Estudio bíblico de Zacarías

Predicación escrita y en audio de Zacarías 5:5-11

Zacarías 5:5 - 11

Continuamos hoy, queridos amigos, nuestro recorrido por el libro del profeta Zacarías, uno de los libros proféticos que encontramos al final del Antiguo Testamento, que es la primera parte de las Sagradas Escrituras, la Biblia.

Recordemos que ya hemos tratado ocho visiones que tuvo el profeta, y hoy veremos entonces la novena visión de este mensajero de Dios.

Los oyentes que nos siguen asiduamente recordarán que en nuestro anterior programa estuvimos analizando "la visión del rollo" que estaba suspendido en el aire. Este rollo representaba la Palabra de Dios que no había sido obedecida por Israel. En este rollo Dios anunciaba que, de acuerdo con el estándar divino claramente establecido en Su Palabra, y en Su ley, Dios iba a demandar un justo juicio sobre los pecadores.

Este rollo, suspendido en el aire, se desplazaba abierto, como un manuscrito, un documento desenrollado, para que todos pudieran leerlo por ambos lados. Sus medidas, de unos 9 metros de largo por 4,5 de ancho, eran las mismas dimensiones que las de la habitación más sagrada, llamado "el Lugar Santísimo" en el Tabernáculo. Recordemos que el Tabernáculo era el recinto sagrado, la tienda de reunión, que los israelitas llevaron consigo durante los cuarenta años de peregrinaje en el desierto, hasta su llegada a la "Tierra Prometida". En consecuencia, las medidas del rollo representaban el parámetro o la medida divina conforme al cual debía ser medido el hombre.

Comentaremos en esta ocasión, la segunda parte de este capítulo, "la visión de una mujer en un canasto", o recipiente, denominado "efa". Esta visión continuaba el tema anterior y estaba centrado en la eliminación de todo el pecado de Israel, lo cual ocurrirá antes de que venga el "reino mesiánico o el milenio": nos referimos al período del reinado de Jesucristo en la tierra que tendrá una duración, según afirman las Escrituras en el libro de Apocalipsis, unos mil años, en un futuro que sólo Dios conoce.

Las visiones que estudiaremos a continuación suponen un significativo giro respecto a las anteriores. Si bien aquellas visiones que vimos en los programas anteriores fueron visiones de aliento y esperanza al desánimo generalizado del pueblo de Israel, a partir de esta presente visión, el profeta recibió una serie de visiones muy ligadas al juicio que Dios tenía preparado para aquellos que se oponían a Su voluntad. No olvidemos, que Dios es un Dios de amor y misericordia, pero también es un Dios absolutamente justo, que demanda justicia y que, como juez, dictará sentencia, tanto sobre sus hijos, como sobre aquellos que no lo son.

Y en lugar de transmitir un mensaje de aliento, ahora Zacarías presentó un mensaje de juicio, que ya hemos considerado al estudiar el texto sobre el "rollo volador."

En la visión que comentamos en nuestro programa anterior aludimos a un rollo que estaba suspendido en el aire, que volaba. El tamaño de ese rollo era de 20 codos de largo y 10 codos de ancho, es decir, medido por nuestro sistema métrico actual, sería equivalente a unos 9 metros de largo, por cuatro y medio de ancho. Sobre este rollo estaban escritas las dos tablas de la ley. Por un lado, se mencionaba las leyes que contemplaban la relación del hombre para con otro hombre; y en el reverso, estaban las leyes que tenían que ver con la relación del hombre con Dios. En el programa anterior ya dijimos que se hablaba de juicio: que Dios iba a quitar de la nación de Israel a los que fueran desobedientes y rebeldes, a aquellos que no se volvían con arrepentimiento a Él y que, por tanto, Él no tendría más opción que juzgarles.

