Estudio bíblico de Hebreos 11:8-19

Hebreos 11:8-19

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la epístola a los Hebreos y regresamos a nuestro estudio del capítulo 11 de esta epístola, que contiene la lista de personajes Bíblicos que se destacaron por su fe en Dios. Vimos que Abel representaba el camino de la fe. Él en realidad fue el primer mártir, y el primer testigo de la fe en el Dios viviente que miró hacia la venida de Cristo, y murió por esa fe. Luego, tuvimos a Enoc, que representaba el caminar, el vivir con Dios por fe. Él vivió en días malos. Eran los días de Noé, cuando cada pensamiento y cada imaginación del corazón del hombre eran malos. Pensamos que Enoc vivió como los demás hasta que tuvo 65 años de edad, y entonces nació Matusalén; y de allí en adelante, él caminó con Dios. Después vimos en Noé al testigo de la fe, quién se mantuvo firme en un día de maldad.

En nuestro recorrido por la lista de héroes de la fe de este capítulo 11, vamos a destacar ahora:

La fe de Abraham y Sara

Llegamos así a Abraham, bien conocido como un hombre de fe. De esa forma quedó identificado en la Palabra de Dios. Abraham fue la suprema ilustración de la fe en la epístola a los Romanos y también en la epístola a los Gálatas. Los escritores de los Evangelios se refirieron a él, e incluso el Señor Jesucristo dijo, en Juan capítulo 8, versículo 56: "56Abraham, vuestro padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó". En Abraham, identificaremos la adoración de la fe. Leamos entonces el versículo 8 de este capítulo 11 de Hebreos:

"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba."

Ya hemos visto anteriormente en esta misma epístola que la adoración de Dios lleva a la obediencia de Dios, impulsa a trabajar para Dios. Le lleva a uno a hacer las cosas que Dios quiere que haga. Y no es necesario que el pastor de una iglesia se pase el tiempo presionando a la gente una y otra para que estén ocupados en las cosas de Dios. Esa no es la motivación principal. Pero si las personas pudieran adorar verdaderamente a Dios y asimilar algo de la gloria de la persona de Cristo, entonces creemos que podremos contar con ellos para que trabajen en la obra de Dios y para que le obedezcan. Creemos que la Palabra más importante en este versículo y en toda esta sección la encontramos en el versículo 8, y es: "obedeció". Es que la adoración, estimado oyente, lleva a la obediencia.

En Génesis 12, donde comenzó la historia de Abraham, leemos que él salió de Ur de los Caldeos, y que fue a Harán. Se demoró en Harán y allí perdió mucho tiempo, pero finalmente llegó a la tierra de Canaán; y cuando él llegó a la tierra de Canaán, Dios se le apareció. En el versículo 7 del capítulo 12 de Génesis, leemos: "Y se apareció el Señor a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar al Señor, quien se le había aparecido". A donde quiera que este hombre se dirigiera, siempre edificaba un altar. Cuando llegó a la tierra de Siquem, edificó un altar. Cuando fue a las llanuras de Moriáh, allí edificó un altar al Señor. Así que a dónde quiera que Abraham llegara, él construyó un altar para Dios. Cuando uno visita esa tierra hoy, se sorprende por la cantidad de edificios que construyó Herodes. Él no sólo edificó el templo, que en realidad nunca llegó a completarse en Jerusalén, sino que también construyó palacios, fortalezas y ciudades por toda la tierra. Pero, por su parte, no hubo en realidad adoración a Dios. Pero en el caso de Abraham, todo lo que él hizo fue edificar altares para adorar a Dios, y esto le impulsó a obedecer a Dios. Abraham adoró a Dios por la fe; y después obedeció a Dios por la fe. Volviendo al capítulo 11 de Hebreos, leamos ahora los versículos 9 al 11:

"Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, habitando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido."

