Estudio bíblico de Hechos 27:30-28:31

Hechos 27:30-28:31

Continuamos hoy estudiando el capítulo 27 de los Hechos de los Apóstoles. Estuvimos leyendo sobre el viaje de Pablo a Roma, viendo el barco a merced de la tempestad en el Mar Adriático acercándose a tierra y a punto de ser arrastrado contra las rocas, por lo cual los marineros echaron las cuatro anclas. Y leemos aquí en los versículos 30 y 31:

"Entonces los marineros procuraron huir de la nave, y echando el bote salvavidas al mar aparentaban como que querían largar las anclas de proa. Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si estos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros."

En realidad, bajo la apariencia de echar las anclas, la intención de estos marineros era abandonar la nave.

Pablo les dijo que la única certeza de seguridad estaba precisamente en que todos permanecieran en la nave. No había seguridad alguna en echarse al mar. Pablo había puesto su confianza en Dios. ¡Qué experiencia maravillosa es confiar en la Palabra de Dios! El ángel de Dios le había dicho a Pablo que él y los demás hombres en la nave serían salvos. Pero, no podían salvarse si obraban según su propio parecer. Sólo podrían salvarse si actuaban según la manera de Dios, que consistía en que ellos permaneciesen en la nave. La cuestión era, o bien creer que Dios les salvaría o sino, que ellos tomasen esta emergencia bajo su control.

Para nosotros hoy en día, estimado oyente, también es cuestión de confiar en Dios, de descansar en Cristo. En estos días tan difíciles y oscuros, es tan fácil abandonar la nave y echarnos al mar. Es tan fácil seguir aquel camino creyendo que podremos huir de algunas circunstancias adversas y salvar nuestras propias vidas de esa manera. No, estimado oyente. Se trata de confiar en Cristo y de descansar en Él. Leamos ahora el versículo 32 de este capítulo 27 de los Hechos:

"Entonces los soldados cortaron las amarras del bote salvavidas y lo dejaron perderse."

Pablo había dado esta información al centurión. Y parece que por fin, el centurión comenzaba a escuchar a Pablo. De modo que, dio la orden y los soldados cortaron las amarras del bote salvavidas. Ahora, todos tuvieron que permanecer en la nave. Continuemos con los versículos 33 y 34:

"Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comieran, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud, pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá."

Unos catorce días de ayuno debilitarían incluso a los hombres más fuertes. Así que, después de haberles pedido que permanecieran en la nave, Pablo les dijo a todos que comiesen. Al parecer, todos habían ayunado. Los paganos habían ayunado porque estaban muy asustados. Pablo y los creyentes habían ayunado porque lo hacían para el Señor. Como estaban por desembarcar en una situación extrema, y todos necesitarían fuerzas, Pablo hizo uso del sentido común y les pidió que se alimentasen.

Creemos que en el servicio cristiano es muy necesario hacer buen uso del sentido común, casi más que en cualquier otra área de la vida. Pero la confianza en el Señor, no excluye ejercitar ese sentido común que Dios nos ha dado para que lo apliquemos.

Continuemos con el versículo 35 de los Hechos capítulo 27:

"Y dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a comer."

Pablo dio gracias a Dios en presencia de todos. ¡Éste fue nuevamente un testimonio maravilloso! ¡Éste fue el próspero viaje a Roma! Algunos creen que no parecía muy próspero, como si estuviera fuera de la voluntad de Dios. Pero, no, estimado oyente, Pablo de ninguna manera estaba fuera de la voluntad de Dios.

¿Recuerda usted otro caso en los evangelios, cuando una noche el Señor Jesús hizo subir a Sus discípulos en una barca y los envió a través del mar de Galilea? Les había enviado a la otra orilla, y durante la travesía, una tempestad se presentó en el mar. Les había enviado directamente al centro de la tempestad. Ahora, no podemos decir que Jesús no sabía que venía una tempestad. Para mí, no hay ni sombra de duda que Él los envió deliberadamente hacia la tempestad. Él es Dios. Él sabía acerca de la tempestad. Sabía lo que hacía.

Personalmente creo que muchas veces el Señor deliberadamente nos envía hacia una tempestad; y debemos recordar que podemos estar en el mismo centro de una tempestad y aún así, permanecer en la voluntad de Dios. Nunca nos ha prometido que no habrá tempestades. Nunca ha dicho que no nos evitaría pasar por tales experiencias. Lo que nos ha prometido es que llegaremos al puerto. Además, ha prometido estar allí mismo con nosotros en medio de la tormenta, cuando la furia de los elementos se desencadena con toda su violencia. Ése es el consuelo que el hijo de Dios debe experimentar en esa hora de la prueba. Leamos ahora los versículos 36 y 37 de este capítulo 27 de los Hechos:

"Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis."

