Estudio bíblico de Miqueas 5:1-2

Miqueas 5:1-2

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por el libro del profeta Miqueas. Este capítulo 5 que vamos a estudiar continua con el tema que comenzó en el capítulo 4; las profecías la gloria futura debido a las pasadas promesas. En el capítulo anterior, vimos las profecías para los llamados días postreros, o los últimos días. Al entrar en el estudio del capítulo 5, veremos que se nos presenta un tema nuevo. Ahora el profeta Miqueas nos hablará de las profecías relacionadas con la primera venida de Cristo.

El primer versículo pues, de este capítulo 5, dice:

"Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel."

Este primer versículo, originalmente perteneció al capítulo anterior que ya hemos estudiado. No sabemos cómo llegó a incorporarse al capítulo 5 porque continuó con el pensamiento del versículo 9 relacionado con la cautividad del pueblo israelita en Babilonia.

En nuestro estudio anterior usted recordará que vimos que el profeta Miqueas proyectó los horrores de la invasión de los babilonios al principio del versículo 9 del capítulo 4, hacía los últimos días, que será el período de la Gran Tribulación y la guerra de Armagedón. Ahora, en el versículo que estamos comentando Miqueas retomó el pensamiento sobre la invasión Babilónica. Vamos a comentarlo por partes.

Cuando Miqueas mencionó "nos han sitiado" creemos que se refirió al asedio que el ejército de Babilonia ejerció sobre Jerusalén.

"Con vara herirán en la mejilla al juez de Israel", hay algunos estudiosos de la Biblia que opinan que al mencionar "al juez de Israel" se estaba refiriendo al Señor Jesús. Al leer el relato en el Evangelio, observamos que lo hirieron con sus manos, no con una vara. Tampoco Cristo fue herido y golpeado estando la ciudad de Jerusalén bajo el estado de sitio y asedio. No fue herido por algún enemigo extranjero, sino por su propia gente, su propio pueblo. Así que creemos que ese versículo no puede referirse al maltrato que sufrió Cristo al final de su primera venida al mundo.

Nos parece obvio que la mención de "los jueces de Israel" se refiere al último rey del reino Davídico, el rey Sedequías. En el Segundo Libro de Reyes capítulo 25, en el versículo 7 leemos: "Degollaron a los hijos de Sedequías en presencia suya, y a Sedequías le sacaron los ojos, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia". Creemos que Miqueas se refirió al tratamiento vergonzoso que recibió el rey Sedequías en esa circunstancia particular. Parecería que ése sería el final del linaje de David, sin embargo Sedequías no era un descendiente directo de ese linaje.

Usted recordará que el rey Joaquín se rebeló contra el rey de Babilonia. Primero tomó partido en contra del rey de Babilonia, Nabucodonosor, hasta que Joaquín fue llevado al cautiverio. Más tarde, Joaquín fue colocado en el trono; podemos leerlo en el segundo libro de los Reyes, capítulo 24, versículo 15: "Asimismo llevó cautivos a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey, y a las mujeres del rey, a sus oficiales y a los poderosos de la tierra; cautivos los llevó de Jerusalén a Babilonia". El linaje Davídico, es decir los descendientes del rey David, fueron llevados a la cautividad, desde Jerusalén a Babilonia. De este linaje especial iban a descender ambos, María, la madre de Jesús y José.

Nabucodonosor puso a Sedequías, que era tío de Joaquín, en el trono de Jerusalén. Cuando Sedequías se rebeló contra Nabucodonosor éste ya se había cansado de tratar con ese linaje de reyes de Jerusalén; fue así como obligó al rey Sedequías a presenciar la muerte a sus hijos. Después, Sedequías fue llevado cautivo a Babilonia.

Ahora, al leer este relato podríamos llegar a la conclusión de que ése fue el final del linaje Davídico, y que la promesa de Dios a David en el pasado, acerca de que vendría uno de su linaje que reinaría para siempre, ya no podría cumplirse.

Y así llegamos ahora a un versículo importante que está en contraste con todo lo mencionado anteriormente. El título de la próxima sección es:

La Profecía de la Primera Venida de Cristo

El siguiente versículo es parte de la historia de la Navidad, y si usted está leyendo este relato fuera de la temporada navideña, quizá piense que no es muy apropiado. Sin embargo, podemos estar casi seguros que Jesucristo no nació el 25 de Diciembre, ese día se eligió para identificar su nacimiento con el solsticio de invierno. Pero lo más probable fue que Jesucristo naciera en primavera, porque entonces los pastores no estarían en diciembre en los campos con sus rebaños. Sus ovejas estarían resguardadas en las numerosas cuevas situadas en esa área.

Pero, no queremos entrar en argumentos en cuanto a la fecha, el año, o la estación del año. El lugar es lo más importante. Cristo nació en Belén. Ése es un hecho histórico, un hecho que ha sido autentificado históricamente. Bueno, leamos el versículo 2 de este capítulo 5 de Miqueas, y lo comentaremos por partes:

"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad."

