Estudio bíblico de Apocalipsis 18:9-24

Apocalipsis 18

Versículos 9-24

Bienvenidos, muy estimados amigos oyentes y compañeros de viaje "a través de la Biblia", y a todos aquellos que nos escuchan por primera vez. Continuamos nuestro estudio de las profecías del último libro, de Apocalipsis, y retomaremos hoy la lectura en el capítulo 18, en el cual vemos el juicio de Dios contra la ciudad llamada Babilonia, capital económica, comercial y política del imperio de aquel que será el dictador que controlará y gobernará todas las naciones del mundo, el Anticristo, o también llamado "la gran Bestia", el gran Dragón. Muchos estudiosos creen que su brazo derecho, al que se le denomina "el Falso Profeta", tendrá su base de operaciones en la ciudad de Jerusalén, donde colocará la imagen del Anticristo para ser venerada y adorada por todos los habitantes del mundo.

Babilonia será reconstruida por el Anticristo a orillas del río Éufrates, pero más tarde, como veremos, Dios la destruirá; allí es donde, según historiadores y arqueólogos, comenzó la civilización, y donde, según la Biblia, se edificó la Torre de Babel. Babilonia llegó a ser una importantísima ciudad en la antigüedad, hasta ella fueron llevados los judíos en cautividad, y en esa ciudad vivieron retenidos, el profeta Daniel y sus amigos. Es la ciudad más nombrada después de Jerusalén y se le atribuye ser la cuna de las religiones paganas, y demás extravagancias religiosas. En nuestro programa anterior ya vimos cómo un juicio divino destruirá esta importantísima ciudad. Leamos ahora los versículos 9 y 10 de este capítulo 18 de Apocalipsis para comprender la angustia que se apoderará del mundo a causa del juicio y destrucción de Babilonia:

9Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, 10 parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!

Como acabamos de leer, los líderes políticos del mundo llorarán por la pérdida de la espléndida nueva capital mundial. Este suceso marcará la hora final del imperio del Anticristo, y con él, la pérdida de poder de todo su sistema. Recordemos que el Anticristo será un dictador mundial quien con perfecto engaño fascinará a los gobernantes con promesas de paz universal y bienestar para todos. El mundo entero se postrará a sus pies; será adorado y venerado por todas las naciones. El centro neurálgico de su imperio del mal será, precisamente, la ciudad de Babilonia; un centro de influencias políticas y económicas. Nadie en su sano juicio habría pensado que semejante bastión mundial de poder pudiera ser atacado, y mucho menos, destruido. Pero así será: el juicio divino sobre la ciudad reducirá en instantes sus edificios, instituciones, funcionarios y habitantes a un puñado de cenizas. Al final del día, Babilonia no será más que escombros, humo y polvo. Cuando la notica se propague, el mundo quedará conmocionado, entrará en estado de shock y se llenará de lamentos.

Como usted recordará, en el capítulo 17 leímos que los reyes de la Tierra odiarán al sistema seudo-religioso de esa "iglesia universal apóstata" que se creará a partir de la "salida de los creyentes", del "arrebatamiento" de los cristianos fieles que Dios sacará sobrenaturalmente de esta Tierra, antes de dar comienzo al período "de la Tribulación". El Anticristo perseguirá a esa seudo-iglesia, y la eliminará, con la ayuda de los demás gobernantes territoriales, para ser adorado como el mesías y el salvador del mundo, sin impedimento, ni oposición alguna.

Ahora, en el capítulo 18 vimos, en cambio, cómo los reyes o gobernantes de la Tierra amarán a Babilonia, porque, gracias a ella, aumentaron y multiplicaron sus propias riquezas y tesoros. En realidad, aquí se denomina a este acto de materialismo desenfrenado, como "fornicación". Y no resulta difícil imaginarse cómo en la sede del comercio mundial todas las compañías importantes tendrán sus propias delegaciones; los gobiernos, sus sedes diplomáticas y los lobbies, sus especialistas en tráfico de influencias.

El texto bíblico, además, detalla que la destrucción acontecerá "en una sola hora". Para tener una idea más aproximada de cómo esta noticia afectará a la Humanidad, leamos los versículos 11 hasta la primera parte del versículo 17 de este capítulo 18 de Apocalipsis:

11 Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; 12 mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; 13 y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres. 14 Los frutos codiciados por tu alma se apartaron de ti, y todas las cosas exquisitas y espléndidas te han faltado, y nunca más las hallarás. 15 Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando, 16 y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas! 17a Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas.