Había 276 personas a bordo de esa nave. En verdad, era un barco bastante grande. El versículo 38 dice:

"Una vez satisfechos, aligeraron la nave echando el trigo al mar."

Antes, habían echado al mar todo el cargamento. Ahora, arrojaban al mar todas sus provisiones. Leamos ahora los versículos finales, versículos 39 al 44 de este capítulo 27 de los Hechos:

"Cuando se hizo de día, no reconocieron el lugar, pero vieron una ensenada que tenía playa, en la cual acordaron varar la nave, si podían. Cortaron, pues, las anclas y las dejaron en el mar; aflojaron también las amarras del timón, izaron al viento la vela de proa y enfilaron hacia la playa. Pero, dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave. La proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la violencia del mar. Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugara nadando. Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió este intento, y mandó que los que supieran nadar se arrojaran al agua primero y salieran a tierra; y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra."

Creemos que podemos considerar ese desembarco, como un milagro, aunque no vamos a insistir en que fue un milagro. Sin embargo, Dios ciertamente cumplió Su promesa de que Pablo y todos los que estaban en la nave se salvarían. A todas las 276 personas les fue posible llegar a tierra sanas y salvas.

Y así terminamos el capítulo 27 de los Hechos. Llegamos ahora al último capítulo de este libro.

Hechos 28

Y en este capítulo tenemos la llegada de Pablo a Roma. En este capítulo seguiremos la ruta de Pablo desde Malta hasta Roma. Al llegar Pablo a Roma, veremos que se dirigiría primero a los judíos y luego a los gentiles o no judíos. Observaremos también que la narración queda inconclusa, se interrumpe y simplemente nos deja con Pablo predicando en Roma. Los hechos del Espíritu Santo no se han terminado, ni aún en nuestros tiempos. Este libro de los Hechos sólo terminará con el arrebatamiento de la Iglesia de Cristo, cuando Él venga a buscarla. Comencemos pues, leyendo el primer versículo de este capítulo 28 de los Hechos, que nos describe

El desembarco en Malta

"Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta."

Es de especial interés saber que la bahía donde se cree que el desembarco tuvo lugar, se conoce hoy como la Bahía de San Pablo. La isla de Malta es un lugar muy interesante. A los que vivieron durante la Segunda Guerra Mundial, les recuerda que esta isla era muy mencionada en los titulares de los periódicos, al principio de la segunda guerra mundial. Fue el sitio más bombardeado debido a su situación estratégica en el mar Mediterráneo.

Ciertamente, en este incidente del naufragio y del desembarco de Pablo en la isla de Malta vemos la providencia de Dios en la vida del apóstol Pablo. Todo esto fue registrado para nuestra enseñanza. Continuemos con el versículo 2:

"Los habitantes del lugar nos trataron con no poca humanidad, pues, encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío."

Aquí vemos otro ejemplo de la bondad y la cortesía de personas paganas. Recordemos que había 276 personas que desembarcaron en esta isla. De este grupo, muchos eran criminales que estaban siendo enviados a Roma para ser castigados. Sin embargo, hallamos esta maravillosa bondad y cortesía que fue manifestada por parte de estos habitantes de Malta que eran paganos.

Vemos en el libro del profeta Jonás otro ejemplo de lo mismo. Los marineros paganos se portaron muy bondadosamente con Jonás. No querían echarlo al mar aunque él les había dicho que eso era lo que debían hacer. En ese caso, se esforzaron por hacer volver la nave a tierra y se dieron cuenta que no podían hacerlo. A veces las personas que honradamente admiten estar sin Dios, manifiestan más bondad y generosidad que los que son religiosos. Y eso incluso es verdad, aun hoy en nuestros días. Continuemos con el versículo 3:

"Entonces Pablo recogió algunas ramas secas y las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano."

Recordemos que al final del evangelio según San Marcos, en el capítulo 16, versículo 17 y 18, tenemos las promesas siguientes: "Estas señales seguirán a los creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán serpientes en las manos, y aunque beban cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán". Creemos que estas señales estaban limitadas a ese tiempo, antes de que fuera completado el Nuevo Testamento y la iglesia dispusiera de un texto con autoridad, cuando los creyentes necesitaban dones acompañados de señales para verificar el mensaje del evangelio.

Observemos que Pablo no cogió deliberadamente esta víbora. Pablo no estaba probando e, alcance del poder de Dios. En verdad creemos que esta fue otra prueba de que lo que Pablo llamó en 2 Corintios el aguijón en su cuerpo, era una enfermedad de la vista. Queremos desarrollar este tema, cuando lleguemos a la epístola a los Gálatas. Tenemos aquí otro caso que manifiesta que Pablo no podía ver muy bien. Cuando cogió algunas ramas secas, simplemente no vio la víbora que estaba entre las ramas.

