Estudio bíblico de Miqueas 5:2-15

Miqueas 5:2 - 15

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro camino a través del libro del profeta Miqueas. En el programa anterior comenzamos a estudiar el capítulo 5, y hoy veremos los versículos 2 hasta el 15, es decir, hasta finalizar el capítulo. Vamos a recordar los temas que vimos en nuestro programa anterior para enlazar ambos y comprender así el tema que hoy nos ocupa. Dijimos que el versículo 1 del capítulo 5 del libro de Miqueas pertenece, en realidad, al final del capítulo 4. Así al menos es como se nos presenta en el texto hebreo.

Habíamos hablado en el programa anterior de que el pueblo de Israel había sido llevado a la cautividad, a Babilonia, como esclavos. Sedequías, miembro de la familia de David, un tío del rey Joaquín, también había sido llevado en cautiverio. Los conquistadores babilónicos asesinaron a todos los hijos de Sedequías, en su presencia, por su rebelión contra Nabucodonosor, rey de Babilonia. Como toda la familia del rey David se encontraba cautiva, podríamos llegar a la conclusión de que éste era el final de la familia de David. Pero, Dios tenía otros planes, y el linaje real de David no se extinguió en esas lejanas tierras enemigas. Vimos en el versículo 2, del capítulo 5 de Miqueas, que en la pequeña e insignificante Belén, lugar de nacimiento del rey David, habría de nacer alguien de la familia de David, "el que sería el Señor de Israel". El Nuevo Testamento se apoya en estas profecías y las relaciona con los acontecimientos históricos del nacimiento del Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. En primer lugar, el evangelista Mateo y luego Lucas, nos relatan la historia de cómo Belén fue el lugar donde nació Jesús, hijo de la virgen María, casada con José, ambos miembros y descendientes de la casa y familia de David. Leamos otra vez el versículo 2 de este capítulo 5 de Miqueas que dice:

"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad."

Vamos a detenernos en algunos detalles importantes que por falta de tiempo no tratamos en nuestro programa anterior. El lugar donde debía nacer el Señor Jesucristo, tenía que ser, exclusivamente, la pequeña aldea de Belén. Al conocer y estar tan familiarizados con la historia del nacimiento de Jesús, que celebramos cada año en Diciembre, es probable que no apreciemos debidamente algunas circunstancias notables. El pueblo israelita padeció muchas dificultades, peripecias, persecuciones, guerras y cautiverios en esos setecientos años que separan la profecía de Miqueas hasta su cumplimiento.

El evangelio según Lucas nos ofrece más detalles interesantes: el César Augusto, emperador del vasto imperio romano que en aquella época también dominaba toda la tierra de los Israelitas, firmó una ley que obligaba a todo el pueblo a inscribirse en un censo. Por lo tanto María y José tuvieron que marcharse de Nazaret para llegar hasta Belén. Imagínese, estimado oyente, que el pequeño asno sobre el cual montaba la virgen María, hubiera tropezado y ella hubiera caído, Jesús probablemente hubiera nacido en algún lugar a lo largo del camino. Pero ese asno no podía haber tropezado, porque setecientos años atrás el profeta Miqueas había escrito que Jesús nacería en Belén. Ese pequeño asno, conducido por José, llevó a María y a su preciosa carga justo a tiempo para que se produjera el nacimiento en Belén. Todo estuvo cronometrado desde y en la Eternidad. Fue más puntual y preciso que cualquier avión moderno de nuestros días.

El apóstol Pablo escribió en su epístola a los Gálatas, capítulo 4, versículo 4: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley". ¡Fue un nacimiento en el tiempo y en el momento más adecuado, en cumplimiento de una profecía que tenía más de 700 años de antigüedad!

Vimos en el programa anterior, que entre otros asuntos Miqueas destacó lo siguiente que vamos a leer en este versículo 2:

"De ti me saldrá el que será Señor en Israel"

De la pequeña y humilde Belén se dijo esta frase "de ti me saldrá" que indica que Aquel que vendría, haría la voluntad del Padre y cumpliría Su Plan para la humanidad. Ésta fue la encarnación de Dios hecho hombre, cuando Él se cubrió a Sí mismo con Su humanidad, en Belén. El versículo continúa diciendo:

"Y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad."

Su existencia era previa a Su nacimiento, y de esta manera estamos hablando de la deidad de Cristo. Ya hemos estudiado anteriormente la profecía del profeta Isaías quien también escribió, en el capítulo 7, versículo 14: "He aquí que una virgen concebirá y dará luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel". El profeta Isaías en el capítulo 9, versículo 6 también escribió: "un niño nos es nacido" el profeta nos indicó aquí Su humanidad, y que no nacería en ningún otro lugar sino en Israel. El versículo continúa diciendo: "Hijo nos es dado"; no escribió "nacido", porque se refirió a Su divinidad. El "niño" nacería en Belén, pero era "el Hijo" del Eterno. El Señor Jesucristo mismo dijo: "Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre". (Evangelio de Juan, capítulo 16, versículo:28)

