Estudio bíblico de 2 Crónicas 22:6-25:14

2 Crónicas 22:6 - 25:14

Continuamos hoy estudiando el capítulo 22 del Segundo Libro de Crónicas. Y en nuestro programa anterior, estuvimos hablando del reinado de Ocozías, de Judá. Y vimos que el nombre de su madre era Atalía, y que Ocozías siguió la conducta de Acab, porque Atalía su madre le aconsejaba que actuase de una manera impía. Luego, vimos que se fue a la guerra con Joram, hijo de Acab, rey de Israel, quien resultó herido. Y leemos en el versículo 6 de este capítulo 22 del Segundo Libro de Crónicas:

"Y volvió para curarse en Jezreel de las heridas que le habían hecho en Ramot, peleando contra Hazael, rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram, rey de Judá, para visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo allí".

Y el versículo 7, nos dice:

"Pero esto venía de Dios, para que Ocozías fuera destruido al ir a visitar a Joram. Tan pronto llegó, salió con Joram contra Jehú hijo de Nimsi, al cual el Señor había ungido para que exterminara a la familia de Acab".

Lo interesante es que Jehú no sabía que el rey del sur, Ocozías, estaba allí. Y, ¿que sucedió entonces? Veamos el versículo 8:

"Mientras Jehú hacía juicio contra la casa de Acab, halló a los príncipes de Judá y a los parientes de Ocozías, que servían a Ocozías, y los mató".

Los príncipes de Judá aquí, eran probablemente parientes lejanos que tenían cargos importantes en la corte. Jehú los mató a todos. Después salió en persecución de Ocozías, que había huido, y también le encontró y le mató. Luego vemos en el versículo 9:

"Buscó luego a Ocozías, el cual se había escondido en Samaria. Lo hallaron, lo trajeron a Jehú y lo mataron; pero le dieron sepultura, pues decían: Es hijo de Josafat, quien de todo su corazón buscó al Señor. Y la casa de Ocozías no tenía fuerzas para retener el reino".

Éste fue un período muy sangriento. ¿Para qué lo mencionó Dios? Para que supiéramos que Él condena el pecado. Para hacernos saber que el ser humano no puede eludir las consecuencias del pecado. Leamos ahora el versículo 10, que inicia un párrafo sobre

El reino brutal de Atalía

"Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, se levantó y exterminó a toda la descendencia real de la casa de Judá".

Y hablando francamente, se necesita una persona muy sangrienta e increíblemente despiadada, para poder asesinar a sus propios nietos. Los mató a todos, menos uno, porque no pudo encontrarlo. Y leemos aquí en los versículos 11 y 12 de este capítulo 22 del Segundo Libro de Crónicas:

"Pero Josabet, hija del rey, tomó a Joás hijo de Ocozías, y escondiéndolo de entre los demás hijos del rey, a los cuales mataban, lo guardó a él y a su nodriza en uno de los aposentos. Así lo escondió Josabet, hija del rey Joram, mujer del sacerdote Joiada (porque ella era hermana de Ocozías), de la vista de Atalía, y no lo mataron. Seis años estuvo escondido con ellos en la casa de Dios. Entre tanto, Atalía reinaba en el país".

Ahora, si esto no hubiera ocurrido, la descendencia de David habría terminado allí mismo, y la promesa de Dios a David de que el Mesías llegaría, no hubiera tenido lugar. Usted puede ver, estimado oyente que, una y otra vez, Satanás ha realizado intentos para destruir la línea de descendencia que conduciría a Cristo. Recordemos los intentos de destruir esa descendencia cuando todos los hijos varones debieron morir en Egipto. En tiempos del rey Asuero, trató de exterminar a todos los judíos por medio de Amán. Y después que Jesús nació, actuó por medio de Herodes e intentó matar a Jesús causando la muerte de todos los hijos varones alrededor de Belén. Este niño, Joás, tenía sólo un año cuando fue escondido. Y fue mantenido oculto en el templo por seis años. Durante ese tiempo, esta reina sangrienta gobernó el reino. Llegamos ahora a

2 Crónicas 23

Los capítulos 23 y 24 nos hablan sobre la renovación que tuvo lugar durante el reino de Joás. Éste fue el tercer período de renovación del reino del sur o de Judá. En realidad no hubo tanta renovación y la mayor parte del mérito por el retorno a Dios perteneció al sacerdote Joiada. Leamos, pues, el versículo 1 de este capítulo 23, donde comienza el relato sobre cómo

Joás fue nombrado rey

"En el séptimo año se animó Joiada y concertó una alianza con los jefes de centenas: Azarías hijo de Jeroham, Ismael hijo de Johanán, Azarías hijo de Obed, Maasías hijo de Adaía y Elisafat hijo de Zicri".