Al leer estos versículos tenemos la sensación de habernos trasladado de la narración de un profeta religioso del siglo I, el Apóstol Juan, a cualquiera de los numerosísimos centros comerciales que pueblan nuestras grandes ciudades. Paseando por sus inmensas instalaciones, admirando sus atractivos escaparates, sus luces, el bombardeo de estímulos y reclamos publicitarios, casi todo lo que el hombre pueda desear, allí lo puede encontrar. Productos de una sociedad acomodada y anestesiada contra la pobreza. Todos los artículos mencionados por Juan en su lista eran productos de gran valor y precio en aquella época. Analicemos ahora en detalle el versículo 11 de este capítulo 18 de Apocalipsis, que dice así:

11 Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías;

Los lamentos de reyes y comerciantes deberían leerse en paralelo al lamento sobre la ciudad de Tiro, la capital de los Fenicios, en el libro del profeta Ezequiel, en su capítulo 26, dado que ambos tienen mucho en común. La tristeza de los comerciantes será puramente egoísta. Todo su lamento se producirá por la desaparición de un mercado del cual sacaban enormes beneficios. A partir de este versículo, Juan nos detalla algunos de estos lujosos productos: Mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas. En la época de Juan había en Roma una auténtica pasión por la plata que llegaba de España. Había un desaforado gusto por las piedras preciosas y las perlas.

Lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata: El lino fino procedía de Egipto; era la tela de las vestiduras de los reyes y sacerdotes. Era extremadamente caro, al igual que la púrpura, que era mucho más roja que la moderna. El tinte de la púrpura se obtenía de un molusco, del cual sólo se podía extraer una gota. El historiador Plinio nos dice que por aquel entonces, había en Roma una "manía apasionada por la púrpura". La seda, procedente de la lejana China, tenía también un precio incalculable. Juan también nos relata más objetos de lujo, tales como: toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol. Más artículos mencionados por Juan: Y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano. La canela, por ejemplo, era un artículo de lujo procedente de la India que alcanzaba en Roma precios fabulosos. Juan sigue añadiendo: vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas. Todos ellos, artículos para una sociedad acostumbrada a vivir bien, al lujo y a la opulencia. Y no sólo eso, se nos dice también que comerciaban con caballos y carros, y esclavos y almas de hombres. Hasta los hombres eran comprados y vendidos como esclavos; sólo en el Imperio Romano hubo unos 60 millones de esclavos. Leamos ahora el versículo 15 de este capítulo 18 de Apocalipsis, que dice así:

15 Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando,

Al comienzo del versículo siguiente, el 16, leeremos de nuevo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad! Los mercaderes de la Tierra estarán frente a sus pantallas de televisión, y se lamentarán porque, en sólo una hora, habrá sido destruida esa gran ciudad. Y es significativo que tanto unos como otros observarán y se lamentarán desde lejos, no vaya a ser que les alcance algo de la desgracia que sobrevino a Babilonia. No le ayudarán en su agonía; nunca sintieron afecto por ella, porque su única vinculación era el lujo y los negocios que producía. Como ya hemos mencionado, el profeta Ezequiel (en los capítulos 26 y 27 de su libro) predijo el juicio divino contra Tiro, la capital de los fenicios. Tiro era para el mundo antiguo lo que hoy es la ciudad de Nueva York para la economía mundial, y lo que será Babilonia para el imperio del Anticristo. Leamos la segunda parte del versículo 17 y leamos hasta el versículo 19:

17b Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos; 18 y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad? 19 Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada.

Los capitanes de barco lamentarán la pérdida de Babilonia y el negocio lucrativo del transporte que había generado para su beneficio. Ahora bien, estas imágenes de lujo tienen también una aplicación directa para nosotros; ¿Cómo reaccionamos ante el desaforado consumismo de este mundo? ¿Lo vemos tal y como es en realidad? Hablamos mucho hoy en día acerca de la espiritualidad y de las cosas espirituales, pero, ¿qué hacemos realmente para cambiar esta situación de injusticia social y económica?

Una vez, uno de los discípulos de Jesús le dijo, admirando a los edificios y al Templo de la ciudad de Jerusalén: "Mira . . . qué edificios." El Señor Jesucristo le dijo: "¿Los ves? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada." Y eso fue lo que sucedió, literalmente. ¿Dónde está su corazón, estimado amigo, amiga oyente? ¿Está en el Cielo, establecido y anclado en Cristo, con una perspectiva de la Eternidad, o en sus bienes materiales, en su cuenta bancaria, en su vehículo, en su trabajo? Su actitud, estimado amigo, amiga, marca la diferencia. El Señor Jesucristo dijo que no podemos tener nuestro corazón lleno de Dios, y a la vez, un amor desmedido al dinero; debemos escoger.

A partir de los versículos 20 al 24 de este capítulo 18 de Apocalipsis, entramos en una nueva sección, cuya temática será la anticipación del gozo en el Cielo, a causa del cumplimiento del juicio divino sobre la ciudad de Babilonia. Leamos a continuación el versículo 20:

20 Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella.