Destaquemos ahora la existencia previa de Cristo, antes de Su encarnación, que resalta la deidad de Cristo, antes de Su nacimiento. El profeta Miqueas dijo: "Sus salidas son desde el principio". El Señor Jesucristo dijo a los fariseos: "antes que Abraham fuese, Yo soy". (Evangelio de Juan 8:58). Cristo apareció muchas veces en el Antiguo Testamento. Podemos regresar a la creación misma. "Todas las cosas por Él fueron hechas, - nos dice el Apóstol Juan - y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho". (Juan 1:3) Él es el Creador. "Porque en Él fueron creadas todas las cosas". - dice el apóstol Pablo en su epístola a los Colosenses. Y en el jardín del Edén, Él era "la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día". (Génesis 3:8)

Él era la expresión oral de Dios. Él era la Palabra de Dios. Él era la comunicación de Dios al hombre. Le encontramos a Él persiguiendo y buscando al hombre a través del Antiguo Testamento. Él se le apareció a Moisés en la zarza ardiente y le dijo: "He venido a darte libertad". Él era el Redentor. Miqueas mencionó algo de gran importancia. Aunque Cristo nació en Belén, hace más de dos mil años, Su existencia ha sido una realidad desde siempre.

Hemos considerado Su existencia antes de la encarnación, y ahora hablaremos de Su humanidad, Su encarnación misma. Cuando el Señor Jesucristo llegó a Belén recibió algo que no había tenido antes, y eso fue el nombre "Jesús". Él recibió la humanidad, como un ser humano, y "Jesús" era Su nombre humano. Él era Jehová, el Señor, y ése era el nombre de Su deidad. A partir del momento de Su nacimiento, era Jesús, y era el Salvador. Él salió de Belén para salvar. Recuerde, estimado oyente, lo que los ángeles dijeron a los pastores: "Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO, el Señor". Ese relato lo encontramos en el evangelio de Lucas, capítulo 2, versículo 11. Mateo dijo que Su nombre sería "Emanuel", que significa "Dios con nosotros". Pero, sería llamado por Su nombre "Jesús". Él no podría ser Jesús, si no fuera Emanuel, Dios con nosotros. Él tenía que ser un Hombre para ocupar nuestro lugar, para ser nuestro representante, para morir una muerte sustitutoria. Él sólo vino a este planeta Tierra para salvarnos, amigo oyente. Sin embargo, a pesar del incondicional amor que Cristo manifestó muriendo en la cruz para que pudiéramos ser libres de nuestros pecados, hoy, hay quienes intentan quitar o borrar a Cristo de la fiesta navideña.

Continuamos avanzando por este capítulo 5 de Miqueas. Al seguir adelante llegamos a un intervalo que tiene lugar, entre el tiempo de su vida en la Tierra y el rechazo que sufrió por la gran mayoría de su propio pueblo, hasta su regreso como Rey para reinar sobre la Tierra. Miqueas dijo en el versículo 3 de este capítulo 5:

"Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel."

Esto podría ser una referencia al nacimiento de Cristo, porque ciertamente se mencionan los padecimientos de María, pero al leer este pasaje vemos que también Miqueas podría haber estado hablando de la nación de Israel. No sólo habló su dispersión mundial, la cual les sobrevino por el juicio de Dios, sino de sus padecimientos, durante el período de la Gran Tribulación por la cual pasará la nación.

Continúa en el versículo 4:

"Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra."

Aquí el Señor Jesús fue presentado como el Pastor que alimenta a su rebaño. Amigo oyente, Él es el Pastor de la iglesia, y Él también es el Pastor de la nación de Israel. Él es Aquel que traerá a esta tierra lo que este mundo necesita. Aquel que nació en Belén, El que fue rechazado, Él será quien alimentará a su rebaño. Realmente, no hay nada más maravilloso, y que le represente mejor, que la figura del Pastor. Esto nos habla de Su cuidado, Su protección y Su salvación. Él es el Buen Pastor, que da Su vida por sus ovejas (Salmo 22), y Él es el Gran Pastor, que cuida a Sus ovejas aún en la actualidad (Salmo 23) y el es el Príncipe de los Pastores, que vendrá algún día con poder y gloria (Salmo 24). Todo Su ministerio se presentó bajo la función de Pastor.

El versículo 5 de este capítulo 5 de Miqueas, nos dice:

"Y éste será nuestra paz. Cuando el asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores, y ocho hombres principales"

"Los Asirios", expresión que también podemos encontrar en las profecías de Isaías, representan a los enemigos que vendrán contra la nación de Israel en los postreros o últimos días. "Cuando los asirios vinieren a nuestra tierra, y cuando hollaren nuestros palacios", dijo Miqueas. En sus días, los asirios fueron los que tomaron el reino del norte y lo llevaron a la cautividad. Miqueas termina este versículo diciendo: "levantará siete pastores, y ocho hombres principales."

