Estudio bíblico: Introducción al profeta Joel - Joel

Serie:   Introducción a los profetas menores   

Autor:   Natanael León   Email:   natanaeleon@hotmail.com
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Breve exposición del profeta Joel

Introducción

¿Hemos leído últimamente este profeta? Probablemente no, aparte de no ser de los más leídos también hay que reconocer que es algo difícil, por lo menos al principio.
Sin embargo, y con independencia de que podamos comprenderlo, lo cierto es que su lectura no nos va a dejar indiferentes. Hay una gran cantidad de versículos, de pequeñas frases, de esos que "enganchan" fácilmente, que nos gusta marcar e incluso subrayar en nuestras Biblias y con los que sin duda vamos a disfrutar. Al menos eso fue lo que me sucedió al principio.
Nuestro objetivo final será que, además de regocijarnos con esos versos, podamos obtener un cuadro general del profeta ("a vista de pájaro") que nos estimule a leerlo y estudiarlo más detenidamente.
Empecemos con algunos datos de carácter introductorio:
1. Autor
El autor se identifica a sí mismo como "Joel, hijo de Petuel" (Jl 1:1). Joel significa "Jehová es Dios" y Petuel "persuadido de Dios". Aparte de esta breve declaración no sabemos más sobre él pues nos es prácticamente imposible identificarle con alguno de los 12 personajes que llevan este nombre en el Antiguo Testamento.
Quizás podríamos añadir que el estilo poético empleado (Joel es una joya literaria del Antiguo Testamento) sugiere que debió haber recibido una buena educación.
2. Destinatarios
Leyendo el texto de la profecía nos damos cuenta que se dirige al reino de Judá o reino del sur, donde aún gobernaba la dinastía de David (Jl 1:9,13,14) (Jl 2:1,15). Además su forma de referirse a los sacerdotes, como si estuviesen delante suyo, nos lleva a pensar que pronunció estas palabras en Jerusalén mismo (donde estaba el templo), ver (Jl 2:17).
3. Fecha
Le hemos asignado una fecha en torno al año 830 a. C. pero ¿Por qué?
En realidad Joel no da una fecha a su ministerio, no nos dice el nombre del rey que gobernaba, por lo cual es difícil ponerle una. De hecho hay quienes fechan la profecía en algún momento del siglo IX a. C. (fecha temprana), antes que el reino del norte cayera en manos de los asirios, y quienes lo hacen en algún momento del siglo IV a. C. (fecha tardía) cuando no solo el norte había caído sino que el reino de Judá había sido ya conquistado por Babilonia. ¡Unos 500 años de diferencia!
Nosotros, sin ser concluyentes, hemos preferido la fecha más temprana (alrededor del año 830 a.C.), la cual lo convertirá en el segundo de los profetas escritores, por las siguientes razones:
  • "Los enemigos de Judá": Los ejércitos que amenazan Judá y sobre los cuales caerá el juicio de Dios no son los asirios, los caldeos (Babilonia) o los persas, es más, ni siquiera se nombran. Sin embargo Joel hace referencia a los fenicios, los filisteos, los egipcios y los edomitas (Jl 3:4,19). Esto nos sitúa en el periodo del "reino dividido", cuando ambos reinos existían y los asirios y Babilonios aún no eran amenaza.
  • "La forma de gobierno en Judá": Llama la atención que no se mencione la figura del rey y sin embargo se dé tanta importancia a los ancianos del pueblo y a los sacerdotes. Hay un periodo de tiempo en la historia del "reino dividido" y concretamente de Judá que explicaría esta circunstancia: El reinado de Joás de Judá. Este rey fue coronado a los 7 años y su tío, el sacerdote Joiada, ejerció gran influencia en el reino hasta el momento de su muerte. Hablamos de un "gobierno de regencia" (2 R 11:4,12) (2 R 12:2).