Los líderes de Judá estaban insatisfechos con la cruel reina Atalía. Así que entonces, Joiada, el sacerdote, convocó una reunión muy privada para informar a los presentes que había un descendiente de David que aún se encontraba con vida. Todos ellos se comprometieron a convertir a este joven descendiente de David en su rey. Reunieron a Levitas, y a los jefes de Israel, y prepararon cuidadosamente planes para coronar al pequeño Joás, descendiente del rey David. Una tercera parte del grupo actuaría como porteros en las puertas del templo en el día del reposo. Otra tercera parte se encontraría en la casa del rey y la otra tercera parte, estaría en la puerta de los cimientos. No permitirían que entrase nadie en el templo, excepto los sacerdotes y los levitas. Los Levitas que se encontraran alrededor del rey portarían armas. Y el sacerdote Joiada repartió las lanzas y escudos que estaban guardados en el templo. Y así se hicieron todos los arreglos necesarios. Veamos entonces, lo que nos dice aquí el versículo 11:

"Entonces sacaron al hijo del rey, le pusieron la corona y las insignias reales, y lo proclamaron rey; Joiada y sus hijos lo ungieron y gritaron: ¡Viva el rey!"

Aquella fue una ocasión emocionante, cuando el pequeño Joás, de siete años de edad y descendiente de David, accedió al trono de Judá. Llegamos ahora a una parte del relato que nos describe

La ejecución de Atalía

Atalía pensaba que había matado a todos los descendientes. ¿Y por qué había cometido aquellos brutales asesinatos? Porque tenía una insaciable sed de poder y quería ser reina. En todas las épocas de la historia ha habido hombres y mujeres dominados por la ambición, capaces de cometer, sin el menor escrúpulo, cualquier tipo de acción para conquistar el poder. Leamos el versículo 12:

"Cuando Atalía oyó el estruendo de la gente que corría y de los que aclamaban al rey, vino a la casa del Señor, donde estaba el pueblo"

Indudablemente, aquella acción tomó a Atalía por sorpresa y añade el versículo 13:

"miró y vio al rey que estaba junto a la columna, a la entrada, y a los príncipes y los trompeteros junto al rey, a todo el pueblo de la tierra, lleno de alegría, que tocaba bocinas, y a los cantores que, con instrumentos de música, dirigían la alabanza. Entonces Atalía rasgó sus vestidos, y dijo: ¡Traición! ¡Traición!"

Es que, desde su punto de vista, era un acto de alta traición. Veamos cómo se precipitaron los hechos, leyendo los versículos 14 y 15:

"Pero el sacerdote Joiada mandó que salieran los jefes de centenas del ejército, y les ordenó: Sacadla fuera del recinto, y al que la siga, matadlo a filo de espada; porque el sacerdote había mandado que no la mataran en la casa del Señor. Así pues, ellos le echaron mano, y cuando hubo pasado la entrada de la puerta de los caballos de la casa del rey, allí la mataron".

El párrafo siguiente se refiere a

La renovación impulsada por Joiada

El rey Joás era aún un niño de siete años; así que Joiada actuó como su regente. Este sacerdote sería el que de hecho tomaría las decisiones de estado hasta que este niño alcanzase la mayoría de edad. Y Joiada, como sacerdote de Dios, recondujo a la nación a la adoración a Dios. Dice el versículo 16:

"Entonces Joiada pactó con todo el pueblo y el rey, que serían el pueblo del Señor".

Joiada derribó los altares del dios pagano Baal, e hizo matar a los sacerdotes de ese dios. Reavivó la adoración al Señor, estableciendo los turnos de sacerdotes y Levitas para realizar los holocaustos. El canto fue restaurado, tal como había sido organizado por David. Los porteros vigilaron las puertas para que ninguna cosa impura entrara en el templo. Y continuamos leyendo ahora en el versículo 21:

"Y se regocijó todo el pueblo del país; y la ciudad estuvo tranquila después que mataron a Atalía a filo de espada".

