Estudio bíblico de Hechos 17:2-23

Hechos 17:2-23

Continuamos hoy estudiando el capítulo 17 de este libro de los Hechos que comenzamos en nuestro programa anterior. Y decíamos que tenemos aquí la continuación del segundo viaje misionero del apóstol Pablo. Y dimos algunos datos con respecto a las ciudades que se mencionan aquí en el primer versículo: Anfípolis, Apolonia y Tesalónica. Y decíamos por ejemplo que Anfípolis era también llamada "Nueve Caminos" y este nombre sugiere su importancia estratégica y comercial. La mayoría de las ciudades se edificaban sobre el modelo de un cuadro, pero esta ciudad había sido construida como una edificación redonda y el muro alrededor de ella, era también redondo. Anfípolis era una estación importante en la vía Ignacia, un camino romano que constituía la vía pública prominente por aquella región. En este camino, Helesponto quedaba a unos 800 kilómetros de Dyrrhachum en el mar Adriático. Ésta sería la carretera utilizada por el ejército romano. Por esta ruta viajaban también los comerciantes. Y ahora venían por ella algunos misioneros que iban de camino para Tesalónica. Ahora, Apolonia era otro pueblo importante en esta misma vía Ignacia. Tesalónica, por su parte, estaba situada a unos 61 kilómetros al oeste de Apolonia en la vía Ignacia. Estaba situada en el interior, pero era en realidad un puerto marítimo porque desde allí salían tres ríos que desembocaban en el mar. Era una ciudad importante en aquel entonces; otra colonia romana. Casandro, un rey macedonio la re-edificó alrededor del año 315 A.C. y le dio el nombre de Tesalónica, en honor a la hermanastra de Alejandro Magno. El nombre anterior de Tesalónica era Terme, debido a que había allí fuentes de aguas termales. Ahora, Casandro fue uno de los generales de Alejandro, y él se hizo cargo del gobierno de aquella región, después de la muerte de Alejandro. Sin embargo, en los tiempos de Pablo, la ciudad ya era una colonia romana. Continuemos pues leyendo los versículos 2 y 3 de este capítulo 17 de los Hechos:

"Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres sábados discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos. Y decía: Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo."

Pablo siguió aquí su costumbre habitual de predicar en la sinagoga. Estuvo allí solamente tres días de reposo, lo cual quiere decir que no pudo haber estado allí por más de un mes. En aquel período limitado de tiempo llevó a cabo toda su obra misionera. Muchos hombres y mujeres se convirtieron a Cristo, se organizó una Iglesia local, y Pablo les enseñó. En un período tan breve les enseñó todas las grandes doctrinas de las Escrituras, incluyendo la doctrina del arrebatamiento de la Iglesia, lo cual sabemos por la primera carta a los Tesalonicenses; primera carta que Pablo escribió. Notaremos que el asunto del regreso de Cristo es el tema central en esa primera carta de Pablo a los Tesalonicenses. Por tanto, podemos ver que Pablo tuvo un ministerio fructífero allí en su corta estancia de solamente un mes.

Veamos ahora en qué consistió el mensaje que Pablo presentó en Tesalónica. Dice aquí que estuvo "declarando y exponiendo". Es decir, que declaraba y exponía las Escrituras del Antiguo Testamento. Ahora, ¿Qué enseñaban las Escrituras? "que era necesario que el Cristo padeciese". De modo que predicó la muerte y la resurrección de Jesucristo, mostrándoles que ésta era necesaria según se manifestó en el Antiguo Testamento. Estimado oyente, no encontrará usted ningún mensaje en el libro de los Hechos predicado por Pedro o por Pablo, en el cual la resurrección no constituyese el tema central.