Ahora bien, ya mencionábamos que el tamaño del citado rollo era exactamente el mismo que el "lugar santísimo", así como el del pórtico de Salomón en el templo. Semejante coincidencia se aprecia si leemos el primer Libro de Reyes, capítulo 6, versículo 3. A ese lugar acudía el sacerdote para adorar, aunque sin poder atravesar el velo o cortina que lo separaban de la habitación siguiente que era la estancia o recinto más sagrado, llamado el "lugar santísimo". Sólo el Sumo Sacerdote podía entrar allí, una vez al año, como representante de su pueblo, pero tampoco podía adentrarse en la parte más santa, a no ser hubiera tenido lugar allí un sacrificio de sangre.

Este lugar, el lugar santísimo, era un lugar considerado como "tierra redimida", es decir, un lugar que había sido redimido por medio de la sangre derramada por un sacrificio. Recordemos, que redimir significa "rescatar a los esclavos o cautivos mediante un precio". Y usted y yo, amigo oyente, podemos presentarnos hoy en un lugar que ha sido redimido. Nosotros no hemos sido redimidos o rescatados por un precio en oro o plata, o por piedras preciosas, o por cualquier precio material, sino mediante la preciosa sangre de Cristo que vertió, por amor, por usted y por mí, en la cruz. Hemos sido librados del castigo y del poder del pecado. Recordemos el episodio que el evangelista Juan mencionó en su evangelio: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". (Juan 3:14-15).

Pero vayamos ahora al versículo 5 de este capítulo 5 de Zacarías, para conocer esta visión del profeta, en la que él vio, como antes adelantábamos, a una mujer dentro de una especie de recipiente, habitáculo o cápsula, llamados Efa. Este nombre, Efa, era, además, una medida egipcia de unos 37 litros, utilizada mucho por los hebreos:

"Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y me dijo: Alza ahora tus ojos, y mira qué es esto que sale. Y dije: ¿Qué es? Y él dijo: Este es un efa que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra. Y he aquí, levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa."

Continuando con los versículos 8 y 9:

"Esta es la Maldad; y la echó dentro del efa, y echó la masa de plomo en la boca del efa. Alcé luego mis ojos, y miré, y he aquí dos mujeres que salían, y traían viento en sus alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa entre la tierra y los cielos."

El texto bíblico nos describe una escena curiosa: dos mujeres que, volando, llevaban consigo este efa, con la mujer adentro. Continuemos ahora con los versículos 10 y 11:

"Dije al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el efa? Y él me respondió: Para que le sea edificada una casa en tierra de Sinar; y cuando esté preparada lo pondrán sobre su base."

Retomemos ahora esta visión desde el comienzo para analizarla cuidadosamente. En el versículo 5 de este capítulo 5, Zacarías dijo:

"Y salió aquel ángel que hablaba conmigo, y me dijo: Alza ahora tus ojos, y mira qué es esto que sale."

Y en los versículos 6 y 7 leemos:

"Y dije: ¿Qué es? Y él dijo: Este es un efa que sale. Además dijo: Esta es la iniquidad de ellos en toda la tierra. Y he aquí, levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa."

¿Qué implicaban estas palabras? Para ello debemos centrar nuestra atención sobre la palabra "efa", que era la medida que habitual se usaba en el mundo comercial y del ámbito de los negocios. Al tener una figura dentro, creemos que no importa tanto sus medidas de capacidad, como el mensaje que contiene esa visión. La última frase del versículo 6 dice literalmente en el hebreo original: "Y dijo: Eso es el ojo de ellos en toda la tierra".

Bueno, bien es sabida la clara connotación moral y espiritual que el ojo tiene tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Ahora, fijémonos en el contexto: uno de los grandes pecados del pueblo de Israel, cuando regresaron de la cautividad en Babilonia, era sencillamente que tenían un amor insaciable por el dinero, un desproporcionado amor por poseer objetos y riquezas. El profeta Nehemías tuvo que corregir en varias ocasiones esta ya arraigada tendencia. En aquellos tiempos era muy común la usura, es decir, el préstamo de dinero a un exorbitante interés, aun cuando este préstamo fuera hecho a sus propios hermanos de sangre.