Inevitablemente el mismo tema se repite una y otra vez. El pecado, estimado oyente, siempre trae complicaciones, problemas, angustia y sufrimiento. Y también trae el juicio de Dios. Por otra parte, la renovación espiritual, restauró la calma y la tranquilidad a la tierra. Llegamos ahora a

2 Crónicas 24

Habiendo sido eliminada Atalía, la hija de Acab y Jezabel, vemos en el versículo 1, que leeremos a continuación, que comenzó

El reinado de Joás

"Siete años tenía Joás cuando comenzó a reinar, y cuarenta años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba".

Joiada había sido la persona que había ayudado a proteger y luego a guiar a este pequeño durante la primera parte de su reinado. Sin embargo se nos dio el nombre de la madre, que debe haber sido una buena mujer. Ahora, Joás tenía una madre buena ya que ella es mencionada en este pasaje. Dicen los versículos 2 y 3:

"E hizo Joás lo recto ante los ojos del Señor todos los días de Joiada, el sacerdote. Joiada lo hizo casar con dos mujeres, y engendró hijos e hijas".

Joás actuó rectamente ante el Señor, bajo el consejo de Joiada, quien lo casó con dos esposas. Por supuesto, esto no sucedió cuando el tenía 7 años de edad. Recordemos que reinó por 40 años. ¿Fue correcta la decisión de que tuviera dos esposas? No. Fue un error. Este hecho quedó registrado no porque Dios lo aprobara, sino porque así ocurrió. Considerando los antecedentes de la época, dos esposas era realmente un número pequeño. Continuemos con el versículo 24:

"Después de esto, aconteció que Joás decidió restaurar la casa del Señor".

Mientras el joven crecía, Joiada por supuesto envejecía y murió a la edad de ciento treinta años. Aparentemente, a causa de la vejez, perdió el control de otros sacerdotes y el templo no fue restaurado. Este rey fue el que planeó e insistió en la reparación del templo de Dios. Leamos ahora los versículos 5 hasta el 7 de este capítulo 24 del segundo libro de Crónicas.

"Reunió a los sacerdotes y a los levitas, y les dijo: Salid por las ciudades de Judá y recoged dinero de todo Israel, para que cada año sea reparada la casa de vuestro Dios; y vosotros poned diligencia en el asunto. Pero los levitas no pusieron diligencia. Por lo cual el rey llamó al sumo sacerdote Joiada y le dijo: ¿Por qué no has procurado que los levitas traigan de Judá y de Jerusalén la ofrenda que Moisés, siervo del Señor, impuso a la congregación de Israel para el tabernáculo del Testimonio? Pues la impía Atalía y sus hijos habían destruido la casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas consagradas de la casa del Señor".

Como ya adelantamos, los sacerdotes no pusieron mayor interés y descuidaron su trabajo. El templo se encontraba en una condición deplorable, y entonces el rey tomó el asunto en sus manos. Leamos ahora, los versículos 8 hasta el 10:

"Mandó, pues, el rey que hicieran un arca, la cual pusieron fuera, a la puerta de la casa del Señor; e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén que trajeran al Señor la ofrenda que Moisés, siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto. Todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, trajeron ofrendas y las echaron en el arca hasta llenarla".

Es decir, recibieron todo lo que necesitaban. Ahora, el versículo 11 dice:

"Y cuando llegaba el momento de llevar el arca al secretario del rey por medio de los levitas, si veían que había mucho dinero, venía el escriba del rey y el que estaba puesto por el Sumo sacerdote, llevaban el arca, la vaciaban y la retornaban a su lugar. Así lo hacían de día en día, y recogían mucho dinero".

Joás no podía confiar en los Levitas para recolectar el dinero. Así que colocó el arca en el templo y depositó allí sus contribuciones. Leamos entonces, los versículos 12 y 13:

"Luego el rey y Joiada lo daban a los que hacían el trabajo del servicio de la casa del Señor. Estos contrataban canteros y carpinteros para que repararan la casa de Jehová, y artífices en hierro y bronce para componer la Casa. Hacían, pues, los artesanos la obra, y con sus manos la obra quedó restaurada; restituyeron la casa de Dios a su antigua condición, y la consolidaron".