  • "La estrecha relación entre Joel y Amós" (que predicó al reino del norte en tiempos de Jeroboam II, al menos 50 años después de la muerte del rey Joás de Judá): No es difícil darse cuenta que Amós conoce la profecía de Joel y toma frases y temas de él. Por ejemplo: (Jl 3:16) "Jehová rugirá desde Sión y dará su voz desde Jerusalén". Amós convierte estas palabras finales en el título de su predicación primera predicación: (Am 1:2). Ver también la evidente relación entre (Am 9:13) y (Jl 3:18). Como escribe Paul N. Benware "Es evidente que la profecía de Joel había sido dada y ampliamente recibida para el tiempo en que Amós dio su mensaje... todo el sentido del pensamiento de Amós depende de que sus oyentes reconociesen las palabras de Joel" ("Comentario bíblico Portavoz. Panorama del Antiguo testamento". Pág.182. Editorial Portavoz).
  • "Su ubicación en el canon hebreo". Su ubicación entre los primeros lugares del "rollo de los 12" como se conoce a los profetas menores habla a favor de una fecha temprana en la historia de Israel.
Carlos A. Morris reúne estos argumentos con el acróstico de la palabra "primero" de la siguiente manera: (Ver: "Los mensajes mayores de los profetas menores" Pág. 44. Editorial Clie):
POSICIÓN, reconocida en el canon hebreo entre los primeros profetas.
REFERENCIAS, hechas al libro de Joel por otros profetas que parecen citar de él (ver (Sof 1:15) y (Jl 1:15).
IDOLATRÍA significativamente ausente de este libro, lo que sería cierto del período de avivamiento espiritual bajo Joás.
MENCIÓN de los ancianos y sacerdotes, pero no de un rey; y fueron estos los verdaderos gobernantes mientras Joás era sólo un niño.
ESTIMACIÓN del sacerdocio y la adoración del Templo, propios de ese período.
RECONOCIMIENTO de pueblos enemigos ?filisteos, egipcios y edomitas- que existían en esa época. En cambio:
OMISIÓN de Asiria y Babilonia; como si todavía no tuvieran trascendencia; lo que también correspondería a este periodo.
4. Tema
No es difícil averiguarlo. Prestemos atención a los siguientes versos: (Jl 1:15) (Jl 2:1,11,31) (Jl 3:14). ¿Cuál es la expresión que se repite? "El día de Jehová"; pues este es el tema de Joel.
Un asunto de mayor envergadura es explicar qué quiere decir o qué abarca esta expresión. Pero brevemente diremos que el Nuevo Testamento distingue entre tres "días" (no de 24 horas, sino en referencia a un periodo de tiempo o a un acontecimiento):
  • El Día de Jesucristo: Una referencia al arrebatamiento de la iglesia, hecho que pone fin al tiempo de la iglesia en este mundo, y a los sucesos que acontecerán en el cielo en torno a ella (el Tribunal de Cristo y las Bodas del Cordero). Es un día de gloria y bendición: (Fil 1:6,10) (Fil 2:16).
  • El Día de Jehová (AT.) que equivale al Día del Señor en el NT. Hace referencia a los juicios que vendrán sobre esta tierra y sobre Israel en los tiempos futuros de la gran tribulación. Se extendería desde (Ap 4:1) hasta (Ap 20:10). Incluye la segunda venida de Cristo en gloria y su reino milenial.
  • El Día de Dios. La frase aparece en (2 P 3:12). Hace referencia al final de los tiempos y al inicio de la eternidad. Comienza en (Ap 21:10) (1 Co 15:28).
El Día de Jehová o Día del Señor es por tanto una referencia a un tiempo futuro de juicio de parte del Señor tanto sobre su pueblo Israel como sobre las naciones de la tierra, y que incluye las bendiciones que traerá el milenio. Este es el sentido principal que nos interesa: su aspecto "escatológico".
Decimos "sentido principal que nos interesa" porque la expresión también se utiliza para acciones concretas de juicio realizadas por Dios en la historia de Israel y del resto de las naciones. Por ejemplo la caída de Samaria (reino del norte), la caída de Jerusalén (reino del sur) y aún el regreso a la tierra después del exilio en Babilonia. Esto lo conocemos como el "aspecto histórico" de la expresión.

