Estudio bíblico de 1 Pedro 2:11-3:1

1 Pedro 2:11-3:1

Continuamos hoy, estimado oyente, nuestro recorrido por la primera epístola del Apóstol Pedro. Nos encontramos en el capítulo 2, y comenzaremos nuestro estudio con el versículo 11, que dice:

"Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que batallan contra el alma."

El hijo de Dios tiene que publicar las alabanzas de su Padre celestial. ¿En qué manera? ¿Cantando himnos? Es bueno hacerlo de esta forma, pero usted puede hacer pública Sus alabanzas mejor, no cediendo ante los deseos pecaminosos de la naturaleza humana. Antes, el apóstol nos dijo que las obras de esa naturaleza humana eran la malicia, la astucia, la hipocresía, la envidia y la calumnia. Hacemos públicas Sus alabanzas haciendo públicas nuestras actitudes, que han sido determinadas por la Palabra de Dios. Continuemos leyendo el versículo 12 de este segundo capítulo de la primera epístola del apóstol Pedro:

"Mantened buena vuestra manera de vivir entre los no judíos, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras."

Aquí el apóstol les aconsejó que mantuvieran una conducta ejemplar ante los incrédulos. Aquí recordamos que la verdadera separación cristiana del mal no consiste en adoptar una posición piadosa. No se trata simplemente de abstenerse de realizar acciones mundanas. Es más bien una actitud positiva, que incluye honestidad y buenas obras. Todos los creyentes pueden exponer, en cualquier tipo de ocupación profesional, las alabanzas a Dios por medio de su honestidad. Esta actitud, esta conducta constituye el testimonio que el mundo necesita ver. Ahora, los versículos 13 y 14 dicen:

"Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien."

Nerón, enfermo de locura, acababa de ocupar el trono de Roma como el nuevo emperador. El Imperio Romano se jactaba de tratar con justicia a las personas. Sin embargo, era como cualquier otro gobierno de esta tierra. Los individuos pobres nunca tenían oportunidades de que se les aplicara un trato justo, equitativo. Las personas que disponían de grandes recursos económicos siempre podían contratar abogados lo suficientemente inteligentes como para evadir el cumplimiento de las leyes. Y los pobres eran los que debían enfrentarse a los problemas de hacer frente a las demandas de la ley.

Ahora considerando nuestra situación actual, ¿cuál debería ser la relación del creyente con la ley? El tiene que obedecer la ley. Esto es lo que el apóstol Pedro estaba diciendo aquí, que se sometieran a toda autoridad humana por causa del Señor. Y ya que se encontraban viviendo bajo la ley romana, tenían que obedecerla. Aunque Roma tenía la intención que sus leyes fueran justas, su aplicación no lo fue. Recordemos que la ley Romana crucificó a Cristo y persiguió a los primeros cristianos; sin embargo Roma se jactó públicamente de su justicia. También en la actualidad y en ciertos países los poderes públicos tienden, con cortesía y diplomacia, a obstaculizar y suprimir la proclamación de la Palabra de Dios. Aun así, los cristianos, aunque hagan conocer su oposición a esta actitud, deben recordar que la Palabra de Dios los exhorta a obedecer las leyes de una nación. Continuemos leyendo el versículo 15 de este segundo capítulo de 1 Pedro:

"Esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos"

Así que cuando un cristiano se somete a un determinado gobierno y a aquellos que ejercen autoridad sobre su vida, está revelando su actitud de alabar a Dios a través de su vida y testimonio cristiano. Puede que usted no quiera aceptar la responsabilidad por una multa debida, por ejemplo, a una infracción de tráfico y se sienta molesto por tener que aceptar una sanción que considera injusta, pero deberá pagar la multa correspondiente y mantener esa actitud de obediencia a las leyes, ya que por medio de ese acatamiento al orden legal vigente, usted está dando un testimonio positivo de su fe en Dios. Continuemos leyendo el versículo 16 de este segundo capítulo:

"Actuad como personas libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios."

Es importante destacar que la relación del creyente con otras personas es un testimonio que habla con mayor elocuencia que los mensajes predicados desde los púlpitos. Es que el creyente en Cristo tiene una libertad que el no cristiano no tiene. Los creyentes tienen una libertad extraordinaria en el Señor Jesucristo. Creemos firmemente que nosotros podemos ir a lugares, y ver cosas que un cristiano corriente no podría. Aunque no creemos que pudiéramos resultar perjudicados por esa conducta, evitamos ir a ciertos lugares para no dañar nuestro testimonio. Porque no queremos usar nuestra libertad para encubrir malicia ni malas intenciones; es decir, que no queremos que creyentes débiles en su fe se perjudiquen por lo que hagamos. Tenemos que recordar que, aunque seamos libres, somos siervos de Dios. Y dice el versículo 17 de este segundo capítulo de 1 Pedro:

"Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey."

Aquí se nos manda dar a todos el debido respeto y honra. Un creyente debería respetar a todos los seres humanos. Aquí no dice que deba amarlos -todos sabemos que algunas personas provocan un sentimiento de rechazo...