En la actualidad, con demasiada frecuencia, la resurrección no es la parte central del mensaje cristiano, y ni siquiera forma parte de dicho mensaje. Hablamos más bien de la cruz. Pero, estimado oyente, hoy tenemos un Cristo viviente. Alguien lo ha expresado de la siguiente manera: "Hay un hombre en la gloria celestial, pero, la Iglesia lo ha perdido de vista." En este mismo momento el Señor Jesucristo está a la derecha de Dios. Y eso tiene mucha importancia. Una cosa es hablar en cuanto a la muerte histórica de Cristo, que tuvo lugar hace más de 2000 años, y en cuanto a Su resurrección en el tercer día. Pero, la pregunta es: ¿Qué relación tiene usted con la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo? Éste fue el gran tema en su carta a los Gálatas. ¿Tiene algún significado para usted el hecho de que Cristo murió y resucitó? ¿Tiene usted relación hoy con ese Cristo viviente? ¿De qué manera ha afectado todo esto su vida?

Cada domingo debiera ser un día de resurrección. Recordemos que fue un primer día de la semana cuando Cristo resucitó de los muertos. Todo sermón, debe hacer mención de la resurrección de Cristo en alguna parte. Es importante mencionar la resurrección de Cristo porque estamos hablando acerca de Él como Hombre que está en el cielo, en la gloria.

Lamentablemente, el caso es que esta verdad no recibe el énfasis que merece. Si usted hojea cualquier libro de teología, descubrirá que tiene una extensa sección en cuanto a la muerte de Cristo. Y es verdad que este tema tiene mucha importancia. Y damos gracias a Dios que le dedican tanto espacio a la muerte de Jesucristo. Pero, la gran mayoría de estos libros sólo tienen una sección breve, simplemente unas pocas hojas, que tratan del tema de la resurrección. Y creemos que ésta es una carencia importante. Creemos que debieran haberse extendido mucho más en cuanto a este tema de la resurrección de Jesucristo. El hecho es que la resurrección de Cristo fue la base de toda la predicación del Nuevo Testamento. Y estamos dándole gran énfasis a esta verdad, porque la consideramos muy importante. Bien, resumiendo decimos entonces que Pablo estuvo en Tesalónica tres días de reposo y que la resurrección de Cristo fue su mensaje. Ahora, observemos cómo le recibieron, aquí en el versículo 4 de este capítulo 17 de los Hechos:

"Algunos de ellos creyeron y se juntaron con Pablo y con Silas; asimismo un gran número de griegos piadosos, y mujeres nobles no pocas."

Algunos creyeron. Eso siempre pasa cuando la Palabra de Dios se proclama. Algunos creen. Claro que esto implica que hay otros que no creen. La minoría cree, mientras que la mayoría no suele creer. Ahora, cuando el doctor Lucas dijo: ". . . y mujeres nobles no pocas" estaba expresándose en su habitual estilo comedido para indicar que un gran número de ellas vinieron al Señor. ¡Que respuesta tan extraordinaria! Continuemos con los versículos 5 y 6 de este capítulo 17 de los Hechos:

"Celosos, entonces, los judíos que no creían, tomaron consigo algunos ociosos, hombres malos, con los que juntaron una turba y alborotaron la ciudad. Asaltaron la casa de Jasón, e intentaban sacarlos al pueblo, pero como no los hallaron, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Éstos que trastornan el mundo entero también han venido aquí"

Ahora, no consideremos estas palabras como un recurso de oratoria o como una hipérbole o exageración. Cuando ellos dijeron que estos hombres trastornaban el mundo entero, eso fue exactamente lo que querían decir. Cuando el cristianismo penetró en aquel viejo Imperio Romano, causó una verdadera revolución. Produjo un gran impacto. Es una lástima que no podamos experimentar hoy una revolución de este tipo para llevar a muchas personas al Señor Jesucristo y a la Palabra de Dios. Nuestro mundo está lleno de hipocresía y estamos viviendo en una de las épocas más paganas que este mundo jamás haya conocido. El "cristianismo" de hoy, en su mayor parte, constituye una apariencia. Tenemos que reconocer que es necesario volver a la Palabra de Dios y al Cristo viviente. ¡Cuán importante es esto! Continuemos ahora con los versículos 7 al 9 de este capítulo 17 de los Hechos:

"y Jasón los ha recibido. Todos ellos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Al oír esto, el pueblo y las autoridades de la ciudad se alborotaron. Pero después de obtener fianza de Jasón y de los demás, los soltaron."

