Estudio bíblico de Ester 1:1

Ester 1:1

Comenzamos hoy nuestro estudio del libro de Ester, en el Antiguo Testamento y tenemos que admitir que es un libro fuera de lo común, en el sentido que no se menciona el nombre de Dios ni una sola vez en todo el libro. No hay ninguna mención del nombre de Dios en todas sus páginas. No figura ni siquiera un título divino o pronombre que se refiera a Dios. Sin embargo el rey pagano es mencionado como 192 veces. Este libro de Ester tampoco es mencionado en el Nuevo Testamento; no hay ni siquiera una referencia ocasional al libro en las páginas del Nuevo Testamento. Pero sí se mencionan en el Libro de Ester las supersticiones de los paganos y los días de suerte. Se nos presentará una corte pagana, y un gran monarca que tenía su dominio sobre todo el mundo conocido de esa época. Esto hace de este Libro, como hemos dicho, algo fuera de lo común.

Otra de las cosas que hace de este libro un Libro diferente, es que tiene nombre de mujer. En realidad son sólo dos los libros en la Biblia que tienen nombre de mujer, los libros de Rut y el de Ester son los libros que tienen nombre de mujer en la Biblia. Al Libro de Rut se le puede llamar "El Romance de la Redención", mientras que el Libro de Ester es "El Romance de la Providencia". La Redención es un romance, es una historia de amor. Porque nosotros "Le amamos a él, porque él nos amó primero; y se entregó a sí mismo por nosotros", porque nos amó.

Ahora, el libro de Ester es "El Romance de la Providencia", y ésa es la manera cómo Dios dirige a este universo material en el cual nosotros vivimos. Vamos a ver dentro de unos momentos algo acerca de esa palabra "providencia".

En el libro de Deuteronomio, en el capítulo 31, antes de que Dios dejara entrar al pueblo de Israel a la tierra prometida, Él bosquejó su historia. Él les dijo acerca de la cautividad en Babilonia, y también habló de la cautividad bajo el imperio romano. Dijo que el Imperio romano destruiría la ciudad de Jerusalén, y que el pueblo sería llevado cautivo. Y en realidad ocurrió de esa forma. En Deuteronomio, capítulo 31, versículo 18, Dios dijo lo siguiente: "Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos".

En el libro de Ester, Él ha escondido Su rostro de Su pueblo. Pero nosotros podemos decir que "Dios está en las sombras, cuidando a aquellos que le pertenecen". Por tanto, el libro de Ester nos da un informe sobre un pueblo que estaba viviendo fuera de la voluntad de Dios.

Cuando el rey Ciro decretó después de setenta años de cautividad en Babilonia que la gente podría regresar a su propia tierra, no todos ellos regresaron. Sólo unos sesenta mil lo hicieron. Y tenemos esa información en los libros de Esdras y Nehemías; y en los libros proféticos de Hageo y Zacarías. Estos cuatro libros nos dan la información de aquellos que regresaron.

Pero ¿qué podemos decir acerca de aquella gran mayoría que no regresó a la tierra? Tenemos la misma situación en el día de hoy. Hablamos en la actualidad de la nación de Israel. Pues bien, hay sólo dos o tres millones que han regresado a su patria, pero hay como dieciséis millones que están dispersados por el resto del mundo. Por tanto, la gran mayoría no está de regreso en su propia tierra. Eso es algo que, pensamos, es muy evidente, y lo usamos solamente como un paralelo para ilustrar lo que ocurrió en la antigüedad. Quiere decir, entonces, que en aquel tiempo varios millones de israelitas no regresaron a su tierra después del decreto del rey Ciro. Lo tendrían que haber hecho porque Dios les había ordenado que regresaran. En consecuencia, ellos estaban fuera de la voluntad de Dios.

Nos hacemos la pregunta: ¿tenemos información en alguna parte, de la gran cantidad de gente de los judíos que no regresaron a su tierra? Y la respuesta es sí. La tenemos aquí en este libro de Ester. Está registrada aquí en este Libro. En otras palabras, nosotros tenemos aquí una página de su historia, quizá una pequeña cantidad de información sobre aquella experiencia, y un poco de evidencia de su extensa historia. Por tanto, este pequeño Libro de Ester adquiere mucha importancia por esa razón.