El versículo 2 del capítulo 5 de Miqueas, comienza diciendo "Pero", y esa pequeña conjunción aquí, nos presenta el otro lado de la moneda. "Pero tú, Belén Efrata", a pesar de lo que había sucedido con Sedequías y al linaje de David, que vivieron en cautividad y finalmente regresaron a su tierra de Israel como personas muy humildes, la línea de David llegaría, haciéndose realidad en la historia.

Ahora, usted debe recordar que el profeta Miqueas era contemporáneo del profeta Isaías y hay pasajes paralelos en los respectivos libros que cada profeta escribió. Se ha afirmado que el libro del profeta Miqueas es una versión condensada del libro de Isaías. Entre estos maravillosos pasajes proféticos tenemos esta referencia al lugar de nacimiento de Cristo. Es importante notar que el profeta Miqueas aquí mencionó el preciso lugar donde ocurriría el evento más importante de toda la historia de la humanidad, el nacimiento de Jesucristo. Debemos destacar que, después que esta profecía fue dada, se cumplimiento tendría lugar setecientos años después. Debemos decir que lo más destacado no fue la elección de Belén como su lugar de nacimiento. Esa pequeña localidad fue el lugar de nacimiento del rey David. Allí fue donde se había originado su familia; así que, uno esperaría que el Mesías naciera en ese pueblo. Lo que destaca en este relato es que después de lo que ocurrió en el versículo 1, (nos referimos a que al rey Sedequías le habían llevado cautivo a Babilonia, donde ya estaba la familia de David en cautividad), siglos después alguien naciera del linaje de David, en Belén. Bueno, el profeta Miqueas dijo en el versículo 2 del capítulo 5:

"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá"

Es interesante que esa pequeña ciudad de Belén fuera considerada apropiada para el nacimiento de un rey, cuando la mayoría de los descendientes de David habían nacido en Jerusalén, que era la ciudad capital. Pero Jesús iba a nacer en Belén, la ciudad de nacimiento del rey David. Ahora, ¿cómo podría suceder eso? El evangelista Mateo unió cuatro profecías que no estaban relacionadas entre sí. Jesús tenía que nacer en Belén, y eso parece estar fuera de contexto, porque iba a haber un llanto fuerte en Ramá, al norte de Belén; también Él iba a ser llamado de Egipto, y sería llamado "un nazareno" (pues pasó una parte de su vida en el pueblo de Nazaret). A primera vista parece casi imposible armonizar todas estas profecías. De la forma en que Mateo relató la historia, todas las profecías se cumplieron sin forzar las circunstancias y los eventos sucedieron de forma normal y natural; en realidad podemos decir que sucedieron de una forma sobrenatural. Dios era quien estaba controlando este proceso histórico. Leamos ahora una vez más, el versículo 2:

"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel"

Ahora, Aquel que había hecho promesas a David, que los profetas transformaron en un lema del Antiguo Testamento, sería Aquel que vendría del linaje de David, y ocuparía el trono de David, y que llegaría a llevar a cabo ciertas obras sobre esta tierra, que ningún otro podría hacer. Queremos observar, amigo oyente, la siguiente frase: "de ti me saldrá el que será Señor en Israel". Ése era un lenguaje extraño. Escuchemos lo que dice la parte final del versículo 2:

"Y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad."

Este personaje iba a salir de Belén, una ciudad muy pequeña, al sur de Jerusalén, a unos diez kilómetros de distancia. ¿De quién hablaba Miqueas al decir: "Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad?" Esta fue una declaración importante, por cierto. Un contemporáneo de Miqueas, como hemos dicho, el profeta Isaías, verificó esta afirmación cuando dijo: "He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo". (Isaías 7:14). En el capítulo 9 de su libro, versículo 6, dijo Isaías: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado". Ahora, observemos lo que Isaías está diciendo: "un niño nos es nacido". Este detalle se refería a Su humanidad. "Hijo nos es dado". No dijo: Hijo nos es "nacido", sino que, es dado. ¿Por qué? Porque, como dijo aquí, Él es Aquel que viene desde la eternidad. Un salmista dijo también algo al respecto en el Salmo 90, versículo 2, donde leemos lo siguiente: "Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios". Destacamos la frase: "Desde el siglo y hasta el siglo". El idioma hebreo describe esto de una manera muy vívida. Es decir, desde el más remoto pasado hasta el más lejano futuro Tú eres Dios. Uno puede pensar tan lejos como le sea posible, hasta que no pueda imaginar más allá. ¡Él es Dios! Él salió desde la eternidad, para encontrarse con nosotros. Esta frase puede referirse también al futuro, la eternidad.

Lo que Miqueas nos estaba diciendo aquí tiene un gran significado. Jesús nació en Belén, hace un poco más de dos mil años; pero sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Desde los siglos, en el pasado, hasta los siglos venideros. ¿Y quién era Él? Bueno, aquí dijo el salmista desde el siglo y hasta el siglo, Tú eres Dios. Él no tiene ni principio ni final.

