Estudio bíblico: Creed en el evangelio - ¿Qué es la fe? - Marcos 1:14-15

Serie:   El Evangelio de Marcos   

Autor:   Luis de Miguel   Email:   estudios@escuelabiblica.com
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Creed en el evangelio - ¿Qué es la fe?

Introducción

En nuestros estudios anteriores veíamos que para beneficiarnos de todo lo que Dios ha hecho y poder entrar en su reino glorioso, nuestro primer paso debe ser el arrepentimiento. Pero hay un segundo paso, y se trata de la fe. El Señor Jesucristo lo expresó de esta manera: "Creed en el evangelio" (Mr 1:15).

Cada persona tiene que hacer su propia elección

Es importante aclarar esto porque muchas personas piensan que para ser cristianas no tienen que tomar una decisión personal. Algunos creen que ya lo son por el solo hecho de haber nacido en un hogar o en una nación de tradición cristiana. Al fin y al cabo, no son judíos, ni musulmanes, ni tampoco budistas, así que, deben ser cristianos. Pero lo cierto es que nuestro Señor Jesucristo explicó que se requiere una decisión personal que consiste en "arrepentirse y creer". Cada adulto tiene que tomar esta decisión libre y conscientemente.
Ese era el problema de los judíos. Ellos creían que por ser descendientes de Abraham, automáticamente pasaban a ser parte del pueblo de Dios, pero Juan el Bautista les advirtió de su peligrosa equivocación:
(Mt 3:8-10) "Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego."
El Señor Jesucristo siempre insistió en que cada persona debe tomar su propia decisión. Recordemos la parábola que él contó acerca del sembrador que sembraba la semilla en distintos tipos de tierra (Mr 4:1-20). El sembrador representaba al mismo Señor, que sembraba la Palabra en los corazones de las personas por medio de la predicación, y que siempre respetaba los diferentes resultados que se producían. Y lo mismo hicieron sus apóstoles cuando llevaron el evangelio por todo el mundo.
Pero todo esto cambió cuando siglos más tarde el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio Romano. Fue entonces cuando algunos emperadores romanos obligaron a sus súbditos a someterse al bautismo porque pensaban que al pasar por ese rito la gente se hacía cristiana de forma inmediata. Más tarde, en épocas posteriores, se usaron medios más extremistas. Por ejemplo, en muchas ocasiones, a los judíos que vivían en España, se les dio a escoger entre convertirse al cristianismo o ser quemados en la hoguera. Y algo parecido ocurrió con los nativos que los españoles encontraron cuando llegaron a América; a ellos se les dio a escoger entre una espada y una cruz.
Pero ninguna de estas formas de "hacer cristianos" respeta la libertad del ser humano ni tiene nada que ver con lo que el Señor enseñó. Y aunque es cierto que los tiempos han cambiado, y que afortunadamente ya no se cometen este tipo de crímenes en el nombre de Cristo, sin embargo, ha quedado la idea de que una persona puede llegar a ser cristiana sin que ella misma tome una decisión personal. Por ejemplo, en el catolicismo se sigue enseñando que un niño recién nacido que recibe el sacramento del bautismo ya es cristiano y miembro de la iglesia para toda su vida. Pero eso es totalmente falso, ya que un niño de pocos días no tiene capacidad para tomar una decisión de ese tipo. Además, la experiencia ha demostrado sobradamente que los países católicos están llenos de personas bautizadas que no quieren saber nada de Dios ni del cristianismo.
Insistimos, cada persona debe decidir por sí misma libremente. Este es un asunto sencillo de entender. Igual que no nos gustaría que alguien nos obligara a casarnos con una persona a la que no amamos, del mismo modo, tampoco querríamos que alguien decidiera por nosotros hacernos cristianos para toda la vida sin preguntarnos si lo deseamos.
Por otro lado, hay personas que asumen que por el hecho de ser criaturas de Dios, automáticamente son sus hijos, y por lo tanto ya no necesitan convertirse. Pero esto también es falso. La Palabra de Dios nos enseña que para llegar a ser sus hijos tenemos que nacer de nuevo por medio de la fe:
(Jn 1:12-13) "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios."
Y aún hay otros más que piensan que porque Jesús murió en la cruz por todo el mundo, entonces todas las personas son salvas sin necesidad de hacer nada más. Pero aunque es cierto que la oferta de la gracia de Dios está a disposición de todos los hombres, y su deseo es que todos lleguen a ser salvos (1 Ti 2:4) (Tit 2:11), sin embargo, es necesario que cada persona reciba este regalo por medio de la fe y el arrepentimiento.
Finalmente, todas estas falsas ideas nos separan de nuestra verdadera responsabilidad personal. Y de hecho, si fuera cierto que podemos llegar a ser cristianos en contra de nuestra voluntad, nos quejaríamos amargamente. Sería como aquellas personas que se ven obligadas a aceptar determinada ideología política porque se encuentran viviendo en un país bajo una dictadura. Pero Dios no actúa así, ya que eso vulneraría gravemente la libertad moral que Dios en su soberanía ha dado a cada hombre.
Y por supuesto, una decisión impuesta por la fuerza, nunca llegaría a producir un amor auténtico hacia Dios. Quienes tienen la desgracia de vivir bajo un régimen totalitario, puede que en algunos momentos aparenten tener cierta simpatía hacia su dictador, pero nunca por amor, sino por el temor a sus represalias. Y claro está, Dios no busca eso de los súbditos de su reino, porque el amor que se consigue por la fuerza nunca es auténtico. Dios no va a convertir a los seres humanos en máquinas que automáticamente cumplan su voluntad porque no tienen ninguna posibilidad de elegir. Dios ha dado libre albedrío al hombre. Nos ha dado ojos, pero también párpados, de tal modo que podemos cerrarlos y no ser obligados a ver la belleza de la creación si no queremos. Y de igual manera, a nivel espiritual, podemos elegir vivir en tinieblas y cerrar nuestros ojos para no ver la hermosura de la santidad de Dios ni acercarnos a él.
Por lo tanto, lo que Dios espera es que cada persona haga su propia elección voluntariamente, con un conocimiento adecuado de sus implicaciones. Nadie puede decidir por nosotros, aunque es cierto que otros podrán orientarnos en el camino, pero finalmente, cada uno de nosotros tenemos que tomar una decisión personal.
Hay algo que nosotros tenemos que hacer, porque el cristianismo no es la mera aceptación pasiva de algunas afirmaciones. Por ejemplo, cuando el carcelero de Filipos se encontró con Pablo y Silas preguntó: "¿Qué debo hacer para ser salvo?", a lo que ellos contestaron: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hch 16:30-31).