Pero en esto nosotros vemos a Dios desde una nueva perspectiva. Aunque ellos no estaban de acuerdo con Su voluntad, vemos cómo Dios los dirigía. Y ¿cómo hizo eso? Por medio de Su providencia.

Ahora, nos hacemos entonces otra pregunta: ¿Qué podemos decir acerca de la providencia de Dios? ¿Qué es la providencia? Pues bien, todas las doctrinas que nosotros tenemos en la actualidad, creemos que son enseñadas en ciertos Libros del Antiguo Testamento.

Tenemos la redención, que fue enseñada en el Libro de Éxodo. Tenemos el tema del amor en la redención, enseñado en el Libro de Rut. En el Libro de Job se enseña el arrepentimiento. Y la resurrección fue expuesta en el Libro de Jonás. Así es que grandes doctrinas de nuestra fe cristiana fueron enseñadas en algunos libros del Antiguo Testamento.

Ahora, en el libro de Ester se nos ilustra la obra de la providencia. Esto quiere decir simplemente lo siguiente: Este pueblo estaba en una tierra extraña, fuera de la voluntad de Dios. Ellos no habían obedecido las órdenes de Dios, porque las órdenes de Dios eran que regresaran a la tierra de Israel. Pero, ellos se quedaron, desobedecieron, se olvidaron de Dios, y vivieron alejados de Él. No tuvieron comunicación con Él, es decir, que no oraron, que no le invocaron en los momentos de aflicción.

Cuando ellos llegaron cautivos a Babilonia decían: "¿Cómo podemos cantar canciones a Dios en una tierra extraña?" No lo podían hacer. Se sentaban y lloraban cuando se acordaban de Sión. Pero más adelante se olvidaron de Sión; en realidad, su ciudad estaba destruida, en ruinas, y no quisieron regresar a ese lugar. Ellos habían hecho un pacto al principio incluyendo la siguiente declaración: "Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría". Pero ellos se olvidaron de sus promesas y su lengua estuvo silenciosa en este Libro. No estaban alabando a Dios y tampoco se estaban dirigiendo a Él en oración. Esta situación convierte a este Libro de Ester en una obra muy diferente.

Pero, ¿qué podemos decir acerca de Dios? Pues bien, Él no los había olvidado. Pero ¿cómo los pudo dirigir Dios si ellos le habían rechazado? Pues bien, Dios lo hizo por medio de Su providencia. Y este libro de Ester nos enseña la providencia de Dios. Ahora, ¿qué es la providencia? Permítanos estimado oyente, si somos un poco teológicos por un momento, pero si usted quiere una definición, aquí tenemos una definición teológica: "La providencia es el medio por el cual Dios dirige todas las cosas: las cosas animadas y las inanimadas; las cosas visibles y las que no se ven; lo bueno y lo malo, hacia un propósito digno; lo cual significa que Su voluntad finalmente prevalecerá". O como dijo el Salmista, y Su reino domina sobre todos. Y en el Nuevo Testamento, en la epístola a los Efesios, capítulo 1, versículo 11, Pablo dijo: "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad". Así es que, estimado oyente, nuestro Dios está dirigiendo hoy el universo, aunque algunos piensan que el control del universo se ha deslizado de Sus manos. Emerson se equivocó al decir: "Los hechos y factores humanos están sobre la silla de montar y ellas dominan a la humanidad". Pues bien, dichos factores pueden estar dominando a la humanidad, pero ciertamente no están en la silla de montar. Dios es el único que está en control.

Hay tres palabras en las que necesitamos concentrar nuestra atención para entender adecuadamente la providencia de Dios en relación con el universo material y con el hombre en particular.

La primera palabra es creación. Nosotros entendemos por creación que Dios por medio de su orden creativa ordenó a este universo que existiera. ¿Tiene usted una explicación mejor? Si la tiene, nos gustaría escucharla.

