Estudio bíblico de Gálatas 3:5-7

Gálatas 3:5-7

Continuamos hoy estudiando el capítulo 3, de la epístola del apóstol San Pablo a los Gálatas. Y nos encontramos en la tercera de las cinco secciones de este libro, que se extiende desde el capítulo 2:15, hasta el capítulo 4:31. que hemos denominado como doctrinal y que trata el tema de la justificación por la fe. Usted habrá notado que en nuestros dos programas anteriores, hemos visto cómo se presentaba esta doctrina. La primera subdivisión trataba sobre la exposición de la doctrina de la justificación por la fe; la segunda subdivisión aplicaba la doctrina a la experiencia de los Gálatas (en los versículos 1 al 5 de este capítulo 3). Pablo comenzó a hacerles seis preguntas a los Gálatas, de las cuales vimos 4; la última precisamente en el versículo 5. Vamos a hacer una breve recapitulación del final del programa anterior, para recordar 4 de las 6 preguntas que Pablo planteó a los Gálatas. Les dijo a aquellos cristianos que miraran hacia atrás, al pasado, a lo que les había sucedido y les hizo estas preguntas que tenían que ver con su experiencia.

Esta fue la primera pregunta: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el escuchar con fe? En ninguna parte de la Biblia, ni siquiera en el Antiguo Testamento, se dice que alguien haya recibido el Espíritu Santo por las obras que demandaba la ley, es decir, por cumplir la ley de Moisés. El Espíritu fue recibido por el escuchar con fe. Los Gálatas nunca recibieron el Espíritu por cumplir las obras requeridas por la ley. El Espíritu Santo es la evidencia de la conversión. La Escritura nos dice en Romanos 8:9, "9Pero vosotros no vivís según la naturaleza humana pecaminosa, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios está en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo". Y en la carta a los Efesios 1:13 leemos: "13En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa".

La segunda pregunta la encontramos en el versículo 3, de este capítulo 3:

"¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar con esfuerzos puramente humanos?"

En otras palabras, el Espíritu Santo era el que los había convertido, los había traído a Cristo, y ahora que el Espíritu Santo de Dios vivía en ellos ¿iban a regresar a la ley (que había sido dada para controlar la naturaleza pecaminosa) y pensaban que de esa manera iban a vivir en un nivel superior? Luego en el versículo 4 tenemos la tercera pregunta:

"¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Si es que realmente fue en vano".

Ahora Pablo les estaba preguntando a los Gálatas: "¿Tanto sufrir, para nada?" En este momento les recordó que habían pagado un precio alto por recibir el Evangelio. ¿Es que todas esas experiencias no iban a servir para nada? ¿Entonces no habían tenido ningún propósito?

Y entonces les planteó la cuarta pregunta. Leamos el versículo 5 de Gálatas 3:

"Aquel, pues, que os da el Espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras que demanda la Ley o por oír el mensaje con fe?"

Pablo se refería al ministerio que había tenido entre ellos. Recordemos que el apostolado de Pablo había sido atacado por los judaizantes. Éstos habían dicho que Pablo había llegado tarde al apostolado cristiano, porque no era uno de los doce apóstoles originales. No había estado con Cristo durante Su ministerio en la tierra, sino que había aparecido más tarde. Pero Pablo les recordó a los Gálatas que él era el que había llegado a su país, les había predicado la Palabra de Dios y había realizado milagros entre ellos. Y no había hecho todo eso por medio de las obras que demandaba la ley; él tuvo mucho cuidado de aclarar este detalle. Él predicó al Señor Jesucristo como el que murió por ellos, resucitó, y en quien habían depositado su confianza. Y cuando ellos así lo hicieron, algo milagroso ocurrió; fueron regenerados. Y Pablo tenía entonces la evidencia de que él era realmente un apóstol. En aquellos tiempos, se le dieron a los apóstoles ciertas señales que les identificaban. Tal como lo entendemos nosotros, los apóstoles tenían prácticamente todos los dones mencionados en la Biblia; todos los dones que consideramos señales. Pablo podía realizar milagros. Pudo sanar enfermos. Pudo resucitar muertos. Y Simón Pedro, que era uno de los doce apóstoles originales, también podía realizar milagros. El poder realizar aquellas señales era en aquella época la marca distintiva de un apóstol.