Arrepentimiento y fe

Como estamos viendo, el Señor Jesucristo espera una respuesta de cada uno de nosotros que debe consistir en el arrepentimiento y la fe. Cuando comenzó su ministerio lo expresó de esta manera: "Arrepentíos y creed en el evangelio" (Mr 1:15). Y el apóstol Pablo, dirigiéndose a los ancianos de Éfeso, les recordó que su ministerio entre ellos había consistido en testificar a judíos y a gentiles "acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo" (Hch 20:21).
Como vemos, ambas cosas son esenciales y deben ir juntas, formando un todo indivisible. No es posible entrar en el reino de Dios sin tener las dos.
En nuestro estudio anterior consideramos que el arrepentimiento parte del reconocimiento de nuestros pecados como una ofensa contra el Dios santo. Cuando pecamos, estamos expresando nuestra rebeldía contra Dios y nuestros deseos de vivir en independencia de él. Por eso, el arrepentimiento implica necesariamente un deseo de dejar nuestros pecados para volvernos a Dios, creer en él y someternos a su voluntad. De ese modo, él llega a ser nuestro Salvador y también nuestro Señor.
Ambos cosas tienen que ir juntas. De nada sirve un arrepentimiento que no nos lleve a creer en Dios, ni tampoco nos ayudará creer en Dios sin arrepentirnos de nuestros pecados. Al fin y al cabo, este último es el problema de los demonios: ellos creen en Dios, pero no tienen intenciones de someterse a él (Stg 2:19).
Podríamos decir, por lo tanto, que cuando nos arrepentimos y creemos en Dios, estamos invirtiendo lo que ocurrió en el Edén durante la caída. Allí el hombre se rebeló contra Dios y decidió vivir en independencia de él, pero por medio del arrepentimiento tomamos la decisión contraria de sujetarnos a su voluntad. En el Edén, el hombre dio crédito a las sugerencias de la serpiente y llegó a desconfiar de Dios, pero por medio de la fe volvemos a creer en él. Por eso, ambas cosas son necesarias para entrar en el reino de Dios que Cristo vino anunciando.

¿Qué es la fe?

