Estudio bíblico de 1 Tesalonicenses 3:13-4:8

1 Tesalonicenses 3:13-4:8

En el día de hoy, amigo oyente, regresamos a nuestro estudio de esta Primera epístola del Apóstol Pablo a los Tesalonicenses, concretamente, al capítulo 2. El tema de este capítulo 3 enfatiza que "la venida de Cristo es una esperanza purificadora". Esto cambiará su vida, y afectará a su estilo de vida, si usted se aferra a la esperanza del arrebatamiento de la Iglesia; es decir, de la venida inminente de Cristo por los Suyos. Si no tiene ninguna influencia en su vida, amigo oyente, entonces usted en realidad no cree en esa esperanza. Para usted es simplemente una especie de teoría o filosofía.

Al final del programa anterior leímos el versículo 13: leámoslo nuevamente:

"A fin de que él afirme vuestros corazones, que os haga irreprochables en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos."

Al considerar este versículo naturalmente surge la pregunta: ¿cuándo va El a presentarnos irreprochables en santidad delante de Dios? ¿Será cuando recoja a Su Iglesia del mundo? O, ¿será en el momento en que llegue a la tierra para establecer Su Reino? La respuesta depende de nuestra comprensión de esta frase: en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

Hay diferentes palabras griegas para "venida" y "aparición". La primera de estas palabras es "epiphaneia": de ella obtuvimos nuestra palabra "epifanía" (que significa manifestación, aparición). La primera venida de Cristo fue una epifania. Tiene la palabra la idea de "brillar a través de". Veamos el pasaje de la carta de Pablo a Tito 2:11: 11La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad. El Señor Jesús vino en persona como un niño en Belén hace más de 2.000 años. El fue una irrupción, una luz que brilló. Esta palabra puede ser usada para Su primera venida o de Su venida para recoger a la Iglesia del mundo, o de Su venida para establecer Su Reino. Las tres ocasiones tienen la idea de una irrupción, de una manifestación de un resplandor, y de la presencia real, de la manifestación visible del Señor Jesús.

Una segunda palabra griega es "Apocalipsis", que significa "revelación" o un "descubrimiento". Este es verdaderamente el nombre del Libro del Apocalipsis, o de la Revelación. Uno difícilmente podría ver a Su primera venida como una revelación o un descubrimiento, porque Su gloria realmente fue velada, encubierta en un cuerpo humano cuando El nació en Belén. Fue como la gloria Shekinah en la tienda de reunión del Antiguo Testamento, que se encontraba en el Lugar Santísimo, donde solo se le permitía entrar al sumo sacerdote. Había un velo o cortina que separaba el Lugar Santísimo del resto del Tabernáculo o tienda. Cuando el Señor Jesucristo estuvo en la tierra por primera vez, Su gloria no se transparentó, sino que permaneció velada en aquel cuerpo humano. Cuando El venga otra vez, Su gloria brillará públicamente. Así que esta palabra "apokalupsis" se refiere a su Segunda venida.

La tercera palabra griega es "parousia". Literalmente significa "presencia" o "estar al lado de". Se traduce comúnmente "venida", pero realmente significa "presencia". Hoy usamos la palabra "venida" de la misma forma. A veces en la Biblia se ha traducido como "presencia" como, por ejemplo en Filipenses 2:12, donde Pablo dijo: siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, En esta primera carta a los Tesalonicenses 2:19, así como en este capítulo 3:13 que estamos considerando, "parousia" es traducida "venida".

Por lo tanto, la frase en la venida de nuestro Señor Jesucristo se refiere al hecho de que los creyentes van a estar presentes con el Señor Jesús en el mismo momento en que sean arrebatados para recibir al Señor en el aire. El nos llevará al hogar que está en la gloria celestial, al lugar que ha preparado para nosotros. Así que esta "venida" no se refiere al regreso del Señor con Sus santos para establecer Su reino, sino a nuestra ida al Cielo ante la presencia de Dios el Padre. Tenemos la misma idea en 1 Tesalonicenses 2:19, que dice: 19pues ¿cuál es nuestra esperanza, gozo o corona de gloria? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Nosotros llegaremos a la presencia del Señor Jesús y, como dice nuestro último versículo de hoy, en el 2:13, seremos presentados irreprochables en santidad delante de Dios nuestro Padre.

Llegamos entonces al

1 Tesalonicenses 4

El tema se resume en las siguientes afirmaciones; La venida de Cristo es una esperanza purificadora; la venida de Cristo es una esperanza consoladora.