Ahora bien, los apóstoles nos han entregado la Palabra de Dios. Tenemos una fe fundada sobre el Señor Jesucristo como piedra angular, y una fe edificada sobre el fundamento que ha sido colocado por los apóstoles y profetas. Lo que daba credibilidad a la verdad de su mensaje era su capacidad para realizar milagros. Ellos tenían esos dones que hemos calificado como señales. Lo importante que nosotros debemos observar aquí es que Pablo fue a los Gálatas no como un fariseo predicando la Ley, sino como un apóstol predicando a Jesucristo. Ello fue algo que esa gente había experimentado, y Pablo se apoyó en dicha experiencia.

Resumiendo, hemos visto que la justificación por la fe fue la experiencia de los Gálatas. Por tal motivo Pablo les preguntó: "¿quién os fascinó?" El apóstol mencionó al Espíritu Santo tres veces en este párrafo. Les recordó que no habían recibido el Espíritu por cumplir las obras que la ley demandaba. El Espíritu era la evidencia de su conversión a Cristo. Y es importante resaltar que el Evangelio es cierto independientemente de la experiencia de los Gálatas o de cualquiera otra persona. El Evangelio es objetivo; trata sobre lo que el Señor Jesucristo hizo por nosotros. La experiencia confirma al Evangelio, y esto es lo que Pablo estaba demostrando en este párrafo que hemos considerado. El Evangelio es suficiente, lo cual es confirmado por la experiencia.

Llegamos ahora a otra subdivisión de esta tercera parte doctrinal de esta carta, que trata sobre la justificación por fe. Tenemos aquí el ejemplo,

La ilustración de Abraham

Eso se destaca mucho y usted lo puede apreciar en esta epístola. Esta tercera subdivisión de esta parte doctrinal comienza en el capítulo 3, versículo 6, y continúa hasta el capítulo 4, versículo 18. A continuación tenemos la cuarta subdivisión de esta parte, que explica la justificación por la fe por medio de otra ilustración, que es una alegoría de Agar y Sara, desde el 4:19 hasta el final de este capítulo 4. Así que en realidad llegamos ahora al centro mismo de este libro, en el cual el patriarca Abraham será la ilustración y el ejemplo escogido por el apóstol Pablo para enriquecer su explicación de la justificación por la fe. Veamos ahora lo que dijo Pablo aquí en este versículo 6, del capítulo 3 de la epístola a los Gálatas:

"Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que tienen fe, éstos son hijos de Abraham".

Este versículo es una cita sobre Abraham que aparece en Génesis, capítulo 15, versículo 6. Este versículo se encuentra también citado en Romanos 4:3. Esta es una ilustración, y en vista de que no hemos estado en Génesis por mucho tiempo, creemos que es hora de que hagamos un repaso y que volvamos a esas Escrituras para ver esta ilustración. Esta ilustración nos llega de la primera época de la vida de Abraham, de su vida de fe. Abraham fue la gran ilustración de la justificación por fe y Pablo le usó como un ejemplo en las epístolas de Romanos y Gálatas. No podía decirse que Abraham había sido justificado por la Ley porque la Ley mosaica no fue dada hasta cuatrocientos años después de Abraham. Y tampoco podía decirse que fue justificado por la circuncisión porque él fue justificado antes que la circuncisión fuese establecida. La circuncisión llegó a ser una señal distintiva y una evidencia de la fe de Abraham, así como el bautismo es la señal y evidencia de la fe del creyente en la actualidad. Ni la circuncisión ni el bautismo pueden salvar. En realidad, no contribuyen en nada para la salvación. Simplemente constituyen una evidencia exterior de una obra interior.

Los incidentes están relatados en Génesis 14 y 15 y tuvieron lugar después que Abraham regresara de Egipto. Él y Lot se habían separado y Lot se había dirigido a la ciudad de Sodoma. La primera guerra se estalló cuando los reyes del oriente hicieron guerra contra los reyes del Mar Muerto. Los reyes del oriente, bajo el mando de Quedorlaomer fueron los que triunfaron en esa batalla, y se llevaron todo el botín así como también a la gente de los pueblos que habían vencido, quizá para usarlos como esclavos. Y por supuesto en ese grupo de prisioneros se encontraban Lot y su familia. Pues bien, él era el sobrino de Abraham y éste no se iba a quedarse sin hacer nada. Así fue que, cuando Abraham se enteró de lo que había ocurrido, y de que su sobrino había sido tomado prisionero, inmediatamente se preparó para ir a la guerra. Se nos dice que armó a sus criados, los nacidos en su casa, y que eran 318 hombres; con ellos salió apresuradamente y alcanzó al ejército enemigo que se estaba alejando con Lot y el resto de la gente de Sodoma y Gomorra. Los atacó de noche, por sorpresa y triunfó en la batalla.