Así se completaron las obras de reparación del templo. Continuemos con el versículo 14:

"Cuando la terminaron, trajeron al rey y a Joiada lo que quedaba del dinero e hicieron de él utensilios para la casa del Señor, utensilios para el servicio, morteros, cucharas, vasos de oro y de plata. Y sacrificaron holocaustos continuamente en la casa del Señor durante todos los días de Joiada".

Hubo suficientes fondos para rehacer los utensilios para llevar a cabo los servicios religiosos del templo. Leamos ahora el versículo 15:

"Pero Joiada envejeció y murió lleno de días; tenía ciento treinta años cuando murió".

Los sacerdotes fueron negligentes en cumplir la orden del rey, probablemente, por la senilidad de Joiada. Ahora, el versículo 16, dice:

"Lo sepultaron en la Ciudad de David con los reyes, por cuanto había hecho el bien en Israel, con Dios y con su casa".

Este hombre, Joiada, recibió honores reales en su muerte. Y continuamos leyendo en los versículos 17 y 18, que nos describen

La apostasía después de Joiada

"Muerto Joiada, vinieron los príncipes de Judá y le ofrecieron obediencia al rey. El rey los oyó, y ellos abandonaron la casa del Señor, el Dios de sus padres, y sirvieron a los símbolos de Asera y a las imágenes esculpidas. Entonces la ira de Dios vino sobre Judá y Jerusalén por este su pecado".

Podemos ver que mientras Joiada vivió, los príncipes no osaron dedicarse a la idolatría, debido a la fuerte influencia de aquel. Sin embargo, Joás era un rey joven y probablemente muy indulgente. Así fue que estos príncipes comprometieron su lealtad ante el rey, pero luego volvieron a adorar a los ídolos. Leamos el versículo 19:

"Y les envió profetas para que los hicieran volver al Señor, los cuales los amonestaron; pero ellos no los escucharon".

En su misericordia, Dios envió profetas para amonestarles, pero ellos no escucharon. Entonces, Dios les envió un mensaje por medio de un hijo de Joiada. Continuemos leyendo los versículos 20 y 21:

"Entonces el espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joiada, se puso en pie, en un lugar alto, y dijo al pueblo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Señor? No os vendrá bien por ello, porque por haber dejado al Señor, él también os abandonará. Pero ellos conspiraron contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa del Señor".

Aquí vemos el trágico final de aquel mensajero. Aparentemente, el rey Joás había recibido una mala información sobre el profeta de Dios. Él era el hijo de Joiada; uno piensa que Joás nunca hubiera hecho, por sí mismo, algo así. Pero este hecho demuestra la mala influencia que tenían sobre él los príncipes, y los actos despreciables que estaban cometiendo. Así, apedrearon y mataron al profeta. Leamos ahora el versículo 22:

"Así el rey Joás no se acordó de la misericordia que Joiada, padre de Zacarías, había tenido con él, sino que mató a su hijo, quien dijo al morir: ¡El Señor lo vea y lo demande!"

En otras palabras, aquel hombre agonizante le pidió a Dios que ejecutara la venganza sobre el rey por lo que había hecho. Leamos los versículos 23 y 24 de este capítulo 24 del Segundo Libro de Crónicas, que nos relatan

El juicio sobre el rey Joás

"A la vuelta del año subió contra él el ejército de Siria, que invadieron a Judá y a Jerusalén, mataron de entre el pueblo a todos los principales, y enviaron todo el botín al rey de Damasco, pues aunque el ejército de Siria había venido con poca gente, el Señor entregó en sus manos un ejército muy numeroso, por cuanto habían abandonado al Señor, el Dios de sus padres. Así sufrió Joás el castigo merecido".

Podemos ver que Dios los juzgó por medio de su derrota en la batalla. Aunque Joás había sido un buen rey, había ordenado aquel asesinato despiadado. Dios tuvo que juzgarle porque él era el rey, y tenía influencia sobre toda la nación. Leamos ahora el versículo 25:

"Cuando se fueron los sirios, dejándolo agobiado por sus dolencias, conspiraron contra él sus siervos, a causa de la sangre de los hijos de Joiada, el sacerdote, y lo hirieron en su cama, donde murió. Lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes".

