Estudio bíblico: La ascensión de Jesús - Marcos 16:19-20

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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La ascensión de Jesús - Marcos 16:19-20

(Mr 16:19-20) "Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén."

Introducción

Al comenzar este estudio, es interesante que consideremos también el pasaje paralelo que encontramos en el evangelio de Lucas:
(Lc 24:50-53) "Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén."
En cierto sentido, esta conclusión no deja de sorprendernos. Lucas nos dice que los discípulos estaban llenos de gozo después de que el Señor se había alejado definitivamente de ellos. Seguramente nosotros esperaríamos que hubieran quedado desconcertados y tristes. En realidad, el mundo no había cambiado en nada, y Jesús ya se había ido al cielo. Además, la tarea que les había encomendado de llevar el evangelio hasta el fin del mundo, predicándolo a todas las naciones, parecía irrealizable, un trabajo que desde todas las perspectivas superaba sus fuerzas. Nos preguntamos entonces, ¿cómo podían estar tan alegres? Toda separación deja tras de sí un dolor, ¿cómo es posible que su despedida definitiva no les llenara de tristeza? ¿Cómo podemos entenderlo?
Evidentemente ellos no se sentían abandonados, ni tampoco creían que Jesús se hubiera distanciado de ellos a un cielo inaccesible y lejano. Estaban seguros de la presencia de Jesús con ellos. Como él mismo les había garantizado: "Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28:20). De una manera diferente a como hasta ese momento había sido su relación con el Señor, pero igualmente real, él seguía estando con ellos. Y lo que aun es más importante, esta nueva y poderosa relación, ya nunca la perderían. Pero, ¿en qué sentido el Señor está ahora cerca de nosotros? Esto será algo que consideraremos a lo largo de este estudio.

"Y el Señor fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios"