Cuando Dios le dijo a Sara a la edad de 90 años que ella iba a tener un hijo, ella se rió, porque debió sentir que era una posibilidad ridícula, que parecía completamente absurda. Y ella no podía asimilar esa noticia, pero Dios le dio a ella la fuerza y el poder que necesitaba para creer en Él. Muchos de nosotros necesitamos esa fuerza. Recordemos a ese hombre que llevó a un joven que estaba poseído por los demonios ante el Señor Jesucristo. El Señor Jesús le dijo que Él podía ayudarlo si creía. Y el dijo: "Creo; ayuda mi incredulidad". Es decir, que el hombre reconoció que tenía una fe débil, pero el Señor Jesucristo tiene que haberle fortalecido su fe, porque sanó a ese joven (como podemos ver en Marcos 9:17-27). Volviendo a nuestra historia, Sara tuvo un hijo pequeño llamado Isaac. ¿Por qué? Porque, como dice el texto, "dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido". En este relato, Sara representa al poder o fuerza de la fe. Continuemos leyendo el versículo 12 de este capítulo 11 de Hebreos:

"Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, como la arena innumerable que está a la orilla del mar."

Y esto fue lo que sucedió, y todo ello se hizo realidad por la fe. Pero observemos que Abraham y Sara nunca vieron el cumplimiento de la promesa que Dios les había hecho. Dice el versículo 13:

"En la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra."

El caminar o vivir por fe hará que reconozcamos que, como hijos de Dios, somos sólo peregrinos y extranjeros aquí en esta tierra. Y dice el versículo 14:

"Los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria"

La fe mira hacia adelante, hacia el futuro. Y el hijo de Dios hoy, está mirando hacia el futuro.

Quizá nosotros tenemos un lugar que nos gusta mucho para vivir. Quizá sea la casa en la cual vivimos, nuestra propiedad. Algunos hemos tenido oportunidad de vivir en la misma casa por muchos años. La zona en la cual vivimos tal vez nos agrada tanto que la queremos para nosotros mismos. Algunos viven en grandes ciudades, otros en pueblos tranquilos, rodeados de las bellezas de la naturaleza, ya sea en las llanuras, en las montañas o frente al mar. Y le damos las gracias a Dios por haber provisto esto, porque si no fuera por Él, no lo podríamos tener. Pero también debemos pedirle a Él, estimado oyente, que nos ayude a no querer tanto a este lugar terrenal que lleguemos al punto de preferirlo a un lugar mejor que Él tenga preparado para nosotros. Así es que, somos extranjeros y peregrinos sobre la tierra, porque estamos caminando por la fe, esperando llegar a un lugar mejor. Como dice el versículo 14, "los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria". Y los versículos 15 y 16 dicen:

"Pues si hubieran estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad."

Podemos decir que cualquiera puede regresar y volver a lo que fue su mundo, si está satisfecho con las cosas de ese mundo. Sin embargo, un hijo de Dios, por la fe, continúa avanzando hacia delante. Y en el versículo 17 de Hebreos 11 leemos:

"Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac: el que había recibido las promesas, ofrecía su hijo único"

En este momento llegamos al final de la vida de Abraham, y al supremo sacrificio que él hizo al ofrecer a Isaac, el joven que Dios le había dado. Y el versículo 18, dice:

"Habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia"

Abraham tuvo otros hijos, pero este hijo fue llamado el hijo único. Isaac fue llamado "hijo único" porque Dios dio la promesa acerca de él. Y en el versículo 19, leemos:

"Porque pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también lo volvió a recibir."

Dios no le pidió a Abraham que ofreciera a Isaac hasta que él hubo llegado al final de su vida. El motivo fue que, de otra manera, Abraham no habría tenido la fe de ofrecer a su hijo. Como dijo San Pablo en su primera carta a los Corintios capítulo 10, versículo 13, Dios nunca nos probará más allá de lo que podamos resistir. Dios no probó a Abraham más allá de lo que él podía soportar. Por lo tanto, Dios nunca le pidió a Abraham que entregara a Ismael, es decir que lo sacrificara sobre un altar. ¿Por qué? Porque en primer lugar, él no era el hijo prometido. Y en segundo lugar, podemos estar seguros de que Abraham no lo habría hecho. Porque Abraham incluso le rogó a Dios que no enviara a Ismael lejos de él, que le permitiera conservar al joven convirtiéndolo en el hijo de la promesa. Es que en aquella etapa de su vida, Abraham no estaba preparado para hacer tal cosa. Y seguramente al principio de la vida de Isaac, cuando él no era más que un niño, Abraham nunca lo habría ofrecido. Pero cuando Isaac tuvo más edad, Abraham ya estaba dispuesto a obedecer a Dios y confiar en Él. Por lo tanto, aquí tenemos la prueba de su fe.