A veces nos sentimos incómodos al escuchar a algunos que se consideran científicos pero que, en realidad, no son expertos en el campo de la ciencia y hablan con autoridad sobre como la evolución formó al ser humano. Y quisiéramos saber, ¿de dónde vino la materia primitiva de la cual surgió la vida hasta evolucionar y llegar al hombre? ¿Cuando comenzó la tierra? ¿Surgió de la nada? Y no nos diga que siempre existió, entonces, tenemos un universo infinito. Y si es así, se necesita a alguien que sea infinito para poder controlar las cosas. Y entonces, nos encontramos ante un dilema. En realidad, sólo tenemos dos explicaciones para este universo. Una de ellas es la especulación; en esta opción entraría la evolución, pero antes de que llegara la evolución había otras teorías sobre la existencia del universo. Todas han sido refutadas y superadas, y pensamos que igual suerte tendrá la evolución. La segunda explicación es la revelación. La única forma por la cual usted y yo, estimado oyente, como creyentes, podemos comprender cómo fue formado este universo, es por medio de la fe. Nosotros entendemos que Dios creó este universo en el cual nos toca vivir, y la única manera por la cual podemos saberlo, es por medio de la revelación: La fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Dios. O uno cree en la creación, o en la especulación. No hay una tercera explicación sobre el universo.

La segunda palabra es preservación. Ésa es una palabra tremenda. Quiere decir que es por la preservación de Dios que el universo se mantiene unido. En la carta a los Hebreos, capítulo 1, versículo 3, se nos dice que Él sustenta todas las cosas con su palabra poderosa. Y como Pablo dijo en su carta a los Colosenses, capítulo 1, y versículo 17: "Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten". ¿Qué es lo que mantiene unido a todo este universo? ¿Qué es lo que lo hace funcionar como un mecanismo de relojería, para que el ser humano pueda enviar personas y cápsulas al espacio, a otro planeta, y determinar exactamente donde se encontrará ese planeta? Uno puede decir que es fantástico, es extraordinario que el hombre pueda hacer eso. Lo que es realmente fantástico es que tengamos un universo que funcione hoy como un mecanismo perfectamente sincronizado. ¿Quién lo está controlando? Pues bien, el Señor Jesucristo es quien lo está haciendo. Él es quien sustenta todas las cosas con su palabra poderosa.

La tercera palabra es providencia, y esa es la palabra que vamos a estudiar en este pequeño libro de Ester. Ahora, providencia es la manera, la forma en la cual Dios está dirigiendo este universo. Él lo está dirigiendo hacia el mañana; Él lo está impulsando hacia el futuro por medio de Su providencia. Ahora, providencia quiere decir proveer: Dios proveerá. Recordemos de Génesis 22:7 y 8, lo que Abraham dijo en el monte Moriah cuando Isaac su hijo le preguntó: "Aquí están el fuego y la leña; pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?" Abraham le contestó: "Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío". Pues bien, Dios proveería un Cordero dos mil años más tarde, en esa misma cresta montañosa que pasaría por Jerusalén. En el monte Gólgota, el Señor Jesucristo fue crucificado. Él fue el Cordero que Dios proveyó. Como dijo Juan el Bautista en el relato de Juan 1:29, Él fue el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Así que podemos comprobar que Dios provee.

Ahora, providencia quiere decir "la mano de Dios está detrás de los eventos humanos". Quiere decir que Dios, cuando no está, por así decirlo, al volante del automóvil, está dando instrucciones desde el asiento trasero. Él es como el entrenador o director de un equipo, que indica lo que se debe hacer desde el banquillo, al costado del campo de juego. Él es el timón invisible de la nave del estado. Dios es como el piloto durante la guardia de la noche. Como alguien ha dicho: "Él hace que las grandes puertas giren sobre pequeños goznes". Dios unió el llanto de un bebé y el corazón de una mujer en el río Nilo, cuando la hija de Faraón se fue a bañar a ese lugar. El Señor le dio un leve pellizco al niño Moisés, y éste comenzó a llorar. Los gritos llegaron hasta el corazón de la princesa. Esta mujer fue a ver lo que ocurría, tomó a la criatura en sus brazos, y éste niño fue usado por Dios para cambiar el destino de su pueblo. Esto fue la providencia. Ésta fue la mano de Dios actuando.

El libro de Ester nos proporcionará las mayores ilustraciones de la providencia de Dios. Es por ello que aunque su nombre nunca se mencione, veremos Su providencia en cada página de este pequeño libro.

Hay cierta incertidumbre en cuanto al autor. Del pasaje de 9:29, podría deducirse que fue Mardoqueo.