Aunque hemos titulado este estudio como "La ascensión de Jesús", tal vez sería más exacto hablar de su exaltación, porque si bien es cierto que "subió al cielo", esto significó su vindicación como Hijo de Dios y también su entronización a la diestra de la Majestad en las alturas donde se le ha otorgado toda autoridad en el cielo y en la tierra.
(Ef 1:20-21) "... resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero"
(Fil 2:9) "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre."
No cabe duda de que los discípulos amaban a Jesús, por lo tanto, cuando vieron que fue exaltado hasta lo sumo para ocupar el lugar de suprema preeminencia en el mismo trono de Dios, ellos se llenaron de gozo y le adoraron.
Ahora bien, ¿qué importancia tiene la ascensión y exaltación de Jesús para los cristianos?
1. Evidencia que su ministerio terrenal fue aceptado
La verdad es que se suele conceder poca importancia a la ascensión de Cristo en comparación con su muerte en la cruz y su resurrección, sin embargo, este hecho es altamente significativo y merece nuestro estudio, puesto que sin la ascensión y exaltación de Cristo al cielo, no podríamos afirmar que nuestra redención ha sido completada.
Es interesante notar que la expresión que encontramos en Marcos, "fue recibido arriba en el cielo", es traducida en otras versiones como "fue llevado al cielo", donde la atención se coloca en el hecho de que fue el Padre quien llevó a su Hijo a sí mismo como una prueba más de que encontraba plena complacencia en la Obra que el Hijo había realizado. Por esta razón el Padre lo exaltó a su diestra como Vencedor absoluto y lo colocó en el centro de toda gloria y adoración.
Además, hoy otro detalle interesante que nos sirve para comprender que la Obra de Cristo quedó finalizada con su exaltación. La Escritura nos dice que una vez que el Señor Jesucristo efectuó la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (He 1:3). Y es precisamente este detalle, el hecho de que él se sentará, lo que nos confirma que su obra había sido plenamente completada. Por contraste, en el tabernáculo que Dios mandó construir a Moisés no había ningún asiento, lo cual señalaba que la obra de los sacerdotes nunca concluía, y esto era porque los sacrificios que ofrecían tampoco podían quitar definitivamente el pecado.
(He 10:11-12) "Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios."
2. Su ascensión ha permitido el descenso del Espíritu Santo sobre la Iglesia
Antes de su muerte nuestro Señor prometió que no dejaría huérfanos a los discípulos, sino que les mandaría al Consolador, el Espíritu Santo, quien había de sustituir a Cristo en la tierra. Pero su llegada dependería de que Cristo fuera al Padre.
(Jn 16:7) "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré."
Por lo tanto, el hecho de que el Espíritu Santo descendiera en el día de Pentecostés, era una evidencia clara de que Jesús realmente había ascendido al cielo. Así lo interpretaron los apóstoles:
(Hch 2:32-33) "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís."
Pero la venida del Espíritu Santo a los corazones de los creyentes era imprescindible para terminar la Obra de la redención. La razón principal es que el Espíritu es el encargado de aplicar a nuestras vidas los efectos conseguidos por la Obra de Cristo. Por ejemplo, somos regenerados por él (Jn 3:5-6) (Tit 3:5), es el encargado de enseñarnos la verdad de Dios (Jn 14:26), intercede por nosotros ante Dios en nuestra debilidad (Ro 8:26).
Y también por el Espíritu Santo recibimos dones con los cuales podemos servir al Señor. El apóstol Pablo relaciona la exaltación de Cristo con este hecho en su epístola a los efesios:
(Ef 4:8-11) "Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros"
Primero él descendió a las partes más bajas de la tierra, lo que nos recuerda su humillación en la cruz, pero después de esto ascendió a lo más alto del cielo. Ahora Pablo dice que cuando ascendió llevó consigo a una hueste de cautivos. Sin duda está usando una ilustración del (Sal 68:18), en la cual el guerrero triunfante es exaltado cuando regresa con los enemigos capturados. Entonces él recibe regalos del pueblo conquistado y da regalos a su propio pueblo, que en este contexto son los diversos dones que Cristo ha dado a su Iglesia por medio del Espíritu Santo.
3. Implica la exaltación de Cristo como Príncipe y Salvador
Por medio de la resurrección, así como por la ascensión y exaltación de Cristo, Dios anuló el veredicto adverso del Sanedrín que había condenado al Mesías, haciéndole clavar en la cruz de Barrabás.
(Hch 3:13-15) "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos."
Dios respondió a la maldad humana colocando a Jesús en el trono del Rey supremo.
(Hch 2:36) "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo."
(Hch 5:30-31) "El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados."
Y le ha dado el señorío universal mientras espera su último triunfo en su Segunda Venida, cuando se sentará a reinar también en esta tierra.
(Mt 25:31) "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria."
Todo esto nos habla de su majestad, poder y autoridad, y nos recuerda que es "Rey de reyes y Señor de señores" (Ap 19:16). Y por supuesto, evidencia que el Señor Jesucristo es Dios, porque de otra manera, el Padre no le habría invitado a sentarse en su trono en los cielos (He 1:13).
4. Reviste a Cristo con una nueva gloria como Cabeza de la Iglesia
La ascensión de Cristo no sólo señala su triunfo sobre el pecado y su vindicación como el Hijo de Dios, también le coloca en una nueva posición de gloria como Cabeza de la Iglesia.
(Ef 1:22-23) "Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo."
Esta gloria es nueva para Cristo, porque antes de su ascensión no era Cabeza de la Iglesia, puesto que ésta tampoco existía. No hemos de olvidar que la Iglesia no se constituyó durante su ministerio terrenal (Mt 16:18), sino que comenzó cuando descendió el Espíritu Santo en el día de Pentecostés.
5. Dio comienzo a su ministerio como Sumo Sacerdote a favor de su pueblo
Su ascensión puso fin a su ministerio terrenal, pero dio comienzo a un nuevo ministerio como Sumo Sacerdote y Abogado que ahora desarrolla desde la diestra de la Majestad en las alturas. En cierto sentido, este ministerio de intercesión ya lo había comenzado cuando estaba en esta tierra (Jn 17:1-26), pero era necesario que "traspasara los cielos" para presentarse ante Dios a fin de interceder por nosotros en virtud de su sacrificio perfecto y de su sangre derramada.