BOSQUEJO/RESUMEN DEL LIBRO.

A continuación, y de forma breve, veamos "de qué va" este libro, de manera que al leerlo podamos entenderlo mejor (quizás no estemos de acuerdo en todos los detalles pero aún así creo que esta división/explicación será una buena guía).
1. Acontecimientos históricos recientes (Jl 1:1-20)
Un acontecimiento reciente da lugar a esta profecía: una plaga de langostas (quizás una sucesión de ellas) había asolado el territorio de Judá.
(Jl 1:4) "Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado."
No sabemos si "oruga", "saltón", "revoltón" y "langosta" son referencias a distintas fases en el crecimiento de estos "animalitos" o son cuatro variedades diferentes. Atendiendo al original "oruga" significa "trasquilador", "saltón" "invasor", "revoltón" "despojador" y "langosta" "devorador". En cualquier caso fue una nube de insectos tremendamente intensa y dañina. A esto habría que añadir las consecuencias de una terrible sequía (Jl 1:20).
No fue por tanto una plaga cualquiera, las cuales son habituales en aquellas tierras, sino una inusualmente persistente y terrible, como nunca antes vino.
(Jl 1:2-3) "Oíd esto, ancianos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres? De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación."
Esta circunstancia evidenciaba que lo sucedido era un castigo del Señor. De ahí que el profeta llame al pueblo al arrepentimiento.
(Jl 1:13-14) "Ceñíos y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación. Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová."
2. Acontecimientos futuros: "El Día de Jehová" (Jl 2:1-3:21)
Pero todos estos sucesos adquieren para el profeta un nuevo significado. Joel mira a través de la "Avenida del Tiempo" y ve en aquella plaga y sus consecuencias un anticipo de lo que será el "Día de Jehová", un tiempo terrible de juicio que aún está por venir y que finalmente propiciará la tan deseada conversión definitiva del pueblo a su Dios.
(Jl 2:1-2) "Tocad trompeta en Sión, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones."
I. "La invasión del rey del norte"
(Jl 2:2) "... un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones."
Que este pueblo "grande y fuerte" sea descrito como un gran ejército de langostas ha traído cierta discusión entre los estudiosos (versos 3 al 5). ¿Se trata de langostas literales o de un ejercito extranjero que invade la tierra? Prestemos atención a las siguientes palabras de Joel:
El verso 17 "no entregues al oprobio a tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella..." o el verso 19 "...y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones" sugieren que se trata de un ejército humano. Además está el verso 20 donde claramente se los identifica con "un ejercito que viene del norte". Tengamos en cuenta, como observa Francisco Lacueva, que las langostas no vienen del norte sino del este o del sur (es decir del desierto).
(Jl 2:20) "Y haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta; su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental; y exhalará su hedor, y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas."
¿Quiénes vienen del norte? Del norte vendrían los asirios (que destruirían el reino del norte) y después los caldeos (que conquistarían el reino del sur).
Pero además de los asirios y caldeos, del norte vendrá un rey que será una gran amenaza para Israel en los últimos tiempos: el rey de Gog, de la tierra de Magog, de las regiones del norte (Ez 38:1,15-16) que también podemos llamar "el asirio del futuro". ¡Pero hay esperanza! Este es el mensaje de Joel.
II. Arrepentimiento de Israel, liberación y bendiciones futuras
La porción que sigue parece como un paréntesis en esta incursión por la "Avenida del Tiempo" para recordar una gran verdad respecto al carácter y propósitos de Dios.
(Jl 2:12-13) "Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él, esto es, ofrenda y libación para Jehová vuestro Dios?"