El sacerdote Joiada había sido sepultado con honra. Pero el rey Joás fue sepultado con deshonra. Sigamos adelante con el versículo 27:

"En lo tocante a los hijos de Joás, la multiplicación que hizo de las rentas y la restauración de la casa del Señor, está escrito en la historia del libro de los reyes. Y reinó en su lugar su hijo Amasías".

Así es que, vimos al comienzo a Joás liderando una renovación bajo la influencia de Joiada. Pero después de la muerte de Joiada, el rey, aparentemente, cayó en un estado de apostasía. Y llegamos ahora a

2 Crónicas 25

Los capítulos 25 y 26 describen los reinos de Amasías, Uzías, Jotam y Acaz. Leamos los versículos 1 y 2 de este capítulo 25:

"Veinticinco años tenía Amasías cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalén; el nombre de su madre era Joadán, de Jerusalén. Hizo él lo recto ante los ojos del Señor, aunque no de perfecto y sincero corazón".

Podemos decir que fue un rey moderadamente bueno. Continuemos con los versículos 3 y 4 de este capítulo 25 del Segundo Libro de Crónicas:

"Cuando fue confirmado en el reino, mató a los siervos que habían matado al rey, su padre. Pero no mató a los hijos de ellos, según lo que está escrito en la Ley, en el libro de Moisés, donde el Señor mandó diciendo: No morirán los padres por los hijos, ni los hijos por los padres, sino cada uno morirá por su pecado".

Amasías se vengó contra los que mataron a su padre. Y obedeció, en un sentido, a la Ley de Moisés. Y ahora leemos en el versículo 5:

"Reunió luego Amasías a Judá y, con arreglo a las familias, puso jefes de millares y de centenas sobre todo Judá y Benjamín. Después puso en lista a todos los de veinte años para arriba, y fueron hallados trescientos mil escogidos para salir a la guerra, que tenían lanza y escudo".

O sea que, él se estaba preparando para la guerra. También toma a sueldo a soldados mercenarios de Israel. Leamos los versículos 7 y 8:

"Pero un varón de Dios vino ante él y le dijo: Rey, que no vaya contigo el ejército de Israel, porque el Señor no está con Israel, ni con todos los hijos de Efraín. Pero si vas así, si eso haces y te esfuerzas en la pelea, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque Dios tiene poder para ayudar, y para derribar".

Amasías fue advertido para que confiara en Dios. Él tenía el ejemplo de Josafat y Asa en el pasado y tendría que haber sabido que Dios no quería que reclutase hombres de Israel. Leamos los versículos 9 hasta el 11:

"Le preguntó Amasías al varón de Dios: ¿Qué, pues, se hará con los tres mil trescientos kilos de plata que he dado al ejército de Israel? Respondió el varón de Dios: El Señor puede darte mucho más que esto. Entonces Amasías apartó el ejército de la gente que había venido a unírsele de Efraín, para que se fueran a sus casas. Ellos se enojaron mucho contra Judá y volvieron a sus casas encolerizados. Amasías se armó de valor, sacó a su pueblo, vino al valle de la Sal y mató a diez mil de los hijos de Seir".

Amasías obedeció. Separó los hombres de Israel de su propio ejército y les envió de regreso a Israel. Entonces, Dios le dio la victoria. Veamos ahora, el versículo 14:

"Al volver Amasías de la matanza de los edomitas, trajo también consigo los dioses de los hijos de Seir, los tomó por dioses suyos, los adoró y les quemó incienso.

Fue realmente sorprendente que este hombre llegara a hacer algo como esto; pero revela la maldad que existe en el corazón humano. Después de un relato que incluyó las tristes consecuencias del pecado, de la idolatría de reyes y príncipes que arrastraron a sus pueblos a la derrota, viene bien recordar aquí unas palabras que parecen un resumen de las tragedias que acabamos de ver y que fueron escritas por el rey Salomón, antes que su corazón se apartara de Dios, en el libro de los Proverbios 14:11 y 12: "La casa de los malvados será destruida; la de los hombres honrados prosperará. Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte". Sin embargo, a aquellos que creen en el Señor Jesucristo como Salvador, les sucede todo lo contrario. Porque reciben la verdadera vida, la vida eterna, y pasan entonces, del reino de la muerte, al reino de la vida.

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