Nos agradaría contemplar a Abraham de una manera un poco diferente a la forma en que generalmente lo vemos. Normalmente pensamos en las grandes promesas que Dios le hizo con respecto a la tierra que le sería entregada, y en relación con las multitudes que descenderían de él. Y esto fue cierto, pero ¿qué recibió realmente Abraham durante su vida? ¿Qué vio realmente? Él ni siquiera vio el cumplimiento de esas grandes promesas. Pero lo que Dios sí le dio fue un hogar. Cuando él era un joven viviendo en Ur de los Caldeos, un día le dijo a una hermosa mujer que la amaba y quería casarse con ella. Y así fue como Abraham y Sara se casaron.

Después, un día Abraham llegó a su casa, y aquel era un hogar de idolatría, y le dijo a Sara: "El Dios viviente me ha llamado. Él quiere que yo salga de este lugar".

Y podemos escuchar a Sara recordándole que tenía allí a toda su familia, a sus amigos y a todas sus actividades comerciales. Podemos imaginarla diciéndole: "Y, de paso, ¿a dónde vas a ir?" Y Abraham habrá respondido: "Pues no lo sé". Entonces ella quizás le preguntó: "¿Qué quieres decir con que Dios te ha llamado, y tú no sabes a dónde te ha llamado? Y él dijo: "Bueno, Él me va a guiar, y yo voy a seguirle". Entonces Sara seguramente le respondió: "Yo iré contigo". Y así fue que este joven matrimonio salió de viaje. Ellos no tenían mucha fe. Llevaron a su padre con ellos, y a algunos parientes, y entonces llegaron a Harán. En ese lugar se quedaron hasta que falleció Taré, el padre de Abraham. Allí lo sepultaron.

Entonces Abraham y su familia se dirigieron hacia la tierra de Canaán y Dios se le apareció diciéndole: "Yo voy a hacer todas estas cosas que he prometido, pero también voy a darte un hijo". Abraham y Sara iban a tener un hijo, por lo cual ellos formarían un hogar.

Abraham y Sara tenían las bases para constituir un hogar piadoso. Esa es la clase de hogar que Dios quiere que los jóvenes tengan hoy, es decir, lo que llamaríamos un hogar cristiano. Para establecer este tipo de hogar Dios no les impartió un cursillo ni envió a nadie para que les aconsejara. Francamente, algunos han dado demasiados consejos detallando a los jóvenes como deberían comportarse y actuar. Nos hemos hecho demasiados idealistas, pero Dios fue muy práctico. Él le dijo: "Abraham, si tú vas a tener la clase de hogar que yo quiero que tengas, vas a tener que alejarte de tus padres". Y eso es lo que Dios quiso decir en el mismo principio, cuando les dijo a Adán y Eva, "24Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne" (como podemos leer en Génesis 2:24). Aunque Adán y Eva ni siquiera tenían una madre y un padre, Dios estableció este gran principio desde el mismo principio.

Una de las cosas que a los abuelos les resultan más fáciles es decirles a los padres como educar a sus hijos, aunque esos padres no hayan desempeñado una buena tarea ellos mismos como padres. Todos cometemos errores, y ellos cometerán los suyos. Los padres mismos tienen que aprender de las equivocaciones que cometan. Así es que los padres no tienen que interferir en el hogar de los hijos. Dios llevó a Abraham tan lejos como fue posible, donde sus familiares no pudieran interferir. Creemos que esto es fundamental para la construcción de un hogar piadoso.