Dios no se deleita en el juicio, en el sentido de que no disfruta con nuestro dolor o sufrimiento. Por el contrario, lo que busca son corazones que lo escuchen, que se vuelvan a Él y así abrir las puertas y derramar sus bendiciones en nuestras vidas. Esta es la razón por la cual Dios permite muchas veces que toda clase de dificultades y situaciones sucedan en la vida de las personas y aún en la historia de las naciones como en este caso sucede con su pueblo Israel.
¿Qué consecuencias traería para ellos un arrepentimiento en los términos descritos aquí, "rendir el corazón y no las vestiduras"?
Respecto a la plaga literal de langostas cuyos efectos todavía estaban sufriendo les dice que Dios restauraría la condición actual de esterilidad y desolación por otra de abundancia y bendición:
(Jl 2:24-25) "Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros."
Con respecto a los enemigos escatológicos que aún han de venir sobre Israel dice el verso 18:
(Jl 2:18) "Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo."
Un texto que implica o anticipa la conversión del pueblo al Señor en estos últimos tiempos (Ro 11:25-27), periodo de terrible sufrimiento y que finalmente dará el fruto deseado.
¿Y qué sucederá con este ejercito del norte, con este "asirio del futuro"? El verso 20 tiene la respuesta del Señor:
(Jl 2:20) "Y haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta; su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental; y exhalará su hedor, y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas."
Comparar la destrucción del ejército del norte con (Ez 38:17-18) (Ez 39:2-5).
Resultado de esta conversión, y previo al inicio del milenio, será el cumplimiento pleno de las palabras de (Jl 2:28-32) respecto al descenso del Espíritu Santo sobre todos los convertidos de Israel. Un tiempo del cual "Pentecostés" fue, probablemente, un anticipo (Hch 2:1-21). A este respecto, dice el profesor C. L. Feinberg: "en (Hch 2:16) falta enteramente la fórmula acostumbrada para una profecía cumplida".
Una nota interesante, y que de alguna manera resalta su importancia, es que esta última sección (Jl 2:28-32) forman en las Biblias hebreas un capítulo completo, el 3º de Joel. En consecuencia, lo que nosotros llamamos capítulo 3º para ellos será el 4º.
III. La batalla de Armagedón
Pero no será el rey del norte el único enemigo que vendrá contra el pueblo de Dios antes que este tiempo de paz y prosperidad se hagan reales para Israel.
(Jl 3:9-11) "Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra, despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy. Juntaos y venid, naciones todas de alrededor, y congregaos; haz venir allí, oh Jehová, a tus fuertes."
Estos versos hablan de la reunión de un gran ejército en contra de Jerusalén y de Israel. También (Zac 14:1-5) y (Sof 3:8) dan testimonio de un conflicto definitivo con las naciones del mundo en los últimos días. Posiblemente estamos ante lo que Apocalipsis llama "la batalla de Armagedón", promovida por el anticristo. La última gran batalla del periodo de la Gran Tribulación (Ap 16:13-16) y (Ap 19:11-20).
(Ap 16:13,14,16) "Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso... Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón."
"Haz venir allí, oh Jehová, a tus fuertes" dice (Jl 3:11). Como también relata (Zac 15:3) y (Ap 19:11-20) estos ejércitos serán finalmente derrotados por intervención divina.
IV. El Juicio de las naciones
Pero lo maravilloso será comprobar que finalmente esta reunión de naciones contra Dios no habrá sido más que la preparación para el juicio de las mismas.
Como escribe Ray C. Stedman: "Así como la profecía de Oseas revela el corazón de Dios, la de Joel revela su mano, la mano que controla el destino, que mueve la historia."
(Jl 3:2) "Reuniré a todas las naciones, y las haré descender al valle de Josafat, y allí entraré en juicio con ellas a causa de mi pueblo, y de Israel mi heredad, a quien ellas esparcieron entre las naciones, y repartieron mi tierra"
(Jl 3:13) "Echad la hoz, porque la mies está ya madura. Venid, descended, porque el lagar está lleno, rebosan las cubas; porque mucha es la maldad de ellos."