Entonces el rey de Sodoma le dijo a Abraham: "Dame las personas y toma para ti los bienes". Según el código del rey Hammurabi, el botín pertenecía a Abraham. Pero el rey quería la gente; en realidad Abraham ni siquiera tenía que entregarle la gente; él los podía haberlos tomado y llevado como esclavos, pero él no quería hacerlo.

Tampoco quería llevarse el botín. Entonces le dijo: "ni un hilo ni una correa de calzado tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram" Ése fue un gesto muy noble de su parte. Si algún día se enriquecía, sería porque Dios le haría rico. Prefería esperar en Dios y no en aquel rey. Dios se le apareció a Abraham para asegurarle que había hecho bien al rechazar el botín de los reyes de Sodoma y Gomorra y entonces le dijo, como leemos en Génesis 15:1, "No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande". Abraham era una persona práctica, y comenzó a hablar con el Señor con toda claridad y franqueza y, por cierto, creo que al Señor quiere que nos dirijamos a Él de la misma manera. Le dijo entonces al Señor: "No tengo un hijo y tú me dijiste que lo tendría". Y el Señor le respondió: "Me alegro que hayas mencionado ese tema, Abraham, porque yo tenía algo que decirte". Dios ya le había dicho que su descendencia sería tan innumerable como la arena de la playa. Entonces Dios le tomó de la mano y le dijo que mirara al cielo. Debía ser de noche. Me han dicho que en esa zona del mundo una puede ver aproximadamente unas 5.000 estrellas a simple vista. Imaginemos cuántas se podrían ver con un telescopio potente. Sea como fuere, no creo que ningún telescopio podría darnos el número exacto de estrellas que podían verse en esa ocasión. En efecto, Dios le dijo a Abraham: "No puedes contar las estrellas, así como tampoco podrás contar tu descendencia". ¿Sabe usted cuál fue la respuesta de Abraham? Dice el relato (en Génesis 15:6), "Y Abraham, creyó al Señor, y le fue contado por justicia". Es decir, que el Señor lo reconoció como justo. El término en el idioma original es muy expresivo. Literalmente significa que Abraham dijo "amén" al Señor. O sea, que Dios le dijo "voy a hacerlo así" y Abraham respondió "amén".

¿Tiene esto una aplicación para su vida y la mía? Ciertamente la tiene. Es como si Dios nos estuviera diciendo: "Yo envié a mi Hijo a morir por ti: Si crees en Él, no perecerás. Tendrás vida eterna". ¿Dirá usted "amén" a esa declaración? ¿Creerá usted a Dios? ¿Aceptará a Su Hijo? Si usted así lo hace, está justificado por la fe. Esto fue lo que hizo Abraham. Él creyó a Dios y en ese momento, Dios le declaró justo. ¿A causa de sus obras? No, porque sus obras eran imperfectas. Él no tenía ninguna perfección que ofrecer a Dios. Pablo desarrollaría este pensamiento un poco más adelante. Aunque Abraham no tenía perfección en aquel momento, después la tuvo porque su fe se le tomó en cuenta como justicia. Ésa es la doctrina de la justificación. Y Abraham permaneció justificado delante de Dios.