Vamos a leer el versículo 1, que comienza a explicarnos

Cómo deberían vivir los creyentes

"Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que, de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más."

Esta sección nos enseña como los creyentes tendrían que vivir aquí en la tierra, a la luz de la venida de Cristo. Ese "Como" se encuentra concentrado en esta pequeña palabra "caminar", que encontramos en este versículo, y nuevamente en el versículo12. Este es el aspecto práctico de la esperanza de la venida del Señor. Nos gusta esperar con ansia el día en que seamos arrebatados para encontrarnos con el Señor en el aire. Pero, estimado oyente, mientras tanto, nuestros pies se encuentran aquí en la tierra y necesitamos vivir aquí por un tiempo. Y tenemos que vivir de una manera que agrade a Dios.

Aquí en este primer versículo dice de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Deberíamos continuar progresando. Tendríamos que crecer en la gracia y en el conocimiento de Él. El caminar, la vida del creyente es muy importante. Esto se enfatiza en muchas partes de la Biblia y es el énfasis en este pasaje. Un creyente no puede actuar como a él le agrade, sino como a Cristo le agrade. Continuemos leyendo el versículo:

"Ya sabéis las instrucciones que os dimos por el Señor Jesús."

Con respecto a la vida de ellos, encontramos que Pablo les dio algunos mandamientos a los Tesalonicenses. Recordemos que el Señor Jesús también dio mandamientos. Algunos de éstos fueron nuevos mandamientos.

Tenemos que destacar una aclaración importante. Los Diez Mandamientos no tienen parte en la salvación del pecador, no son la norma para la conducta cristiana. El propósito de los Diez Mandamientos es tomarnos de la mano, como un pedagogo tomaba al niño por la mano, para conducirnos a la cruz y decirnos: "necesitas un Salvador". Los Diez Mandamientos son como un espejo que nos permite ver que somos pecadores. Los Diez Mandamientos no fueron dados para salvarnos; fueron dados para mostrarnos que somos pecadores y que necesitamos un Salvador. Ese es su propósito.

Sin embargo, hay mandamientos para los cristianos, y la norma para la conducta cristiana que ellos establecen, está un nivel mucho más alto que los Diez Mandamientos. En el capítulo 5 de esta carta encontraremos que se enumeran 22 mandamientos para creyentes.

Ahora, naturalmente, surge una pregunta. Si in individuo no puede cumplir u obedecer los Diez Mandamientos, ¿cómo puede entonces obedecer mandamientos de un nivel más elevado? La Biblia dejó bien en claro que el ser humano no era capaz de obedecer los Diez Mandamientos. La nación de Israel infringió estos mandamientos, como el apóstol Pedro mismo confesó, y en Los Hechos 15:7, 10 y 11 podemos leer lo siguiente: Después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Hermanos, vosotros sabéis como ya hace algún tiempo Dios escogió que los no judíos oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyeran, 10Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.

Ahora, si no podemos obedecer los Diez Mandamientos, ¿cómo vamos a obedecer mandamientos más elevados de conducta cristiana? EL hombre, no puede hacerlo por sí mismo. Esto solo puede ser logrado por medio del poder del Espíritu Santo que habita en el creyente (como vemos en el v. 8).

El versículo 2 de este cuarto capítulo de 1 Tesalonicenses dice ya sabéis las instrucciones que os dimos por el Señor Jesús. Pablo tenía algunos mandamientos para los cristianos. Nosotros, como creyentes, no somos rebeldes ante la ley, no estamos sin ley. Deberíamos ser disciplinados, y permanecer obedientes a Cristo. Y ésta debería ser una relación de amor, es decir, que tendríamos que estar motivados por el amor. El Señor Jesús dijo en Juan 14:15, Si me amáis, guardad mis mandamientos. Continuemos entonces leyendo el versículo 3 de este cuarto capítulo de 1 Tesalonicenses,

"La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de la inmoralidad sexual"

Esta palabra "santificación" que encontramos aquí es una hermosa palabra; pero tememos que haya sido muy malentendida. Creemos que, si usted lee las Escrituras, allí podrá encontrar que la santificación tiene diferentes significados. Cuando se usa en referencia a Cristo, como es el caso aquí, significa que Dios ha hecho que Cristo sea nuestra santificación, y uno no puede mejorar ese hecho. Por lo tanto, no se refiere a un estado sin pecado, sino más bien que hemos sido separados para Dios. Por ejemplo, Simón Pedro, en su segunda carta 1:21, nos habla del hecho de que "los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo". Ahora, algunos de esos hombres llamados santos vivieron vidas que no fueron precisamente un ejemplo de santidad. Por ejemplo, tenemos a Moisés, que en un determinado momento cometió un asesinato. Y David, que escribió tantos Salmos hermosos, también le quitó la vida a alguien. Pero ellos fueron santificados, fueron considerados santos, porque habían sido separados por Dios.