Tras esta derrota vendrá lo que el Señor Jesucristo llamó "el Juicio de las naciones", cuando el Hijo del Hombre las juzgará y separará, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Los justos serán invitados a compartir la herencia del Padre, mientras que los injustos serán echados fuera. Este juicio dará paso al establecimiento del reino milenial y literal de Cristo sobre la tierra.
(Mt 25:31-34) "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo."
V. El reinado milenial de Cristo sobre la tierra
Será entonces que todas las promesas de bendición y prosperidad anunciadas para Israel desde la antigüedad serán realidad. No para un Israel como el actual (ateo, agnóstico, fanático, que confía más en las armas que en Dios, que rechaza al Mesías) sino para un Israel convertido al Señor y bajo el reinado del Mesías:
(Jl 3:18-21) "Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim. Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente. Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sión."

PEQUEÑAS JOYAS EN JOEL

¿Cuántos versículos, cuántas frases tienes subrayadas en tu Biblia en el profeta Joel? Como anticipábamos al principio, aunque su lectura no es fácil sin embargo tiene textos preciosos que difícilmente podemos pasar por alto.
Permite que ahora, después de haber examinado el contexto y mensaje principal del libro, comparta contigo alguno de ellos. Son versos o expresiones que han llamado mi atención y que he llamado "Pequeñas joyas en Joel". El acercamiento al texto será ahora predominantemente devocional. Deseo que sean de bendición para todos.
1. Un formidable ejército que avanza imparable
(Jl 2:7,9) "Como valientes correrán, como hombres de guerra subirán el muro; cada cual marchará por su camino, y no torcerá su rumbo. Ninguno estrechará a su compañero, cada uno irá por su carrera; y aun cayendo sobre la espada no se herirán. Irán por la ciudad, correrán por el muro, subirán por las casas, entrarán por las ventanas a manera de ladrones."
El verso forma parte de la descripción de un formidable ejército que avanza imparable.
En cierta ocasión escuche cierta aplicación de estas palabras que me estremecieron: "Una notable ilustración de como la drogadicción, el alcoholismo, la pornografía, la ludopatía y otros vicios de nuestro tiempo junto con sus consecuencias se extienden imparablemente en nuestra sociedad y aún entre nuestras familias".
No hay muralla suficientemente alta, ni puerta o ventana tan firmemente cerrada que nos permita exclamar con seguridad "¡mi familia está a salvo! ¡estoy seguro!" Una terrible plaga que no respeta entre ricos y pobres, jóvenes o adultos, hombres o mujeres y ni aún a las familias cristianas.
También son una buena ilustración de como la corrupción y la perdida de valores van ganando terreno en nuestra sociedad y no solo en la clase política, una mancha imparable que todo lo contamina y destruye.
¿Cómo poner freno a estas amenazas? ¿Qué hacer para no sucumbir ante ellas? No me considero la persona más adecuada para dar consejos en este sentido. Sin lugar a duda que hay gente, y entre ellos buenos profesionales, más capacitados que un servidor para orientar a las familias en este sentido.
Como cristiano que ve con dolor lo que ocurre a nuestro alrededor, que ama la Obra del Señor y a sus hermanos, como padre que está preocupado por sus hijos me atrevería a hablar de:
  • La necesidad de estar siempre vigilantes y de no bajar nunca la guardia (1 P 5:8). No confiarse y menos en nuestras propias fuerzas o habilidades (1 Co 10:12) (Ga 6:1).
  • Establecer valores firmes que tengan valor permanente, que puedan actuar como freno a estos ataques. Hablamos de cuestiones como el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo, el compromiso, el respeto mutuo, la solidaridad, el valor de la familia, la justicia, la verdad, la honestidad... aunque esto no es tarea fácil, y más, cuando la sociedad promueve todo lo contrario.
Ahora bien, si queremos educar en valores es menester que primeramente establezcamos la base sobre la cual vamos a edificar. A este respecto dice Joel
(Jl 2:12) "Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón."