El versículo clave, se encuentra en 4:14, que dice lo siguiente: "Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para una ocasión como ésta tu habrás llegado a ser reina?"

A continuación presentaremos un bosquejo que simplemente incluye un título general para cada capítulo, y que nos ofrece una idea general del movimiento narrativo y del dramatismo con que se desarrolla la acción.

1. La mujer que rehusó obedecer a su marido, capítulo 1.

2. El concurso de belleza para elegir a una reina, capítulo 2.

3. Amán y el antisemitismo, capítulo 3.

4. Para una ocasión como ésta, capítulo 4.

5. El cetro de la gracia y la nobleza de Ester, capítulo 5.

6. Cuando el rey no pudo dormir de noche, capítulo 6.

7. El hombre que vino a cenar pero murió en la horca, capítulo 7.

8. El mensaje de esperanza pronunciado por el rey, capítulo 8.

9. La institución de la fiesta de Purim, capítulos 9 y 10.

Nosotros vamos a apreciar algunos detalles significativos. Por ejemplo, cómo un rey, durante una noche que no podía conciliar el sueño, se puso a leer las crónicas de su reino. Fue algo muy bueno que él llegara a hacer eso, porque su conducta cambió el destino de un pueblo. Ésa es la providencia.

En primer lugar tenemos

Ester 1:1

El tema o título asignado a este capítulo es: "La mujer que rehusó obedecer a su marido". Este capítulo de la historia de una nación pagana fue insertado en la Biblia con un propósito definido: enseñar la providencia de Dios. Comprobaremos este tema al ir recorriendo las páginas de este libro. Comienza la historia con la ley de un reino pagano y una dificultad, que en este caso fue un problema matrimonial. Fue un asunto personal el que surgió en este reino, pero tuvo repercusiones internacionales. Así que entraremos en este primer capítulo, en el versículo 1, del libro de Ester que dice:

"Aconteció en los días de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta Etiopía sobre ciento veintisiete provincias"

En primer lugar tenemos que entender que esta palabra Asuero no era en realidad el nombre de aquel hombre, sino que era un título. Significaba "altísimo padre" o "venerable rey". Así como la palabra Cesar era un título y no identificaba a un hombre determinado, así Asuero no identificaba a este rey Persa en la historia secular. En este sentido hay divergencia de opiniones en cuanto a su identidad.

¿A quién se hacía referencia aquí? ¿Quién era este rey? Nosotros adoptamos la posición que este era el rey Jerjes el Grande, de Persia, porque él fue el que realmente llevó a aquel reino a su apogeo. Jerjes fue el hombre que hizo el último y gran esfuerzo del Este para vencer al Oeste, lo cual constituyó una empresa extraordinaria. Un libro publicado por el Museo Británico en 1907 titulado "Las Esculturas e Inscripciones de Darío el Grande en la Roca de Behistún en Persia", estableció que Asuero y Ester fueron los padres del Ciro citado en Isaías 44:28 y 45:1. Jerjes reino sobre un gran imperio que se extendió desde la India hasta Etiopía. Se extendió por la llamada media luna fértil.

Estimado oyente, debemos finalizar por hoy, Pero no sin antes destacar que Dios permitió que usted sintonizara esta emisora y escuchara este programa con el que hemos iniciado este estudio sobre el libro de Ester y de cómo, en Su providencia, Dios controla los acontecimientos de la historia. Le rogamos que recuerde que toda vida controlada por Él, tiene una meta, un propósito bueno, que trasciende esta vida en la tierra y se proyecta, después de esta vida en la eternidad. Ahora, ¿cómo puede uno iniciar esa relación con Dios? Pues, confiando en Jesucristo, que es el único camino para llegar a la presencia de Dios, aceptando por la fe que Jesucristo murió en la cruz por nuestros pecados, por mis pecados y los suyos, confiando en que el Señor Jesucristo puede ser hoy su Salvador. Si usted permite que Él guíe su vida, por la luz de Su Palabra, y por Su Espíritu, su vida se irá convirtiendo en una vida de calidad. Dijo el rey David en su Salmo 16:11, "Me mostrarás el camino de la vida. Hay gran alegría en tu presencia; hay dicha eterna junto a ti". Estimado oyente, la Palabra de Dios le invita a seguir ese camino y nosotros le deseamos esa sublime experiencia.

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