos 16 y 17, de este capítulo 21 del Segundo Libro de Crónicas, donde veremos que

El juicio cayó sobre Joram

"Entonces el Señor despertó contra Joram la ira de los filisteos y de los árabes que estaban junto a los etíopes, que subieron contra Judá, invadieron la tierra y tomaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, a sus hijos y a sus mujeres; y no le quedó más hijo sino solamente Joacaz, el menor de ellos".

Todos estos pueblos habían tenido paz con Asa y con Josafat. Pero ahora su espíritu fue excitado y se produjo una guerra. ¿Por qué? Porque la guerra es siempre el resultado del pecado. A veces pensamos que la guerra se hace en el campo de batalla. Pero, la guerra tiene lugar en el hogar, estimado oyente. Comienza en la maldad del corazón humano.

Ahora, ¿qué le sucedió a Joram? Bueno, continuemos con los versículos 18 hasta el 20:

"Después de todo esto, el Señor lo hirió con una enfermedad incurable en los intestinos. Y aconteció que al pasar muchos días, al cabo de dos años, los intestinos se le salieron por la enfermedad, y murió así de enfermedad muy penosa. Y no encendieron fuego en su honor, como lo habían hecho con sus padres. Cuando comenzó a reinar tenía treinta y dos años de edad, y reinó en Jerusalén durante ocho años. Murió sin que nadie lo llorara y lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes".

El pueblo se libró de algo muy malo cuando él murió. El lugar en que le sepultaron y la falta de respeto evidente en su entierro nos muestra cuán odiado fue este hombre. En los capítulos siguientes veremos que su esposa sería una de las reinas más odiadas. Llegamos ahora el versículo 1 de

2 Crónicas 22 - El reinado malvado de Ocozías

"Los habitantes de Jerusalén hicieron rey en lugar de Joram a Ocozías, su hijo menor; porque una banda armada que había venido con los árabes al campamento, había matado a todos los mayores, por lo cual reinó Ocozías hijo de Joram, rey de Judá".

Los nombres pueden confundir porque, a veces, se usan diferentes nombres para la misma persona. Por ejemplo, Ocozías es el Joacaz del capítulo anterior de este libro, 2 Crónicas 21:17. Éste fue el único hijo que había quedado con vida. Todos los otros hijos de Joram habían sido asesinados. Ahora, leamos los versículos 2 al 4:

"Cuando Ocozías comenzó a reinar tenía cuarenta y dos años de edad, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre era Atalía, hija de Omri. También él anduvo en los caminos de la casa de Acab, pues su madre le aconsejaba a que actuara impíamente. Hizo, pues, lo malo ante los ojos del Señor, como la casa de Acab; porque después de la muerte de su padre, ellos le aconsejaron para su perdición".

Atalía era realmente la reina, es decir, el poder detrás del trono. Era la hija de Acab y Jezabel, y la nieta de Omri. Ella nunca realmente renunció a su posición. Recordemos que apartó a su marido Joram de Dios. Y entonces, su hijo Ocozías, por influencia de su madre, se alió con el reino del norte y con la casa real de Acab, lo cual precipitó su ruina. Y la justicia con venganza, vino sobre él. Veamos ahora lo que dice aquí, el versículo 5:

"Y él anduvo en los consejos de ellos, y fue a la guerra con Joram hijo de Acab, rey de Israel, contra Hazael, rey de Siria, a Ramot de Galaad, donde los sirios hirieron a Joram".

Aquí no hay que confundirse, porque con el nombre Joram hubo dos, uno en el reino del norte y otro en el del sur. Joram, el rey de Judá (o del sur) y que había recibido un mensaje del profeta Elías, había muerto, como ya vimos. Y fue su hijo, Ocozías, el que se alió con este Joram, rey de Israel (o del norte) que aquí se menciona, y que resultó herido en la batalla contra los sirios.

Lo que resulta increíble es la persistencia en la rebelión y la maldad por parte de algunos reyes de este relato, sin tener en cuenta la misma historia de su nación, la fidelidad de Dios, es decir, los hechos poderosos de Dios, como por ejemplo las victorias en el campo de batalla y la prosperidad de aquellos reyes que confiaron en Dios. Pero lo sorprendente es que tampoco tomaran en serio las evidencias del castigo de Dios por su incurable tendencia a la idolatría, a pesar de las advertencias de los profetas. Y así, fueron un ejemplo de las consecuencias del pecado y la rebelión del ser humano contra el Creador, contra su misma Palabra. Así es el corazón humano, olvidadizo e ingrato. Bien dijo el apóstol Pablo que el pago que da el pecado es la muerte. Pero existe la opción de la vida, la vida eterna. Gracias a la muerte y resurrección de Jesucristo, a favor suyo, estimado oyente, el don de Dios para usted es la vida eterna, al unirse por la fe al Señor Jesucristo, aceptándole como su Salvador.

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