La santificación del creyente es la obra o acción del Espíritu Santo. Necesitamos repasar el triple aspecto de esa obra, porque es muy importante.

La santificación posicional significa que Cristo ha sido hecho por Dios nuestra santificación. Hemos sido aceptados en el Amado, y nunca seremos más salvos que en el momento en que depositamos nuestra confianza en Cristo. No hemos sido aceptados por ser quienes somos, sino por lo que Cristo ha hecho. Esta santificación posicional es la perfección en Cristo.

La santificación práctica es el Espíritu Santo trabajando en nuestras vidas para producir una santidad en nuestro caminar diario- Esta santificación práctica nunca será perfecta mientras estemos en estos cuerpos, con nuestra vieja naturaleza pecaminosa controlada por las pasiones.

La santificación total tendrá lugar en el futuro cuando nos ajustemos o adaptemos a la imagen de Cristo Jesús. Entonces, la posición y la práctica de la santificación serán perfectas.

El significado literal de la palabra santificación es ser "separado para Dios". En el momento en que un pecador perdido viene a Cristo y le acepta como Salvador, la persona queda separada para el uso de Dios. Esto fue enseñado claramente en el Antiguo Testamento, en el tabernáculo o tienda de reunión. Dios enseñó en el Antiguo Testamento a los creyentes grandes verdades doctrinales. En el Tabernáculo había vasijas y utensilios que eran usados en los sacrificios. Después de haber pasado por cuarenta años de travesía por el desierto, aquellos potes, ollas, tenedores y cucharas estaban bastante golpeados y desgastados por el uso. No creemos que tuvieran un aspecto muy atractivo. Cualquier ama de casa hubiera querido cambiarlos por un juego nuevo. Sin embargo, Dios los llamó "vasos santos". Ellos eran santos porque habían sido apartados especialmente para el uso de Dios. Esto fue lo que los hizo santos.

De la misma manera esta condición se aplica a una persona. Cuando ella viene a Cristo, es salva. Es redimida; pertenece a Cristo. Pablo dijo en 2 Tesalonicenses 4:3 La voluntad de Dios es vuestra santificación. Usted ha sido separado, apartado para un propósito santo, para el uso de Dios. Cada hijo de Dios, y no simplemente los predicadores, maestros, misioneros o laicos cristianos, es decir cada creyente está separado para el uso de Dios.

El versículo 3 continúa diciendo que os apartéis de la inmoralidad sexual. Creemos que no eran solo los Tesalonicenses los que necesitaban esta advertencia de Pablo. No pensemos que eran los únicos que se implicaban en estos pecados, especialmente en el área sexual. Y no creamos que fue solo en los tiempos de los romanos que la idolatría involucraba los pecados del sexo. En la actualidad hemos visto el surgimiento de la adoración a Satanás y la práctica del ocultismo. Hay toda clase de amuletos y rituales relacionados con tal adoración. También está la astrología, que procura que las personas se conozcan a sí mismas. Y en algunas de estas prácticas suele intervenir el placer sexual.

Y la advertencia de Pablo es válida para cualquier época. Porque una persona no puede vivir controlada por el pecado y al mismo tiempo, ser usada por Dios en cualquiera de los aspectos del ministerio cristiano. Además del daño personal, tal persona perjudicaría a la obra que esté realizando.

Ahora, ¿debería un cristiano esforzarse por la santidad? Creemos que sí. Pero usted y yo tenemos que reconocer que es sólo en Cristo que nosotros podemos ser aceptables ante Dios. Pablo dijo que hemos sido santificados, traídos a ese elevado nivel y estado, separados para el uso de Dios. En consecuencia, escuchemos lo que dijo el apóstol en los versículos 4 y 5 de 1 Tesalonicenses 4.

"que cada uno de vosotros sepa tener su propio vaso en santidad y honor, no en pasión desordenada, como los no judíos que no conocen a Dios"

Alrededor de estos Tesalonicenses cristianos se encontraban los paganos que combinaban el sexo con la religión. El sexo era una religión entre los Griegos. Uno podía ir a Corinto y comprobarlo, pero en realidad, no era necesario ir a Corinto, pues uno podía encontrarlo precisamente en Tesalónica.