(He 9:24-26) "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado."
Esta obra de intercesión se relaciona con la debilidad de los santos que están en la tierra. Él conoce bien la fragilidad de los suyos y la estrategia del enemigo que constantemente quiere hacernos pecar y apartarnos del Señor. Podemos ver una clara ilustración de esto cuando Jesús rogó por Pedro:
(Lc 22:31-32) "Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos."
Este ministerio de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote en el cielo es infinitamente mejor que el que ejercieron los sumos sacerdotes en el Antiguo Testamento. En el caso de aquellos su sacerdocio era temporal ya que con su muerte quedaba interrumpido, pero en nuestro Señor Jesucristo tenemos un Sumo Sacerdote eterno puesto que ha conquistado la muerte. Esto es algo que también nos ha de proporcionar un fuerte estímulo.
(He 7:23-25) "Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos."
Su ministerio es de mayor calidad porque no caduca. Además está basado un mejor pacto. Es ejercido en un más sublime templo, en el cielo mismo. Y está garantizado por un mejor y definitivo sacrificio, el que Cristo realizó una vez y para siempre en la cruz.
Además, es maravilloso saber que actualmente Jesús no es ajeno a nuestra realidad ni se desentiende de nosotros. Como Sumo Sacerdote él comprende nuestras limitaciones y torpezas de tal manera que puede compadecerse de nosotros. Esto nos debe animar a acercarnos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (He 4:16). De hecho, él se hizo hombre para poder representarnos adecuadamente ante Dios y así poder llegar a ser un fiel y misericordioso sacerdote en lo que a Dios se refiere. No debemos olvidar que para poder llegar a esto, él tuvo no sólo que hacerse hombre, sino conocer en sí mismo la dureza y la dificultad de la tentación. Así que, de esta manera, en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
(He 2:17-18) "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados."
La intercesión de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote en el cielo es un factor fundamental para la preservación del cristiano. Pablo lo expresó de la siguiente manera:
(Ro 8:34) "¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros."
El apóstol Juan desarrolla también la labor de mediación del Señor, pero lo hace desde la perspectiva de un Abogado defensor.
(1 Jn 2:1) "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo."
Con frecuencia el creyente es culpable de algún pecado en su vida, lo que inmediatamente le lleva a sentirse culpable y sucio. En esos momentos, es fácil apartarse del Señor con un profundo sentido de vergüenza por haberle fallado. Nos sentimos fracasados, y aprovechando esa coyuntura el diablo, que antes nos había hecho creer que el pecado aportaría a nuestras vidas algo de placer que de ninguna manera una vida de santidad nos puede proporcionar, después de pecar nos hace sentir nuestra culpa y nos intenta convencer de que no somos dignos de seguir al Señor. Es entonces cuando tenemos que recordar que el Señor es nuestro Sumo Sacerdote y nuestro Abogado a la diestra de Dios, dispuesto a interceder siempre a nuestro favor en virtud de su sangre derramada. Aunque, por supuesto, esto no anula nuestra responsabilidad de arrepentirnos y pedirle perdón por nuestros pecados, y por supuesto, tampoco podemos entenderlo como una invitación a pecar.
(1 Jn 1:9) "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad."
Por medio de la intercesión del Señor, el diablo, que es descrito en las Escrituras como el "acusador de los hermanos", pierde todos sus argumentos.
(Ap 12:10) "Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche."
Todo esto es un fuerte consuelo para los creyentes que viven en un mundo malo y corrompido, siempre rodeados de debilidad y pecado. En medio de una situación así, la mediación de nuestro Señor Jesucristo a la diestra de Dios, nos proporciona un ancla firmemente sujeta en el cielo. Y aunque es cierto que no podemos verla, sin embargo, en medio de las tormentas de la vida, sentimos que nos mantiene seguros. El autor de Hebreos desarrolló esta hermosa ilustración en su epístola:
(He 6:19-20) "La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec."
6. Ha sido el primer hombre en entrar en la gloria
A partir de la encarnación, Jesús no es sólo Dios, también es un Hombre (Jn 1:14), y como tal, ha sido entronizado a la diestra de la Majestad. Esto está lleno de significado. ¡Hay un hombre en la gloria! Y él retendrá su humanidad glorificada para siempre. El autor de Hebreos parece que no cabía dentro de su asombro cuando explicaba que quien ha sido coronado de honra y gloria es precisamente un Hombre, Jesús, el que por medio de la encarnación se había hecho un poco menor que los ángeles.
(He 2:9) "Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos."
Y seguramente también los arcángeles, los serafines y todos los seres angelicales, no pudieron esconder su asombro el día en el que el Señor Jesucristo regresó al cielo con la nueva naturaleza humana que él había asumido cuando vino a la tierra para salvarnos. Él fue el primer Hombre que entraba en la gloria del cielo, y lo hacía para sentarse en el lugar de máximo honor y dignidad, en el mismo trono de Dios. Con este acto, Cristo se ha convertido en nuestro precursor, abriendo el cielo para que muchos otros hombres puedan entrar también por medio de su asociación con él por la fe. De esta manera el Señor ha dignificado al ser humano de una forma que nunca podríamos haber imaginado. Debemos agradecer a Dios, y toda la eternidad será insuficiente para poder hacerlo, no sólo que nos haya salvado de nuestros pecados, sino que también nos haya colocado en esta nueva posición con él en los lugares celestiales tal como Pablo afirmó en su epístola a los efesios.
(Ef 2:4-7) "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús."