Usted recordará que cuando estábamos observando este pasaje en Salmos y Proverbios, en el capítulo 8 del libro de Proverbios, destacábamos lo que se decía en el versículo 23: "Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas". Antes de que ocurriera cualquier acto de creación, Él, Jesucristo ya era Dios. Sin embargo, Él vino a un lugar muy pequeño, a un pueblo llamado Belén. Y para que no se pudiera confundir con otro Belén que estaba un poco más al norte, Miqueas lo identificó como Belén Efrata, la ciudad donde nació David.

Amigo oyente, debemos recalcar algunos detalles que adquieren suma importancia, cuando comenzamos a entrar en el Nuevo Testamento. Debemos regresar nuevamente al tema de la fecha cuando comentamos que Diciembre era una fecha muy improbable, porque el calendario ha sufrido algunas modificaciones a lo largo de la historia. Por ejemplo, Dionisio en el año 532 D. C., preparó un calendario que es razonable similar al que tenemos en el presente. Y él cometió una equivocación con ciertos días del año; ésa es la razón por la cual existen los años bisiestos. Él y otros trataron de rectificar estas discrepancias. Por ejemplo, en el año 1752, se adelantó el calendario en once días. Así que, aunque podemos afirmar que el Señor Jesús no nació el 25 de Diciembre, todas las circunstancias encajan con el cumplimiento de las profecías dadas siete siglos antes.

La estación del año, ni la fecha exacta en la cual nació Jesucristo eran los datos más importantes. El lugar era el dato más importante dentro de los detalles de esta profecía. El Señor Jesús nació en Belén, y ese hecho es el que tiene valor histórico, y puede ser confirmado por la historia.

El profeta Miqueas mencionó concretamente ese lugar, setecientos años antes del nacimiento de Cristo. Lo milagroso fue que, considerando los numerosos hechos que sucedieron en aquel mundo, y con el pueblo de Israel en particular durante ese prolongado período, hubiera una posibilidad de que alguien del linaje de David pudiera nacer allí. Ya nadie del linaje o de la familia de David vivía en Belén. Todos habían sido esparcidos. La dispersión de los judíos a causa de las guerras, invasiones y persecuciones que vivieron bajo diferentes poderes que se sucedieron a lo largo de ese período los habían obligado a trasladarse a lugares distantes. Pero aun así, de acuerdo con la profecía tan específica de Miqueas, Belén tenía que ser el lugar de nacimiento de Jesucristo. Ese hecho era tan básico para esta profecía, que cuando llegó el tiempo designado para la llegada del hijo de Dios, los magos de Oriente fueran enviados, por los escribas, a la ciudad de Belén. Los citados escribas, que se caracterizaban por sus amplios conocimientos de la historia y la profecía de Israel citaron las palabras del profeta Miqueas, porque ellos estaban convencidos de su autenticidad y autoridad para determinar el lugar del nacimiento del esperado Mesías. El problema fue que ellos, sencillamente no creyeron que eso ocurriría esa ocasión.

Bien, amigo oyente, vamos a interrumpir nuestro estudio en este punto, porque nuestro tiempo ha llegado a su fin. Continuaremos, en nuestro próximo programa y como confiamos en que contemos con su compañía y participación, nos permitimos sugerirle que lea los versículos restantes de este capítulo 5 de la profecía de Miqueas que estamos estudiando. Así estará más familiarizado con su contenido, cuando consideremos este pasaje profético en nuestro próximo programa.

Como siempre reiteramos nuestra disposición a contestar y aclarar cualquier pregunta o duda que pudiera surgirle sobre estos temas de la profecía. Es que consideramos que la profecía bíblica podría parecerle un tema complejo, difícil de entender para todos aquellos que se inician en la lectura y el estudio de La Biblia. Por otra parte, nos agrada permanecer en contacto directo con nuestros oyentes, porque nos estimula a continuar nuestra labor.

Quisiéramos concluir con una reflexión que pueda añadir una motivación frente a este importante pasaje que hemos estudiado hoy. Es nuestro deseo que el nacimiento de Cristo tenga para usted un significado personal. ¿Qué queremos decir con esto? Fue un hecho histórico, de importancia trascendental en la historia de la humanidad. El Hijo de Dios, vivió entre nosotros revelándonos el amor de Dios, amor que culminaría con su muerte en la cruz. Por tal motivo, deseamos que la persona de Jesús transforme su vida a partir del momento, en que usted decida creer en Él como su único y suficiente Salvador.

Muchos millones alrededor del mundo podrían dar testimonio de que el mensaje de Jesucristo es el único que puede transformar al ser humano liberándolo de su pecado, su miseria y sentimiento de culpa, e imprimiendo un nuevo rumbo a su existencia aquí en la Tierra. Además, y esto es lo más importante, el creer en el Señor Jesucristo nos proporciona la paz y la seguridad de la vida eterna que Él concede HOY gratuitamente.

Nos despedimos pues, deseando que la lectura de estos pasajes bíblicos que hemos compartido con usted le sirva de bendición e inspiración al enfrentar las circunstancias, familiares y en su vida en relación con la sociedad.

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