Aquí sí hay un mandamiento de amar a los hermanos. Se está refiriendo, por supuesto, a los otros creyentes.

Y luego, dijo aquí el apóstol Pedro: Temed a Dios. O sea, que nosotros, como creyentes, tenemos que revelar por medio de nuestras vidas, que formamos parte de un pueblo temeroso, es decir, respetuoso de Dios.

Y el apóstol finalizó este versículo Pedro diciendo: Honrad al rey. No importa quien ocupe el cargo o la posición de máxima autoridad en una nación, debemos respetarle. Indiferentemente de su identidad política y de sus capacidades para ejercer la máxima autoridad, debemos respetarlo a causa de su cargo (lo cual, por supuesto, no implica que asumamos sus ideas o que estemos de acuerdo con su forma de ejercer el poder). Continuemos leyendo el versículo 18 de este segundo capítulo:

"Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar."

La primera frase, que nos menciona a criados y a amos, puede aplicarse en nuestro tiempo a las relaciones que deberían existir entre los jefes y los empleados de una empresa. Por supuesto esta relación de sumisión del empleado resulta generalmente más fluida cuando ambos son creyentes. El problema puede surgir cuando un empleado creyente trabaje para alguien que no lo sea.

Aquí se aclara que esta actitud debe existir con respecto a los que son buenos y afables, sino también con los que sean difíciles de soportar, pero siempre y cuando esas personas no pidan algo que sea ilegítimo y deshonesto.

Aquí la palabra sujetos contiene la idea de una libertad de elección. Es más bien como estar dispuestos a someternos, como una actitud que se hace voluntariamente. No porque uno piense que la persona que ejerce autoridad sobre nosotros sea una gran persona, sino por causa de nuestro testimonio cristiano. Los creyentes deberían exponer su vida como una alabanza y honra al nombre de Dios, por medio de sus actitudes y acciones en el ámbito de su trabajo u ocupación profesional. Continuemos leyendo los versículos 19 y 20 de este segundo capítulo de 1 Pedro:

"Lo que merece aprobación es que alguien, a causa de la conciencia delante de Dios, sufra molestias padeciendo injustamente, pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios."

Aquí se está diciendo "¿cómo podéis atribuiros mérito alguno si soportáis que os maltraten por hacer el mal? Aquí la palabra "abofetear" significaba ser golpeado con los puños. Esta era con frecuencia el tratamiento dado a los esclavos en los tiempos el apóstol Pedro. Si un esclavo había robado, mentido, o se había rebelado contra su amo negándose a trabajar, su amo podía someterle a una verdadera paliza propinada con los puños. Pedro estaba diciendo que si uno ha sido castigado por cometer una falta como éstas que acabamos de mencionar, no tenía nada por lo que jactarse, no había ningún mérito en ello y entonces tenía que soportar el castigo con paciencia. El castigo se debía al error cometido. En un caso semejante, Dios no iba a elogiar al castigado por su paciencia.

Estimado oyente, es posible que, a veces, usted esté teniendo problemas y dificultades por haber actuado de forma insensata. Cierto hombre de negocios dijo en una ocasión que había cometido una tontería. Había invertido todo su dinero en la Bolsa de Valores y había perdido todo su capital, así que tuvo que declararse en quiebra. Pero todo lo que él estaba sufriendo se debía a su propia culpa. Entonces, el reconocer sus errores y soportar el sufrimiento con paciencia no le recomendaba para recibir el elogia y la honra de Dios.

Ahora, este versículo 20 añadió: Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Por supuesto, la reacción natural de todos nosotros es devolver el golpe cuando hemos sido tratados injustamente. Tenemos que confesar que ésta es nuestra primera reacción, aunque hemos aprendido que tenemos que permitir que, en esos casos, Dios se haga cargo del asunto. Dios ha dicho en Su Palabra mía es la venganza, yo pagaré. Y El cumplirá ese propósito aplicando justicia muchísimo mejor que cada uno de nosotros. El Señor Jesús dijo, como vemos en Mateo capítulo 5, versículos 11 y 12: Dichosos seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozáis y alegraos, porque vuestra esperanza es grande en los cielos. Y el apóstol Pedro continuó en la misma línea diciendo esto, ciertamente es aprobado delante de Dios.

El apóstol no llegó muy lejos sin hablarnos, nuevamente, sobre los sufrimientos de Cristo, que constituyen un ejemplo para nosotros como creyentes. Continuemos leyendo los versículos 21 y 22 de este segundo capítulo de 1 Pedro:

"Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca."

Cuando el Señor Jesucristo estaba aquí en la tierra, pasó por dos clases de sufrimiento: sufrió como un ser humano cuando se convirtió en un hombre, sufriendo por causa de la justicia. Y también, sufrió por los pecados del mundo.

