Estudio bíblico de Mateo 12:3-13:2

Mateo 12:3-50

Nuestro programa anterior finalizaba con la escena en que los Fariseos, observando que los discípulos de Jesús arrancaban espigas y comían los granos en el día sábado, le reprocharon a Jesús esa conducta. Leamos la repuesta de Jesús en los versículos 3 al 8:

"Pero El les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, que no les era lícito comer, ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes? ¿O no habéis leído en la ley, que en los días de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo y están sin culpa? Pues os digo que algo mayor que el templo está aquí. Pero si hubierais sabido lo que esto significa: "Misericordia quiero y no sacrificio", no hubierais condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo."

El ejemplo del rey David está registrado en el libro primero de Samuel 21:1-6, y sucedió en los días en que David fue rechazado, cuando aun reinaba Saúl. De hecho, el Señor Jesús estaba siendo rechazado como Rey, pues su derecho mesiánico no había sido reconocido. El Señor cuidó de los suyos, sin tener en cuenta la observancia del sábado, así como David había cuidado a sus hombres, aunque ello implicó quebrantar la ley de Moisés. Jesús les dijo que los sacerdotes trabajaban en el día de reposo y se les consideraba sin culpa. Y también reclamó superioridad sobre el centro más santo de la vida religiosa, que era el templo. Para los Fariseos, Jesús no solo había quebrantado el sábado sino que había blasfemado. La cita del profeta Oseas 6:6, que decía "Misericordia quiero y no sacrificio" fue utilizada por el Señor para defender a sus discípulos, alegando que no habían quebrantado el sábado. Porque Jesús, como Señor del día del reposo, controlaba lo que se podía hacer en tal día. Al adoptar esta actitud, tocó la práctica religiosa más sagrada que los Fariseos tenían. Para ellos, Jesús no podía haber presentado una reclamación mayor. De ahí nació su rencor y su odio.

Dejemos ahora los campos donde tuvo lugar aquel encuentro, para ir a la sinagoga Pero quedaba sin resolver la cuestión del sábado. Leamos los versículos 9 al 11:

"Pasando de allí, entró en la sinagoga de ellos. Y he aquí, había allí un hombre que tenía una mano seca. Y para poder acusarle, le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? Y El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta se le cae en un hoyo en día de reposo, no le echa mano y la saca?"

El texto recalca que era la sinagoga de ellos. En otra ocasión Jesús, y con respecto al templo, que en un principio había sido el templo de Dios, tuvo que decirles: "vuestra casa os es dejada desolada". Y aquel hombre con la mano seca, ¿habría sido colocado allí para que Jesús se viese obligado a sanarle? En ese caso, hay que destacar dos admisiones importantes de sus enemigos:

(1) Admitieron que El tenía poder para sanar a los enfermos. Como ya hemos visto, sus enemigos nunca cuestionaron su capacidad para realizar milagros, porque éstos eran demasiado evidentes. Por eso situaron a aquel enfermo en la sinagoga.

(2) Reconocieron que cuando una persona desvalida se cruzaba en el camino de Jesús, su compasión le impulsaba a sanarla, incluso en el día sábado.

Su pregunta sobre la legalidad de sanar en el sábado fue ideada para hacerle caer en una trampa. Sin embargo, fue Jesús quien les hizo caer en el lazo a sus enemigos, porque ellos admitieron que una oveja accidentada debía ser rescatada en el sábado. En realidad, la ley de Moisés lo permitía. Leamos el versículo 12.

"Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en el día de reposo."

Este era el punto esencial de todo el problema. ¿Debería El hacer el bien en un sábado? Dice el versículo 13 que sin tener en cuenta su respuesta,

"Entonces dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada, sana como la otra."

Pasemos ahora al versículo 14, que inicia el párrafo que relata cómo

Los fariseos tramaron la muerte de Jesús

"Pero cuando los fariseos salieron, se confabularon contra El, para ver cómo podrían destruirle."

Este punto señala la ruptura entre los líderes religiosos y Jesús, porque tomaron la decisión de destruirle. Hasta este momento, los Fariseos habían mantenido una actitud amistosa, tratando de beneficiarse de su popularidad. Pero como Jesús lo evitó, se convirtieron en sus enemigos. La ruptura se produjo por la cuestión del sábado y el conflicto se hizo público. De ahí en adelante aquellos sabuesos le siguieron la pista y no dejaron de acosarle hasta que, al fin, podrían cruzarse de brazos al pie de su cruz. Así que, partir de aquel día, comenzaron a tramar su muerte y, sin duda, le habrían atrapado en esta ocasión si no hubieran tenido temor a la multitud. Dice el versículo 15.