Este pensamiento se ve reforzado por la argumentación del autor de Hebreos en el pasaje que antes hemos citado. Allí recogía la pregunta que siglos antes se había hecho el rey David en el Salmo 8: "¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites?" (He 2:6-8). El salmista expresaba la paradoja entre la pequeñez humana y el privilegio que se le había concedido de señorear sobre la creación de Dios. Pero el autor de Hebreos observa que en el tiempo presente no vemos todavía que todas las cosas le sean sujetas al hombre. ¿Se trata de mera teoría? No. Para empezar, el autor afirma que ahora los ángeles no son el objetivo de Dios tocante al mundo venidero. Este objetivo es el hombre, a pesar de toda su pequeñez. Y basa su argumentación en el hecho de que ya hay un Hombre que ha sido entronizado como precursor de otros muchos hijos que también han de ser llevados a la gloria (He 2:8-13). Por lo tanto, el hecho de que Jesús esté físicamente en la gloria como un Hombre, muestra el triunfo del programa divino respecto a la humanidad. De hecho, el estatus que el hombre ha adquirido por medio de la redención es mayor que el que tuvo en el momento de su creación. Todo esto nos demuestra que la gracia de Dios es un concepto mucho más grande de lo que normalmente pensamos.
La Palabra de Dios nos dice también que como resultado de la Obra de Cristo, todavía habrá un día futuro cuando todas las cosas que están en los cielos y en la tierra serán reconciliadas en él, quien es el Heredero de todo.
(Ef 1:9-10) "... dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra."
En ese momento toda la monstruosa devastación que el pecado ha dejado sobre la tierra será eliminada y pasará a estar gobernada por los hijos de Dios que han llegado a ser coherederos con Cristo (Ro 8:17), y entonces toda la creación disfrutará de una armonía universal:
(Ro 8:19-21) "Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios."
Es bueno pensar en esto en el momento presente, cuando el ser humano aspira a llegar a su clímax prescindiendo de Dios. Eso nunca va a ser posible, y vemos que lo que ocurre es justo lo contrario: a mayor progreso, mayor decepción. El ser humano tiene futuro, y un futuro nada despreciable, pero únicamente en unión con Cristo.
7. Cristo está con su pueblo y lo defiende
Aunque el Señor ya no iba a estar de forma física con su pueblo, sin embargo su presencia en medio de su pueblo sigue siendo real. Él lo había prometido después de enviarles a predicar por todo el mundo: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28:20). Y en otra ocasión previa les había dicho: "donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18:20). Por eso, cuando Juan estaba en la isla de Patmos, tuvo una visión en la que vio al Señor moviéndose entre los candelabros que ilustraban a las iglesias, y se dirigió a ellas enviándoles un mensaje acorde a su estado y necesidad, demostrando que las conoce bien (Ap 1:11-20).
De forma especial, Jesús se identifica con su iglesia perseguida. Todos recordamos cuando Saulo de Tarso perseguía a la iglesia y el Señor se presentó ante él haciéndole caer a tierra y cegándole con una luz resplandeciente, y entonces escuchó la amonestación de Jesús: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (Hch 9:4). Notemos que aunque Saulo estaba persiguiendo a la iglesia, en realidad el Señor dice que le estaba persiguiendo a él, lo que nos indica su cercanía e identificación.
Sobre esto, encontramos un caso muy especial en el momento en que Esteban fue apedreado por confesar al Señor. En ese momento tuvo una hermosa visión en la que según sus propias palabras dijo que veía "los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios" (Hch 7:56).
Todo esto nos muestra que el Señor no se ha desentendido de su pueblo en cualquiera de las circunstancias por las que atraviesa.
8. Jesús nos espera, cual novio que espera a la novia
En otro sentido, la ascensión y glorificación de Jesús está estrechamente relacionada con su Segunda Venida para recoger a su pueblo. Este fue el mensaje de los ángeles que estuvieron presentes en el momento cuando el Señor subía al cielo:
(Hch 1:11) "... Varones galileos, ¿por qué estás mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo."
Esta esperanza en el retorno de Jesús llenó a los discípulos de ánimo.
En otros pasajes la Escritura usa la ilustración del matrimonio y el momento en que los novios se encuentran. Pablo se refirió a la Iglesia como una esposa a la que Cristo, el Esposo, ama y se ha entregado por ella para purificarla a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante (Ef 5:25-27). Pero el momento del encuentro todavía no ha llegado. Esto ocurrirá cuando el Señor venga a por su iglesia: "Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis" (Jn 14:3). Visto desde esta perspectiva, el Señor se habría ido al cielo para preparar un lugar donde el "matrimonio" pueda estar junto eternamente.
El libro de Apocalipsis nos habla de ese momento glorioso e intensamente feliz.
(Ap 19:7-8) "Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos."
A raíz de esto debemos preguntarnos si estamos viviendo realmente en la expectativa de la venida del Señor a buscar a su Iglesia, y nos estamos preparando para ese encuentro.
9. Jesús espera el momento para juzgar a este mundo
La entronización y segunda venida del Señor no significará lo mismo para todas las personas. Ya hemos considerado que para su Iglesia será un momento muy especial, pero para los que no han querido reconciliarse con él y lo han rechazado, estos hechos implicarán su juicio y castigo.
(Sal 110:1) "Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies."
(He 10:12-13) "Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies."
El Señor Jesucristo ha recibido del Padre la prerrogativa divina de ejecutar juicio:
(Jn 5:27) "Y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre."
Es interesante que notemos que la justificación que nos ofrece para ejercer el juicio sobre los hombres es que él mismo es un Hombre. Ya hemos dicho que cuando se encarnó, el Hijo llegó a conocer por su propia experiencia lo que significa ser un hombre. Por lo tanto, cuando juzgue a sus semejantes, nadie podrá decirle que está juzgando lo que no sabe.
El juicio de sus enemigos será él último paso en su exaltación. En ese momento, Aquel que fue hecho comparecer como criminal ante Pilato, que fue injustamente condenado, y que entre crueles escarnios fue crucificado con malhechores, volverá en gran poder y gloria; delante de él se reunirán todas las naciones y todas las generaciones de los hombres, para recibir de sus labios su sentencia definitiva. El será entonces exaltado ante todas las inteligencias, como Soberano Juez visible.

"Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes"

La estancia del Señor a la diestra de Dios se relaciona estrechamente con la labor realizada por sus discípulos en la tierra. Él continúa obrando a través de sus siervos por el poder del Espíritu Santo.
Cuando lo pensamos bien, nos damos cuenta que resulta maravilloso, y en cierto sentido totalmente incomprensible, que el Señor encargara la empresa más grande de todos los tiempos a un puñado de hombres sin recursos materiales, influencia social o formación académica. La única explicación posible que podemos encontrar para que ellos realmente pudieran llevar el evangelio hasta los confines del mundo, cruzando toda clase de barreras culturales y geográficas, es que el Señor resucitado y ascendido actuó en y a través de ellos. Así lo expresa nuestro texto: "Ellos saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían". Sólo así podemos entender el avance misionero de la iglesia en el primer siglo, venciendo toda clase de obstáculos de una manera increíble. Dios usó personas sencillas, pero entregadas de todo corazón a Cristo, dispuestas aun a perder sus propias vidas, sensibles a la dirección del Espíritu Santo, y listas para usar todas las oportunidades disponibles para el avance del evangelio.
Nuestra oración al terminar el estudio de este evangelio es que el Señor obre en nosotros también para continuar esa Obra con la misma fidelidad con que ellos lo hicieron antes que nosotros.

Preguntas

1. ¿Por qué los discípulos sintieron gozo después de que Jesús se despidió de ellos?
2. ¿De qué formas el Señor está cerca de los creyentes? Explique su respuesta justificándola bíblicamente.
3. ¿En qué sentidos la ascensión y exaltación de Jesús prueban que Dios ha aceptado su sacrificio en la cruz y completa la Obra de redención?
4. ¿Por qué cree que es importante que Jesús ascendiera al cielo no sólo como Dios, sino también como Hombre?
5. ¿En qué aspectos la exaltación de Cristo no ha sido totalmente finalizada todavía? Justifique su respuesta con citas bíblicas apropiadas.

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