Ahora, Su sufrimiento por el pecado del mundo, no es un ejemplo para nosotros. Ese sufrimiento es nuestra redención. Es algo en lo cual creemos y que aceptamos, pero que de ninguna manera podemos imitar. Sin embargo, en Su vida aquí en la tierra, Cristo nos dejó un ejemplo. En el pueblo de Nazaret, durante sus primeros 30 años, sufrió el ridículo y la incomprensión, como así lo describió con claridad el Salmo 69. Después de ese período, cuando su ministerio pasó a ser público, los relatos de los Evangelios nos cuentan que El sufrió por causa de la justicia. Cuando usted y yo sufrimos por nuestra fe, recordamos el ejemplo que El nos dejó. Y dice el versículo 23 de este segundo capítulo:

"Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente."

El dejó que Su Padre ajustara las cuentas pendientes. Nuevamente recordemos la cita de la carta a los Romanos, en la que el apóstol Pablo escribió en el capítulo 12 de su epístola, versículo 19: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: "Mía es la venganza, yo pagaré", dice el Señor. Permitamos que Dios se ocupe de esas cuentas pendientes que tenemos y, por cierto, El se encargará de ellas.

Ahora, vemos que Jesús había sufrido por los pecados del mundo. Leamos el versículo 24 de este segundo capítulo:

"Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!"

Como dijimos anteriormente, éste no fue un ejemplo colocado ante nosotros. Usted y yo no podemos sufrir para borrar nuestros pecados y mucho menos, por causa de los pecados del mundo. El apóstol Pedro estaba hablando de la redención.

La frase por cuya herida habéis sido sanados, se refiere a Isaías capítulo 53, versículo 5. Es evidente que Pedro aclaró que al hablar de sanidad, se refería a una sanidad de los pecados. El Señor Jesús vino para ser el Gran Sanador, y como tal, sana los pecados. Ningún médico humano puede tratar ese problema. Y así, el uso que El apóstol Pedro hizo de las palabras de Isaías revela que este profeta no estaba hablando principalmente de la sanidad física sino de aquella que es aún más importante y profunda, es decir, de la sanidad del pecado. Ahora leamos el último versículo de este capítulo 2 de 1 Pedro, el versículo 25:

"Vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas."

Los seres humanos, tanto los perdidos como los salvados, son llamados ovejas, ovejas descarriadas. Esta fue también una cita del capítulo 53 de Isaías. Versículo 6, que dice: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros. Y así llegamos al

1 Pedro 3

En este capítulo el apóstol Pedro enseñó que el sufrimiento también produce una conducta cristiana en la vida del creyente. Esta conducta se manifestará en dos lugares diferentes: en el hogar y en la iglesia. Leamos entonces el versículo 1, que comenzó a tratar el tema de

La conducta en el hogar

"Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen a la palabra sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas"

El capítulo comienza con la palabra asimismo o "también", o sea, de la misma manera. Así, este primer versículo del capítulo se vincula con el capítulo 2, que trató el tema de la separación de los valores de este mundo. En este pasaje la separación y la conducta son armonizadas y moldeadas conjuntamente.

En la epístola a los Efesios, en el capítulo 5, encontramos este mismo tema de la posición de la esposa en el hogar. Sin embargo, el apóstol Pedro estaba presentando aquí una situación totalmente diferente a la que el apóstol Pablo aludió en Efesios. Pablo trató el tema de la relación entre una esposa y un esposo cristianos considerando que ambos estuvieran llenos del Espíritu Santo. Toda esa sección de Efesios comienza, en Efesios 5:18, con la frase Sed llenos del Espíritu. Cuando uno se encuentra lleno, es decir, controlado por el Espíritu, ¿qué tiene que hacer? El apóstol Pablo dijo en este mismo capítulo 5, versículo 22: las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor y, en el versículo 25, a los maridos se les dijo: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella. El apóstol estaba hablando sobre un hogar cristiano en el cual ambos cónyuges eran creyentes, llenos o controlados por el Espíritu Santo, y la relación entre ellos era tal que el marido amaba a su esposa, hasta el punto de que estaba dispuesto a morir por ella.

Ahora, por una razón de orden en cualquier situación, tiene que haber una dirección. En el matrimonio esa dirección ha sido otorgada al marido. Sin embargo, cuando a la mujer se le dijo que tenía que someterse, el escritor no se refería a la obediencia propia de un niño. Muchos hombres, cuando se casan, consideran a su esposa como si fuera una especie de primera hija, la cual tiene que obedecerles. De ninguna manera esto es así. Como hemos sugerido en otras ocasiones, la sumisión aquí requerida implica una actitud voluntaria. Existe una palabra mejor que "someterse" y es "responder", "reaccionar". Fue como si el apóstol le hubiera dicho a la esposa: "Dale a tu marido una respuesta adecuada; si él, como esposo cristiano" viene a ti y te demuestra que verdaderamente te ama más que a nada en el mundo, entonces deberías corresponder a su amor". Estimado oyente, debemos interrumpir aquí nuestro estudio. Por lo tanto le sugerimos que lea los próximos versículos para familiarizarse con el texto Bíblico que consideraremos en nuestro próximo encuentro.

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