Pablo dijo que teníamos que vivir una vida que honrara al evangelio. El ver una vida disoluta, licenciosa, en cristianos, traería desprestigio al evangelio. Si ese caso se diera en la realidad, tales personas no estaría viviendo para Dios o sirviendo a Dios. Uno no puede servir a Dios y vivir en el pecado. El no acepta esa situación.

Hoy hay mucha gente que parece saber todo lo que hay que saber sobre el sexo, pero saben muy poco o nada sobre el amor. Dios dijo que el cuerpo debía ser preservado para la relación matrimonial, y esto se aplica a hombres y mujeres. Hay diversas razones para la actual infelicidad en el matrimonio y el fracaso de la vida matrimonial. El problema radica en que los componentes de la pareja no son personas que han sido separadas para el uso de Dios, ni son fieles entre sí en una relación de amor. Cuando una persona reserva su cuerpo para el matrimonio y es fiel a su compañera o compañero, entonces, con la ayuda del Espíritu Santo, está manteniendo su vaso, su cuerpo en santificación y honor, es decir, de una manera santa y honrosa. Esta debería ser la práctica de todo hijo de Dios. Y así Pablo tuvo que poner estos asuntos en orden. Continuemos leyendo ahora el versículo 6, que dice:

"que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano, porque, como ya os hemos dicho y testificado, el Señor es vengador de todo esto."

Aquí se advierte que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche de él. Si usted es un hijo de Dios, debe actuar con honestidad. Dice aquí el Señor es vengador en todo esto. Los que hemos vivido por mucho tiempo como creyentes y trabajado entre ellos, hemos visto una y otra vez que este principio ha funcionado en la vida de muchas personas. Porque algunos han sido deshonestos y el Señor actúa y juzga. Luego, en el versículo 7, dijo el Apóstol Pablo:

"Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación."

Un hijo de Dios no puede continuar en el pecado. Recordemos de la parábola del hijo pródigo, que él pudo estar en la pocilga con los cerdos una vez, pero no podía vivir allí y tuvo que salir. Y, finalmente por hoy, leamos el versículo 8 de 1 Tesalonicenses 4:

"Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo."

Un hijo de Dios es habitado por el Espíritu Santo. No puede continuar viviendo en el pecado porque el Espíritu Santo, como su nombre lo indica, es Santo. A un hijo de Dios que comenzó a ser atraído por el pecado le llegará el momento en que ansiará tener santidad en su propia vida.

El Espíritu Santo es el único medio por el cual podemos vivir para Dios. En la carta de Pablo a los Gálatas vimos que el hijo de Dios no puede permitirse complacer las tendencias pecaminosas de su naturaleza carnal. En cambio, debería haber una manifestación del fruto del Espíritu en la vida de ese hijo de Dios. En Romanos 8:3 al apóstol Pablo lo dejó bien en claro diciendo: Lo que era imposible para la ley. . . ¿Por qué? ¿Está la ley equivocada? No, la ley no está equivocada. Los Diez Mandamientos no están equivocados. El problema radica en el ser humano, no en la ley. El hombre no puede alcanzar el nivel de los Diez Mandamientos, ni tampoco puede poner en práctica en su vida los mandamientos del Nuevo Testamento. Es el Espíritu Santo dentro del creyente, quien le ha sido dado para hacer posible que pueda vivir una vida para Dios.

Dios ha dado Su Espíritu Santo a cada creyente. El no es alguien que debe ser buscado cuando una persona es salvada. En el instante en que un pecador confía en Cristo, esa persona es habitada por el Espíritu Santo. En Los Hechos 19 encontramos que cuando Pablo llegó a Éfeso, conoció a personas que profesaban ser cristianas; pero él vio que no estaban habitadas por el Espíritu de Dios. Les preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando habían creído. Le dijeron que ni siquiera habían oído hablar de tales temas, solo sabían acerca del bautismo de Juan. Así que Pablo les predicó el evangelio y entonces fueron salvas. Recibimos el Espíritu Santo sólo cuando se nos convertimos y venimos a Cristo. En ese momento el creyente recibe y es bautizado con el Espíritu Santo, siendo colocado en el cuerpo de los creyentes para funcionar en él. Después de ese momento, una persona puede vivir muchas experiencias de llenura, de provisión abundante del Espíritu Santo, y creemos que todos necesitamos esa provisión abundante del Espíritu, ese control que hace posible que vivamos vidas santas, agradables ante Dios, y de buena influencia espiritual para los que nos rodean.

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