"Mas Jesús, sabiéndolo, se retiró de allí. Y muchos le siguieron, y los sanó a todos."

La actitud de los Fariseos hizo que Jesús se retirase temporalmente porque la hora de su entrega aun no había llegado. Ellos no podrían tocarle hasta que llegase el momento divinamente determinado. Es interesante el detalle de que no solo sanó a algunos enfermos de la multitud, sino que les sanó a todos. No podemos ni siquiera imaginarnos la impresión que aquellos milagros causaron. Debieron resultar tan asombrosos, que a las personas solo les quedaron las opciones de aceptarle, o rechazarle.

Jesús es aun un personaje polémico. El enemigo todavía le persigue. En la actualidad se le denigra en ciertas obras, en el cine y en la literatura. También hoy, solo se puede ser su amigo, o su enemigo. El será tu Salvador, o tu Juez. No puedes librarte de esas dos opciones. Dice el versículo 16:

Y les advirtió que no revelaran quién era El.

El Señor no había venido a esta tierra para ser un taumaturgo, un simple hacedor de milagros y prodigios. Vino como Mesías y fue rechazado. Y continuó su rumbo en dirección a la cruz para ser el Salvador del mundo. Pero sus milagros hicieron que las multitudes le oprimiesen de tal manera, que no podía llevar a cabo su servicio y ministerio como El quería.

Los versículos 17 al 20 explican por qué no debían revelar quién era El:

"Para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías, cuando dijo: Mirad, mi Siervo, a quien he escogido; mi amado en quien se agrada mi alma; sobre El pondré mi Espíritu, y a las naciones proclamara justicia. No contenderá, ni gritara, ni habrá quien en las calles oiga su voz. No quebrara la caña cascada, ni apagara la mecha que humea, hasta que lleve a la victoria la justicia. Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza."

Esta cita concuerda con su obra como Mesías, que no debía contender ni gritar en las calles, comprometiéndose en conflictos abiertos. Su compasión se vería en que no quebraría la caña cascada, sino que vendaría la herida del que se lo permitiese. Tampoco apagaría el pabilo que humease, porque el ser humano tiene una voluntad libre. Pero si éste continuase rechazándole, el pabilo sufriría el fuego del juicio. Finalmente, se añade la profecía referente a los Gentiles, es decir a todas las naciones, para las que hay salvación, lo cual también se está cumpliendo en nuestro tiempo. El rechazo de su pueblo fue seguido por Su oferta de gracia para los Gentiles. Cuando estudiemos el libro de Los Hechos, veremos que el apóstol Pablo fue enviado como misionero a los Gentiles.

Leamos los versículos 22 y 23, incluidos en el párrafo titulado

El pecado imperdonable

"Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía. Y todas las multitudes estaban asombradas, y decían: ¿Acaso no es éste el Hijo de David?"

Los continuos milagros de Jesús sanando y expulsando demonios convencían a la gente de que El era el Hijo de David, el Mesías. Y este era un caso difícil. Pero, ¿qué pensaban los Fariseos? Leamos el versículo 24:

"Pero cuando los fariseos lo oyeron, dijeron: Este no expulsa los demonios sino por Beelzebú, el príncipe de los demonios."

Este es el asunto del pecado imperdonable. Leamos los versículos 25 al 27:

"Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie. Y si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo puede entonces mantenerse en pie su reino? Y si yo expulso los demonios por Beelzebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces."

Ellos nunca dirían que los exorcistas judíos echaban demonios por el poder del príncipe de los demonios. Continúa el versículo 28 diciendo:

"Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros."

Sí. El reino se había acercado en la presencia del Mesías y el poder para expulsar a los demonios era su credencial. Leamos los versículos 29 al 32:

"¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero."

No hay un solo pecado cometido en el pasado que Cristo no pueda perdonar hoy, porque El murió por todos los pecados. El Espíritu Santo vino al mundo para hacer real la salvación en Cristo en los corazones de los seres humanos. Si tú resistes la obra del Espíritu de Dios cuando te está hablando, por supuesto, no habrá perdón. Porque habrás rechazado la salvación que el Espíritu puede hacer efectiva en tu vida, es decir, la regeneración.