Después Abraham le dijo al Señor: "¿Te importaría poner lo que me has dicho por escrito? Quizás usted esté pensando: "he leído el libro de Génesis y no recuerdo semejante frase. Pues bueno, está aquí en Génesis 15. En el versículo 7 le dijo el Señor: "Yo soy el Señor, que te saqué de Ur de los caldeos para darte a heredar esta tierra". Escuchemos la respuesta de Abraham en el versículo 8: "Señor, ¿en qué conoceré que la he de heredar?" En otras palabras, ponlo por escrito. Y Dios le dijo a Abraham algo parecido a lo siguiente: "encuéntrate conmigo en el juzgado y lo pondré por escrito". Ahora alguien dirá: "un momento, Dios no dijo eso". Pero, en otras palabras, sí se lo dijo. Leamos en Génesis 15:9: "Tráeme una becerra de tres años, una cabra de tres años y un carnero de tres años; y una tórtola y un palomino". En aquel tiempo, ésa era la forma en que se hacían los contratos. Por ejemplo, Jeremías, en 34:18 nos contó sobre un contrato realizado de esta manera. Es que cuando en aquellos días se formalizaba un contrato, un hombre acordaba hacer algo y la otra parte, a su vez, también acordaba hacer algo. Cortaban el o los animales del sacrificio en dos partes y colocaban una mitad a un lado, y la otra, al otro lado. Después se tomaban de la mano y caminaban entre las dos mitades. Ese gesto sellaba el contrato. Era lo mismo que ir hoy al notario en el palacio de justicia.

Así que Abraham preparó los sacrificios y esperó. Esperó durante todo el día. Las aves de rapiña descendieron sobre los cadáveres y Abraham las espantó. Pero Dios demoró el encuentro con Abraham; no llegó hasta el anochecer. Y dice Génesis 15:12, "A la caída del sol cayó sobre Abraham un profundo sopor, y el terror de una gran oscuridad cayó sobre él". Justo cuando iba a firmar el contrato, Dios causó a Abraham un sueño profundo. La razón para ello fue que Abraham no iba a caminar con Dios por entre las dos mitades. Abraham no tenía nada que prometer. Dios era el que prometía. Y dice el versículo 17 de Génesis 15: "Cuando se puso el sol y todo estuvo oscuro, apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos". Así que Dios pasó solo por entre esas dos mitades porque Él era el que estaba haciendo el pacto. La parte que le tocaba a Abraham consistía únicamente en creer a Dios. Si el pacto hubiera dependido de la fidelidad de Abraham, quizás expresada en las oraciones que pronunciaba cada noche, él podría haberse descuidado una noche, y entonces ya habría quebrantado su promesa. Por ello, Dios fue el que hizo la promesa, y el pacto dependió de la fidelidad de Dios.

Estimado oyente, hace más de 2.000 años Jesucristo fue a la cruz para pagar por sus pecados y los míos. Dios no le está pidiendo que usted pronuncie sus oraciones o se comporte de una manera ejemplar para ser salvo. Él le está pidiendo que usted crea en Su Hijo que murió por usted. Él formalizó el contrato. Él es el que hizo la promesa, el pacto, y Él es el que le salvará. Y éste es, pues, el nuevo contrato. El viejo pacto lo hizo con Abraham. Abraham creyó a Dios. Le dijo "amén" a Dios. Abraham creyó, y se le tomó en cuenta como justicia. Dios aún les pide a las personas que crean en Él. Coloque usted su confianza en Cristo, y entonces será salvo. Aquí tenemos realmente una hermosa escena. Una escena de esas que por su impacto marcan toda una vida. En este caso, Abraham recordaría la ocasión solemne en la cual Dios formalizaría el pacto fundamentado en la fidelidad de Dios. Continuemos leyendo el versículo 7 de Gálatas 3:

"Sabed, por tanto, que los que tienen fe, éstos son hijos de Abraham".

Dios hizo eso por Abraham antes de que la ley fuera presentada. Él no hizo este pacto con él debido a sus buenas obras. Él le dijo a Abraham; "Yo haré esto por ti si tú crees en mí". Y Abraham respondió: "Yo creo en ti". Dios quiere que su fe descanse sobre una base sólida, firme. Cuando usted y yo confiamos en Cristo como Salvador, somos salvos de la misma manera en que Abraham fue salvo; por la fe. Por todo ello, estimado oyente, si usted se va a acercar a Él tiene que hacerlo por fe. Él ha llegado hasta la puerta de su corazón. No puede llegar más lejos. Él no va a forzar ni a derribar la puerta. Simplemente llamará y dirá, como dijo en Apocalipsis 3:20, "Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo". Solo usted que nos está escuchando en este momento, puede abrir la puerta por la fe y dejarle entrar. Para que Él llene esta vida y la vida eterna con Su presencia.

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