Dios se ocupó de que Abraham dejara su hogar. El hogar que dejó era impío, un hogar entregado a la idolatría. Josué, el sucesor de Moisés, especificó claramente este detalle, como podemos ver en el libro de Josué 24:2.

En nuestro tiempo, a las parejas jóvenes se les explican muchas normas y reglas, así como métodos de convivencia para evitar los problemas. No queremos parecer diferentes, pero queremos enfatizar lo que la Palabra de Dios dice que se debe hacer. Usted puede olvidarse de las normas, reglas, y métodos hasta que esté viviendo por la fe. Si usted es un hijo de Dios, estimado oyente, debe vivir por fe en el hogar; y el padre, y la madre tienen que caminar o vivir por fe. Además hay que considerar que el hogar, nunca va a llegar a ser un hogar ideal. Habrá falta de acuerdo en diversos asuntos y cada uno tiene el derecho a equivocarse. Pero ambos miembros de la pareja podrán llegar a un punto en el cual podrán expresarse mutuamente su amor, aunque uno de ellos, o los dos, estén equivocados. Estimado joven cristiano, si usted cree que va a comenzar a establecer un hogar cristiano ideal, está equivocado. Usted encontrará con que será probado, tal como Abraham fue probado cuando huyó a Egipto. Y él casi perdió a Sara en ese lugar, porque tuvo que mentir en cuanto a ella, diciendo que no era su mujer. ¿No le parece que aquel no era un hogar ideal?

Cuando Abraham regresó a la tierra prometida procedente de Egipto, vemos que tuvo problemas con su sobrino. Tal vez debió haberlo dejado en Ur de los caldeos; pero finalmente Lot se trasladó a vivir a Sodoma, dejando a Abraham en la zona montañosa. Allí, nuevamente, comprobamos que ni Abraham ni Sara eran personas ideales. Abraham dudó de Dios. No creyó que Dios debía destruir Sodoma y Gomorra. Dios tuvo que aclararle que lo que Él estaba haciendo era lo justo y lo correcto. Y tuvo que aclararle a Sara que Él podía darle la fuerza para tener un hijo. Y luego les entregó a ellos a ese niño para que se criara en su hogar.

El hogar de Abraham y Sara era la clase de hogar que Dios quiere que usted tenga. Ahora, si usted cree que siguiendo ciertas reglas usted va a evitar todos los problemas o los momentos difíciles de la vida, está equivocado, estimado oyente. Usted se dará cuenta de que un día discutirá con su esposa, o con su esposo, o que va a tener problemas con los hijos que Dios le dé. Bajo ningún aspecto, su hogar será una familia ideal. ¿Cómo va a hacer frente a sus problemas? Pues, podrá hacerlo por la fe, solo por la fe. Cuando usted y yo, como le sucedió a Abraham, lleguemos al punto en que estemos dispuestos a poner a nuestro hijo sobre el altar de Dios, entonces podemos decir que habremos logrado la aprobación de Dios. Así que, el hogar de Abraham y Sara, estaba cerca de lo que Dios desea aquí en la tierra, teniendo en cuenta lo que cualquiera de nosotros puede lograr.

Amigo oyente cristiano, si usted está enfrentando una situación difícil y está teniendo problemas, entonces Dios está tratando de decirle algo. Permita que Él sea su maestro. No recurra primero a otras personas antes que a Él, ni crea que por pasar por algunas sesiones recibiendo consejos va a resolver todos sus problemas. Usted y yo vamos a tener problemas, pero si caminamos, si vivimos por fe, el Señor nos va a ayudar.

La adoración de la fe de Abraham le condujo a vivir una vida de obediencia a Dios, de tal manera que pudo decirse de él, en Romanos capítulo 4, versículo 3, que Abraham creyó, y su actitud se le tomó en cuenta como justicia.

Bien, estimado oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Dios mediante, en nuestro próximo programa, continuaremos nuestro recorrido, por este capítulo 11 de la epístola a los Hebreos. Le aconsejamos que usted lea el resto de este capítulo para continuar familiarizándose con los personajes de esta lista de nombres célebres, que enfrentaron las situaciones más difíciles y peligrosas con una fe inquebrantable en Dios.

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