  • Un regreso personal, una conversión de cada individuo, al Señor. Nuestra mente, nuestras emociones, nuestra voluntad, nuestro "yo" completo a los pies del Señor. De manera que él mismo pueda ser nuestro escudo. Entonces "...Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel" (Jl 3:16).
  • Consecuencia de lo anterior, la obediencia a Su Palabra: la mejor base para establecer valores y construir vidas (Mt 7:24-25).
2. Una conversión de corazón
(Jl 2:12-13) "Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios."
"Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos". ¡Qué difícil permanecer indiferentes frente a palabras como estas! ¿verdad? ¡Que oportunas y vigentes para nuestros días!
¿Cuantas veces ocurre que prestamos más atención a la apariencia que a lo auténtico y así nos damos por satisfechos (haya o no haya correspondencia interior)? Además está la tentación de pensar que como esto funciona así en la sociedad también funciona con Dios, que Él se conforma con la apariencia y que ya no mira la realidad del corazón (1 S 16:7). Al parecer este era el camino, el de lo externo, que estaba tomando la espiritualidad en Judá.
En aquellos tiempos el arrepentimiento, el dolor verdadero, se expresaban exteriormente de forma muy dramática: ayuno, lloro, lamento (lo que implicaba gritos desgarrados), rompiendo los vestidos habituales y cambiándolos por ropa áspera etc.... El cuadro podía ser impresionante humanamente hablando. ¡Muy conmovedor!. Pero qué se nos enseña aquí:
No se están despreciando estas expresiones culturales, pero Joel nos advierte contra la tentación de sustituir la realidad del corazón por la "apariencia de dolor", "rendir las vestiduras y no el corazón". Si no hay una correspondencia interior estas cosas no sirven para nada. Los llantos, las palabras grandilocuentes, los aspavientos (demostraciones excesivas o exageradas de los sentimientos) etc. pueden impresionar a los hombres pero no a Dios. Él sigue poniendo su atención en la realidad interior.
3. El perdón de Dios
Nos quedamos con estas significativas palabras: (Jl 2:17-18) "...digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo,... Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo".
¿Y qué había de perdonar? ¿cuál era su pecado?
Atendiendo al momento histórico en que posiblemente escribe Joel, un tiempo de paz y por tanto de cierta prosperidad, quizás el problema estuvo en que se olvidaron de Dios. Se conformaron con los ritos, con las celebraciones en el templo, con cumplir... pero sus corazones estaban lejos de Dios. En realidad cada uno vivía entregado a sus propios asuntos. La devoción a Dios era algo vacío.
Pero como estas palabras de Joel trascienden al tiempo histórico en que se escribieron podemos avanzar y decir que este "olvido" se transformó después en idolatría pura y dura, lo cual les costó la deportación a Babilonia.
Pero más allá todavía en el tiempo el pecado consistió en una religiosidad tan centrada en sí mismo que llegaron a rechazar y crucificar al Mesías, a nuestro Señor Jesucristo.
Y más allá todavía, llegando aún al tiempo presente, no solo que persisten en una religión que rechaza al Mesías sino que un gran número de judíos se declaran ateos o agnósticos. Sencillamente no creen en Dios.
Pues bien, no importa el momento histórico en el que nos fijemos o del pecado en concreto (olvido, indiferencia, idolatría, rechazo, ateísmo) de que hablemos, estas palabras permanecen plenamente vigentes: El Señor está dispuesto a perdonar a su pueblo. Solo hay una condición: arrepentimiento genuino y conversión a Él.
¡Que palabras tan hermosas! "perdonará a su pueblo" dice Joel. Hermano/a: ¿Cuán grande ha sido nuestra caída? ¿Hasta dónde nuestro olvido o traición? ¿Cuán ocupados hemos estado en nosotros mismos? ¿Hemos llegado al punto de negarle en nuestra vida?