Ahora, recordemos que esta ciudad era una colonia romana, que funcionaba bajo los dictados del César. Y vemos que una vez que recibieron una fianza de Jasón y de los demás, les dejaron irse. Continuemos ahora con el versículo 10 de este capítulo 17 de los Hechos, que comienza a hablarnos sobre

El ministerio de Pablo en Berea

"Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. En cuanto llegaron, entraron en la sinagoga de los judíos."

Uno creería que esta situación desanimaría a Pablo; o que por lo menos retrasaría sus pasos. Sin embargo vemos que este no fue el caso, sino que decidió proseguir su viaje. Y viajó hasta Berea, un pueblo cercano a la costa. Ahora, el versículo 11 dice:

"Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así."

Esta gente era razonable. Escudriñaban las Escrituras cada día y creemos que allí también se fundó una Iglesia. Sin embargo, no oímos hablar tanto en cuanto a esa Iglesia. Es interesante ver que las Iglesias más fuertes fueron las que se establecieron en los lugares donde la persecución era mayor. Una de las dificultades que enfrentamos hoy es que la Iglesia, por lo general, no es perseguida. En realidad, la Iglesia, como el cristianismo, es simplemente una realidad social que se da por sentada. Pero, no fue así en el primer siglo. Continuemos con el versículo 12:

"Muchos de ellos creyeron, y de los griegos, mujeres distinguidas y no pocos hombres."

Aquí una vez más el doctor Lucas hizo uso del diminutivo. ¿Por qué no dice que creyeron muchos hombres y mujeres de distinción? Bueno, de cualquier manera nos agrada su manera moderada de expresarse. Dijo: " y no pocos hombres". Quiere decir que muchos creyeron. Ahora, los versículos 13 y 14 dicen:

"Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron allá y también alborotaron a las multitudes. Entonces los hermanos hicieron que Pablo saliera inmediatamente en dirección al mar; pero Silas y Timoteo se quedaron allí."

Pablo, pues, continuó su viaje y ahora viajó sin la compañía de los miembros de su equipo. Leamos ahora el versículo 15 de este capítulo 17 de los Hechos, que nos introduce a

El ministerio de Pablo en Atenas

"Los que se habían encargado de conducir a Pablo lo llevaron a Atenas; y habiendo recibido el encargo de que Silas y Timoteo vinieran a él lo más pronto posible, salieron."

Pablo entonces se fue a Atenas. Esperaría allí a Silas y a Timoteo. Quería que ellos visitaran a los creyentes en Tesalónica para ver cómo estaban progresando. Luego debían ir a Berea para ver cómo marchaba la congregación allí, y desde allí tenían que continuar su viaje para reunirse con él en Atenas. El versículo 16 dice:

"Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría."

Atenas era el centro de la cultura del mundo. El hecho es que cuando uno piensa en Atenas, recuerda inevitablemente la cultura. Sin embargo, Atenas era una ciudad entregada a la idolatría. Y el versículo 17 de este capítulo 17 de los Hechos, continúa diciendo:

"Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían."

Ahora, este mercado queda al pie de la Acrópolis. Y podemos imaginarnos a Pablo caminando por allí. Usted recordará que Pablo hacía tiendas para ganarse la vida, y creemos que él muy bien habrá podido vender algunas tiendas mientras estaba allí. Y mientras vendía sus tiendas, pues, hablaba del Señor Jesucristo. Continuemos con el versículo 18:

"Algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos discutían con él. Unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses. Esto decían porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección."