Ahora bien, es importante aclarar este concepto a la luz de la Biblia porque hoy en día hay muchas cosas que pasan por fe pero en realidad no lo son.
1. Confianza práctica en Dios
Podríamos definir la fe como la confianza en alguien a quien consideramos superior a nosotros mismos. Por lo tanto, cuando decimos que tenemos fe en Dios, estamos diciendo que él es mayor que nosotros, que lo necesitamos, que dependemos de él y que confiamos en que hará por nosotros lo que necesitamos.
Podríamos decir que nuestra fe en Dios sería parecida a la actitud que tendría un hombre ciego que quiere ir a un sitio que no conoce, y pide ayuda a alguien que sí que puede ver para que le lleve hasta allí. En el caso de que el ciego ponga su fe en esa otra persona, estaría queriendo decir que cree que puede llevarle a su destino y que además es digna de confianza, de tal manera que no le llevará a otra parte diferente. Aunque realmente, la fe comenzaría cuando el ciego le pidiera su ayuda y comenzaran juntos el camino. Porque la fe auténtica implica una confianza práctica, no teórica.
Se cuenta que Charles Blondin, el famoso funámbulo y acróbata francés, preguntó a un amigo si creía que él era capaz de cruzar las cataratas del Niágara sobre una cuerda cargando con otro hombre sobre sus espaldas. Su amigo sabía que Blondin ya había cruzado varias veces las cataratas de diferentes maneras: con los ojos vendados, dentro de una bolsa, arrastrando una carretilla, con zancos, tomando asiento a la mitad del camino para cocinar y comerse una tortilla. Así que le contestó que sí que creía que podría hacerlo cargando con un hombre sobre sus espaldas. Pero Blondin no estaba convencido de que su amigo realmente confiara en él, así que le pidió que fuera con él la siguiente vez, a lo que su amigo se negó.
Esta historia ilustra bien lo que es la verdadera fe bíblica. No sirve de nada creer que el Señor Jesucristo puede perdonar nuestros pecados y llevarnos al reino de Dios, si realmente no nos ponemos en sus manos para que lo haga. Y por desgracia, hay muchas personas que en sus mentes creen el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo, pero que no obstante, nunca llegan a entregarse plenamente a él para que los salve de forma personal. No lo olvidemos, una fe meramente intelectual no sirve para nada.
El Señor Jesucristo expresó esta misma verdad de una forma muy sencilla. Él se presentó en una ocasión como "el pan vivo que descendió del cielo" y afirmó que "si alguno comiere de ese pan, vivirá para siempre" (Jn 6:51). Si tenemos hambre, no sirve de nada que nos quedemos mirando el pan, tenemos que comerlo. Esto implica una actitud práctica de nuestra parte. Pero al mismo tiempo, esta última ilustración nos muestra cómo la fe nos lleva a establecer una relación profunda e íntima con Cristo, porque una vez que hayamos comido el pan, en pocas horas llegará a formar parte de nosotros mismos, siendo imposible sacarlo de nuestro organismo. Y de igual manera, cuando aceptamos a Cristo por la fe, él llega a formar parte de nosotros mismos. Y no sólo eso, sino que también se convierte en el sustento de nuestras vidas.
2. La fe no es una obra meritoria
La fe no tiene absolutamente ningún mérito en sí misma; su valor radica exclusivamente en el objeto en el que se coloca.
En ocasiones se ha dicho que la fe es una mano vacía que se extiende hacia Dios en busca de ayuda, y se ha ilustrado como si se tratara de un hombre que se está ahogando y a duras penas logra sacar su mano del agua pidiendo ayuda. Así lo expresaba el salmista:
(Sal 143:6) "Extendí mis manos a ti, mi alma a ti como la tierra sedienta."
Por eso, si finalmente la persona se salva, todo el mérito deberá ser dado al Salvador. Nadie debe pensar que la salvación está en la mano del hombre pecador que se extiende desesperada buscando ayuda, sino en la de Dios, que es quien puede y quiere salvarnos por su gracia.
Es importante aclarar que no hay ningún mérito en la fe, especialmente a aquellas personas religiosas que confunden la fe con el cumplimiento de ciertos ritos. Por ejemplo, es fácil encontrarse con personas católicas que afirman que tienen mucha fe, cuando en realidad lo que quieren decir es que practican mucho su religión y participan activamente en sus ritos. En ese caso, es fácil que esas personas crean que su fe les aporta algún mérito para la salvación, pero eso se debe a que no han entendido la verdadera naturaleza de la fe bíblica.
3. La fe sólo tiene valor si se coloca en Cristo