Hay algo más de interés aquí en cuanto al apóstol Pablo, que quisiéramos destacar. Estos habitantes de la isla habían sido muy hospitalarios con todos estos náufragos. Habían aceptado a los 276 extranjeros que acababan de llegar. Hacía frío y como había lluvia, ellos encendieron un fuego para calentar a éstos que habían llegado. Ahora, cuando el fuego empezó a extinguirse, Pablo fue a buscar ramas secas. Y eso debe disipar cualquier idea de que Pablo simplemente viajaba de ciudad en ciudad, limitándose a predicar, y prácticamente sin ocuparse de nada más. Él mismo nos dijo que trabajaba para su propio sostenimiento económico haciendo tiendas, para no ser carga a ninguna iglesia. No creemos que tuviera reparos para trabajar, sino todo lo contrario.

Ahora, cuando Pablo echó al fuego las ramas secas, la víbora naturalmente huyó del calor. La víbora no solamente mordió a Pablo, sino que también se le prendió de la mano. Y dice aquí en el versículo 4:

"Cuando la gente de allí vio la víbora colgando de su mano, decía: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir."

En otras palabras, creyeron que Pablo era culpable de algún gran crimen y que la justicia le estaba alcanzando. Había escapado del mar, pero, ahora con toda certeza, moriría a causa del veneno. Y esperaban ver en cualquier momento una hinchazón en la mano y en el brazo, y pensaban que caería muerto allí mismo. Sabían por experiencia triste que esto era lo que había pasado a su propia gente. De modo que esperaban que lo mismo le sucediera a Pablo.

Ahora, vemos que esta gente tenía un sentido de justicia. Creían que Pablo era un asesino y que merecía el castigo. Creemos que este incidente enseña que a través de todo el Imperio Romano en aquel entonces, había un sentido de justicia. Sabían que la justicia tenía que cumplirse. La Roma pagana había hecho esta contribución al mundo. Y Roma se destacó por la justicia, no por la misericordia. Los pecados o infracciones a la ley, no eran perdonados. El que quebrantaba la ley, tenía que pagar la pena. Por ello, bajo el dominio férreo de Roma, el mundo estaba clamando por misericordia. Este sentimiento fue una preparación para la venida de Cristo, quien vino como un Salvador del pecado, para que la humanidad conociese la misericordia y el perdón de Dios. Continuemos ahora con los versículos 5 y 6 de este capítulo 28 de los Hechos:

"Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. Ellos estaban esperando que él se hinchara o cayera muerto de repente; pero habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios."

Creemos que ésta fue la manera en que se cumplió la promesa que tenemos en el evangelio según San Marcos 16:18. La víbora venenosa mordió a Pablo, pero él no sufrió los efectos del veneno. Dios lo había protegido. Desafortunadamente, cuando los isleños vieron que Pablo no había sufrido daño alguno, entonces concluyeron que Pablo no era un criminal, sino un dios. Ambas suposiciones eran igualmente falsas, aunque este incidente le dio a Pablo un contacto muy importante para su testimonio aquí en la isla de Malta. Continuemos ahora con los versículos 7 y 8 de este capítulo 28 de los Hechos:

"En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería. Pablo entró a verlo y, después de haber orado, le impuso las manos y lo sanó."

Pablo estaba entonces ejerciendo su don de apóstol. Oró pidiendo dirección para saber cuál era la voluntad de Dios. Una vez que supo la respuesta, actuó en consecuencia. Prosigamos con los versículos 9 y 10:

"Viendo esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades venían, y eran sanados; los cuales también nos honraron con muchas atenciones, y cuando zarpamos nos proveyeron de todo lo necesario."

Ha surgido la pregunta en cuanto a si Pablo predicó el evangelio en Malta, o no. Hay quienes creen que éste fue un lugar donde Pablo no lo predicó. Éste es un caso donde creemos que el Espíritu Santo espera que hagamos uso de nuestro sentido común. Por supuesto que Pablo predicó el evangelio. No hay razón alguna para dudarlo. Lo que sucede es que como estamos llegando ya al fin del libro, este relato se presentó de una manera muy breve y directa. Es que, a estas alturas, el doctor Lucas esperaba que conociéramos lo que Pablo haría. Recordemos que fue Pablo quien escribió en su primera carta a los Corintios, capítulo 2, versículo 2: "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado". Para los apóstoles, la sanidad equivalía a la confirmación que el Evangelio que predicaban procedía de Dios. Y creemos que es muy importante para nosotros darnos cuenta que Pablo predicó aquí el evangelio, y que la sanidad fue el resultado de esa predicación. Era una evidencia de la verdad que él estaba predicando. Creemos entonces que la inferencia normal aquí es que Pablo hizo aquí exactamente lo mismo que hizo dondequiera que fue. Avancemos con el versículo 11 de este capítulo 28 de los Hechos, que nos informa que

El viaje continuó

"Pasados tres meses nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux."