Al estudiar la Palabra de Dios encontramos un cierto significado para algunos números en las Sagradas Escrituras, especialmente para estos dos números. Por ejemplo, tenemos en el libro de Proverbios, en el capítulo 6, versículo 16, que dice: "Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma". También se utiliza en Eclesiastés, 11, 2. Lo que significan es que Dios proveerá adecuadamente, y creemos que ése es el pensamiento que se nos da en este pasaje. Dios cuidará de los Suyos. Ahora, leamos lo que dice el versículo 6 de este capítulo 5 de Miqueas:

"Y devastarán la tierra de Asiria a espada, y con sus espadas la tierra de Nimrod; y nos librará del asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros confines."

Miqueas miró hacia el futuro, y continuó con las predicciones de los últimos días cuando "Los Asirios" representarán a la confederación de naciones que irán contra Israel, al final del período de la Tribulación. Israel, reforzada y fortalecida por su Pastor, no sólo rechazará el ataque, sino que también llevará la batalla a territorio enemigo.

Es interesante ver cómo Miqueas describe a Jesucristo: primero, como el que nacería en Belén. Cuando nació en esta tierra, Él vino en humildad. "Él se humilló a sí mismo" (Filipenses 2:8). Nosotros no obramos así. A veces son otras personas las que nos humillan. Pero Él se humilló a sí mismo. Y hubo un despojarse de parte de Cristo, porque dice que Él se despojó a Sí mismo. Ahora, ¿de qué se despojó Él? No fue de Su deidad. Porque ese pequeño bebé, tan indefenso, que reposaba en los brazos de Su madre, podría haber dicho una palabra que hubiera causado que este universo cesara de existir. Él es tan Dios como el mismo Dios, y Él es tan Hombre como el mismo hombre. Pero Él se limitó a Sí mismo. Y esa auto-limitación Cristo Jesús la asumió voluntariamente. Nosotros difícilmente nos limitaríamos a nosotros mismos voluntariamente, sino muy al contrario, nos afirmamos, somos agresivos y queremos ganar siempre. Queremos estar en la cumbre. El ser humano es básicamente egoísta y centrado en sí mismo. Pero Jesucristo es el Pastor. Él no nació en una ciudad real, en un palacio, en una capital, sino en el insignificante Belén y ¡en un establo! Y Él es el Pastor. Él vino como Pastor, para morir por Su pueblo. Él vino como Pastor, para cuidar a Sus ovejas. Y Él vendrá otra vez como el Príncipe de los Pastores, pero esta vez lo hará con gran poder y gloria para liberar a Su pueblo.

Seguimos con el versículo 7 del capítulo 5 de Miqueas, el profeta:

"El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío del Señor, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres."

El rocío y la lluvia se referían a la bendición que el pueblo de Israel será entre las naciones. Escuche lo que dijo Miqueas en el versículo 8:

"Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape."

Esta descripción no es adecuada para el pueblo de Israel en nuestro día. Israel ha estado en una situación precaria por muchos años. Cuando Israel obedezca al Señor y restablezca su relación fraternal con Él, experimentará el cumplimiento de la promesa que Dios había hecho, cuando dijo: "Haré que Israel sea la cabeza de las naciones, y no la cola de las naciones" (en Deuteronomio 28, versículo 13). Ahora, el versículo 9 nos dice:

"Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos."

En esos días Dios le dará al pueblo de Israel la victoria sobre sus enemigos. Vemos que el versículo 10 comienza diciendo: "Acontecerá en aquel día", Miqueas quiso que supiéramos lo que esto acontecerá en aquel día. Y ese día todavía está en el futuro. Leamos ahora los versículos 10 y 11:

"Acontecerá en aquel día, dice el Señor, que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros. Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas."

Ahora, ¿por qué actuará Él de esta manera? Este pensamiento indica que Dios quitará todos los elementos sobre los cuales se apoya Israel. Ya no los necesitará más porque su Mesías traerá la paz a la tierra. Y en los versículos 12 y 13, Miqueas agregó:

"Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos."

Dios dijo que sacará toda idolatría y quitará toda falsa religión. Ellos sólo adorarán al único y verdadero Dios.

Y en los dos últimos versículos 14 y 15, leemos:

"Arrancaré tus imágenes de Asera de en medio de ti, y destruiré tus ciudades; y con ira y con furor haré venganza en las naciones que no obedecieron."

La frase "Las naciones que no obedecieron" se refiere a las naciones que persiguen a Su pueblo. El Mesías traerá bendición y paz al remanente de Israel y al remanente de otras naciones del mundo que se vuelvan a Dios, pero "con ira y con furor haré venganza", dijo Dios por Miqueas, y la ejecutará sobre aquellos que no hayan creído, y rechacen a Dios. Definitivamente, estamos hablando aquí del período de la Gran Tribulación que vendrá.

Con este pensamiento finalizamos este profundo y glorioso capítulo 5 del libro del profeta Miqueas.

Estimado amigo, en nuestro próximo programa, comenzaremos a estudiar el capítulo 6. Confiamos en tenerle entre nuestra audiencia, y nos permitimos recordarle que si tiene preguntas o dudas sobre este estudio del libro de Miqueas puede escribirnos, o llamarnos al teléfono y la dirección que a continuación le facilitamos. Hasta entonces, pues, ¡que Dios sea su luz y guía en todo momento es nuestra ferviente oración!

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