Con frecuencia escuchamos a personas que nos dicen que tienen mucha fe en tal o cual virgen o santo. Pero eso no tiene nada que ver con lo que la Biblia enseña.
En primer lugar, porque todos los seres humanos sin excepción somos pecadores y necesitamos de un Salvador. Incluso la misma virgen María reconocía esto cuando miraba su propia bajeza y se regocijaba en Dios como su Salvador (Lc 1:47-48).
Y en segundo lugar, porque muchas de las personas que hacen este tipo de afirmaciones, no están pensando ni siquiera en una persona de carne y hueso, sino en una imagen tallada por los hombres que está en alguna iglesia. Esto, además de haber sido prohibido claramente en la ley de Dios (Ex 20:4-6), es ridiculizado en la Biblia en muchas ocasiones. Por ejemplo, el profeta Isaías habla de lo absurdo que es hacer imágenes de talla y adornarlas bellamente para después inclinarse ante ellas (Is 44:9-20) (Is 40:19-25), y los salmistas hablan de su inutilidad y de la insensatez de los que confían en ellas (Sal 115:4-8) (135:15-18).
Otras personas hacen afirmaciones del tipo de: "lo importante es creer en algo". Pero esto, que puede sonar muy bonito, es igualmente falso. La Biblia afirma que la única fe que salva es la fe en Cristo. El mismo Señor lo afirmó:
(Jn 14:6) "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí."
Y sus apóstoles predicaron lo mismo:
(Hch 4:12) "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos."
Si creer en cualquier cosa es el camino para entrar en el reino de los cielos, entonces Dios no tendría que haber enviado a su propio Hijo al mundo para morir por los pecadores. De hecho, tampoco habría sido necesario que nos diera su Palabra para enseñarnos el camino de la salvación, porque al fin y al cabo, lo único que necesitamos es creer lo que nos dice nuestro corazón.
En todo caso, por muy popular que sea esta idea, es evidente que el Dios que se revela en la Biblia no está de acuerdo con ella, y ha dicho claramente que no va a dar por buenas las cosas que hacen los que creen otras cosas. ¿De verdad creemos que Dios va a aprobar los crímenes cometidos por los musulmanes extremistas? ¿O justificará los abusos que la Iglesia Católica y sus papas han cometido durante siglos contra todos los que no pensaban como ellos? Por mucha fe que tengan en sus creencias, Dios ya ha dicho en su Palabra que repudia estas actitudes.
Pero si fuera cierto que lo importante es creer en algo, en ese caso tendríamos que aceptar cualquier creencia de los hombres. Eso es completamente absurdo. Nos veríamos obligados a dar por válidas las creencias más insólitas, como por ejemplo, las de la primera iglesia de Bob Esponja que rinde culto al popular personaje animado; o la religión Maradoniana, cuyo dios es el conocido futbolista Armando Maradona y adora un balón; o la religión del Jedi, inspirada en la saga de la "Guerra de las galaxias".
Es más, también tendríamos que admitir que hay algún tipo de virtud en creer cosas que claramente están en contra de la Palabra de Dios, y en muchos casos, del sentido común, como por ejemplo la iglesia de la eutanasia, que tiene como su principal mandamiento "No procrearás", y sus cuatro pilares "sagrados" son la sodomía, el canibalismo, el suicidio y el aborto. O los raelianos, que afirman que la vida en la Tierra fue creada por seres de otro planeta mediante ingeniería genética, y confían en la clonación como un arma para conseguir la inmortalidad. O la Lacrimología, que propone que a través del dolor físico y mental, y por lo tanto del llanto, es posible alcanzar un estado espiritual superior. O la mayoría de las religiones orientales que creen en la reencarnación del alma en distintos cuerpos. O los hindúes, que consideran las vacas como sagradas. O los panteístas que creen que todo es dios.
En fin, está claro que la imaginación humana no parece conocer límites, así que nos podemos encontrar con cualquier cosa en materia de creencias. Pero decir que lo importante es creer en algo nos obliga a aceptar que teorías completamente opuestas son igualmente verdaderas, algo que claramente es imposible. Por ejemplo, si creemos, tal como la Biblia afirma, que Dios es el creador de todo, esto está en clara oposición con lo que dice el panteísmo cuando afirma que toda la creación es dios. Evidentemente, una de las dos posturas tiene que ser falsa, y creer en una mentira nunca nos llevará a ningún sitio bueno.