Ahora, ya que Pablo se quedó en Malta por tres meses, es más que evidente que los pocos versículos que se nos dan aquí, no presentan la historia completa de su ministerio en esa isla. Por eso creemos que podemos estar seguros de que Pablo predicó el evangelio ampliamente. Ahora, Cástor y Pólux, que se mencionan aquí en este versículo 11, como la enseña en su nave, eran dioses de los romanos. Todavía hay una columna erigido a ellos en las ruinas del foro romano. Sigamos adelante con los versículos 12 hasta el 15:

"Llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y al día siguiente, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli. Allí encontramos a algunos hermanos, los cuales nos rogaron que nos quedáramos con ellos siete días. Luego fuimos a Roma, de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento."

La tempestad ya había pasado. El Euroclidón, ese viento huracanado del norte, se había alejado. Entonces sopló nuevamente un viento del sur. Pablo, ahora, había llegado a la Vía Apia. Y una vez más, vemos cuán importante era para el apóstol Pablo el ánimo de los creyentes. Continuemos con el versículo 16, que nos presenta a

Pablo en Roma

"Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar; pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que lo vigilara."

Al parecer, Pablo tuvo la libertad de vivir en una casa, aunque siempre fue custodiado por un soldado. En realidad, había diferentes soldados que se turnaban custodiando a Pablo. Prosigamos con los versículos 17 al 20:

"Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar por no haber en mí ninguna causa de muerte. Pero, oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César, aunque no porque tenga de qué acusar a mi nación. Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros, porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena."

Vemos que Pablo continuó aplicando su método acostumbrado de dirigirse primero a los judíos, en este caso para explicarles el motivo por el cual estaba encadenado. Y continuamos con los versículos 21 al 24 de este capítulo 28 de los Hechos:

"Entonces ellos le dijeron: Nosotros no hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido ninguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. Pero querríamos oír de ti lo que piensas, porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella. Habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndolos acerca de Jesús, tanto por la Ley de Moisés como por los Profetas. Algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían."

Vemos aquí la clase de libertad que Pablo tenía como preso. Al parecer, le fue posible recibir a grandes multitudes en su casa. Sin embargo, siempre hubo un soldado de guardia para vigilarlo.

Nuevamente vemos que el apóstol Pablo se sirvió de su conocimiento del Antiguo Testamento para persuadir a los judíos en cuanto a Jesús, como su Mesías prometido. Como siempre, surgieron las dos respuestas al mensaje: algunos creyeron, mientras que otros no creyeron. Y los versículos finales de este capítulo, los versículos 25 al 31 nos dicen:

"Como no estaban de acuerdo entre sí, al retirarse les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo y diles: De oído oiréis y no entenderéis; y viendo veréis y no percibiréis, porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos y oigan con los oídos, y entiendan de corazón y se conviertan, y yo los sane. Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán. Cuando terminó de decir esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí. Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían. Predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento."

El libro de los Hechos nos cuenta del principio del movimiento del evangelio hasta su expansión hacia los confines de la tierra. Recordemos que en el huerto de Edén el hombre dudó de Dios, y que ello le condujo a la desobediencia. El camino de regreso a Dios se recorre por medio de la fe, es decir, del creer que conduce a la obediencia, como Pablo dijo en su epístola a los Romanos 1:5. Por tanto, vemos que en aquel día algunos creyeron el evangelio y otros no. Y todavía sucede lo mismo hoy en día.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, termina con Pablo predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo sin que nadie le estorbara. Pero, en realidad, como ya hemos dicho antes, la narración no concluye aquí en el capítulo 28. El Espíritu Santo continúa actuando en el día de hoy. Los hechos del Espíritu Santo no han terminado aún en nuestros tiempos. La obra de la iglesia aún no ha sido completada; es una historia continua. Lo que usted y yo hemos hecho y hagamos en el poder del Espíritu Santo, también forma parte de este relato. Y la mejor forma de continuarlo es compartir con otros el mensaje del Evangelio que caracterizó a la predicación de los apóstoles. Y ese mensaje establece que el Señor Jesucristo murió, y resucitó. Por lo tanto, su obra de redención está al alcance de todos aquellos que, por la fe, acepten el don gratuito de la salvación que Dios hoy ofrece.

Y así concluimos nuestro estudio del libro de los Hechos de los Apóstoles. Dios mediante en nuestro próximo programa, volveremos al antiguo testamento, para comenzar nuestro estudio del primer libro del profeta Samuel.

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