En el pasaje paralelo del Evangelio según Marcos 3, se amplía el Tema del pecado imperdonable, diciendo que consiste en atribuir la obra del Espíritu Santo a Satanás; es decir, que Cristo había realizado estos milagros por el poder de Satanás, cuando la verdad era que los hacía por el poder del Espíritu de Dios. Es que ellos estaban rechazando el testimonio de Cristo mismo y del Espíritu Santo.

En nuestra época este pecado concreto no podría cometerse porque requeriría que Jesús estuviese aquí en la tierra, realizando aquellos milagros con el poder del Espíritu. No hay pecado que tú cometas, que no pueda ser perdonado. Como he dicho antes, si resistes al Espíritu Santo, no habrá perdón, porque El te está trayendo el perdón. Es como si una persona se estuviese muriendo de cierta enfermedad, y se negase a tomar la medicina que el médico ha dispuesto para ella. Esa actitud, y no su enfermedad, le causaría la muerte. Solo hay un remedio para la enfermedad del pecado, y el Espíritu Santo lo aplica; si te resistes o te niegas, ya no habrá remedio. Esta es la única manera en que un pecado pueda ser hoy imperdonable. Leamos desde el versículo 34 al 37

"¡Camada de víboras! ¿Cómo podéis hablar cosas buenas siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo de su mal tesoro saca cosas malas. Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado."

Es de la fuente de corazón, que surge lo bueno y lo malo. La denuncia mordaz de Jesús a los líderes religiosos revela que ya les había rechazado. La justificación y condenación aquí mencionadas, se deben a haber expresado lo que había en el corazón.

Continuemos leyendo los versículos 38 al 41, del párrafo titulado:

Los escribas y fariseos pidieron una señal

"Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, queremos ver una señal de parte tuya. Pero respondiendo El, les dijo: Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta; porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra. Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación en el juicio y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás; y mirad, algo más grande que Jonás está aquí."

Ellos no tenían intención de creer por una señal; solo estaban tratando de hacerle caer en una trampa. Observemos la respuesta de Jesús. El primer incidente del Antiguo Testamento era la historia del profeta Jonás, quien en un sentido había resucitado de los muertos cuando estaba en el gran pez. Dios le liberó de la oscuridad de la muerte trayéndolo a la luz de la vida. Fue una experiencia ilustrativa de lo que sería el entierro y resurrección de Cristo. Y los habitantes de Nínive creyeron a la predicación de Jonás y se arrepintieron. La actitud de Israel fue muchísimo peor por no haber recibido al Mesías ni arrepentirse. El segundo episodio concernía a Salomón. Leamos el versículo 42;

"La Reina del Sur se levantará con esta generación en el juicio y la condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y mirad, algo más grande que Salomón está aquí."

Jesús era mayor que Jonás y que Salomón. Aquella reina oyó del rey Salomón y viajando una enorme distancia vino a escucharle. El Señor descendió del cielo, su pueblo no vino a Él. Leamos los versículos 43-45; se nos habla de

Una reforma sin valor

"Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Va entonces, y toma consigo otros siete espíritus más depravados que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero. Así será también con esta generación perversa."

Esta es otra parábola. Alguien tiene un espíritu inmundo que le deja. La persona piensa que ya quedó limpia. Tú puedes intentar el dejar de hacer ciertas cosas pecaminosas, pero ello no te convertirá en un cristiano. Muchas recurren a una reforma personal, dejando su vida desocupada, vacía y arreglada. Pero son como la casa vacía de la parábola a la cual regresan los espíritus del mal; esa casa sigue perteneciendo al mal. La reforma trae muerte y destrucción, pero la regeneración, vida y libertad.

Leamos los versículos 46 al 50,

"Mientras El aún estaba hablando a la multitud, he aquí, su madre y sus hermanos estaban afuera, deseando hablar con Él. Y alguien le dijo: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera deseando hablar contigo. Pero respondiendo El al que se lo decía, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre."

Esta sorprendente y última sección del capítulo nos enseña que hay una relación mayor que la que existe entre una madre y un hijo y entre hermanos carnales. Es la relación establecida con Dios a través de Jesucristo, por la fe en El. El señor estaba diciendo que la relación más fuerte, es la que une a Cristo con un creyente. Se trata de una nueva relación. ¿Y cuál es la voluntad del Padre? Que escuches al Señor Jesucristo, que le aceptes y que confíes en El.

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