La Ley de Moisés prohibía la práctica de la usura, calificándola de "conducta pecaminosa", y por ello, el profeta Nehemías intentó que ellos, el pueblo hebreo, abandonaran esta costumbre que adquirieron durante el tiempo de su esclavitud en Babilonia.

En el libro del Profeta Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento, se nos presenta una semblanza del pueblo de Israel una vez ya reedificado el templo. En este libro del Antiguo Testamento, Dios les formuló la siguiente cuestión en forma de pregunta: "¿Robará el hombre a Dios?" A continuación Dios mismo respondió esa pregunta, aseverando: "Pues vosotros me habéis robado. La nación toda, me ha robado".

Y es este insaciable amor al dinero y a las riquezas el que, en numerosas ocasiones, desvió la atención del pueblo hacia las cosas materiales, en vez de elevarse hacia las alturas espirituales que Dios anhelaba. Esta actitud, y esa práctica generalizada que les llevó incluso a pretender enriquecerse a costa de sus propios hermanos de sangre, anteriormente ya comentada, será la que llevará al profeta Nehemías a combatir la idolatría reinante en la nación.

Nuevamente, la Biblia, escrita hace tantos años, pero tan actual y aplicable como en aquel entonces, trae a nuestra mente la siguiente reflexión: dice la Palabra de Dios que la codicia es idolatría, dado que sustituye el lugar que debería tener el Señor Jesús en nuestras vidas, por los bienes materiales. Cuando amamos a un bien, a un objeto, incluso a otra persona más que a nuestro Señor, estamos cometiendo el pecado de la idolatría y entristecemos profundamente al Espíritu de Dios, es decir, al Espíritu Santo, que habita en las vidas de los cristianos. ¿Ha pensado estimado oyente, si en algún área de su vida ha desplazado al Señor por cualquier otra cosa? ¿Ha considerado si, en sus oraciones, sus palabras y sus peticiones, aunque sea de una manera encubierta, quizá hasta espiritualizadamente, está buscando más el bolsillo de Dios, que Su rostro? ¿Son sus oraciones "acciones de gracias" o "peticiones, con "gracias"?

El ser humano es de memoria limitada, y en este pasaje vemos cómo, de nuevo, el pueblo de Israel había desplazado a su Dios hacia un lado y desviado su interés hacia la codicia material. Incluso habían olvidado cómo, precisamente, fue su amor, que llegó a ser idolatría, por la riqueza, fue uno de los motivos por los que, abandonaron a su Dios, y crearon nuevos ídolos a los que adorar. Y por ello Dios, siempre misericordioso, pero también justo, permitió su exilio y cautiverio en Babilonia. Pero allí, en lugar de arrepentirse y volver a su Dios, perfeccionaron su habilidad innata para los negocios, y sus ansias por acumular riquezas retornaron.

Cuando meses atrás estudiamos la Epístola de Santiago, comentamos precisamente este asunto, y leímos en ese libro que Dios dijo: "¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego".

Regresemos ahora al libro profético de Zacarías. Recordemos que en esta visión se resalta el hecho de que Dios quiere completar la purificación, la limpieza de su pueblo, extirpando por completo la maldad y la culpa. No sólo aquellos pecadores que persisten en su maldad serán quitados un día de la tierra, sino que todo el sistema de maldad y pecado será quitado y llevado al lugar que le corresponde: a Babilonia, símbolo de toda maldad.

Continuando con el versículo 8 del capítulo 5 de Zacarías:

"Y él dijo: Esta es la Maldad; y la echó dentro del efa, y echó la masa de plomo en la boca del efa. Alcé luego mis ojos, y miré, y he aquí dos mujeres que salían, y traían viento en sus alas, y tenían alas como de cigüeña, y alzaron el efa entre la tierra y los cielos."

En estos versículos, la maldad, personificada en la figura de una mujer, fue encerrada en una especie de recipiente con una tapa de plomo, muy pesada, para evitar su salida, y su escapatoria. El concepto hebreo de "maldad" se utilizaba para referirse a una falta moral, religiosa o civil, y era un concepto opuesto a la "rectitud". En cualquier caso, dicha "Maldad" sólo podía ser dominada con una fuerza superior, por el poder de Dios.