La filosofía de los epicúreos era más o menos hedonista, o sea, que proclamaba la búsqueda del placer como fin supremo de la vida. Los estoicos en cambio eran un grupo que creía en la circunspección y la moderación. Los epicúreos creían que uno no debía restringirse. Creían que de esta manera uno podría vencer las demandas de la parte física del ser humano. Creían que uno debía darle al cuerpo todo lo que quería tener. Los epicúreos deben haber participado plenamente en cualquier forma de moralidad que nosotros hoy consideramos avanzada. Ahora, por contraste, los estoicos creían que se debía ejercer un dominio total sobre el cuerpo. Pues bien, vemos aquí al pueblo griego, es decir, a los filósofos de ambos grupos, que vinieron para oír lo que Pablo tenía que decir. Pablo había estado hablando mucho y por eso lo llamaban charlatán. Ahora, su tema era algo nuevo para ellos. Consideraban el nombre de Jesús y la idea de la resurrección, como "nuevos dioses."

Hay muchos hoy, que dicen que Pablo tomó muchas de sus ideas del platonismo. Dicen que Pablo en realidad no creía en la resurrección corporal, sino en la idea platónica de una resurrección espiritual, según la cual el pensamiento y las obras de un individuo impregnaban la sociedad, y que esta influencia que continuaba, era la vida después de la muerte. Uno todavía escucha estas ideas en la actualidad. Muchas tendencias actuales no constituyen una nueva ideología, sino un resurgimiento de aquella antigua filosofía griega. Pero, observemos que aquellos filósofos griegos, no lograron comprender a Pablo. Quizás Pablo era demasiado profundo para ellos. Y la filosofía griega estaba en una fase de decadencia en Atenas, especialmente en esa época. Sin embargo, la gente quiso escucharle. Continuemos con el versículo 19 de este capítulo 17 de los Hechos:

"Lo tomaron y lo trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?"

El Areópago se encontraba en una formación de roca muy peculiar sobre cuya parte alta, en la acrópolis, se habían erigido el Partenón y los demás edificios que tenían relación con aquel gran centro religioso y cultural griego. El Areópago era un tribunal griego formado por un consejo de nobles, que se reunía al aire libre. Francamente, éste era un ambiente estéticamente atractivo, con edificios y estatuas hermosos. Sin embargo, debemos recordar que a pesar de su belleza, la ciudad estaba completamente entregada a la idolatría. Estamos seguros que todos los creyentes en Cristo que visitan el Areópago hoy, leen desde la colina de Marte el sermón de Pablo que se encuentra allí grabado.

Pues, bien, los filósofos griegos le dijeron a Pablo que querían saber más acerca de esta nueva doctrina. En otras palabras, estaban en una completa oscuridad espiritual. Estaban en peores circunstancias que los gálatas, los filipenses, y los tesalonicenses. Sin embargo, se creían grandes sabios. Las personas de este tipo son las más difíciles de alcanzar con la Palabra de Dios y con el evangelio. Y así sucede también con los que no son verdaderos creyentes, es decir, que profesan ser cristianos pero no lo son, porque creen que no necesitan más que el conocimiento superficial que tienen. Parece que no se dan cuenta que en verdad, necesitan un Salvador, no solo para salvarles del pecado, sino también para salvarles en su vivir diario, a fin de que sus vidas sean dignas de ser vividas y tengan valor para Dios. Continuaron pues los atenienses hablando con Pablo y le dijeron en los versículos 20 y 21:

"pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)"

Creemos que esta gente que estaba en Atenas era bastante ociosa: no trabajaban, no hacían nada, simplemente hablaban. Tenían todo el tiempo disponible para hablar y proponer nuevas teorías y nuevas ideas. Parece que la familia humana alcanza muy fácilmente ese grado de sofisticación. Muchas personas creen saber algo, cuando en realidad solo tienen un conocimiento superficial de las realidades trascendentes; y desconocen el hecho más importante en todo el universo. Hay quienes dicen que Pablo fracasó en el Areópago, pero no estamos completamente de acuerdo con tal afirmación. Es más, creemos que éste fue uno de los más grandes mensajes que Pablo jamás predicara. Continuemos con el versículo 22 de este capítulo 17 de los Hechos:

"Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Atenienses, en todo observo que sois muy religiosos"