En medio de todas las lamentaciones llega una voz de júbilo, la voz de los que se alegran de ver la venganza de Dios sobre Sus enemigos y sus perseguidores. El ángel exhortará a los mártires de la Tribulación a que se regocijen, no por la muerte de los que serán condenados al Infierno eterno, sino a causa de la justicia y rectitud de Dios, que prevalecerá sobre todo.

Leamos ahora los versículos 21al 23 de este capítulo 18 de Apocalipsis, que dicen así:

21 Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada 22 Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti. 23 Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones.

En estos pasajes, Juan nos describe el cuadro de la desolación final de Babilonia. Empieza con una acción simbólica: Un ángel fuerte levanta una gran piedra de molino y la arroja al mar, que se cierra sobre ella como si no hubiera existido nunca. Así será borrada Babilonia. Esta metáfora ilustra la violencia de la caída de Babilonia, que pondrá fin a cualquier apariencia de normalidad que todavía existiese en el mundo después de todos los sellos, trompetas y copas. La vida será trastocada por completo y el fin estará ya muy cerca. No habrá más música, ni comercio, ni industria, ni preparación de alimento (por la alusión a "ruido de molino"), ni más poder para alumbrar y por supuesto, no habrá más bodas porque Dios destruirá a engañadores y engañados por igual.

En la última parte de este versículo 23, se habla de las hechicerías o brujería. En aquellos días aumentará el número de religiones, sectas, cultos e iluminados. Será, sin duda, una estrategia de engaño y desorientación espiritual promovida por el mismo Satanás, con el fin de apartar la mirada de los buscadores de la verdad hacia falsos dioses.

Nunca más se oirá ningún sonido de alegría. La condena del profeta Ezequiel contra la ciudad de Tiro decía: "Haré callar el bullicio de tus canciones y no se escuchará más el sonido de tus cítaras" (Ezequiel 26:13). Nunca más se escuchará el ruido del artesano realizando su trabajo. Nunca más se escuchará el ruido de la actividad doméstica. Ya no habrá más luz en las calles ni en las plazas. Ya nunca más se escuchará el sonido alegre de una fiesta de bodas. Jeremías utilizó las mismas imágenes: "Haré que desaparezca de entre ellos la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el ruido del molino y la luz de la lámpara" (Jeremías 25:10).

Babilonia se convertirá en una terrible desolación silenciosa. Y este castigo le vendrá por ciertas razones determinadas. Le sobrevendrá, porque rindió culto al lujo y a la riqueza y porque vivió desenfrenadamente, sólo para buscar más placer en las cosas materiales. Será castigada porque descarrió muchas personas con sus hechicerías, y por ser culpable de sangre, tal y como leemos en el siguiente versículo, el 24:

24 Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.

Los sistemas políticos, religiosos y comerciales personificados por Babilonia, cometerán atrocidades inauditas contra el pueblo de Dios. Cuando el historiador inglés Eduardo Gibbon escribió entre los años 1.776 a l.778 su famosa obra: "Decadencia y caída del Imperio Romano", expuso cinco razones por las que grandes civilizaciones habían desaparecido: En 1º lugar, la dignidad e integridad del hogar fue socavada, las cuales, ambas, constituyen la base de la sociedad humana; en 2º lugar, impuestos cada vez más elevados; el gasto poco acertado del dinero público para dar pan y circo gratis al populacho; en 3º lugar, la locura insensata por el placer; los deportes se convirtieron cada año más excitantes, más brutales, más inmorales; en 4º lugar, la acumulación de grandes armamentos, cuando el verdadero enemigo estaba "dentro": que fue la decadencia de la responsabilidad individual y personal; y 5º lugar, la decadencia de la religión. La fe que se diluyó en mera religiosidad disfrazada de ritos vacíos de contenido; la religión pierde así contacto con la vida real de las personas; pierde su poder para guiar a la gente hacia la verdad.

Queridos amigos y amigas; hoy queremos despedirnos de usted con el siguiente pensamiento: ¿Qué es lo que nos aleja de la fe? El pecado. Porque nadie peca involuntariamente. Lo hacemos porque el pecado nos ofrece algún tipo de promesa de felicidad. Y esta falsa creencia nos esclaviza, hasta que descubrimos que Dios es más deseable que la mayor tentación que usted y yo podamos tener. Si usted lee la Biblia, estimado amigo, amiga oyente, encontrará multitud de promesas de Dios para su vida; promesas que si usted las atesora en su memoria y en su corazón, le darán a usted las fuerzas necesarias para desterrar de su vida, las raíces de pecado que se aferran, tales como el orgullo, la ansiedad, la vergüenza, la impaciencia, la avaricia, el abatimiento y la lujuria. ¡Comience hoy mismo a disfrutar de las promesas que Dios tiene para usted, y para mí en la Biblia, y comprobará que hay una nueva vida en Cristo!

¡Que Dios bendiga Su Palabra! Confiamos en encontrarnos, nuevamente, aquí en nuestro próximo programa, en su cita con La Fuente de la Vida.

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