Por ello, estos versículos nos indican que todo el sistema de maldad será destruido.

En la visión aparecieron unos nuevos personajes, dos figuras nuevas, que eran dos mujeres que "traían viento en sus alas, las cuáles eran semejantes a las de una cigüeña."

Estas mujeres, agentes escogidos por Dios, eran traídas por el viento, un símbolo y un instrumento también divino, mencionado reiteradamente en las Escrituras, que Dios usó nuevamente como su mensajero. Estas dos mujeres que volaban, probablemente con el Espíritu del poder de Dios, tenían "alas como de cigüeña". La cigüeña es un ave capaz de desplazarse a enormes distancias, a gran velocidad. Y no deja de ser curioso que el término hebreo con el que aquí se designa a la cigüeña es muy similar al utilizado para referirse al "amor misericordioso de Dios". La mención del viento sirve para que el profeta recuerde que esta remoción de la iniquidad o pecado es obra exclusiva de Dios.

Continúa el versículo décimo:

"Dije al ángel que hablaba conmigo: ¿A dónde llevan el efa? Y él me respondió: Para que le sea edificada casa en tierra de Sinar; y cuando esté preparada lo pondrán sobre su base."

El término "Sinar" era el antiguo nombre de Babilonia, el imperio que siempre protagonizó un marcado antagonismo contra el plan de Dios, tal y como se puede comprobar a lo largo de toda la Biblia, desde el libro del Génesis, hasta el libro de Apocalipsis.

La "casa" que se le va a edificar será probablemente un templete o altar. Allí estará en su lugar apropiado, y no en la tierra del Señor. Algunos han querido ver aquí una posible alusión a la futura reedificación de la ciudad de Babilonia.

Recordemos que fue en Babilonia donde el hombre, el ser humano, quiso ser igual a Dios y se construyó la Torre de Babel. Era un país donde reinaba la idolatría, por lo que habría de ser la residencia adecuada de la Maldad mencionada anteriormente. Sólo después de que el pecado sea quitado de la tierra de Israel, ésta llegará a ser realmente una "Tierra Santa". Obviamente esta visión se enfoca y se refiere a "el final de los tiempos" que se describe en Apocalipsis 17 y 18, en el contexto de la Segunda Venida de Cristo.

Volviendo a la visión de las dos mujeres, debemos apuntar que en la tradicional festividad judía del "Yonkipur" (el "día de la expiación"), el pecado del pueblo era arrojado al desierto, después de haber sido colocado, simbólicamente, sobre un macho cabrío. En esta visión, sin embargo, se cambió el objeto o instrumento sobre el que se carga el pecado como también el lugar, a donde será enviado. Aquí fueron las dos mujeres las que llevan la Maldad, no al desierto, sino a Babilonia, la región donde imperó desde los principios de la historia el Mal, para que allí le construyeran un templo, en el cual podría ser adorado.

Bien, estimados oyentes, vamos a detenernos aquí por hoy.

Dios mediante, en nuestro próximo programa, analizaremos el capítulo 6 de Zacarías donde el joven profeta tendrá una nueva visión de cuatro carros que ejecutarán el juicio entre las naciones antes de la Segunda Venida de Cristo. Le invitamos, pues, a que nos acompañe y que siga disfrutando de la lectura y el estudio de la Palabra de Dios, que es buena y saludable para su vida.

Hasta entonces, le sugerimos leer todo el capítulo 6 del profeta Zacarías, para lograr un mayor provecho y una mayor comprensión del texto bíblico.

Será pues, hasta nuestro próximo programa, estimado amigo y nuestra oración, como siempre es que ¡Dios le bendiga abundantemente!

Copyright © 2001-2014 ( TTB - Thru the Bible, RTM - Radio Transmundial, EEA - Evangelismo en Acción). Todos los derechos reservados - Condiciones de uso
Estudios bíblicos por libros de la Biblia
"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Ti 3:16)