Es verdad que la idea de que lo que importa es creer en algo está muy extendida en este mundo, y que en esta época moderna en la que se idolatra la tolerancia, parece que estamos obligados a callarnos ante las mayores locuras que podamos ver en materia religiosa con el fin de mantener una convivencia pacífica. Pero podemos estar completamente seguros de que Dios no va a dar por bueno lo que ya ha dicho que es falso y ha condenado en su Palabra.
4. La fe es la respuesta humana a la Palabra revelada de Dios
Como decíamos, la fe bíblica nunca se deposita en lo que nosotros queremos creer, sino en lo que Dios ha revelado en su Palabra. Por lo tanto, implica sumisión y obediencia a lo que Dios dice.
Es importante tener esto claro, porque de otro modo puede llevarnos a equivocaciones dolorosas. Por ejemplo, si un hombre recibe la noticia de que a su esposa le han detectado un cáncer muy agresivo, probablemente dirá que tiene mucha fe en que Dios la va a sanar. Pero sin ánimo de parecer insensibles, esta confianza no se basa en nada que la Palabra de Dios haya dicho, y es posible que su esposa muera. Si tal cosa ocurriera, no será porque Dios ha fallado en responder a la fe del marido, sino que en realidad, lo que habrá fallado será la idea que él tenía sobre lo que es la fe.
Para algunas personas, la fe es una forma de expresar sus propios deseos. Dicen que tienen mucha fe porque desean algo con mucha intensidad. En el caso anterior, como es lógico, el marido tendrá un fuerte deseo de que su mujer sea sanada. Pero es necesario señalar que no hay ninguna promesa en las Escrituras que nos diga que si tenemos fe todos nuestros familiares queridos serán siempre sanados cuando estén enfermos. Eso es lo que nosotros queremos creer, pero Dios no lo afirma en ninguna parte de la Escritura.
Nosotros oramos con fe confiando en que Dios tiene el poder de sanar a los enfermos, pero nos sujetamos a su voluntad y aceptamos lo que él decida hacer. En ocasiones veremos maravillosos milagros de sanidad, pero en otros casos recibiremos la fuerza para seguir adelante en medio de la pérdida.
Esto es lo que nos dice el capítulo 11 del libro de Hebreos, que como ya sabemos, está dedicado íntegramente al tema de la fe. Allí encontramos que entre sus héroes, algunos disfrutaron de grandes victorias mientras que otros no, pero todos ellos fueron hombres y mujeres de fe:
(He 11:32-39) "¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido"
En este párrafo vemos con claridad que la fe no siempre desemboca en la victoria inmediata. La fe puede tener dos tipos de desenlace. Por la fe podemos ser salvos de la muerte y por causa de la fe podemos tener que afrontar la muerte. Recordemos el caso de Pedro y Jacobo en (Hch 12:1-17). Los dos fueron encarcelados por causa de su fe, pero mientras que Jacobo fue ejecutado por Herodes, Pedro fue liberado milagrosamente para seguir su ministerio. ¿De qué depende un final u otro? Todo depende de la voluntad de Dios en un momento determinado.
Lo realmente importante es recordar que la verdadera fe se nutre de la Palabra de Dios y de sus promesas. La fe es nuestra respuesta obediente a lo que Dios ha dicho. Cuando nos salimos de ahí, estamos pisando arenas movedizas.
Por lo tanto, podemos decir que la fe auténtica respeta toda la Palabra de Dios. Sea lo que sea que Dios dice, el hombre de fe lo recibe y ajusta su vida de acuerdo a ello.
Por lo tanto, la Palabra de Dios tiene un papel fundamental en la fe. Si la dejamos a un lado, la fe se convierte en un asunto totalmente subjetivo y cada uno creerá lo que más le guste. Pero si Dios se ha revelado por medio de su Palabra, entonces la fe se debe limitar a creer y obedecer lo que él ha dicho.

Preguntas

1. Explique algunas de las razones por las que las personas se excusan para no tomar una decisión personal en cuanto al evangelio. ¿Qué les respondería con la Biblia en la mano?
2. Cite varios ejemplos de personas que han sido o son obligadas a aceptar la fe cristiana. ¿Le parece que en esos casos puede haber una conversión genuina? Razone su respuesta.
3. ¿En qué sentido el arrepentimiento y la fe son complementarios?
4. Enumere algunos conceptos equivocados que la gente tiene sobre la fe. Explique a la luz de la Biblia por qué son erróneos.
5. ¿Qué relación tiene la Palabra de Dios con la fe? Justifique bíblicamente su respuesta.

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Prédica: Juan el Bautista, un hombre de Dios (Marcos 1:4-6)
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