La buena noticia es que en Dios, lo mismo que para el pecador mas vil, hay gracia suficiente para perdonar, levantar y restaurar. Sin embargo hay una condición. Un volverse de todo corazón al Señor. Lo que Dios pide de nosotros es arrepentimiento y un genuino volvernos a Él. ¿Hay en nosotros tal disposición? Recordemos las palabras finales del verso 13:
(Jl 2:13) "Convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo."
Recordemos también las palabras del apóstol Juan:
(1 Jn 2:1-2) "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo."
4. "Fuerte soy"
(Jl 3:10) "Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy."
Y nos fijamos ahora en una frase que quizás hemos escuchado en más de una ocasión: "diga el débil: Fuerte soy". Hermoso ¿verdad? Y cuán necesitados estamos de escuchar cosas como estas.
La vida está llena de tantas luchas, tantas encrucijadas, laberintos... que sencillamente ¡las circunstancias nos superan! Por eso, palabras como estas, que además vienen de la Biblia, "diga el débil: Fuerte soy" nos animan y las agradecemos profundamente.
Sin embargo, en este caso, estas palabras son: ¡Todo un testimonio de la necedad del corazón humano! (de la falta de conocimiento y verdadera sabiduría).
¿Por qué decimos esto? Nos lo indica el contexto. Esta reunión de ejércitos a la que con gran entusiasmo se suman incluso los más débiles ("fuerte soy") es para pelear contra Dios mismo y contra su pueblo (aquellos judíos que finalmente se han convertido al Señor). La misma escena se nos describe ampliada y desde otra perspectiva en (Ap 16:12-16), "Armagedón".
¿Hay mayor necedad que esta? "El débil", la criatura, rebelándose contra su creador. Enfrentarse al Dios Todopoderoso o contra aquel que las Escrituras llaman "REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES" (en referencia a Jesús, ver (Ap 19:16) ¿Hay mayor muestra de soberbia y rebeldía?
Sin embargo esta escena futura donde la criatura al grito engañoso de "fuerte soy" se revela contra su hacedor encuentra su correspondencia también en el tiempo presente.¿Sabes cuando?:
  • Sucede cada vez que "los sabios de este mundo", junto con sus líderes políticos, con sus famosillos y personajes influyentes se unen contra Dios y gritan: ¡no existe! ¡Ha muerto! y desacreditan su Palabra.
  • Pero también sucede (y en este punto incluyámonos todos) cuando pretendemos ser más sabios que Dios, cuando queremos dar órdenes al creador y decir al Dios Omnisciente lo que debe hacer, cuando queremos decidir sobre lo que está bien o mal ignorando sus leyes. Siendo "débiles criaturas" jugamos a gritar "fuerte soy" y ocupamos Su lugar en nuestras vidas. La necedad de estas actitudes podemos verla en la respuesta que Dios da al hombre en el (Sal 2).
Sin embargo hermanos, amigos, la realidad persiste. Volviendo al inicio de este pensamiento: "Estamos llenos de luchas, son muchas las veces en que las circunstancias de la vida nos superan, ¡necesitamos aliento para seguir!".
Y podemos preguntarnos: ¿hay una manera correcta de exclamar "fuerte soy" sin que implique necedad ni vanidad? La respuesta es ¡sí!. La letra del cántico: "Eres mi protector" nos puede ayudar a expresarlo correctamente:
"//Confiaré en ti// el débil dirá: ¡Fuerte Soy!
Con poder del Señor, Confiaré en ti.
Cuando nuestra confianza no está en nosotros mismos sino que descansamos en el Señor entonces, siendo débiles, podemos llegar a ser fuertes en medio de las diferentes circunstancias de la vida. Veamos dos versos:
(Jl 3:16) "...pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel."
Preciosas palabras que también debiéramos atesorar. Este es uno de los resultados maravillosos de "cesar en nuestra rebeldía, arrepentirnos y convertimos a Él de todo corazón". El Señor mismo se convierte en nuestra Esperanza y en nuestra Fortaleza. Somos fuertes EN ÉL.
Tampoco podemos dejar atrás las palabras del apóstol Pablo:
(2 Co 12:9) "Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo."

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