Vemos que Pablo comenzó su mensaje de una manera muy formal, diciendo: "Varones atenienses". Luego dijo que percibía que eran muy religiosos. Los atenienses en verdad eran muy religiosos. Atenas estaba llena de ídolos. El panteón de los dioses que los atenienses y los griegos tenían era interminable. Había dioses pequeños y dioses grandes. Tenían un dios para casi toda circunstancia o situación. Eso es lo que Pablo estaba diciendo. En ese sentido, eran verdaderamente muy religiosos. A veces oímos preguntar a muchas personas hoy en día, en cuanto a la necesidad de enviar misioneros a ciertas regiones del mundo. Dicen que la gente ya tiene su propia religión. ¿Por qué es necesario entonces enviar misioneros? Ahora, ¿Cuál piensa usted estimado oyente, que sería la respuesta del apóstol Pablo en cuanto a esto? ¿Por qué fue él a predicar a Atenas? Fue porque esta gente tenía ya su religión. Éste precisamente era su problema. Eran muy religiosos. Vivían una religiosidad que les apartaba de Dios y de la persona de Jesucristo.

Ése es el gran problema que muchos enfrentan hoy. No se trata de que las personas sean demasiado malas para ser salvas. Éste no es el verdadero problema. El problema es que algunos se creen muy religiosos, dignos y buenos. Otros, en cambio, desde una postura materialista, también se consideran tan humanos, compasivos y solidarios, que no necesitan a Dios. La verdad es que tenemos que predicar el evangelio, el mensaje de las buenas noticias porque los seres humanos lo necesitan y están perdidos sin Cristo.

Y por este motivo, Pablo fue a Atenas. Los atenienses necesitaban escuchar el mensaje del evangelio. Y destacaremos el hecho de que en Atenas, Pablo no fue a la sinagoga. Comenzó su discurso magistral dirigiéndose a los "varones atenienses". Y, después que hizo esta observación de que eran muy religiosos, continuó diciendo aquí en el versículo 23 de este capítulo 17 de los Hechos:

"porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al dios no conocido. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerlo, es a quien yo os anuncio."

Pablo les dijo: "pasando y mirando vuestro santuario". Es decir, Pablo había visto los objetos de su adoración. Había visto sus altares, sus ídolos, y sus templos. El hecho era que ese hermoso templo que llamaban el Partenón, era un templo dedicado a Atena, la diosa virgen de los atenienses. Había ídolos por todas partes. Y Pablo había tomado nota de esta circunstancia, y de que entre todos los ídolos, había encontrado un altar que tenía esta inscripción: "AL DIOS NO CONOCIDO". Ahora, eso podía significar varias cosas, pero entraremos en su consideración Dios mediante, en nuestro próximo programa.

Sólo nos queda reflexionar sobre la gran cantidad de dioses e ídolos que las personas de la sociedad secularizada de nuestro tiempo adoran. Nos referimos a los valores y prioridades materiales de la sociedad de consumo, que los seres humanos estiman hasta tal punto, que no pueden prescindir de ellos. Y el egoísmo les ha hecho alejarse de Dios y, como consecuencia, se han apartado de sus semejantes. Y cuando estiman conveniente aparentar una relación trascendente, acuden a formas y apariencias de religiosidad. Y con esas falsas apariencias, pueden engañar a otras personas, preservando así una cierta respetabilidad social. Pero Dios ve el interior de los seres humanos, como un lugar vacío, como una fuerza destructiva que se encamina hacia la perdición eterna.

En este libro, en el capítulo 3, vimos a San Pedro predicando su segundo sermón. Y fue interesante el hecho de que lo predicó ante una puerta llamada la Hermosa, que debió ser la puerta principal del templo. Allí, en aquel lugar tan emblemático y ante una gran multitud, después de proclamar a Jesucristo muerto y resucitado, les dirigió a sus oyentes una invitación que ha permanecido válida durante el transcurso de los siglos y que se dirige a los seres humanos de nuestro tiempo. Estimado oyente: esta invitación fue general, pero también personal, para todos aquellos que la oyen. Dijo el apóstol Pedro en aquella ocasión. Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.

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